La realidad me golpeó como una bofetada. Si eso era cierto, si existían magos y brujas, y además Charlie era uno, ¿entonces, qué? ¿Toda la historia de Sebastian era cierta? Eso significaba que Charlie no era su padre, que Bella no tenía padres, que habían sido asesinados.

-Sus padres están muertos, ¿verdad? -inquirió Rosalie, sus ojos llenos de dolor mientras me miraba. Había llegado a la misma conclusión que yo. Asentí.

-Creo… creo que sí.

Rosalie parecía a punto de echarse a llorar, mordiéndose el labio con fuerza, un hábito que Bella le había pegado cuando era humana.

-Y yo acusándola de tener una vida humana perfecta durante casi dos años -susurró, cerrando los ojos con fuerza. Emmett la rodeó los hombros con uno de sus brazos, besando la parte superior de su cabeza.

-Ahora sois hermanas, Rosie, no lo olvides. Bella te ama, como nos ama a todos -Rose asintió, dándole una suave sonrisa, pero sin descruzar los brazos, fuertemente apretados sobre el pecho.

Charlie continuó avanzando hasta llegar a una casita pequeña, de madera y ladrillo. Tenía dos pisos y amplios ventanales. Me encontraba confundido, la casa había aparecido de la nada. Decidí no darle muchas vueltas, solo me llevaría de cabeza. El resto parecía igual de aturdidos.

Un hombre alto vestido con una camisa de franela le abrió la puerta. Llevaba gafas de montura metálica, era pálido y tenía el cabello de color azabache. Era muy atractivo.

-¡Sus ojos! -jadeó Alice. Me quedé sin aire. Los ojos marrones de Bella, los de Renesmee, eran los de aquel hombre. ¿Era el padre de Bella?

-Charlie -saludó el hombre con una sonrisa.

-James, ¡amigo mío! ¡Felicidades! -Charlie abrazó a James con fuerza y le revolvió el pelo ya rebelde.- Al fin has pasado tus genes angelicales -se burló dándole un par de golpes en la espalda. James sonrió ligeramente ante aquello.

-No me hace mucha gracia, ya sabes... Lily no lleva muy bien el tema de los Nefilim -James se encogió de hombros. Charlie rodó los ojos.

-Mi hermana -¿SU HERMANA? ¿CÓMO?- es una cabezota.

-Charlie no tiene hermanos -Jacob frunció el ceño.

-Bueno, tampoco es un... mago según tú, y mira -señaló Kate, mirando al lobo con algo que no supe identificar. Al leer sus pensamientos, pude ver que pensaba en su hermana recién fallecida. Irina estaba muerta porque había ido a los Vulturis. Pero no habría ido a los Vulturis de no haber ido a Forks a disculparse. No habría habido nada de qué disculparse si nos hubiesen ayudado contra los neófitos. Y nos habrían ayudado si no hubiésemos tenido una alianza con los lobos. Algo que no habría existido si los lobos no hubieran matado a Laurent antes de que él matase a Bella.

La lista seguía y seguía por ese camino, y sacudí la cabeza, tratando de centrarme en la escena ante mis ojos.

James se pasó una mano por el pelo y suspiró.

-Puede ser, pero tiene razón en que es peligroso...

-También lo sois vosotros dos, y aquí estáis, aunque todos os dijeron que debíais alejaros el uno del otro por vuestros poderes -le recordó Charlie con una sonrisa. James soltó una carcajada.

-Touché, amigo mío.

Finalmente, le dejó pasar y nosotros le seguimos al interior de la pequeña casa y a través de los pasillos. El suelo era de madera clara y pulida; las paredes estaban pintadas en un tono cremoso y había marcos con fotos de familia y amigos por doquier. Todo era de lo más normal, hasta que un James un par de años más joven hizo girar a una mujer pelirroja (al parecer, Lily, la madre de Bella) mientras esta se carcajeaba; la joven pareja bailando en mitad de la nieve.

-¿Se está moviendo ese cuadro? -inquirió Jasper, sus cejas alzadas de tal forma que parecía que se iban a salir de su frente.

-Me encanta la magia -comentó entonces mi niña, sus ojos amplios y una sonrisa de satisfacción en su carita angelical.

Suspiré. No podía estar de acuerdo. Si lo que Sebastian nos había contado sobre Bella era todo cierto... Me estremecí, no queriendo terminar el pensamiento.

-¿Qué tal todo? -preguntó Charlie.

-Le han hecho el ritual el otro día, a Isabella, ya sabes -James se encogió de hombros. Al oír el nombre de mi Bella yo me había tensado. ¿Sería ella? Tenía toda la pinta, pero aún así... -Eso tampoco ha hecho feliz a Lily.

-Es mejor que dejar que los demonios puedan llegar a ella, James -respondió Charlie sucinto. James se encogió de hombros una vez más; parecía muy cansado.

-Casi habría preferido que manifestase magia -suspiró el hombre.

Y entonces llegamos a su destino. La habitación era un pequeño salón, que aparentaba ser más grande gracias a la luminosidad y los colores claros. Un sofá de tres plazas estaba colocado contra la pared este y de frente se podía ver un jardincito a través de las ventanas. Una lampara de araña colgaba del techo, increíblemente sin desentonar con el ambiente más o menos moderno. En un rincón, estaba una mujer pelirroja. La misma mujer de la foto.

Tenía la piel suave y blanca. El pelirrojo cabello era espeso, largo y ondulado; le llegaba hasta la cintura. Tenía los ojos de color verde esmeralda, como los mares del Caribe.

Y entonces me fijé de verdad en ella. Los rasgos de mi mujer, mi Bella, estaban en aquella cara, como lo estaban la forma en que sus ojos brillaban, los labios finos pero el superior ligeramente más lleno, o la forma en que guiñaba los ojos al sonreír. Igual que Charlie. Igual que aquella mujer.

-Es su madre -susurró Esme. Avanzó un par de pasos, para verla más de cerca. Soltó un suspiro tembloroso.- Se parecen tanto...

Carlisle le rodeó la cintura con los brazos, tratando de reconfortarla, aunque él tampoco estaba mucho mejor. Extrañaba a Bella con cada fibra de su ser, ambos lo hacían, casi tanto como yo.

Un bebé estaba en brazos de Lily. Tenía el cabello azabache de su padre pero los ojos verde esmeralda de su madre. Y rasgos que compartía con Bella, cosa que antes no había notado.

Charlie le hizo una carantoña y el bebé soltó una pequeña risita. Al instante, todas las mujeres de la habitación estaban enternecidas. Para mi sorpresa, Rosalie, que antiguamente habría observado al niño con anhelo, ahora solo sonrió con tristeza, antes de dirigir sus pensamientos hacia la princesita Cullen que tenía en mis brazos.

Mi hermana rubia me miró en una muda súplica y yo le tendí a Renesmee, quien se abrazó al cuello de su tía después de darle un beso en la mejilla. Puso la mano en el pómulo de Rosalie y escuché lo que le dijo.

'Te quiero, mami Rose'.

La sonrisa de Rosalie no pudo ser más grande ante aquello, y yo sonreí, sabiendo que Renesmee quería tanto a su tía como para llamarla así.

-¿Dónde está Isabella? -preguntó entonces Charlie.

-Ahí la trae James.

Charlie se dio la vuelta y sentí que esta vez era yo el que se derretía. Junto a Renesmee, era el bebé más precioso que había visto en mi vida. Una mata de pelo castaño rojizo cubría su cabecita. La piel era pálida pero cremosa y los ojos eran de color marrón chocolate.

-Bella... -Esme avanzó casi sin darse cuenta hasta estar delante de la pequeña bebé. Extendió las manos, como si quisiera cogerla, pero estas atravesaron la nada. El dolor en su rostro fue tan evidente que no me hizo falta tener el don de Jasper para saberlo.

-Es un recuerdo, cariño -susurró Carlisle, apenado. -No podemos... cogerla, o mecerla.

Esme volvió el rostro torturado hacia Carlisle, como si no comprendiera del todo sus palabras.

-También es nuestra hija, Carlisle. También es nuestra niña...

Me sorprendí. Esme era la madre de todos nosotros, siempre lo había sido. Yo sabía que ella quería a Bella como a una hija, pero jamás pensé que llegase a este extremo...

'Es fácil, Edward' miré a Jasper, interrogante. Él suspiró. 'Esme y Carlisle son nuestras figuras paternas, nuestros protectores. Esme es como la mamá gallina con sus polluelos, lo sabes, y Bella es una de esos polluelos. Ahora que sabe que es huérfana... supongo que lo ha dejado aflorar del todo'.

Estaba sorprendido, pero aquello tenía sentido. Al parecer, Jasper no solo había desarrollado su don controlando las emociones, sino también identificándolas.

Charlie avanzó y tomó a la bebé de manos de James, alzándola hacia el techo con sus dos brazos extendidos. Aquella hermosa niña comenzó a reír ante los juegos de Charlie, y no pude evitar sonreír yo también... Era, simple y llanamente, adorable.

-¿Te gusta tu nombre, Isabella? -le canturreó Charlie moviendo su nariz contra la de ella. -¿A que no? ¡Claro que no! ¡Claro que noooo!

-¡CHARLES! -exclamó Lily con enojo, frunciendo el ceño.- ¡No le digas eso! ¡He oído que a los bebés se les marca todo lo que oyen! -Se cruzó de brazos y fulminó a Charlie con la mirada.- ¡E ISABELLA ES UN NOMBRE PRECIOSO!

-Lo es -susurró Alice, dándome una ligera sonrisa.

Charlie hizo una mueca. Se volvió hacia la bebé una vez más, ignorando a su hermana.

-¿Te gusta Isabella? -inquirió mirando a la bebé, que simplemente parpadeó, probablemente sin comprender una sola palabra.- Yo creo que podríamos pensar en un apodo.

Lily se comenzó a poner roja de ira, tan roja como sus cabellos. Tensó las mandíbulas, y yo no pude menos que sorprenderme: era el mismo gesto que hacía Bella cuando se enfadaba. La madre de Bella comenzó a rechinar los tacones de sus zapatos de piel contra el suelo y mis hermanos y padre se estremecieron.

-Va a matarlo -señaló Jasper mordiéndose el labio. Tenía una mirada de simpatía en el rostro por el pobre hombre.

Emmett y Carlisle asintieron, de acuerdo con mi hermano rubio, y yo les miré sin entender palabra. Los Vulturis, que se mantenían a prudente distancia de nosotros, es decir, lo más alejado que les permitía la casa, parecían tan confundidos como yo (a mi pesar, pues no quería parecerme a ellos en nada). Y ni que decir tiene que Garrett, Jacob, Seth y Benjamin estaban igual.

-¿Qué ocurre? -inquirió Jacob.

Emmett rodó los ojos.

-Las mujeres adoran a sus zapatos, casi tanto como a sus parejas -le replicó mi gran hermano haciendo una mueca.

Carlisle suspiró.

-Si Lily se está arriesgando a hacer daño de esa forma a sus 'bebés', es que está verdaderamente enfadada -añadió mi padre.

Mi madre y hermanas fruncieron el ceño, y ellos se encogieron en sus lugares, como si lamentasen haber hablado.

-¡NI SE TE OCURRA PONER UNO DE TUS ESTÚPIDOS APODOS A MI NIÑA, CHARLES TESEUS EVANS! -rugió Lily. Charlie le sonrió socarrón, dándole vueltas a la varita en sus manos. James se había quedado blanco.

-Oye, Charles, Isabella e-es un nombre pe-perfectamente hermoso... -comenzó a decir James pero Charlie le cortó en el acto.

-¿Canutilla, en honor a Sirius? -hablaba con los ojos brillantes, concentrado, como un niño pequeño en una tienda de gominolas observando las miles de bolsas de dulces para elegir.- O podemos llamarla 'Lobezna'. Ya sabes, por Remusín. ¿Y qué hay de little Fénix? ¿De verdad te parece tan f...?

Y de repente James estaba en frente de Charlie, varita en mano, y la de Lily había saltado por los aires, aún con Harry en sus brazos. El padre de Bella corrió hacia su mujer, rodeándole la cintura con los brazos.

-Vamos, pelirroja, llevas a Harry en brazos, deberías ser capaz de controlarte -comentó Charlie. Se lo estaba pasando en grande.

-¡CUANDO TE PILLE TE VOY A METER LA VARITA DE DUMBLEDORE POR DONDE NO BRILLA EL S...!

-¡UAUH, UAUH UAUH! -interrumpió una voz diferente. Dos hombres entraron a la habitación, aún vestidos con gabardina. Eran de la edad de James. Uno se veía algo mayor, ligeramente demacrado. Tenía rostro serio y calmado, ojos vigilantes color castaño, y pelo lacio y marrón. Pese a las enormes ojeras púrpura que parecían tatuadas en su piel, el hombre sonreía como si fuese la mañana de Navidad y él un niño pequeño. En cuanto al otro, el que había hablado, tenía pelo rizado que le llegaba a los hombros, color oscuro con reflejos azules. Tenía un brillo travieso en la mirada que también había visto en James y Charlie cuando se habían visto. -¡Pelirroja! -exclamó con fingido escándalo.- ¿¡Cómo puedes hablar así delante de I-s-a-b-e-l-l-a y H-a-r-r-y!? -separó los nombres conforme hablaba, haciéndolos de varias sílabas más de las que tenían. Se puso las manos en las caderas.- ¡No es de recibo!

-Hola, Sirius -se rió Charlie entre dientes.

-Oh, cállate, Black -le espetó Lily, aunque la comisura de los labios le tembló un poco al tratar de no sonreír. Luego miró al otro hombre y le regaló una mirada cálida.- Hola, Remus.

-Hola, Lily. Te veo muy relajada -comentó, haciendo que Lily rodase los ojos y murmurase algo acerca de que 'Todos los hombres son iguales'.

-Todos no, solo los que se juntan con tu marido -replicó Sirius y todos estallaron en carcajadas, nosotros incluidos. Incluso James tuvo dificultades para controlar su risa.

-A todo esto, yo tengo el apodo perfecto para Isabella -ante la mirada que Lily le echó a Remus, este levantó las manos, como protegiéndose.- ¡ESPERA, ESPERA! Más que un apodo, se podría decir que es un... 'acortamiento del nombre'. Bella.

-¿Qué? -inquirió Lily, estupefacta.

-Oye, Remus, no sé hablar italiano, pero sé que eso ha sido una alabanza, e incluso yo sé que no es buena idea flirtear con la pelirroja delante de James -comentó Sirius, apuntando con el pulgar a James, que ahora miraba a Remus como si fuese a matarlo.

Remus se pellizcó el puente de la nariz, armándose de paciencia.

-No, pedazo de idiotas -Bueno, quizá no era precisamente paciencia de lo que se estaba armando después de todo.- IsaBELLA. Bella. Significa 'hermosa' en italiano, y puesto que su nombre completo es italiano... -se encogió de hombros- y, además, no me he inventado nada porque está en su nombre.

-Bella... -murmuró Lily para sí misma. Suspiró.- Al menos es mejor que las ideas de Charlie.

James sonrió.

-Un nombre hermoso para una hermosa niña de una hermosa madre -confirmó, besando levemente a Lily. Ésta se sonrojó, y, una vez más, me sorprendí de lo mucho que se parecía a mi Bella.

Remus se frotó las manos, radiante.

-Entonces está decidido. Bella será -extendió los brazos hacia Charlie. -Y ahora, ven con tu padrino.

La escena se desdibujó y de repente estábamos fuera de aquel cuarto. Lily tenía a Harry y a Bella en brazos y parecía verdaderamente asustada.

-¡LILY, VETE! ¡COGE A HARRY Y A BELLA Y VETE! -oí rugir a James, cuya voz sonaba feroz y posesiva, pero con...

Miedo. Mucho miedo. Me informó Jasper. Todos nos tensamos.

-¡ES ÉL!

Conforme Lily corría por las escaleras y nosotros tras ella, oímos un estruendo abajo: una puerta reventada, un grito de dolor y algo que sonó como 'Avada Kedavra'. Hubo un fogonazo de luz verde y, para entonces, Lily estaba arrodillada frente a los hermanos.

-Creo que ya sé que va a pasar -murmuró Leah, los ojos llenos de lágrimas, lágrimas verdaderas. A ella ni siquiera le gustaba Bella, pero no quería ver esto. Se estaba arrepintiendo de haber venido.

Mi niña sollozó y escondió el rostro contra el cuello de Rosalie. Esme comenzó a sollozar y Carlisle se veía como si fuera a matar a quien quiera que fuese a entrar por la puerta.

-Harry, Isabella... Sed fuertes, sed cautos -les pidió en voz baja, con las manos contra las mejillas de ambos bebés. Las lágrimas se derramaron de los ojos de la mujer pelirroja.- Mamá os quiere, papá os quiere. No lo olvidéis nunca.

La puerta se abrió de par en par y pasó un hombre alto, vestido con túnica negra. Irradiaba oscuridad, igual que Sebastian irradiaba peligro.

Un gruñido salió de mi pecho, y fue coreado por mis hermanos. No sabía quién daba más miedo, si Emmett inclinado hacia delante apretando la mandíbula, como un oso gigante, o Jasper, con los ojos como el tizón y los labios retraídos sobre los dientes, con los nudillos tremendamente blancos de lo tenso que estaba.

Lily se puso de pie de un salto, y le enfrentó. Con manos temblorosas, las juntó en un gesto de rezo.

-¡Por favor! -rogó, su voz cargada de pánico.- ¡Son solo dos bebés, no han hecho daño a nadie!

-¡LO HARÁN! -rugió el hombre, que debía de ser aquel Señor Oscuro, como Sebastian lo había llamado.- ¡APÁRTATE!

Lily negó.

-¡NO! ¡SON MIS NIÑOS! ¡NO HAN HECHO NADA MALO! ¡MÁTEME A MI! ¡A MI, NO A ELLOS!

Los ojos de Rosalie estaban fijos en la escena, como los de Alice. El resto de mujeres se había tapado la vista de una forma u otra. Pero ellas... miraban la escena ante sí, impotentes, desesperadas por ayudar a quien consideraban su hermana.

La voz de Carlisle volvió a mi, con las palabras que le había susurrado antes a Esme: Es un recuerdo... No podemos hacer nada.

Nada.

Mi Bella iba a sufrir -había sufrido- la peor pérdida de su vida. Y no podía hacer nada.

-¡APÁRTATE, ESTÚPIDA!

Los puños de Lily se cerraron al dejar caer los brazos a ambos lados de su cuerpo, las lágrimas aún cayendo por las mejillas, y hubo un estruendo. Una tubería había reventado y un geiser de agua atravesó el suelo, haciéndonos saltar a todos nosotros, pero eso no pareció amilanar al Señor Oscuro.

-¿Crees que te tengo miedo, hija de Poseidón...? -inquirió con voz chirriante, falsamente dulce.- ¡APÁRTATE, SANGRE SUCIA! ¡AHORA! -Lily negó, su rostro manchado de lágrimas.

-¡MÁTAME A MI!

-AVADA KEDAVRA -un rayo verde salió de la varita, impactó en el pecho de Lily y esta cayó al suelo: los ojos abiertos, mirando sin ver, sin chispa, vacíos. Estaba...

Muerta.

Alice sollozó en seco, y Jasper la abrazó. Esme se refugió en brazos de Carlisle, al que nunca había visto tan desesperado. Sentí las rodillas prácticamente de gelatina y me mantuve en pie por pura fuerza de voluntad.

-¡Hijo de puta! -rugió Rosalie, conteniendo su propio dolor. Kate dejó una mano sobre su hombro, apoyada en el pecho de Garrett, dándonos su apoyo y el de su familia silenciosamente.

Entonces, la figura encapuchada se acercó a los pequeños niños, llevando la varita en la mano como si fuese una batuta y él nada más que el director de una orquesta.

-Harry e Isabella Potter... Podríais haber sido grandes aliados -comentó el mago arrastrando las palabras, que salían sibilantes como el siseo de una serpiente.- Pero las profecías deben cumplirse. - Alzó la varita.- ¡Avada Kedavra!

Esta vez hubo una explosión. Fuimos lanzados varios metros hasta estamparnos contra las paredes, e incluso algunos se vieron arrastrados al pasillo. Cuando el resplandor cesó, no pude creer lo que vi.

La habitación estaba destrozada, quemada, abrasada. El cuerpo de su madre, sin vida, yacía en el suelo de madera. De su atacante, solo quedaba la oscura túnica. Y allí, entre los restos de la cuna, había 2 niños, con 2 cicatrices en forma de rayo en la frente.

Sentí el aliento atascarse en la garganta. Después de todo, Sebastian tenía razón: Mi Bella era una leyenda viva.

Nota: Muchas, muchas gracias a todos los que os estáis tomando un momentito para dejarme un review. ¡Sois de lo mejor! No sabéis lo feliz que me hace que me dediquéis un poquito de vuestro tiempo.

Un abrazo,

Ceci.