Si habías visto a Bella aguantar los tormentos de Isabelle en el Instituto había sido insoportable, ver cómo el odio había dejado paso a la amistad de una forma tan demoledora era impactante, por lo menos. Si alguien me lo hubiese contado, no lo habría creído.

De hecho, tenía mis reticencias cuando, al día siguiente del incidente de la sala de la caldera, Isabelle despertó a Bella antes de lo habitual, vestida por completo de negro y con los palos de entrenamiento en las manos. Bella tuvo que parpadear varias veces, sacudiéndose el sueño y la incredulidad al oír a Isabelle animándola a levantarse e ir con ella a entrenar.

Y había que reconocerlo, Isabelle era una luchadora formidable y una profesora muy decente. Ver a alguien tan pequeño dando órdenes a diestro y siniestro podría haber resultado gracioso en cualquier otro momento, pero la seriedad en sus ojos y los movimientos ágiles y precisos como el mordisco de una cobra no eran motivo de risa alguna.

-Espalda recta, caderas hacia abajo, pie izquierdo hacia atrás, pie derecho delante, hombros hacia atrás, pecho fuera -repetía Isabelle incansable a cada minuto para corregir la postura de Bella, que corría tratando de seguir el ritmo de la joven Lightwood, increíblemente rápido.

Desde el momento uno se notaba que Isabelle iba a ser dura, pero la Cazadora no sólo era dura: era un sargento que arremetía con la fuerza de una tuneladora. Con movimientos rápidos y precisos, hacía girar el bastón; movimientos que Bella trataba de copiar, aunque la mayoría de las veces no le salía. Sin embargo, Isabelle no parecía frustrarse en absoluto. Simplemente le pedía que recogiese el bastón y volvían a empezar.

Después del entrenamiento, iban a las clases de Hodge con los chicos, donde más adelante volvían a ponerse juntas para trabajar ante la mirada asombrada que le daban a Isabelle sus hermanos, tanto el biológico como el adoptivo.

Tras las clases de Hodge, Isabelle pasaba las tardes con Bella en su cuarto, enseñándole trucos para dibujar las runas con más facilidad y reglas mnemotécnicas para recordar el significado de cada una.

Cada día que pasaba, Bella era capaz de mantenerse más tiempo de pie con el bastón e Isabelle necesitaba cada vez menos consejos con sus runas, llegando a presentarse voluntaria en clase en lugar de cualquiera de los otros, generalmente Bella, aunque tanto Alec como Jace salían si se lo pedían. Y al tiempo, la amistad entre ambas pasó de ser un simple entendimiento a un lazo cada vez más fuerte, como un hilo resistente y brillante que las uniese.

-Debes mantener el bastón un poco más bajo que tu centro de gravedad -indicó Isabelle.

-Pero Alec dijo… -Isabelle resopló, interrumpiendo a Bella.

-Alec puede decir misa, hazme caso -aseguró con el tono de quien está contando un secreto y guiñando un ojo a Bella.- Las chicas no tenemos el mismo cuerpo que los chicos. Tu centro de gravedad no coincide con el suyo, bajando más tu arma conseguirás no desestabilizarte tan rápido.

Sin previo aviso, Isabelle se tiró contra Bella. Actuando instintivamente, Bella llevó el pie izquierdo hacia atrás, flexionó la rodilla derecha y levantó el bastón desde la posición que la chica Lightwood le había indicado y ambos chocaron; sin embargo, ante la incrédula mirada de Bella, esta vez el palo no salió volando de sus manos por la fuerza del choque -permaneció ahí, vibrando por el golpe, pero bien asido. Una lenta sonrisa se extendió por el rostro de Bella e Isabelle se la devolvió, extendiendo una mano para ayudarla a erguirse.

Con una sonrisa, Bella la tomó y ambas intercambiaron una larga mirada antes de que Isabelle señalara que debían ponerse a ello de nuevo.


El entrenamiento con Isabelle se repitió, y al final los días se convirtieron en semanas. Atrás quedaban los comentarios sarcásticos y el rencor en los ojos de Isabelle, aunque su relación distase aún de ser perfecta. La sesión de hoy estaba siendo particularmente apasionante. La frente de Isabelle presentaba pequeñas gotitas de sudor en el nacimiento del cabello negro y tenía la mandíbula apretada. Aunque, comparada con mi Bella, estaba como una rosa.

-No, así no -dijo Alec al ver a Bella tomar posición. Estaba llena de moratones y magulladuras, pero seguía manteniendo la resolución suficiente para levantarse. Sin aviso previo, Isabelle se echó sobre ella, y en cuestión de segundos Bella tenía la cara contra el suelo.

Jace hizo una mueca.

-¡Levántate, Bella!

-¡No puedo! -gruñó bajo el peso de Isabelle.

-Sí puedes -replicó Isabelle en tono calmado.- Mi mano está sujetándote por el hombro. Utilízalo como punto de apoyo.

Haciendo caso, Bella tomó la mano de Isabelle y la retorció, rodando por el suelo y quedando sobre ella.

-¡Ahora a por los brazos, Bells! -gritó Alec.- Mantén el centro de gravedad como te dije.

Bella se incorporó y sujetó los brazos de Isabelle, la cual aprovechó para impulsarse con los pies y utilizar el momentum de todo su cuerpo para básicamente acorralar a Bella contra la pared con un fuerte golpe que incluso hizo estremecer a Emmett.

-Recomendación: no hagas caso a Alec -avisó Isabelle. Jace resopló y Alec levantó las manos con gesto ofendido, mirando a su hermana.

Isabelle soltó a Bella y ambas empezaron a andar en círculo, no perdiendo de vista a la otra. Isabelle dio un paso hacia adelante e instintivamente Bella corrigió su postura dando un paso hacia atrás, haciendo que la primera negara firmemente con la cabeza.

-Tus pies están mal, esa postura es débil, debes bajar el centro. Mantén los pies firmes y los brazos preparados, en tensión -Isabelle mostró una postura similar a la de un boxeador y Bella la imitó, haciendo que la chica Lightwood le diese un corto asentimiento tras evaluarla.- Tus brazos un poco más abajo… eso es.

Continuaron dando vueltas una alrededor de la otra e Isabelle sucedió ataque tras ataque contra Bella, que se limitaba a bloquear y evadir, evadir y bloquear. Esto continuó durante un par de horas en las cuales Jace y Alec iban y venían, unas veces sentándose a mirar, otras practicando puntería -Jace con cuchillos, Alec con su arco y flechas.

-No se ha caído ni una vez -observó Jacob en voz alta, confuso. Tardé un segundo en asimilar esa información. Tenía razón. No había tropezado, no había cometido un error de forma, no se había caído. Ni tan siquiera había perdido el equilibrio.

Jasper se encontraba perplejo ante aquello. En sus años como soldado tampoco había visto un cambio tan drástico. Y todos recordábamos cómo era Bella cuando llegó a Forks.

Emmett en particular estaba pasándolo en grande con el pensamiento de que Bella se había dado todos aquellos porrazos para despistar, pero su versión no me cuadraba en absoluto.

Suspirando, me concentré de nuevo en las chicas.

De repente, Bella sonrió y tomó a todos -Isabelle no fue la excepción- por sorpresa al lanzarse a la ofensiva. Utilizando los pies, barrió las piernas de la otra Cazadora, que perdió el equilibrio.

-¡WOHOO! -gritó Emmett, moviendo el puño en alto, jaleado por Garrett.- ¡Pártele la cara!

Isabelle se revolvió y Bella utilizó las rodillas para hacer presión sobre los muslos; utilizando su fuerza, que era mayor que la de Bella de lejos, Isabelle hizo que ambas giraran, pero Bella agarró su brazo y su hombro una vez estuvo encima suya y la hizo pasar por encima, cayendo estrepitosamente al otro lado con las manos de Bella en torno a sus brazos. Isabelle levantó la cabeza tras un instante, una marca de color morado formándose en uno de sus pómulos y un hilo de sangre cayendo de la nariz.

La sonrisa victoriosa de Bella desapareció tan rápido como había aparecido y soltó a Isabelle, quitándose de encima de ella con rapidez. El silencio era tan denso que podía cortarse con un cuchillo. Isabelle se sentó en el suelo y se llevó una mano a la nariz, separándola para ver la sangre manchándole las yemas, roja y pegajosa, y entonces miró a Bella.

-Isabelle, y-yo lo sient-to, n-no pretendía… y-yo…

Isabelle se echó a reír y Bella la miró perpleja. Jace hizo lo posible por ocultar su sonrisa y Alec parecía curiosamente cabreado con el mundo. Su hermana le dirigió a Alec una mirada socarrona que también estaba cargada de orgullo.

-¿Ves? Te dije que era mejor entrenadora que tú.


Igual que habían pasado las semanas, pasaron meses. ¿Casi medio año, desde que Bella había llegado al Instituto? Más. ¿Habría cumplido esos seis meses, puede que siete? No lo sabía con certeza. Sólo veía cómo Bella había ganado peso y masa muscular, había crecido un poco y parecía mucho menos retraída que al principio. Había noches en las que seguía llorando a Harry, del cual se acordaba todos los días, pero parecía resignada a su nueva vida y a una realidad que no podía cambiar por sí misma.

Gracias a su labor con Isabelle, la chica Lightwood había igualado a Jace en la rapidez para dibujar las runas, algo que hacía que se picaran entre ellos, para la diversión de Alec.

La camaradería entre los chicos iba creciendo cada día más, fortaleciéndose. Cada uno de ellos apuntalaba la relación de una forma que el resto no podía y que, sin duda alguna, necesitaban.

Alec era el mayor, eso era indiscutible. Y el chico se tomaba su papel muy en serio. Trataba de mantener la calma y les vigilaba a todos.

Jace tenía un don para la lucha que era más que obvio y, pese a su socarronería, la confianza que tenía en sí mismo era contagiosa.

Isabelle era una feroz protectora y tenía una agilidad impresionante, y también un lado dulce que aún nos sorprendía, aunque con mi ángel no lo había sacado todavía.

Finalmente, Bella era pequeña, pero era rápida, y su mente más rápida aún, tanto para buscar soluciones a los problemas que iban surgiendo como para encontrar alternativas de ataque cuando el principal fallaba.

Sin embargo, había algo que no podían quitarle: la torpeza. Puede que fuese capaz de mantenerse en pie durante una pelea, pero en cuanto terminaban de entrenar tenía que ir con mil ojos para evitar estamparse contra el suelo, haciendo que el resto se riera -no de ella, sino con ella. A mí me hacía pegar algún que otro gruñido, pero Emmett les acompañaba en sus risas felizmente.

¿Quién podía culparles? pensaba divertido, y yo me limitaba a poner los ojos en blanco.

Idiota.

Pasó la Navidad, sin pena ni gloria, y el cumpleaños de Jace, y más recientemente el de Isabelle. Habían cumplido 12 y 10 años respectivamente. Isabelle estaba realmente emocionada por saber cuándo iba a recibir su primera runa, mientras que sus dos hermanos ya presentaban sus marcas con orgullo.

Alec podría haberla recibido hacía casi dos años, pues cumplía en septiembre los 13, pero puesto que la edad media para recibir la primera runa oscilaba entre los 10 y los 12 había decidido esperar para tener su ceremonia junto a Jace, que se había consumado un par de meses antes de que Isabelle cumpliese los 10.

Para "celebrar" su cumpleaños, Isabelle había decidido volver a tentar a la suerte, llevando consigo a los chicos y a Bella a las alcantarillas de New York con la intención de cazar algún demonio. En esta ocasión, iban mucho más preparados. Tanto Alec como Jace cargaban sus estelas. Jace portaba un cuchillo serafín y Alec un par de cuchillos y una honda -había querido llevar un arco y carcaj, pero quitar algo así de la armería habría llamado demasiado la atención. Isabelle tenía un látigo sujeto a la pequeña cintura y una daga sobresaliendo de la bota, mientras que Bella había optado por una espada bastarda que iba colgada a su lado izquierdo, llegándole poco más abajo de la rodilla.

-Tened cuidado -susurró Alec al deslizarse por una de las paredes, pegándose a ella tanto que parecía que iba a fundirse. Isabelle resopló y pasó detrás de él sin disimulo, sus zapatos repiqueteando en el agua. Alec se puso recto y puso cara de fastidio, respirando profundamente mientras miraba a su hermana de refilón. Luego miró a Jace tras él, que se había mordido el labio inferior en un intento no muy bueno por contener la risa. No con tanto entusiasmo pero sí sin tanto cuidado, Bella les seguía a la zaga.

-¿¡Tú también!? -gritó-susurró Alec al ver a Bella seguir a su hermana y su mejor amigo. Bella se encogió de hombros y le dirigió una mirada de disculpa.

-Con el entrenamiento acertó -Alec rodó los ojos y se enderezó. De poco serviría que él se mantuviese en posición si ellos hacían lo que les diera la gana. Al enderezarse, el agua se reflejó en una runa en el dorso de la mano izquierda -clarividencia, la había llamado Hodge, y a juzgar por las descripciones que habían hecho permitía perfeccionar la percepción extrasensorial de los Shadowhunters. Era la primera runa que solían recibir los Nefilim, junto a la de poder angelical, que en el caso de Jace llevada en la parte interior del antebrazo izquierdo y en el de Alec en el mismo brazo pero más posterior, pegada al codo. Era la runa que Bella había dibujado una y otra vez. Enkeli había sido el nombre que les había dado Hodge cuando hablaba de ella. Representaba su parte ángel, sus poderes angelicales.

Si había algo que no podía sorprenderme, era aquello -para mí, Bella siempre había sido mi ángel, y ahora tenía toda la prueba que necesitaba.

No tuvieron que esperar demasiado. No habrían recorrido más de una manzana bajo las calles de New York cuando el sonido de un chapoteo los alertó. Jace sacó rápidamente su piedra de luz mágica -una piedra plana, grisácea, delgada y pulida que al estar en la mano de un Cazador de Sombras era capaz de emitir brillante luz blanca.

Delante de ellos había una especie de gusano, una larva rechoncha sin ojos ni nariz, con seis patas acabadas en pinchos que apenas llegaban al suelo y una boca que era un agujero lleno de dientes afilados.

-Odio los demonios drevak -musitó Bella, arrugando la nariz.

Alice asintió, de acuerdo con ella. En particular, yo odiaba a cualquier tipo de demonio, pero el olor repulsivo a basura en descomposición y su aspecto similar a los gusanos hacía que subiera bastante en la escala de descontento.

Alec frunció el ceño.

-¿No os parece que huele demasiado para ser uno?

Apenas había terminado de hablar cuando se oyó otro chapoteo. Y otro. Y otro.

CHOF, CHOF, CHOF.

Isabelle sacó también su luz mágica y los cuatro chicos tragaron con fuerza.

-¿Por qué siempre tienen que buscar la forma de meterse en líos? -gruñó Carlisle ante la escena que se desarrollaba frente a nuestros ojos. Y la verdad, no podía estar más de acuerdo, aunque una parte de mí se preguntaba medio divertida cómo se las habría apañado para criar a esta Bella si hubiera tenido la opción.

El techo estaba repleto de demonios drevak, dejándolo de un color blanco amarillento repugnante. Bella se puso ligeramente verde y Jace pareció contener una arcada. En medio de todos ellos había un demonio diferente -más grande, como un hombre, de piel blanca escalada. Las escamas refulgían con la luz que les llegaba de las piedras. En lugar de brazos, tenía dos tentáculos, decorados con ventosas rojo carmesí en cuyo centro se vislumbraba una especie de pelos que no podían definirse como otra cosa que agujas. El rostro estaba inamovible, una cabeza con cuatro cuernos que se cerraban dos a dos como si fueran las tenazas de un cangrejo y globos oculares grandes y saltones que en ese momento estaban cerrados. Lo recordaba de las clases con Hodge -era un demonio Raum.

-No… mováis… ni un… músculo… -susurró Alec, sacando la honda del bolsillo. Isabelle se llevó la mano al cinto y Jace agarró con fuerza el cuchillo serafín. Bella comenzó a sacar la espada de su sitio, cuando uno de los poyetes de su empuñadura rozó contra el protector metálico del brazo de Jace.

CLING.

La última nota se prolongó en el tiempo mientras todos mantenían la respiración. Entonces, los ojos del demonio Raum se abrieron de par en par, salvajes, negros y sin pupilas, y emitió un sonido horrible con la boca, perfectamente circular y con un par de pequeños colmillos arriba y abajo. Este sonido pareció desperezar a los drevak, que se hicieron eco del mismo antes de que el Raum se lanzara contra ellos.

El látigo de Isabelle destelló contra dos de los demonios larva, partiéndolos por la mitad. Alec disparó contra el demonio Raum, sus tiros certeros, aunque no suficientes para acabar con el demonio, que parecía enfurecerse más por momentos.

Jace se estaba abriendo paso a sablazo limpio con la espada serafín, destrozando a los drevak por decenas con una cara de felicidad que casi podría resultar enternecedora.

Por su parte, Bella había avanzado espada bastarda en mano y atizaba golpes a todo aquello que fuera capaz de superar la defensa de Isabelle, incluido un par que cortaron al Raum en los tentáculos.

-¡Corred! -gritó Alec. Sin perder tiempo, los chicos comenzaron a retraerse, excepto por Jace, que no movió hasta que Alec le dio un tirón del brazo para impedir que se tirase de cabeza hacia lo que quedaba del nido demoníaco.

Con un último golpe de su onda, Alec también se dio la vuelta y los cuatro corrieron por donde habían venido, escuchando al Raum y algunos de los drevak perseguirles a través del agua de alcantarilla. Llegando a uno de los cruces que habían tomado anteriormente, Jace decidió tomar la voz cantante.

-¡Izzy, Bella, por la derecha! -prácticamente rugió.- ¡Alec, tú conmigo, a la izquierda!

-¡Nos vemos en la bajada principal! -replicó Isabelle también gritando. Alec asintió, casi sin aliento; el cruce se iba acercando cada vez más y más, hasta que…

-¡AHORA!

Como los engranajes de una máquina bien engrasada, el grupo se dividió. Alcancé a ver cómo el demonio Raum iba como una flecha tras Alec y Jace, mientras que la media decena de drevak que quedaban se lanzaban a la caza de Bella e Isabelle.

Bella estaba roja como un tomate, pero no se permitía un sólo minuto de flojera, no pensaba mostrar debilidad.

Sentí el orgullo radiar en oleadas tanto de Jasper como de Emmett, y contuve el impulso tanto de rodar los ojos como de saltarles a la garganta. Bella estaba en peligro, ¿y ellos se sentían orgullosos? ¿De qué exactamente? ¿De que su "yo" de 9 años se estuviera jugando su integridad física, su vida, por un juego estúpido?

Rosalie y Alice debían de pensar igual que yo, ya que percibieron el estado de ánimo de sus maridos y fueron recompensados con un fuerte golpe en la parte de atrás de la cabeza en el caso de Emmett y un pisotón en el caso de Jasper, así como una oleada de enfado enfocada exclusivamente hacia él.

Emmett hizo un puchero, frotándose la parte de atrás de la cabeza, mientras que Jasper miraba avergonzado hacia Alice, que no dió su brazo a torcer.

Benjamin y Tía observaron el intercambio curiosos, mientras que Tanya y Kate se dedicaron a ignorarles por completo, conociéndoles bien después de tantos años. Garrett era el único que aún parecía estar pasándolo en grande observando este recuerdo particular.

Una vez más, el látigo de Isabelle hizo acto de presencia: se cerró en torno al cuello de uno de ellos y utilizó su cuerpo para empujar hacia ellos a otros dos. Sin dudarlo, Bella les rebanó el cuello antes de patear el resto de uno de ellos contra el cuarto de los demonios, que soltó un chirrido escalofriante al verse cubierto por los restos de su compañero. La piel del demonio se llenó de ampollas rápidamente antes de explotar en un montón de trozos derretidos que desaparecían en la nada junto a los demás drevak.

Sólo quedaba uno pero ambas parecían estar agotadas más allá de lo que podían expresarlo las palabras. Llegando al final del camino, la pared curva por la que se habían deslizado al llegar se imponía ante ellas.

-¡Deja la espada! -le indicó Isabelle a Bella.

Bella pareció dudar un momento pero finalmente la dejó caer.

Confuso ante la escena, miré de refilón a Jasper, tratando de entenderlo. Su teoría era que estaba librándose del peso extra, un peso que le dificultaría el movimiento. Mientras que era plausible, la mía era más lúgubre -eliminar la forma en que podía defenderse.

Jasper me dirigió una mirada al sentir mis emociones y me contuve para no devolverle un gruñido. Tenía mis razones para seguir dudando de las intenciones de Isabelle, por mucho que todos los demás pareciesen haber olvidado su comportamiento para con Bella desde el momento uno.

Las dos chicas empezaron a subir por la pared de la cloaca, apoyándose en los ataches entre placas de metal para darse impulso, con el demonio siguiéndolas de cerca. Isabelle iba en cabeza y rápidamente se encaramó en lo alto de la pared, entrando de lleno en el saliente objetivo y desapareciendo de vista.

Pese a la mejora en la relación de Bella e Isabelle, una parte de mí seguía sin confiar realmente en la pelinegra, y no podía evitarlo. Me salía de forma natural.

Por esa razón, no pude evitar el gutural sonido que salió de mi pecho cuando Bella dejó escapar un grito ahogado: uno de sus pies resbaló y perdió el equilibrio, empezando a resbalar hacia abajo. E Isabelle la había abandonado.

Debo reconocer que lo que pasó a continuación, no me lo esperaba.

Por un lado, Isabelle había tomado una de las piezas metálicas que sobresalía del borde y la había tirado hacia el demonio, seguida de la daga que guardaba en la boca, clavándose en su pecho y el cráneo respectivamente. Las heridas rezumaron negruzcas antes de que su cuerpo registrase el daño, haciéndole desaparecer con un crujido estridente capaz de helarte la sangre en las venas. Por otro, se había dejado caer lo suficiente como para agarrar por el brazo a Bella y evitar que cayese, manteniéndose encaramada a fuerza de plantar los pies en el suelo.

Una pequeña sonrisa asomó a los labios de Rosalie, mientras que Esme suspiró llevándose una mano al corazón. Parpadeé repetidamente, tratando de entender si realmente Isabelle había vuelto para salvar a Bella o si todo era producto de mi cerebro vampírico sobreestimulado. Alec no la habría dejado, Jace habría hecho que Bella se fuese mientras él se enfrentaba al demonio, pero ¿de verdad Isabelle acababa de ponerse voluntariamente en peligro por Bella?

Durante lo que pareció una eternidad, Bella se quedó mirando a Isabelle con ojos como platos. Esta dejó salir un quejido al tratar de afianzarse en el suelo resbaladizo y Bella espabiló, cerrando la mano en torno al brazo de Isabelle y tomando impulso con los pies mientras la chica tiraba de ella. Finalmente llegó al resalto y ambas cayeron de espaldas, extenuadas.

-Gracias, Isabelle -murmuró Bella con voz entrecortada, tratando de recuperar la respiración.

Isabelle se incorporó, dejando los brazos apoyados en las piernas y mirándola de refilón.

-Estamos en paz -le recordó Isabelle y Bella tragó con fuerza. Parecía preguntarse si volverían al principio de todo en su relación, pero la sonrisa de la morena no vaciló.- ¿Y Bella?

-¿Sí?

La mirada de Isabelle se suavizó y le dió un pequeño tope con la mano en el brazo.

- Llámame Izzy.


¡Yay! :3 ¡Bella e Izzy son oficialmente amigas! De las de verdad. Han pasado mucho estos meses, e Isabelle acaba de arriesgarse por ayudarla. ¡Si eso no es amistad… !

En el próximo capítulo daremos un pequeño salto, hablaremos de los Parabatai -Jace y Alec ya van formando su vínculo, va tocando- y tendremos un pequeño vistazo al mundo de Percy Jackson de la mano de Bella.

¡Y no olvidéis, review! 3