-¡Eh! ¡Esperad! -exclamó Annabeth siguiendo a Jace y Bella prácticamente corriendo, pero ambos la ignoraron, haciendo el camino de vuelta hacia la Casa Grande. Annabeth aceleró.- ¡Eh! -repitió, tomando la muñeca de Bella. Esta se desasió con brusquedad y se dio la vuelta hacia la chica rubia, que la miraba confusa.

-No me toques -dijo Bella con los dientes apretados. Jace puso una mano en su hombro y negó con la cabeza, y Bella tomó aire por la nariz y lo expulsó por la boca, tratando de relajarse. Estaba claramente alterada.- Lo siento, Annabeth. No es por ti.

La hija de Atenea sacudió la cabeza.

-¿Es por algo que ha dicho Luke? -inquirió. Parecía confusa y herida. Estaba claro que Luke significaba mucho para ella, y que aparentemente los Shadowhunters le habían causado una buena impresión.

Distraídamente me pregunté si siendo una niña tan pequeña no se sentía cola estando en aquel campamento todo el año con siempre las mismas personas para charlar, pero desterré aquel pensamiento. No quería perderme nada de la conversación.

-Annabeth, no te ofendas, pero hay algo... raro en ese chico -dijo Jace dándole una mirada seria.

-Luke... -A Annabeth le falló la voz. Su expresión era una de tristeza y enfado.- Vosotros no le conocéis. Ha pasado una época muy dura desde que volvió de la misión. No es el mismo aún, pero se está recuperando. Es un buen amigo, una buena persona.

Bella apretó la mandíbula.

-O eso crees tú -replicó con dureza, haciendo que la semidiosa se envarase.- No me da buena espina, Annabeth.

Jasper asintió a nuestro lado. Estaba claro que pensaba lo mismo. Le dirigí una mirada de soslayo y él me la devolvió, el tono de su iris más oscuro de lo que me esperaba y los ojos entrecerrados.

Hay algo en ese chico, Edward... no sabría decir qué. Pero Bella tiene razón. No es de fiar.

Asentí a sus pensamientos para que supiera que le había oído y devolví mi atención a la conversación a tiempo para escuchar a Annabeth. La hija de Atenea parecía enfadada.

-¿Y cómo sabes que tu instinto está en lo cierto? -replicó la chica con voz acerada.- ¡No le conoces! Pero ya te cae mal. ¿Qué te da derecho a tratarle así? -Bella se encogió, y, aunque seguía sin poder oír lo que pensaba, no necesitaba mis habilidades telepáticas para saber que probablemente se habría acordado de los primeros días con Isabelle.

Bella respiró hondo una vez más y Jace suspiró. Ambos se miraron a los ojos durante un minuto que se nos hizo interminable. Finalmente, Bella cerró los ojos y relajó los hombros.

-Yo... Puede… puede que tengas razón -concedió con un hilo de voz, casi a regañadientes.

-Nos comportaremos, cerebrito - añadió Jace, y Annabeth sonrió ligeramente.- Pero eso no significa que vaya a caernos bien.

La rubia asintió y se dio la vuelta, echando a correr hacia la cabaña. Jace miró a Bella de nuevo, ojos azul y castaño frente a unos orbes color chocolate. Ambos parecían estar pensando lo mismo.

-No quiero verte con él a solas -indicó el Cazador de Sombras.- Da igual lo que ocurra.

Bella resopló.

-Tranquilo, Jace -replicó.- No tienes que preocuparte por eso.

Con ello, ambos siguieron el sendero que había hecho Annabeth, aunque ellos mucho más despacio. Tampoco podía culparles -yo tampoco tendría ganas de volver con Luke.


-Cuando eras pequeña, te diagnosticaron THDA -aseveró Annabeth con una confianza pasmosa.

Carlisle inclinó la cabeza. Nunca había pensado que Bella tuviese trastorno hiperactivo con déficit de atención, pero ahora su mente señalaba cosas que antes le pasaron desapercibidas, como la impulsividad de mi esposa (cuando se escapó de la vigilancia de Alice y Jasper y fue a encontrarse con James -reprimí un escalofrío; cuando se tiró del acantilado -aunque viendo lo que podía hacer con el agua, casi era un alivio que hubiese caído en el mar y no en las rocas; cuando se escapó, de nuevo, de la vista de Alice para irse en moto con Jacob a la Push para ver a la manada…) o sus dificultades para concentrarse en cálculo, si bien sus ávidos ojos conseguían fijarse en detalles que otros no podían. Esto no era muy propio del THDA, pero Carlisle se preguntaba si podía verse influenciado por su entrenamiento como Shadowhunter.

Viendo lo concentrado que estaba en él, me dio una media sonrisa.

¿La mente sobre la materia? inquirió, y yo no pude menos que reírme entre dientes.

Bella frunció el ceño.

-¿Cómo… ?

-Tiene que ver con la sangre divina -replicó la niña rubia.- No puedes estarte quieta porque son tus reflejos para la lucha. Lo que te mantendría viva en una lucha real.

-Lo que le ha mantenido viva -señaló Isabelle, y Annabeth levantó una ceja.- Somos Shadowhunters. Hemos luchado antes -la boca de Annabeth se abrió en una perfecta "o" durante un segundo antes de volver a cerrarse.

-¿Tienes también dislexia? -inquirió Annabeth.

Bella se frotó el brazo, incómoda. Jace, que no pareció notarlo, resopló.

-¿Ella? ¡Devora los libros! ¿Verdad, Bella? -miró a la castaña, cuyo rostro estaba ruborizado mientras fijaba la mirada en el suelo. Jace parecía confundido por su reacción.- ¿Bella?

-Mi tutora de primaria pensaba que tenía algo de dislexia -dijo Bella con un hilo de voz.- Tenía dificultades para leer; las sigo teniendo, aunque he ido mejorando. Con los números me sigue pasando -reconoció, añadiendo a esto último una mueca.- Es como si se levantasen del papel…

-Y se liaran en tu cabeza -completó Annabeth.

-¿A ti también te ocurre? -preguntó Bella tímidamente. Annabeth le sonrió empáticamente, asintiendo, y Bella pareció relajarse.

-Se debe a que nuestros cerebros están codificados para leer griego antiguo.

Esta vez fue Alec el que pareció asombrado, soltando un bajo silbido.

-Wow, Bella -exclamó.- Otro idioma que añadir a la lista.

Annabeth alzó las cejas y yo mismo me mostré sobremanera interesado.

-¿Otro?

Isabelle se rió entre dientes.

-Esta cerebrito sabe inglés, como es obvio, italiano, latín y, por lo visto, griego antiguo.

Annabeth parecía impresionada.

Esme sonrió, recordando brevemente cuando conoció a su hija más joven. La mirada de asombro de Bella, deleitándose con la espaciosa casa en Forks; Emmett saludando a Bella con una gran sonrisa en el rostro y agitando el cuchillo con el que había estado cortando la verdura de la ensalada que le estaba preparando junto a Rosalie; Carlisle sonriendo abiertamente a la recién llegada; y ella misma sonriendo a Bella, presentándose con un breve abrazo y un beso en la mejilla. Cómo le comentó a Bella que le estaban preparando algo italiano, ante lo cual Bella había saludado con un casi perfecto acento. Podía oír su voz en la mente de Esme, así como la respuesta de mi madre.

"Buongiorno"

"Molto bene!"

-Todos los shadowhunters aprenden idiomas -añadió Bella, pasándose una mano por la parte de atrás del cuello y ruborizándose ligeramente. Seguía sin gustarle ser el centro de atención.- Jace habla fluidamente rumano y latín, tiene un francés bastante bueno y un italiano pasable -eso último hizo que Jace hiciera una mueca, aunque sus dos hermanos se echaron a reír- y habla un par de lenguas demoníacas.

-Como cuatro, pero, ¿quién las cuenta? -señaló mirándose las uñas de forma distraída. Los otros 3 cazadores rodaron los ojos.

-Tanto Izzy como yo hablamos francés y español perfectamente -intervino Alec, optando por ignorar a Jace.- Nuestro nivel de latín está un poco por debajo del de Bella y Jace, pero aún así es alto. Y me sé defender bastante bien en alemán.

-Y yo estoy aprendiendo chino -añadió Isabelle con una sonrisa.

Los ojos de Annabeth brillaron.

-Impresionante -comentó con gesto de aprobación. Un sonido grave reverberó en el Campamento y la chica les hizo un gesto con la mano, indicando que aligerasen.- ¡Vamos!

Los campistas se habían reunido en un círculo en torno al centauro, Quirón. No había muchos, la mayor parte eran chavales que parecía que acababan de llegar al Campamento, ya que seguían a Luke como pollo sin cabeza -eran 6 o 7. Había 4 campistas más altos que los demás, con rostros rudos. Tres de ellos eran chicos, la cuarta, situada al frente, una muchacha mayor que Bella, unos 12 años, como Isabelle, pero era más grande, corpulenta. Tenía el cabello castaño claro greñudo, piel clara y ojos marrones. El aspecto de sus rasgos era feroz. Encima de la camiseta del Campamento Mestizo llevaba una chaqueta de camuflaje. Dirigió una sonrisa casi malvada en dirección a Bella y ésta se estremeció, lo que se ganó un coro de gruñidos de nuestra parte. Annabeth vio el intercambio y suspiró.

-Esa es Clarisse La Rue. Es hija de Ares. Los otros 3 son hermanos suyos.

Alec volvió la cabeza hacia la rubia tan rápido que pensé que iba a lesionarse el cuello.

-¿Ares, el Dios de la Guerra?

-Ese mismo.

-Eso explica la pinta de motera lunática -comentó Jace, con una sonrisa igualmente feroz en el rostro.

Annabeth siguió señalando campistas.

-Esos tres son de la cabaña de Apolo, y ese par -dijo, redirigiendo las agudas miradas de los cazadores de sombras hacia un par de chicos que tendrían la edad de Clarisse, de cara regordeta, rubios y nariz roja, lo que resaltaban eran sus ojos, de color violeta- son los gemelos Cástor y Pólux, hijos de Dioniso. Esa chica es hija de Afrodita, y las dos que están a su lado son hijas de Deméter.

-¿Aquí no os aburrís, verdad? -inquirió Alec mientras Jace guiñaba un ojo en dirección de las 3 últimas campistas, que prácticamente se deshicieron en un coro de risas tontas. Isabelle y Bella pusieron los ojos en blanco en absoluta sincronía ante el comportamiento del chico Wayland.

Annabeth negó con una sonrisa.

-No hay hijos de Hefesto anuales -añadió de forma casual.- Sólo somos nosotros. En verano triplicamos el número.

-¿Y qué vamos a hacer? -preguntó Bella, la curiosidad brillando en sus ojos color chocolate.

-Atrapar la bandera -respondió Luke, que se había acercado a ellos. De inmediato, Bella y Jace se envararon. Luke hizo como si nada y saludó a cada uno por su nombre con un movimiento de cabeza.- Ya se han hecho los equipos. Hermes y Ares contra Deméter, Afrodita, Atenea, Dioniso, Apolo y nuestros invitados Shadowhunters.

-¿Doce contra trece? -Isabelle alzó ambas cejas. Luke sonrió, haciendo girar una espada de color bronce en la mano.

-Hemos decidido daros algo de ventaja, por ser invitados y porque Bella es nueva -admitió el hijo de Hermes.

-Oh.

Los cuatro Cazadores se miraron entre sí y de repente estallaron en carcajadas que sobresaltaron a los campistas. Tanto Annabeth como Luke parecían perplejos por su reacción, e incluso Quirón se acercó a ellos debido al estruendo.

-¿Ocurre algo, muchachos? -sus cascos rozaron la tierra, en un compás suave que pareció llamar la atención de los Shadowhunters.

-Quirón, no te lo tomes a mal -empezó Alec, tratando, sin éxito, de que no le temblaran las comisuras de los labios por las risas contenidas- pero deberías reducir el número de nuestro equipo si quieres que el juego sea un poco más equilibrado.

Emmett sonrió, mostrando los dientes en un gesto fiero.

-Esto promete.

Jasper le devolvió el gesto igualmente emocionado, dándole una palmada en la espalda.

-Tú lo has dicho, hermano.

Esta vez fue Quirón quien no pudo evitar una carcajada.

-¿Tanta confianza tienes en tus hermanos, joven Alexander?

-No es confianza -replicó Alec, su gesto decidido mientras le chocaba el puño a Jace.- Es certeza.

-Así se habla, hermano -convino Jace.

Quirón se encogió de hombros y levantó las manos a un tiempo en un gesto de indefensión.

-Así sea. ¡Cambio de planes, héroes! -exclamó el centauro dirigiéndose a todos los presentes tras volver al centro del círculo, junto a la hoguera y sobre losas de mármol blanco. Las edades variaban, desde los 10 años de Annabeth hasta los 17 de Luke, pasando por todas las edades intermedias.

-Son solo niños… -murmuró mi madre. Jasper le envió una oleada de calma y ella le devolvió una débil sonrisa.

Garrett no parecía haberse inmutado de ese intercambio. Estaba más pendiente de cerrar una porra de apuestas con Emmett.

-Colega, 50 pavos a que pierden los Cazadores.

Emmett rodó los ojos.

-¡Por favor! ¿Has visto los movimientos de Alec y Jace? ¿De Izzy? ¡Demonios, de Bella! -negó con la cabeza.- Te apuesto 100 a que les destrozan.

Rosalie resopló.

-Méteme a mí también -le pidió a su marido.- 100 por Bella.

-Supongo que tendré que apoyar a mi hombre -comentó Kate, haciéndole un gesto a Emmett para que la contara a ella también.- Voy con los chicos de Hermes.

-Yo también -saltó Tanya, mordiéndose suavemente el labio inferior.- Ese Luke está para comérselo -casi ronroneó.

No pude evitar poner los ojos en blanco.

-¡200 por Bella! -añadió rápidamente Alice. Mi madre la miró escandalizada.

-¡Alice!

La susodicha se encogió de hombros.

-¿¡Qué!? Solo trato de apoyar a mi hermana pequeña, mamá.

Rodé los ojos. Idiotas.

-Por petición de nuestros invitados, será Hermes, Ares, Deméter y Dioniso contra Afrodita, Atenea, Apolo y los Cazadores -Quirón coceó el mármol, consiguiendo el silencio. A un lado, observaba Robert Lightwood, junto a un hombre pequeño y gordo. Tenía la nariz enrojecida y ojos acuosos, así como pelo ensortijado negro azabache. Llevaba una camisa hawaiana con flores de colores muy vívidos y tenía pinta de que preferiría estar en cualquier sitio menos allí.- Repitamos las reglas para nuestros recién llegados. Vale todo el bosque. El arroyo es el límite. La bandera debe estar claramente expuesta y no tener más de dos guardas. No se permite matar ni mutilar.

-Siempre hay alguien que nos quita la diversión -murmuró Isabelle por lo bajo, ganándose un par de risitas entre sus hermanos y Bella.

-Están permitidos todo tipo de artilugios mágicos, pero no usar vuestros poderes -hubo una serie de gemidos y quejas que Quirón acalló levantando el brazo.- No admito discusión. Los Shadowhunters tienen sus estelas, vosotros todo tipo de armas de la Casa Grande. No sería justo. Os recuerdo que los prisioneros pueden ser desarmados, pero no atados ni amordazados, y bajo ningún concepto -esto último lo dijo muy serio, señalando al grupo de los hijos de Ares con la mirada- torturados.

Clarisse hizo una mueca y uno de sus hermanos se cruzó de brazos, enfurruñándose como si acabaran de quitarle su juguete favorito.

-Yo haré de árbitro y de médico de emergencias. ¡Armaos y resplegaos a vuestro campo!

Y con eso Quirón, apagó las llamas.


Decir que estábamos asombrados sería un eufemismo. Aunque dos de los campistas de la cabaña de Apolo y la hija de Afrodita eran mayores que ella, dejaron la estrategia a Annabeth. Al parecer, ser la hija de la Diosa de la Sabiduría te daba ciertas ventajas en estrategia de batalla. Así que, apoyándose en Alec, organizaron un plan consistente en derribar a las fuerzas mayores del equipo contrario primero y confundir al resto hasta la extenuación. Los guardias de la bandera fueron declarados la chica de Afrodita y un chaval de Apolo, el mayor de los 3, que debía tener la edad de Alec, de piel bronceada, rubio y ojos oscuros, con un carcaj al hombro. En segunda instancia se situarían sus dos hermanos, con Alec a la cabeza, el arco preparado en la mano y unos cuantos metros por delante, vigilando la retaguardia del equipo que iba a atacar: el grupo de expedición que lideraría la búsqueda de la bandera estaría compuesto por Jace, Bella, Isabelle y Annabeth.

Si al principio había tenido mis reticencias con ver a Bella en primera línea, ahora estaba hipnotizado con el espectáculo que se desarrollaba ante mis ojos.

Los primeros en caer habían sido los hijos de Ares, incluida Clarisse; Jace les había destrozado con su espada serafín, dejándolos KO en cuestión de minutos, mientras que Isabelle había utilizado su habilidad con los látigos para dejar a Clarisse en un lío de cuerdas del que no se escaparía fácilmente, aunque técnicamente no estaba atada.

Los chavales de Dioniso eran sorprendentemente buenos atletas. Pólux cargó contra Jace, mientras que Cástor se encontró frente a frente con Bella, Isabelle y Annabeth. Las tres eran pequeñas y rápidas, lo que les daba ventaja frente a alguien más corpulento que ellas. Hacían fintas, se movían con rapidez y dejaban al pobre chico mareado. Tras llevarse un buen golpe de Annabeth, que le atizó con el pomo de la espada en las costillas, justo en la abertura de la armadura, Cástor se volvió furioso hacia ella y lanzó un tajo con la espada que Annabeth apenas fue capaz de parar a centímetros de su cara.

-¡Izzy, ahora! -gritó Bella. Isabelle sonrió, metiéndose entre las piernas de Cástor y girando sobre su espalda, dándole sendas patadas en las rodillas, lo que le hizo ceder hacia el suelo. Annabeth se puso blanca al notar cómo el chico dejaba caer más peso en su espada, mareado, y dirigió a Bella una mirada de pánico al ver que se alejaba unos pasos. Sin tiempo para que reaccionase, Bella volvió sobre sus huellas a un ritmo mucho mayor, se apoyó en Izzy, que la impulsó contra el árbol y vi como mi pequeño ángel apoyaba con fuerza los pies contra el árbol dándose el impulso suficiente para pasar por encima de Cástor, que seguía arrodillado, y golpear su cabeza con la parte plana de la espada nefilim como si fuera un bate de baseball.

Incluso Emmett se estremeció ante el sonido que hizo el casco, repiqueteando metal con metal y luego contra el cráneo. Al chico se le pusieron los ojos en blanco y cayó hacia un lado, completamente noqueado. Todo eso había ocurrido en un lapso de un par de minutos.

Garrett tragó ponzoña con fuerza.

-¿Estoy a tiempo de cambiar mi apuesta?

-Esas son mis hermanas -dijo Jace con una sonrisa, apoyando un codo en la la espada de Pólux, que estaba inconsciente en el suelo con una gran mancha de sangre en la cara.

Annabeth frunció el ceño.

-¿Qué has… ?

Jace rodó los ojos.

-Sólo le he roto la nariz, tranquila -respondió con toda la tranquilidad del mundo.- Con el pomo de su propia espada, además.

Annabeth levantó las cejas, pero no dijo nada más al respecto, y los cuatro chicos siguieron andando unos metros hasta que se oyó el crujido de una rama.

-¡Cuidado! -exclamó Jace, tirándose al suelo y llevando a las chicas por delante. Una daga acababa de clavarse en el árbol a la altura donde un minuto antes estaba Bella.

-¡No se permite matar! -recordó Annabeth, enfadada con quien fuese, levantándose del suelo. Las otras dos chicas la siguieron y de nuevo algo vino volando, cortando a Bella en el brazo. Parecía una cuchilla de mariposa, y tras el tajo volvió por donde había venido.

-¿Estás bien? -preguntó Isabelle, a lo que Bella asintió con una mueca al ver la sangre aflorar.

-Es sólo… el olor.

Isabelle asintió con gesto de comprensión.

-Lo sé.

-¡Esa es mi hermana pequeña, capullos! -gritó Jace, sus ojos brillando brevemente en el tono dorado que solía indicar peligro.

-¿Quién anda ahí? -demandó Annabeth, la daga en ristre, esperando movimiento. La oscuridad del bosque se movió detrás de ella y soltó un gritito ahogado al darse la vuelta y encontrarse con un campista de Hermes, pero no llegaron lejos: una flecha atravesó la tela del cuello de su camisa, estampándole contra un árbol.

Jace dio un grito de júbilo.

-¡WO-HO! ¡ASÍ SE HACE, ALEC! -y ahí estaba el mayor de los Lightwood, en lo alto de uno de los árboles, disparando flecha tras flecha a los hijos de Hermes, atrapándoles por sus ropas.

-¡Dispersaos, dispersaos! -exclamó uno de ellos, tratando de esquivar como podía la tormenta de flechas que el Shadowhunter había descargado sobre ellos.

-¡Corred! -indicó Jace, sacando uno de los cuchillos serafines y murmurando "Gabriel". El cuchillo vibró y prácticamente volvió a la vida en su mano, la hoja reluciente chocando contra la espada de uno de los atacantes, dando un estoque en la parte de abajo para verla salir volando y propinando una patada en las tripas al recién desarmado.

No tuvo que decirlo dos veces. Bella, Isabelle y Annabeth salieron pitando, corriendo a la par que esquivaban una especie de boleadoras que las campista de Deméter trataban de usar contra ellas. Isabelle tomó una y la devolvió con tanta fuerza que consiguió tirar a una de las semidiosas al suelo de manera fulminante. Pude oír el aire saliendo con fuerza de sus pulmones tras el golpe en el pecho. La otra chica paró para ayudar a su hermana tras un grito ahogado -"¡Betty!"- dejando de lado la lucha, que estaba claro que no le interesaba demasiado y Bella corrió hasta el claro que tenían delante.

-¿Dónde… dónde está… Annabeth? -preguntó Bella tratando de recuperar el aliento. Isabelle miró alrededor suyo, pero la joven semidiosa rubia no estaba por ninguna parte. Lo que sí estaba era una bandera azul con el símbolo del Hermes -un cadúceo- en plateado. Y flanqueándola, Luke y uno de sus medio hermanos, un chico de unos 14 años que compartía el mismo pelo que Luke, ambos espada en mano.

Al instante, Bella e Isabelle estaban hombro con hombro, en guardia. Isabelle tenía dos dagas, una en cada mano, finas y largas, mientras que Bella seguía aferrándose a su espada.

Hubo un minuto de denso silencio, hasta que Luke sonrió, moviendo su espada.

-¿Y bien? ¿A qué estamos esperando?

Como si hubiera dado una señal, se enzarzaron dos a dos: Izzy y Luke, y el otro campista y Bella. Tenía que reconocer que Luke era un espadachín sorprendentemente bueno, pero Isabelle bloqueaba todos sus ataques con maestría.

Por su parte, Bella lo estaba teniendo un poco más complicado con su contrincante. El chico era más alto, tenía más músculo, era mayor que ella y tenía más experiencia. Pero Bella no se rendía. Se movía rápida, de un lado para otro, bloqueando cada golpe que mandaba su adversario. En un movimiento rápido, la fuerza del golpe hizo que Bella perdiera la espada, que salió volando. El chico sonrió, dejando la espada a 3 dedos del pecho de Bella, que estaba descubierto -más allá de su uniforme de Cazadora.

-¿Y ahora qué? -comentó el muchacho con bravuconería. Bella apretó los dientes. El chaval parecía muy orgulloso de sí mismo hasta que la expresión de Bella cambió al oír el grito de Isabelle.

-¡IZZY!- Luke le había hecho un corte en la pierna derecha, se podía ver la sangre de un tajo que le recorría el muslo hasta la rodilla.

El rostro de Bella se llenó de furia y el pobre chico no pudo reaccionar: Bella tomó la hoja de la espada entre las manos por la parte plana, dando un rodillazo en la base de la empuñadura. De inmediato, el hijo de Hermes soltó la espada y Bella utilizó su agarre delantero para emplearla de mazo, dándole con la cruceta en el mentón con tanta fuerza que al chaval se le saltó un diente antes de caer al suelo, incapaz de erguir la cabeza.

-¡ASÍ SE HACE, BELLA! -coreó Rose, con una mirada de orgullo en el rostro. Tenía el rostro ensanchado en una gran sonrisa.

Ojalá pudiera sentir lo mismo. Tenía la mandíbula tan desencajada que sería un milagro que no me tragase una mosca. Al menos hacía reír a Renesmee, que ahora estaba en brazos de Esme, soltando risitas alternando entre mi cara y la de Carlisle, cuyos ojos brillaban con una emoción indescriptible, permitiendo que su cerebro se empapase con todo aquel nuevo conocimiento.

Bella se volvió sobre sus talones y miró a Luke con furia. Isabelle apenas podía contenerle, sujetando la espada del chico entre sus dos cuchillos en una cruz inestable.

-¡NO LA TOQUES! -gruñó Bella, aunque quizá bramó sería más exacto. Detrás de ellos, la bandera se levantó en el aire, sola, y Annabeth reapareció con una enorme sonrisa sujetándola con una mano mientras en la otra portaba una gorra azul de los New York Yankees.

Sin embargo, su sonrisa se desvaneció casi de inmediato.

-¡Bella, no!

Pero ya era tarde. Una gran masa de agua venía como una bala desde el fondo del bosque, donde estaba el arroyo, y se estampó contra Luke, mandándole contra un árbol. Se oyó un chasquido que hizo que todos nos estremeciéramos y Luke se retorció agarrándose el hombro.

Respirando rápidamente, Bella se dirigió corriendo hacia Isabelle, que la miraba maravillada. El resto de campistas empezaron a llenar el claro, incluido Quirón, que miraba entre Luke, empapado, Bella y Annabeth, bandera en mano.

-No debiste hacer eso.

-Eres mi parabatai -fue toda la respuesta que le dio, dejándose caer de rodillas a su lado y sacando su estela, que Isabelle tomó con una sonrisa, dibujando cerca de la herida una runa de curación.

-¡Hemos ganado! -exclamó uno de los chicos de Apolo chocando la mano a la hija de Afrodita, que estaba radiante. No parecían acostumbrados a ganar.

-¡De eso nada! -rugió Clarisse, aún eliminando restos de las cuerdas que seguían enredadas en torno a su torso y el cabello y que Isabelle había empleado para retrasarla.- ¡Ha utilizado sus poderes! ¡Ganamos nosotros!

Jace miró a Quirón, escandalizado.

-¡Eso no es justo! ¡Bella ha reaccionado porque ha atacado a Izzy! -prácticamente gritó, pero Alec puso una mano en su hombro y negó con la cabeza.

-Siguen teniendo razón, Jace -le dijo a su futuro socio.- Las normas son las normas.

-¡Oh, venga ya! -se quejó Emmett, mientras que Tanya dijo sin emitir sonido "PAGA", moviendo los labios. Alice hizo un mohín, enfurruñada.

Quirón suspiró. Annabeth dejó caer los hombros.

-Annabeth, querida, trae la bandera -le pidió el centauro. Luego miró a Bella e Isabelle, que acababan de ponerse en pie.- Efectivamente, no podían usarse poderes, por lo que declaro que el equipo de Hermes-

-¡Espera! Quirón… -Luke también se había puesto en pie, agarrándose el hombro con una mueca de dolor. Negó con la cabeza.- Cogieron la bandera antes. Antes de que Bella usase sus poderes… Han ganado limpiamente.

Hizo un gesto al guardia que había derrotado Bella, que estaba despatarrado en el suelo, aún grogui. Jace le miró entrecerrando los ojos y con cierto respeto por aquel noble gesto. Bella tampoco parecía creerse lo que acababa de decir. Y no era la única.

-¿¡PERO QUÉ DICES, LUKE!? -chirrió Clarisse. Tenía cara de querer matarle. Quizá lo haría.

-¿Es eso cierto, Annabeth? -inquirió Quirón mirando a la semidiosa rubia. Ésta vaciló un momento antes de responder.

-Sí, señor. Ya había cogido la bandera cuando Bella… bueno, cuando golpeó a Luke con el agua -Quirón sonrió.

-Entonces, no hay mucho más que añadir. Sus cascos repiquetearon en el suelo cuando hizo sonar la caracola.- ¡Los Cazadores ganan!

-¡Sí! -exclamó Emmett, dando puñetazos al aire.

Jasper sonrió con presunción.

-Parece que esta vez no has escogido el bando ganador, Garrett -el vampiro inglés rodó los ojos, aunque su expresión se suavizó cuando Kate le dio un beso en la mejilla como premio de consolación.

-Te toca pagaaaar -canturreó Alice en dirección a Tanya, la cual imitó al compañero de su hermana, poniendo los ojos en blanco.

-Ya ya -gruñó, murmurando algo más por lo bajini que no alcancé a escuchar.

Renesmee sonrió y aplaudió feliz desde los brazos de mi madre, que aún parecía al borde de un ataque al corazón -como si eso fuera posible. Jacob simplemente me dio una palmada en el hombro.

-Esa es nuestra chica, ¿eh?

Esas palabras en otro momento me habrían hecho querer arrancarle la garganta, pero sus pensamientos no eran más que orgullosos y con un tinte fraterno que estaba ahí desde que había visto por primera vez a Renesmee. Ya no éramos competidores, sino el marido y mejor amigo de una mujer sensacional, y que ya lo era desde niña. No pude menos que estar de acuerdo.

Bella, Isabelle y Annabeth se abrazaban con fuerza, ondeando la bandera azul del equipo contrario, y noté la sonrisa incluso antes de que se manifestara en mi rostro. Bella era feliz, y eso era lo único que importaba.


-Este sitio siempre está igual -comentó Jace de forma distraída mientras andaban entre las cabañas. El sol brillaba en mitad del cielo, de color azul claro. A su lado, como siempre, estaba Alec. No se habían separado desde que esa primavera habían recibido su runa parabatai, en una espectacular ceremonia.

Ceremonia para la que ahora se preparaban Izzy y Bella. Bella acababa de cumplir 12 años, hacía apenas un par de semanas. Se encontraban a mediados de agosto. Aunque habían vuelto a lo largo del año en visitas puntuales al Campamento, esa era la primera vez en todo el verano que aparecían por allí. Antes de eso habían visitado Idris, donde habían estado con Max y comunicado a Maryse la intención de ambas chicas de unirse bajo el vínculo parabatai, a lo cual había dado su bendición con cierta reticencia.

Por su parte, Isabelle ya había llegado a los 13, y Jace a los 14. Alec haría en un mes sus 15. Habían crecido mucho desde aquel primer día en el Instituto. Bella, en concreto, no se parecía en nada a la niña asustada y esmirriada que había llegado a New York desde Inglaterra, salvo por el acento británico que de vez en cuando se le escapaba y que quedaba muy gracioso mezclado con el neoyorquino. Desde la última vez que había estado en el Campamento había ganado aún más músculo, con el rostro más lleno, más parecido a cuando la conocí. También era casi una cabeza más alta, y llevaba el pelo recogido en una coleta alta.

-¡Annabeth! -exclamó Isabelle al ver una familiar mata de pelo dorado ondulado. La niña se dio la vuelta y saludó con energía a sus amigos, abrazando a Isabelle y saludando efusivamente a Jace y Alec. Por alguna razón, Bella se había quedado atrás, paralizada, con los ojos fijos en la persona con la que Annabeth parecía haber estado hablando.

Siguiendo su mirada, yo también sentí atorarse el aire en mi garganta.

Tenía razón, papi. Me dijo Renesmee en sus pensamientos. Pero yo no podía reaccionar.

Delante de Bella, habiéndose quedado igualmente estático, había un chico de su edad. Estaba escuchimizado -aunque no tanto como Bella cuando Bella había llegado al instituto- y era más alto que la última vez que le vimos. Pero aún así pude reconocerle -pelo negro azabache y ojos verde brillante, como los mares del Caribe, ocultos parcialmente tras unas gafas redondas de metal- y Bella también.

-¿Harry… ?

Y HASTA AQUÍ LLEGAMOS.

Gente, si queréis que suba rápido, ya podéis dejar reviews, porque en unos días me voy de vacaciones (YAY!) y las posibilidades de poder escribir mientras estoy fuera disminuyen. En parte por esa razón os dejo un artículo más largo que de lo habitual.

Bella gana y pierde a la vez el juego de capturar la bandera, las chicas se han hecho amigas de Annabeth, los Cazadores parecen tener cierto respeto por Luke y… ¡HARRY ACABA DE LLEGAR!

Decidme qué os parece.

Nos leemos. Un abrazo,

Ceci