-Tienes que mantener más bajo el centro de gravedad -le indicó Alec a Bella. Tomó uno de los palos y flexionó las rodillas, maniobrando de tal forma que el palo quedaba recto a la altura de su plexo solar pero con un ángulo de 35º con el brazo que lo sujetaba.- Así -le enseñó. Hizo girar el palo en unos pocos movimientos ofensivos, como si fuera una espada, moviéndose fluidamente con él.- Esto hará -estocada- que puedas controlar mejor el peso -dio un tajo al aire, cortándolo con precisión- que pones en cada golpe.

Jasper, que había estado dando vueltas en torno a la pareja, observando los movimientos de Alec, asintió con profunda admiración.

"Tan jóvenes… y con tan buena técnica" le oí rumiar en sus pensamientos. "Me pregunto si Bella-".

Dejé de escuchar. El simple hecho de pensar en Bella -mi Bella- como una guerrera llena de tatuajes aún me hacía dar vueltas la cabeza.

Bella tragó saliva con fuerza. Tomó el palo de manos de Alec e intentó imitar su postura. La palabra clave es "intentó", porque apenas había dado un paso cuando este ya se le escapaba de las manos por la impetuosidad del movimiento.

-Pesa demasiado -murmuró Bella. Parecía bastante abochornada por la situación. Alec apretó los labios, pero no dijo nada. Por lo que habíamos podido observar, Alec tampoco era el mejor en combate utilizando aquellas cosas, pero sabía defenderse, a diferencia de Bella.

-Una vez empieces a coger peso, ganarás músculo y no pesará tanto -convino una voz desde la puerta. Ambos se giraron. Hodge se encontraba apoyado de lado en el marco, sus ojos azules ribeteados de rojo y llenos de curiosidad. Miraba a Bella de una forma tan intensa que me sentí terriblemente incómodo. La versión pequeña de mi futura esposa debió sentirse de forma parecida, porque se removió, ocultando la mitad del rostro por una cortina de pelo oscuro, tratando de escapar de su escrutinio.

-Hodge -exclamó Alec, acalorado, pasándose una mano por la nuca. Sus mejillas adquirieron tu tono rosado, haciendo de su piel olivácea un tono más oscura.- E-espero que no te hayamos molestado. Sólo quería echarle una mano, como sigue siendo nueva en esto y eso... -hizo un gesto con la mano hacia Bella.- No e-es que eso tenga nada de malo, no es culpa tuya -se apresuró a decir, más rojo aún, esta vez mirando a Bella. Sus ojos viajaron de nuevo hasta Hodge, que parecía bastante divertido con la situación.- La culpa e-es mía, Hodge, señor.

-Alec -empezó Hodge.

-¿Debería haber pedido permiso para usar la sala de armas? Sé que te gusta estar ahí cuando entrenamos, pero no quería molestarte tampoco…

-Alec -repitió Hodge.

-Pero tampoco tenía derecho a colarme, lo siento mucho, tomaré la responsabilidad de cualquier castigo posible, no ha sido culpa de Bella y sé que la ley es dura pero es la ley, y-

-¡ALEC!

Finalmente, Alec dejó de hablar, tragando saliva.

-Lo primero, cierra el pico.

El mayor de los Lightwood asintió.

-Sí, señor.

Hodge suspiró.

-Lo segundo, no tengo problema alguno en que trates de echar una mano a Bella -le aclaró Hodge. Los hombros de Bella perdieron tensión y Alec soltó todo el aire que había estado conteniendo. Aunque pareciera imposible, juraría que podía oír el corazón desbocado de ambos, galopando a una velocidad que sólo podía describirse como demencial.

A mi lado, Emmett sonrió, dándome un ligero empujón con el hombro, como mostrando su hermandad conmigo, a lo que yo no pude evitar reírme entre dientes. Otros que miraban la escena con el mismo sentimiento cálido eran los lobos, los Clearwater le habían enviado una sonrisa a Jacob, y éste a su vez le había guiñado un ojo a Leah, mientras Seth correteaba de un lado para otro sonriendo como un niño la mañana de Navidad.

-En tercer lugar, podéis usar la armería siempre que queráis, así como la sala de entrenamiento. Es cierto que me gusta ser consultado antes -concedió Hodge- pero es solo porque quiero vigilar que nadie salga herido… o que ninguno de vosotros se pase con otro.

Esta vez, quién se puso como un tomate fue Bella, que parecía convencida de que aquella última parte estaba dirigida a ella. Me entristecí y enfadé a partes iguales. Lo más probable era que tuviese razón, ya que Alec, Jace e Isabelle parecían ser perfectamente conscientes de los límites de los otros, de vez en cuando empujándolos un poco, pero nunca rompiéndolos; no se podía decir lo mismo de Isabelle con respecto a Bella, lo que le había hecho ganarse no pocos gruñidos entre los nuestros, así como miradas de reproche, incluso de parte de Leah, que no veía razón ni necesidad de ello.

-Y por último, no vine a echaros la bronca. Estoy aquí por otra razón -Hodge le dio una sonrisa más amplia entonces.- Tu madre está aquí, Alec.


Maryse Lightwood era una mujer alta, de pelo negro y piel olivácea. Los ojos eran de un marrón oscuro apabullante, aunque curiosamente tenía motitas de azul brillante revoloteando en ellos, haciendo que parecieran de un color u otro según le diera la luz. El cabello estaba recogido en una regia y gruesa trenza en la parte posterior del cráneo, sujeta a la coronilla. Iba ataviada con un vestido negro de encaje, una chaqueta de cuero brillante, medias oscuras y botines negros. Mi vista vampírica me permitió fijarme en el detalle del encaje del vestido -runas. Tenía una asomando en el cuello, una especie de Z tumbada. El atuendo lo completaba un pintalabios rojo oscuro y unos pendientes de perla, redondos y negros. Toda ella rezumaba una sensación de mando y poder absolutos, no pudiendo tener por ella más que un infinito respeto que, al parecer, se había ganado a pulso.

Delante de ella estaban Isabelle y Jace, ambos actuando de forma muy formal. Alec sonrió a su madre y los labios de esta se movieron ligeramente en las comisuras. Su mirada viajó a la tímida chica que había entrado con paso tímido tras Alec.

-Alexander -la voz de Maryse era grave y cargada de rectitud, igual que toda ella. Alec se puso recto de inmediato.- ¿Quién es tu amiga?

Isabelle resopló con desdén y Maryse la hizo parar con una mirada acerada.

-Bella, madre -respondió Alec, igual que si estuviera hablando a un superior. Parecía que tanto Robert como ella no solo eran padres, sino que el título de Director del Instituto de Robert era compartido con Maryse y ambos actuaban como se esperaba de ellos.

Una duda surgió en mi mente. Si unos padres debían comportarse así en acto de servicio pese al amor incondicional que sentirían por sus hijos -de eso no me cabía duda-, entonces, ¿era posible que esa fuese la razón por la que Bella no había dicho nada? ¿Años de entrenamiento bajo el mando de la Clave habían forjado en ella una lealtad inquebrantable para con los Cazadores de Sombras y he ahí su silencio? ¿Habría alguna runa capaz de vincularles para no contar el secreto? Eran tantas las posibilidades que la cabeza me daba vueltas sobre sí misma.

-Acércate, niña -como si la hubieran azuzado con un táser y la electricidad corriese por sus venas, Bella se embaló, andando todo lo rápido que sus piernas le permitían, aunque sin correr -¿podría interpretarse como falta de respeto?- hasta quedar delante de Maryse. Antes de que esta pudiera decir nada, Bella extendió la mano y comenzó a hablar.

-S-soy Isabella Potter-r, señora -se presentó con voz temblorosa pero decidida.

Maryse se quedó mirando la mano de Bella durante lo que debieron de ser un par de latidos, pero que a todos se nos hizo una eternidad. Finalmente, Maryse sonrió de medio lado levantando la ceja contraria, creando un delicado arco oscuro, y estrechó la mano de Bella con un apretón fuerte.

-Un placer, Isabella. Tienes coraje -señaló Maryse.- Cuídalo -Isabelle rodó los ojos ante el comentario de su madre, quien, o no se dio cuenta, o decidió ignorar el gesto olímpicamente.- Soy Maryse Lightwood, Directora del Instituto de New York.

Bella asintió, colocándose al lado de Alec, Isabelle y Jace, en ese orden de izquierda a derecha. Finalmente, Maryse relajó la postura y sus hijos hicieron lo propio.

-Max os envía recuerdos -ante eso Alec dejó escapar una sonrisa genuina e Isabelle, una vez más, puso los ojos en blanco.

-Aún no sabe hablar, mamá -replicó la niña. Su madre rió.

-No lleves la contraria a tu madre, Isabelle -dijo la voz profunda de Robert Lightwood, que se unió a la reunión saliendo de uno de los pasillos adyacentes. Isabelle se puso colorada.

-Eso, Izzy -apostilló Jace, ganándose un empujón de Isabelle, ante lo cual este último le sacó la lengua, haciéndola aún más de rabiar. En respuesta, Isabelle fulminó a Bella con la mirada y ésta se encogió.

Me quedé perplejo. ¿Por qué miraba así a Bella? ¡Era la única que no había formado parte de aquella interacción! No tenía sentido en absoluto.

-Querida -convino Robert, saludando a Maryse con dos besos que me parecieron sumamente fríos.- Espero que tuvieras un buen viaje desde Idris.

Maryse sonrió, aunque no le llegó a los ojos.

Creo que tienen problemas maritales, pensó Jasper, mirando entre ambos. Era una posibilidad más que probable a juzgar por sus expresiones corporales y la ligera hostilidad desprendida de su comunicación no verbal -expresiones, miradas, pequeños gestos, que para muchas personas no significaban nada en absoluto, pero que en individuos entrenados de forma tan meticulosa y rigurosa no se escaparían por simple accidente salvo que el motivo emocional tras ello fuera importante y de gran gravedad.

-Fue estupendamente, Robert. Y la misión de la Clave también -dicho esto, tomó una de los maletines de cuero negro que había apilados a un lado del grupo. Lo abrió mientras sus hijos -los dos biológicos y el adoptado- intentaban estirar el cuello para ver lo que era antes de que Maryse les diera una de sus miradas y todos volvieran a sus puestos, tan modositos como antes.

El interior del maletín era de una tela negra que parecía seda, y en medio había un artículo de cerámica a medio camino entre una botellita y un talismán, con una runa marcada en el centro y un cordón rojo y negro alrededor del extremo más estrecho y que podía interpretarse como el cuello de la botella.

Robert asintió, complacido.

-¿Cuántas bajas? -inquirió y su esposa suspiró.

Mi familia miraba confundida. ¿Cómo podían haberse producido muertes por culpa de algo tan pequeño? Aunque claro, a estas alturas ya nos habíamos empezado a dar cuenta de que las cosas no eran como aparentaban y que el mundo real escondía peligros mucho más oscuros y reales de lo que hubiéramos podido imaginar.

-Cuatro -Robert apretó los labios, mirando el pequeño trocito de cerámica.

-Que el Ángel les proteja. Salve y adiós.

-Salve y adiós -repitieron sus hijos al unísono, Bella uniéndose casi al final, algo que no pasaron por alto los agudos ojos azul oscuro de Robert. Bella se puso algo colorada, aunque la mirada del hombre no mostraba reproche alguno.

Maryse cerró el maletín y se alejó caminando con su marido, ambos ajenos a los brillantes ojos de Isabelle que seguían sus movimientos sin perder de vista el maletín, con una lenta sonrisa apareciendo en su rostro.


Isabelle entró en la habitación que hacía las veces de aula. Había visto a Bella brillar de verdad en aquella sala a lo largo del tiempo que llevaba allí. Hodge estaba encantado de tener a alguien que se esmeraba tanto en entender la historia de los Cazadores de Sombras, de forma que, en pocas semanas, había alcanzado un nivel de soltura con las runas impresionante. También las dibujaba como nadie, con trazos rápidos, gráciles pero precisos. Alec la había alabado, lo que había resultado en Isabelle dándole una patada por debajo de la mesa un poco más fuerte de lo necesario.

Siempre que el tema salía a colación, Isabelle no tardaba en recordarles que ella aún no había tenido que dibujar una runa sobre la piel de nadie, que era muchísimo más difícil que sobre papel o en una pared, y que seguía siendo la novata del grupo, incapaz de mantenerse en pie por más de 2 minutos. Alec solía removerse, incómodo, y Jace soltaba algún comentario mordaz del que Isabelle se reía, ambos compartiendo empujones y empellones, aunque la mirada de Bella cuando les oía dejaba en claro lo que pensaba. No tuve necesidad de adivinarlo aunque fuese tan evidente, ya que en una de las noches que Alec fue a la habitación de Bella para quedarse con ella hasta que se durmiera, ella misma le contó qué pasaba por su mente: que si fuera ella quien respondiese así a Isabelle, tendrían que buscar sus restos en una zanja. Alec se había reído, quitándole hierro al asunto, pero el repunte de nerviosismo en su voz dejaba en claro que una parte de él coincidía.

Yo solo podía preguntarme por qué. ¿De verdad Isabelle odiaba a Bella porque el primer día había estado llorando y le dificultó dormir? Aunque no conocía mucho a la pequeña Lightwood, me era difícil de creer que pudiera guardarle un rencor semejante por algo tan tonto. Las miradas, los comentarios, las veces que "se pasaba" con Bella en los entrenamientos, que eran muchas y muy a menudo, me parecían desmesuradas, incluso si hablábamos de una niña.

Los niños son crueles solía decir Carlisle, recordando casos aislados de bullying que se había encontrado.

Y era cierto, pero, ¿tanto? ¿Y allí? ¿Dónde quedaba la disciplina de los Shadowhunters en ese momento? ¿Por qué se lo reservaba a Bella cuando parecía llevarse tan sumamente bien con sus dos hermanos? Jace había estado en una situación similar año y medio atrás, como bien había señalado el Lightwood padre, e Isabelle parecía adorarlo, igual que a Alec. No tenía sentido.

Abriendo la puerta poco a poco, Jace y, detrás de él, Bella, entraron a la sala. Isabelle iba completamente vestida de negro, con un mango plateado colgado al cinto. Jace silbó con admiración.

-¿Es lo que creo que es? -preguntó en un susurro. Isabelle le dedicó una sonrisa socarrona.

-¿Tú que crees? -su sonrisa se congeló un poco al ver la forma de Bella y redirigió sus ojos a Jace.- ¿Tenías que traerla?

Jace frunció el ceño.

-No sabía que no podía venir. Estamos juntos en esto. Además -añadió echando un ojo a Bella, que le dio una débil sonrisa, sin separar los labios- le servirá como entrenamiento. Será la primera vez que vea uno… sin Robert delante, claro.

Eso cogió el interés de Bella, que miró a Jace con ojos entrecerrados.

-¿Un qué?

-Un demonio -replicó Isabelle, impaciente.

Bella se puso pálida.

-¿Vais a intentar atrapar a un demonio?

Isabelle y Jace se rieron ante el comentario.

-Vamos a intentar matarlo -aclaró Jace.

-Y lo vamos a conseguir -dijo Isabelle, esta vez con una sonrisa de verdad.

Bella tragó saliva con fuerza, entrecruzando las manos nerviosamente.

-¿No es peligroso? -preguntó con un hilo de voz, mirando especialmente a Jace, esperando hacerle entrar en razón.- No tenéis runas aún… -Isabelle resopló y Jace puso los ojos en blanco.

-Llevo dos años escapándome a los túneles subterráneos de la ciudad para matar demonios -aclaró Isabelle. Ante la mirada a medio camino entre asombro y miedo que le dio Bella, Isabelle se echó a reír.- ¿Qué? Es divertido.

-¿Y por qué no está Alec aquí?

Isabelle hizo una mueca y Jace soltó una risita, pasándose las manos por el rubio cabello. Sus ojos azules adoptaron el brillo dorado que tenían la primera vez que le vimos.

-A Alec le gusta seguir las reglas -aclaró Jace, como si eso lo explicase todo.

Isabelle avanzó con paso firme hasta una de las vitrinas, donde había un lector. Si era sincero, aún no me acostumbraba al hecho de ver la mezcla entre aparatos de última generación y objetos antiguos, paredes de piedra junto a paneles negros. Era todo muy surrealista.

-¿Izzy? -preguntó Jace distraídamente.- ¿Todo bien?

-Ajá -murmuró Isabelle, tomando el mango plateado del cinto. Cogiéndolo con gran mimo, extendió el brazo y susurró: Ithuriel. Salida de la nada apareció una hoja brillante y afilada, destellando luz. La hoja tenía el porte de un sable. Bella no fue la única que había pegado un respingo.

-La madre que me- -exclamó Garrett, cortándose así mismo y respirando rápidamente después de haber echado a Kate hacia atrás de forma instintiva con el brazo.

No era el único que había reaccionado así de forma instintiva, Emmett se había puesto delante de Rosalie casi de inmediato, los ojos afilados de Jasper no se despegaban de la brillante arma e incluso Benjamin había retrocedido un par de pasos con Tía a la zaga. Carlisle y Esme, en cambio, parecían inamovibles. Ambos eran ya dolorosamente conscientes de que eran todo recuerdos, como si estuvieran viendo una grabación, una película de algún tipo, una especie de documental en el que daba igual lo que ocurriera ellos no podían intervenir. No podían evitar que las cosas por las que había pasado Bella pasasen, ni hacérselo más llevadero. La realidad era que ni siquiera sabríamos cómo hacerlo incluso si pudiésemos. La situación nos superaba de largo.

-¿Es un cuchillo serafín? ¿De los de verdad? -Jace asintió, ambos mirando el cuchillo impresionados. Isabelle lo levantó por el mango y puso la empuñadura en el lector. La luz parpadeó dos veces antes de que en la pantalla pudiera leerse: "Starkweather, Hodge".

Levanté una ceja, impresionado a mi pesar al percatarme de que Isabelle se lo había quitado al entrenador.

-¿Se lo has robado a Hodge?

Isabelle le dirigió a Bella una mirada fulminante. Si las miradas pudiesen matar…

-No se lo he robado, lo he cogido prestado -aclaró, echando la cortina de pelo negro sobre un hombro con un movimiento de cabeza.- Me colé en la armería.

-Impresionante, Iz -reconoció Jace con gesto de admiración. La morena le dedicó una sonrisa.

-Gracias, hermano.

La vitrina se abrió con un chasquido. En frente suya estaba el frasquito de cerámica con el que Maryse Lightwood había vuelto al Instituto. Isabelle lo tomó y se lo pasó a Jace, que al ver la runa grabada por vez primera mostró algo de duda.

-Izzy, ¿sabes de qué rango es? Quizá no sea tan buena idea…

Isabelle gimió.

-¿En serio, Wayland? ¿Tú también? -extendió el brazo con la palma de la mano hacia arriba.- Si vas a ser un gallina, dámelo.

La mirada de Jace se aceró, azul contra azul. Tras un minuto, rompió en una enorme sonrisa que dejaba ver el colmillo roto.

-Hagámoslo.

Indicando a Bella, que aún parecía dudar, que se pusiera detrás de ella, los 3 se pusieron de frente a la pared principal del aula. Jace respiró hondo e Isabelle blandió el cuchillo serafín.

-Una… -empezó Isabelle.

-Dos… -convino Jace.

-¡Tres! -gritaron los dos. Jace tiró el frasco hacia delante, liberándolo del hilo rojo. La cerámica se rompió contra el suelo y una voluta de humo hizo su breve aparición antes de dejar paso al demonio.

La criatura se levantó, enorme, casi dos metros de alto. Era de color escarlata negruzco. Parecía un toro, enorme y fuerte, pero la cabeza era humana -el inverso de un minotauro. Tenía ojos completamente blancos y dos hileras de dientes largos. Aparentaba ser una mujer.

-Jóvenes Shadowhunters -una carcajada salió de la boca del demonio. Isabelle, Bella y Jace se agruparon, Isabelle al frente con el cuchillo serafín en alto. Se había puesto ligeramente pálida y de repente ya no parecía tan segura de sí misma.

-Eres Marax… -dijo Bella con un susurro asustado. El demonio -Marax- sonrió.

-Si me reconoces, ¿cómo puedes haber sido tan estúpida como para liberarme, niña?

Isabelle afianzó la mano en torno al cuchillo serafín y se lanzó de cabeza hacia el demonio.

-¡Isabelle, no! -gritó Bella.

Pese a cogerle por sorpresa, el demonio saltó y se situó encima de uno de los pupitres, justo al lado de Jace y Bella. Izzy se dió la vuelta y le tiró el cuchillo serafín a Jace, en cuyas manos volvió a relucir, y fue hacia él de cabeza. Consiguió hacerle un corte en uno de los brazos, ante lo cual empezó a salir humo de la herida, pero el demonio sólo se rió.

-Estúpido… -siseó.- ¿Acaso crees que puedes luchar contra mí cuando vuestros soldador no pudieron?

Con un simple movimiento de brazo, Jace fue empujado con tal fuerza que arrastró a Bella consigo hasta la otra pared, donde Bella se golpeó la cabeza.

-¡MAMÁ!

-¡BELLA!

-Madre mía, madre mía.

-Juro no volver a hablar de demonios -la algaravía de voces me permitió distinguir aún así a Seth, que estaba aterrado por la situación, al igual que Renesmee y, aunque no lo admitirían ni muertos, Felix y Demetri. El resto de nuestros aliados estaba demasiado preocupados por Bella como para permitirse sentir aquel terror primitivo, aunque el miedo seguía siendo la emoción imperante aún así.

El cuchillo serafín salió despedido, perdiendo la hoja, que desapareció tan rápido como había surgido. Isabelle se tiró entonces hacia el mango, al cual llegó justo en el mismo momento en el que el demonio descendía sobre ella.

Fui consciente de Alice cogiendo a Renesmee y ocultando la cabeza de ésta en su hombro para que no viera lo que probablemente iba a ocurrir, pero esto nunca se produjo.

Una daga sobresalía de repente del pecho del demonio, que miró sorprendido a la puerta, donde una Maryse Lightwood furiosa le miraba retadora junto a su marido Robert, cuchillo serafín en mano, y Hodge. Detrás de ellos, estaba Alec.

Antes de que el demonio reaccionase, Hodge se dejó caer sobre las rodillas, girando una especie de discos con borde de cuchilla que le seccionaron la pantorrilla izquierda y los tendones del tobillo izquierdo. El demonio dejó salir un chillido de dolor e hizo descender su zarpa sobre Hodge, abriendo cuatro arañazos profundos en el brazo que utilizó para defenderse. Sin embargo, la punta de un cuchillo serafín apareció entonces por su frente, mostrando a un Robert muy enfadado al estallar Marax con un chirrido histriónico en mil pedacitos negro brillante. El puñal de Maryse cayó al suelo. Maryse se apresuró al lado de Jace y Bella mientras Robert le mandaba una mirada de reproche a Isabelle y sacaba la estela, activando la runa curativa de Hodge y proveyéndole de una extra, cerca de la herida. Desde la puerta, Alec le dirigió una mirada de disculpa e Isabelle, avergonzada, bajó la cabeza.


-Estoy muy decepcionado, Isabelle -el tono de Robert no dejaba espacio a réplica. Estaba enfadado, muy enfadado. Isabelle se limitó a mirar al suelo con la cabeza gacha y los pequeños hombros tensos, el cuerpo completamente recto mientras escuchaba a su padre.- Podrías haber causado un daño irreparable. Podrías haber salido herida, o tu hermano, o Jace. Isabella ha salido herida, tiene una contusión. ¿Quieres que te quiten las runas antes incluso de tener la primera? -Esta vez, la pelinegra alzó sus grandes ojos oscuros, la mirada casi desesperada.- Tendré que dar parte a la Clave. Por el Ángel, ¡no sabes qué podrías haber liberado! ¡Eso no era un demonio rapiñador, Isabelle! -para ese momento estaba gritando e Isabelle tragó con dificultad el nudo que tenía en la garganta. Si debía ser sincero conmigo mismo, me daba lástima.- Escúchame bien, niña, porque no pienso repetirlo. Tú-

-Ha sido culpa mía.

La voz de Bella nos sobresaltó a todos, incluida Isabelle. Los ojos azul oscuro de Robert se dirigieron a ella entonces.

-¿Qué...? - oí decir a Leah en un suspiro. Tampoco es que los demás tuviéramos mucho más que decir. ¿Qué estaba pasando?

-¿De verdad Bella tiene tan poco sentido de autoconservación? -dijo Rosalie, mirándome confundida.

Al lado contrario, Aro miraba la escena fascinado por la lealtad de Bella por alguien que no era siquiera amiga suya y se preguntó si esa cualidad podría redirigirla a su aquelarre con la… persuasión… adecuada.

Un gruñido salió de mi pecho sin poder contenerlo y tanto Jane como su gemelo -me resultaba difícil pensar en él por su nombre ahora que teníamos a otro Alec, mejor en todos los aspectos- soltaron sendos siseos, dejando relucir los dientes desnudos. Jasper rugió -no había otra forma para describirlo- enviando cada retazo de miedo en su dirección, lo que les hizo encogerse y a Jane jurar en su cabeza, entre leves quejidos, que se la devolvería a mi hermano una vez tuviese sus poderes de vuelta. Mi hermano se había dado cuenta de ese detalle, pero la realidad es que, en ese momento, sabía que Jasper pensaba en Bella -y eso era suficiente para mí.

-Isabelle... estaba hablando con Jace de qué podría haber d-dentro -continuó Bella ante la mirada asombrada de Isabelle. La voz le temblaba pero no vaciló.- Me acerqué para verlo de cerca y se… se me cayó por accidente. Ellos no han tenido nada que ver. Sólo quería que... -Bella movió la cabeza de lado a lado, mordiéndose el labio.- Lo siento, señor Lightwood.

Alice había cambiado su mirada confusa por una triste. Sin embargo, las comisuras de sus labios giraron hacia arriba, y sentí como ponía una de sus diminutas manos en mi hombro.

"La misma Bella desinteresada que conocemos". Me reí entre dientes ante su pensamiento, dándome cuenta, con una punzada de culpabilidad, de que eso me hacía feliz. Esos pequeños gestos eran Bella, lo que la hacía ser quien era, parte de la chica de la que me enamoré y de la mujer que era mi esposa. "Hay cosas que siguen igual".

Puse la mano encima de la de mi hermana y ambos intercambiamos una mirada fugaz llena de significado. Sabía que ella se sentía igual que yo en esos momentos, pero pese al sentimiento de culpa la pequeña pincelada de alegría por el comportamiento de Bella no desapareció.

Robert le dirigió una mirada dura.

-¿Está segura de esa declaración, señorita Potter?

Bella asintió, sin vacilar un solo momento ante la pregunta, y Robert se irguió todo lo alto que era, sus ojos azul oscuro casi negros mientras dirigía la mirada de una incrédula Isabelle a Bella.

-Que no se repita, señorita Potter - advirtió Robert, sus ojos taladrando a su hija, que se encogió en el sitio.

Finalmente, Robert se dió la vuelta y salió con paso firme por la puerta. Bella relajó los hombros, respirando rápido y liberando el labio inferior de la presa de sus dientes. Una diminuta perla de sangre hizo su aparición antes de que Bella se limpiase con el borde de la mano. Dirigió un tímido vistazo a Isabelle oteando bajo sus pestañas, pero ella se limitó a apretar los dientes y mandar una mala mirada a Bella antes de seguir los pasos de su padre, dejando a una pequeña Bella cabizbaja y confundida.

LUMOS

JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS

¡Hola hola hola! Chicos, porfi, animarse a dejar algún comentario! Más gente ha añadido este fic a favoritos o a mí como autora y he recibido muchas alertas, ¡pero los reviews son lo que nos da de comer a los lectores!

Os envío un abrazo fuerte, gracias por estar ahí.

Ceci.

TRAVESURA REALIZADA

NOX