Aunque le había costado una pelea con Robert, el apoyo de Alec, Jace e Isabelle y que Quirón intercediera, Bella había conseguido quedarse en el Campamento Mestizo unos días con Harry. Los jóvenes Shadowhunters también habían permanecido allí, negándose a dejar a Bella, aunque Harry no parecía demasiado feliz con esto último.

Aunque la mayoría del tiempo ambos habían aprovechado para pasar tiempo juntos y hablar y contarse todo de la vida del otro, una de las condiciones para que los Cazadores pudieran quedarse era el entrenamiento, que no debían dejar de lado. Si bien Bella había sido un espectáculo digno de ver la primera vez que tuvo una espada entre las manos, no cabía duda de que Harry era mucho peor. Al parecer, ni siquiera el entrenamiento intensivo con Luke en esos dos meses había dado resultado para que pudiese al menos mantener el arma en sus manos, para el inmenso regocijo de Alec, que parecía disfrutar con aquello pese a las miradas envenenadas que los hermanos Potter le enviaban.

En ese tiempo Bella se las había arreglado para tener de nuevo un par de discusiones con Annabeth por su actitud con Luke, el cual decía no darle importancia a la situación y al que Bella parecía tragar cada vez menos. La amistad entre Isabelle, Bella y Annabeth era cada día más clara, pero estaba claro que la relación entre su pariente lejana y su gran amigo era una constante espina en el costado de la hija de Atenea.

El día que Harry y Bella se despidieron, hubo muchas lágrimas, tanto en la escena en sí como entre los espectadores que les observábamos.

-Se me ha hecho muy corto -gimió Bella sorbiéndose la nariz. Harry asintió con la cabeza en el hueco del cuello de su hermana, simplemente aferrándose con fuerza, como si no quisiera dejarla ir nunca.

-Te escribiré -prometió Harry, separándose de ella. Los ojos le brillaban con las lágrimas aún no derramadas.

Por nuestra parte, Tanya y Kate se cogieron de la mano, esta última apoyando la frente en la sien de la primera y tragando con fuerza ante la idea de que tuvieran que separarse. Primero, habían perdido a su madre, y ahora, a su hermana, Irina. Ahora solo se tenían la una a la otra y la posibilidad de perder lo poco que les quedaba de sus años más tempranos de vida les causaba un miedo aterrador.

Bella soltó un quejido entre hipidos antes de levantar la mano derecha y extender el meñique. La inocencia del gesto me hizo sonreír al mismo tiempo que Harry.

-¿Me lo prometes?

-Te lo prometo -dijo el pelinegro rodeando el meñique de su hermana con el suyo propio.

-¿Eso es algún tipo de ritual mágico? -oí murmurar a Jace hacia Alec e Isabelle, que miraban la escena entre curiosos y perplejos.

Detrás de ellos, Quirón había permanecido esperando pacientemente junto al árbol de Thalia, mirando la escena hasta que, sin previo aviso, levantó los ojos hacia un punto cercano. Hubo un "¡POP!" y donde no había nada de repente había aparecido un hombre de cabello castaño oscuro con alguna cana entre los rizos y un espeso bigote.

-¡Abuelo! -exclamó Renesmee con alegría al ver a Charlie.

Con unos años más que la última vez que le habíamos visto pero unos años más joven que en la actualidad, Charlie seguía siendo imponente. En esta ocasión, vestía una cazadora de cuero marrón oscuro y vaqueros, de cuya hebilla colgaba una placa de Policía. Debajo de la chaqueta llevaba una especie de túnica corta, a juzgar por el corte y la textura, mezclada con lo que sería un chaquetón militar, arremetida en el pantalón y con un extraño símbolo constituido por varias líneas cruzadas a la altura del pecho. Llevaba la varita en la mano, que guardó en un bolsillo interior en cuanto recorrió con la mirada su alrededor.

Charlie avanzó hasta pararse a un par de metros de la entrada, mirando sin ver hacia delante, pues sus ojos no se enfocaban.

-Hola, Quirón -saludó Charlie con voz tranquila. El centauro se rió entre dientes y golpeó el suelo con el báculo. Hubo un ligero temblor en el aire y Charlie desplegó una enorme sonrisa al tiempo que Quirón le devolvía el saludo -"Hola, Charlie"- pero que se desvaneció al vislumbrar a Bella, tragando con fuerza.

-¡Tío Charlie! -exclamó Harry con entusiasmo.

Con una punzada de dolor, me di cuenta de que Harry no las tenía todas consigo respecto a si Charlie iba a volver o no. Después de todo, el resto de sus familiares no eran precisamente de fiar. Quizá por eso la alegría en su voz era aún peor que si la hubiera sustituido el llanto. La esperanza es algo muy peligroso.

-¡Ven a conocerla! -insistió el chico Potter tomando a Charlie de la mano, que avanzó unos pasos casi dando tumbos sin despegar la torturada mirada de Bella.- Esta es…

-Bella -completó Charlie sin aliento. Hincó una rodilla en el suelo y miró a su sobrina con lo ojos llenos de lágrimas. Una pequeña sonrisa le apareció en el rostro.- Te pareces mucho a tu madre. Y has crecido desde la última vez que te vi, como tu hermano -añadió, revolviendo el pelo de Harry con la mano derecha y dejándolo aún más desordenado que antes.- ¿Sabes quién soy, no?

Bella dio un corto asentimiento. Parecía tener la garganta seca.

-El hermano de mi madre -apretó los labios en una fina línea.- Harry dice que tú querías quedarte con nosotros pero que no era posible y por eso estuvimos con los Dursley.

Charlie respiró hondo, dirigiendo una mirada a Quirón, antes de asentir tensamente.

-Así es.

-¿Me explicarás por qué? -una vez más, Charlie asintió. Al parecer satisfecha, Bella extendió la mano, que Charlie miró sorprendido por un instante antes de estrecharla.

-Veo que has recibido tus primeras runas -comentó con tono triste. Luego, levantó la vista hacia Bella, a la cual había cogido por sorpresa con sus palabras, y de nuevo sonrió.- A James le habría encantado estar allí. Vuestros padres estarían muy orgullosos, de ambos.

Con gesto vacilante, Charlie abrió los brazos, uno hacia cada hermano. Harry le abrazó rápidamente. Bella dudó en un primer momento, pero al escuchar la segunda frase de su discurso pareció ablandarse y se refugió entre los brazos del hombre mayor, que los mantuvo ahí durante unos segundos. A juzgar por sus gestos, seguía teniéndole pánico a las situaciones emocionales. Quizá por eso no tardó demasiado en carraspear y separarse, levantándose del suelo y mirando hacia los Lightwood, que miraban la escena sin hacer comentarios.

Charlie Evans -Swan- sonrió.

-¿Y a quién tenemos aquí?


Si bien para llegar a Washington Charlie había utilizado sus… poderes mágicos para hacer una cosa llamada aparición, el camino al día siguiente de Forks a La Push fue hecho en el viejo coche patrulla que todos conocíamos.

El día anterior no había sido sencillo, empezando por Bella llegando a la que, se suponía, era su habitación. Las paredes eran de color verde pálido y seguía teniendo los mismos viejos muebles de siempre, un armario, un escritorio de madera y una cómoda. Lo que sí era diferente era la cama, que en ese momento eran dos: literas.

-¿Es para que Harry y yo nos quedemos? -preguntó Bella al verlas, con un tono de voz cargado de incertidumbre. Lo que en otro momento le habría alegrado enormemente en esos momentos no le gustaba en absoluto.

No pude evitar sentirme apenado por la oportunidad perdida, para Charlie, para Bella y para Harry. Quizá, en el pasado, aquello habría podido funcionar. ¿Pero ahora, tras haber sido entrenada como Cazadora, teniendo a Alec, Jace e Isabelle, a Max? Incluso a Hodge, Maryse o hasta a Robert.

Charlie dudó un momento, el bigote bailando sobre su boca al fruncir el ceño.

-La mantuve por si eso ocurría, pero es de mis hijos.

¿Sus qué?

Casi se me escapan los ojos de las cuencas. Sentí los músculos de la mandíbula flojos conforme se me descolgó ante aquella afirmación. Desde su posición junto a la ventana, una pierna doblada con el pie apoyado en la pared y los brazos cruzados, Sebatian me dirigió una mirada de burla y resopló.

Probablemente habría reaccionado si no fuese por el shock en el que me encontraba. Debía parecer un idiota, pero sabía que no era el único en esa posición.

Mientras que Renesmee había celebrado la nueva buena con unas palmadas alegres, una sonrisa cada vez más ancha ocupando su rostro al saber que tenía más familia, Jacob casi se había ahogado con su propia saliva y Leah intentaba que volviese a respirar propinándole unos sonoros golpes en la espalda, entre los omoplatos.

¿Hijos? ¿Cómo? ¿Qué?

La confusión en la mente de Esme era apabullante, pero al menos me permitía salir del círculo vicioso que eran los de Seth, el cual no paraba de preguntarse si al estar Charlie y su madre juntos -¿sabía Sue algo de todo aquel disparate?- iba a tener más hermanos, lo que le hacía ilusión y le asustaba a partes iguales; por no hablar de la pena que le daba que Bella ya no fuera a serlo -al menos, no oficialmente.

Bella frunció el ceño.

-Oh. ¿Dónde están?

-Con su tía -respondió Charlie. Ante la mirada inquisitiva de Bella, se rió entre dientes y se llevó la mano al bolsillo trasero del pantalón, sacando una cartera gastada. Abrió la cartera y extrajo una foto donde se veía a dos chicos algo mayore que Alec, quizá un año, entorno a los 16. Uno de ellos tenía el pelo oscuro, el mismo tono que el de Charlie, corto y la parte delantera de punta. Los ojos eran de color azul grisáceo. El otro tenía pelo rubio oscuro desordenado, con mechones en todas las direcciones y los mismos ojos. Ambos eran de piel clara, delgados pero fibrosos, y aunque a primera vista no parecían estar emparentados con Charlie, una ojeada precisa -o una vista de vampiro- permitía detectar los rasgos faciales comunes a él -la forma de la boca, la nariz, la barbilla de uno de ellos e incluso la sonrisa.- El de la izquierda, el moreno, es Nathan. Y este rubiales, es Luke.

-¿Luke? -Bella le dirigió una mirada a Charlie ante el nombre de su hijo. Al parecer, no le gustaba nada que su primo compartiera nombre con el chico que no tragaba. Como si leyera lo que estaba pensando, Charlie se rió entre dientes.

-Sí, de Lucas.

-¿Y por qué no están con su madre? -El rostro de Charlie se oscureció repentinamente, la mano que sujetaba la foto poniéndose tensa. Bella le estudió con cuidado.- Murió, ¿verdad?

Charlie tragó saliva con fuerza.

-Así es -afirmó, carraspeando.- Al poco de dar a luz. Mortífagos entraron en San Mungo y… -parpadeó fuertemente, tomando aire con fuerza por la nariz.

Rosalie se había puesto la mano sobre la boca, horrorizada, mientras que Alice se apoyaba en Jasper, buscando algo que la mantuviese anclada.

Pobre Charlie… Siempre tan… solo…

-La hermana de Deborah, Kathryn, cuida de los chicos la mayoría del tiempo -reconoció Charlie, llevándose una mano al pelo, que dejó enmarañado a su paso.

Bella frunció el ceño.

-Pero son tus hijos.

La simplicidad de aquella frase, tan directa y sincera, podía ocultar un gran peso. No fue el único en darse cuenta de esto, ya que Charlie asintió con la cabeza, descansando una mano en la parte de atrás de la de Bella.

-Y vosotros mis sobrinos, lo único que queda de mi hermana pequeña -musitó.- Pero la vida puede ser muy complicada, Bella. Más de lo que parece.

Bella se mordió el labio, pero asintió.

-Cuando Deb murió… bueno, yo era Auror, un mago que caza magos tenebrosos.

-Como la Policía. O como los Cazadores con los demonios y los subterráneos que se saltan los acuerdos.

Charlie hizo una mueca ante la comparación, pero dio su visto bueno igualmente.

-Así es. El caso es que estábamos en mitad de la Primera Guerra Mágica y mi trabajo era más necesario que nunca, pero también muy peligroso. Cuando nacisteis vosotros y… cuando murieron vuestros padres… -se estremeció, cerrando los ojos ante el recuerdo- la situación había llegado a su clímax. Y aunque Aquel-Que-No-Debe-Ser-Nombrado estaba muerto, no así sus seguidores. Te juro que habría hecho lo que fuera por evitar que Harry y tú tuvieseis que estar con la familia de Petunia. Nada me habría hecho más feliz que teneros a Nathan, Luke, Harry y a ti bajo el mismo techo -negó con la cabeza, abatido.

-Si sabíais que era tan peligroso, ¿por qué mamá y tú no dejasteis que otros se ocupasen de los malos? -inquirió Bella con un hilo de voz.

Charlie tragó con fuerza, la manzana de Adán haciendo un movimiento brusco por el hueco de la garganta. Estaba seguro de que si me concentraba prácticamente podría oír el martilleo violento del corazón contra las costillas.

-Porque queríamos un mundo mejor para nuestros hijos, Bella -contestó Charlie finalmente, apenado. La mano que mantenía en la cabeza de Bella cayó a su costado antes de depositarla sobre su hombro.- Lamento de corazón que no lo consiguiésemos.


-¿La ciudad entera piensa que soy tu hija? -Bella levantó una ceja desde el asiento trasero del coche patrulla.

-Ajá -contestó Charlie, los ojos bailando de un espejo retrovisor a otro.

-¿No saben que tienes hijos? -preguntó mi ángel.

Charlie se encogió de hombros antes de girar por la carretera de la costa. First Beach quedaba a la vista, bañada por los rayos de sol de uno de los pocos días soleados en Forks.

-Cuando me instauré en Estados Unidos también me incorporé a la Policía de toda la vida. Pero mi trabajo como Auror sigue activo y quería que mis hijos estuvieran a salvo, así que nadie, desde la Push hasta Seattle, es consciente de su existencia -le dió una sonrisa traviesa por el retrovisor interior del coche.- La magia tiene muchos usos -Bella resopló ante el comportamiento medio juguetón de su tío.- Y ahora le he dado otro más.

-¿Qué has hecho? -inquirió Bella.

-Implantar recuerdos -respondió Charlie con naturalidad.

Jacob se adelantó, mandíbula apretada mientras entornaba los ojos.

-Tu nombre es Isabella Swan, la hija del sheriff de la Policía Local -ese soy yo -añadió Charlie, señalándose a sí mismo con el pulgar. Bella volvió a poner los ojos en blanco.

-¿Me tuviste solo, por arte de magia? ¿O mi madre murió? -inquirió Bella elevando una ceja.

-Oh, no. Hemos sido el cotilleo del lugar -replicó Charlie con una sonrisa que enseñaba todos los dientes y Bella se horrorizó. No pude evitar reírme. Claramente seguía odiando ser el centro de atención.- Tu "madre" se llama Renée y se quedó embarazada en el instituto.

-Uno de mundis, intuyo -señaló su sobrina. Charlie le dio una mirada entre exasperada y divertida por la interrupción y Bella musitó un perdón con la boca pequeña.

-Nos casamos tras la graduación y te tuvimos, pero ella no era feliz en Forks y finalmente huyó llevándote consigo, dejándome a mí atrás, solo con mis recuerdos -levantando la mano izquierda del volante, fingió enjugarse los ojos, como si estuviera llorando.

Seth parecía genuinamente confundido.

-No sabía que Charlie era tan dramático -comentó con tono ligero. Leah le dio una mirada pero no dijo nada, optando por rodar los ojos ante la inocencia de su hermano.

Yo no terminaba de entender el por qué de las reacciones de Leah, pero suponía que en parte tenía más que ver con ser la hermana mayor que con Seth en sí.

-Parece una película de domingo por la tarde -señaló Bella y Charlie fingió ofenderse.

-¡Oye! ¡Le puse mucho esfuerzo a esta historia, la pensé durante mucho tiempo! -le dijo su... tío. Sí, seguía sonando extraño.- Hasta conozco a la mujer que inspiró a la Renée de mi historia.

-¿Es real? -eso pareció captar de nuevo la atención de Bella, que estaba repasando la runa del dorso de su mano de forma distraída.

-En parte... Su nombre es Renée Verlac.

Los ojos de Bella se abrieron ligeramente.

-¿Saliste con una Shadowhunter?

Esta vez fueron las mejillas de Charlie las que se pusieron de un profundo color rojo.

-Digamos que luchar contra ciertos seres hace extraños compañeros de cama -murmuró Charlie.

Bella parecía confundida.

-¿Compañeros de cama? ¿No había más?

Emmett soltó una estruendosa carcajada y Tanya y Kate intercambiaron una mirada pícara. Rosalie estaba entre enternecida por la inocencia de la pequeña Bella y divertida por la situación. Incluso Carlisle y Esme estaban teniendo dificultades ocultando sus sonrisas.

Sin embargo, las preguntas que se estaban formando en la cabecita de Renesmee mientras me miraba con la cabeza ladeada, confusa, eran de todo menos graciosas. Más aún cuando tocó la mano de Alice para transmitirle esas preguntas y ella le respondió con una sonrisa nerviosa que le "preguntase a su padre", lo que hizo que los esfuerzos de mi hija se redoblaran mientras dirigía su atención a mí. Mortificado por la situación, me limité a mirar hacia delante, ignorando el tema y esperando con todas mis fuerzas que no se me notase el sofoco. Si fuera humano, estaría más rojo que Charlie en aquel momento.

-Bu-bueno… -carraspeó el jefe de Policía.- El caso, la gente del pueblo y de toda la zona tiene recuerdos de mí desde que era un adolescente y de ti desde bebé. Tras el divorcio, has pasado aquí todos los veranos.

Bella miró por la ventana conforme el coche se detenía y arrugó la nariz.

-¿Todos?

-Sep -dijo él haciendo que la "p" final resaltase.- Oh, y conoces al hijo de mi amigo Billy, Jacob, desde hace años, claro. Jugáis juntos.

Jacob tragó con fuerza, un temblor le recorrió la columna y, aunque sabía que era debido a la impresión del momento y no a entrar en fase -aquí no podía-, inspiró profundamente por la nariz, exhalando por la boca, tratando de controlarse.

La pequeña Shadowhunter puso una cara rara.

-Yo no sé jugar -replicó la niña.

Esme sintió un pinchazo en el corazón ante el comentario de Bella. Yo mismo no pude retener una mueca. Nada como una niña con alma adulta para romperte el alma.

-Tendrás que hacer un esfuerzo. No sabes lo que me ha costado modificar la memoria de tanta gente.

Los dientes de Jacob hicieron un ruido infernal al chocar entre sí, mirando a Charlie con sus oscuros ojos cargados de ira. Leah también estaba rabiosa, repasando en su cabeza los recuerdos que juraría tener tanto de Charlie como de Bella desde que era pequeña. El único de los lobos que no parecía tomárselo como una afrenta personal era Seth, convencido de que hicieron lo que tenían que hacer.

-¿Lo hiciste tú solo? -preguntó Bella. Charlie hizo tamborilear los dedos en el volante, aún sin soltarlo.

-Bueno… algunas cosas -admitió tras unos momentos.- Quirón me ayudó usando la niebla y Robert pidió a la Clave que colocaran glamoures por la ciudad. Y Magnus Bane también echó una mano… bueno, le pagamos claro… -Charlie estaba divagando y su voz se fue apagando conforme hablaba, perdido en sus pensamientos.

-¿Magnus Bane?

-Los Monteverde nos pusieron en contacto con él -musitó Charlie, aún mirando a la nada.- Podría haberlo hecho Robert, pero de vez en cuando el orgullo le puede y se niega a hacer ciertas cosas, incluido pedir un favor.

-¿Y no era más fácil decir que era tu sobrina sin más? -inquirió Bella, a lo que su tío suspiró.

-Bella, hay… fuerzas… que os buscan, a ti y a tu hermano…

-A Harry no le creaste ningún tipo de identidad falsa -le cortó Bella entornando los ojos. Charlie le dio una tímida sonrisa a través del espejo retrovisor, la piel alrededor de los ojos llenándose de arrugas.

-Harry no vive en Estados Unidos, y gran parte de la Comunidad Mágica no sabe que tú sí, que yo sí. Además, pensé que quizá te gustaría venir de vez en cuando a ver a tu tío -esto último lo añadió con un tono de esperanza que se correspondía con la sonrisa que le había dado a Bella.

Ésta resopló.

-Quizá -concedió.- Pero no pienso pasar los veranos en este sitio, Charlie, que lo sepas -dijo con su voz de niña en un tono ligeramente petulante. Charlie rodó los ojos al tiempo que Bella salía del coche, y sonrió para sí mientras movía la cabeza.

-Tan cabezota como su madre.


Hacía muchos años, Billy Black había estado a punto de ser carne de cañón de Mortífagos. Y lo hubiera sido si Charlie no hubiese intervenido. En aquel momento, Sarah Black, la madre de Jacob, estaba embarazada de Rachel y Rebecca. Si no hubiese sido por la intervención de Charlie, Jacob no habría llegado a existir.

Decidiendo que le gustaba la zona y viendo que había actividad oscura en diferentes puntos de la península Olímpica de Washington, había decidido quedarse en Forks, trabajando para el Ministerio buscando a magos oscuros que se habían dado a la fuga en Estados Unidos. Además, parecía tener un fuerte sentimiento protector por la pareja que había salvado de un destino horrendo sin ellos percatarse siquiera de estar en peligro.

El destino quiso que finalmente se conocieran y Billy y Sarah se habían hecho amigos de Charlie casi de inmediato. No pasó mucho tiempo antes de que Sarah le confiase las leyendas de los Quileutes tras acudir a él buscando consuelo por una pelea con su marido. El enfado de Billy había sido mayúsculo cuando su mujer le contó que en pleno arrebato le había contado a su amigo sobre los lobos, pero no más que su sorpresa cuando Charlie, a cambio, les contó su secreto: era un mago. Llegó a ir más allá y les explicó las circunstancias reales en las que les había conocido, aunque ellos a él no.

La gratitud de Billy al darse cuenta de que Charlie no había salvado solo su vida y la de su esposa, sino la de sus hijas, era inconmensurable. El lazo de confianza creado entre ambos hombres, imborrable.

Quizá fue esta la razón de que cuando años después Sarah murió, Charlie hubiese cedido a los deseos de su amigo. Porque no había sido un accidente de coche lo que acabó con la vida de Sarah Black y condenó al padre de Jacob a una silla de ruedas, sino un encuentro con alguna suerte de monstruo demoníaco que se había precipitado contra la camioneta de la pareja y luego se había cebado con ellos.

Sólo teníamos los retazos que Charlie le había contado a Bella, pero en su explicación daba a entender que aquel demonio iba a por Charlie, habiendo sentido un rastro mágico, y que había seguido el camino equivocado hasta los Black. Billy le había contado que mientras la criatura se ensañaba había gruñido el apellido Evans, casi como si quisiera sonsacarles información. Así era como Charlie lo había encontrado al llegar a la escena del "accidente" momentos antes de descerrajarle dos tiros y abrir un portal empleando su varita.

Tal había sido el horror vivido, que entre lágrimas Billy le había suplicado a Charlie que borrase de su memoria cualquier retazo del ataque, así como de su secreto, con el fin de evitar que la historia pudiese repetirse: la falta de conocimiento del mundo mágico también les salvaría la vida, pues nadie intentaría sacarles información.

Con la voz cargada de lágrimas, Charlie le había confesado a Bella que finalmente había claudicado y cumplido con el deseo de su amigo, borrando también cualquier atisbo que hubieran podido tener sus descendientes de aquello de lo que era capaz y colocando su historia tapadera en la memoria del resto de habitantes del pueblo para no levantar sospecha.

El pensamiento de Jacob había pasado por varios estados, desde la rabia más absoluta hasta el shock y la tristeza. Se dejó caer al suelo y se rodeó las rodillas con los brazos mientras apretaba los dientes y trataba de no llorar sin demasiado éxito. Tanto Leah como Seth sufrían por ver a su amigo y alfa de aquella forma, pero no sabían cómo actuar.

Sorprendentemente, Renesmee fue quien tomó la mano de Esme y llevó a su abuela hasta el joven lobo. Mi madre, entendiendo lo que quería decir su nieta aún sin palabras, pasó una mano por el cabello negro y corto de Jacob, dejando que descansase en su nuca y frotándole el brazo con la otra, tratando de ofrecerle comfort materno.

Una gran parte de él seguía enfadado por el hecho de que los recuerdos no fueran reales, por no haber conocido a Bella como él creía y en las circunstancias que pensaba, pero no podía dirigir ese enfado a Charlie, porque realmente era su padre el responsable, y eso solo le hacía enfurecerse más.

Tardó un buen rato en recobrar la compostura -su estado era tal que ni siquiera Rosalie hizo comentarios sarcásticos al respecto, respetando su dolor. Para cuando lo hizo, Bella estaba sentada en la playa mirando al mar y un niño de piel castaño rojiza se había acercado a sus espaldas. Tenía un año, año y medio menos que Bella. Llevaba el cabello negro corto, alborotado; era delgado, con las extremidades largas y finas, ojos oscuros y los dientes muy blancos. Vestía pantalón corto, zapatillas de tela y una camiseta de manga corta azul oscuro.

-Para ser un chucho, de pequeño eras bastante mono -comentó Rosalie con una pequeña sonrisa y el rostro de Jacob se encendió como una antorcha, para su inmensa vergüenza.

-Sé que estás ahí -comentó Bella sin despegar la mirada de las olas, una pequeña sonrisa jugueteando en sus labios.

De la sorpresa, el pequeño Jacob pegó un respingo y se resbaló, cayendo hacia delante, su rostro lo primero en encontrar la arena.

Pese a su bochorno, Jacob soltó una sonora carcajada.

-Recuerdo esto… -su voz estaba ausente y miraba a Bella con melancolía. A veces se me olvidaba que aunque ya no existiera un vínculo que les empujase a estar juntos, aunque aquel tirón había desaparecido tras el nacimiento de Nessie, Jacob seguía queriendo a Bella con todo su corazón. Era su mejor amiga y existía un vínculo fraternal que ni siquiera el hecho de ser enemigos mortales había conseguido romper. Como yo, él la echaba de menos.

Levantándose con rapidez, Jacob miró maravillado a Bella.

-¿Cómo lo has sabido? -inquirió el pequeño mirando a su amiga. Bella se encogió de hombros.

-Soy una guerrera de un ancestral grupo de luchadores que buscan hacer el bien -respondió ella.

La ironía de que había dicho la verdad, aunque nadie en su sano juicio la habría creído, y mucho menos un niño, fue algo que no se le escapó a Jacob, que suspiró profundamente.

Jacob se la quedó mirando y tras unos instantes, Bella añadió:

-Y habías pisado una rama.

Jacob resopló.

-Sabía que no podía ser lo primero porque eres muy patosa -comentó el chico. Bella entrecerró los ojos.

-¡Tú eres el que se ha caído de cara en la arena!

-¡Porque me has asustado!

-¡Yo no he hecho nada!

-¡Que sí!

-¡Que no!

-¡Que sí!

-¡Que no!

-¡Que sí!

-…

-… -Jacob se rascó la coronilla.- ¿Te apetece hacer pasteles de barro?

-¿Cuántos años tienes, cinco? -gruñó Bella.

Jacob se cruzó de brazos, enfurruñado.

-¡El año pasado los hacíamos! -exclamó.

Esa fue la primera vez que sufrimos el impacto de aquella vida ficticia que habían creado entre todos para Bella, la cual parecía tan sorprendida o más que nosotros.

-Yo… Eh… He… ¿madurado? -la frase terminó sonando más como una pregunta que como una afirmación. Bella carraspeó y metió los dedos de las manos en la arena húmeda, dejando que los diminutos granos acariciasen su piel.

-Pues no entiendo por qué no te vas con Rachel y 'Becca entonces -refunfuñó Jacob.

-Porque no son como tú, Jake.

La repuesta sincera de Bella hizo que tanto el Jacob pequeño del recuerdo como el hombre que estaba con nosotros se pusieran colorados, aunque con significados diferentes, ya que al pequeño le faltaban tener corazones en los ojos para evidenciar aún más que Bella le gustaba.

De repente, la cara de Jacob se iluminó.

-¿Quieres que vayamos a ver las pozas? -luego su rostro adquirió un matiz burlón.- ¿O también has madurado para eso?

Bella echó la cabeza hacia atrás y se rió, y yo sonreí al verla tan llena de vida.

-Cierra el pico, Jake -se burló Bella. Sin embargo, se levantó y le dio una tímida sonrisa al otro niño.- Vamos.

-Seguro que te caes dentro -comentó Jacob.

Bella le hizo un mohín, aunque los ojos le brillaban.

-Ya veremos.

Algo me decía que más que caerse, se iba a tirar, aunque lo achacaría a un resbalón o un descuido o su mala suerte. Dicen que la sangre llama, y por primera vez fui consciente de lo que significaba que llevase el mar en las venas.


El último día que pasó Bella con Charlie, las cosas iban perfectamente hasta que dejaron de hacerlo. La aparición de Robert Lightwood a través de un portal junto a otros dos Cazadores de Sombras casi causa un estropicio cuando Charlie sacó su varita, dispuesto a disparar a los intrusos. Al ver que era Robert, la bajó soltando el aire de golpe.

-Casi me das un infarto, Bob.

-Robert -corrigió el patriarca Lightwood sin dignarle siquiera un saludo. Charlie movió la mano distraídamente.

-Ya, ya -concedió, guiñando un ojo a Bella de perfil, haciendo que mi pequeño ángel apretase los labios para no echarse a reír.

-Bella, estos son el Cónsul Malachi Dieudonné y la Alta Inquisidora Imogen Herondale -dijo Robert señalando a sus dos acompañantes.

Malachi era un hombre alto, recio, con un rostro rectangular, todo líneas y ángulos agudos. Tenía pelo corto, color negro, con entradas protuberantes. Los ojos eran de color azul hielo y el gesto mortalmente serio, aunque no como Robert, sino como si no existiera ningún motivo para sonreír. Vestía traje azul oscuro y corbata.

La otra Shadowhunter, Imogen, era una mujer que rondaría los cincuenta y tantos años, de cabello castaño y ojos grises. Tenía rostro serio y adusto, pero algo en sus rasgos me decía que llevaba un gran sufrimiento por dentro. Aún así, su semblante permaneció tan impasible como el de Robert.

-E-Encantada -musitó Bella, removiéndose nerviosa.

Charlie enarcó una ceja, mirando entre los altos cargos de la Clave y Robert.

-¿Qué significa esto, Robert?

-No te preocupes, Charlie -replicó el patriarca Lightwood. Todo rastro de humor se desvaneció del rostro del tío de Bella.

-¿Qué hacen aquí?

-Si me permite -intervino Malachi- estamos aquí por una razón muy importante -dirigió su mirada acerada a Bella, que tragó con fuerza.- Juzgar.

-¿Juzgar qué? -estaba claro que Charlie estaba cansado de lidiar con el comportamiento críptico de los Cazadores de Sombras, y francamente, no podía culparle.

Imogen dio un paso hacia delante, agachándose para quedar a la altura de Bella y mirarle a los ojos. Sonrió.

-Si la señorita Potter y la señorita Lightwood son aptas para someterse a una Ceremonia Parabatai o si, por el contrario, -su sonrisa se desvaneció, volviendo al tono duro de antes y clavando a Bella en el sitio con una sola mirada- su unión supone un peligro para la Clave.

Charlie miró a Bella y cerró los ojos con fuerza mientras echaba la cabeza hacia atrás. Esto no iba a ser bueno.

HOLA!

Espero que os haya gustado el capítulo, EXTRA LARGO, por si no os habíais dado cuenta. Me ha costado mucho cerrarlo porque no sabía dónde cortar, aunque sí tenía una idea de cómo hacerlo.

Antes de irme, gracias por los reviews y deciros que mañana contesto a todos los del cap anterior (en vez de hoy, faltando a la tradición) porque aquí son las 00.30 de la noche y estoy cansada, así que porfa pls perdonadme por esta vez.

Espero que os haya gustado (y que me deis cariño en forma de comentarios c: )

Un abrazo,

Ceci.