-Estás mintiendo -le espeté con voz dura. Mis manos temblaban ante el shock y podía sentir que todos a mi alrededor estaban igual.
Sebastian sonrió con presunción.
-¿Y por qué Maggie no lo ha detectado, vampirito? -se burló.
-Incluso nuestros dones pueden fallar -replicó Alice, dividida entre creer lo que sus propios ojos veían y lo que su cabeza le decía que era lo lógico, lo creíble.- Yo no soy capaz de ver todo, ni Edward de leer todas las mentes.
En ese momento Aro dio un paso hacia delante, mirando a Sebastian.
-Mi querido amigo, creo que ha habido una equivocación -dijo el jefe de los Vulturis. Por primera vez en mi existencia, y espero que fuese la última, estaba de acuerdo con él.- No digo que no se parezcan -murmuró mirando la imagen de Bella, que seguía allí, en mitad del claro, mirándonos en un traje oscuro semejante al que llevaba Sebastian, solo distinto en el color- pero puede ser una coincidencia... Nuestra Isabella... -un gruñido salió entonces desde el pecho de Carlisle.
¿Suya? ¿¡CÓMO QUE SUYA!? ¡ES MI HIJA! gruñó en sus pensamientos, posesivo, protector.
Aro optó por ignorarle después de dirigirle una mirada indescifrable.
-Bueno, ella era claramente... humana -finalizó. -En cuanto a ti, joven Sebastian, me encantaría saber más acerca de tus... habilidades.
Antes de que nadie pudiese decir nada, hubo un destello de algo plateado y Renata, la guardaespaldas de Aro, cayó al suelo con un cuchillo clavado a la altura del abdomen. La vampira se lo agarró con ambas manos, tratando de sacárselo mientras jadeaba. A mi lado, Jasper cayó de rodillas al sentír su dolor y Alice se apresuró a confortarle, pidiéndole que bloquease su don.
El resto nos quedamos de piedra. ¿Desde cuando un cuchillo podía atravesar la dura carne de los vampiros? ¡ESTÁBAMOS PRÁCTICAMENTE HECHOS DE DIAMANTE, POR DIOS!
Sebastian bajó el brazo, aún en el aire, y Aro le miró con renovado respeto y odio a partes iguales.
-Eso ha sido una advertencia -susurró Sebastian con voz fría, sus ojos negros como la noche.- El próximo irá directo a ti, Aro, y te aseguro que por muy vampiro que seas, una cuchillada de esto -dijo enseñando unos resplandecientes y afilados cuchillos con runas grabadas- directa al corazón duele más que vuestra ponzoña.
Se giró hacia nosotros, levantando aquella cosa plateada. Era alargada, con diversos dibujos grabados, y no más voluminosa que un rotulador, aunque sí más larga. Volvió a hacer un dibujo en el aire, y la imagen de Bella se desdibujó.
Jacob se dirigió a Rosalie e inclinó la enorme y lobuna cabeza, permitiendo a la vampira que cogiese a Renesmee. Entró al bosque corriendo en su forma de lobo y salió como hombre, vestido con unos vaqueros cortos y rasgados. Su expresión era homicida. Se dirigió hacia nosotros prácticamente midiendo 3 metros más, envalentonado.
-MIRA, NIÑO, NO SÉ DE DONDE TE CREES QUE HAS SALIDO, PERO BELL... ah -se cortó al ver aparecer un torbellino de color azul intenso de la nada. Los ojos se le abrieron tanto que parecían pelotas de golf.
Por desgracia, no puedo decir que mi expresión fuese mejor que la del chico Black.
-Esta es la prueba que queríais -replicó Sebastian. Hizo un gesto hacia Jacob con la cabeza.- Tenéis la oportunidad de conocer a Bella como ninguno lo hace, ni siquiera sus padres, -dijo mirando a Carlisle y Esme, que se sorprendieron al oír como Sebastian se refería a ellos. Volvió su mirada a mi hija y contuve el impulso de gruñir- su hija... o su pareja -finalizó, mirándome curioso. Hizo un gesto hacia el portal con el brazo, que dibujo un amplio arco en el aire, como invitándonos a entrar.- ¿Y bien?
Hubo un momento de silencio y entonces Alice dio un paso hacia delante.
-Yo voy -susurró ante nuestras miradas de asombro, Jacob incluido. Clavó sus ojos dorados en los míos.- No sé si es ella o no, Edward... pero si lo es, quiero saberlo. Y estoy segura de que, si lo es, ha tenido buenas razones para mantenerlo en secreto -Además, quizá así descubramos donde está.
-Yo también -asintió Esme, ante la mirada consternada de Carlisle, que tras un momento de vacilación asintió también.
-Desde luego, yo no voy a quedarme atrás -intervino Rosalie, todavía con Renesmee en sus brazos, que miraba a Sebastian con franca hostilidad.- Está claro que estás mintiendo -se encogió de hombros.- Quiero ver como te caes con todo el equipo.
Carlisle le dirigió una mirada que claramente decía 'Cállate' y mi hermana rubia rodó los ojos. Emmett se posicionó a su lado, trabando los ojos en Sebastian y flexionando los músculos.
-No sé quién eres, pero no vas a cambiar la opinión que tengo sobre mi hermana -gruñó con su grave voz, haciendo crujir sus nudillos.- Que te quede claro.
Jasper se limitó a situarse delante de nosotros, indicando que venía, mientras enviaba a Sebastian ola tras ola de la furia que sentíamos, haciéndole sentir la amenaza, pero él no parecía inmutarse.
Comenzamos a avanzar, toda nuestra familia, con Jacob, Seth y Leah incluidos (ya que ambos se negaban a dejar marchar a Nessie y a su Alfa sin protección; Jacob les había elegido a ellos por haber sido leales a nosotros desde el principio), pero entonces sentí una mano en mi hombro. Me di la vuelta para ver a Garret, con Kate cogida de su brazo.
-Voy con vosotros -dijo nuestro amigo. Luego sonrió pícaramente.- Además, quiero ver si todas esas guerras han pasado. Rebelde hasta el fin, ya sabes.
-Yo también quiero ir -señaló Tanya, mirándome con súplica en sus ojos.
Te juro que no quiero hacerte cambiar de opinión sobre Bella, Edward. Me preocupo por ella, tanto como vosotros. Es una buena madre, y una buena amiga.
Asentí, con la garganta cerrada, sin saber muy bien como reaccionar. Desde luego, no me esperaba aquellas amables palabras, llenas de sinceridad, y mucho menos por parte de Tanya. Aunque claro... su actitud había cambiado después de llegar a conocer a Bella.
-Gracias -susurré. Ella me dedicó una suave sonrisa en respuesta.
-Estamos juntos en esto -añadió entonces Benjamin, adelantándose un paso.
-¡Eh, un momento, sanguijuelas! -intervino Sebastian al ver adelantarse a Zafrina.- Ya no más - dictaminó con voz fría.- Al menos de vuestro bando -ante nuestras miradas de asombro, se volvió hacia los Vulturis.- Aro, Cayo, Marco. Vosotros venís también, podéis traer a cuatro guardias con vosotros.
Cayo se envaró y siseó, con los dientes apretados.
-¿Quién te crees que eres para darnos órdenes? -gruñó, claramente irritado. Sin embargo, tras un momento en el que Sebastian y Cayo se fulminaron mutuamente con la mirada, Aro suspiró, rindiéndose.
-Alec, Jane, Demetri, Felix -determinó con voz unánime. Los cuatro vampiros se adelantaron, Alec sonriéndome con presunción. Tuve que contener el impulso de enseñarle el dedo corazón. No debía ser un mal ejemplo para mi hija, pese a que aquel pequeño bastardo me pusiese de los nervios. - Venís con nosotros.
-Que pasen ellos primero -ordenó Carlisle, no aceptando un 'no' por respuesta.- No pondré a mi familia en peligro.
Sebastian se encogió de hombros y se dirigió a Aro.
-Ya has oído al 'papi' Cullen -aunque su tono era uniforme, aquella única palabra la escupió con desdén, claramente irritado.- Vosotros primero. Y yo sí que no acepto un 'no' por respuesta.
Y así, uno a uno, los siete Vulturis pasaron por el portal. Sebastian nos dirigió una mirada elocuente. Nos miramos entre nosotros. Carlisle esbozó una pequeña sonrisa.
-Desde luego, Edward... Desde que conociste a Bella, lo que no se puede decir es que nuestras vidas sean precisamente aburridas -le dirigí una mirada de disculpa, pero entonces me percaté de su sonrisa cariñosa y sus pensamientos... Pensaba en sus niñas, Alice, Rose y... Bella. No pude evitar sonreír yo también, mientras nos inclinábamos para saltar al torbellino.- No cambiaría la vida y la alegría que nos ha dado por nada, hijo. Ni por la vida más larga y tranquila de la historia, ni por todo el mundo.
-Corramos -dijo Alice, apretando la mano de Jasper.
-Corramos -asentimos todos en un susurro.
Y eso hicimos.
Caí al suelo sobre mi trasero. Me habría avergonzado más de no ser porque vi que Jacob estaba de cara contra la dura superficie, y que además había tenido la mala fortuna de que Seth, Rosalie y Jasper habían aterrizado sobre él. Rosalie sonreía ante aquello, más que encantada, con Renesmee amarrada a su cuello y tratando de no reírse del pobre lobo.
Por su parte, Leah había caído de boca sobre Emmett y ambos se miraban entre sí con los ojos abiertos como platos. Cuando digo, de boca, quiero decir ambos. Se habían besado, si es que se podía llamar así; un contacto minúsculo, pero suficiente para que corriese la histeria entre ambos.
Leah se levantó como un resorte, limpiándose la boca de forma exagerada con la mano y profiriendo sonidos de disgusto y asco, mientras Emmett hacía lo propio... tratando de arrastrar la lengua por la tierra del suelo para nuestra dirección.
-¿POR QUÉ NO SIENTO LA TIERRA? -rugió, mirándome.- ¡MALDITA SEA, EDWARD, LA MALA SUERTE DE TU ESPOSA ES CONTAGIOSA?
Carlisle, que había tenido más suerte, y había caído con Alice sobre sus hombros y Esme en su regazo, le miraba divertido.
-¿Ya no es tu hermanita Emmett, ahora es 'la esposa de Edward'? -se burló Alice, tratando de ocultar una sonrisa de regocijo ante la mueca de su hermano oso. Tanya y Kate se rieron también unos metros más allá, y Benjamin, que estaba tumbado en el suelo con su compañera a su lado, meneó la cabeza, divertido.
-¡ESO NO RESPONDE POR QUÉ NO SIENTO LA TIERRA!
Fruncí el ceño. Traté de meter una mano en la tierra del suelo y fue como atravesar la nada. Efectivamente, la nada. Miré confundido a mi alrededor.
La expresión de Renesmee se tornó de terror.
-¡PAPÁ, CUIDADO!
Antes de que pudiese reaccionar o leer en su mente lo que ocurría, Alec estaba encima de mí y cerró los dientes en torno a mi garganta... Y no pasó nada. Sentía sus dientes, pero como podía sentir los delicados dientecitos (bueno, delicados para nosotros) de Renesmee cuando era un bebé. Sonreí. No podía hacerme daño, al menos no así. Por alguna razón nuestros dientes no eran igual que antes, y tampoco la fuerza, ya que no sentía la acostumbrada corriente de energía descomunal corriendo por mis músculos. Era mi oportunidad para vengarme.
Levanté la rodilla reuniendo toda la fuerza que tenía (que era realmente poca en relación a mi fuerza anterior), y le golpeé en sus amados atributos. Cayó a mi lado, agarrándose y retorciéndose de dolor.
-¡Serás...! -jadeó mientras Emmett, Jazz y Garrett me jaleaban, riendo a carcajadas.
-¡ALEC! -gritó Jane, corriendo hacia su hermano. Me fulminó con la mirada y yo me encogí, esperando a que llegase el dolor... un dolor que no llegó.
Los líderes Vulturi, aún en el suelo, intercambiaron miradas de miedo mientras se levantaban. Bueno... Aro y Cayo las intercambiaron. Marcus se dedicaba a estar ahí, mirando indiferente, muerto en vida.
-No podéis heriros aquí -dijo la voz de Sebastian desde arriba. Todos giramos la cabeza. Había aterrizado en el tejado de una casita cercana y nos acercaba en cuclillas desde allí. Apenas me había percatado de donde estábamos, mucho menos de que había edificios. Alec le dirigió una mirada dolorida y furiosa que parecía decir 'Y una mierda' y Sebastian soltó una carcajada que hizo que se me erizara el vello de la nuca. -Al menos, no con vuestros poderes. Eso incluye la fuerza vampírica y los dientes como el acero y ponzoñosos. Así mismo, Edward mantiene su don de leer las mentes, pero el de Jane para torturar está anulado, como el de Alec. También el de Jasper, a no ser que trate de calmar los ánimos. -Se encogió de hombros y se tiró, cayendo sobre sus pies con sorprendente agilidad. ¿Por qué nosotros nos habíamos estampado y él no?- Son reglas de los recuerdos. Si fuera por mi, os dejaba mataros entre vosotros, y que Bella lo viera para que se de cuenta de que sois unos salvajes.
Gruñí ante aquello, tensando mis músculos. Sebastian se toqueteó el cinturón de armas, mirándome retador.
-Atrévete. Adelante, deja a tu hija sin padre.
Lentamente, retrocedí, yendo hacia Rosalie y tomando a Nessie entre mis brazos, enterrando la nariz en su cabello conforme ella enrrollaba sus bracitos en torno a mi cuello, apretando con fuerza. Puso una manita en mi mejilla.
'Te quiero, papi'.
Sonreí y la besé en la nariz, lo que la hizo reír.
-Y yo a ti, mi niña.
Sebastian suspiró.
-Voy a vomitar purpurina -gruñó, rodando los ojos. Le ignoré.
-¿Os podéis quitar de encima? -jadeó Jacob. Seth y Jasper se levantaron en el acto, permitiéndole respirar, pero Rose se quedó allí sentada, disfrutando del dolor del perro. Jacob se la quedó mirando, incrédulo.
-Rosalie -la reprendió Esme suavemente. Rose suspiró y se levantó de encima del enorme lobo, que se levantó fulminándola con la mirada. Sebastian tenía expresión de estar harto.
-Tienes suerte de que aquí no pueda transformarse -murmuró, a lo que Rosalie resopló.
-Para tu información, patearía su culo más rápido que decir 'Ay' -le espetó mi hermana la rubia.
No hubo tiempo de más pelea, porque un hombre avanzó entonces por entre las calles oscuras. Era joven, no tendría más de 24, 25 años; el cabello era de color castaño oscuro y rizado, y los ojos de color chocolate. Abrí unos ojos como platos.
-¿Es el abuelo Charlie? -preguntó mi hija, mirándole boquiabierta.
-¿Es el padre de Bella? -inquirió Tanya en un susurro, preparada para ir a esconderse.
Asentí, sin saber qué decir.
-No os puede ver -intervino Sebastian al ver como los otros tenían intención de huir.- Es un recuerdo, esto ya pasó. De hecho, estamos en el 31 de julio de hace 16 años, cuando Bella y su hermano cumplían su primer año de vida. Una semana antes de que se ocultasen de forma definitiva ante todos.
Entonces, Charlie, al llegar a nuestra altura, sacó una larga vara de madera y susurró: 'Lumos'. Y entonces supe que aquel trozo de madera era una varita... porque la punta se encendió como una linterna con gran potencia.
-Dios mío... -exclamó Esme, llevándose una mano a la boca, en estado de shock.
Era verdad.
No nos ha mentido...
¿Por qué Bella no nos contó nada?
Creo que voy a desmayarme.
Este último era Jacob, que miraba a Charlie con ojos como platos y se estaba poniendo verde. Le había conocido desde niño, y de repente se daba cuenta de que era un... mago. Incluso a mi me costaba pensar la palabra.
Un mago... El que yo creía padre de mi esposa, Charlie Swan, el ser humano más humano que existía, un mago. Y, de repente, yo ya no estaba tan seguro del mundo en el que vivía.
