En los meses posteriores, estuve terriblemente agradecido de no tener un corazón que latiese, porque estaba seguro de que habría sufrido al menos una decena de infartos. Lejos de tomárselo con calma, la nueva pareja de parabatai se escapaba a menudo del Instituto para encargarse de proteger los alrededores de la ciudad de New York, pese a las miradas de desaprobación que Alec les dedicaba siempre que las pillaba.

La peor sin duda, y también la más sorprendente, ocurrió en febrero. Apenas Jace cumplió los 16, Alec y él aprovecharon para presentarse voluntarios para casi cualquier misión, y aunque las dos primeras fueron perfectamente, la tercera, a mitad de febrero, no tanto.

Los chicos habían sido enviados junto con otros Cazadores, mayores que ellos, a inspeccionar unos signos de supuesta actividad demoníaca en Cold Spring, un pequeño pueblo de New York perteneciente al condado de Putman, a orillas del río Hudson. La alarma se disparó cuando, al no saber nada del grupo tras 3 días, el Instituto envió un equipo de reconocimiento con un brujo, que encontraron los restos mortales de todos los Shadowhunters, exceptuando a los dos jóvenes Cazadores.

Robert se había puesto en marcha de inmediato, pidiendo a Idris toda la ayuda posible y registrando él mismo el área en más de una ocasión. Sin embargo, Bella e Isabelle tenían otros planes en mente. Aprovechando la situación de locura que se vivía en el Instituto, ambas salieron a la ciudad portando cuchillos serafines, Isabelle su látigo y Bella su espada, así como sus respectivas estelas.

Rose levantó una ceja, claramente impresionada, al ver a ambas adolescentes colarse en un tren que les llevaría a Cold Spring, apenas a una hora del centro de la Gran Manzana.

Esa es mi hermanita pensó con una sonrisa en los labios y yo no pude evitar gruñir en su dirección, ante lo cual rodó los ojos frente a la curiosidad del resto de los presentes. Si no quieres saber lo que pienso, no te metas en mi cabeza. Siempre supe que detrás de esa niña buena y dulce había una mujer con los ovarios bien puestos. Esta vez fue mi turno de poner los ojos en blanco y ella resopló. Además, no es como si pudiéramos cambiar lo que pasó.

Ahí tenía un buen punto, pero seguía sin hacerme gracia ver cómo Bella se ponía en peligro.

Una vez llegaron al pueblo, lo primero que hicieron fue visitar el sitio donde se habían producido los primeros signos que habían llamado la atención del Instituto. En un edificio que solía hacer las veces de lonja pesquera y había sido remodelado en hotel se habían producido seis muertes que la Policía Local había achacado a un grupo de satanistas. Pero los Cazadores no se dejaban engañar por ese tipo de cosas. Al parecer, y cito textualmente a Isabelle: "Satanistas de pueblo no sabrían dibujar verdaderos símbolos demoníacos, mucho menos con sangre humana, o hacer una llamada al Infierno a través de sangre derramada". Y añado, por parte de Bella: "Tampoco tendrían la fuerza para destrozar así a las víctimas".

Y es que todas presentaban el cuello destrozado, con profundas heridas de algo que básicamente les había arrancado la garganta y que en algunos se extendía a los hombros, la clavícula y en un par de mujeres los pechos; además, a todas las víctimas les faltaba como mínimo una parte del cuerpo, que al parecer habían sido arrancadas mientras aún vivían. Había cubierto las orejas de Renesmee con las manos, murmurándole palabras al oído con la intención de ahogar toda esa información, aunque sin saber realmente qué habría escuchado debido al oído vampírico.

Su siguiente parada fue el callejón donde los Shadowhunters habían sido atacados. Como cabía esperar, había cinta amarilla y precintos policiales por todas partes, pero eso no era preocupante. La Policía había recogido todas las muestras que necesitaba, salvo los cuerpos, recuperados mucho antes por los Cazadores de Sombras, y en ese momento no se encontraba en la escena del crimen. Aunque así fuera, un simple glamour habría bastado para engañarles.

No, lo preocupante era que, de alguna forma, a la Policía se le había pasado mirar el bajo del edificio cuya ventana daba al callejón, y allí había otro cadáver. Con la poca luz que pasaba a través de la ventana, sólo se distinguía un traje oscuro. Tras colarse por la ventana, pude ver cómo ambas se ponían pálidas por segundo antes de que Izzy tomase el hombro de la cazadora del fallecido y le diese la vuelta.

-Está mal que lo diga -señaló Bella con voz temblorosa.- Pero me alegro de que sea un mundano.

Isabelle, que había soltado todo el aire que había contenido y parecía mucho más ligera, asintió.

-No sabes cómo te entiendo -luego, dedicando una mirada en rededor, añadió: Inspeccionemos esto.

En la pared había símbolos dibujados con sangre. Reconocí un par de ellos como protectores angelicales, algo que dificultaría la entrada de un ángel.

-¿Para qué querría un demonio dibujar una runa de invocación? -murmuró Isabelle con gesto concentrado ante un trazo que parecía un apócrifo cruzado.

-Esto no lo ha hecho un demonio -susurró Bella, inspeccionando la herida en el cuello de la víctima y arrugando la nariz.- ¡Izzy!

Isabelle se acercó entonces, arqueando una oscura ceja. Bella señaló con la cabeza al fallecido e Isabelle, arrodillándose junto al cuerpo que Bella estaba inspeccionando, frunció el ceño.

- ¿No crees que es una herida muy ancha para un cuchillo? -intuyó Bella.

Isabelle asintió con la cabeza.

-Los bordes... parece como si alguien hubiera intentado igualarlos, y la sangre... - dijo la joven Lightwood. Meneó la cabeza.- Debería estar coagulada, pero apenas hay en la herida.

-¿Qué mataría a Cazadores de Sombras desangrándoles y fingiendo que se había tratado de un demonio? -inquirió Bella, sus ojos color chocolate fijos en Isabelle, que parecía pensar lo mismo que ella.

- Vampiro.

Lo siguiente que pasó no me lo esperaba. Bella e Isabelle se hicieron con trozos de madera, afilándolos a modo de estaca, y diversos artilugios religiosos encontraron el camino entre los cuchillos serafines. Sin embargo, algo en particular me dejó sin habla.

Isabelle sacó un pequeño rosario de plástico, probablemente proveniente de un todo a cien, y se lo pasó a Bella, que lo dejó caer, sin soltarlo, en el primer charco que habían encontrado. Posando una rodilla en el suelo, Bella hizo el símbolo de la cruz de forma repetida sobre el agua mientras hablaba rápidamente.

-Exorciza te, creatura aquae. In nomine dei patris omnipotentis et in virtute spiritus sancti -Bella miró entonces a Isabelle, que también se puso de rodillas e hizo el mismo gesto que su parabatai. Bella soltó el rosario y juntó ambas manos sobre la rodilla que mantenía en el suelo.- Nos obsecro te, Raziel. Da nobis gratiam tui. Nos servi tui, et filiae, te rogamus. Audi nos.

"Están haciendo agua bendita".

El pensamiento de Marcus me pilló por sorpresa, tan concentrado estaba en la situación que se estaba desarrollando frente a mí, haciéndome saltar.

Mi padre estaba pensando lo mismo, repasando las palabras de Bella en su cabeza, traduciéndolas desde el latín.

Exorciza este agua. En nombre del Padre y del poder del Espíritu Santo. Te lo suplicamos, Raziel. Nosotras, tus hijas, te rogamos que nos escuches.

-Eh... el agua bendita no sirve contra los vampiros -señaló Kate, ambas cejas en alto.

-¿Y las estacas sí? -replicó Garrett.- Les van a masacrar.

Ante sus palabras no pude evitar el gruñido que salió de mi pecho. Él puso las manos en alto, tratando de aplacar mi ira.

"Tranquilo, Edward," Rosalie rodó los ojos. "Como mínimo sabes que Bella está viva".

Le dirigí una mala mirada. Seguía sin hacerme ninguna gracia, lo que perder a Isabelle podría hacerle a Bella... Me estremecí.

Finalmente Bella dejó caer el rosario y ambas procedieron a rellenar una especia de petacas de plata (o al menos, eran plateadas) con ella y se lo colgaron al cinto.

Bella sacó la estela y comenzó a dibujar en el brazo de Isabelle varias runas: fuerza, agilidad, velocidad y sigilo. Isabelle hizo lo mismo con Bella. Las estelas parecían brillar más de lo normal y una vocecita al fondo de mi mente me recordó que Hodge, Alec e incluso Jace habían dicho en varias ocasiones cómo las runas dibujadas por tu Parabatai eran mucho más poderosas.

-¿Sabes lo que hay que hacer, no? -dijo Isabelle mirando a Bella de refilón. Ella tragó saliva y asintió. Isabelle le tendió la mano y le guiñó un ojo amistosamente.- Vamos, seguro que puedes.

Los ojos marrones de Bella se llenaron de duda.

- ¿No hay otra forma? - inquirió mordiéndose el labio. Era tan parecida a esas alturas a la Bella que yo conocía... Aunque estaba mal, y yo sabía que estaba mal, no podía evitar empezar a verla más hermosa, más parecida a la mujer que amaba, que a la joven adolescente que aún era.

Isabelle suspiró.

- Sabes que no - hizo un gesto con la mano, abriendo y cerrando moviendo los dedos hacia ella como una mala versión de un ninja.- Eres más que capaz.

Bella miró un momento a un lado y la oí mascullar un "no seas cobarde" antes de cuadrar los hombros y acercarse a Isabelle, la cual depositó en la palma de la mano de Bella un gemelo con la letra W de Wayland y otro con la letra L de Lightwood. Las comisuras de los labios de Bella temblaron hacia arriba.

-¿Te has metido a rebuscar en el cuarto de los chicos?

Isabelle le dio una sonrisa socarrona.

- Por supuesto. Deberías ver las revistas que Jac-

-¡Ugh! -exclamó Bella con gesto de asco.- Demasiada información.

Isabelle soltó una breve carcajada que murió rápidamente conforme la gravedad de la situación se hacía presente.

-¿Lista? - inquirió mirando a Bella, la cual asintió.

- Lista.

Isabelle puso ambas manos alrededor de la Bella y Bella puso la otra suya sujetando la de Isabelle. Una pequeña luz pareció recorrer entonces las manos de las chicas, que mantuvieron los ojos fijos la una en los de la otra.

Era un momento tan sumamente íntimo que sentí la necesidad de mirar hacia otro lado. No era el único que se había dado cuenta de esto, ya que Jacob tenía la vista fija en el suelo con un sonrojo que le cubría hasta las orejas. Incluso Tanya, una mujer que utilizaba la sensualidad como arma, se sentía avergonzada de estar viendo aquello. Carlisle tenía razón, el vínculo parabatai era tan profundo que éramos incapaces de comprenderlo por completo. Llegué a preguntarme si incluso los Cazadores de Sombras lo hacían.

El momento fue roto por Isabelle, que jadeó soltando las manos de Bella, la luz desapareciendo al tiempo que ésta última sacudía la cabeza, tratando de salir del estupor.

-Les tengo -anunció Isabelle.

-Una nave industrial, a 3 kilómetros de aquí -confirmó Bella.

-A 2.8, en realidad -corrigió Isabelle, haciendo que Bella rodase los ojos.- Pero estás mejorando -añadió, haciéndola aún más de rabiar. El azul de sus ojos se endureció.- Vamos a por nuestra familia.


Al entrar, lo primero que vieron fue una columna de metal de frente y unas escaleras a la izquierda. El resto de la nave estaba vacía. Apoyada en la columna había una mujer joven, pero mayor incluso que Alec. Tendría 20 o 21 años. Ambos brazos estaban hacia arriba, sujetos por las muñecas a una tubería que salía de la columna mediante esposas metálicas. El cabello rubio con mechas más oscuras estaba recogido en una coleta baja, sucio y con sangre seca, que también recorría la parte derecha de la piel clara del rostro. Vestía una camiseta roja que había quedado prácticamente hecha jirones, dejando entrever más trozos de pálida piel, y jeans oscuros. El subir y bajar de su pecho dejaba claro que estaba viva.

Isabelle le hizo un gesto a Bella con la cabeza, señalándole que fuera hacia la chica mientras ella se dirigía escaleras abajo.

Bella se arrodilló junto a ella y sacó la estela del bolsillo, tomando de forma delicada el metal entre sus manos. La joven rubia abrió los ojos, de un sorprendente color avellana con una sombra verdosa que irradiaba del centro del iris, y frunció el ceño.

-Vete de aquí, niña -gimió en voz baja. Bella le indicó que guardase silencio poniendo el dedo índice sobre sus labios. La chica suspiró.- Vas a conseguir que te maten... Vete...

Bella rodó los ojos y, dibujando una runa de apertura sobre las esposas y activando su runa de fuerza, las abrió con rapidez. La chica rubia dejó caer los brazos, sin fuerzas, y miró a Bella, sorprendida.

-Márchate -susurró la Cazadora poniéndose en pie y moviéndose hacia las escaleras por las que Isabelle había desaparecido.- Sabemos lo que hacemos.

Y así, sin más, Bella descendió escaleras abajo, sus pasos más rápidos que los de Isabelle aunque no tanto como le gustaría, como era evidente por la forma en que se mordía el labio inferior mientras sus ojos se movían nerviosamente de un lado a otro.

- ¡Bella! -oyó a alguien gritar-susurrar.- ¡Aquí! ¡Les tengo!

Olvidando cualquier entrenamiento que pudiese tener, la voz de Izzy hizo que Bella bajase las escaleras prácticamente corriendo, tropezando un par de veces y llegando al final de estas a trompicones.

Allí, en mitad de la sala, Alec y Jace estaban atados a una tubería de igual forma que la chica que habían encontrado al llegar. Isabelle les había quitado de la boca dos pañuelos que habían servido de mordaza y ahora dibujaba en Alec una runa de curación. Tenía dos heridas punzantes simétricas en el punto en que se unían la clavícula y el cuello.

-Parece un mordisco de un vampiro de Hollywood -observó Emmett en voz alta.

Aro tragó con fuerza y mi mirada se aceró mirando hacia el rey Vampiro.

-¿En serio, Aro? -casi rugí. Por primera vez, aquel narcisista parecía sentirse verdaderamente culpable, abochornado.

Carlisle intercambió miradas entre Aro y yo mismo, consternado.

-¿Hijo? -puso su mano en mi hombro, pero fui incapaz de relajarme.

-Existe otro tipo de vampiro -casi escupí.- Solo uno, que ellos sepan. Tú estabas interesado en estudiarlo, Carlisle, pero Aro pensó que sería peligroso, así que pidió a Cayo que ordenase a un miembro de su guardia personal que te modificase la memoria.

Carlisle se envaró. Varios gruñidos comenzaron a oírse, a medio camino entre lo animal y lo humano.

Cayo se limitó a encogerse de hombros y darnos una mirada aburrida.

-Culpable.

-¡Cómo te atreves- ! -casi gritó Carlisle, que hacía grandes esfuerzos por contenerse. Miró al vampiro de pelo negro con un gesto que era tal mezcla de asco y desprecio que este retrocedió como si le hubieran dado una bofetada.- Aro, sabía que te habías corrompido... Pero no era consciente de cuán depravado eras ni desde hacía cuanto.

-Carlisle, querido amigo... -empezó a decir Aro, pero fue cortado de raíz por una sensación tan sofocante que solo de leer sus pensamientos me sentí aturullado.

-Jasper -ordenó mi padre con un tono serio, aunque mucho más suave. Estaba claro que, incluso si no aprobaba los métodos de su hijo, agradecía que le defendiese de una forma tan feroz. Todos lo haríamos.

El gruñido de Jace nos trajo de vuelta al recuerdo. Mientras Bella hacía lo propio con el joven Wayland, este abrió los ojos, el negro de las pupilas tan dilatado que las motas doradas y el fondo azul desaparecían casi por completo.

-¿Bells? -inquirió con tono cansado al sentir cómo las esposas se aflojaban.

-Así... es... - jadeó Bella, dejando que el peso de Jace cayese contra su propio cuerpo antes de apoyarle en la pared. Tendiéndole su estela para que se curase, Bella se encaminó hacia Izzy, ayudándole a arrastrar a un Alec prácticamente inconsciente.

-¿Qué ocurrió? -dijo Isabelle sin aliento. Alec soltó un quejido incoherente y Jace se pasó una mano por el pelo rubio, que estaba muy lejos de su cuidado estilo y estaba más cerca de parecer un almiar que cualquier otra cosa.

-Nos tendieron una trampa -suspiró Jace.- No había ningún demonio.

-Era un par de chupasangres - convino Alec, aún a medio camino entre la inconsciencia y el mundo de los vivos.- Nos cargamos a una.

-Nos atacaron antes de poder reaccionar -gruñó Jace haciendo un gesto de dolor al rotar su hombro.- No íbamos preparados para una pareja de subterráneos asesinos.

-¿Algún superviviente? -la nota de esperanza en el hilo de voz de Alec se extinguió tan pronto como hubo abierto la boca al ver la mirada de ambas chicas.- Oh.

-¿Por qué traeros aquí en lugar de mataros? -se preguntó Bella en voz alta. El Cazador rubio hizo una mueca.

-Es posible que la que nos cargamos fuese su pareja -Alec le echó una mala mirada con los párpados entreabiertos y las mejillas de Jace se pusieron rojas.- También es posible que me burlase de él por ello.

-Genial, un vampiro que busca venganza. Eres idiota, Jace -suspiró Isabelle, colocando uno de los brazos de Alec alrededor de sus hombros mientras Jace hacía lo mismo por el otro lado pese a las protestas de Bella, alegando que aunque, él estaba golpeado, seguía siendo más fuerte que ella.- Pero al menos seguís vivos.

-Lo suficiente para ver esto.

Hubo un rápido movimiento y entonces el grito de Bella cruzó la sala, tan agudo que Renesmee se tapó las orejas mientras escondía el rostro contra el cuello de Rosalie, respirando rápidamente.

Una herida superficial recorría la parte izquierda de su cuello, habiendo levantado la piel, rasgándola. El hombre -el vampiro- mantenía su agarre en Bella por su pelo y dejaba al aire unos colmillos afilados aún manchados de rojo. Era rubio, de piel clara - pero los ángulos de su rostro eran redondeados, no tenía los ojos rojos o dorados, sino de un vibrante tono marrón. Salvo por los colmillos, podría haber pasado por un humano al que la lotería genética había agraciado.

-¿Qué clase de venganza sería si no les hago sufrir antes, joven Shadowhunter? -inquirió mirando a Isabelle, que se había quedado completamente pálida.

-Maldita sanguijuela -gruñó Leah, los labios retraídos sobre los dientes delanteros, como si fuese a saltar hacia él.

-Suéltala -dijo Alec entre resuellos, ante lo que el vampiro se rió.

-No creo que lo haga -dio otro tirón la pelo de Bella, que gimoteó levemente, haciendo que Jace tratase de desasirse del grupo.

-Serás hijo de- -se quedó parado al echarse la mano al cinto y darse cuenta de que no tenía arma alguna. Por eso, y por el tirón que dio Alec a su camiseta, haciendo un movimiento casi imposible de notar con la cabeza.

La sonrisa del vampiro desapareció.

-Venís tras nosotros, masacráis a alguien que me importaba, ¿y creéis que tenéis derecho a pedir algo? -retrajo los labios y dejó escapar un siseo peligroso.

-Rompisteis los Acuerdos -replicó Alec, tratando de mantenerse en pie, aunque la rodilla le fallaba incluso apoyado en sus hermanos.

-¡Porque nos matan de hambre! -rugió el vampiro.- Los mundanos son nuestra fuente de alimento natural. Vosotros coméis carne... ¿Y nosotros no podemos tomar sangre de su fuente?

-Habéis matado a personas. Seres humanos inocentes - le espetó Jace. Quien más quien menos se revolvió, incómodo. La gran mayoría de nosotros había matado a alguien para alimentarse, algunos seguían haciéndolo. ¿Cómo era posible que Bella, habiendo visto lo peor de lo peor, luchado contra ello, hubiese querido estar conmigo, ser parte de nuestra familia?- Sois monstruos.

El vampiro se rió oscuramente.

-Tienes razón -reconoció y clavó los colmillos en el cuello de Bella.

Grité. No fui el único. Hubo un tumulto de gritos entre nosotros, desde mi hija a Alice, a una Esme desesperada. Gritos de Isabelle, Alec y Jace. Gritos que rápidamente fueron ahogados por el rugido del vampiro, que se agarraba la garganta con fuerza como si le quemase, dejando caer a Bella al suelo. La petaca de agua bendita resonó contra el suelo, y ella la agarró, tirándole lo que quedaba dentro. La criatura aulló, sujetándose el rostro con ambas manos.

-¿Te la bebiste? -inquirió una Isabelle con los ojos como platos.

Eso tenía sentido. El agua bendita le había quemado al contacto, aunque no entendiese por qué. Si Bella había bebido parte, estaría en su sangre.

-No sé qué acaba de pasar, pero tu esposa es un genio -dijo Benjamin con un brillo maravillado en los ojos.

-¡Corred! -gritó Bella, presionándose el cuello con una mano para evitar que siguiera saliendo sangre. Isabelle, Alec y Jace se movieron hacia las escaleras como bien pudieron, pero un trompicón hizo que la primera echase un vistazo por encima del hombro, dejando casi caer a Alec.

-¡Bella!

La versión joven de mi futura esposa estaba en el suelo, respirando con fuerza por la nariz. Quizá la pérdida de sangre, quizá el verla o una mezcla de todo. Pero el caso es que parecía apunto de desplomarse y el vampiro estaba justo frente a ella.

Un borrón atravesó la escalera, haciendo tambalear a los chicos, para colocarse tras el vampiro, cuya sonrisa se le quedó congelada en el rostro al tiempo que se oía un chasquido penetrante. Un sonido viscoso reverberó en la nave y el cuerpo del vampiro cayó al suelo, muerto, dejando ver tras él a la chica que habían liberado escaleras arriba con el corazón de la criatura aún en la mano.


-Así que, ¿Lexi, verdad? -la chica asintió a las palabras de Jace, dejando a Bella en el suelo, apoyada contra la pared del edificio. Bella murmuró un "gracias" y Lexi le sonrió cordialmente.- Si eres una vampira, ¿cómo es que ese otro tipo de pilló?

-¡Jace! -exclamó Isabelle.- ¡No puedes preguntar a la gente esas cosas!

-Pues yo creo que es una buena pregunta -intervino Alec, que estaba echando un ojo a la herida de Bella y dibujando un iratze justo sobre la arteria.

-¿Sois Shadowhunters? -inquirió con una ceja alzada.- Impresionante, siendo tan jóvenes. -Lexi miró por encima del hombro de Alec y frunció los labios.- Vas a necesitar algo más para que una herida así cure rápido.

Alec levantó la vista, molesto.

-¿Como qué?

-Mi sangre -replicó Lexi. Juraría que Bella se puso verde al oírle decir aquello.

-Será una broma…

-La sangre de los vampiros originales, que sospecho que es lo que es Lexi, es capaz de curar prácticamente cualquier tipo de lesión -Lexi sonrió como si fuera una niña el día de Navidad.

-¡Así que conocéis mi especie! ¡Fantástico! -miró a Alec y señaló entre ambos con el dedo índice.- ¿Puedo…?

Suspirando, Alec se levantó y dejó hueco a Lexi, que se puso de rodillas al lado de Bella.

-Supongo que estaréis protegidos contra la compulsión…

-Sí -vino el coro de cuatro voces, con distinto tono y cadencia. Lexi rodó los ojos.

-Entonces, siento no poder evitar que te marees, Bella -le dedicó una sonrisa lastimera y Bella negó levemente con la cabeza.

-No pasa nada -murmuró al tiempo que Lexi dejaba salir sus colmillos y se llevaba la muñeca a la boca. Hubo un sonido de desgarro y a continuación le ofreció la herida abierta a Bella, que arrugó la nariz.

-A tu ritmo, tranquila -replicó Lexi con tono suave.- Un poco debería ser suficiente.- A continuación, miró hacia el resto de Shadowhunters, que esperaban la explicación de la vampiresa.- Esos dos llevaban un tiempo cazando… No solo a vosotros.

Alec frunció el ceño.

-¿Qué quieres decir?

-Quiero decir que han ido detrás de otros vampiros, de Shadowhunters, humanos… -se encogió de hombros y se volvió hacia Bella dándole una leve sonrisa al ver que la herida del cuello había desaparecido. Llevándose la muñeca a la boca, selló la herida con saliva.- Algunos de esos humanos no eran humanos corrientes. Eran cazadores.

Alec hizo una mueca.

-Habría preferido lidiar con cualquier cosa antes que con mundanos que se meten donde no les llaman -señaló Jace.

Isabelle se encogió de hombros.

-Yo creo que son valientes.

-Se encargan de las subespecies que no entraron en los Acuerdos, Izzy -dijo Alec.- Y generalmente acaban muertos.

-Selección Natural -añadió Jace.

Isabelle rodó los ojos.

-Idiotas.

-El caso -intervino Lexi- es que oí que estos dos no han sido los únicos en atacar a todo el mundo. Hubo un caso en Sioux Falls, Dakota. En esa ocasión eran hombres lobo.

Jace resopló.

-Los hombres lobo no devoran personas.

-Eso mismo pensé yo -replicó Lexi, suspirando.- Estos sí. Sus corazones.

Bella hizo una mueca, apoyándose en la pared para levantarse.

-He pensado que, si queréis, podéis venir conmigo a hablar con el Cazador que llevaba ese caso. Hemos hablado antes. Lo único… no mencionéis que no soy humana.

-Comprensible -concedió Jace.

-Tienes nuestra palabra -replicó Alec.

Lexi sonrió encantada y dio una palmada.

-¡Genial! ¡Todos al coche! -exclamó sacando unas llaves del bolsillo trasero de los vaqueros. Empezó a apuntar a distintos coches aparcados en el parking de la nave hasta que se encendieron las luces de uno.

-No es tu coche, ¿verdad? -inquirió Bella.

-Ahora sí -replicó Lexi, animando a que todos subieran.- Las llaves eran del otro tipo. No las va a necesitar -finalizó, subiéndose ella misma al asiento del piloto.

-¿Podrías darme el nombre de ese cazador para avisar al Instituto y ver qué datos tenemos al respecto? -preguntó Alec tomando el móvil de su hermana.

-Claro -dijo la rubia arrancando el coche alegremente.- Su nombre es Bobby, Bobby Singer.

Mil perdones por la ausencia. El resumen de mi vida este mes y medio ha sido estudiar, hospital con mi madre, hospital con mi hermana, estudiar, temporal de nieve, pasar por quirófano, hospital, reposo en cama, urgencias y más estudiar.

Pero bueno, ahora estoy aquí. Que sepáis que ya llevo un tercio del siguiente capítulo escrito, así que no tardaré mucho en actualizar… Siempre que os portéis también vosotros con los comentarios ;) ¡Dos personajes de dos sagas diferentes nuevas introducidos!

Aún no he podido contestarlos, prometo hacerlo mañana.

Un abrazo fuerte,

Ceci.