Hola!

Tenía planeado publicar ayer, pero el día se me complicó un poquito. xP

Os dejo por aquí la segunda parte. ¡Nos leemos abajo!


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JET LAG - PARTE 2

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Cuando llegó al congreso y como era de esperar, la prensa se le echó encima. También los fans por supuesto, y luego los paparazis. O tal vez todos a la vez sin ningún orden concreto.

Con la experiencia de los años, Izuku Midoriya consiguió salir airoso de aquella situación con respuestas concisas, anchas sonrisas y toda la amabilidad que había heredado de su buena madre. Impecable, brillante, sonriente. Tremendamente sonriente. También llegó a su rescate Hiroshi, quien lo acompañó dentro antes de que le hicieran más preguntas.

—¿Estás bien? —preguntó el hombre de mediana edad, mucho más alto y delgado que Izuku—. Estaba preocupado, me temía lo peor.

—Tranquilo, estoy bien—le sonrió Izuku, terriblemente cansado.

Hiroshi solía agobiarse con facilidad. Cualquiera lo haría llevando la agenda y RRSS del héroe número uno.

—¿Te queda bien el traje? ¿He acertado con la talla? No es a medida como el que habíamos traído, pero…

—Hiroshi, está genial, de verdad—intentó calmarlo—. Todo está bien. Ya estamos aquí, que era lo importante.

—Me va a dar un ataque—se sinceró el hombre, llevándose a la boca un chicle—. Tienes una rueda de prensa en media hora con el canal local Chino, luego el discurso que preparamos, que por cierto te lo he vuelto a imprimir—se sacó unos folios de la manga—. Y te he traído un batido de proteínas, que imagino que no has comido nada y no queremos que te desmalles. También hay comida en la sala principal, pero come mejor después, no queremos que te manches. Luego habrá una breve entrevista con la presidenta de tu club de fans en China. Si te digo la verdad, la tipa parece una pirada psicópata con aires de grandeza, ni que fuera mi exmarido…

Izuku no pudo evitar sonreír pese a lo mal que se sentía. Al menos estaba en buenas manos.

Caminaron apresurados por los pasillos hasta el salón principal del meeting y se acercaron al ministro de relaciones internacionales quien les ofreció un poco de cava francés. Izuku era un bebedor terrible y más sin haber comido nada casi en las últimas casi veinticuatro horas. Sin embargo, no quiso hacerle un feo al hombre y se mojó la lengua con aquel licor carísimo que no podría, ni con todo el dinero de Francia, comprarse un mejor sabor.

Todos empezaron entonces a hablar de trivialidades, de diferencias culturales, de si estaban cómodos en su hotel y sobre todo de la espectacular lucha y arresto que había hecho Deku esa mañana. Izuku sonrió y agradeció. Odiaba cuando los políticos lo elogiaban, porque hoy es un 'eres un héroes' y mañana 'un peligro para la ciudad'. Sonrió, recordando su mantra de respirar.

Fue entonces cuando la vio entrar.

No necesitó ni un segundo para verla, como si su sola presencia hubiese hecho cambiar la gravedad de todo aquel inmenso salón de actos para la élite. O al menos eso pensó Izuku al sentir cómo se le electrizaba la piel de todo el cuerpo y las burbujas del cava bailan en su estómago. O tal vez fue porque sus pies dejaron de sentir el suelo por unos instantes.

Ochaco Uraraka estaba allí. Y estaba igual, tal y cómo la recordaba.

Bueno, ¡qué diablos iba a estar igual! ¡Estaba despampanante! Se la veía guapísima, preciosa, segura, deslumbrante, adulta… Verla fue cómo despertar al fin de un mal sueño.

Y lo supo en cuanto sus miradas se cruzaron, como si de entre toda aquella multitud hubiesen podido encontrarse incluso a ciegas. Y le sonrió. Sus labios se ensancharon con tal velocidad y sinceridad que lo conmovió. Con su bonita sonrisa de siempre. Para él.

—Disculpad— dijo absorto—. Voy a ir a saludar a una amiga. Con permiso —trató de ser educado.

Sin embargo, no iba a ser tan sencillo. Nada era sencillo en su nueva vida.

—Midoriya, ¿acaso no estabas oyendo? —lo sacó Hiroshi de su ensoñación, casi hiperventilando—. Acaban de decir tu nombre para que subas. ¿No recuerdas las clases de tipo aquel? jiǎng huà, jiǎng huà Midoriya.

Hiroshi tenía el peor acepto chino que jamás había existido, pero tenía razón, lo estaba llamando para que subiera al estrado a tomar la palabra.

Al instante una luz lo señaló y la gente empezó a aplaudir. ¿En serio? El aire volvía a fallarle. ¿Otra vez? Se ajustó un poco la corbata y saludó.

Luego volvió a cruzar la mirada rápidamente con Ochako, quien le sonría divertida desde la distancia. Le hizo un gesto rápido, indicándole que subiera y que 'hablarían luego'. Él se limitó a devolverle la sonrisa resignado y asentir, mientras tomaba camino al estrado.

Fueron los treinta minutos más extraños de su vida.

Pasaron tan rápido y sus palabras salieron con tanta precisión que se sintió un extraño, enajenado y desterrado de su propio cuerpo como si fuese un espectador de sí mismo. De hecho, cuando bajó del escenario, ni siquiera se acordaba de haber estado subido en él. Sólo oía a su corazón palpitar. Tic, tac, tic, tac… como un reloj. Eso era buena señal, ¿no? Aunque no recordaba ni las palabras que había dicho o qué había hecho ahí arriba. Oía los aplausos que le decían que todo estaba bien, al compás del tic, tac. Sí, todo había salido bien y efectivamente seguía vivo. Aunque todo se nubló un poco a su alrededor por una razón que no comprendía.

Se había vuelvo a olvidar de cómo se respiraba. O al menos eso descubrió cuando Hiroshi lo llevó a un apartado mientras le repetía el mantra de 'Inhalar y Exhalar'.

—Eso es, respira.

Inhalar y Exhalar.

—No estás bien Izuku, no me engañes —le había reprendido—. No deberías haber venido si no estabas bien. ¿Quieres que llame a un médico, a un taxi? —ofreció—. Podemos decir que tenías un aviso internacional, puedo cubrirte con la prensa.

—Estoy bien, de verdad—le había prometido Izuku—. Ya sabes que me pone nervioso hablar en público.

Eso era verdad y mentira a partes iguales. ¿Se ponía nervioso? Sí. ¿Le causaba un ataque de pánico y ansiedad crónico? No. Eso no era motivo suficiente.

Inhalar y Exhalar. Tic, tac, tic, tac.

Hiroshi bufó, cansado, sentándose a su lado y llevándose los dedos a la nariz. Se encendió un cigarrillo.

—Izuku hijo, deberías empezar a tomar la medicación que te recetaron…

No, no era la primera vez que ambos compartían un momento así. Inhalar y Exhalar.

—Ya sabes que no me sienta bien —se agobió Izuku.

Hiroshi rebuscó en su bolsillo y le tendió un pañuelo. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba llorando. ¿Por qué estaba llorando? ¿Cuándo había empezado a llorar?

—Tal vez podías probar la zhanqī.

Izuku lo miró extrañado, sin comprender.

—Sí, changī, dotchi o choshi o como cojones se diga. Es lo bueno de estar aquí, alguien sabrá.

El chico sonrió entre lágrimas.

—¿Zhōngyī? ¿Quieres decir que pruebe con medicina China? Creo que eso es más bien para el cuerpo…

—Mira, da igual—le quitó importancia Hiroshi—, lo que quiero es que estés bien. No puedes seguir así. No es bueno y es peligroso, sobre todo para ti. Y tienes que hacer algo al respecto. El lunes empezaré a buscar terapeuta en Nueva York.

En ese momento llamaron al teléfono de Hiroshi.

—Mierda, es la prensa— maldijo, dando una calada tan larga que casi se acaba el cigarrillo—. ¿Qué hacemos?

Izuku se puso en pie, tomó aire y se limpió las lágrimas. Y sonrió. Era el héroe número uno de japón después de todo y estaba en la comisión internacional por una razón: hacer sentir a la gente segura. No iba a defraudarles. No iba a dejar que el miedo venciera. Y si para eso tenía que luchar consigo mismo, estaba dispuesto a hacerlo.

—Diles que ya voy—le regaló su mejor sonrisa.

—Un día de estos me vas a dar un buen susto, pero okey—asintió resignado su repre—. Por cierto, enhorabuena, has estado brillante en el discurso.

Izuku asintió, aunque no se acordaba de nada y no era la primera vez.

Finalmente tuvo que renunciar a buscar a Uraraka durante un buen rato más. Estaba enfocado en una tarea mucho más dura: 'estar bien'. Además, la chica no se veía por ninguna parte y eso que furtivamente la buscó con la mirada en más de una ocasión.

Así que sonrió y posó para las cámaras. Se mostró radiante e ingenioso con la prensa y causó incluso la risa a una de las presentadoras, que sin duda estaba coqueteando con él. Luego estuvo charlando un rato con el ministro chino, quien se mostraba muy reticente a un acuerdo entre héroes asiáticos.

Pasó por el baño hasta en tres ocasiones en una hora.

Le hubiese encantado en ese momento ser cocainómano como otros héroes o algo así. Al menos eso hubiese sido menos patético que ir al baño como un poseso a ir a meter la cabeza bajo el grifo y probar suerte con otro nudo de corbata que le hiciera más fácil respirar. Buscó con discreción a Uraraka, pero no consiguió encontrarla. ¿Tal vez se habría ido ya? Muchos héroes sólo habían hecho acto de presencia y se habían ido rápidamente. Tal vez ella tenía otro compromiso. Ni siquiera le había preguntado por qué había venido a Hong Kong. ¡Vaya idiota!

Finalmente se sentó en un reservado para entrevistarse con la presidenta de su club de fans, una chica de dudosa mayoría de edad cuya cercanía y descaro lo pusieron sumamente nervioso. Sobre todo porque estaba siendo más punzante con su vida personal que la propia prensa rosa. Y eso que llevaban casi seis meses acosándolo por su ruptura con Melissa.

—¿Crees posible la reconciliación? —preguntó aguda y concisa—. A falta de versión oficial, dicen las malas lenguas que está embaraza de otro, pero si al final fuera tuyo ¿volverías con ella? Se hablan de test de paternidad…

Aquello sí que fue un dolor de cabeza. O de huevos, más bien.

—Prefiero no hablar de mi vida personal, Lee… Lian —le sonrió como pudo.

Ella puso mala cara. Luego miró su muñeca.

—¿Nos darías esa pulsera? Cómo recuerdo para tus fans en China. Será nuestro mayor tesoro.

Izuku dudó, aquello se lo había dado una niña a la que había salvado en Milán. No obstante, estaba demasiado agotado de la farsa, así que se la regaló. Se hizo varias fotos con ella y hasta el dio un beso en la mejilla. Luego caminó de nuevo en dirección al baño, donde se encerró en un cubículo a coger aire. Inhalar y Exhalar. Exhalar e inhalar.

Rápidamente sacó el teléfono y le preguntó a Hiroshi si se podía marchar ya. Estaba mareado, llegados a ese punto sólo quería meterse en la cama a dormir.

'El presidente quería verte'

Izuku bufó.

'¡Y he encontrado al fundador de la federación nacional de acupuntura!'

Al menos Hiroshi lo estaba intentando a su manera.

Ensayó su sonrisa frente al espejo una vez más. Se veía tan mayor, tan cansado… tan derrotado. Cogió aire para volver a sonreír y salió del baño, donde extrañamente lo estaba esperando Lian.

—Señor Midoriya, perdone que le asaste—dijo rápidamente—. Siento si antes he sido muy dura con las preguntas, después de todo estoy atada a lo que desean saber todas las fans.

—No pasa nada, Lian—resolvió tranquilo, intentando hacerse a un lado sin mucho éxito, porque ella se puso delante.

—Si le parece, podemos hablar tranquilamente dentro, sin libretas ni preguntas de por medio.

Izuku la miró confuso.

—¿Dentro de dónde? ¿Del baño de hombres?

Ella se le acercó más, sujetándole la corbata con sensualidad.

—También podemos ir a un hotel, ahí estaríamos más tranquilos. Yo me hospedo cerca, pero seguro que el tuyo es más cómodo.

Aquello hizo saltar todas las alarmas de Izuku, quien se sintió terriblemente violento. No es que él fuera un anciano a sus 32 años, pero sabía que podía duplicarle perfectamente la edad a esa colegiala que sin duda había falsificado su carnet de identidad para estar ahí.

—Lo siento, Lian. No puede ser—respondió tranquilo, intentando apartarla con educación.

—Puedo esperar al final de la noche si quieres—se apresuró, algo disgustada por su respuesta—. O puedo esperarte directamente en el hotel.

—¡No! No me has entendido bien— quiso dejar claro Izuku—. Quiero decir que esto no puede ser, que esto no está bien.

Ella suspiró, sonriente.

—Siempre tan heroico, eso es lo que más me gusta de ti—, tras esto se pegó a él, instándole a que entraran de una vez en el baño—, pero tranquilo, conmigo puedes ser malo si quieres. Esta noche da igual lo que está bien y lo que está mal. Sé perfectamente que sufres mucha presión. Puedes desahogarte conmigo.

Aquello último lo dijo presionándose literalmente contra su entrepierna, la cual efectiva e involuntariamente se alteró.

Izuku la apartó de golpe, casi en pánico.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó con seriedad—. Mira, Lian, creo que estás malinterpretando las cosas…

El rostro de ella se desencajó, entre la humillación de ser rechazada por su héroe y la frustración.

—Tal vez eres tú el que no lo está entiendo —dijo dolida—. Sé todo sobre ti, y sé que puedo joderte la vida si quisiera—. Aquello hizo que Izuku abriera los ojos de terror y desconcierto—, pero no lo haría porque estoy enamorada de ti y de tu sentido de la justicia y sé que tú también serías capaz de enamorarte de mí si me dieras la oportunidad de conocernos. ¡Tenemos mucho en común! ¿Podemos hablar en el baño un rato? O lo que tú quieras, de verdad, haré lo que quieras…

¿Joderle la vida? ¿Por qué querría hacerle eso una quinceañera? De repente empezó a faltarle de nuevo el aire. Si era un chantaje, empezaba a funcionar.

—¿Lian Chén? —dijo una voz preocupada a sus espaldas—. ¡Gracias a Dios que te encuentro!

Si aquello no podía ser más raro e incómodo, Uraraka entró en la ecuación.

Siempre en acción.

La castaña se abrazó a la chica y le brindó una sonrisa radiante, enorme. La chica la miraba en shock, extrañada.

—¿Y tú quién eres? —preguntó desconcertada.

Uraraka la obvió. No era la primera vez que alguien no la reconocía sin su traje.

—Oh Deku-kun, menos mal que la has encontrado—dijo amable, posando la mano en el hombro de un muy aterrado Izuku—. Su madre la lleva buscando toda la noche.

A la chica se le cambió el semblante.

—No te preocupes—dijo Uraraka cómplice—. Ya he avisado a la policía para que retiren la orden de búsqueda y avisado a tu madre. Lo importante es que estás bien y estás aquí, no desaparecida, como creían. ¡Nada malo podría pasarte en un sitio lleno de héroes!

La chica empezó a mirar a todas partes, confusa e indecisa. Uraraka ni pestañeó.

—Midoriya—lo llamó su amiga.

Aquello lo hizo despertar de su estado de shock e incomprensión. Ochaco sólo lo llamaba así cuando algo no estaba bien. Entonces empezó a entenderlo.

—Te está buscando el secretario de defensa, deberías entrar al baño y arreglarte la corbata, no puedes ir con esas pintas—rio con suavidad.

Izuku asintió, todavía en su propia conmoción. Lanzó una última mirada a Lian y entró de nuevo en el baño, tal y como le había dicho Uraraka.

—Tranquila, yo también he hecho muchas tonterías de fan y me he colado en sitios—le dijo entonces la castaña a la chica, cómplice—. No le he dicho nada a los guardias para que no te echen, pero te aconsejo que no te vayas tarde a casa. Eso sí, no te vayas sin probar los mochis que han puesto en la sala de los aperitivos, ¡están que te mueres!

Lian parecía que se iba a echar a llorar. Eso o romperle la cara a alguien. Al menos a la tipa vieja y cursi que tenía delante.

—Gracias—dijo a su pesar.

—¡No me las des, para eso estamos los héroes!—respondió la heroína—. Sólo déjame darte este consejo:

La chica la miró extrañada.

—Créeme, es mejor no meterme en el baño con un hombre hasta ser al menos mayor de edad, porque aunque creas que no, al final la que pierde siempre serás tú.

La voz de Uraraka no sonó a reproche, pero sí a advertencia. Una bastante severa que dejó a la chica sin palabras, mientras se marchaba de allí como alma que lleva el diablo.

Ochaco cerró el pestillo del baño de hombres tan pronto ingresó en él, en búsqueda de Izuku, que ya la esperaba dentro.

—¿Estás bien? —fue lo primero que dijo la chica, con una sonrisa nerviosa y una mirada comprensiva, apoyada en la puerta.

Lanzó un vistazo a su amigo, quien se veía muy alterado, apoyado en el lavabo. Tenía el pelo levemente mojado y peinado hacia atrás, desordenado. También llevaba varios botones desabrochados y algunas marca de agua por toda la camisa. Luchaba con la corbata, rendida en la mano. No parecía estar en su mejor momento.

—No soy capaz de atármela—le dijo con franqueza, sin saber qué más decir.

Ochaco, deductiva como era y con bastantes años de experiencia a sus espaldas, no tardó mucho en darse cuenta de cómo temblaba aquella aprenda en las manos de su amigo. Suspiró comprensiva y despierta y se acercó a él.

—¿Puedo? —le ofreció, alzando su mano. Esa mano que le recordaba a Izuku tiempos confusos y complicados .

Asintió. Dándole la corbata y dejándose hacer. Intentando contener la vorágine de emociones que le atormentaban.

—Siempre al rescate de los héroes, ¿no?—dijo para calmarse a sí mismo, cómplice.

Ochaco le sonrió, con toda la cercanía y la confianza que tenía su amistad. Estiró la prenda y la colocó alrededor de su cuello, intentando hacer memoria de cómo se hacía un nudo de corbata.

—¿Lo dudabas? —preguntó ella divertida, girando la tela en sus dedos—. Caray, si los tacones son el artefacto de tortura femenina, ésta es sin duda vuestra kryptonita—bromeó, terminando el nudo.

—Y que lo digas… —concordó Izuku.

Ochaco intentó acomodarle la corbata lo mejor que pudo, la estiró y la peinó contra su pecho, alzando la mirada para verle bien. Hacía mucho que no tenía al chico tan cerca. De hecho, su cercanía afectiva nunca se había materializado en cercanía física, así que aquello era algo 'raro' entre ellos.

Cruzaron entonces la mirada, la apartaron casi por reflejo y luego volvieron a mirarse, preguntándose con una sonrisa a qué venía esa reacción de prepubers.

Y luego se abrazaron, con fuerza y firmeza.

—Me alegro tanto de verte, Uraraka-san—se sinceró Izuku, sintiendo un tremendo alivio al notar los fuerte brazos de Ochaco rodeándolo.

—Yo también me alegro mucho de verte Deku-kun—respondió de inmediato ella, hundida en su pecho—. No tenía ni idea de que estabas aquí, cuando me he enterado me ha dado mucha alegría.

Pese a los años, Izuku olía igual de bien. A té verde y hogar. Él pensó lo mismo de ella. Vainilla y tranquilidad. Era increíble ver que hay cosas que nunca cambian.

Se apartaron despacio y se sonrieron algo torpes, dejando de nuevo un poco de espacio entre ellos.

—Perdona, llevo toda la noche queriendo hablar contigo, pero…

—Ay, no digas tonterías Deku-kun—lo cortó Ochaco—. Sé qué eres un hombre ocupado y no quería molestarte. Sólo quería saber que estabas bien.

Izuku tuvo que reprimirse las lágrimas al oír eso último.

—Lo estoy, de verdad—mintió—. Mira, en cuanto vea al secretario de defensa voy a buscarte y nos ponemos al día, si quieres claro…

Aquello hizo reír a la chica, dejando a Izuku extrañado.

—Deku, no te está buscando el secretario de defensa—respondió pícara.

Izuku alzó una ceja. No se lo podía creer. Por primera vez en toda la noche, no tuvo que pensar la sonrisa.

—¿Ibas de farol con Lian? —adivinó asombrado, admirando una vez más a Uravity.

Ochaco fingió hacerse la pensativa, llevando un dedo a sus labios. Sin duda algo terrible, pensó Izuku al verse atraído hacia zona de su rostro. Los labios de Uraraka siempre le habían parecido el fin del mundo. ¿De qué color los llevaba pintados? ¿Caramelo o melocotón? Fuera como fuese, le realzaban los ojos. Toda ella estaba despampanante, elegante, sexy. Mucho más atrevida de lo que Izuku la había visto jamás. Llevaba una especie de kimono chino o qipao negro corto con bordados dorados terriblemente ceñido y escotado. Podría decirse que era bastante provocativo si no fuera porque Uraraka lo llevaba con semejante elegancia, aunque era raro verla así. ¡Si hasta llevaba medias transparentes!

—Digamos que ha sido una mentirijilla piadosa —concluyó coqueta—. Y el apellido me lo había inventado, menos mal que parece que he acertado o al menos se parecía.

—¿También te has inventado lo de su madre?

Uraraka asintió, ahora algo avergonzada.

—La pobre se debe haber llevado un disgusto terrible, espero que no me odie demasiado cuando salga de aquí. Vi en redes que no cumple la mayoría de edad hasta septiembre—dijo—. Perdona que me metiese, pero parecías necesitar ayuda…

Izuku exhaló, algo más relajado.

—Y créeme que la necesitaba… —fue honesto—. He visto toda mi carrera profesional pasar delante de mis ojos… ¿Sabes que se sabía el nombre de mi primera mascota y el color favorito de mi madre?

Ante aquello, Uraraka no pudo evitar reírse. Izuku también, pero de nervios. No era la primera vez que se topaba con admiradoras que tenían tantas ganas de casarse con él como de denunciarlo por supuesto 'abuso sexual'. Con ambas cosas y mucho menos se llega a la fama. Lo peor es que Izuku sabía de héroes que sí se aprovechaban de sus fans, lo que cual le resultaba cuanto menos repulsivo.

—Sí, los admiradores locos pueden dar mucho miedo—concluyó Ochaco—. Yo tengo cada historia… Oye, ¿de verdad que estás bien?

—Sí, por suerte has aparecido y se ha quedado en…

Uraraka lo cortó antes de que siguiera.

—No, Deku-kun, lo que quiero saber es si realmente estás bien —aclaró—. Tienes mala cara.

Inhalar y exhalar. Exhalar e inhalar.

—No es nada, sólo estoy algo cansado por el congreso, llevamos muchos meses trabajando para que salga adelante y…

En ese momento el teléfono de Izuku volvió a vibrar, mostrando más mensajes de Hiroshi. La gente debía estar reclamándolo desde hacía rato. ¡Y el presidente! Lo había olvidado. ¡Mierda! Aquello lo descompuso, como si tras luchar con las olas descubriese que el tsunami era inminente. Intentó leer los mensajes, pero se le nublaba la vista. Inhalar y exhalar. Tal vez era por la corbata, que le apretaba.

—Ven, siéntate—lo agarró la chica por el brazo, ayudándolo a sentarse en una banqueta de mimbre carísimo que poca utilidad tenía en un baño. Se sentó a su lado y le ayudó a aflojar la corbata, ya que Izuku no terminaba de aclararse.

—Tranquilo, respira—lo guio la dulce voz de ella.

Tan dulce que ya no pudo evitar echarse a llorar.

—Perdona—se disculpó Izuku de inmediato.

—No hay nada que perdonar, tranquilo, para eso estamos los amigos—. Ochaco le desabrochó también los primeros botones de la camisa—. Respira, no pasa nada. Eso es, tranquilo.

Izuku luchó por calmarse, intentando controlarse a sí mismo. Realmente necesitaba ayuda. Y no de la acupuntura —que quien sabe—, sino de un psicólogo. Aquello era más que tocar fondo.

—Uraraka sacó una botellita de agua de su bolso y se la ofreció, junto con un paquete de pañuelos.

—Perdona Uraraka, de verdad que lo siento.

—No me pidas perdón, Izuku—dijo cariñosa— a mí no, por favor.

Se quedó allí a su lado silenciosa y paciente, acariciándole con suavidad la espalda a esperas de que Izuku se recompusiera. No le llevó mucho —ya estaba muy entrenado a contenerse—, pero sí lo suficiente para que Uraraka tomara una decisión.

— ¿Tienes algo fuera que debas recoger?

—¿Cómo? —preguntó Izuku.

—Que aquí el aire es irrespirable y por hoy ya has hecho suficiente. Además, los pies me están matando y ya estoy cansada de ser una Barbie.

Izuku parpadeó confuso.

—No puedo dejar tirado a Hiroshi… —fue lo primero que pensó—. Es mi responsabilidad estar aquí. Además, no es justo, seguro que te estoy arruinando los compromisos y…

Ochaco le hizo un gesto para que se callara, para que no siguiera.

—Sólo he venido porque los patrocinadores de nuestros trajes de agencia son chinos y adoran a las heroínas florero. Mi única función aquí era estar guapa y sonreír a la prensa. Y sinceramente lo primero me da igual y lo segundo ya lo he hecho.

—¿Estás segura?

—¿Segura de qué? ¿De que la comisión está llena de hombres a los que no les interesa ni más mínimo mi opinión sobre un acuerdo que ya se ha firmado desde hace meses o de que voy a sacarte de aquí aunque sea a rastras?

Esa era la fuerza de Ochaco Uraraka. La fuerza con la que revertía la gravedad de un planeta. La valentía que la había convertido en una de las heroínas más queridas y odiadas del país. Porque era sincera y honesta, sobre todo consigo misma. Con sus deseos y metas. Con los patrocinadores, las redes sociales, las agencias y la policía. Y había luchado tanto por estar ahí… Por eso brillaba. Brillaba con una luz tan potente que calentaba el arrítmico corazón de Izuku Midoriya.

Siempre lo había hecho.

Al cabo de quince minutos, habían salido infragantis por una de las ventanas de aquel enorme edificio.

Como ante todo eran adultos responsables, Izuku fue primero a avisar a Hiroshi, saludando de paso al presidente Chino e indicando que se retiraba a descansar. Hiroshi sintió que el chico mentía, pero atisbó en él una extraña felicidad, así que no dijo nada.

Ochaco se reunió con él al rato, tras despedirse de su manager con el pretexto de que tenía una fuerte migraña. Como abajo estaba toda la prensa expectante y no tenían ganas de salir en el próximo número de la revista del corazón sobre escándalos entre héroes, ambos salieron por una de las ventanas traseras que daba a la zona de las cocinas y los contenedores de basura. Donde, por cierto, casi terminan dentro de uno.

Así fue cómo riéndose como dos adolescentes que han hecho una terrible fechoría, salieron prácticamente corriendo —Uraraka tacones en mano—, por las calles de Hong Kong.

Uraraka tenía razón, el aire era irrespirable allí dentro. Izuku se sentía mal por irse del congreso. De alguna forma era el invitado de honor en representación de su país. Sin embargo, los escasos minutos que había estado en presencia del presidente, se había dicho a sí mismo que qué cojones hacia él allí en vez de estar salvando vidas o en su cama descansando.

Ahí sólo había gente rica por todas partes, uniformada, comiendo tostadas de espumar de caviar y bebiendo cava francés. Hablando de delincuencia y de la importancia de la seguridad ciudadana cuando a él mismo le habían robado la maleta en el aeropuerto aquella misma mañana. No era idiota, sabía que al final los males del pueblo deben curarse desde las altas esferas, ya que son los únicos que tienen el dinero suficiente y los recursos para hacerlo. No obstante, le asqueaba tanta hipocresía. Sobre todo cuando lo hacían sentirse parte de ella, como si no hubiese sido él el hijo de una madre soltera que se ha criado en uno de los barrios más humildes de Tokio.

—¿Y ahora qué hacemos? —lo trajo a la realidad Uraraka, guiándolo de la mano entre las calles desconocidas de un país que pese a ser su vecino se le hacía completamente extraño.

Había tanto neón por todas partes, tanta gente, tantos coches, tantos carteles, tanto caos... Era bellísimo. En vez de agobiarle, fue casi como una liberación. De repente no era nadie entre la multitud. Y ser completamente anónimo, era uno de los mejores regalos que alguien podía hacerle esa noche.

—Sinceramente sólo quiero hacer lo que haría alguien normal.

Uraraka le sonrió, sin poder estar más de acuerdo. Los neones le dibujaban sombras de colores en su rostro, ese que apenas había cambiado. Sin los tacones era mucho más bajita y eso que Izuku no era precisamente un hombre alto. No se había dado cuenta, pero con el ajetreo Uraraka se había soltado el perfecto recogido que llevaba y el pelo le caía desordenado por la cara, lo que la hacía lucir como la niña entusiasta que siempre fue.

—¿Qué tal…? —tanteó ella—, algo normal como… ¿comprarse unos zapatos? —alzó entonces los tacones que llevaba en las manos.

Izuku bajó la mirada y vio cómo las medias se le habían roto de caminar por el asfalto, ese que también brillaba a compás de Neón.

—No hay nada que me apetezca más en el mundo que ir a comprar zapatos contigo— bromeó, con la mayor sinceridad que había sentido en meses.

Como todo es posible en las grandes ciudades, encontraron no muy lejos un gran bazar de tres plantas que estaba abierto las 24 horas. Allí no sólo compraron unos zapatos ortopédicos terriblemente feos para Uraraka —de esos que sólo llevan los enfermeros—, sino que se compraron unos buenos 'disfraces'.

Vale que en China no los conocieran como en Japón, pero Izuku seguía siguiendo una figura muy reconocida internacionalmente.

Así fue como Uraraka se compró una sudadera blanca con el dibujo de un conejo durmiendo cuatro tallas más grande que ella, a juego con los zapatos. Le quedaba tan largo que parecía que no llevaba nada debajo. También se compró un gorro naranja butano terriblemente hortera que compró a juego con Izuku, el suyo morado.

Él por su parte no fue muy original, se compró una playera estampada de flores y unos zapatos a juego con los de Uraraka. ¿Llamaban mucho la atención así vestidos? Sí. ¿La intención era pasar desapercibidos? Sí. No obstante, en ese momento sólo podían pensar como dos niños pequeños. Hasta se compraron gafas de sol a juego y eso que era de noche.

Además, de todas forma parecían dos turistas japoneses con mal gusto, lo cual tampoco era tan raro en China ni en ningún lugar del mundo. Uraraka incluso compró una cámara desechable que colgó del cuello de Izuku.

Una vez terminaron de hacer el idiota, se fueron al mercado callejero a comer.

—¡Te juro que me moría de hambre! —sentenció Izuku en cuanto empezaron a llenar una pequeña mesa con comida de varios locales—. Llevo sin comer nada desde ayer.

—Yo también estaba harta de los canapés—se sinceró Uraraka, sorbiendo los mejores tallarines que había comido en años—. Mi representante me tiene prohibido ir y venir a las mesas de comida—dijo con la boca llena—, dice que es de mal gusto y que me hace parecer que tengo un trastorno alimenticio.

—El mío está obsesionado con que voy a mancharme comiendo, como si tuviera cinco años.

Aquello hizo que Uraraka casi se atragantara de la risa.

—¡Ay Deku-kun! —gritó animada—. Es que eres muy despistado, si yo fuera tu manager también estaría histérica.

Izuku abrió los ojos de incredulidad.

—¡Uraraka! Se supone que tienes que estar de mi parte.

—Pero si ya te has manchado la camisa hawaiana y la has comprado hace quince minutos.

Izuku se miró, haciendo un mohín cuando descubrió que estaba perfectamente limpia y que Ochaco sólo estaba tomándole el pelo, riéndose descarada. Cuando se terminaron los tallarines, empezaron a vagabundear por el mercado de un puesto a otro, en la caza de una nueva presa culinaria.

—¿Quieres probar eso? —señaló Izuku a una especie de pescado que hacían a la leña.

—¡Deku tenemos que probar eso! —añadió más tarde Uraraka en un puesto de Rou Jia Mon, la hamburguesa más antigua del mundo.

—¡Mira eso!

—¡Qué buena pinta aquello!

Lo peor es que con las maneras que tenía de turistas, casi todos los mercaderes les ofrecían probar muestras de comida o les regalaban chupitos de licor. Unos niños incluso le regalaron a Uraraka flores para el pelo, las cuales al final puso como una diadema encima de su gorro.

—Yo soy muy mala bebiendo—confesó la chica cuando se tomó el tercer chupito que les regalaron—. Ugg, esto sabe a alga.

—No puedes ser peor que yo, eso te lo aseguro—brindó con ella Izuku, tosiendo— Está malísimo.

Efectivamente, los deportistas de élite no llevan bien beber alcohol. Sobre todo por la falta de costumbre.

—¡Por eso lo regalan! Nadie pagaría por esto.

—Sigues siendo una tacaña…

Ochaco lo golpeó en el brazo.

No supieron muy bien cómo, pero acabaron bebiéndose unas cervezas en un puesto de licores regentado por un matrimonio mayor y su hija, que hablaba japones con un poco de fluidez.

—Mi marido es japones—les había dicho—. Él sólo sabe comer mucho y trabajar, muy aburrido pero guapo. ¿Vosotros matrimonio?

Se miraron y por alguna razón le dijeron que sí. Eso y que estaban de luna de miel. Total, una mentira piadosa más no haría daño a nadie.

Se rieron bastante oyendo hablar injurias del pobre marido de aquella mujer, mitad en chino mitad en japonés. Cuando eres un héroe internacional como ellos, lo primero que te obligan es a aprender idiomas. Izuku era terriblemente malo con el inglés, pero como acabó con una americana terminó aprendiéndolo por la fuerza. El chino sin embargo y pese a la complejidad se les hacía más cercano y eso que apenas tenían sonidos en común. Uraraka de hecho lo medio hablaba bastante bien o al menos la entendían cuando lo hablaba. Por aquella razón tal vez debieron caerles en gracia, porque aquella mujer los invitó a unas cervezas más y acabó enseñándoles todo su álbum familiar.

Luego le dijo a Uraraka que sabía leer la mano de las mujeres. No sabían si eso era verdad o no, pero el negocio estaba a rebosar y sin duda era por su carisma. De hecho, se puso a leerle la mano a todas las mujeres sentadas a la barra. Ellos no se enteraron de nada, pero la risa de la gente era contagiosa.

—¡Ay, sí, léemela! —se animó al final Ochaco.

La mujer tomó su mano, extrañada por su aspecto, y se concentró de sobremanera.

—Mmm, eres una mujer muy exitosa—bramó a los cuatro vientos, haciéndola enrojecer—. Veo éxito y dinero. Y mucha suerte, más suerte con marido que yo— le guiñó un ojo a Izuku.

Uraraka se echó a reír, sonriéndole cómplice y algo avergonzada a Deku, quien se puso rojo.

Luego la mujer se puso seria, haciendo que varios clientes se acercaran expectantes.

—Mmm veo… una casa grande y… veo hijos, dos. Niño y niña. En menos de tres años ¡Vaya! —añadió—. Marido tuyo tigre en la cama. Es vuestro año.

Por supuesto, Ochaco se puso roja hasta las orejas y dibujó una acentuada cara de espanto cuando oyó lo de los hijos. De hecho, le pidió un boli a la mujer para tacharse las líneas de la mano, haciendo que todos rieran y aplaudieran. Los hombres hasta le dieron palmaditas a Izuku en la espalda, que no sabía ni dónde meterse.

—Foto, foto—se había ofrecido la mujer, dándole la cámara de ellos a su padre, un octogenario con principio de cataratas.

No era muy habilidoso, porque ambos estaban seguros de que había gastado medio carrete sólo para una foto decente. ¡Qué a saber la foto!

—Foto beso, luna de miel—dijo entonces ofreciendo hacerles una foto sólo a ellos dos—.Buena suerte.

Por supuesto ambos se negaron, pero todo el mundo empezó a hablar a la vez de forma ininteligible, señalándoles una de las puertas de madera del mercado.

—Beso ahí, buena suerte—intentó explicarles el hombre mayor en un japonés muy confuso—. Foto, bonito recuerdo ¿sí?

La gente empezó a aplaudir y a cantarles, señalándoles el arco de madera. Okey, ellos también iban algo borrachos, pero no tanto como besarse delante de toda esa gente y que encima les tomaran fotos.

Al final acabaron por posar bajo la supuesta puerta en una postura bastante ortopédica, en la que Izuku le daba un beso en la mejilla a Ochaco. El hombre sacó tres fotos con flash, en las cuales estaban seguros de salir con los ojos cerrados.

—¡Tigre! —le había gritado la mujer, muerta de risa—. ¡Ay no! ¡Tigre no besa a mujer como conejo! Mujeres se aburren de conejos.

Sinceramente Izuku prefería ser una avestruz. Así al menos podría enterrar la cabeza bajo tierra y que nadie pudiera ver lo rojo que estaba.

Se fueron de allí cogidos de la malo, con la risa borracha y medio carrete lleno de fotos confusas. Uraraka era incapaz de contener la risa cada vez que cruzaba la mirada con Izuku.

—Tiene gracia que te haya llamado conejo, tienes que admitirlo—se limpiaba las lágrimas Ochaco, agarrada al brazo de Izuku mientras caminaban.

—Yo no soy la que se ha tachado con boli la mano—le recordó divertido—. Que por cierto, tienes tinta en la nariz.

Ochaco bufó, limpiándose como pudo, peinándose y recolocándose el gorro.

—¿Tú la has oído? ¡Tres hijos en dos años!

Izuku se rio, sujetándose a ella porque casi se cae. ¿Tanto habían bebido?

—Era dos hijos en tres años—aclaró él—. Lo otro es biológicamente imposible.

Luego se paró a pensar. ¿9 + 9 + 9…?

—¿No?

Se rieron como idiotas entre la multitud.

Deambularon por las calles sin saber ni a donde iban o donde estaban, lo cual se sintió como una maravillosa sensación de libertad. Por el camino compraron dos latas de cerveza y siguieron bebiendo cerca del puerto. Se hicieron fotos con flash en monumentos conocidos o cosas que les parecieron bonitas, como unas latas perfectamente apiladas en forma de cisne. También vieron cómo una gata callejera amamantaba a un perrito.

—¡Oh Deku-kun, mira! —gritó entre susurros Ochaco—. Voy a hacerles una foto, dame la cámara.

Acabaron atraídos por las luces a una especie de recinto ferial de lujo y se subieron a una noria excesivamente cara y aburrida.

—A ver si veo mi Hotel desde aquí—dijo Ochaco cuando alcanzaron la cima.

—¿Cómo es?

—¡Altísimo y Chino!

—Ufff, complicada descripción.

Uraraka se rio.

—¿Y si… nos subimos mejor en eso? —señaló una montaña rusa.

—Vale.

—Prométeme que no vamos a potar.

—Haré lo que pueda.

Luego les ofrecieron un paseo en una barcaza que cruzaba el río, el cual aceptaron.

—Espero que acepten tarjeta, porque ya no me queda efectivo.

—¿Sólo tenías 5000 yenes? —preguntó Uraraka, sacando su billetera, llena de Yuans que no sabía contar—. ¿En qué invierte su dinero el número uno de Japón?

—Me robaron la maleta esta mañana.

—Cómo si la llevases llena de efectivo—se rio Uraraka—. Anda, yo invito.

—La edad te sienta bien—bromeó Izuku, haciendo de nuevo referencia a su tacañez.

—¡Serás…! —le golpeó divertida Uraraka.

La mayoría de los pasajeros eran parejas de turistas extranjeros y jóvenes. Esta vez, dijeron que eran hermanos, para evitar más numeritos comprometedores.

—Madres distintas—les explicó Uraraka a unos alemanes—. Todos los años hacemos un viaje juntos.

—Yo soy el mayor—añadió Izuku, que siempre había querido ser el mayor de los hermanos que no tenía.

—¡Sólo por unos minutos! —peleó Uraraka.

Lo cual no tenía mucho sentido. Pensaron que habían metido la pata, sin poder parar de reírse, hasta que un inglés pareció atacar cabos.

—Ah, entiendo. Children of two women.

Acabaron con esos extranjeros y alguna gente más en un bingo nocturno en una pintoresca sala de juegos. Apostaron el poco efectivo que les quedaba y lo perdieron todo. En algún momento Izuku y Uraraka hicieron trampa con sus dones, consiguiendo dinero para al menos pagarse una última copa más antes de declararse en bancarrota por esa noche.

—A veces odio ser una heroína —le confesó Uraraka a Izuku cuando fueron a la barra a pedir unas copas más—. La gente no se da cuenta, pero los camareros…

—Llevan toda la noche pasando droga por debajo de la mesa—terminó por ella Izuku—. También creo que la bailarina del fondo está usando su don para estafar a los clientes. ¿Crees que debemos hacer algo?

Ochaco lo meditó un momento y suspiró. Sacó su teléfono y tecleó algo. Se notaba que llevaba una buena peda encima porque le costó un gran esfuerzo escribir. Deku no pudo evitar mirar de nuevo sus manos, con un poco de angustia. Se le encogió el corazón al ver eso que nadie había querido señalar en su mano. Seguramente por respeto.

Luego le miró la nariz y sonrió al ver que seguía teniendo tinta.

—No, hagamos la vista gorda por hoy—sentenció ella—, pero me lo apunto para el lunes cuando me reúna con el servicio de inteligencia.

Izuku sonrió. Era raro verla hablar de algo tan serio estando tan borracha, con las mejillas encendidas y la risa tonta. Le sirvieron una extravagante copa con fruta y pajita que se llevó a los labios con la elegancia de una femme fatale. Esos pliegues dorados que a ojos de Izuku parecían la fruta más sabrosa del mundo.

—Así que has venido realmente a eso… —pensó en voz alta Izuku, intentando seguir el hilo de la conversación.

Uraraka asintió varias veces y luego chasqueó la lengua.

—¡Caray! ¡Qué bueno está esto! ¡Prueba! —le ofreció.

Beber de la pajita de otra persona, al menos en su cultura, era algo demasiado íntimo. Casi más que un beso. Sin embargo, aceptó sin dudarlo. Aunque para ser sinceros, en ese instante, también hubiese aceptado besarla si ella se lo hubiese pedido.

—Jo, sí que está bueno. ¿Qué es?

—No tengo ni idea—se rio.

Y el se rio con ella, porque a parte de pedo estaba embelesado con su risa. ¡Cuánto la había echado de menos!

—Estás más guapo, Deku-kun—le dijo entonces—. ¿Te has hecho algo?

—Me he operado la nariz—bromeó, haciendo referencia a una noticia reciente de algo parecido.

—¡No seas tonto! —le regañó—. Te lo digo en serio, te ves muy guapo, como mayor, no sé… sexy.

—No sé… —empezó a ponerse nervioso, echándose a temblar. La Ochaco borracha y descarada era terrorífica—. Supongo que… llevo el pelo más corto que hace años. Y… me he afeitado esta mañana. Y llevo un gorro morado en la cabeza.

Ochaco arrugó los ojos, escrutándolo mientras bebía de su pajita.

—Te sienta bien—terminó por decir.

Acabaron perdiendo al bingo como habían planeado y terminaron la noche en una discoteca con aquella pareja de alemanes y su grupo de amigos. Eran realmente simpáticos, pero hubo un momento en que el cansancio pudo con ellos y acabaron despidiéndose. El cansancio y la vergüenza, porque habían estado bailando más pegados de lo que les hubiese gustado admitir. Y eso rozaba el incesto en su historia inventada.

Afuera había refrescado bastante y aunque no habían mirado la hora en toda la noche, se notaba en el ambiente que estaba bien entrada la madrugada. Izuku volvió a ponerse la chaqueta del traje.

—Pareces un mafioso—fue el único apunte que hizo su amiga al verlo de traje pero con la camisa hawaiana debajo.

Caminaron en silencio hacia ninguna parte y terminaron sentados en el banco de un parque con vistas a la ciudad, bastante más borrachos de lo que creían. Ochaco se dejó caer en su hombro, extrañamente silenciosa en toda la noche. Hong Kong se veía preciosa desde allí. Tintineaban los neones como estrellas lejanas, el humo de los coches encendía la ciudad.

Y ellos dos no eran nadie, como dos desconocidos perdidos entre neones, dos amigos reencontrándose en la multitud. Dos amantes que la ciudad olvidaría cuando saliera el sol.

—¿Quieres que vayamos a mi hotel? —le propuso entonces Ochaco, muy bajito, casi silbado a su oreja.

Le dio un vuelco el corazón.

—Sólo si quieres… —añadió ella, algo tímida ante el silencio de él.

No supo qué decir, aquella propuesta tan poco discreta lo tomó por sorpresa. Se quedó sin respiración. Le secó la lengua el lívido. Le hormigueaba la nunca, le ardían las manos.

Tragó saliva antes de hablar.

—Claro que quiero.

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Hola de nuevo! Espero que os haya gustado esta segunda parte :3

Releyendo la tercera parte he visto que era tan inmensa que la voy a partir en dos. Así que finalmente serán cuatro capis. Espero publicar el tercero el lunes-martes de la semana que viene y el cuarto y último sobre el viernes u así.

Muchas gracias a todos los que habéis entrado a leer, me ha sorprendido la buena acogida. Os agradecería mucho si me dejaseis reviews, por saber si os está gustando. ^^ De alguna forma es lo único que me llevo al escribir historias.

Por cierto! El siguiente capi lo subiré directamente ya a 'M' porque trata contenido bastante adulto. No sólo hablo de sexo (juju) sino de temas que pueden resultar sensibles y que creo que son bastante adultos.

Respondo por aquí:

REVIEWS:

Beruni: AY MIL GRACIAS! Gracias por animarte a dejarme la primera review. Me hizo muchísimas ilusión leerte. Y sí, coincido contigo, falta mucho Izoucha en español… :'(. Espero que te guste esta historia, la disfrutes y te saque una sonrisa. Este segundo capi es además muy tierno ^^ Y sí, sin duda Ochaco es la gran heroína en la vida de Izuku. ¡Espero que luche por ella y no la pierda después de tantos años sin ella!

Un abrazo!

17-03-22