Antes de entrar en la historia: PERDÓN! FF falló ayer y se cruzaron los archivos, por lo que el cap subió repetido. Ya ha sido eliminado y este es el bueno, así que eso. ¡A disfrutar!
Lo primero que vimos de ese sitio llamado Campamento Mestizo fue un prado de verdes colinas. Por el punto por el que Robert había guiado a sus tres hijos y Bella había un enorme pino en la colina más alta. Y por enorme quiero decir que era cuatro veces el tamaño de Jasper, el más alto de todos nosotros. Cerca podía oírse el agua deslizándose sobre los guijarros, probablemente algún tipo de arroyo; un río iría más fuerte y el sonido sería mayor.
Robert dirigía a sus hijos con precisión, y estos le seguían, aunque los ojos les brillaban con curiosidad al pasar de un sitio a otro. Bella, por el contrario, sí se había parado alguna vez, aunque Izzy no dejaba que se quedara rezagada, mirando nerviosamente a su padre. Fruncí el ceño. Definitivamente Robert Lightwood no era de mi agrado. Demasiado serio, demasiado brusco y demasiado…
-Creído -murmuró Rosalie al verle avanzar por los caminos como si aquello fuera suyo. En cualquier otro momento la ironía de que Rose echase en cara a alguien ser vanidoso me habría hecho cuanto menos resoplar, pero no cuando el mundo, tan pequeño hacía prácticamente nada, se volvía más grande y extraño por segundos.
Al subir una última colina, el paisaje cambiaba, pasando a estar moteado de edificios de arquitectura griega antigua pero con material reluciente, como si tan solo tuvieran unos meses en lugar de siglos. Los capiteles de mármol brillaban bajo el sol, que extrañamente conseguía calentar ligeramente mi piel de hielo, aunque no brillábamos como solíamos. Cosas de los recuerdos, supongo. No terminaba de entender todo aquello.
Pude distinguir las claras líneas de un anfiteatro, un pabellón, un ruedo de arena y una zona de entrenamiento olímpica. La mayoría de los diseños se reproducían en mi cabeza con facilidad, en parte por mis propios conocimientos en historia antigua y en parte gracias a los pensamientos de Esme, que estaba maravillada -al fin y al cabo, tenía dos licenciaturas en Arquitectura y su pasión era el diseño de interiores. La de Forks no era la primera casa que había diseñado y remodelado, ni sería la última.
En el punto en el que el valle se unía con la costa de Long Island se encontraba una casa de madera oscura con un porche muy característico. En la puerta había un tipo con pinta de surfero y multitud de ojos… literalmente. Por todas partes: las mejillas, la barbilla, la frente, el cuello, el dorso de las manos. Era espeluznante. Tanto que ni siquiera Aro pudo evitar estremecerse.
Entonces fui consciente de los susurros alrededor de los Shadowhunters. Varios niños y…
-¿Son eso sátiros? -inquirió Carlisle con un hilo de voz. Incluso Garrett tragó en seco. Junto a los niños, de todas las edades, había unas criaturas humanoides, pero solo hasta la cintura, que dejaba paso a unos cuartos traseros peludos en lugar de piernas. En vez de pies, tenían pezuñas. Algunos de ellos presentaban cuernos, que variaban en tamaño y color, asomando entre matas de pelo.
Los niños no parecían incómodos por la presencia de las criaturas, con las que hablaban animadamente; todos estaban vestidos con camisetas de manga corta color naranja brillante en las que se podía leer "CAMPAMENTO MESTIZO" y habían parado en su mayoría de hacer lo que estuvieran haciendo -había unos cuantos disparando con arco, un grupo importante jugando al voleibol, otros que estaban montando a caballo, aunque por alguna razón los caballos tenían alas, y… ¿eran eso espadas? Empezaba a sentirme mareado, lo cual no debería ser posible para un vampiro- para dirigir su atención al grupo de recién llegados, a sus extrañas ropas-armaduras y a las marcas que presentaban orgullosamente en la piel.
El tipo de los múltiples ojos parecía haber desaparecido y me pregunté brevemente dónde se había metido cuando una niña se plantó delante de Robert, que levantó una ceja, aparentemente divertido con la situación. La chica sería unos meses menor que Bella, quizá un año. Tenía ojos grises, que brillaban y se mostraban inteligentes, y una melena rubia ondulada recogida en una coleta alta, con algunos mechones sueltos alrededor del rostro. Estaba morena por el sol. Parecía la típica niña de promoción de unas vacaciones en California, excepto por el tono tormenta de los ojos.
-¿Quiénes sois? -preguntó con un tono que no era ni amable ni desconfiado; una mezcla intermedia que te hacía saber que preguntaba por curiosidad pero también que te estaba analizando.
-¿Quién eres tú? -replicó Jace desde detrás de Robert, que había ignorado a la muchacha y girado el torso hacia el porche, como si estuviera esperando algo -o a alguien.
-Annabeth Chase -respondió la niña rubia. Sus ojos grises centellearon.- ¿Sois Shadowhunters?
Alec se envaró.
-¿Cómo sabes…?
La niña -Annabeth- se encogió de hombros, llevándose de forma distraída la mano al cinto, donde colgaba una pequeña daga de bronce; no como un gesto amenazante, sino de forma distraída, como si le costase mantener los dedos quietos más de 30 segundos.
-La ropa, las armas, las marcas… -inclinó la cabeza a un lado.- Algunos pensaban que erais un mito. No queda ningún campista aquí de la época en que vino el último de los vuestros.
Alec la miró con recelo y Jace se removió, algo incómodo. Fue Isabelle la que se abrió paso y extendió la mano hacia Annabeth, que se la estrechó rápidamente.
-Hola, Annabeth -saludó Isabelle utilizando un tono similar al que había usado la chica rubia al principio.- Yo soy Isabelle, Lightwood. Estos dos, son los tontos de mis hermanos, Alec y Jace -dijo señalando con el pulgar por encima del hombro, haciendo que Jace pusiera cara de ofendido mientras Alec rodaba los ojos- y esta es mi parabatai, Bella.
Bella saludó tímidamente levantando una mano tras Isabelle, que fue respondido por un asentimiento de Annabeth.
-¿Y tú qué eres? -inquirió la joven Lightwood mirándola de hito en hito.
-Izzy -siseó Alec, pero Isabelle le ignoró, haciendo un mohín con la mano.
-No pareces ser parte de los brujos. ¿Un hada? -Isabelle parpadeó un par de veces y negó con la cabeza.
-Soy una semidiosa -ante las miradas de incredulidad de su audiencia, Annabeth sonrió ligeramente.- Mi madre es Atenea.
Atenea.
Atenea.
Ha dicho que su madre es Atenea.
¿La Diosa de la Sabiduría?
Tengo ganas de vomitar.
¿Existirán los Dioses egipcios también?
Una semidiosa. ¡Y tienen espadas!
Me pregunto cómo heredarán sus poderes…
Ante el bombardeo incesante de pensamientos, no pude evitar hacer una mueca, y Jacob me dirigió una mirada cargada de simpatía. En su cabeza me pidió perdón por su salida de tono -la verdad es que tenía el estómago del revés y era quien más problemas tenía para no mostrar su malestar, al menos físicamente- al tiempo que se acordaba de lo difícil que resultaba compartir una conexión mental con tantas personas. No en vano la manada había llegado a contar con 10 lobos -Sam, Paul, Jared, Embry, Quil, Leah, Seth, Collin, Brady y el propio Jacob- antes de que este último se separase y formase su propia manada -que consistía en él mismo y Seth al principio, uniéndose rápidamente Leah, y finalmente Quil y Embry, si bien ambas manadas habían añadido algún miembro más en los días previos al enfrentamiento con los Vulturis ante la llegada a la zona de tantos vampiros.
La mirada de los hermanos Lightwood era todo un poema, mientras que Bella solo había fruncido el entrecejo ligeramente, como si no le sorprendiera tanto lo que estaba oyendo sino la situación en sí. Unos cascos de caballo se escucharon en ese momento, repiqueteando sobre madera, y al porche salió un… centauro.
Me pasé una mano por el pelo, respirando hondo. Debería haberme acostumbrado a estas alturas, pero al parecer me era imposible.
De cintura para arriba, había un hombre de torso musculoso cubierto por una armadura de cuero marrón oscuro. Encima de esta llevaba una chaqueta de tweed raída -lo cual hizo que Alice arrugase la nariz, sintiendo dañado su sentido de la moda y arrancándome una risita, a lo que ella respondió sacándome la lengua. El pelo era castaño, largo hasta los hombros y ondulado, y portaba una espesa barba, ambos haciendo juego con ojos profundos marrones, rodeados por pequeñas arrugas. El problema llegaba al pasar la cintura, donde había músculos y tendones que daban lugar a unos poderosos cuartos traseros y a dos patas delanteras nudosas, todo ello recubierto de un espeso pelaje blanco, y acabadas en pezuñas negras relucientes.
-¡Ah, Robert Lightwood! -exclamó con una voz profunda, bajando desde el porche casi al trote, parándose justo delante del Cazador. Erguido sobre sus patas blancas de semental era más alto que cualquier hombre, superando de largo los 2 metros. Extendió una mano, que Robert estrechó con fuerza.- Me preguntaba cuándo te veríamos por aquí… -su voz se perdió mirando al grupo de jóvenes Shadowhunters a sus espaldas y sus ojos se pararon en Bella, brillando.- Espero que no haya sido por tener problemas con algún monstruo.
Robert negó con la cabeza, dándole una media sonrisa ácida.
-En realidad, ha manifestado ciertos… poderes -de nuevo, Quirón miró con intensidad a Bella, que levantó la barbilla orgullosamente al tiempo que Isabelle le daba Jace le daba un apretón en el hombro y Annabeth se la quedaba mirando con los ojos entrecerrados.
-Vaya, vaya -murmuró Quirón, rodeando a Robert y parando frente a los niños, doblando una de sus piernas hasta apoyarla en el suelo, permitiéndole quedar a un nivel más adecuado.- Tú debes de ser Isabella Potter.
-Bella -le corrigió casi de inmediato la versión joven de mi Bella. Una vez más, Robert dio un suspiro exasperado mientras ponía los ojos en blanco, mientras que Quirón sonrió, divertido por su atrevimiento.
-Encantado, Bella -luego miró a los otros chicos y asintió en señal de reconocimiento.- Y vosotros debéis ser los hijos de Robert, Alexander e Isabelle, y por supuesto el joven Jace Wayland -sin dejarles responder, Quirón se irguió cuan alto era y miró a la hija de Atenea, que no se había movido ni un palmo mientras señalaba la enorme casa de la que había salido.- Pasemos a la Casa Grande. Annabeth, querida, ¿serías tan amable de quedarte con nosotros mientras les explicamos todo? -
-Claro, Quirón -contestó ella de inmediato.
Sin embargo, no les dio tiempo a ello. De repente, todo el mundo miraba encima de la cabeza de Bella y Quirón no pudo menos que soltar un silbido.
-Sí que se han dado prisa… -dijo por lo bajini, aclarándose la garganta acto seguido. Con una media sonrisa, Annabeth plantó una rodilla en la tierra. A su alrededor, los chicos de las camisetas naranjas y los sátiros que les acompañaban y que se habían quedando mirando la escena, la siguieron, arrodillándose. Bella miró hacia arriba, donde una lechuza gris claro hecha completamente de luz giraba, deshaciéndose poco a poco.
-¡Por el Ángel! -exclamó Alec, sorprendido tanto por lo que estaba pasando a su alrededor como por la reacción de los presentes.
Jace tenía una sonrisa de suficiencia en la cara a juego con la expresión de Isabelle, con la cual chocó el puño mientras murmuraba un "mola".
-Estaba determinado -anunció Quirón- pero ha sido reconocida. Atenea -anunció con voz potente, sacando el arco que llevaba en la espalda y apoyándolo en el arenoso suelo mientras se arrodillaba de nuevo en señal de respeto.- Estratega por excelencia, guardiana de la civilización, patrona de las ciencias, defensora de la Justicia. Salve, Isabella Potter, legado de la Diosa de la Guerra y la Sabiduría.
-Un legado es un descendiente de un Dios a través de varias generaciones -explicó Quirón pacientemente. Uno pensaría que luchando contra demonios y sabiendo de la existencia de los ángeles, los chicos habrían estado más receptivos a la hora de aceptar la mitología griega como parte del mundo real, pero lo único que les había hecho escuchar fue la mirada de determinación de Robert cuando le recordó a Bella uno de los monstruos de los que la había salvado la primera vez que se vieron -quedaba tan lejano en el tiempo… parecía toda una vida.- Eres el primer legado que tenemos en el Campamento Mestizo, Bella. Felicidades.
Bella tragó saliva, pasándose una mano por la frente.
-¿Alguno de mis padres era descendiente de… los Dioses?
-Un momento -intervino Jace.- El Ángel Raziel existe, entonces, ¿sirve a los dioses griegos?
-Eso no tiene sentido -replicó Alec, cuya mirada no paraba de ir de Quirón a su padre y de su padre a Quirón.- Los Shadowhunters aparecemos por primera vez en la teología cristiana. Un momento, ¿existe Dios?
Quirón se llevó una mano a la barbilla,
-Bueno, veamos… -repuso Quirón.- Dios con D mayúscula, como una única entidad… En fin, eso es otra cuestión. No vamos a meternos en lo metafísico.
-¿Lo metaqué? -murmuró Isabelle, levantando ambas cejas con gesto desconcertado. Annabeth soltó una risita ante sus miradas de asombro.
Quirón se rió entre dientes, pero fue Robert quien respondió.
-Hay cosas mucho más allá de lo que conocéis ahora, muchachos. Quirón habla de dioses, en plural -un trueno retumbó a lo lejos y yo mismo no pude evitar un gesto de asombro. Emmett se asomó a la ventana, pero el cielo seguía totalmente despejado. Como si no fuera con él, Robert rodó los ojos y siguió hablando.- Bueno, Dioses. Son seres extraordinarios que controlan las fuerzas de la naturaleza y juegan un papel en el comportamiento humano. Se mueven con la civilización. Ahora mismo, el Monte Olimpo se encuentra sobre el Empire State.
Alec se había puesto ligeramente pálido. No podía culparle. Bella frunció el ceño.
-¿Por qué soy la primera legado que viene aquí? -Quirón se removió, incómodo.
-Los mestizos no suelen vivir mucho -intervino Annabeth, que hablaba con una sinceridad arrolladora.- La regla general es que los monstruos nos encuentren antes y acaben con nosotros. Por alguna razón, algún antepasado tuyo consiguió sobrevivir y su sangre ha llegado hasta ti.
Un pensamiento cruzó por la mente de Renesmee, y me giré hacia ella, sorprendido. Tenía una pequeña sonrisa en la cara, aunque me miró mordiéndose el labio y ojos brillantes, pidiendo silenciosamente que no dijera nada.
El tío Harry es su gemelo. Ambos comparten esa sangre. Se verán otra vez.
Su hipótesis tenía sentido, pero era casi demasiado buena para ser verdad. Sentí una pequeña punzada de esperanza. Quizá el hermano de Bella no estaría perdido para ella después de todo.
-¿Y qué tiene que ver la Diosa de la Sabiduría con manipular el agua? -inquirió entonces Jace, descruzando uno de sus brazos, que hasta ese momento habían permanecido apretados contra su pecho.
Cayó un espeso silencio en la mesa. La única que parecía haber reaccionado era Annabeth, que tenía los ojos abiertos como platos y abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua.
-El padre de Bella era un legado de Atenea -dijo Robert, sus ojos duros, como siempre.- Su madre… -hizo un gesto hacia Quirón, que suspiró profundamente antes de hablar.
-Su madre estaba relacionada con Poseidón -finalmente, Annabeth había cerrado la boca y escuchaba en silencio.- Poseidón rompió el Acuerdo que los Tres Grandes firmaron tras la Segunda Guerra Mundial, que básicamente fue una guerra entre los hijos de Zeus y Poseidón por un bando y los de Hades por otro.
Tragué saliva. No quería imaginar qué otros eventos horribles de nuestra historia estaban relacionados con las carnicerías de los Dioses o con encuentros con demonios.
-¿Ese trato… es el que juraron sobre el río Estige? -preguntó con un hilo de voz Isabelle.
Quirón asintió. Era obvio que los chicos habían prestado atención a sus palabras, si bien al principio eran reticentes de aceptarlas.
-El río Estige se toma en serio sus promesas… -la expresión de Quirón se enturbió y Annabeth agachó la cabeza.- Hace 15 años Zeus también rompió el Acuerdo. Su hija… Bueno, digamos que el que un Dios rompa una promesa lleva a sus hijos a un destino terrible.
Bella apretó los labios.
-¿Era Poseidón el padre de mi madre?
Quirón dudó.
-Bella…
-Sí -confirmó Robert, impasible, aunque sus ojos se suavizaron durante una fracción de segundo antes de volver a ser esos pozos azules insondables.
-Y eso llevó a su muerte -concluyó Bella. Isabelle movió la mano y tomó la de Bella, dándole un apretón.- ¿Y no es capaz de reconocerme? Me debe eso, al menos, ya que no protegió a mis padres en aquel accidente de coche. Cobarde.
Quirón miró nerviosamente al techo. Sorprendentemente, esta vez no hubo ningún trueno o sonido extraño, pero eso no impidió que moviera las patas, como si estuviese incómodo o temiese alguna reacción por parte de quien estuviera escuchando.
-Bella, no debes hablar así de los Dioses, ni utilizar sus nombres con tanta facilidad -le advirtió el Centauro con gesto y tono serio. Isabelle pareció a punto de responder, pero ante la mirada que le dirigió su padre suspiró, exasperada, mientras que Bella apretó la mandíbula y calló.
-Chicos, ¿y si vais con Annabeth para que os enseñe el Campamento? Tengo algo que hablar con Quirón.
Las palabras de Robert, aunque en tono de pregunta, dejaban a las claras que no eran una petición. A regañadientes, tras quedarse mirando a Robert unos segundos, que le devolvió la mirada impasible, Bella se levantó y siguió a los demás hacia afuera.
-¿Cuántos años tienes, Annabeth? -preguntó Alec en tono amistoso.
-Diez -respondió la chica mirando sobre su hombro.- Cumpliré 11 en julio.
-¿En julio? -inquirió Bella, repentinamente interesada.- En julio yo cumpliré 12.
-¿Qué día?
-El 31.
-Yo el 12.
-Así que compartís algo más aparte de vuestra ascendencia divina -comentó Jace y Bella le echó una mala mirada. Izzy le rodeó la cintura con un brazo y le hizo una mueca a Jace, que le devolvió una sonrisa socarrona.
-¿Y vosotros, Isabelle? -inquirió Annabeth.
-Yo tengo ya los 12. Tontí tienen 13 y 14.
-¡Eh! -exclamó Jace, ofendido.
-¿Y yo qué he hecho, Izzy? -inquirió Alec, levantando las manos al aire.
Isabelle les dio una dulce sonrisa.
-Lo siento, chicos, pero la tontería la lleváis de serie -Bella se rió entre dientes mientras que ambos chicos ponían los ojos en blanco. Annabeth parecía divertida con el intercambio.
Siguieron caminando y la niña rubia fue señalando cosas que aparecían por el camino, como los establos, donde se encontraban los caballos con alas -pegasos, los había llamado Annabeth, ante la mirada maravillada de los jóvenes Shadowhunters; el comedor, rodeado de mesas con números como los de las cabañas puestos encima y con un círculo de roca en el centro, el típico para realizar un fuego; el gimnasio; o los chavales que iban en canoa por el río que atravesaba el campamento.
-Ahora hay poca gente -señaló Annabeth.- Durante el año quedamos menos, en época estival suele estar más lleno.
Isabelle levantó una ceja.
-¿Tantos sois?
Annabeth le dedicó una sonrisa agria.
-Más de los que piensas, algunos muy famosos -Annabeth se paró frente a una cabaña de color gris, con columnas de estilo griego muy similares a las del Partenón de Atenas. La puerta era de otro tono de gris, algo más claro, con un gran número 6 en el capitel y un búho tallado sobre la madera. A través de las dos ventanas delanteras, a cuyos lados colgaban cortinas blancas, se podían ver decenas de papeles, pergaminos antiguos e instrumentos de medida desperdigados.- Bueno, aquí estamos. Mi cabaña.
Annabeth abrió la puerta y los chicos se pertrecharon en la entrada. En el interior, las literas estaban apretujadas contra las paredes y la mayor parte del espacio estaba ocupado por pupitres y mesas de trabajo. En la parte de atrás, se discernían dos salas. A la izquierda, una biblioteca llena de estanterías, con tantos libros y pergaminos que casi podía oír a Carlisle babeando, así como más sillas y mesas para estudiar y leer. A la derecha, un taller con bancos de trabajo y todo tipo de material de construcción tanto en las mesas, cubiertas de planos, como dentro de los tres armarios que había apoyados contra la pared, y llenos hasta los topes.
Colgados de la pared había todo tipo de planos, mapas de guerra, incluido uno de la guerra civil estadounidense que llamó de sobremanera la atención de Jasper, armaduras y modelos 3D de edificios y construcciones. Encima de todos ellos, rodeando la puerta, había varias fotos con fechas correspondientes a los últimos 6 años con una docena de chavales, algunos de los cuales iban cambiando, aunque Annabeth aparecía constante en las últimas 3. Todos tenían aspecto atlético y serio, con los ojos grises de Annabeth y el pelo color miel.
-Soy la única campista anual de la Cabaña 6 -explicó Annabeth al ver las miradas de sus acompañantes.- LLevo 3 años aquí -les enseñó entonces el collar de cuero que llevaba al cuello, con tres cuentas, dos de madera y una de hueso, cada una con un motivo dibujado.- Cada cuenta es otro año que conseguimos sobrevivir.
-Nosotros tenemos las cicatrices de las runas para eso -comentó Jace. La sonrisita de presunción y el tono de chulería era algo que no había cambiado desde que era un niño, y tenía la impresión de que no iba a hacerlo. Annabeth levantó ambas cejas en su dirección e Isabelle rodó los ojos.
-No le hagas ni caso.
Alguien tocó la puerta entonces, asomándose al interior de la cabaña. Era un chico alto, musculoso, con el pelo rubio de un tono arena, cortado muy corto. Tenía un rostro anguloso, con una cicatriz muy reciente en el lado derecho. Recorría media cara, desde la comisura del ojo hasta la mandíbula. A juzgar por la forma en que la piel se hundía ligeramente ahí, debía haber sido una herida profunda. Vestía una camiseta del campamento de media manga, pantalones vaqueros por debajo de la rodilla y zapatillas de deporte oscuras. Al cuello llevaba el mismo collar que Annabeth. Parecía unos años mayor que Alec.
-He oído que habían llegado unos misteriosos Shadowhunters, y quería comprobar por mí mismo que no era solo un rumor -le guiñó un ojo a Annabeth, cuyas mejillas se tiñeron de rosa ligeramente mientras le sonreía. Luego, miró hacia Alec y Jace, viendo que eran los mayores, y extendió la mano.- Soy Luke Castellan.
-Alec Lightwood -replicó Alec chocándole la mano- y mis hermanos: Jace, Isabelle y Bella.
Si a Bella le sorprendió que Alec la presentara como su hermana, no lo aparentó. En su lugar, estaba mirando a Luke con gesto de concentración, sin despegar la mirada de él.
-Luke es de los más mayores del campamento. Es hijo de Hermes -intervino Annabeth. Su tono era básicamente de adoración y mientras que Isabelle le regaló una sonrisa educada, Bella no pudo evitar una pequeña mueca. El rostro de Annabeth volvió a su estado normal y continuó.- Tiene 17 años, y ya ha ido en una misión.
Una sombra oscureció el rostro de Luke, que miró distraídamente hacia otro lado.
-Sí, bueno. Podría haber salido mejor -repuso, señalando la cicatriz en su mejilla. Annabeth calló entonces, pero Luke se rió, como si no le diera importancia. Sin embargo, Bella no era la única que se había quedado mirando al chico con lo que ahora identifiqué como sospecha en sus ojos. Jace parecía igual de desconfiado, y mi hermano Jasper entrecerró los ojos mientras le miraba. Alcé las cejas en su dirección, pero se limitó a negar con la cabeza, apretando los labios en una fina línea.
-Bella es un legado -anunció Annabeth. Esto pareció atraer la atención de Luke de nuevo, que giró la cabeza hacia Bella.
-¿Ah, sí? Interesante. Encantado, Bella -Luke extendió la mano, pero Bella se la quedó mirando con ojos entornados hasta que éste se aclaró la garganta incómodamente y la retiró.- Y bueno, ¿sabes de quien?
-Atenea -respondió Bella con brusquedad. Luke se sobresaltó y parpadeó.
-De… acuerdo -miró hacia Alec y Jace, éste último con una mano puesta en el hombro de Alec, como si le hubiera impedido intervenir.- Supongo que os quedaréis un par de días, ¿no? Podremos organizar un torneo de duelo, o de atrapar las bandera. No es peligroso, y ayudaremos a Bella en lo que podamos para que se habitúe a esto. Podéis confiar en mí.
Jace sonrió con presunción, pasando al lado de Luke y dándole con el hombro "accidentalmente" ante la confusa mirada de Annabeth y Alec, mientras Isabelle levantaba una ceja conforme Jace se acercó y rodeó los hombros de Bella con el brazo.
-No es recomendable luchar contra Shadowhunters, rubito -el tono de amenaza estaba ahí.- Sólo confíamos los unos en los otros. Y desde luego, no en ti.
Luke levantó las manos en gesto de rendición, y Annabeth parecía abatida por la respuesta que su amigo estaba recibiendo por parte de dos de los Cazadores, que tan bien habían respondido a ella.
-Facilis Descensus Averno -dijo Bella trabando sus ojos marrones con los de Luke. Me pareció que sus ojos azules se endurecieron un momento, aunque su rostro continuó siendo amable, salvo por un músculo de la barbilla que le tembló ligeramente al apretarla antes de relajarla. Para cualquiera habría pasado desapercibido, pero desde luego no para los ojos de un vampiro.
Alec e Isabelle miraban a Bella como si le hubiera salido otra cabeza, confusos por su comportamiento seco con el recién llegado, pero ella parecía estar guiándose por algo más profundo, un instinto, al igual que Jace.
-¿Eso es latín? -inquirió Luke, su tono de voz esta vez menos amigable y más subido. Mostró una sonrisa ladeada.- ¿Qué significa?
Jace le dedicó una enorme sonrisa, los ojos brillando peligrosamente.
-Significa que nos queda mejor el negro que a las viudas de nuestros enemigos -con eso, tomó a Bella del brazo y ambos salieron por la puerta, dejando a un Luke mirando al sitio donde segundos antes estaban los dos Shadowhunters, una Annabeth que salió tras ellos rápidamente y un Alec que se disculpaba profusamente mientras Isabelle entornaba los ojos hacia el recién llegado.
Alec no se dio cuenta de la sonrisa que le dio Luke a su hermana, que se estremeció, igual que nosotros, preguntándonos qué había en aquel chico que generase tal desasosiego.
Y aquí estamos.
En el tiempo, nos encontramos como año y medio antes de "El Ladrón del Rayo", meses después -más de medio año- de que Luke fracasase en su misión en el Jardín de las Hespérides.
¿Alguna idea de por qué Bella ha reaccionado de la forma en que lo ha hecho? Podeis decir, le habrá caído mal, pero creedme, hay más allá. Jace también ha reaccionado de forma similar. ¿Serán capaces de notar algo que el resto no? En esto tenéis algo de ventaja los que hayáis leído Percy Jackson.
En el siguiente, tendremos una conversación entre Annabeth y Bella, y un salto en el tiempo para encontrarnos con alguien que muchos lleváis tiempo esperando. ¿Alguna idea?
¡Espero vuestros comentarios, sugerencias, respuestas a las preguntas…! Como siempre, vamos.
Un abrazo,
Ceci.
