-Yo de vosotros tampoco mencionaría a Bobby que sois mitad ángel -comentó Lexi dando una mirada de refilón a Alec, sentado a su lado haciendo de copiloto. Aunque el mayor de los Lightwood mantenía aferrada una de las estacas de Isabelle, Lexi no parecía intimidada en absoluto.- No sé cómo reaccionaría.

-Salvo unos pocos religiosos, la mayoría de cazadores consideran que Dios y los ángeles son mitos -replicó Jace sin darle importancia.- No es la primera vez que nos las vemos con ellos. Sabemos qué no decir.

-La Clave nunca ha dejado que los mundanos se involucren demasiado en el tema sobrenatural -murmuró Isabelle mientras limpiaba de sangre el cuello de Bella.- Si lo hicieran, no vivirían para contarlo.

-¿Entonces es todo real? -Jace elevó una ceja rubia, mirando a Lexi por el espejo retrovisor, y esta se encogió de hombros.- Me refiero a los ángeles, los demonios y… Dios.

-Sí, sí y ni idea -respondió el Shadowhunter. Lexi pareció un poco decepcionada por el hecho de que los chicos no pudiesen corroborar la existencia de un Dios con D mayúscula, pero se limitó a apretar los labios y asentir.- Hace siglos que la Clave contactó de manera oficial con el último ángel, aunque existen rumores…

-Jace -le cortó Alec bruscamente.- Suficiente.

Isabelle y Bella rodaron los ojos al mismo tiempo.

-Sí, Jace, no querrás que la Clave se entere de que confraternizas con vampiros -terció Isabelle con tono de burla.

-Con el tipo de vampiro que no entra en los Acuerdos, ni más ni menos -añadió Bella.

-Porque entonces sabrían que Alec no ha actuado en base a las órdenes…

-Que todo tipo de ser sobrenatural…

-Que no esté recogido por los Acuerdos…

-Debe ser atrapado…

-Y llevado bajo custodia.

-"La Ley es dura, pero es la ley" -finalizaron ambas de una manera muy similar a la que usaban los gemelos Weasley. Alec gruñó algo ininteligible y Jace se echó a reír. Lexi parecía confusa.

-¿Los Acuerdos? -preguntó.

Alec suspiró.

-Es una especie de… trato entre los subterráneos y los Cazadores de Sombras. Vampiros, licántropos, Fae y brujos.

-Yo soy una vampira -comentó Lexi, su tono confuso. Como para demostrarlo, pasó la lengua por sus dientes delanteros, haciendo que descendieran sus colmillos, blancos y afilados.

-En los Acuerdos solo entraron aquellas especies de seres sobrenaturales que presentan sangre de demonio -aclaró Bella. Parecía incómoda con el tópico de discusión. Se mordió el labio inferior y dejó caer parte de su oscuro pelo para taparse el rostro.- Se considera que el resto sois demasiado… salvajes.

Hubo un murmullo entre mi familia, nuestros aliados y los Vulturis, a medio camino entre el enfado y la vergüenza según quién hablase.

Lexi suspiró, echándose el rubio cabello hacia atrás con la mano derecha antes de volverla a depositar sobre el volante.

-Entiendo.

-No paredes ofendida - Alec la miró con ojos calculadores. Lexi se encogió de hombros.

-He conocido a demasiados de los nuestros como para negarlo -dirigió una mirada nerviosa a su lado y luego hacia los pasajeros de los asientos traseros.- ¿Significa eso que vais a intentar detenerme, con esposas y todo?

Jace resopló.

-En situación normal, sí -reconoció Isabelle.

-Probablemente iríamos a matar -añadió Jace.- Sin ofender.

-Pero -terció Bella rápidamente- algo me dice que tú no haces daño a seres humanos, ¿verdad, Lexi?

Lexi le dio a Bella una sonrisa rígida, aún en guardia. Parecía una joven amable y piadosa, pero no creo que albergase deseo de muerte alguno y no podía ver la forma en que Bella y sus amigos saldrían bien de aquello si se producía una lucha.

-Llevo décadas alimentándome de animales -respondió la vampiresa. Alec se relajó a su lado casi imperceptiblemente. Al parecer yo no era el único que no quería que se diese una situación en la que luchar.- Conozco a algunos que toman sangre humana de bolsas de donantes. La mayoría lo hace de la fuente, pero sin dañarla... permanentemente -añadió a toda prisa al ver la mirada incrédula que los Shadowhunters le habían dedicado.

-Entonces supongo que podemos darte el mismo trato que a quienes no violan los acuerdos… -comentó Alec, dubitativo.

-Alec -llamó Isabelle sujetándose a la espalda del asiento para inclinarse hacia delante.- Lo haremos. Ha salvado la vida a Bella.

El rostro de Lexi se suavizó mirando a la pelinegra.

-Ella me salvó a mí primero -le recordó Lexi.

-No tenías por qué volver -señaló Bella. Una vez más, la rubia se encogió de hombros.

-Tú no tenías por qué soltarme -terció Lexi. Bella se sonrojó, pero no dijo nada más. Lexi echó un vistazo por la ventanilla y de nuevo a sus compañeros de viaje.- Estamos en la 84 a la altura de la 390.

-¿En cristiano? -preguntó Jace. Lexi suspiró.

-Estamos a unas 19 horas de Sioux Falls.

Hubo un gruñido colectivo en el asiento de atrás por parte de los tres Cazadores de Sombras. Lexi se rió entre dientes.

-¿No os gustan los viajes por carretera?

-No estamos acostumbrados -replicó Alec, cruzándose de brazos.- Por regla general, el Instituto dispone de un portal o la ayuda de algún brujo.

-A veces mi tío ayuda con la aparición -añadió Bella. Lexi le lanzó una mirada interrogativa y Bella se encogió de hombros.- Magia.

Lexi parpadeó un par de veces.

-Oh, claro, yo... Perdona -respondió moviendo la cabeza de lado a lado, como para despejarse, y luego volviendo la vista a la carretera.- Alec, ¿te has puesto en contacto con el Instituto?

El Shadowhunter asintió rígidamente.

-Sí. Les he informado de que Bella e Isabelle están con nosotros -ambas hicieron una mueca. Estaban en problemas, eso ya lo sabían. Pero una cosa era imaginarlo y otra conocer a ciencia cierta que se sabía que se habían saltado el Protocolo. Por lo observado, la desobediencia no era algo que la Clave se tomase a la ligera.- Y de que hemos entrado en contacto durante la caza con cazadores mundanos. También saben que nos dirigimos a Dakota del Sur -Lexi se puso tensa pero Alec se apresuró a asegurarle que estaba a salvo y que nadie más se presentaría salvo que ellos lo requiriesen. Robert Lightwood confiaba en el criterio de su hijo mayor, y la Clave confiaba en Robert.- Cuando acabemos solicitaré al Instituto más cercano un brujo y volveremos a casa.

-Yupi -murmuró Isabelle con el tono rezumando sarcasmo, haciendo a Jace resoplar una vez más. Bella le dedicó una mueca desde el otro lado de Isabelle y el rubio se rió entre dientes.

-Genial entonces -convino Lexi.- Deberíais dormir. Son las 7 de la tarde, calculo que estaremos allí sobre las 7 de la mañana.

Alec parecía confuso.

-Habías dicho que serían 19 horas.

Lexi le dio una sonrisa torcida al tiempo que plantaba el pie en el acelerador, haciendo que el motor del coche ronronease.

-Para alguien al que le importa el límite de velocidad.


El tal Bobby vivía en una vieja casa de madera adosada a un desguace de coches que también hacía las veces de chatarrería en las afueras de Sioux Falls. Nada más bajar del coche, activando previamente la runa de glamour para ocultar las marcas, los chicos procedieron a estirarse.

-Me estoy haciendo mayor para esto -murmuró Isabelle, ante lo cual Jace le dio un empujón en el hombro.

-Vamos, abuela -contestó burlón.- Puedes con ello.

Lo primero que vieron al acercarse a la entrada de la casa, fue un gran rottweiler negro en el capó de una camioneta Ford de color azul. Las orejas del perro se pusieron alerta al oirles y empezó a gruñir, bajando de un salto al suelo. Sin embargo, el gruñido pronto desapareció, tan rápido como vino, cuando Bella le puso la mano en el hocico, acariciando el pelo negro. El perro hizo un sonido más similar al ronroneo de un gato que a otra cosa, ganándose múltiples risitas por parte de Renesmee.

-Parece que Bella siempre fue una encantadora de perros -murmuró Rosalie, haciendo a Emmett y Jasper aullar de risa mientras Jacob le dirigía una mala mirada.

La posible pelea fue interrumpida por el cañón de una escopeta dirigida al grupo de Shadowhunters y vampira, empuñada por un hombre de unos cincuenta años con pelo marrón rojizo que había comenzado a llenarse de canas y barba. Debía medir alrededor de metro ochenta y, aunque se veía que estaba fuerte, tenía una ligera barriga cervecera, dándole un aspecto más redondeado a su cuerpo. Vestía con una camisa de franela a cuadros, tejanos y una gorra muy gastada de color azul.

De inmediato, los chicos se llevaron la mano a los cintos, aunque un cuchillo o una espada bien poco podían hacer contra un arma de fuego.

-¡Maldita sea, Bobby! ¡Baja eso! -exclamó Lexi con las manos en alto. Así que este era el famoso Bobby…

-¿Cómo sé que eres Lexi? -inquirió el hombre, elevando ambas cejas.

Lexi puso los ojos en blanco y abrió la boca para contestar, pero Alec se le adelantó.

-Porque ya hemos probado con agua bendita y con cuchillos de plata -dijo, señalando el pañuelo cubierto de sangre que Isabelle llevaba aún asomando del bolsillo.- Soy Alexander Wright. Estos son mis hermanos, Jhon -señaló con la cabeza a Jace- Izobel -Izzy- y Arabella -señaló a Bella. Tenía que reconocer que había sido rápido para inventarse nombres que fueran lo suficientemente distintos de sus nombres reales como para no levantar sospechas pero lo suficientemente parecidos como para que el que alguno se equivocase en algún momento no fuese un problema.

-Estupendo, muchacho -replicó Bobby, sin soltar la escopeta.- Eso no explica qué hacéis aquí, sois demasiado jóvenes para ser cazad-

-Oh, por el amor de-

En un momento, Bobby mantenía la escopeta agarrada con fuerza y lista para disparar, y, al siguiente, se encontraba a los pies de Isabelle después de que esta hubiese sacado su látigo y desarmado al cazador rápida como el rayo.

Hubo un momento de silencio antes de que Bobby reaccionase.

-Impresionante -reconoció, sus oscuros ojos marrones dando a Isabelle una mirada de aprobación.- ¿Izobel, dijiste?

-Prefiero Izzy -le corrigió la pelinegra, moviendo la cabeza hacia su parabatai.- Y ella prefiere Bella.

-Como las señoritas prefieran -suspiró Bobby, dándose la vuelta y andando hacia la casa. Cuando nadie le siguió, miró por encima del hombro.- ¿Vais a quedaros ahí o a pasar dentro?- Tras unos instantes de confusión, el grupo echó a andar y Bobby rodó los ojos.- Idiotas…

En unos minutos, todos estaban sentados en los sofás y sillas que Bobby tenía en la habitación principal. Era una especie de salón con un viejo escritorio de madera, una radio antigua en la mesita contigua a un sofá bastante descuajeringado y paredes llenas hasta el techo de estanterías con libros o simplemente pilas de tomos y documentos. La sala conectaba con la cocina, completamente normal salvo por la hilera de teléfonos con diferentes etiquetas -Rangers de Texas, FBI, CIA, DEA- que se encontraba al lado del fregadero, donde uno esperaría encontrar las especias.

Lo primero que hizo Bobby fue dirigirse a la nevera, de donde sacó un par de botellines de cerveza. Cuando Jace se inclinó para coger uno, Bobby lo sacó de su alcance, levantando una ceja castaña.

-¿Cuántos años tenéis, doce? -inquirió mientras le tendía la cerveza a Lexi, que trató de ocultar una sonrisa petulante sin mucho éxito.

Jace entrecerró los ojos, el azul de sus ojos transformándose en dorado por un instante.

- Dieciséis.

- Alexander tiene dieciocho -intervino Lexi.- Izzy quince y Bella catorce.

-¿Y les dejas ir de caza? -gruñó Bobby por lo bajo. Isabelle pareció ofendida ante lo que estaba sugiriendo.

- Nadie nos deja nada.

- Sus padres fueron asesinados por un trotapieles hace cinco años -interceptó Lexi antes de que el hombre pudiera responder a Isabelle.

-¿Trotapieles? -inquirió Emmett mirando confuso al resto de nosotros.

Si a los chicos les sorprendió la mentira de la vampiresa, ninguno lo mostró en su rostro.

-¿Y planeas que sus hijos terminen igual?

-Creo que lo más adecuado es que sepan lo que hay ahí fuera y sepan defenderse, ¿no crees, Bobby?

El cazador rodó los ojos y murmuró algo ininteligible.

-Estamos aquí por los ataques de esos hombres lobo -habló Jace entonces, queriendo redirigir la conversación.- Los que se comieron los corazones de sus víctimas.

-Eso lo hacen todos, chico -dijo Bobby.- Pero seguro que un cazador experimentado como tú ya lo sabe -añadió con cierto sarcasmo. Jace apretó la mandíbula, la piel de los nudillos tensándose hasta quedar blanca al apretar los puños.

- Lo que Jhon quiere decir es que nunca nos hemos encontrado con hombres lobo -aclaró Isabelle, dándole una tentativa sonrisa a Bobby. Tenía que admitir que era una gran actriz.- Y nos sería muy útil aprender sobre ellos.

-Supongo que Lexi os habló del problema que tuvimos hace poco por aquí -dijo Bobby mientras rebuscaba entre las estanterías, sacando libros de diferentes estantes.

-Sí, algo nos ha dicho -dijo Alec, obviando que sabían que los muertos no eran humanos, sino otro tipo de licántropo.

-Fue feo -replicó Bobby acercándose a Alec y dejando la pila en sus brazos, tan alta que le tapaba por completo y tan pesada que el chico se tambaleó.- Muy feo.

Jace, Alec e Isabelle empezaron a echar un vistazo a los libros que les había dado Bobby, en los que se describía a seres humanos que se volvían feroces, salvajes, donde lo único que les vinculaba con los hombres lobo era la luna llena, los afilados dientes, los ojos amarillos y las garras. No tomaban la forma de un lobo.

-¿Qué opináis? -murmuró Lexi en voz baja.

-No son licántropos -replicó Alec con voz igualmente suave, casi inaudible.- Son lobo-hombres.

-¿Lobo-qué? -Lexi no fue la única que se hizo eco de lo que Alec acababa de decir. Varios de los vampiros presentes la imitaron, mostrando su desconcierto. Los lobos, por su parte, parecían asqueados.

-Lobo-hombres -repitió Jace.- No existe un solo tipo de hombre lobo. A veces hay ramas, subespecies.

-Como con la evolución humana -indicó Isabelle.

Los ojos de Carlisle brillaron.

-Fascinante…

-Los lobo-hombres eran conocidos como devoradores por los antiguos Cazadores de Sombras -continuó Isabelle.

-Se derivaron de la rama de licántropos cuya maldición se activa al matar a un ser humano -aclaró Jace.

Lexi hizo un gesto de conformidad.

-Con esos estoy más familiarizada.

Tras la primera parte de la conversación nada más entrar a la casa, Bella se había dedicado a echar un vistazo por la vasta biblioteca de Bobby y, tras haber tendido los libros a los Shadowhunters, este se había acercado a ella.

-Veo que le has gustado a Rumsfeld -comentó Bobby tras tomar un trago de su cerveza. Bella levantó ambas cejas, sus ojos chocolate centrándose en el hombre mayor a su espalda en lugar de en los libros que se amontonaban en las estanterías..

-¿Oh?

Bobby se rió entre dientes.

-Mi perro -aclaró y Bella se sonrojó al tiempo que su rostro se llenaba de reconocimiento.- Ese viejo chucho no aguanta a nadie, ni siquiera a Sam, y aquí estás tú, ganándote su corazón con dos caricias.

Bella le dio una pequeña sonrisa.

-Los animales solo necesitan cariño -aclaró la Cazadora.

-Mmm-mmm -asintió Bobby pegando otro trago a su cerveza. Tras un minuto incómodo de cambiar el peso de un pie al otro, el hombre se aclaró la garganta.- ¿Te gustan los libros?

-Sí, me gusta leer -Bella se encogió de hombros.- Aprender está bien, pero también leer libros normales… te transportan a otra parte.

Bobby asintió con la cabeza, pensativo.

-¿Alguna razón particular para querer estar en otra parte? -inquirió Bobby.- Tu vida parece bastante emocionante.

Bella hizo una mueca.

-Señor Singer…

-Bobby, por favor -pidió, levantando una mano para que parase la frase justo ahí.- Sé que no es asunto mío, pero esta vida… es peligrosa, chica. Tus hermanos son mayores que tú, pero Izobel y tú aún sois unas crías.

-Usted sigue en esta vida -señaló Bella.

-Cuesta salir de algo a mi edad, chica.

Bella rodó los ojos.

-Lo entiendo, pero esta vida… es lo que me gusta, para lo que fui criada. El negocio familiar.

Al oír eso, Bobby pareció envejecer diez años de golpe.

-Chica, si es lo que te gusta -señaló con la botella hacia los libros-, entonces, ¿por qué lees sobre otras vidas?

Bella le miró, aparentemente sin comprender, aunque yo la conocía mejor que aquello. También sabía que a terca no la ganaba nadie e iba a seguir en sus trece.

-Yo solo digo… piénsalo, ¿vale? -Bobby le dio una sonrisa triste.- Aún hay tiempo.


Como habían prometido, los chicos dejaron a Lexi marchar, aunque no sin que Isabelle, Bella y ella intercambiasen teléfonos y la vampira les hiciera prometer que estarían en contacto, alegando que necesitarían hablar de cosas de chicas con alguien en algún momento y que ese alguien sería ella.

La vuelta al Instituto no supuso problema alguno, pero la bronca de Robert a Bella e Isabelle fue monumental prese a los esfuerzos de Jace por convencerle de que habrían muerto sin ellas -Alec también era consciente de esto, pero a su parecer el rapapolvo y subsecuente castigo seguía estando justificado. La Ley es dura, pero es la Ley.

Tampoco vino muy bien el hecho de que Robert pareciese culpar más a Bella que a Isabelle. En separado le había recordado que Isabelle era la hermana de Alec y Jace, y podía llegar a entender que esos vínculos nublasen su juicio, pero no así con ella, pues en su opinión ni el chico Wayland ni el joven Lightwood eran nadie para ella.

Todos esperábamos después de aquello una relativa vuelta a la normalidad. Sin embargo, la cosa no acabó ahí. Los Cazadores de todo el país habían informado al Instituto de New York de un patrón anormal de cambios atmosféricos que no solo se extendía por Estados Unidos, sino por el resto del mundo. Nevadas en zonas cálidas, tormentas tropicales salidas de la nada, pequeños tsunamis, cambios de viento y mareas… Tanto los Vulturi como nuestra familia intercambió miradas. Todos recordábamos aquella época, aquellos fenómenos extraños, incluso Jacob y Leah -Seth era demasiado joven en aquel momento. Me removí, incómodo. Aunque se había achacado al Calentamiento Global en su momento, ahora sabía que había algo más. Ver hasta qué punto lo sobrenatural era responsable de cada pequeño cambio estaba haciendo que me preguntase si había algo realmente normal.

Los chicos no supieron de qué se trataba, aunque Robert parecía tener una idea bastante buena, así como Hodge y otros Cazadores del Instituto. Jace se había quejado de cómo había sido imposible sonsacarles nada, mientras que Alec se limitó a encogerse de hombros. La pareja de parabatais no podía ser más distinta el uno del otro.

Igual que ocurriera con el dolor producido por la cicatriz de Bella, aquellos fenómenos desaparecieron. No había habido indicadores de que iban a ocurrir, y, por supuesto, tampoco los hubo de que fueran a desaparecer. El 1 de julio los chicos se reunieron, sacando todo el arsenal de opciones que habían barajado por su cuenta.

-¿Actividad demoníaca? -inquirió Isabelle. Jace meneó la cabeza.

-Tendría que haber sido como mínimo un demonio de nivel medio, nos habríamos enterado -replicó el rubio ojeando la hoja de su cuchillo.

Isabelle hizo una mueca.

-¿Nereidas? -preguntó de nuevo.

Las cejas casi se me salen de la frente, aunque a estas alturas nada debería sorprenderme.

Alec suspiró.

-No. No creo. Son divinidades menores, pero divinidades. ¿Ninfas?

Isabelle le fulminó con la mirada.

-También son divinidades menores.

-Pero de menor rango que las nereidas -Alec se encogió de hombros e Isabelle rodó los ojos.

-Podrían ser sirenas -terció Jace. Esta vez fue Bella la que no parecía demasiado convencida, apretando los labios.

-Eso explicaría la afectación marina, pero no las tormentas o los huracanes -señaló a lo que Jace gruñó un "maldición" por lo bajo.

Y así seguían cuando Robert apareció e informó de que Quirón había requerido la presencia de Bella en el Campamento Mestizo, pues comenzaba la época estival. El frío comportamiento de Robert para con Bella no pasó desapercibido a Isabelle, que miraba a su padre enfadada y dolida. Bella, para mi sorpresa, parecía no inmutarse, actuando como si el Director del Instituto no existiese.

Nada más llegar, sin embargo, había sido separada del grupo entre quejas y miradas confusas. Quirón la había conducido hasta la cabaña de Poseidón y había señalado con su báculo hacia el interior. Pasando el umbral mirando a su alrededor con cautela, los ojos chocolate de Bella se fijaron en que uno de los barracones estaba ocupado, y no por Harry.

-¿Quién eres? -inquirió Bella entrecerrando los ojos. El muchacho levantó la mirada de sus manos a Bella y ella jadeó, dando un paso hacia atrás, su espalda golpeando la pared.

Bella no fue la única sorprendida por los orbes que le devolvían la mirada.

-Carlisle, sus ojos… -susurró Esme aferrándose al brazo de mi padre. Y no era para menos.

Los ojos de aquel chico eran los de la madre de Bella.

-Me llamo Percy -el chico carraspeó nerviosamente al ver que Bella seguía sin moverse de su posición junto a la pared.- Percy Jackson. Y soy hijo de Poseidón.


CHAN CHAN CHAAAAAAAN. Menudo cliffhanger.

Buenas, queridos lectores. Lo primero que voy a hacer es disculparme. Me prometí a mí misma actualizar al menos una vez al mes y no lo he hecho. En mi defensa, no encontraba el ánimo ni el tiempo para escribir. Pero estoy de vuelta.

En este punto nos encontramos unos días después del final de El Ladrón del Rayo; quienes conozcáis la saga sabéis por qué los fenómenos mencionados paran justo antes del Solesticio. Los que no, estaré encantada de responder dudas.

Respecto al timing de Supernatural, algunas cosas van a pasar en un período de tiempo inferior al de la serie, porque sinceramente hay temporadas cuyos hechos podrían haber ocurrido en menos de un año y porque hay ciertas cosas que modificar para que todo encaje. Espero que se entienda.

Cualquier cosita, ya sabéis.

Nos vemos pronto, esta vez de verdad. Un fuerte abrazo,

Ceci.