-Esto es increíble, Bella.

Isabelle miraba maravillada las formas que tomaba el agua bajo los atentos ojos de su amiga. No era para menos. Yo mismo me encontraba en proceso de asimilar lo que Bella era capaz de hacer, incluso tras haber visto cómo su madre lo hacía -me estremecí al recordar a Lily y la explosión de la tubería justo antes de que Voldemort acabase con su vida.

Bella le dio una media sonrisa pícara.

-Siempre dices lo mismo.

Isabelle rodó los ojos, acercándose a ella.

-Porque siempre lo es -afirmó, dejando caer un brazo por encima de los hombros de la pequeña Potter.- Tranquila, el día que la pifies te lo haré saber.

El resoplido de Bella fue de campeonato, la broma de su amiga haciéndola perder concentración y precipitando el agua sobre ellas. Bella dejó salir un gritito ahogado ante el frío del agua, mientras que Isabelle puso cara de resignación mientras el cabello negro le chorreaba.

-Como ahora.

Esta vez Bella le dio una sonrisa de disculpa, ante lo que Isabelle simplemente negó con la cabeza, claramente divertida.

La voz de Renesmee en mi cabeza me sacó de mi ensoñación.

Papá, miré en su dirección y ella se mordió el labio ligeramente, un hábito de su madre -el pensar en Bella trajo una punzada de preocupación a mi pecho, ¿podré hacer eso?

No sabía qué responder, y debió de notarse en mi mirada, porque mi hija frunció el ceño. La posibilidad estaba ahí, como era lógico -Renesmee era la mezcla de Bella y yo, al fin y al cabo, pero no terminaba de entender cómo aquellos poderes eran heredados. No parecían seguir las leyes lógicas de la ciencia en general o la genética en particular.

O quizá sí, pues Carlisle se había estado planteando todo tipo de escenarios diferentes en su cabeza que, de alguna manera, justificasen cómo funcionaba.

Sin darme tiempo para pensar en nada más, el recuerdo había cambiado otra vez. Los entrenamientos tenían ahora otra fase, que básicamente se resumía en Bella e Isabelle escabulléndose a esa parte del Instituto para que Bella pudiese perfeccionar su control sobre el agua.

Sin embargo, en esta ocasión había algo diferente. La ropa de ambas chicas estaba en el suelo, desperdigada, y ambas lucían traje de baño. Isabelle llevaba un biquini de color rojo brillante, mientras que Bella llevaba la parte de arriba de un bikini azul oscuro pero una especie de pantalones abajo. Parecía más bien un bañador de chico, pero Izzy no hizo comentarios al respecto y la mirada que le dirigí a Emmett en cuanto abrió la boca le hizo cerrarla de nuevo, rodando los ojos.

Aguafiestas.

Desconcertado como estaba por sus atuendos, traté de centrarme en la situación desarrollándose ante nosotros.

-¿Estás segura, Izzy? -inquirió una nerviosa Bella intercambiando miradas entre la mano de su amiga, entrelazada con la suya fuertemente, y el rostro de la pelinegra. Izzy rodó los ojos con una pequeña sonrisa, una expresión tan suya que prácticamente podría patentarla.

-¿Confías en mí?

Bella frunció el ceño.

-¡Por supuesto!

-Pues yo confío en ti -replicó Isabelle levantando las manos de ambas y dándole un apretón cargado de seguridad a la mano de Bella. La susodicha tragó con fuerza mientras ambas se dirigían al borde de aquella piscina bajo el brillo reflejado en las paredes oscuras.

-No te sueltes… no dejes que me caiga -susurró Bella, los dedos de la otra mano temblorosos antes de cerrarse en un puño.

No dejes que me caiga.

Esas palabras me llevaron brevemente de vuelta al altar en el que había esperado con Carlisle a mi lado a una Bella adulta, vestida de blanco, que había dicho aquella misma frase a Charlie momentos antes de irrumpir por la puerta, más hermosa de lo que nunca la había visto.

Sacudí la cabeza, regañándome a mí mismo y forzándome a estar en el momento presente -o pasado, lo que fuera.

Céntrate, Edward.

Y entonces ambas saltaron. Los minutos pasaron y no volvieron a la superficie, el agua negra golpeando contra los bordes de aquel pequeño lago con la cedencia de las olas en calma. Decir que me estaba poniendo nervioso era un eufemismo.

-¿Crees que están bien? -murmuró Tanya preocupada a su hermana, que tragó en seco.

Esme soltó un siseo, sus ojos como lanzallamas al mirar a ambas hermanas, furiosa porque siquiera se hubieran atrevido a sacar esa posibilidad a flote -una posibilidad que no podía descartarse, tan solo eliminar que fuera fatal.

Eso por cuenta propia era suficiente para asustarme -y no sólo a mí, el pánico en mi familia era palpable, incluso sin el don de Jasper. Pero la fiera protección que sentía Esme por sus hijas, en especial por esta pequeña versión de Bella, era algo de otro mundo que sólo podías entender si tenías acceso a su mente o sus emociones en carne propia, y quizá ni siquiera entonces.

Antes de que pudiera ocurrir algo más, Bella e Isabelle volvieron a la superficie, ambas con los ojos muy abiertos y con una risa floja contagiosa -y lo más sorprendente: secas. Sin soltarse de la mano, salieron de la piscina, apoyándose la una en la otra.

-¡Espera, espera! -exclamó Isabelle, soltándose de Bella y volviendo al borde del pequeño lago, metiendo la mano en el agua y sacándola. Esta vez el agua formó perlas sobre su piel, pequeñas gotas que resbalaban hasta la punta de los dedos antes de caer de nuevo.- Alucinante.

-¿Qué significa esto? -murmuró Bella, echándole un vistazo. Isabelle sonrió, encogiéndose de hombros.

-Puedes respirar bajo el agua -señaló Isabelle.

-Hemos estado 12 minutos antes de que necesitase subir -asintió Bella.

-¡Y! -añadió Izzy sonriendo ampliamente- ¡puedes compartirlo con otros! ¡Y no te mojas!

Bella estiró la mano derecha al lado de la de Isabelle y flexionó los pálidos dedos.

-¿Me pregunto… ? -inquirió en voz baja, divagando mientras el hilo de voz se perdía y metía el brazo hasta el codo en el agua. Una lenta sonrisa se extendió por sus labios cuando lo sacó, mojado. Isabelle sonrió maravillada.

-¿Y eso?

-He pensado que quería mojarme.

-Mola -exclamaron a la vez Izzy, asintiendo con la cabeza, y Emmett. No pude evitar soltar una carcajada.

-Es increíble, ¿verdad? -dijo Benjamin, mirando la escena con afección y un toque de melancolía. Tía estaba a su lado, con una mano en el hombro de su compañero y la cabeza apoyada contra su brazo.

-En efecto -dijo una voz sin cadencia a nuestras espaldas. Girándome, pude ver a Marcus, por primera vez desde que le conocía con algo parecido a un brillo de vida en sus ojos, aunque muy tenue.- Puedo entender que no quisieras que algunos de tus… amigos… supieran sobre tu joven hija.

Las palabras resbalaron sobre su lengua con facilidad, sin la menor duda de amenaza y con una nota de respeto al referirse a Bella como hija suya que Carlisle agradeció con un corto asentimiento hacia el Vulturi.

Los pensamientos de Marcus también eran claros como el agua: esos amigos a los que se refería eran sus hermanos y lo que estábamos contemplando le había dado el empujón que necesitaba para dejarme ver el supuesto plan de estos en su mente. Sus ojos, rojo mate por el matiz lechoso que presentaban, se fijaron brevemente en los míos y procuré guardar cada pedacito de información al que Marcus me estaba permitiendo acceder, con la esperanza de que más adelante éste siguiera ayudándonos o, al menos, no perjudicándonos.

Lo que estaba claro era que Aro nunca había intentado esconderse y que, pese al cierto afecto que pudiera sentir por Carlisle, había un ansia mucho más fuerte por el poder que le definían claramente como el coleccionista que Eleazar había descrito, y pretendía que más de un miembro de nuestra familia pasáramos a ser parte de su colección elitista.


-Eh. ¡Eh! -llamó la atención un Alec confuso a su hermana, que pasaba corriendo a su lado. Si no hubiera sido por sus rápidas manos, que la agarraron de la solapa de la oscura chaqueta de cuero, Isabelle le habría ignorado olímpicamente.- ¿Se puede saber a dónde vas? -preguntó alzando las cejas.

A su lado, Jace asintió, dejando olvidado el pequeño cuchillo con el que se había estado entreteniendo.

-Últimamente estás desaparecida -continuó Alec, pero fue interrumpido por su futuro parabatai.

-Están -le corrigió.- ¿Dónde está Bella, Izz?

Isabelle le dirigió una dulce sonrisa.

-¿Y a ti qué te importa, Jace? -respondió con un tono enfermizamente dulce que contrastaba con las palabras que salían de su boca. Jace puso los ojos en blanco.

-Isabelle -soltó Alec, molesto con su hermana. Ésta soltó un suspiro y se colocó correctamente la chaqueta, ignorando a su hermano mayor con una parsimonia que rivalizar con la que mostraba Rosalie para sacarnos de nuestras casillas.- En serio.

-En serio, Alec -replicó Izzy.- ¿Qué más os da?

-Sólo queremos saber qué os traéis entre manos -suspiró Alec.

-Y todos aquí sabemos cómo suelen salir los planes que dependen de las tuyas, Izz -añadió el rubio con una sonrisa socarrona, ganándose una mirada de reproche por parte de ambos hermanos.

-No ayudas, Jace -gruñó el chico Lightwood. Jace se encogió de hombros.

-La verdad duele. Sus planes son como su comida.

Esta vez, Isabelle se cruzó de brazos, algo más enfurruñada.

-Huele a pis de gato.

-¡Tú hueles a pis de gato! -replicó Isabelle ante las impertinencias de su hermano adoptado, que levantó las manos en gesto de rendición entre risas.

Alec se sujetó el puente de la nariz entre los dedos índice y pulgar.

-Raziel, dame paciencia -le oí murmurar tan bajo que tuve la certeza de que sus dos hermanos no le habían oído, más aún cuando seguían intercambiando puyas.

-Izzy…

La voz de mi ángel no sólo llamó la atención de los 3 jóvenes Cazadores de Sombras. Tampoco yo esperaba verla aparecer. No pude menos que sonreír. Bajo el arco de piedra de una de las salidas de aquel punto particular del Instituto, Bella miraba a los presentes con una mirada entre molesta y divertida, aunque también había una tercera emoción que destellaba de cuando en cuando.

Miedo me informó Jasper, provocando que se formase una mueca en mi cara.

-Para -añadió con una sonrisa pequeña, aunque algo triste. Isabelle le dirigió una mirada de preocupación, frunciendo el entrecejo y presionando los labios en una fina línea. El primero en reaccionar fue Jace, que fue hasta Bella y la recogió entre sus brazos, haciéndoles girar un par de veces sobre sí mismos.

A mi lado, Emmett sonrió con ternura y melancolía, preguntándose cuándo podría volver a abrazar a su hermana pequeña.

-¡Hey, Isabella Lilian! -exclamó Jace.- ¡Estás aquí!

-¡Jonathan Cristopher! -replicó Bella en tono de burla, imitándole.- ¡Tú también!

Jace se rió entre dientes y le revolvió el pelo, haciendo que Bella soltase un quejido por lo bajo.

-Estábamos preguntando a Izzy acerca de qué hacéis últimamente -dijo Alec, dedicándoles una mirada exasperada, aunque las comisuras de sus labios, vueltas hacia arriba, le delataban.

-Por últimamente se refiere a las 3 horas que habéis desaparecido a diario durante los últimos dos meses -aclaró Jace con tono edulcorado, haciendo que Alec rodase los ojos.

Isabelle, que había echado a andar hacia Bella, se dio la vuelta para dirigirle una mala mirada.

-¡Ya te he dicho que no es asunto tuyo, Wayland!

Bella puso una mano en el brazo de Isabelle y negó con la cabeza.

-Izzy, es la hora.

La otra chica la miró con preocupación.

-¿Estás segura?

-¿Segura de qué? -intervino Alec, alternando una mirada sospechosa entre su hermana pequeña y Bella.

Ignorándole, Bella asintió. Acto seguido, cogida del brazo de Isabelle, se dio la vuelta para salir por donde había entrado, haciendo un gesto a los chicos, que con una mirada de desconfianza el moreno y otra divertida el rubio, las siguieron.


-¡ESTO ES BRUTAL! -exclamó Jace, mirando maravillado el tentáculo de agua que avanzaba frente a él, ondulándose, deslizándose encima y debajo de otros, dibujando diferentes formas.

-¿Este era tu secreto? -inquirió Alec, levantando un poco la voz para que le oyesen por encima del sonido del agua. Él se encontraba sentado cómodamente en una masa acuosa aparentemente impermeable, observando el espectáculo que montaban Izzy y Jace tratando de seguir las formas y corrientes.

-Ajá -asintió Bella, más feliz de lo que la había podido ver hasta ese momento: sonrisa enorme, llegando a enseñar sus pequeños dientes blancos, mejillas sonrosadas y ojos brillantes.

Incluso en nuestro pasado reciente, podía contar con las manos las veces que la había visto así: en nuestra primera etapa de relación había habido un par de ellas, por un lado conmigo y por otro con mis hermanos -generalmente Alice; a veces Emmett- en aquel verano antes de su fallida fiesta de cumpleaños y nuestro abandono. Me estremecí sólo de pensarlo. Bella no había vuelto a ser la misma. Se esforzaba, y yo trataba de compensarla, pero no podía. Una pequeña parte de ella se había desvanecido cuando le rompí el corazón, y aún estaba intentando recuperarla.

El caso era que, tras aquello, durante los meses previos a la boda, había estado Victoria, el problema con los lobos y Jacob, y solo había vuelto a verla así -realmente así- el día de la boda.

Así que verla tan despreocupada y feliz me hacía sentir una calidez en el pecho de lo más reconfortante, sabiendo que aunque fuera por breves períodos había podido ser una niña despreocupada.

Sin previo aviso, Bella dejó ir su control sobre el agua y Alec se vio de culo en un charco en el suelo y Jace pegando bocanadas con el cabello dorado chorreante pegado a la cara. Isabelle, la única que no había resultado perjudicada, se empezó a reír tan fuerte que se dobló sobre sí misma.

Por nuestra parte, Emmett rugía con sus potentes carcajadas. Jasper, Garrett, Jacob y Tanya se reían a mandíbula latiente, mientras que las risas de Renesmee se mezclaban con el resto de voces. Alice soltó una de sus risitas mientras que Rosalie sonreía orgullosa. Ni siquiera Carlisle había podido evitar una sonrisa mientras se reía entre dientes, rodeando a Esme con un brazo.

-¿¡Y esto por qué!? -exclamó Alec, levantándose con los pantalones empapados.

Bella le dirigió una sonrisa de suficiencia.

-Por abordar a Izzy -replicó, dirigiéndose hacia la pelinegra, que seguía agarrándose el estómago y limpiándose una lágrima que se le había escapado por la comisura del ojo derecho.

Sonriendo siniestramente, Jace se acercó a ellas y, antes de que Bella pudiese reaccionar, sacudió la cabeza y la parte superior del cuerpo como un perro, haciendo que tanto Bella como Izz se mojasen también -aunque ni remotamente tanto como se habían mojado los chicos.

-Sabía que eras única, Isabella Lilian -se rió Jace entre dientes, los ojos brillando mientras recordaba su primer encuentro, lo cual me hizo sonreír a mí también.

Daba igual la forma en la que Bella estuviera en mi vida, desde el mismo momento en que apareció en ella verme sonreír había dejado de ser una rara avis.

-¿No creeis que soy un… bueno, un bicho raro…? -preguntó Bella frotándose un brazo, incómoda.

-En realidad, Bella -intervino Alec- la historia de los Shadowhunters está llena de Cazadores… especiales.

Bella pareció sorprendida, alternando la mirada entre Alec e Isabelle.

-¿Por qué no me lo dijiste?

Isabelle se encogió de hombros.

-No se me ocurrió relacionarlo, la verdad. Lo siento -dijo, añadiendo una sonrisa de disculpa.

Bella puso los ojos en blanco y resopló.

-El caso es… que algunos Cazadores de Sombras han presentado poderes -continuó Jace.

-No es común -añadió Alec- pero ha ocurrido. Existen diferentes tipos de poderes angelicales -se encogió de hombros y sonrió.- Tú debes ser una de ellos, Bella.

-Mi ángel… -suspiré, sabiendo que era más cierto que nunca. Esme suspiró contenta, mirándome feliz mientras Carlisle depositaba un suave beso en su coronilla.

Bella se miró las manos, parpadeando furiosamente, y una sonrisa se formó en su rostro.

-Guay.

-¿Se lo decimos a Robert? -inquirió Jace. Antes de que Alec pudiera responder, Isabelle comenzó a negar furiosamente con la cabeza.

-De ninguna forma…

-Izz… -trató de interceder Alec.- Papá debe saberlo.

-Querrás decir que la Clave debe saberlo -le gruñó Isabelle.

-¿Qué? No, no -se alarmó Jace.- La Clave no. Se la querrían llevar a Idris.

Esta vez fueron los ojos de Bella los que se abrieron con pánico, el aire atorándose en su garganta.

-¡No! -gimió.- ¡No quiero irme!

Alec hizo un gesto de calma con las manos, tratando de tranquilizar el revuelo.

-La Ley es dura, pero es la Ley. No podemos ocultarlo de la Clave. Además -añadió rápidamente al ver la miraba furibunda de Isabelle- es probable que sólo tuvieras que irte por un tiempo, Bella.

-¡No se va a ir a ninguna parte! -gruñó Isabelle, cara a cara con Alec. Jace se movió para posicionarse al lado de la pelinegra pese a la mirada de súplica de Alec.

-Isabelle, sé razonable…

-¡He dicho que no! ¡No pueden separarnos!

-¿Por qué? -levantó entonces la voz Alec.- ¡También es como una hermana para mí, Izz, pero ni siquiera eso-!

-¡NO ES LO MISMO! -gritó Isabelle.- ¡NO. PUEDEN. SEPARARNOS! -dijo separando las palabras. Tenía el rostro lívido y los ojos cargados de furia.

-¿Por qué no? -esta vez fue Jace el que preguntó con un hilo de voz e Isabelle se volvió hacia él, el pelo negro golpeando su espalda como un látigo. Los ojos se le llenaron de lágrimas de rabia.

-¡PORQUE ES MI PARABATAI!

Hubo un silencio sólo interrumpido por la acelerada respiración de Isabelle, cuya mirada se había desbordado, manchando sus mejillas de lágrimas. La revelación de Izzy había dejado a todos de piedra -figurada y literalmente hablando en el caso de los vampiros que las observábamos. Temblando, se volvió hacia Bella.

-Yo… Bella, sé que no tuvimos la mejor de las relaciones al principio. Sé que no me porté bien. Pero también sé -se sorbió la nariz con fuerza- que te quiero como a una hermana.

-Dijiste… que no querías un parabatai… -murmuró Bella, entre confusa y emocionada. Tragó el nudo en su garganta y se restregó los ojos, como si tratase de evitar llorar ella también.

Isabelle se rió, una risa que no tenía ápice de humor y que sonaba casi estrangulada.

-Dije que nunca me lo planteé… y que estaba mejor sola… y era verdad, Bella. Pero desde hace semanas me lo estoy planteando -movió la cabeza.- Sé que es mucho que asumir… Yo… -Izzy respiró hondo y cuadró los hombros antes de continuar.- Isabella Potter, me sentiría muy honrada si quisieras unirte a mí como parabatai. ¿Lo considerarías?

-Parece que le esté pidiendo matrimonio -observó Jacob divertido.

-Creo que no somos capaces de entender aún la profundidad de un vínculo parabatai, Jacob -intervino Carlisle suavemente.- Me atrevería a decir que en el mundo de los Cazadores de Sombras es tan fuerte como el matrimonio, sino incluso más. Ni siquiera podría compararse a los lazos de los miembros de una manada.

Jacob miró a Carlisle entonces, sobresaltado por aquella consideración, y de nuevo a las chicas, frunciendo el ceño y con una mirada de desconcierto en el rostro.

Jace se había quedado mirando la escena en silencio, de vez en cuando intercambiando miradas con Alec, que parecía igual de perdido. Ambos miraron a Bella de refilón, que permanecía callada y ensimismada. Pasaron los minutos. Isabelle miraba al suelo, con el pelo tapándole el rostro, aunque aún así podía sentir el calor que irradiaba.

-Sí -dijo Bella entonces, sobresaltando a todos, nosotros incluidos. Isabelle levantó la cabeza como un resorte y tragó saliva.

-¿Sí a qué? -inquirió Emmett, levantando ambas cejas.

-¿Sí, lo considerarás? -preguntó Isabelle con voz esperanzada. Bella se echó a reír al ver su expresión, que decayó ligeramente antes de volver a iluminarse con la respuesta de mi pequeño ángel.

-Sí, seré tu parabatai.

Más rápido de lo que hubiese pensado posible, Isabelle tenía los brazos alrededor de Bella y ambas se reían abrazadas. Jace soltó un aullido, divertido y Alec sonreía de oreja a oreja, encantado.

A mi lado, Alice había pegado un chillido emocionado y se había puesto a aplaudir y dar saltitos. En su mente pude ver que simplemente estaba feliz de que Bella tuviese a una amiga tan cercana, una hermana, y no cabía en sí de gozo. ¿Le habría gustado conocerla entonces y haberla acogido bajo su ala? Por supuesto. Pero en su ausencia, Izzy era todo lo que Alice podía querer para quien ella consideraba su hermana pequeña.

Renesmee se unió a las risas de Alice y pronto quien más quien menos tenía una sonrisa en su rostro o estaba aplaudiendo, como Emmett, que mostraba una de sus media sonrisas socarronas, aunque realmente estaba contento por Bella.

-¡No me lo creo!

-¿Me creerías si te dijese que llevaba un tiempo pensando en preguntarte lo mismo? -preguntó Bella entre risas y lágrimas.

Isabelle la miró con ojos brillantes.

-¿De verdad?

Bella se mordió el labio, asintiendo tímidamente mientras Jace le daba un par de golpes en la espalda, y Alec hacía lo propio con Isabelle mientras con la otra mano le apretaba el hombro con una sonrisa afectuosa.

-Izzy, no hay nada que me gustaría más que ser tu parabatai -ante eso, Jace se burló con un sonoro "Ooooh" mientras ambas chicas se abrazaban de nuevo. Momentos después, el rubio y Alec se unieron al abrazo en grupo, murmurando sus felicitaciones y revolviendo el pelo a las chicas.

Sin embargo, las celebraciones se cortaron de raíz al oír la poderosa voz de Robert Lightwood. Las sonrisas de los chicos desaparecieron y se dieron la vuelta para ver a Robert en la entrada con Hodge a su lado, los brazos de este último cruzados sobre el pecho y Robert aún con su traje de Cazador.

-Felicidades a ambas -dijo con su potente tono. Isabelle tragó saliva con fuerza.

-Gracias, señor -replicó como una buena soldado, soltándose del abrazo de Bella pero reteniendo su mano en la suya.

-Y bien visto, chicos -añadió en dirección a Jace y Alec, que también estaban serios.- Está claro que os habéis estado preparando a conciencia, pero el control del agua no es ninguna característica o poder angelical.

Los ojos de Jace, azul y marrón, brillaron dorados brevemente, haciendo que Robert sonriese un poco, aunque yo no entendía la razón. Mirando las manos entrelazadas de su hija y Bella, suspiró.

-Vestíos. Nos vamos en media hora.

-No quiero ir a Idris -replicó Bella, rompiendo el silencio. Hodge la miró sorprendido y la mirada de Robert se aceró un momento. Era evidente que no le gustaba ninguna muestra de rebeldía.

-No vamos a Idris. Vamos a Long Island. Es hora de que conozcais el Campamento Mestizo.

CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAAN

Siguiente capítulo subido! ¿Qué os ha parecido? ¡Pido paciencia! ¡Harry está a puntito de volver! ¡Prometo que queda nada! Y el reencuentro será bonito.

Como siempre, en el capítulo anterior respondí a vuestros comentarios. Por si queréis echarle un ojo.

¡Y reviews, porfa plis! He visto que tengo unos cuantos favoritos ya y me haría mucha ilusión si alguno más, aparte de mis habituales, a las cuales adoro, me dejase también algún review.

¡Nos leemos pronto!

Un abrazo,

Ceci.