Holi!
Yo de nuevo por aquí :3.
Mil gracias a todxs los que os habéis animado a dejarme un mensajito por esta historia. Me ha hecho muy feliz saber que os estaba gustando y que el Izoucha es bienvenido por aquí. Una persona por privado me dijo incluso que quería leer sobre cómo se conocieron Bakugo y el OC, así que me doy por satisfecha jajaja. ¿Realmente os interesaría?
Igualmente, si alguien más se anima a dejar una review, para mí sería muy gratificante saber vuestra opinión y si os ha gustado esta historia.
Como comenté, quería dejar un epílogo o dos. Al final... he escrito dos xD.
No sé si publicar ambos, porque el segundo trata de algo que jamás había escrito, pero me parecía divertido y por primera vez usé el punto de vista de Ochaco. No sé... creo que lo publicaré. (Si os apetece, claro)
Os dejo leer por aquí y nos leemos a bajo. ¡Que lo disfrutéis mucho!
Alerta: es cursi.
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EPÍLOGO
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Feliz.
Así de simple. Así se sentía.
Y no había otra palabra en el mundo para describirlo mejor.
Feliz, abrumado, querido, tranquilo, en paz, amado…
Así se sentía Izuku Midoriya abrazado al cuerpo desnudo de su amiga. Enterrado en los brazos de ella, acogido y refugiado por la calidez y la suavidad de su piel, de su perfume, de su cuerpo curvo y esbelto.
No podía quejarse de nada porque no podía pedir nada más. De hecho, no quería nada, porque no necesitaba nada. En ese instante, era el hombre más afortunado de la tierra porque lo tenía todo. Todo cuanto quería lo tenía consigo.
Y ya podía estar ardiendo toda China para que lo obligaran a salir de la cama, porque de ninguna otra forma iba a abandonar los brazos de esa mujer. Los suaves, cálidos y reconfortantes brazos de Ochaco Uraraka que lo abrazaban contra su pecho, ese que se movía tranquilo con la respiración acompasada del sueño.
Había olvidado cómo se sentía esa maravillosa calidez en el pecho, cuando el corazón late con un propósito más que estar vivo. Uno tan básico, como querer y que te quieran. Llevaba tanto tiempo sin sentir que alguien lo quisiera de esa manera… con la ternura que demostraban sus piernas alrededor de las suyas, o de sus manos acariciándolo cada vez que escapan al sueño. El sueño… ese que lo acogía con sus garras de Morfeo. Ese que lo acariciaba con el mismo cariño que los dedos sonámbulos de Uraraka recorrían su espalda y se abrazaban a su pelo.
Se sentía tan bien. Eso debía ser lo más parecido a volver a nacer, a caer en éxtasis, a rozar el cielo, a…
Fue entonces cuando oyó que llamaban a la puerta.
Por supuesto, al principio lo obvió. Ya habían puesto anoche el cartel de 'No molestar' por una razón. No estaban para nadie. Él no estaba para nadie.
Sin embargo, la insistencia lo hizo desperezarse, porque después de todo los limpiadores de hoteles no insisten con tantas ganas… Y él era un hombre responsable muy a su pesar. Muy muy a su pesar.
Se enderezó un poco y parpadeó varias veces, intentando acostumbrarse a la luz.
¿Qué hora era?
Debía ser más de medio día... En Nueva York seguramente todavía era de madrugada, de ahí que el Jet Lag le estuviera pegando tan fuerte. Y la resaca no ayudaba.
Porque sí, tal y como ya habían augurado, nada más abrir los ojos lo golpeó una terrible resaca. Eso y que tenía todo el cuerpo dolorido por los golpes de la pelea del día anterior. También tenía agujetas, pero eso se debía a otra cosa… una que sinceramente no le molestaba en absoluto.
Todavía medio dormido y casi sin poder abrir un ojo, lanzó una mirada a Ochaco y no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Dormida parecía mucho más joven, como si el tiempo no hubiese pasado por ella. Se la veía tan tranquila, tan serena, tan en paz… Era simplemente preciosa. Por alguna tonta razón se sonrojó.
Cuantas veces había fantaseado con tenerla así desnuda en su cama…
Bueno, técnicamente era él el que estaba en la cama de Ochaco, pero el fin era el mismo.
Volvieron a llamar con insistencia y aquello terminó por despertarle. Suspiró.
—Uraraka-san…—la llamó muy bajito, con cariño.
Ella refunfuñó, pero lo obvió con bastante simpleza. Se había olvidado lo profundo que tenía el sueño su amiga.
Luego pensó que por qué la había llamado por su apellido. Tal vez eso era raro después de haberse acostado con ella, aunque más raro se le hacía llamarla Ochaco de primeras, por mucho que la hubiese llamado así la noche anterior.
Volvieron a llamar.
—Ochaco… Ochan—le acarició el hombro—, están llamando a la puerta.
La chica arrugó el gesto y se removió en la cama.
—¿Quién es? —consiguió decir, luchando por despertarse en una lucha que tenía claramente perdida.
—No sé… —dijo confuso Izuku—. ¿Esperabas a alguien?
Él sí que esperó como un tonto a que le contestara, pero cuando la escuchó respirar profundo aceptó que Ochaco pensaba seguir durmiendo.
Como seguían llamando con insistencia, acabó saliendo de la cama para abrir la puerta. No encontraba sus calzoncillos en aquella amaranta de caos y ropa por el suelo, así que simplemente se puso el albornoz del hotel. No tuvo ni tiempo de peinarse cuando, algo hastiado por la insistencia, abrió la puerta.
Frente a él apareció una mujer en traje, esbelta, mucho más alta que él y con cara de pocos amigos. Por sus rasgos, tampoco parecía asiática.
—¡Lo sabía! —gritó enfada—. ¡Qué estaba mala! ¡JA! ¡Mis ovarios estaba mala! Una migraña verde y con pene, eso es lo que tenía.
Izuku, recién levantado, resacoso y con un Jet Lag terrible, no supo ni cómo gestionar toda aquella ráfaga de mala leche hacia su persona. ¿En qué idioma estaba hablando esa mujer? ¿Italiano, portugués, español?
—Sorry… ah, How Can I help you? —preguntó tímidamente en inglés.
La mujer marcó rápidamente y se llevó el teléfono a la oreja, obviándole. Habló apresuradamente en aquel idioma indescifrable para Izuku y luego colgó tras gritar varias cosas. Después, al fin, empezó a hablarle en japonés con una maestría que le asombró.
—¡Cómo se le ocurre! ¿Ahora es una fulana?
Izuku no estaba entendiendo nada. ¿Quién era esa mujer?
—¿Está vestida?—demandó apresuradamente.
Izuku negó, sintiendo cómo la sangre le teñía las mejillas.
—Aish, ¡qué desesperación!—habló para sí ella—. Mira, dile a esa señorita que está durmiendo la mona que me llame en cuanto se despierte. ¡Menuda insensata!
Deku estaba tan confuso que no sabía ni cómo comportase.
—Claro, se lo diré, descuide—intentó hablar con educación—. Su… ¿su nombre?
La mujer le lanzó una mirada que podría matar a cualquiera. Lo miró de arriba abajo y de abajo a arriba. Su mirada era tan penetrante que por un momento Izuku pensó que estaba desnudo y que no se había puesto el albornoz. O peor, que lo llevaba abierto…
Se miró, volviendo a respirar cuando lo vio cerrado. Gracias a Dios que no estaba desnudo frente a esa siniestra mujer.
—Tsh, qué mal gusto tiene con los hombres—masculló en su idioma, luego sacó una foto impresa del bolsillo y se la entregó—. Tú también deberías llamar a tu representante, Don Juan.
Y tras decir eso se fue.
Izuku estuvo un rato intentando descifrar algo de lo que acababa de pasar. ¿Qué llamara a su representante? ¿Qué había pasado? Luego miró la foto.
Eso había pasado.
Con cuidado de no despertar a Ochaco, buscó su teléfono en los pantalones que había tirados por el suelo. Lo sacó y efectivamente tenía cerca de veinte llamadas perdidas y cuarenta mensajes de Hiroshi. Suspiró, cansado. Los gritos no eran el mejor remedio para la resaca.
Acabó metiéndose en el baño para hablar con él y no molestar a Ochaco. Ya tendría tiempo de enterarse ella cuando se despertara.
Marcó y en menos de un segundo Hiroshi le cogió el teléfono.
—¡Midoriya! —gritó al otro lado—. ¡Por fin! ¿Dónde te has metido? Llevo toda la mañana llamándote. Estaba preocupado, he ido a buscarte incluso al hotel y no estabas…
—No he dormido en el hotel—le reveló Izuku, aclarándose la voz y desperezándose un poco—. Perdona, acabo de despertarme, no había visto tus mensajes.
—¡No me lo puedo creer! —exclamó—. ¿¡Entonces estás con ella!?
Izuku se frotó los ojos, todavía demasiado dormido. Sin humor para tanto drama mañanero.
Lo cierto es que por primera vez en toda su carrera, no le importó nada de lo que estaba pasando. Tal vez el día anterior hubiese hecho un drama por algo así, pero en ese momento no sintió que fuera para tanto. De hecho, miró la foto con detenimiento y no pudo evitar sonreír.
—Sí, he dormido con ella en su hotel—confesó.
Tampoco tenía ningún sentido mentir a su representante. Hiroshi tardó en contestar.
—Ah, bueno…—tranquilo o histérico, no había forma de descifrar el tono—, ¿y has visto la foto? Te la mandé esta mañana.
—Sí, la representante de Ochaco— hizo una pausa — o eso creo… —dudó—, me la ha dado también hace nada.
—¿¡Y qué piensas hacer!? —preguntó—. La prensa japonesa e internacional no ha parado de llamarme en toda la mañana. La foto ya está en internet y en los periódicos de Japón.
—¿En los periódicos? —le pareció bastante exagerado— ¿Qué te ha dicho Aiko al respecto?
Aquella mujer era la abogada de Izuku.
—Que por el momento ni afirmes ni desmientas nada—dijo al otro lado Hiroshi.
Izuku asintió. Era lo normal en esos casos.
—Vale, pues eso hacemos—aceptó Izuku, bostezando.
Se moría de sueño.
—Izuku, hijo—sonó al otro lado del teléfono Hiroshi con cierta preocupación casi paternal—. ¿Estás bien?
Izuku se crujió la espalda y se puso en pie, observando el skyline de la ciudad. Ese que habían observado toda la noche. De día se veía diferente.
—Sí, ¿por? —preguntó.
—No sé, estás… estás extrañamente… sereno—dijo con honestidad su manager.
Izuku sonrió.
—Es que me siento extrañamente sereno—afirmó.
Al otro lado de la línea se oyó a Hiroshi reír, seguramente por tanto estrés contenido.
—Si hubiese sabido que todo el drama se te pasaría con un polvo, hubiese empezado a buscarte una mujer mucho antes.
—¡Hiroshi!—gritó avergonzado, recordando luego que Uraraka seguía dormida—. No digas esas cosas, no ha sido sólo un… eso.
—Siempre se me olvida que eres un romántico—dijo con una leve burla—, bueno, tú llámalo como quieras, polvo, echar un casquete, follar o lo que sea—Izuku se quería morir al otro lado de escucharle—, pero me alegra oírte feliz. A ver si me busco yo un maromo que me quite las penas o que por lo menos se pelee por mí contra la perra esa del periódico de Nagusaki…
—Mira, tú haz lo creas más conveniente—lo cortó Izuku— . Diles lo que sea y si quieres cógete el día libre, por mí está bien. ¡Disfruta! Y lo de la prensa, hagamos lo que dice Aiko, ¿okey?
—A la orden—se le oyó encenderse un cigarrillo al otro lado—. Total, al final van a publicar lo que quieran y tú vas hacer lo que te dé la gana… Y yo me voy a tomar una copa al bar del hotel.
Izuku se llevó la mano a la cara, sin poder creerse lo dramático que era Hiroshi a veces. Sobre todo cuando el mundo se le hacía cuesta arriba.
—¿No es muy temprano para beber? —intentó bromear con él Izuku para rebajar el tono.
Él e Hiroshi llevaban casi seis años trabajando juntos, se conocían muy bien. Y sabía que aunque no se lo dijera, estaba enfadado. ¿Feliz por él? El que más. ¿Enfadado? También. Al fin y al cabo, era quien daba la cara por él en la mayoría de ocasiones. Y seguramente lo de la foto también habrían repercutido en los políticos a los que ayer dejó tirados.
Sin embargo le dio bastante igual. No sabía por qué, pero no le importaba nada de aquello. No era propio de él, pero el filtro de la felicidad hacía que todo se viese menos malo.
—Nunca es demasiado temprano para ahogar penas—dramatizó su representante como respuesta—. Ni para un Martini seco con media rodaja de naranja y aceitunas españolas.
Izuku casi vomita.
—Uggg… no me hables de alcohol.
—¿Resaca? —dijo—. Encima bebiendo… Que sepas que no me das ninguna pena.
Izuku sonrió.
—No tengo ningún compromiso hoy, ¿no?—preguntó.
Hiroshi tardó en responder, seguramente consultando su agenda.
—Si vas a la cena con el presidente de la asociación de héroes, no—dijo—. Todo lo demás, lo podemos mandar a freír espárragos.
—¿A qué hora es?
—A las 21:00h—sentenció—, ¡pero escúchame bien, Midoriya! Júrame por tu madre que vas a estar allí puntual, limpio y con un traje impoluto. ¡Y no me sirve el de ayer!
Izuku se pasó las manos por la sien. Suspiró. Se lo debía.
—Te lo prometo, allí estaré.
—Puntual, limpio, guapo e impoluto, ¿me oyes?—repitió.
Sin duda Hiroshi era peor que su madre.
—Sí, Okasan.
—Te odio—dijo resignado—. Anda, cuélgame ya y vete a retozar en la lujuria y el deseo mientras yo arreglo tus fechorías y caprichos de héroe.
Izuku sonrió.
—Mil gracias Hiroshi, eres el mejor, te debo una.
—Me debes mil. Adiós.
Y colgó.
Izuku suspiró. Podía haber sido peor… Se lavó la cara, bebió una buena dosis de agua y revisó su teléfono. A parte de las insistentes llamadas de Hiroshi, tenía varias llamadas de su madre y de All Might. ¿Tanta repercusión había tenido la foto? También tenía muchos mensajes, la mayoría de todos sus amigos de la UA y Nueva York. ¿Le había escrito incluso Melissa? Ok. Ese era un mensaje al que ya se enfrentaría luego… Ahora le daba bastante igual.
Fue a salir del baño cuando se encontró de frente con Ochaco.
—Ey—dijo por inercia, al ver que casi se choca con él.
Parecía una zombi. Una zombi muy muy sonriente, con los ojos prácticamente cerrados y despeinada. Totalmente desnuda.
—Me hago pis—resumió.
Izuku le sonrió como un bobo. Y ella ensanchó aún más la sonrisa si es que eso era posible.
—Todo tuyo—se hizo a un lado Izuku.
Ochaco le acarició el albornoz a su paso, acercándolo a ella para susurrarle.
—Vuelve a la cama ahora mismo—dijo con simpleza—. Y quítate esto.
A Izuku dejó de llegarle la sangre a la cabeza. Y obedeció, por supuesto. No tenía motivos para no hacer lo que esa mujer le pidiera.
Cuando Ochaco regresó a la cama compartieron una mirada cómplice, dejando muy claro lo que ambos querían como adultos que eran…
Seguir durmiendo. Obviamente.
Izuku le avisó de que había llegado su repre y de lo de la foto, pero Uraraka tenía claras sus prioridades y concordando con Izuku, eso no era un caso de vida o muerte.
Así que volvieron a dormirse, abrazados por el cuerpo desnudo del otro. Recuperando, no sólo el tiempo perdido, sino todas las horas de descanso que les había arrebatado esa maldita profesión que tenían. Y qué rico se sentía dormir así de bien acompañado…
Se despertaron horas más tarde, entre caricias del otro, risas de adolescentes y confesiones de amor al oído.
En algún momento, comenzaron también a jugar, a recorrer la espalda del otro con sus manos, a entrelazar sus cuerpos, a comerse.
—¿Y esto? —le había preguntado divertida y sensual Uraraka al encontrarse con aquel regalo entre las sábanas.
—Perdona, es que llevo mucho sin dormir con una mujer —se disculpó Izuku con algo de vergüenza—. No puedo controlarlo. ¿Te molesta?
¿Solía despertarse empalmado? Sí. ¿Con semejante erección entre las piernas? No, por dios.
—Entiendo—rio Uraraka—, menos mal que creo tiene fácil solución.
Y volvieron a hacer el amor.
Esta vez mucho más lento que la noche anterior… No tenían prisa.
—¿No te duele así?—preguntó Ochaco cuando Izuku tuvo la iniciativa de ponerse encima de ella, besándola con suavidad en el cuello.
—Si me muevo muy despacio creo que no… —suspiró él, invadiéndola y siendo invadido por ella, dándole un rio de besos en la mandíbula.
Ella ahogó un gemido cuando lo notó entrar y moverse dentro, con su cuerpo apretado contra ella. Con sus manos acariciándole las piernas.
—¿Me lo haces entonces como en las películas?—pidió coqueta y cómplice, suspirando.
—¿Lento?—preguntó Izuku, bajando al inicio de su cuello—. ¿O sin mover las sábanas?
—¿Qué te parece más complicado?
—¿Me estás retando?
Ella se rio. Luego se encogió, y se rio de verdad, sin controlar la risa.
—¿Tienes cosquillas aquí? —adivinó Izuku, sin parar de besarla y frotar su nariz al inicio de su cuello.
—¡Sí! —gritó ella, riéndose y abrazándose a su espalda—. No seas malo, para.
—¿Si no qué? —le siguió el juego Izuku.
Quien lo hubiera visto y quién lo ve.
—Sino te mando a volar hasta la estratosfera—se rio ella.
Total, los labios de Izuku estaban mejor en otro sitio… como sobre los suyos.
Y se besaron. Y lo hicieron lento como en las películas y se tocaron, se acariciaron, se respiraron y se llamaron por sus nombres mientras se llenaban del otro, mientras gemían, mientras se saciaban.
Acabaron prácticamente a la vez a un tempo que para nada era lento ni de película. Uno frenético que al final habían marcado las caderas de Ochaco moviéndose contra él, desesperada en el orgasmo, apretándole entre sus piernas, perdida el éxtasis maravilloso y asfixiante impuesto por las manos de Izuku, por la boca de Izuku, por su lengua, por sus dedos tocándola, por sus besos, por su duro… por todo Izuku en general.
Y él también se vino en ella, pensando que jamás podría cansarse de escuchar gemir a esa mujer con voz de caramelo.
Permanecieron un buen rato abrazados en aquella postura, intentando calmarse. Luego se separaron un poco para coger aire, sudados. Se miraron y se rieron, llevándose las manos a la sien.
El orgasmo había sido increíble y maravilloso, pero también les había recordado la resaca. Esa terrible resaca que ambos llevaban encima.
—¿Una ducha? —propuso al rato Ochaco, mirándole cómplice.
La verdad que nunca pensaron que tuvieran guardada tanta pasión para nadie y menos a sus treinta y tantos, después de haberlo vivido prácticamente todo en cuestiones amorosas. ¡Si hasta Izuku había estado casado cinco años! No obstante, aunque besarse en la ducha fuera un ejercicio muy de adolescentes, allí estaban, besándose como si no hubiera un mañana bajo el agua de la ducha. Y eso que acababan de hacerlo.
Realmente aquello no tenía ya nada ni de sexual. Ya no buscaban sexo. Solo quería abrazarse bajo el agua y besarse, como si tuvieran que cobrarse un montón de cosas que el tiempo y la vida les había arrebatado.
Como las promesas de amor. Aquellas que se dijeron al oído, abrazados mientras caía el champú. Como los besos que se dan sin motivo en los brazos, en la nuca, entre los dedos de las manos, en los hombros, en la frente… esos besos que sólo buscan hacer físicos los sentimientos.
—Te quiero mucho, Izuku.
—Y yo a ti.
Porque querían decírselo. Querían decir lo mucho que se querían, que siempre lo había hecho. ¿Muy deprisa? Posiblemente más bien tarde.
Lo único bueno de aquella prolongada amistad, es que les había dado el espacio y la confianza suficiente para expresarlo sin titubeos.
—Dime que tú también te mueres de hambre—dijo al final Ochaco al salir de la ducha, secándose el pelo con una toalla.
Mucho más despierta y menos resacosa que momentos antes. Poniendo fin a lo tremendamente cursis que estaban siendo. A la sonrisa tonta y a los sonrojos tímidos.
—¿Podrán todavía almuerzo a estas horas?
—Probemos.
Llamaron al servicio de habitaciones y pidieron casi todo lo que había en la carta como dos niños haciendo una trastada. Y se rieron de la resaca que tenían, de todo lo que les pasó la noche anterior y de lo intensos y tiernos que se habían puesto momentos antes en la ducha.
Y luego se rieron al ver lo exagerados que habían sido pidiendo comida.
—A ver la foto—pidió entonces Uraraka cuando se terminaron el postre, sentados en una pequeña mesa con vistas al otro lado de la inmensa habitación curva de la suit.
Izuku fue a por ella y se la tendió, sentándose de nuevo en la silla de enfrente.
Su amiga se quedó pensativa mirando la foto y luego sonrió. Se apartó el pelo de la cara y se apoyó sobre una mano mientras observaba aquel trozo de papel sin dejar de sonreír.
Tal vez era la luz de la tarde, que estaban recién duchados o aquel albornoz blanco que realzaba sus curvas, pero Izuku no pudo evitar pensar que Ochaco Uraraka era la mujer más hermosa que había visto en toda su vida.
—¿Y dices que ha salido en toda la prensa internacional y japonesa?
Él asintió, resoplando, sin perder la sonrisa.
—Qué vergüenza… —expresó ella al fin, con las mejillas encendidas—. Vaya caras de idiotas… ¿así nos veíamos?
Izuku se tapó la cara con una mano.
—Supongo.
La imagen era una foto amateur que alguien había tomado de lejos la noche anterior.
En ella, salían ambos disfrazados y abrazados en una postura muy ortopédica, momentos antes de la foto real que les había tomado en el puesto de licores, en el mercado. La imagen era del momento exacto en el que se miraron, antes de que Izuku le diera un beso en la mejilla para contentar a las demandas de aquella gente.
La foto no tenía nada del otro mundo, sino fuera porque ambos se miraban de aquella manera. Como si se acabara el mundo en el otro. Con una complicidad y un amor que atravesaba el papel. Y eso que se creían estar fingiendo delante de toda aquella gente… cuando aquel gesto decía más de ellos que cualquier otra foto en la que los hubieran pillado besándose.
—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó Ochaco al borde de la risa, tapándose la boca—. ¿Qué dicho tu repre?
—Que no haga declaraciones.
—La mía estaba histérica, ¿verdad? —preguntó Ochaco.
Izuku asintió, sonriendo con ella.
—Es terrorífica—, declaró él.
—Ahora entiendo que me haya llamado mi madre. Tendré que devolverle la llamada—se resignó ella—. ¿Sabes quién me ha escrito?
Izuku negó. Uraraka le enseñó un mensaje de Mina:
'¡POR FIN!'
Ambos se rieron. ¿Tan obvios habían sido siempre?
—También me ha escrito Kenji… es raro, llevo casi dos años sin hablar con él. ¿Sabes que siempre estuvo súper celoso de ti?
Aquello lo tomó por sorpresa.
—¿En serio?
Ella asintió, apretando los labios. Se la veía divertida y feliz. Tal vez ninguno de los dos veía el drama en todo aquello.
—¿Sabes qué? —se levantó entonces ella, sentándose en el regazo de él, para mirar la foto juntos—. Me parece una foto preciosa.
Él dejó caer la cabeza en su hombro.
—Sí… yo también lo creo.
Izuku la abrazó y entonces se fijó en algo. Algo que el albornoz de Uraraka no cubría en esa postura. Sonrió y acarició con sus dedos su muslo interno hasta la ingle.
—¿Me vas a contar entonces con qué te hiciste esto? —preguntó por la cicatriz que había desencadenado todo.
Ella se rio, con su bonita risa de caramelo.
—Eso te lo cuento la próxima vez que nos veamos.
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¡Muchas gracias! Siento dejaros con la miel en los labios jaja
¿Volverán a verse? ¿Harán pública su relación? ¿Podrán superar la distancia, la adultez y el ritmo frenético y dispar que ahora mismo tienen sus vidas? ¡Todo se verá!
Como dije arriba, tengo un segundo epílogo (y último) que creo que me animaré a publicar la semana que viene. Igualmente, saber si os interesa. Yo estoy in love con el Izuocha, pero entiendo que escasea un poco su interés en español (no sé por qué).
Como siempre, mil gracias a todos los que me habéis dejado una review y me habéis animado a seguir con esta historia. Tengo muchas ideas, pero poco tiempo (y otro fic pendiente), así que a ver si me animo y puedo hacer algo más cortito de esta pareja.
Por otro lado, como las reviews del capítulo anterior son usuarios, os contesto a todos por privado si os parece ^^
Mil gracias a todxs por leer! Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo.
¡Nos leemos la próxima semana!
