-Poseidón no tiene ningún hijo - replicó Bella mirando al muchacho, Percy, con los ojos entrecerrados.- Está prohibido.
Percy se rió nerviosamente.
- Sí, bueno, a los dioses no se les da muy bien mantener promesas - un trueno potente retumbó y Percy se encogió en el sitio.
- Veo que eres bastante nuevo aquí -señaló Bella haciendo un gesto con la cabeza hacia el techo, presumiblemente dirigiendo la atención de Percy al ruido que acababa de escucharse.- Debes mostrar más respeto.
El chico hizo una mueca.
- Lo intento -se pasó una mano por el cuello, claramente incómodo con la situación. Tras unos instantes de silencio, se aclaró la garganta.- Quirón dijo que... debía mmm-mmm... esperarte... ¿aquí? - el final de la oración, ya de por sí dubitativa, pareció más una pregunta que una afirmación.- Dijo que somos parientes.
Bella soltó una carcajada amarga.
- Escucha, Jackson, si esto es una broma de Quirón, no tiene ninguna gracia -dijo en tono jocoso, aunque sus ojos chocolate mostraban toda su ira. Involuntariamente, tragué el veneno que tenía en la boca, y no fui el único. La manzana de Adán de Percy se bamboleó con nerviosismo arriba y abajo.
- No estoy mintiendo -replicó Percy.
Bella se movió entonces desde su puesto junto a la puerta, acercándose de forma peligrosamente lenta a Percy. El pobre chico se encogía más con cada paso que daba hasta que armándose de valor se llevó la mano al bolsillo del pantalón, sacando un bolígrafo.
No sé cómo pasó, pero un segundo antes era un bolígrafo dorado y, un segundo después, una espada que en su mano parecía perfectamente equilibrada. Era un arma de bronce con doble filo, con una empuñadura plana recubierta en cuero y remachada con clavos de oro.
La rabia de Bella desapareció tan rápido como había aparecido al fijarse en la inscripción de la espada.
- Anaklusmos - murmuró Bella en un suspiro.- Contracorriente... -meneó la cabeza.- Pero, no tiene sentido. Su última localización conocida fue...
El entendimiento se abrió paso en la cara de Bella a medida que hablaba. Tragó saliva con fuerza cuando Percy asintió casi sin aliento, como si hubiera corrido una maratón.
- El mar rojo, de donde la recuperó Poseidón, mi padre -le tendió la espada a Bella, girando la empuñadura en la mano y señalando con la mirada el nuevo adorno que decoraba la espada: un tridente tallado en el mismo material, probablemente usando la hoja misma para crear el realce.- Le añadió esto cuando yo nací.
Esas palabras hicieron que Bella cerrase los ojos con fuerza. Jasper se llevó una mano al pecho, dolorido, y, a través de sus pensamientos, pude ver cómo se sentía Bella: como si le hubieran pegado un puñetazo en el esternón.
- Te creo - indicó Bella pasando los dedos sobre el tridente pero sin llegar a tocarlo.
- Bien - asintió Percy recuperando la espada, que volvió a su forma de bolígrafo. Parpadee. Nunca dejaría de sorprenderme.- ¿Tú quién eres?
Bella suspiró.
-Me llamo Bella Potter y soy un Legado.
La conversación que siguió me pareció un deja-vu gigante. Escuché la historia de Bella y su relación con los dioses griegos tal y como la había contado Sebastian, pero esta vez de sus labios. Ante la mención de demonios, ángeles, vampiros y licántropos, Percy puso una cara de lo más rara, a medio camino entre la incredulidad que cabría esperar como una reacción normal por parte de cualquier ser humano y la resignación que dejaban ver todos aquellos que conocían el mundo sobrenatural al saber que no estaba limitado a sus poderes o dones y que todos los mitos tenían cierta parte de verdad.
- ¿Qué hay de ti? - inquirió Bella, mirando al muchacho de ojos verdes con curiosidad. Percy se removió incómodo, pasándose una mano por el cuello bronceado.
- Hasta este verano era un pringado que vivía en un pisucho de Manhattan, cerca del puente de Queensboro - soltó Percy de sopetón. Bella enarcó ambas cejas.- Mi padrastro nos maltrataba a mi madre y a mí - Rosalie y Esme se quedaron lívidas.- Mi madre se casó con él para ocultar mi esencia de los monstruos.
- Debe de quererte mucho - Bella sonrió ligeramente.
- Y yo a ella - replicó Percy.- Por eso fui al reino de Hades para salvarla.
Carlisle y yo compartimos una mirada. ¿Habíamos oído bien?
- ¿Este verano? - inquirió la Cazadora. Percy asintió.
- Pasé de ser un pringado en Manhattan a un pringado semidiós al que Zeus acusó de robar su rayo - dijo el mestizo mirando a Bella de refilón. Parecía no atreverse a hacerlo directamente.- Pensaron que me colé en el Olimpo y lo robé. Me dieron de plazo para devolverlo hasta el solsticio.
Y así, sin más, todas las piezas encajaron. Percy - y los dioses griegos y vete tú a saber cuántas más criaturas de la mitología griega - habían sido los responsables de todos aquellos raros fenómenos que tan de repente habían aparecido como desaparecieron. Eso quería decir…
- Deduzco que no lo robaste pero que fuiste capaz de recuperarlo antes del solsticio - dijo Bella.- Por eso paró todo lo que estaba ocurriendo.
Percy la miró sorprendido.
- ¿Cómo sabes que no lo robé yo?
Bella resopló.
- Por favor. Si lo hubieras hecho, no serías más que una pila de ceniza humeante en este momento y no tendríamos esta conversación, cerebrin - Percy se puso rojo hasta las orejas y Emmett se rió entre dientes tanto por la respuesta de Bella como por la reacción del mestizo.- ¿Quién lo robó?
Percy tragó con fuerza una vez más.
- No me siento cómodo hablando de él…
Los ojos de Bella relampaguearon con esa chispa que yo conocía tan bien. Percy no había dicho un nombre, ni dado una descripción o indicación alguna. No hacía falta. De alguna manera, Bella lo sabía. En realidad, lo había sabido siempre.
- Fue Luke, ¿verdad? - una vez más, Percy se sorprendió, los ojos abriéndose de par en par y las cejas disparándose hasta la mitad de la frente.
- ¿Cómo sabes…?
- Nunca me fié de él - le aclaró Bella. Parecía muy enfadada, los ojos oscureciéndose mientras apretaba los puños y la piel se tensaba sobre los nudillos, totalmente blancos por la fuerza de su agarre.- No me daba buena espina… Annabeth debería haberme escuchado.
- Dijo que el mundo necesitaba un cambio - susurró Percy.- Que los dioses debían desaparecer y nosotros ocupar su puesto… - el chico tragó saliva y meneó la cabeza, como si no creyese aún lo que había pasado.- E intentó matarme.
Bella se apretó el puente de la nariz.
- Le atraparemos, Percy. Tendrá un consejo de guerra ante los Cazadores de Sombras.
- ¿No es tema de los dioses…?
- Percy - interrumpió Bella con brusquedad, moviendo la cabeza de lado a lado. El chico debió de interpretarlo como una petición de cambio de tema más que de silencio, porque apenas 30 segundos después volvió a abrir la boca.
- Así que… - Percy se rascó un lado de la cabeza, revolviendo el pelo negro, como si intentase activar unas cuantas neuronas extra que le ayudasen a entender bien todo lo que le habían contado- ¿soy tu tío?
Bella parpadeó, a medio camino entre sorprendida por la pregunta y molesta porque el semidiós tratase de volver a entablar conversación.
Nadie conocía mejor que yo esa expresión.
- Técnicamente. Pero también tengo sangre de Atenea por parte de mi padre, ¿unas 4 generaciones? - Bella encogió sus huesudos hombros.- Y Atenea es tu prima. Eso también nos haría primos cuartos, creo.
Percy parpadeó un par de veces y luego soltó un gemido.
- Odio los árboles genealógicos de los dioses.
- Normal - respondió la Cazadora con tono de simpatía.- No lo pienses, Jackson. Ni siquiera estoy segura de qué tipo de material genético tienen los dioses, si es que tienen alguno.
Hubo un silencio algo más prolongado, poco más de un minuto, antes de que Percy se revolviese incómodo.
- Tu madre era mi hermana, ¿no?
- Hermanastra - clarificó Bella, su voz algo agria.
- ¿Qué le pasó? Sólo sé que está… - la voz de Percy se perdió y el chico se encogió ante la idea misma.
- ¿Muerta? - replicó la Cazadora. No pude evitar imitar a Percy. Esme soltó un quejido lastimero al pensar en Lily Potter. - Sí. Pero no te preocupes, no tuvo nada que ver con las criaturas de los mitos.
- ¿No fue un monstruo? - inquirió Percy frunciendo el ceño.
- Yo no he dicho eso - dijo Bella. Parecía cansada, mucho más cansada de lo que cualquier cría de su edad debería estar nunca.- Los monstruos existen, Percy. Pero no siempre escupen fuego o tienen cuernos. Harías bien en recordarlo.
Cuando Bella volvió a la zona común del campamento para unirse a sus amigos Cazadores, ya era tarde. Aunque el cielo no estaba del todo estrellado, los primeros luceros ya salpicaban el azul empíreo a medida que el sol terminaba de ocultarse y éste se oscurecía. Junto a la hoguera central, cuyos restos aún ardían, estaban su familia y amigos.
Jace y Alec discutían acaloradamente a un lado, aunque sin levantar la voz. Se veía que Jace estaba visiblemente alterado y lanzaba una mirada acusatoria tras otra al mayor de los Lightwood prácticamente apuñalándole el pecho con su dedo acusador. Alec parecía enfadado, tanto con la situación como consigo mismo, pero hacía lo que podía por calmar a su parabatai. El tendón del cuello le temblaba de la tensión.
Más cerca de las llamas, sentadas en un tronco bajo, estaban Isabelle y Annabeth. La morena no paraba de pasarse los dedos por el pelo, un gesto de nerviosismo nada propio de ella que demostraba la magnitud de la situación. La semidiosa por su parte miraba fijamente las llamas, que danzaban en el reflejo de sus ojos grises, ya no por su color, sino por la melancolía que desprendían.
A medida que Bella se acercó, la discusión murió, ambos muchachos mirando como la joven Potter se sentaba en el tronco, justo al lado de Annabeth. La chica no dio señales de haber notado siquiera que estaba ahí hasta que empezó a hablar.
- Adelante - musitó la rubia.- No todos los días alguien puede decir "te lo dije" a una sabelotodo hija de Atenea.
- No veo qué bien saldría de ello - indicó Bella en respuesta. Annabeth giró bruscamente la cabeza en su dirección, los ojos llenos de lágrimas y encuadrados por unas bolsas moradas que dejaban ver lo poco que había dormido en los últimos tiempos.
- Recordarme que soy una estúpida para evitar que vuelva a pasar - fue la respuesta de la mestiza.
Varios gruñidos se oyeron de nuestra parte, especialmente por parte de Tanya, cosa que me sorprendió, aunque tenía cierto sentido teniendo en cuenta su historia con los hombres.
- No eres una estúpida - negó Bella con la cabeza.- Era tu amigo. Y te ha traicionado. No podías verlo venir.
Annabeth resopló.
- Jace y tú no parece que hayáis tenido problema en verlo.
- Todos nos equivocamos - le recordó suavemente Isabelle.
- Mi equivocación casi mata a Percy - Annabeth se estremeció. Bella apretó la mandíbula.
- Eso no ha sido culpa tuya, Annabeth - intervino Jace. Cuando la joven semidiosa fue a hablar de nuevo, el chico Wayland levantó la mano para pedir que no le interrumpiera.- Tú no atacaste a Percy. Tú no intentaste matarle. No tomaste esa decisión. Fue Luke.
- Y va a pagar por ello, Annabeth - susurró Bella, tomándola de la mano. Sus ojos marrones brillaban con la furia que sentía.- Le encontraremos y tendrá que enfrentarse a lo que ha hecho. Lo que os ha hecho. Eso te lo prometo.
- Las cosas no van bien - comentó Lexi con un suspiro frotándose la frente. Los cazadores no podían verla, pero eso era más bien un alivio. La vampira rubia estaba muy lejos de mostrarse como el perfecto depredador que era, con el pelo sucio y encrespado, las enormes ojeras moradas y varios kilos de menos.
- Somos conscientes de ello, Lexi - indicó Alec mirando a los Shadowhunters a su alrededor, llenos de cortes y moratones. ¡Y esos eran los afortunados! - Créeme.
A su lado, Jace murmuró algo ininteligible mientras dibujaba sobre su pierna una tercera runa de curación y maldiciendo por lo bajo cuando sintió la quemazón de la estela.
- No entiendo qué es lo que ocurre - gruñó la vampira al otro lado de la línea.- La comunidad sobrenatural está desbocada, como si algo les estuviera volviendo locos.
- A mí también se me iría la pinza si hubiera un semidiós por ahí matando a todo lo que se mueve y tiene cuernos - intervino Izzy hablando desde el otro lado de Alec, que se sobresaltó.
- Iz - la medio regañó Bella, aunque no pudo evitar dejar salir una sonrisita ante la reacción de Alec, que se puso colorado en respuesta.
No pude evitar gruñir en alto, frustrado con esos dos, pese a la mirada de advertencia de Esme.
- No es solo eso - insistió Lexi.
Al ver a Jace incorporarse, y antes de que pudieran volver a gritarle en el oído, Alec separó el móvil de su cabeza y le dio al altavoz.
- Estás en manos libres - avisó Alec.
- ¿Podría Voldemort tener algo que ver? - inquirió el rubio. Sus ojos brillaron en dorado un momento antes de volver a sus colores habituales. Lo había visto tantas veces ya que había dejado de sorprenderme cuando pasaba, pero no podía evitar maravillarme.
- ¿Quién? - preguntó Lexi, completamente confundida.
- Un mago malvado que intenta acabar con la vida tal y como la conocemos - respondió Bella al mismo tiempo que Izzy decía "No preguntes", ganándose una mueca de parte de su parabatai.
Lexi suspiró pesadamente una vez más. No podía sino solidarizarme con ella. Aquello simplemente era demasiado.
- Avisadme si descubrís algo, chicos - dudó un momento antes de añadir:- y manteneos a salvo, por favor.
- Haz lo mismo, rubia - dijo Jace y casi pude ver a Lexi rodando los ojos.
- Seguimos en contacto, Lex - murmuró Alec antes de finalmente cortar la llamada. Suspiró, pasándose la mano por el pelo negro.- Tiene razón.
Jace levantó una delicada ceja dorada con gesto de sorna.
- ¿Tú crees? - movió la mandíbula hacia atrás, en dirección a un par de Shadowhunters de tez olivácea. Reconocí a uno de ellos, el más mayor, como el hombre que había hablado a favor de Bella e Izzy durante el interrogatorio previo a su ceremonia parabatai, Raúl Monteverde.- Los Monteverde están chorreando sangre demoníaca. Yo diría que decir que las cosas se están saliendo de madre es un eufemismo.
- ¿Alguna idea de a qué puede deberse? - inquirió Isabelle. Su pelo largo y espeso ya le llegaba a la cadera y de un día para otro tenía curvas y busto más propios de una mujer que de una niña. Era sorprendente los cambios que podían llegar a tener en un solo verano.
- Que yo sepa Percy no ha vuelto a liarla - dijo Bella, interviniendo en la conversación.
Se había atado el cabello castaño en una coleta alta que dejaba su cuello al descubierto y tuve que tragar la ponzoña que se me había acumulado en la boca al verla. Isabelle no era la única que estaba dejando de ser una niña. Jasper me dirigió una mirada socarrona junto a una media sonrisa y, si hubiese sido humano, habría acabado rojo hasta las orejas. Maldito émpata…
- ¿Qué hay de Voldemort? - replicó Isabelle. Bella la miró sorprendida.- ¿Qué? ¿De verdad crees que no está buscándote a ti también?
- No es cosa del Señor Oscuro - la voz de Charlie Swan retumbó en la sala. Varios Cazadores se dieron la vuelta, incluido el grupo de jóvenes Shadowhunters.- Al menos, no del todo. - Charlie sonrió a Bella con picardía antes de que su rostro se tornase serio.- Tenemos que hablar.
Bella miró a su parabatai y a Jace y Alec. Los dos últimos dejaron sus armas en el primer hueco que encontraron y los cuatro caminaron hacia Charlie. Alec le estrechó la mano con fuerza, seguido de Jace.
- Charlie - saludó el rubio.
- Jace - correspondió el agente de policía. Luego guiñó un ojo a Isabelle.- Izzy.
- Qué bueno ver a mi tío favorito - replicó Isabelle haciendo a Charlie reír entre dientes y al mayor de los hermanos Lightwood fruncir el entrecejo.
- ¿Tío?
- Bella es mi parabatai, ahora también es mi familia - afirmó Isabelle con cara de suficiencia. Alec resopló e Izzy respondió sacándole la lengua.
- Chicos - intervino Bella, cortando el intercambio. Miró a Charlie. Parecía cansada.- No es que no me alegre de verte, tío Charlie, pero no creo que esta sea una visita de cortesía.
Charlie suspiró y negó con la cabeza.
- Seguidme.
Comenzamos a andar detrás del grupo de Cazadores, que a su vez seguía al mago. Nos habíamos acostumbrado a los pasillos de piedra y adamas recubiertos de metal oscuro, a los entrenamientos, a las runas, los hechizos… A lo que no nos habíamos acostumbrado tanto es al sinfín de criaturas que parecían poblar nuestro mundo. Era mareante.
- Chicos… ¿qué sabéis del ataque donde los padres de Bella fueron asesinados? - inquirió Charlie una vez dentro del despacho al que les había dirigido y que, intuía, le habría dejado utilizar Robert. Ni siquiera Charlie se atrevería a colarse en el Instituto de New York, por mucho que le gustase irritar a su co-director. Bella se estremeció al mismo tiempo que Esme ante la pregunta.
- Oh, cielo… - suspiró la vampira con ojos tristes, extendiendo la mano para acariciar la mejilla de Bella y atravesándola en el intento, como aire que era. Mi padre suspiró apenado, apretando a Esme contra su pecho y depositando un beso en su frente para reconfortarla.
- Todo lo que nos ha contado ella - indicó Alec.
- Todo lo que sé - apostilló Bella en un murmullo. Izzy puso un brazo sobre sus hombros, frotándole el brazo en un gesto de cariño. Charlie suspiró.
- James y Lily… - se le cortó la voz al decir el nombre de su hermana y tuvo que aclararse la garganta una vez más.- Estaban escondidos. Solo un par de personas sabían dónde se encontraban, estaban ocultos por un Guardián Secreto. Aparte de Dumbledore, era la única persona que conocía la ubicación exacta de vuestra casa. Si no lo desvelaba, aunque el mismo Quién Tú Sabes pasase frente a la puerta, no podía verla, ni veros.
Se me cerró la mandíbula con un potente chasquido. No era el único que se había dado cuenta de lo que había pasado, a juzgar por la mirada sombría de Jasper o el repentino gesto afilado del rostro de Carlisle.
- No… entiendo - susurró Bella. Parecía descolocada.
Les habían traicionado.
- El Guardián fue el mejor amigo de tu padre, Sirius Black. Nos traicionó - Charlie se pasó una mano por el ensortijado pelo castaño al tiempo que nuestro lado estallaba en gruñidos, rugidos y siseos. Incluso Marco parecía indignado, quizá porque él mismo sabía lo que era una traición de aquel calibre. Después de todo, la había sentido en sus carnes.
Sirius.
Recordaba a Sirius. Había tomado el pelo a James, provocado a Lily, jugado con los niños. ¿Cómo podía haberles condenado a muerte?
Igual que Irina hizo con vosotros me recordó Sebastian con gesto lúgubre dirigiendo una mirada a Tanya y Kate. No fui capaz de responderle. Sabía que tenía razón.
- Otro de nuestros amigos, Peter, fue tras él. Sirius voló la calle tratando de escapar, matándole a él y a 12 muggles inocentes que estaban allí.
- ¿Qué ocurrió con Sirius? - inquirió Alec al ver que Bella parecía incapaz de responder.
- Fue condenado a cadena perpetua, en Azkaban. Es nuestra cárcel - aclaró ante las miradas de los Cazadores.
- Se merecía la muerte - replicó Isabelle con el rostro tenso de rabia.
Mi hermana rubia siseó por lo bajo. A tenor de sus pensamientos, Rosalie no podía estar más de acuerdo.
- Eso no explica qué está pasando con los subterráneos y los monstruos - la cortó Alec alzando la mano. Parecía el único de los cuatro que seguía con la cabeza en su sitio. Eché un vistazo a Jace, que no había hablado pero que tenía una expresión que no podía definirse como otra cosa que homicida.
- Ahí es donde quería llegar - aclaró Charlie.- Azkaban está vigilado por dementores. Seres que roban la alegría y la esperanza, reparten desesperación y que imparten el peor de los castigos.
- ¿Te obligan a comer alguna de las recetas de Izzy? - inquirió Jace, ganándose un zape en la cabeza de la susodicha y una mala mirada de parte de Alec. No era el momento para bromas.
- Con su beso, te roban el alma - aclaró Charlie.
Hubo un silencio sepulcral que duró varios segundos y que solo fue interrumpido por Renesmee cuando me llamó en sus pensamientos.
Papi… tengo miedo…
- Y ahora mismo, un destacamento ha sido enviado a New York y sus alrededores para vigilar a Bella. Es probable que a más de uno se le haya ido la mano, provocando esta… - hizo un gesto de abanico con la mano- locura.
- ¿Por qué han mandado dementores a New York? - preguntó Bella mirando a Charlie. Éste se removió incómodo.- ¿Charlie?
- Sirius Black ha escapado de Azkaban, Bella - aclaró el mago con ojos sombríos.- Y creemos que pretende terminar lo que el Señor Oscuro no pudo hace 12 años.
Hola chicas.
Normalmente empezaría disculpándome por la tardanza, pero en esta ocasión solo voy a decir lo que pasó - mi madre estaba muy enferma y, aunque mejoró, finalmente falleció hace unos meses. No he sido persona. Estoy intentando retomar mi vida, pero me está costando. Y en ese retomar mi vida se incluye escribir fanfiction. Porque a ella le encantaba que escribiese.
Va para ti, mamá. Te quiero.
Un abrazo,
Ceci.
