Observamos a Bella dormir. Resnesmee estaba especialmente intrigada con su madre, quería saber absolutamente todo sobre ella, y no despegaba los ojos de la pequeña figura de Bella acurrucada bajo las mantas.
-Se parece a mi, ¿verdad, papá? -asentí, rodeando los pequeños hombros de mi hija con un brazo.
Hacía tiempo que los Vulturi se limitaban a mirar en silencio, sin atreverse a abrir la boca. Ciertamente, lo agradecía con todo mi corazón.
Todo estaba relativamente tranquilo hasta que llegó un niño pequeño, de unos diez u once años y piel pálida. No debía de medir más de metro cuarenta, pero eso era alto para su edad. Los rasgos del rostro eran redondeados, como los de cualquier otro niño, pero los pómulos ya se estaban afilando, esperando por la pubertad. Debido a sus pocos años y a lo delgado que estaba carecía de músculo, pero, pese a aquello, se podía ver que su cuerpo era fuerte. El cabello era rubio dorado, y los ojos leonados le brillaron como pedacitos de ámbar mientras miraba a Bella con curiosidad viva. Se acercó a ella y se sentó justo al lado de Renesmee, que le miró interesada.
Mi hija me miró entonces, y puso su manita en mi mejilla.
'¿Le conoces?'
Negué con la cabeza, dedicándole una sonrisa triste al verla fruncir al ceño.
-¿Y la abuela Esme? ¿O el abuelo Carlisle? -miró sobre mi hombro, dirigiendo sus ojos a ellos, que negaron también. Parecía desalentada cuando dirigió sus vivaces ojos hacia mi hermana la duendecillo.- ¿Tía Alice? Eres su mejor amiga. ¿Le conoces?
-Lo siento, cielo, pero no -Alice soltó una seca carcajada; sus ojos estaban vidriosos. -No le conozco.
Y al parecer, a Bella tampoco.
Hice una mueca ante sus pensamientos y, al verme, Renesmee frunció el ceño.
Nuestra conversación se vio interrumpida por el niño, que se había vuelto a levantar. Se inclinó sobre Bella, dejando su cara a escasos centímetros de la suya. Y mi futura esposa y madre de mi hija eligió ese momento para abrir los ojos.
-¡AAAAAAH! -gritó Bella, pegando un salto hacia delante, y haciendo que el niño también se sobresaltara y gritase con ella. Un sonido hueco reverberó cuando sus cabezas chocaron entre sí.
Bella retrocedió rápidamente a una punta del sofá, colocándose en guardia y mirando a su alrededor como si planease escapar. Tenía los ojos tan abiertos y alerta que parecía un dibujo animado. Casi resultaba cómico.
El chico, aún toqueteándose el incipiente chichón, la miró con ojos entrecerrados. No parecía demasiado contento con la situación.
-Mira niñita -comenzó el chico rubio. Al mismo tiempo, los ojos marrones de Bella brillaron con una emoción muy conocida para todos nosotros, esa chispa que iluminaba su mirada cuando se cabreaba de verdad.
-Ese niño se acaba de meter en problemas -se rió Jasper entre dientes. No pude estar más de acuerdo.
Espero que Bella le deje en su sitio, apostilló Jacob en sus pensamientos. Una pequeña sonrisa tiró de mis labios ante aquella idea.
-Sé que soy guapo, pero tampoco hacía falta que te abalanzaras sobre mí de esa forma -Bella le fulminó con la mirada ante su tono prepotente.
-¿Guapo? Lo que eres es un niñato insufrible -le espetó, claramente cabreada. Los ojos del niño brillaron entonces con diversión. El brillo ocre se atenuaba de cuando en cuando, dejando ver un tono azul pálido. El ojo izquierdo destacaba porque sólo parte era de color azul, teniendo el área inferior del iris de un color marrón brillante. Heterocromía.
-Puede ser –giró la cabeza hacia un lado.- Pero al menos sé quién soy, y más importante: lo que soy -replicó el niño de ojos dorados, mirándola con interés que aparentaba ser fingido pero que no lo era en absoluto. Puso la barbilla en su pequeña mano, guiñando sus ojos con burla.- ¿Puedes tú decir lo mismo?
Bella no respondió. Se quedó mirando al niño, que la retaba con la mirada y una sonrisa de suficiencia en el rostro. Finalmente, ella se levantó y comenzó a andar por la sala. Aparte del sofá, tenía otro par de sillones no mucho más lejos. A un lado del sofá y entre los dos sillones había dos lámparas de pie, el mango plateado con runas doradas. La parte superior de las lámparas era blanca, creando una luz tenue y clara, perfecta para leer. Era adecuado, ya que parecía tratarse de una biblioteca. Al fondo a la izquierda había una escalera de caracol que subía a un segundo piso. Las estanterías se apilaban unas encima de otras, con escaleras de madera a diferentes alturas para poder llegar a todos los libros. La poca pared que se vislumbraba en los pocos huecos que había era de color rojo oscuro. El espacio restante estaba ocupada por mesas, algunas de ellas con cristal en el medio y lupas de aumento. También había un pequeño aparato negro en la mesa central, brillante y metálico, que desentonaba con el estilo clásico del resto de la sala. Me pregunté brevemente qué sería.
Bella tragó saliva. Parecía estar buscando algo con la mirada, que nerviosamente volvía a recaer una y otra vez en la puerta principal de la sala. El chico andaba detrás de ella, divertido al ver cómo Bella parecía irritarse cada vez más.
-No hay ventanas, si es lo que buscas -dijo él entonces, apartándose el pelo dorado de la frente.- Pero puedo decirte dónde estás.
-No me interesa -replicó Bella. El muchacho alzó las cejas.
-¿No quieres saber dónde estás?
-Sólo quiero irme a casa -gruñó Bella exasperada, con el niño siguiéndole de cerca con un temple impecable, aunque incluso él pegó un salto cuando finalmente la pequeña estalló tras 15 largos minutos de búsqueda infructuosa.
-Mira, se acabó. ¡Estoy harta! -le gritó Bella. El niño parpadeó un par de veces, pero aparte de eso no parecía intimidado en absoluto. Curioso, incluso a mí me daba miedo cuando Bella se ponía así, si bien es verdad que no era lo mismo una versión niña de Bella cabreada que la versión adulta. Me estremecí y Emmett me miró de reojo con curiosidad.- He vivido toda mi vida con mis tíos y mi primo que me maltratan psicológicamente -el gruñido no pude contenerlo, tensando los labios en una fina línea- desde que tengo uso de razón, tratándome como a una sirvienta. ¡No es lo mejor, pero es mi casa! -reclamó Bella mirando hacia el chico.- Las cosas son… normales. Nunca pasa nada. Nunca. Y hoy... ha aparecido un animal, un animal que era pequeño pero luego era ENORME -hizo un gesto con los brazos, abriéndolos tanto como podía- que ese tipo, Robert, dice que era un demonio. Y... Robert. ¡MALDITA SEA! -cerró los puños, furiosa.- ME HA TRAÍDO AQUÍ EN CONTRA DE MI VOLUNTAD, A LA OTRA PUNTA DEL MUNDO, ALEJÁNDOME DE MI HERMANO. ¡Y MATÓ AL ANIMAL, EN LUGAR DE TRATAR DE CALMARLO! ¡Y LUEGO AL CHICO QUE IBA CON EL ANIMAL, DICIENDO QUE ERA OTRO DEMONIO, UN MONSTRUO!
-¿Cómo lo llamó? -inquirió el chico moviendo la cabeza hacia un lado, curioso. Bella resopló.
-¿Qué más da? -ante la mirada paciente del niño, Bella puso los ojos en blanco.- Lo llamó… Ker o algo así. ¡PERO ESE NO ES EL TEMA! ¡EL TEMA ES QUE LOS MATÓ! ¡ES UN ASESINO DESPIADADO!
El niño alzó las cejas, divertido ante ese último comentario.
-¿En lugar de un asesino pacifista?
Bella le miró, temblando de arriba a abajo, mitad miedo, mitad ira.
-Eres insufrible -le espetó, a lo que el rubio le devolvió una sonrisa enorme. Bella se miró las maños, aún temblorosas.- Sé lo que vi -afirmó con rotundidad, pero la voz se le quebró.
El niño alzó una mano y la apuntó directamente al pecho con el dedo índice. De repente, parecía mucho mayor.
-Crees que lo sabes -la corrigió con dureza. Y entonces Bella le tomó la mano y le acercó a ella.
Me quedé estático, comenzando a gruñir mientras unos celos incontrolables bullían en mi interior.
Tanya me dirigió una mirada divertida.
Por el amor de Dios, Edward. Solo tiene nueve años, no creo que esté pensando en algo amoroso.
Bella recorrió el dorso de la mano del chico con la mano, mirando la runa con ojos como platos y manos temblorosas. La tinta se desdibujó, dejándole los dedos manchados de negro. Era la misma runa que ella no dejaba de dibujar.
-¿Por qué... por qué dibujo esto?
El niño sonrió con arrogancia entonces, mostrando una blanca dentadura. Sus dientes no eran tan perfectos como el resto de él: tenía un agujero en un lado de la boca, probablemente de un diente de leche, y uno de los colmillos estaba roto. Tanto la heterocromía como esto le hacían más humano.
-Lo sabía, no eres un mundano.
Bella le pegó en el pecho y el chico pareció confundido.
-¿Qué haces? -preguntó a partes iguales incrédulo y divertido mientras retrocedía un poco más con cada manotazo.
-¿Por qué -golpe- todo -golpe- el mundo -golpe- no para -golpe- de decir -golpe golpe golpe- eso? -y la mano del chico se había cerrado en torno a su muñeca, haciéndola girar sobre sí misma y empujándola contra la columna más cercana con una rapidez pasmosa.
-No me pegues, niñita -le recomendó con voz suave el niño.- Primero, no era un insulto. Y segundo, apuesto a que no sabes lo que es un mundano.
-¿Qué es un mundano? -inquirió Bella entonces, en un bajo murmullo.
-Alguien del mundo humano.
Bella reaccionó dándose la vuelta en un enérgico movimiento y colocando su brazo contra su cuello. El chico voló a situarse detrás de ella y Bella le lanzó una patada a las piernas, pero se tropezó con sus propios pies y cayó al suelo sobre su trasero. Un sonrojo cubrió sus mejillas de inmediato.
El chico le tendió la mano, ayudándola a levantarse.
-Mi nombre es Jonathan Christopher. ¿Cuál es tu nombre, niñita?
-Isabella Lilian -contestó Bella, levantándose por su propia cuenta e ignorando su mano tendida.- Y no me llames niñita. Tú también eres un niño.
Jonathan ignoró ese último comentario; inclinó la cabeza hacia un lado y su cabello rubio tapó sus ojos un momento.
-Es un nombre extraño -dijo el chico.- ¿Isabella Lillian? No pega ni con cola. -Los ojos de Bella se aguaron entonces, probablemente recordando a su madre, en honor de la cual era su segundo nombre.
Esme parecía como si quisiera llorar también y Emmett, Jasper y Jacob gruñían fuertemente en dirección al niño. Y entonces Jonathan nos sorprendió a todos.
-Me gusta.
Bella parpadeó, quedándose boquiabierta.
-¿No habías dicho que era... raro?
-Pero en plan bien -Sus labios se estiraron entonces, dejando ver de nuevo su sonrisa bravucona.- Jonathan Christopher tampoco pega. Es raro, y yo soy único. Así que... tú debes de serlo también.
Una pequeña sonrisa jugueteó entonces en los labios de Bella, pero ella trató de que no se notase. Frunció el ceño y miró a Jonathan.
-Si no soy humana… ¿qué soy?
Jonathan suspiró, sus ojos, que volvían al tono dorado, inescrutables.
-Si te lo dijera, no me creerías -replicó el niño, su entrecejo fruncido con preocupación. Parecía preocupado de perder a su nueva amiguita.
-Prueba.
Jonathan dudó, pasándose las manos por el cabello rubio. Pareció tomar una decisión y cuadró los pequeños hombros, mirando a Bella.
-Eres una Cazadora de Sombras. Solemos llamarnos a nosotros mismos Shadowhunters -no se me escapó cómo se había incluido a él mismo en el grupo. Fruncí el ceño. ¿Tan joven? Aunque, Sebastian tendría unos 19 o 20 y parecía muy experimentado. Esas cosas no se aprendían en un par de meses, ni tampoco en dos años. Ante la mirada de Bella, impertérrita, Jonathan continuó- Cazadora de demonios, los mundanos los llaman Nefilim en la Biblia -se encogió de hombros, como si explicase lo que son dos más dos.- Descendiente de los ángeles.
Bella permaneció en silencio un momento, su rostro en blanco. Casi me preocupó que hubiese entrado en shock.
-Tienes razón -admitió dando una palmada delante de ella y negando con la cabeza; sus rizos oscuros saltando sobre su espalda.- No te creo.
-Y esas cosas que viste matar a Robert... El 'enorme animal y su dueño' -hizo comillas en el aire con los dedos al pronunciar las palabras- eran un demonio y un monstruo, una criatura mitológica griega. Los keres se alimentan de sangre humana.
-¿Demonios? ¿Sangre?
-Ajá -asintió Jonathan. Bella le miró atentamente, parecía estar esperando que fuese una broma
-¿Sangre humana? ¿Cómo los vampiros?
Me estremecí. Parecía que la sangre de Bella no sólo cantaba para nosotros después de todo.
-Eso es -asintió Jonathan. Parecía orgulloso de sí mismo y de sus capacidades para transmitir conocimientos.
-Existen los demonios. Y los monstruos.
-Y los ángeles.
-Y... ¿Tú eres descendiente suyo? -Bella miró a Jonathan frunciendo el ceño. En sus ojos brillaba algo que no sabía distinguir, pero no era nada... malo. No era rabia. Había curiosidad en su expresión, pero algo más...
-Y tú también -Bella asintió, sus manos temblando ligeramente. ¿Miedo? ¿Esa era la emoción que se ocultaba tras la curiosidad en los ojos de Bella?
-Así que... ¿me van a salir alas?
Jonathan pareció quedarse en blanco.
Nosotros no estábamos mucho mejor, Renesmee había abierto unos ojos como platos al oír a su madre decir eso y luego echó una mirada a su espalda, como si temiese que le fuesen a salir a ella unas en ese mismo momento.
-¿Perdón?
-¿No has dicho parte ángel? -Jonathan rió entre dientes.
-Más rápida, más fuerte. Tienes instinto para luchar, por eso has podido defenderte de mi. Aunque -señaló con una sonrisa de presunción- eres una patosa.
-¡Oh, cállate! -la sonrisa de Jonathan se hizo más amplia.
-Muy, muy patosa.
La puerta se abrió entonces, dejando paso a Robert, acompañado de un niño de unos doce años de ojos azules y pelo negro. Llevaba pantalón oscuro y un jersey muy gastado en los puños, azul marino. Dirigió a Jonathan y Bella una mirada de disculpa. Era unos centímetros más alto que Jonathan y más delgado, fibroso. Parecía bastante ágil. El pelo oscuro era igual que el de Robert y estaba ondulado, afilando el rostro, que terminaba en una barbilla más desarrollada, más propia de un preadolescente.
-Tienes que venir conmigo, Bella -dijo Robert con su voz retumbante. Bella miró un momento a Jonathan y él le alentó.
-Vamos, niñita. Robert parece duro, pero no muerde -Bella resopló y le dio un empujón en el hombro.
-Podría ser peor -reconoció Bella.- Podría ser... no sé... ¿un pato rabioso? -Y Jonathan sonrió por primera vez como un niño de su edad, una sonrisa que le llegaba a los ojos.
Bella se dirigió a la puerta, pero Jonathan la llamó.
-¡Eh, Isabella Lillian! -Bella miró sobre su hombro, divertida.
-¿Sí, Jonathan Christopher?
Jonathan rió entre dientes, mirándola con ojos relucientes.
-Solo para que lo sepas, ya que vamos a pasar mucho tiempo juntos: Mis amigos me llaman Jace -Bella le evaluó con la mirada y sonrió. Sonrió de verdad. Y sentí mi corazón hincharse al doble de su tamaño. No la había visto sonreír de verdad en aquellos recuerdos con nadie que no fuese su hermano Harry. Una oleada de gratitud por aquel chiquillo, Jace, me invadió.
-Bella.
La sonrisa de Jace se hizo más amplia, y, con eso, el recuerdo se desvaneció.
Bu!
¡Gracias por los nuevos favs y las alertas que he recibido! ¡Y gracias por el tiempo que os tomáis para dejarme un comentario, sois lo mejor, no sabéis la ilusión que me hace! Espero que os haya gustado el capi de hoy y me dejéis alguno en este también. ¡Y los nuevos lectores, animarse también! ¡Escribo para esto! :)
Un abrazo, Ceci.
