Aún bastante confundidos, los compañeros de Hunter se dieron cuenta de que había una escena que no debían de interrumpir.

Recogieron sus instrumentos, asegurandole a Hunter que no había problema, que ya hablarían en otro momento.

Hunter solo se separó de Willow para poder abrazar a Gus. Usualmente era alguien que evitaba el contacto tan directo, pero era su mejor amigo, y llevaba 3 años sin verlo.

Ahora estaba casi tan alto como él, y sus facciones infantiles casi habían desaparecido de su rostro.

—Así que, ¿Ahora eres una estrella de rock?

Bromeo el más joven, provocando un sonrojo de inmediato en el rostro de Hunter.

Todos rieron al unísono, y Willow busco de forma instintiva la mano del rubio. Su necesidad de sentirlo a su lado, de recordar que no era un espejismo, invadiendola.

Casi al instante el chico entrelazo sus dedos, reforzando el agarre. Willow sintió su corazón dar un vuelco en su pecho, la calidez extendiéndose por su cuerpo.

Estaba allí, era real, no otro sueño más.

Si que noto a Hunter fruncir el ceño levemente, bajando su mirada para observar sus manos entrelazadas.

Las vendas. La joven bruja se había olvidado de aquellas vendas que cubrían sus manos, pero era inevitable que Hunter las notara.

Se sintió ligeramente culpable sin saber por qué. No quería ser la causante de ese gesto de preocupación en él. No cuando acababan de reencontrarse.

—No quiero ser aguafiestas, pero es hora de irnos— La voz de Vee los regresó un momento a la realidad.

El chico asintió, mirando a sus hermanas.

—¿Mamá está ya en casa?

Amity, Gus y Willow lo miraron un momento desconcertados. Hunter volvió a sonrojarse, dándose cuenta de que ellos no estaban al tanto de la forma en que llamaba a Camila ahora.

Willow le sonrió ampliamente, más que feliz por él. Se sentía aliviada al ver que Hunter estaba rodeado por tanto cariño, el que siempre había merecido.

Luz dejó escapar una pequeña carcajada, sintiéndose muy ligera y feliz como hace mucho no lo hacía.

—Vamos Hermano, llévanos a casa.

Se subieron al auto, amontonados claramente en los asientos.

Como Hunter manejaría, había insistido en que Willow lo acompañará en el asiento del copiloto.

Una vez adentro, el chico había vuelto a tomar su mano, y no la había soltado sólo en los momentos necesarios.

Para Luz esto hablaba demasiado de lo mucho que quería a Willow. De alguna manera estaba arriesgando su perfecta manera de manejar, tan sólo para poder tomar la mano de la chica.

Había mucho que hablar, tres años no pasaron en vano. Pero aún así sentir la mano de Amity sobre la suya la reconfortaba.

El camino a casa fue silencioso pero tranquilo. Se podía ver que cada uno estaba perdido en sus pensamientos, pero no había tensión en el ambiente, solo calma.

Hunter detuvo la marcha justo en frente de la casa que ya todos conocían.

Las luces en efecto ya estaban encendidas, delatando la presencia de Camila en la casa.

Bajaron del auto, y el rubio se apresuró a colocarse al lado de Willow casi de inmediato. La chica dejó escapar una leve sonrisa y fue ella quien se aferró a su brazo.

Tal parecía que ninguno de los dos podía dejar de buscar contacto.

Entraron haciendo el menor ruido posible, esperando que Camila notara su presencia en la sala.

Escucharon pasos viniendo de la cocina, y Vee los obligó a callar los murmullos impacientes.

—¿Tan pronto en casa? Que tal salió todo Mijo… —

Las siguientes palabras de la Señora Noceda murieron en su boca. Se quedó estupefacta en el marco de la puerta, notando de inmediato a los adolescentes que no había visto en 3 años.

—Diría que todo salió mejor de lo esperado— Hunter respondió a su pregunta, una sonrisa enorme invadiendo su rostro.

Fue Amity la primera en acercarse a abrazar a Camila, y justo después la siguieron Willow y Gus.

Ella los había acogido al instante y les había proporcionado confort. Era obvio que la habían extrañado en demasía.

Después de aquel momento conmovedor, y de volver a derramar varias lágrimas, los ánimos volvieron a tranquilizarse.

Camilia insistió que pasaran aquella noche en la casa, para que pensaran las cosas y decidieran que harían después.

—Deberíamos avisarle a King, de seguro está desesperado de no ver señales— Gus comentó, recordándoles que el Titan se había quemado vigilando el portal, esperando su llegada.

La mirada de Luz se iluminó de golpe, y su rostro se llenó de añoranza.

—¿Puedo ir yo? Necesito verlo.

—Amity y yo podemos acompañarte.

Declaro Gus, asintiendo emocionado. Y también claro estaba, dándoles una obvia oportunidad a Willow y a Hunter de pasar un tiempo a solas.

La morena asintió, y tomando de vuelta la mano de Amity, se encaminaron hacia el portal.

Vee también les dio su espacio, saliendo con Masha al patio de la casa. Camila simplemente les sonrió, aun abrumada por la sorpresa.

El silencio se apoderó del lugar, y ambos lucharon para encontrar las palabras atoradas en su garganta.

—Oh, tengo algo para ti— Pronunció al fin Hunter, saliendo lentamente del letargo en el que estaba sumido.

Le dedicó una sonrisa tímida a la chica, apretando su mano de forma cariñosa.

—Mama, Estaremos en mi cierto ¿Si?— Camila asintió, mientras ambos comenzaban a caminar hacia el sótano.

—¡Dejen la puerta abierta!— Gritó la mujer antes de verlos descender, haciendo que ambos se sonrojaran de golpe.

Willow recordaba aquella habitación. Recordaba cuando había sido el hogar improvisado de Gus y Hunter, donde los chicos habían improvisado sus camas entre las cajas de cosas guardadas de Camila.

Sin embargo, el espacio que se presentó ante ella era claramente diferente. No había rastro de las cajas esparcidas, había una cama en el centro, no más bolsa de dormir, y la habitación estaba llena de cosas de costura.

Por primera vez, podía ver un lugar que era exclusivamente de Hunter.

El rubio la soltó un momento, acercándose a un armario y comenzando a buscar algo en su interior.

Willow tomó asiento en la orilla de la cama, mirándolo con inmensa curiosidad, sin poder despegar su mirada de sus movimientos.

Después de unos minutos Hunter se volvió a acercar a ella, sosteniendo una caja entre sus manos.

La deposito con cuidado al lado de la chica, buscando en ella hasta sacar una tela de color verde olivo.

—Hice una de estas para cada uno, he mejorado un poco— Comentó tímidamente, extendiendo la prenda.

Willow la tomó con cuidado en sus manos, analizándola. Era un cardigan, cuidadosamente tejido, sus iniciales bordadas en el frente en tonos dorados.

Sintió las lágrimas volver a sus ojos y le dedicó una sonrisa radiante.

—Hunter, es hermoso.

Su voz estaba claramente entrecortada por la emoción. Busco los ojos del chico, el cual volvía a tener el rostro teñido de un ligero carmesí. Por el Titan, cuánto lo había extrañado.

Se lanzó a sus brazos, siendo inmediatamente atrapada por el chico. ¿Desde cuando su abrazo se sentía tan fuerte? Estaba en definitiva mucho más alto que ella.

Enterró su rostro en su pecho, cerrando los ojos por un momento. El latido de su corazón la reconfortó, recordandole que era real, que por fin estaba junto a ella.

Se quedaron así por un momento, simplemente disfrutando de la presencia del otro. Lentamente, Hunter fue el primero en separarse. Willow había podido oír los latidos acelerados de su corazón en su pecho y se sentía realmente halagada de ser quien lo provocara.

Sus manos comenzaron a recorrer sus brazos y se detuvieron nuevamente en los vendajes, tocandolos con las yemas de sus dedos, con extrema delicadeza.

Willow trago saliva, consciente de que el chico deseaba preguntarle por ello, pero no quería presionarla.

Respiro hondo, buscando su mirada nuevamente. Se sentía ligeramente culpable al ver la preocupación en su rostro. Necesitaba explicarle.

—A veces… tengo ataques de pánico fuertes—

Su voz sonaba lejana, como ensayada.

—La respiración no sirve, y sentir algo de dolor ayuda—

Sabía que estaba mal pero había días que no podía evitarlo.

Creyó ver un dejo de reconocimiento en el rostro del chico.

Con cuidado, Hunter tomó su mano y la llevó a sus labios, depositando un tierno beso en su palma.

A la chica se le escapó el aliento, sobrecogida por este gesto y por la intensidad de su mirada.

—También los tengo, pero Camila ayudo mucho—

Admitió el rubio, dedicándole una sonrisa triste.

—No necesitas cargar con todo sola ¿lo sabes? —

Las lágrimas volvieron a los ojos de la chica, y las dejó salir.

No tenía que fingir ser fuerte en ese momento. Años de reprimir sus emociones se rompieron en ese instante.

—Willow… estoy aquí, no volveré a separarme de ti —

La voz de Hunter la reconforto, enviando una oleada de calidez por su cuerpo.

La chica asintió, y busco sus labios de forma desesperada.

El suave contacto de su boca contra la suya le recordó que no estaba soñando.

–Hunter… — Lo llamó suavemente separándose un poco, su frente permaneciendo pegada a la contraria.

—Hay algo que no te pregunte ese día… — El chico la miró extrañado, algo temeroso, pero la sonrisa de la bruja lo tranquilizó.

—¿Qué es?

Willow sonrió ampliamente, sus mejillas tiñéndose de rojo.

—¿Serías mi novio? —

La faz del rubio se cubrió de escarlata. Se abofeteó a sí mismo por haber olvidado algo tan importante. ¿Cómo era posible que él mismo nunca se lo hubiera preguntado?

—¡Si, si! Claro que si—

Su sonrisa fue más radiante que el mismo sol.

La chica dejó escapar una risita de alivio, y de nuevo se lanzó a sus labios, incapaz de pasar un solo momento sin probarlos.