Mar70: ¡Muchas gracias por tu review! Suelo contestar por privado, pero como has comentado como guest, lo haré por aquí. ¡Me encanta leer que te guste como entrelazo las historias! La verdad es que siendo tantas es complicado, pero también muy, muy divertido. ¡Gracias por dedicarme un ratito de tu tiempo!

Y ahora sí, empezamos:


-Como el señor Swan aquí presente ha olvidado sus modales, tomaré la palabra -dijo el pelirrojo al que su hermano se había dirigido como Fred. Aunque aparentemente eran idénticos, había pequeños detalles que podían ayudar a distinguirlos, incluso para aquellos con vista no vampírica. Fred tenía una cicatriz en la ceja izquierda, mientras que George tenía dos lunares en el cuello, casi como una mordedura de vampiro -al menos, como las de los mitos, donde los vampiros del folklore tenían colmillos y se quemaban a la luz del sol.- Me llamo Fred, y este es mi encantador hermano, George -continuó, haciendo una ligera reverencia y sonriendo a Bella e Isabelle, las cuales intercambiaron una mirada de asombro, divertidas por la situación.

-Encantados de conocerlas, señoritas -añadió George, repitiendo el gesto de su hermano y yendo un paso más allá, tomando la mano de Isabelle y dando un beso en los nudillos. Fred no se hizo esperar e hizo lo mismo con una sorprendida Bella, intercambiando el puesto con George y repitiendo ambos el gesto con la otra chica.

Alec se aclaró la garganta ruidosamente y Fred sonrió con picardía.

-Vosotros debéis ser los otros Shadowhunter, Alex y Jim -comentó con una sonrisa torcida.

Jace resopló antes de corregirle.

-Jace.

-Alec -continuó el mayor de los Lightwood, que no parecía encontrar a los dos jóvenes magos nada divertidos.

-De acueeeeerdo -dijo entonces Charlie, dando una palmada.- ¿Y si vamos dentro, chicos?

-¡FRED Y GEORGE WEASLEY! -volvió a gritar la voz femenina que habíamos oído antes, aunque esta vez su dueña estaba mucho más cerca. Una mujer de unos 40 años ligeramente regordeta y de pelo rojo brillante miraba a los gemelos prácticamente echando humo, con las manos en la cintura, donde se cerraba un delantal de color blanco. Casi tan blanco como los rostros de Fred y George se volvieron al oírla tan de cerca. Los gemelos tragaron saliva con fuerza, volviéndose hacia la furibunda mujer.- ¿¡SE PUEDE SABER EN QUÉ PENSABAIS!? ¿¡OS PARECE DIVERTIDO!?

Ahora los Shadowhunters parecían mucho más intrigados por lo que estaba ocurriendo, en especial al oír la respuesta de George.

-Madre, vas a tener que ser más específica.

Alec levantó una ceja ante el descaro del adolescente, que debía de tener la edad de Jace.

-¿Creeis que no habrá consecuencias por echar al champú de Percy un hechizo para perder el pelo?

Hubo un momento de silencio antes de que Emmett estallara en estruendosas carcajadas, que ni siquiera pararon con la mirada de advertencia que le dirigió Esme. Jasper había optado por apretar los labios, aunque las comisuras de sus labios apuntaban sospechosamente hacia arriba.

Por su parte, Jace se había atragantado con su propia saliva, intentando disimularlo como un ataque de tos, aunque sin mucho éxito.

-Técnicamente no hechizamos el champú de Percy -comenzó Fred.

-Hechizamos un champú, que pretendíamos patentar para nuestra futura tienda -continuó George.

-Debimos de dejarlo accidentalmente en el cobertizo…

-Con el resto de cosas que compramos la última vez que fuimos al pueblo.

-Percy debió de fijarse en que era el caro…

-Y se lo apropió -finalizó George.

-Así que nosotros no le hemos hecho nada a él -remató Fred. George asintió fervientemente.

-Se lo ha hecho su avaricia.

La señora Weasley se llevó una mano al puente de la nariz, pellizcándolo. Charlie se rió entre dientes, mientras que Nessie trató de ocultar su risa tapándose la boca con ambas manos, para la diversión de todos los presentes -menos para los Vulturi, claro, pero su opinión me la traía al pairo.

-No seas dura con ellos, Molly -recomendó Charlie con tono suave, enviando un guiño a los gemelos sin que su madre lo viera.- Ya sabes cómo son los críos. Y, técnicamente, tienen razón.

-¿Quién es Percy? -preguntó Jace mientras la señora Weasley fulminaba a Charlie con la mirada, el cual levantó ambas manos en un gesto de rendición. George se inclinó hacia los Shadowhunters, como para confiar un secreto.

-Nuestro hermano mayor metomentodo -les informó.

-El prefecto perfecto -añadió Fred.- Siempre sigue las normas.

Isabelle y Bella intercambiaron una mirada antes de mirar a Jace, el cual les devolvió brevemente la mirada antes de que los tres se giraran hacia Alec.

-Sé lo que es -murmuró Isabelle.

Alec levantó las manos delante de él con gesto de incredulidad, molesto.

-¡Oh, vamos! -exclamó, aunque ninguno le escuchaba, habiendo echado a andar hacia la Madriguera.- Cría cuervos… -refunfuñó, aunque finalmente siguió a sus hermanos y a Bella hacia el interior.

El interior de la Madriguera era lo esperable tras ver la fachada, aunque no por eso menos sorprendente. Nada más entrar había un pasillo cuya primera salida a la izquierda daba a la cocina, con una gran mesa de madera, un fregadero pegado a la pared y un reloj con una decena de manillas, cada una con un rostro -todos ellos pecosos y pelirrojos y entre los cuales se distinguía con claridad a los gemelos, la señora Weasley y Ron, por lo que era obvio que se trataba de la familia al completo- y que, en lugar de señalar la hora, señalaba lugares -la mayoría de las manillas, incluidas las de aquellos que conocíamos, apuntaban a "Casa", mientras que había 3 señalando a "Trabajo". Otra cosa destacable de la cocina y que hizo que Renesmee riera sin control mientras pegaba saltitos por ella fue ver cómo platos y cubiertos flotaban, colocándose solos en las alacenas. El resto nos encontrábamos demasiado estupefactos como para reaccionar, a excepción de Seth, que tenía sus ojos oscuros muy abiertos, brillantes.

Por su parte, Jace levantó ambas cejas al pasar frente a la cocina, aunque no hizo ningún comentario al respecto.

-Espero no haberte molestado, Bella, querida -comentó la señora Weasley dirigiéndole una cálida sonrisa que hizo que su rostro se iluminase. Irradiaba un aura maternal tan semejante a la de Esme que era imposible no sentirse cómodo en su presencia.- Estos dos son un manojo de nervios y no esperaba que llegaseis tan pronto, no me gustaría haberos asustado con mis gritos.

-En absoluto, señora Weasley -replicó Bella sonriendo tímidamente.- Muchas gracias por recibirnos.

Molly hizo un gesto con la mano, restándole importancia, aunque su expresión se suavizó enormemente. De nuevo, e igual que Esme, parecía tener un punto débil por los niños.

-Pamplinas. No es molestia ninguna -contestó sonriendo ampliamente al grupo de Cazadores.

Continuando por el pasillo, Molly se paró al llegar a una zona con escaleras. Al mirar hacia arriba, se veían múltiples escaleras cruzadas con varios aledaños que parecían dar a habitaciones infinitas.

-¡Niños, Bella y vuestros invitados están aquí! -avisó la señora Weasley, levantando la voz para que le oyesen.

En segundos, la escalera estaba llena de rostros. Uno de los primeros en aparecer fue el de una niña de unos 12 años, con cabello pelirrojo liso y largo, ojos almendrados oscuros del mismo tono marrón que los de Molly y pecas.

-¡Chicos, Bella está aquí!

-¿Bella? -inquirió la voz de Harry, cuya cara fue la siguiente en aparecer, dos pisos por encima de la de la hermana de Ron. Había crecido durante aquel año y sacaba a Bella cerca de media cabeza, aunque no parecía haber cogido demasiado peso aún. Llevaba una camiseta roja y una chaqueta azul encima, y el pelo negro revuelto, igual que siempre.

Justo detrás, la cara de Ron se hizo visible. Tenía los carrillos hinchados y masticaba audiblemente mientras saludaba a los recién llegados moviendo la mano frenéticamente.

Por último, unos espesos rizos aparecieron por el barandal del piso inferior y el rostro de Hermione rompió en una enorme sonrisa que las chicas replicaron. La joven bruja bajó las escaleras de tres en tres prácticamente, encontrándose con Isabelle y Bella al pie de estas, donde las tres se abrazaron con fuerza.

-¡Bella! ¡Izzy! -exclamó apretándolas con fuerza.

La escena era tan entrañable que incluso la sonrisa de Garrett se volvió suave. La de Esme era tan enorme que tocaba sus ojos. Las risas de los niños llenaban la casa y mientras Bella pasaba de unos brazos a otros me sentí más cerca de ella de lo que me había sentido en mucho tiempo.


-¿Cuántos Ravenclaws se necesitan para encender una luz con magia? -inquirió Fred con la boca llena de comida. Alec rodó los ojos, concentrado en hablar con un muchacho de su edad de pelo rojo y rizado -y que a juzgar por las entradas que presentaba, debía de ser el tal Percy. Había un hombre joven con ellos, de unos 20 o 21 años, con el pelo naranja más largo y recogido en una coleta y el rostro alargado y que Ron había presentado como Bill, otro de sus hermanos mayores.

-¿Cuántos? -les siguió el juego Bella. En los días que había estado allí, había trabado amistad con Ginny -la más pequeña de los Weasley y que al parecer estaba loca por Harry- y desarrollado una más cercana con Ron y Hermione, aunque desde luego se entendía mejor con esta última. Pero la más peligrosa era la camaradería que había surgido entre ella y los gemelos, por el gusto de estos últimos por las bromas pesadas, en las que Jace participaba la mayoría de las veces e incluso Isabelle de cuando en cuando, martirizando al resto de hermanos Weasley y a un Alec que parecía cada vez más cerca de perder la poca paciencia que le quedaba.

-Veintiuno y a Percy -respondió George, sonriendo ampliamente.

-Cinco para recorrer la biblioteca buscando el hechizo más rápido y efectivo -comenzó Fred.

-Siete para practicarlo y comprobar que es seguro y que funciona -continuó George.

-¡Oh, esta me la sé! -intervino Ron con la cara iluminada.- Tres para informar a un profesor de lo que están haciendo y que den puntos a su casa.

Fred asintió al comentario de Ron.

-Cuatro para determinar qué varita es la mejor según el material de su núcleo.

-Uno para apuntar con un extintor, por si acaso -añadió George.

-Otro para encender la luz… -dijo Fred.

-Y a Percy para decirles cuántas reglas han roto -finalizaron ambos gemelos, estallando en carcajadas al ver la mala mirada que les envió el susodicho y extendiendo el ataque de risa por extensión a todos los presentes.

-Yo tengo uno -intervino Isabelle con ojos maliciosos.

-Dispara -convino George pegando un bocado a su magdalena.

-¿Cuántos Weasleys se necesitan para encender una bombilla?

Ginny levantó una ceja, curiosa.

-¿Cuántos?

-¿Para qué queréis bombillas con ese pelo? -inquirió Jace, haciendo que George se atragantase con la magdalena y Harry y Ron resollaran de risa. Fred le apuntó con el dedo, asintiendo con la cabeza como diciendo "Eres bueno".

Isabelle rodó los ojos, pero contestó a la pregunta de Ginny igualmente.

-Uno, pero primero tendréis que encontrarla entre la montaña de bombillas de broma que creen los gemelos.

-Eso es verdad -señaló Hermione haciendo esfuerzos por ocultar su sonrisa. Fred y George hicieron un gesto simulando sentirse heridos.

-No sabía que pensaras así de nosotros, Hermione -dijo George. Fred fingió enjugarse las lágrimas.

-No creo poder superar esto… -confió con voz rota, posando una mano sobre su corazón.

Esta vez, incluso Alec sonrió de medio lado, aunque intentó disimularlo, tratando de retomar su conversación con los otros dos. Jace puso los ojos en blanco.

-Oh, por el Ángel… ¡Alec! -llamó a su parabatai, que dejó de conversar con Percy para mirar al pelirrojo.- Mueve tu culo hasta aquí para desayunar con nosotros, ¿quieres?

Alec suspiró y, tras disculparse con Percy, que pasó de largo de la mesa dirigiendo una mirada de superioridad a la que Jace respondió saludándole moviendo los dedos en un gesto de burla, se sentó a la mesa, soltando un suspiro exasperado.

-Alec y Percy son como tú, Edward -comentó Emmett.- Todo seriedad y nada de diversión.

-¿Has visto la mirada que les ha echado? -dijo Jasper. Rosalie asintió.

-Es la que él solía echarnos a nosotros -señaló en voz alta.

Fruncí el ceño. ¿De verdad era tan remilgado?

-Un poco sí- tras escuchar sus pensamientos, miré a Alice algo enfadado, a lo que ella me dió una mirada de disculpa mientras se encogía de hombros.- Eres mi hermano favorito y te quiero, pero sé lo que te estabas preguntando y la respuesta es sí. Bella te ayudó con eso… y otras muchas cosas.

Suspiré. Aunque no me gustaba admitirlo, lo más probable es que tuviera razón -y más a juzgar por los pensamientos de todos los presentes que me conocían anteriormente. Al parecer cuando Jasper y Emmett me decían que actuaba como si tuviera un palo ahí atrás, lo decían en serio.

La mañana transcurrió como cualquier otra, siendo el único momento de relevancia el rato que pasaron Bella y Harry a solas y que Bella empleó para darle a su hermano algo de parte de Quirón: una cuerda de cuero con una cuenta de madera engarzada y que tenía dibujado un rayo como el de las cicatrices que portaban en la frente sobre un fondo verde marino, igual que los ojos de Harry.

-Todos los campistas tienen uno -le había dicho Bella, enseñando el suyo propio.- Ponen el símbolo de lo más destacable del año… Ellos consideran que esta vez fuimos nosotros -ella se rió entre dientes al ver la cara de sorpresa de su hermano.- Cada cuenta simboliza un año de supervivencia. Dejan de contar a los 18. No muchos llegan, al parecer -No pude evitar gruñir. Incluso los lobos, que estaban en su forma humana, dejaron salir un sonido muy poco humano. Bella frunció el ceño, posando una mano sobre la cuenta verde, y luego miró a Harry.- Prométeme que nosotros llegaremos, Harry, y que si uno no lo logra, el otro lo hará.

Renesmee gimió en voz baja y yo me agaché para tomarla en brazos, besando su frente y abrazándola con fuerza. No era la única que no quería ni plantearse algo así. La idea pareció escandalizar al joven mago, que fue a abrir la boca pero fue cortado de inmediato por Bella.

-¡Promételo!

Harry apretó los labios un momento, cerrando el puño en torno al collar antes de mirar de nuevo a su hermana y asentir con gesto decidido.

-Lo prometo.


Agosto terminó tan rápido como había llegado, finalizando el tiempo con los Weasley con una fiesta de cumpleaños para Harry y Bella. Aunque Bella no sentía especial ilusión por el acontecimiento -el juicio de la Clave sería lo siguiente- finalmente tuvo que admitir que no estuvo tan mal. Quirón incluso permitió a Annabeth salir del Campamento -por primera vez desde que había llegado, al parecer- con la condición de que Charlie utilizase su magia para ocultar su esencia de los monstruos, a lo que el Sheriff accedió sin reservas. Hubo comida, incluida una enorme tarta; una acalorada discusión entre Annabeth y Hermione sobre diversos asuntos y tan compleja que llegó un momento en el que incluso yo me perdí, no quedándome del todo claro si esas dos iban a ser archienemigas o a casarse; y regalos: Harry le regaló a Bella nada más y nada menos que una lechuza propia, un macho de alas cobrizas y pecho blanco al que Bella decidió nombrar Castiel en honor a uno de los ángeles que tanto tiempo pasaba estudiando; Hermione, un libro de hechizos y pociones básicos, asegurando a la joven shadowhunter que tenía magia en las venas aunque no estuviese en Hogwarts y que creía firmemente que podía desarrollarla; Ron la obsequió con un surtido de dulces mágicos entre los que destacaron las ranas de chocolate, unas figuras de chocolate en forma del anfibio que saltaban de verdad y que había hecho, por un lado, gritar a Jane, quien parecía sentir terror en su presencia para la diversión de toda mi familia y amigos y el enfado del Alec malvado, que nos fulminaba con la mirada, y por otro, hacer saltar a Resnesmee, la cual se enganchó a las piernas de sus abuelos pidiendo por favor que le comprasen unas cuantas, haciendo que ambos se vieran sin saber qué contestar.

Los gemelos habían ahorrado y comprado junto a Ginny una bonita pluma que no necesitaba tinta para escribir y un pack de juguetes de broma, haciendo que Alec pusiese una cara de horror absoluto. La señora Weasley, además de la tarta, había hecho para cada uno de los Shadowhunters unos guantes de cuero con sus iniciales que se ajustaban a la perfección y que todos agradecieron profusamente, y Annabeth le entregó, pese a la cara de miedo de la señora Weasley y la mirada reluctante de Hermione, una cuchilla curva de adamantio junto a un manual escrito a mano sobre criaturas griegas.

Alec, Jace e Isabelle se quedaron mirando a Bella expectantes cuando esta abrió su regalo. Dentro de una caja del tamaño de una de zapatos, había un mango de espada tallado en madera, de parte de Jace -y que casi hace a la señora Weasley desmayarse del susto, un cinturón de cuero con runas con sitios específicos para colgar arma, de parte de Isabelle, y una pequeña cajita que entraba en la palma de la mano de parte de Alec y que, al abrir, dejó al descubierto una banda de plata con llamas, la runa angelical en un lado y la del parabatai en otro y una letra L grabada.

-L de Lightwood -le informó Alec mirándola a los ojos con una suave sonrisa.- Eres familia.

Bella se sonrojó, pero no desvió la mirada del joven Shadowhunter, que tomó el anillo y lo deslizó por su dedo anular derecho antes de besar su coronilla y abrazarla con fuerza. Por encima de su hombro, vi cómo Bella le devolvía el abrazo, cerrando los ojos y apretándolo contra sí, y yo no pude evitar la forma en que se me cerró el estómago.

Tras una despedida llorosa antes de que Harry y sus amigos partieran hacia Hogwarts y los Cazadores volvieran a New York, llegó el día del juicio en la llamada Ciudad de Hueso. Decir que la forma en que se llegaba a ella nos dejó estupefactos, sería un eufemismo. La entrada se encontraba en el Cementerio Marble, en Manhattan, dentro de un mausoleo con el apellido "Lovelace" tallado sobre la piedra de la fachada. Sobre la tumba central había un ángel de piedra, de rostro regio, vestido con una toga y armadura por encima y portando un cáliz entre sus manos.

-Raziel -murmuró Bella, bajando la cabeza en señal de respeto.

Allí les esperaba lo que supuse que era un Hermano Silencioso. Pude oír los murmullos entre los nuestros, los jadeos a medio camino entre sorpresa y espanto e incluso el murmullo que hicieron las tripas de los lobos al ver el rostro de aquel Cazador tan… especial. Casi pude sentir como Leah tragaba la bilis que le subió por la garganta.

Vestido con una túnica con capucha color pergamino, la piel escamada era increíblemente pálida. Tenía la boca cerrada con marcas en forma de V, contiguas las unas de las otras, creando un diseño en zigzag interminable, y lo mismo ocurría donde se suponía que debían estar los ojos. O al menos eso parecía, ya que los párpados estaban hundidos en las cuencas, como si el globo ocular hubiese sido extirpado o hubiera desaparecido con el paso del tiempo.

"Debe permanecer aquí, señor Lightwood", oí una voz cavernosa salir de la nada. Tan de la nada que el corazón casi me dio un vuelco, y no fui el único, ya que escuché el chirrido que hizo Alice al verse con la guardia baja y el salto que pegó Benjamin. Con una ola de asombro, me di cuenta de que la voz era la del Hermano Silencioso, que de alguna manera era capaz de comunicarse pese a estar… bueno, silenciado. "No es bienvenido en la Ciudad Silenciosa".

Robert apretó los dientes, pero asintió, dando un paso atrás y dejando pasar a las niñas. Sin más preámbulos, el Hermano Silencioso sacó una daga y extendió la mano hacia Robert, el cual tendió la suya para que el primero cortase su palma en un tajo profundo y preciso. El padre de Isabelle apretó la mano en un puño entonces, dejando caer su sangre en el cáliz de Raziel, y una de las paredes se desmoronó dejando ver un pasadizo que no debería estar ahí.

Sin mediar palabra, Isabelle y Bella echaron a andar detrás del Hermano Silencioso y la pared se reconstruyó tras pasar, dejando a Robert esperando su vuelta.

Tras múltiples pasadizos y recovecos, fuimos a dar a una sala extremadamente similar a la del Gard, sólo que formando un círculo completo de sillas ocupadas por Shadowhunters, con Imogen a la cabeza, y una nueva fila, concéntrica a la anterior, conformada por lo que supuse que eran más Hermanos Silenciosos. En el centro de la sala había una tarima con una espada que identifiqué como la Espada Mortal. Era una espada típica en forma, pero ahí acababa lo normal. Tenía una enorme hoja de plata, recta, con doble filo, y una empuñadura a medio camino entre el oro y el platino hecha enteramente de adamas. En el punto en el que hoja y mango se unían brotaba un diseño similar a unas alas desplegadas, cúbico en su forma, y que finalizaba uniéndose a la hoja un poco más arriba, donde tenía un alerón doble a cada lado.

De repente, la escena se desdibujó y pasamos a ver dos recuerdos a la vez. Todo era igual, salvo por el protagonista del recuerdo, o mejor dicho la protagonista. En uno se encontraba Bella, y en el otro Isabelle, en la misma posición: sujetando con las palmas hacia arriba la Espada-Alma. En ambos casos, mientras una estaba arriba la otra se encontraba a un lado, entre dos Hermanos Silenciosos.

Los pensamientos de Jasper eran especialmente potentes en aquel momento.

Es… se siente fría y pesada. Es como… Se siente como si la Espada se hubiera enganchado a sus manos, Edward. Con ganchos de verdad, como pinchos incrustados en la carne y el hueso para aferrarse a ella. Tuve que contenerme para no soltar un gruñido. No quería tener que explicar aquello al resto de la familia. Sentí como Jasper hacía una mueca. Ahora entiendo lo de que te arranca la verdad… Causa dolor. Dolor físico y mental. Es… agonizante.

"Isabella Potter…"

"Isabelle Lightwood…"

"¿Juras decir la verdad ante la Espada-Alma y en presencia del Ángel Raziel representado por nuestros gobernantes?"

-Lo juro por el Ángel -contestaron ambas a la pregunta de los hermanos silenciosos, cada una en su recuerdo particular.

La espada resplandeció con un brillo dorado que la rodeó como un aura, dibujando sobre la hoja plateada runas que hasta ese momento habían permanecido invisibles. No estaban dibujadas o grabadas en ella, sino que formaban parte de la propia espada. Leyendo los pensamientos de Jasper pude sentir el hormigueo que recorrió a las chicas en ese instante, demasiado cálido como para ser cómodo.

Imogen hizo la primera pregunta.

-¿Cómo es Isabelle, joven Isabella?

Bella miró confusa hacia Imogen y luego a Isabelle, que parecía igual de perpleja. La espada brilló en sus manos y Bella soltó un siseo incómodo.

-Le hace daño… -susurró Tanya, horrorizada. Esme miró hacia Jasper y luego hacia mí, buscando que alguno lo negase, pero cuando no recibió respuesta apretó las mandíbulas con fuerza, dejando salir un siseo muy diferente al de Bella.

-Es la mejor persona que puedes encontrar -respondió Bella con rapidez, evitando que la espada siguiera dañándola.- Es inteligente, valiente y muy dedicada.

-¿Con los entrenamientos? -inquirió Imogen.

-Con todo -replicó Bella. Isabelle le dió una pequeña sonrisa de agradecimiento, aunque la otra niña no lo vió, centrada como estaba en la Alta Inquisidora.

Imogen se levantó de su atril y bajó con paso lento y decidido hasta situarse delante de Bella.

-No nos vayamos por las ramas, ¿eh? ¿Qué siente por los Lightwood?

-¿Eso qué tiene que ver con- ?- la espada brilló de nuevo y Bella hizo una mueca. La rodilla derecha le tembló. En un instante Carlisle estaba a su lado, aunque evidentemente Bella no podía verle, fulminando con la mirada a Imogen y con los ojos más negros de lo que jamás le había visto. El pecho de Bella subía y bajaba rápidamente cuando contestó.- Robert… me secuestró. No puedo perdonar eso. Pero Alec, Jace, Izzy y Max… son mi familia. He estado sola casi toda mi vida, salvo por mi hermano…

-Harry -señaló la Cazadora de ojos grises, animándola a continuar. Bella soltó aire despacio y asintió.

-Sí. Yo… les quiero. A todos. La familia lo es todo.

Imogen levantó una delicada ceja.

-¿Más que el deber?

-Sí.

La imagen varió y esta vez era Isabelle quien sujetaba la espada, Imogen en la misma posición.

-Hábleme de Isabella Potter.

-Bella -le corrigió Isabelle.

-Niña insolente -comenzó Malachi, pero Imogen hizo un gesto con la mano para acallarle.

-Bella Potter -concedió la Alta Inquisidora.

-Es mi hermana -respondió Isabelle, la barbilla en alto, e Imogen se rió entre dientes, aunque su expresión se oscureció.

-Cuénteme, señorita Lightwood.

-¿Qué quiere saber?

-¿Cómo es como Cazadora? -Isabelle frunció el ceño, pero respondió de todas maneras.

-Tiene coraje. Es buena con las runas. Ha aprendido a luchar. Y la gente confía en ella, puede hablar con víctimas, especialmente niños.

-¿Eso no hace que se involucre emocionalmente? -Isabelle se envaró, apretando los labios en una fina línea.

-Ella hace lo que tiene que hacer. Es nuestro trabajo. O lo será.

-No ha respondido a la pregunta -señaló la Alta Inquisidora, y la Espada-Alma brilló. Esta vez fue Isabelle quien hizo un gesto de dolor.- ¿Se involucraría emocionalmente, en el futuro, en una misión de verdad?

-No puedo ver el futuro -gruñó Isabelle. La espada brilló con más intensidad y ella dejó escapar un jadeo.

-¡Izzy! -exclamó Bella, pero las manos de dos Hermanos Silenciosos, colocadas sobre cada hombro, la mantuvieron en su sitio.

Isabelle levantó la mirada y sus ojos conectaron con los de Bella, casi disculpándose.

-Sí. Pero eso no significa que no sea una buena Shadowhunter -la espada dejó de brillar e Isabelle dejó salir un suspiro de alivio mientras la señora Herondale asentía para sí misma.

-Entiendo.

De nuevo, se reanudó el recuerdo en el que Bella era quien sostenía la espada e Imogen continuaba preguntando cosas. Bella parecía cansada.

-¿Son ustedes buenas compañeras?

-Sí -contestó Bella.- Hemos estado juntas por mucho tiempo.

-Tengo entendido que no solían llevarse bien…

Bella resopló e Imogen levantó una delicada ceja. La joven shadowhunter se puso colorada y se aclaró la garganta.

-Disculpe -respondió, y espero a que la otra Cazadora asintiese con la cabeza para continuar.- Limamos asperezas hace tiempo. Es como mi hermana. Y los entrenamientos solo han hecho que seamos mejores trabajando juntas. Me puedo anticipar a lo que piensa, a lo que va a hacer.

Y de repente, era Isabelle quien sujetaba la espada una vez más.

-¿Está de acuerdo con las declaraciones de la señorita Potter sobre su compenetración?

-Absolutamente -dijo Isabelle con una sonrisa orgullosa.- Es como si ya estuviéramos unidas, con runa o sin ella.

-Interesante… -concedió Imogen, mirando en rededor.- Pero aún no ha tenido que trabajar con ella en una misión de verdad.

-Podríamos hacerlo con los ojos cerrados -replicó la joven Lightwood.

Kate se rió entre dientes, encogiéndose de hombros cuando todos le dimos una mirada como si estuviera loca.

-¿Qué? La chica tiene carácter.

-Sabes tan bien como yo que en ciertas ocasiones el carácter te puede meter en un buen lío, Kate -replicó Rosalie, mirando hacia la nada. Emmett dio a su mano un apretón, depositando un beso en su coronilla rubia, preocupado por su mujer, que le devolvió una débil sonrisa.

-¿Ha convivido con la señorita Potter bajo estrés?

-El estrés es parte de lo que hacemos, usted lo sabe.

-Me refiero a estrés reciente -Isabelle se encogió de hombros e Imogen entrecerró los ojos. Era evidente que estaba agotando su paciencia.- Señorita Lightwood…

La espada brilló e Isabelle se apresuró a contestar.

-Nada que no se pueda manejar.

-Curioso. Tenía entendido que no hace mucho tuvo un ataque en la sala de entrenamientos por la conexión con su hermano, y que nadie fue capaz de calmarla -Isabelle se envaró, entrecerrando los ojos.

-Fue hace 3 meses -le informó con tono enfadado.- Y estamos aprendiendo a controlarlo.

-¿Estamos?

-Sí -contestó sucintamente.

-¿Qué harías por Isabelle si fuese tu parabatai?

Bella miró a Imogen desde detrás de sus largas pestañas, sus ojos concentrados, aunque podía ver los músculos de sus antebrazos temblar.

-Ya lo es -replicó. Antes de que Imogen pudiera reformular la pregunta, Bella continuó con su respuesta.- Haría lo que fuera.

-¿Qué defectos tiene Isabelle?

Bella tragó saliva, mirando hacia la susodicha, pero ella asintió para darle ánimos. "Adelante" dijo moviendo los labios, sin emitir sonido.

-Isabelle puede ser un poco… egoísta -replicó con la boca pequeña.

-¿Puede ser?

-Sí, señora. Con sus seres queridos. Es sobreprotectora.

-Eso no tiene por qué ser algo malo.

-Pero puede serlo -Imogen asintió.

-¿Isabelle, qué defectos ves en Bella?

Esta vez, Isabelle parecía igual de agotada que Bella. El músculo de la mandíbula palpitaba con cada segundo que debía continuar sosteniendo la espada.

-A veces esta vida le pesa -Bella bajó la cabeza al oír a Isabelle, e Izzy le dirigió una mirada de disculpa.- Me lo ha dicho, más de una vez. Le gustaría que llevásemos una vida normal.

-¿Ambas?

-Sí -replicó Isabelle.- Bella es leal. Y sé que no cambiaría esta vida por otra si eso significase dejarnos atrás.

-¿Qué haría usted por Bella, señorita Lightwood?

-Lo que haga falta.

-¿Cualquier cosa? ¿Y si estuviese en peligro mortal?

Isabelle tragó saliva con fuerza y dijo algo que me hizo sentirme aún más culpable por los pensamientos que le dediqué en aquellos primeros meses de conocerse, tan lejanos ahora.

-Moriría por ella.

-¿Señorita Potter? ¿Qué quiere decir que haría lo que fuera?

-Quiere decir que daría mi vida si fuese necesario -gruñó Bella, dejándonos sorprendidos.

Las preguntas se solapaban a tal velocidad que apenas era consciente del cambio en el recuerdo, si no fuese por quién sujetaba la espada.

-¿Hasta dónde llegaría su lealtad por su parabatai?

-No entiendo la pregunta -replicó Isabelle.

-Tendrá que ser más específica -respondió Bella.

-¿Y si tuviera que elegir entre su lealtad a la Clave y su parabatai?

-Espero no vernos en esa situación -contestó Isabelle.

-¿Qué cree que haría su compañera?

-No lo sé -dijo Bella.- Tendrá que preguntarle.

-Isabella/Isabelle -los nombres sonaron a la vez en ambos recuerdos, aunque la pregunta de Imogen fue la misma.- ¿Qué elegiría? ¿La Clave, o su parabatai?

-Eligiría a Bella -contestó Isabelle.

-Eligiría a Izzy -contestó Bella.

-Siempre -añadieron ambas.

Imogen se paseó frente a los Cazadores allí reunidos, reparando en Malachi brevemente antes de mirar a las chicas con el rostro muy serio.

-¿Qué opinan los Hermanos Silenciosos? -inquirió la Alta Inquisidora.

"Ambas están dispuestas a convertirse en mártires por la otra" dijo la grave voz de uno de ellos, aunque sonaba diferente a aquel que les había acompañado hasta allí. A juzgar por sus posturas, provenía de uno cuya túnica era de color negro, con runas en tinta color sangre decorando las mangas. "Es un nivel de compenetración y lealtad feroz, como solo hemos visto una vez en el último siglo, entre Alexander Lightwood y Jace Wayland".

Si Bella o Isabelle se sorprendieron al oír eso, ninguna dio muestras de ello. La Alta Inquisidora asintió a sus palabras, pensativa.

-Estoy de acuerdo con ustedes, como shadowhunter y como Inquisidora -Imogen dirigió una mirada hacia el Consejo allí reunido, reparando por unos segundos en Malachi.- En mi opinión, tienen un grado de confianza mutua y de lazos emocionales que podrían comprometer su eficacia como Cazadoras de Sombras.

-En otras palabras -continuó Malachi, elevándose de su asiento.- Son demasiado cercanas. ¿Sería mejor si las separásemos?

Bella e Isabelle intercambiaron una mirada de horror e Izzy fue a abrir la boca, pero se quedó callada al ver la enorme sonrisa en el rostro de Imogen.

-Sólo si queremos perder a dos de las mejores parabatai que pudiéramos tener.


Durante más de un año, ambas habían recibido visitas de emisarios de la Clave y habían sido puestas a prueba en diferentes ocasiones, superando todas ellas con éxito y demostrando su fuerte vínculo, que no había hecho más que fortalecerse con el tiempo. El juicio había sido el broche final.

Cada vez que alguien ponía en duda su decisión, ellas respondían lo mismo: que estaban seguras y darían la vida por la otra sin dudarlo. Como solía decir Izzy, "La vida no iba sobre tener alguien por quien vivir, sino alguien por quien no te importaría morir". Era probable que mucha gente pensase que exagerase, pero al parecer Bella lo entendía a la perfección: tener alguien por quien morir implicaba que había estado en tu vida, haciendo que valiese la pena.

Cuando Bella e Isabelle se encontraron cara a cara rodeadas de las llamas naranjas, pude oír sus corazones latiendo tan fuerte que pensé que se les iba a salir. Jace dedicó un guiño a Bella y Alec sonrió a Izzy con ternura cuando ambas avanzaron delante de los emisarios de la Clave y varios Cazadores de Sombras, tomándose del antebrazo.

-No me ruegues que te deje -comenzó Izzy, su voz algo temblorosa pero decidida mientras miraba a Bella a los ojos, que asintió en respuesta.

-O que regrese cuando te estoy siguiendo -completó, siguiendo el juramento y dándole a Isabelle un ligero apretón. Sólo con verlas así, sabía la verdad: ella le hacía fuerte, sentirse segura.

-Porque a donde tú vayas, yo iré -siempre, añadió Isabelle en su mente. No importaba lo que pasase, ella estaría siempre ahí para Bella.

-Y donde tú vivas yo viviré.

-Tu gente será mi gente –la mente de Isabelle se llenó con las imágenes de los amigos de Bella en el Campamento Mestizo, de su hermano biológico; gente a la que Izzy había aprendido a respetar y apreciar gracias a su hermana adoptiva.

-Y tu Dios será mi Dios –puede que Bella supiese de la existencia de los dioses griegos, pero había visto y sentido lo suficiente como para creer en el Ángel como si la hubiesen criado en Idris.

-Donde tú mueras, yo moriré -dijeron ambas a la vez entonces, y apareció una luz igual que cuando un Cazador empuñaba una estela. Bella sintió el trazo caliente del cristal de cuarzo conforme se deslizaba por la parte izquierda de su pecho, cerca del esternón y justo debajo de la clavícula, haciendo los mismos movimientos que se estaba llevando a cabo sobre la piel de la chica Lightwood, dibujando la runa parabatai. Jace le dio una fuerte palmada a Alec en el hombro, ambos intercambiando una mirada de orgullo.- Y allí seré enterrado.

-El Ángel será mi testigo y mucho más…

-Si solo la muerte nos separa a ti y a mí.

Con esas últimas palabras, desapareció la luz de estela y el fuego se apagó con un chispazo. En ese breve instante, Bella cerró los ojos, y no sé cómo fuimos capaces de ver cómo ella se veía a sí misma a través de los ojos de Isabelle, igual que sintió el corazón de la joven latir en su propio pecho. Levantó los párpados para ver que Izzy la miraba respirando rápidamente, igual que ella. Y allí permanecieron, tomadas de la mano, unidas como una sola alma, ante la Clave y el mundo.

¡Hola!

Esta vez han sido como 20 días, vamos progresando. Pero también os dejo el capítulo más largo escrito hasta el momento, eso tiene que contar, ¿no?

Espero que os haya gustado tanto como a mí escribirlo. En el siguiente capítulo tenemos a un invitado especial que da nombre a toda una saga… y también a un personaje de una cuarta saga que va a hacer su primera aparición. ¡Qué nervios!

Cualquier duda ya sabéis, me dejáis lo que sea en un review y os responderé.

Un abrazo enorme,

Ceci.