Academia Saint Michael's de Magia y Hechicería

Capítulo 3 – La Cita en Hogsmeade

Parte 2

Academia St. Michael's – 20 Años atrás

Takako POV

Es una tarde normal en la academia para chicas de magia y hechicería de Saint Michael's en la cual, me encuentro camino a mi primera clase del día como estudiante de primer año.

Al entrar con mis compañeras, la directora se encuentra ahí en el aula para presentarnos a nuestra nueva maestra, después de que la anterior se tuviera que retirar por razones extraordinarias. Una joven rubia en sus jóvenes 20's de ojos azules y pechos voluptuosos de extrema belleza.

– Buen día, jóvenes. El día de hoy les quiero presentar a su nueva profesora de defensa contra las artes oscuras, la señorita Houraisen Rena-sensei.

– Es un placer para mí conocerlas, chicas. Aunque esta sea mi primera clase en el castillo, espero todas se porten amables conmigo y podamos ser buenas amigas. Estaré a su cuidado.

Rena hace una reverencia y todas las alumnas están encantadas con ella.

– ¡Kawaii! La nueva maestra es toda una belleza.

– Y es Tan joven también, me pregunto cuántos años tendrá.

– No lo sé, pero sin duda, no faltaré a una sola de sus clases.

– Tampoco yo. Tengo ganas de ir con ella y decirle "¡Adópteme maestra!".

Todas en el aula están encantadas con ella y por supuesto, yo no soy la excepción, aunque tampoco soy tan evidente y me guardo mis comentarios con un sonrojo.

"¿Será esto lo que llaman amor a primera vista?"

Antes de que pueda continuar en mis fantasias, la maestra Rena nos trae de vuelta a la realidad y dice.

– Bien chicas, vamos a tomar nuestros asientos para iniciar la clase.

Al momento que lo dice, todas toman asiento y Rena empieza la clase.

– Muy bien, para nuestra primera clase, hoy vamos a…

Pero en ese momento, la puerta del aula se abre y una pequeña niña rubia de unos once años edad entra al aula con el uniforme de la escuela y se sienta en uno de los asientos vacíos hasta atrás del aula.

Las estudiantes notan que cuando se sienta, sus pies ni siquiera llegan al suelo y empiezan a murmurar entre ellas.

– ¿Quién es ella? ¿La conoces?

– Ni idea, debe ser la hija de una de las profesoras.

– O quizás sea la hermanita de alguna de las estudiantes.

– Que mal ¿Estará perdida?

Todas sus dudas son despejadas cuando la maestra Rena la observa y le dice.

– ¡Runita! Que bueno que ya llegaste. ¿Llegando tarde en el primer día, eh? Justo estaba por iniciar la clase.

– No molestes.

Las alumnas reaccionan sorprendidas al ver cómo esta niña le contesta a la nueva profesora, pero Rena sólo esboza una sonrisa y lo ignora.

– Como sea, hoy aprenderemos cómo defendernos ante el ataque de un boggart. Lo primero que deben saber, es que…

La clase continua sin ningún problema y las chicas aceptan a la niña del salón como una alumna más sin ningún problema. Sin embargo yo, más que aceptarla, siento curiosidad por ella. Me pregunto quién es esta niña tan linda, cómo acabó aquí y… por qué luce tan joven.

Por alguna razón más allá de mi entendimiento, me siento con un gran deseo por conocerla y acercarme a ella. Sin embargo… no sé por donde empezar.

No estoy segura si es porque la maestra nota que estoy viendo a aquella niña, pero por alguna razón, nos dice.

– Ahora, para poner a prueba este hechizo, las voy a formar en parejas. Vamos a ver, tú trabajarás con ella, tú con ella, tú con ella, ustedes tres hagan una pareja de tres y finalmente… Takako-san ¿Cierto?

– Así es, sensei.

– Excelente, tú trabajarás con Runita. Mucha suerte, chicas.

Nos ponemos de pie para trabajar con nuestra compañera y así es como me acerco por primera vez a esta chica.

– Parece que nos emparejaron. Mucho gusto, me llamo Suminoe Takako-san.

– Runa-san – contesta fríamente.

– Será un placer trabajar contigo, Runa.

Le sonrío y así, empezamos a trabajar con el hechizo que nos enseña la maestra.


Gran Comedor

Después de nuestro primer encuentro, los días siguen pasando y aunque no se puede decir que realmente seamos amigas, al menos nos hemos aprendido a llevar bien y sobre todo, aún sigo con cierto interés en ella.

Salvo que tiene nuestra misma edad y es hermana de la profesora Rena, todavía no sé mucho de ella. Salvo la clase de defensa contra las artes oscuras, jamás la he visto en ninguna otra parte del castillo.

Le intenté preguntar a sus compañeras de casa si alguna vez la habían visto en su sala común. Me contestaron que la han llegado a ver paseando por ahí de rápido, pero nunca han visto donde duerme.

Incluso una de ellas, confiesa que al principio pensó que era el fantasma de una niña muerta.

Todas estas incógnitas no hacen más que incrementar mi curiosidad hacia ella y mi deseo por poder platicar más sobre su vida fuera del salón de clases.

Deseo que finalmente se me cumple una tarde cuando ingreso al gran comedor y la encuentro almorzando sola.

"Es mi oportunidad"

Voy con ella y le pregunto.

– Hola Runa-san ¿Te molesta si comemos juntas?

– ¿Uh? – algo sorprendida me observa y contesta – No me molestaría.

Dicho eso me siento frente a ella y tenemos nuestra primera plática real fuera del salón de clases.

Aunque casi toda la conversación la hago yo, sí consigo que me cuente un par de cosas nuevas sobre ella, aunque nada realmente relevante.

Como un impulso que me llama del corazón, cuando terminamos de almorzar, le pregunto.

– Runa-san ¿Te gustaría que salgamos un día de estos? Podríamos ir a Hogsmeade para conocernos mejor y…

– No puedo – contesta tajantemente – Y no insistas, por favor.

Dicho eso, Runa se levanta y se retira sin decir nada más.

Me quedo a solas donde estaba antes, observándola irse y me pregunto.

– Acaso… ¿Habré dicho algo malo?


Castillo de Saint Michael's

Los días pasan y contrario a lo que pensaba, en nuestra siguiente clase Runa no se mostró molesta, aunque sí ignoró por completo la conversación que tuvimos el otro día durante la comida.

Esta chica es tan complicada. A pesar de mi deseo de ayudarla y conocerla mejor, si no me deja acercarme, supongo que entonces no hay nada que pueda hacer por ella.

Estaba a punto de rendirme con ella, cuando una noche después de haber terminado de cenar, estaba a punto de retirarme a mi sala común con mis amigas, cuando la profesora Rena me llamó.

– Takako-san ¿Puedes venir un segundo?

Me despido de mis amigas diciéndoles que las vería más tarde y me dirijo con la profesora en la mesa de maestras.

– ¿Me habló, maestra?

– Así es. Necesito que me hagas un favor. ¿Podrías ir a mi oficina y traerme una carpeta con pergaminos para la siguiente clase?

– Seguro, profesora.

– ¡Muchas gracias, Takako! Sabía que podía contar contigo.

Dicho eso, salgo del gran comedor y me dirijo a la oficina de la profesora Rena en el aula de defensa contra las artes oscuras.

Una vez ahí, no tardo en encontrar la carpeta que me pide y veo que se trata sobre la defensa contra criaturas nocturnas.

– Así que esto es lo que veremos la siguiente clase.

Guardo la carpeta conmigo y regreso al comedor para dársela, pero cuando regreso.

– ¿Uh? La profesora Rena ya se retiró por el día.

– ¿Es en serio?

– Así es, quizás puedas encontrarla en camino a los dormitorios de las maestras.

– De acuerdo, gracias, profesora.

"Que mal. Supongo que ya le daré la carpeta hasta mañana".

Estoy a punto de retirarme a mi habitación, cuando de camino en uno de los pasillos el castillo me encuentro a…

– ¿Runa?

Va corriendo por el pasillo a toda velocidad.

– ¡Runa!

Salgo corriendo tras ella mientras me pregunto.

"Cielos, Runa ¿Es que no sabes que no esta permitido correr por los pasillos? Más que eso, ya esta anocheciendo. Tenemos que volver a nuestra alcoba o nos meterás en problemas".

La persigo tan rápido como puedo hasta que veo que llega a la entrada sur del castillo y sale hacia el patio de atrás.

Una vez en la entrada, me detengo antes de salir observando el cielo nocturno.

– Ya es demasiado tarde. Dentro de pocos minutos se dará el toque de queda y todas las alumnas que no estén en su dormitorio, serán castigadas. ¿Qué debo hacer?

Por una parte, considero darme la vuelta y dirigirme a mi habitación. Si me apresuro, todavía podría llegar antes del toque de queda, pero por otra parte, no puedo dejar a Runa a su suerte allá afuera. No estaría bien.

– Ay Takako, espero que sepas lo que haces.

Sin pensarlo más, salgo del castillo y empiezo a correr hacia la dirección que se había ido Runa.


Afuera del Castillo

Al salir del castillo, noto lo que parece ser un rastro en el pasto que dejó Runa cuando salió corriendo.

Lo sigo aún procurando que nadie me vea fuera del castillo a esta hora, hasta que llego a un lago donde finalmente, la encuentro entrando a un pequeño hoyo debajo de un árbol.

– ¿Runa? ¿Qué rayos estás haciendo?

Estoy a punto de ir con ella y seguirla por ese hoyo cuando de repente, el árbol bajo el que entró se mueve y como si fuera un gigantesco puño, esta a punto de golpearme con una de sus gigantescas ramas.

– ¡KYAAAAAAAA!

Afortunadamente consigo moverme a tiempo y el árbol no alcanza a golpearme.

De inmediato tomo mi varita, apunto al árbol y grito.

¡Petrificus Totalus!

Sin embargo, el árbol desvía el hechizo con una de sus ramas y vuelve a intentar atacarme.

– No puede ser. Acaso este es… ¡¿Un Sauce Boxeador?!

El sauce baja sus ramas y por poco vuelvo a salvarme de ser aplastada por dicho árbol.

– ¡¿Qué rayos hace un sauce boxeador en la escuela?! ¿Es que no piensan en la seguridad de sus alumnas? ¡Kyaaaaa!

Una de sus ramas medio delgadas me golpea en el estómago como un látigo y me saca volando a unos metros de ahí.

– ¡Auch!

Afortunadamente aterrizo sobre mi trasero y no tardo en volver a levantarme.

– Esto es muy malo, los sauces boxeadores son famosos por atacar a cualquiera que se les acerque. ¿Debería regresar a mi sala común?

El sauce mueve sus ramas, como incitándome a que lo ataque de nuevo para eliminarme por lo que determinada, me subo las mangas de la túnica, amarro mi cabello en una coleta de caballo y saco mi varita.

– Como quieras. Ya llegué muy lejos como para regresarme ahora. Ya verás con quién te estás metiendo, árbol.

Gracias a Dios, había puesto mucha atención a mis clases de herbología, por lo que sé que si bien, los sauces son inmunes a varias clases de magia, sus ramas no lo son, por lo que tenía que enfocarme en cada una de ellas para poder pasar.

¡Petrificus Totalus! ¡Petrificus Totalus!

Esquivo las ramas gigantes cuando me están a punto de golpear, mientras que las delgadas, las detengo con mi hechizo para poco a poco irme abriendo paso hasta el hoyo debajo de él.

Estoy tan acerca, estoy apunto de meterme en él, cuando una de las ramas me llega por sorpresa y me vuelve a golpear.

– ¡Kyaaaaa!

Sin embargo, esta vez en lugar de salir volando, me agarro de ella y así, me encuentro volando agarrada con todas mis fuerzas a aquella rama.

– ¡Aaaaaaahhhh! ¡Ojalá que esto funcione!

El sauce esta apunto de bajar la rama en la que me encuentro para estrellarme con ella contra el suelo, pero justo cuando me baja.

– ¡Ahora!

Me dejo caer y deslizo sana y salva hasta el fondo de aquel hoyo bajo el árbol.

– ¡Auch! Estúpido árbol, casi me mata. Pero… ¿Qué es este lugar?

Me limpio el polvo del uniforme y observo el lugar en el que me encuentro.

– Parece ser una especie de… ¿Pasadizo bajo tierra? Me pregunto a dónde llevará.

Al voltear abajo, noto en el lodo lo que indudablemente son las pisadas de una niña, dirigiéndose hacia el final del pasillo.

– Supongo que no tengo más opción más que seguir. ¡Lumos!

Activo la luz de mi varita y empiezo a caminar por aquel pasillo abandonado, esperando encontrar a Runa al final de este, o algo peor.


Casa de los Gritos

Al final del camino, me encuentro con unas pequeñas escaleras, las cuales me llevan hasta una escotilla de madera antigua, la cual abro y al salir de ella, descubro lo que parece ser una casa olvidada y descuidada, abandonada desde hace años y que en cualquier momento podría caerse.

– ¿Qué es este lugar?

Escucho un crujir del piso de arriba y de inmediato saco mi varita en guardia.

– Debe ser la casa de los gritos, la casa más embrujada de todo el lugar.

Según los locales de Hogsmeade, por las noches se pueden oír gritos y aullidos salir de ella, como si estuvieran despedazando a alguien.

– Esto es muy malo. Será mejor que encuentre a Runa pronto para largarnos de aquí.

Lentamente me dirijo hacia las escaleras de madera y empiezo a subir por ellas.

Con cada escalón que subo, las escaleras crujen más y más, me sorprende que aún no se hayan caído.

Finalmente llego al piso de arriba y ahí, me encuentro con una sala abandonada y descuidada, con varios arañazos en el suelo y las cortinas rotas. Y en la esquina, un único colchón junto con una pequeña lampara de noche.

Y sobre aquel colchón, cubierta por una manta tratando de dormir, me encuentro a…

– ¡Runa!

– ¿Uh? ¡¿Takako?!

De inmediato corro con ella y la envuelvo en un gran abrazo.

– Que bueno que te encontré, estaba tan preocupada.

Sin embargo, a pesar de la gran sorpresa y conmoción que siente Runa, de inmediato me separa y me pregunta molesta.

– ¡¿Qué rayos haces aquí?! ¿Acaso me estuviste siguiendo? ¿Tienes idea de lo peligroso y estúpido que es esto?

– ¿De qué hablas? ¿Qué estás haciendo aquí, Runa?

– No tengo tiempo de explicar, te tienes que ir de aquí ¡Ahora! Antes de que comience.

Runa me levanta y me empieza a empujar con fuerza para que me vaya de ahí. Sin embargo, la detengo y le digo.

– ¡No! No me pienso ir de aquí sin ti ¿Tienes idea de por cuántos peligros pasé para encontrarte? ¿Los problemas en los que podría meterme?

– Créeme, te meterás en un problema mucho mayor si no te vas ahora mismo. Así que ahora ¡Lárgate!

– ¡No!

Sin embargo, Runa detiene su forcejeo conmigo cuando el cielo nocturno antes nublado se despeja y la luna aparece en el cielo.

– Ay no. Esto es malo, muy malo.

– ¿Qué cosa, Runa? ¿Qué pasa?

– Takako, necesito que me prometas que saldrás de aquí corriendo y no voltearás atrás ¿Okay? Por favor ¡Corre y no vuelvas atrás!

– ¿Por qué? ¿Qué pasa?

Runa se separa lo más que puede de mí y se lleva sus manos a la cabeza, tratando de controlar lo que se viene.

– No, por favor, no esta noche, no con ella aquí.

Sus esfuerzos son inútiles ya que en ese momento, su pequeño cuerpo se empieza a transformar, saliéndole pelo por todas partes y garras en lugar de manos. Sus pies crecen destrozando sus zapatos, su nariz antes pequeña y fina se alarga dando en su lugar a u gran hocico, y donde están sus tiernos ojos y linda sonrisa, ahora hay unos enormes dientes y unos ojos totalmente negros llenos de oscuridad.

– Ay no, no me digas que eres…

Una mujer lobo.

Runa se termina de transformar, ahora completamente en su forma de mujer lobo y trata de reconocer el lugar en el que esta con su olfato.

En general el ambiente le parece familiar, hasta que nota mi presencia, apuntándole con la varita y entonces empieza a gruñir.

– Grrrr…

Me ve con mucha furia. Las mujeres lobos son conocidas porque una vez que se transforman, no reconocen a nadie en absoluto. Son de las criaturas más peligrosas que existen en el mundo mágico y podrían matar incluso a su mejor amiga.

– No estoy lista para esto.

Al instante, Runa se lanza contra mí y por muy poco, esquivo su arañazo directo hacia mi cara.

– ¡Aaaaaaaaahhhh! Esto es malo, ¡Tengo que huir de aquí!

Me oculto en una de las salas de la casa, esperando a que se vaya para salir corriendo.

– Esto es horrible ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

Entonces recuerdo el pergamino que había tomado de la maestra Rena, el cuál precisamente era sobre las criaturas nocturnas.

– Aquí debe haber algo sobre enfrentar lobos. Vamos ¿Dónde está?

Pero al abrir la carpeta, un pequeño frasco con un líquido plateado cae de ella y aterriza en mi regazo.

Lo tomo y veo que tiene una pequeña etiqueta al lado, la cual dice "Runa".

– ¿Será que esto…?

Observo el pergamino y veo que ahí hay un dibujo de una mujer lobo siendo transformada de vuelta por un líquido plateado.

– ¡Eso es!

Decida, salgo del closet y Runa, transformada en lobo voltea a verme.

Va corriendo contra mí, pero antes de que me pueda atrapar, saco mi varita y grito.

¡Lumos Solem!

La luz que irradia mi varita ciega el ataque de Runa, quien se detiene y aprovecho para abrir su boca y vaciar el contenido de la poción en ella.

Sin embargo cuando lo hago, Runa me golpea y saca volando al otro lado de la habitación.

– Auch.

Runa se acaba la poción, empieza a correr para volverme a atacar pero a medio camino, se detiene y cae al piso.

Se retuerce en el suelo, se empieza a transformar y en pocos segundos, vuelve a convertirse en la misma Runa de siempre. Con el aspecto de una niña de 11 años, aunque ahora completamente desnuda, tirada en suelo.

– ¡Runa!

De inmediato voy con ella y la cubro con la sábana en el colchón.

– Vamos Runa, despierta.

Unos segundos después, Runa recupera la conciencia y abre los ojos.

– ¿Uh? ¿Takako?

– Así es Runa, soy yo.

– Takako.

Runa se suelta a llorar y se abraza a mi regazo.

– Tuve tanto miedo – me dice Runa entre sollozos.

– Tranquila Runa, estas bien. Todo va a estar bien.

Ya que se ha recuperado, Runa se termina por cubrir con la manta, aún completamente desnuda (ya que su ropa se había destruido cuando se transformo) y conversamos juntas en su colchón de la casa.

– Así que, eres una mujer lobo.

Runa solo asiente sin responder nada.

– ¿Desde cuándo?

– Es una larga historia.

Runa no quiere decir nada más, hasta que poso mi mano sobre la suya y le digo.

– Quiero ayudar, puedes confiar en mí ¿Sí?

Runa tiene sus dudas, pero finalmente suspira y me dice.

– Hace cuatro años, cuando tenía 11 años, mi hermana y yo salimos en un campamento con unas compañeras suyas del instituto. Una vez ahí, fuimos atacadas por una mujer lobo a la cual, lograron repeler antes de que matará a alguien, pero no antes de que me mordiera parcialmente.

Runa levanta un poco su manta y me muestra la marca de la mordida en su pierna.

– Mi hermana estaba tan preocupada, pensó que me convertiría en una mujer lobo por siempre. Afortunadamente, las curanderas lograron crear un contra hechizo con el cual, ahora solamente me transformo en una mujer lobo cada que me ilumina la luna. Aunque el precio de ese contra hechizo, es que ahora por toda mi vida, tendré el aspecto que tenía cuando me mordieron, cuando tenía 11 años.

– Ya veo. Lamento mucho escuchar eso, Runa. ¿Y esta poción?

Le muestro la poción que había usado para transformarla de vuelta.

– ¿De donde la sacaste? – me pregunta.

– La encontré en el escritorio de la maestra Rena junto con una carpeta que me pidió que le llevara.

– Ya veo. Imaginé que sería de ella.

– ¿A que te refieres con eso?

– Desde que me atacaron, mi hermana ha estado intentando crear una poción para contrarrestar los efectos de la transformación. Sabe que para ello, necesita una pequeñísima cantidad de plata líquida, aunque no demasiada ya que una gran cantidad, podría matarme.

– Runa.

– Ya le había dicho que quería que dejara de intentarlo – dice Runa tomando el frasco con fuerza.

– Me alegra que no lo haya hecho – le digo – de no haber sido así, probablemente ahora no estaría viva.

– Eso fue muy estúpido, demasiado estúpido de tu parte ¿No te había dicho que quería que te fueras de aquí? – me lo pregunta bastante molesta – Aparte ¿Por qué me seguiste en primer lugar?

– Yo… sólo quería ayudarte, Runa.

– No necesito tu ayuda, no necesito de nadie.

Runa se da la vuelta para que no la vea llorar.

Me quedo a su lado sin decir nada por un rato y después le pregunto.

– Runa, si tienes una poción que te permite transformarte de vuelta y sólo te transformas cuando te ilumina la luna ¿Por qué no vives en tu sala común? ¿No te sientes sola aquí afuera?

– No quiero arriesgarme a transformarme estando con alguna de mis compañeras. Si llegara a lastimar a alguien estando transformada… yo… jamás me lo podría perdonar.

Runa oculta su rostro entre las rodillas y acaricio su espalda para consolarla.

– Y ¿Tu hermana sabe que vives aquí?

– Por supuesto que no. Y si te atreves a decirle algo, juro que te asesinaré y no como una mujer lobo.

– Descuida, no le diré nada – sigo acariciando su espalda – Vas a estar bien.

– No es cierto, jamás estaré bien.

– Sí lo estarás, estaré a tu lado hasta ver que lo estés.

– Te lo agradezco, Takako, de verdad, pero hace tiempo que acepté mi destino. Estaré sola por siempre. Ese es el destino de una mujer lobo.

Ambas nos quedamos en silencio un momento después de decir esto y tras pensarlo un rato, tomo una decisión y me acuesto en su colchón en la esquina.

– ¿Qué haces, Takako?

– Me quedaré a dormir contigo.

– ¡¿EH?! Pero ¿Qué estás diciendo?

– No me agrada la idea de que estés durmiendo aquí sola. Así que si no quieres dormir en tu sala común, por lo menos me quedaré aquí a tu lado para que no estés sola.

– Takako… pero mi transformación…

– Ya te tomaste tu poción ¿No? Quiere decir que al menos por esta noche estarás bien.

– No lo sabes, eso puede ser…

– Sí lo sé, mira.

Runa voltea a la ventana cuando la apunto y ve que la luna la esta iluminando y no se transforma.

– Quiero estar a tu lado para cuidarte ¿Sí?

– Takako…

Lo considera, se siente muy insegura con esto, pero finalmente dice.

– De acuerdo, solo por esta noche.

Dicho eso, aún con su manta se acuesta a mi lado y la comparte conmigo para que no pase frío.

O al menos es así hasta que se da cuenta de lo que esta haciendo y sonrojada me dice.

– Oye, sí sabes que aún estoy desnuda ¿No?

– Lo sé, pero no creo que haya problema, te mantendré cálida en mi abrazo.

– ¡¿Eh?! Cielos, no me digas que eres una lolicon.

– No lo soy, además tenemos la misma edad ¿Recuerdas?

– Sí.

Sin decir nada más, Runa acepta mi abrazo y poco a poco va cerrando los ojos y me dice.

– Gracias, Takako.

– Descuida, Runa. Vas a estar bien, te lo prometo.


Siguientes semanas

Aunque acordamos que sólo sería por esa noche, a partir de entonces, todas las demás noches siempre me escabullí con Runa para acompañarla y ver que no se transformara en aquella mujer lobo.

Siempre ponía la excusa de que había venido para traerle algo nuevo.

Para empezar, me aseguré de conseguirle unas sabanas nuevas para cubrir cada rincón de la sala donde descansábamos, también me traje una cama con sábanas decentes y demás cosas para compartir el cuarto con ella.

De igual manera para estar seguras, le pregunté a la profesora Rena por la poción que había usado para transformar a Runa de vuelta. Me explicó cómo prepararla y tras aprender a hacerla yo misma, hice todo un lote nuevo para Runa y las lleve conmigo a nuestra habitación para usarlas cada que fuera necesario.

La mayoría de las noches en las que no sucede nada, nos quedamos platicando hasta tarde, conociendo más de la otra y conversando hasta quedarnos dormidas.

Y en las noches en las que sucedía algo, de inmediato le doy su poción antes de que se termine de transformar y suceda algo más malo.

Aunque Runa estaba feliz con esta relación que estábamos formando, por otra parte también se encontraba muy preocupada, pensando en que algún día, cualquier cosa podría llegar a salir mal.

– Si llegara a pasarte algo, yo jamás me lo podría perdonar.

A pesar de lo feliz que yo también estaba con ella, sabía que también corría un gran riesgo al involucrarme con ella, así que desde entonces, comencé a pasar todas mis tardes en la biblioteca, leyendo todos los libros de transformaciones y pociones que tenía al alcance, e incluso, con el permiso de la maestra Rena, un par de libros de la sección prohibida.

Finalmente, después de varios meses de práctica, a finales de nuestro primer año logré crear una poción que quizás podría llegar a ayudar a Runa.

La sirvo del caldero a una pequeña botella de cristal, la cual brilla con el poder de la plata líquida y demás ingredientes en ella.

Añado unos toques de bezoar y finalmente digo.

– Esta lista.

Ahora sólo debo esperar a la siguiente luna llena, que es cuando Runa se transforma sin importar si la luna la ilumina o no y ver el efecto que tendrá en ella.

– Ojalá que esto funcione.