— Aguanta Percy, no te quedes dormido. Hylla agarra de mi mochila la ambrosía, rápido — gritó Reyna mientras trataba de generar presión en la herida que tenía sobre el estómago para que no sangrará más.
— Lo siento Reyna pero tu mochila la perdimos cuando escapabamos la primera vez de la desconocida — dijo Hylla con nerviosismo al ver que no había forma de ayudar a su amigo, ella volteo a ver a su alrededor tratando de encontrar un cuerpo de agua sabía que eso podía ayudar a sanar las heridas de su amigo pero estaban en medio de la carretera y no se veía nada cerca. — ¿Chicos alguno de ustedes tiene un poco de agua?
Leo busco de inmediato en su mochila antes de entregarle una botella. Hylla derramó toda el agua sobre el estómago de Percy disminuyendo un poco la apertura de la herida pero a pesar de eso esta seguía sangrando demasiado, Percy por su parte se mantenía en silencio con los ojos cerrados, odiaba todo lo que había pasado, dejó que ellos jugarán con su mente.
— ¿Tienen más agua? — preguntó Reyna con nerviosismo pero los tres chicos negaron con la cabeza, Leo se acercó tímidamente a donde estaba tirado Percy.
— Creo que puedo cerrar la herida — dijo Leo con nerviosismo, Reyna solo asintió con la cabeza antes de alejarse para que el chico pudiera hacer algo. Él puso sus manos sobre Percy antes de que estas se vieran rodeadas por fuego, el chico gritó con dolor pero Piper lo sujetó con fuerza mientras le susurraba al oído para que se calmara.
— La herida ya no va a sangrar — les explicó Leo, Hylla usó una camisa que encontró en el auto, para colocarla en la espalda de Percy para que no se infectara la herida.
— Intentemos encontrar un lugar donde quedarnos esta noche — dijo Hylla mientras que con ayuda de Reyna subían a Percy al auto. Leo de inmediato encendió el auto reanudando su trayecto, en todo ese tiempo los jóvenes se mantuvieron en silencio.
— Entra en ese — exclamó Piper de pronto, señalando el motel que se encontraba a su izquierda, para alivió de todos este lugar contaba con alberca.
— ¿Cómo vamos a pagar? — preguntó Leo confundido.
— Déjame eso a mí, esperen aquí — dijo la chica caminando en dirección a la recepción del lugar, después de algunos minutos la chica regresó sonriente con un par de llaves en su mano.
— Estás son nuestras habitaciones, la alberca se encuentra en el patio — explicó la chica mientras Percy salía del auto con ayuda de Reyna. El hijo de Poseidón se dejó caer en la alberca, tan pronto como el cuerpo del chico tocó el agua se sintió más relajado. Podía sentir cómo su cuerpo se iba recuperando, como extrañaba esa sensación de calidez que le daba el agua.
— Si quieren, vayan a descansar, estaré bien — dijo Percy, hablando por primera vez desde que había sufrido el ataque. Los chicos asintieron dejándolo solo en aquel lugar.
Él simplemente se quedó ahí, en silencio, había dudado durante la batalla y eso aprovecharon para herirlo, pero no podía dejar de pensar si ir en rescate de su madre era lo correcto. Habría querido que Apolo o su papá lo ayudarán a entender todo eso pero en estos momentos no contaba con la ayuda de ninguno de ellos, no sabía cómo iba a poder sobrellevar todo aquello.
— ¿Por qué estás tan nervioso? — cuestionó una niña de 8 años sentada en el borde de la piscina, Percy levantó la mirada para ver a esta moviendo sus pies alegremente antes de que le hiciera una señal para que se acercará. No sabía cuánto tiempo había pasado dentro de la piscina pero se alegró de ver a la Diosa, tal vez Hestia le podría ayudar a entender lo que le había mstrado la Primordial, lo necesitaba.
Percy se quedó en silencio mientras pensaba en cómo plantearlo. Demasiadas cosas habían pasado en tan poco tiempo que apenas podía comprenderlas. — Ananké me mostró como mi mamá ha hecho cosas terribles Hestia, varias cosas sin detenerse en ningún momento o mostrar arrepentimiento por lo que hacía. ¿Cómo mi mamá fue capaz de hacer eso? sabía lo que mi padre le había hecho a Medusa y el cambio que le provocó a esa mujer pero nunca imaginé que mi madre fuese igual — dijo agitado tocando su cabello. La niña le sonrió tranquilamente antes de transformarse en una mujer de 30 años, la cual no dudo en abrazar a Percy con cariño.
— Te contaré una historia — dijo Hestia esbozando una sonrisa, — En la antigua Grecia todos los Olímpicos no eran muy conscientes de sus actos o simplemente no les interesaba, eran demasiado orgullosos y egocéntricos. Pero por sobre todo lo demás ellos aun eran jóvenes, aún no veían las consecuencias de sus actos — dijo Hestia tranquilamente, acariciando la espalda del chico — Pero antes de todo, ¿Tú sabes el por que tu madre odia a los hombres?
— No, ¿pero eso qué tiene que ver con lo que hizo mi mamá? — cuestionó Percy con desesperación, él quería encontrar algo que pudiera explicar todo lo que su mamá había hecho, algo que demostrará que ella no era la culpable, que estaba en un error al siquiera pensar en dudar de ella. — Después de todo asesinó a puras chicas, muchas y el chico realmente no se lo merecía.
Hestia le sonrió con dulzura antes de besar la frente de Percy, — Todo tiene una razón Percy, tu madre no es alguien que confié en los demás, es muy difícil para ella. Cuando Apolo y Artemisa nacieron ellos vivieron por una temporada en Delos con su mamá Leto, tu abuela, después de que Hera enviará a Pitón para asesinarlos, Zeus decidió llevarlos al Olimpo para que tomarán sus tronos y una vez hecho esto Hera no les pudiera hacer nada. Pero cuando Artemisa y Apolo llegaron al Olimpo muchos Dioses se sintieron atraídos hacia ella, incluso hubo alguien quien intentó aprovecharse para violarla y usarlo para casarse con ella. Artemisa logró frustrar el plan de este y fue ahí cuando empezó el odio contra los hombres y este creció aún más cuando veía cómo se comportaba Zeus y los demás Dioses. Su odio se afianzó cuando Zeus no hizo nada para impedir que los demás inmortales le hicieran algo. Apolo noto su cambio aunque trató de acercarse nuevamente a su hermana pero no funcionó, su relación no fue la misma de antes. La relación con Zeus nunca fue buena. El en varias ocasiones la quiso casar a la fuerza — explicó Hestia tranquilamente pero Percy aun seguía sin entender qué pasaba y cómo se relacionaba con lo que había visto. — Cuando Níobe dijo esas cosas de Leto, Artemisa estaba furiosa, Leto era su mamá y de las pocas que la defendían de los demás que intentaban aprovecharse de ella, fue por eso que las ofensas de Níobe la enfurecieron tanto, aunque no estoy muy orgullosa de lo que pasó después. Por otro lado Aura era su mejor amiga, tu madre confiaba en ella, fue por eso que se sintió tan traicionada por lo que está comentaba y su furia no la dejó pensar claramente. Créeme que tu mamá se arrepiente de aquello, he sido testigo de su arrepentimiento.
— Se que el chico era inocente y creo que tu mamá también lo supo un tiempo después. La comprendo Percy pero no justificó sus hechos, pero aun así la comprendo, ella había sido acosada por tantos años que pensó que él hacía lo mismo que muchos otros hombres habían querido hacer. Pero lo que sí te puedo afirmar es que ahora tu mamá es otra, cuando tu llegaste al campamento ella se volvió diferente, menos agresiva, mucho menos violenta con los hombres. Incluso estuvo demasiado cuidadosa con Thalia que cuando ella murió, amenazó a Zeus de volverse en su contra.
Percy solo se quedó en silencio pensando en lo que le había dicho la Diosa del Hogar. — Ella te mostró solo lo malo, quiero que veas lo siguiente Percy — dijo Hestia mientras proyectaba una imagen frente a él, solo esperaba que esto ayudará al chico a ver el cariño que le tenía Artemisa o todo estará perdido.
En esta ocasión Percy reconoció el lugar, estaban en la Caza, su mamá se mantenía en silencio observando el entrenamiento que tenía, el chico no pudo evitar esbozar una sonrisa, recordando aquel día.
— ¿Así qué ese es el hijo del viejo Algas? — dijo alguien, Percy observó cómo su madre se daba la vuelta con una velocidad sorprendente, ella había sacado su arco apuntando al Dios de la Guerra.
— Menos mal que ese niño no sacó tantas cosas de él — dijo Atenea, ésta se encontraba a unos metros de donde estaba la Diosa de la Caza, unos segundos después cuatro destellos más aparecieron mostrando a Dionisio, Hefesto, Afrodita y Hermes, Percy permaneció en silencio observando con cierto interés la reacción molesta de su madre.
— No me importa si mi padre los envió, pero no voy a dejar que le hagan daño a mi hijo, antes tendrán que pasar sobre mí — dijo Artemisa completamente seria sin dejar de apuntar con su arco a cada uno de los Olímpicos esperando a que uno de estos se moviera para soltar su flecha. Aunque antes de que esta pudiera hacer algo es detenida por un destello del que emergió Apolo quien vio la escena bastante nervioso.
— Tranquila hermanita ellos no quieren hacerle nada a Percy — dijo Apolo esperando que la Diosa fuera a bajar su arco pero esta se mantuvo con su arco.
— Hazle caso a Apolo, nosotros solo venimos a verlo — dijo Ares tranquilamente como si no le importara en lo absoluto ser apuntado por un arma. Pero estamos hablando de Ares por lo que puede no estar errado. — Además nadie de nosotros te entregaría para quedar bien con el viejo.
— Diganme ¿Entonces por qué todos ustedes están aquí? — dijo Artemisa después de bajar su arco pero aún lo tenía en la mano por si ellos decidían atacar, había algo que le molestaba y no entendía, cómo es que ellos se habían enterado de su hijo. — ¿Tú les dijiste Apolo? — dijo ella apuntando en esta ocasión a Apolo. Su pulso no temblaba y su gemelo solo tragó asustado.
Pero antes de que este se pudiera defender de una flecha inminente, una pequeña niña de ocho años apareció frente a la Diosa de la Caza, lo cual provocó que Artemisa bajara su arco de inmediato. — Fui yo quien les contó, pero me temo que ellos ya sospechaban de ello desde mucho antes — dijo Hestia tranquilamente pero en vez de calmar a Artemisa solo la puso más nerviosa.
— Puedes estar tranquila Artemisa, a mi padre en estos momentos le importa más la seguridad de su hijo que cualquier otra cosa — le dijo Ares al reconocer la mirada que tenía la Diosa.
— La que sí sospecha algo es Hera, pero no quiere actuar hasta que tenga pruebas — le dijo Atenea analizando su postura y comportamiento. — Ella me envió para tratar de averiguar algo pero no le diré nada, solo tienes que actuar normal durante las reuniones del consejo para que ella olvide ese tema.
Artemisa suspiro con frustración al ver lo descuidada que había sido todo este tiempo, de ahora en adelante se tenía que ir con cuidado después de todo la seguridad de Percy dependía de eso.
— Pero siguen sin responder a mi pregunta, ¿Qué es lo que hacen aquí? — le preguntó Artemisa un poco más tranquila aunque eso no significaba que había bajado la guardia.
— Venimos aquí a ofrecerte nuestra ayuda — dijo Hefesto quien se había mantenido en silencio.
— ¿De qué hablas? — preguntó ella viendo fijamente al Dios de los Herreros quien trabajaba con algo entre sus grandes manos.
— Tú sabes que él puede ser el niño de la Profecía — dijo en esta ocasión Atenea pero Artemisa negó de inmediato con la cabeza.
— No, él no lo es. No permitiré ni dejaré que mi hijo muera solo para poder salvarnos — exclamó furiosa Artemisa, Percy no pudo evitar esbozar una sonrisa, aquello era lo que había querido escuchar.
— Tu sabes que al final todo lo que intentemos para hacer que la Profecía nunca pase ninguna de esas veces ha servido — explicó Apolo con una sonrisa triste lo que le valió una mirada furiosa de su gemela. — No sabemos si en verdad Percy es él de la Profecía pero hay que tener algo en cuenta, por el momento solo hay tres hijos de los Tres Grandes y cualquiera de ellos lo puede ser.
Artemisa suspiro frustrada al ver que Apolo tenía razón, pero ella sabía que iba a hacer todo lo que estuviera en su poder para salvarlo. — Creo que nunca te habíamos visto tan feliz como lo has estado estos años hermana — habló Atenea tranquilamente, sorprendiendo bastante a la Diosa de la Caza, nunca se le había ocurrido que ellos se iban a dar cuenta de su cambio. — Y es por eso que nosotros lo queremos ayudar, no vamos a permitir que nuestro único sobrino muera.
— Atenea tiene razón, tal vez no vamos a poder detener la Profecía pero lo que podemos hacer es que cada uno de nosotros lo entrené para que sea más fuerte y si él es el niño de la Profecía pueda ganar — dijo Hermes con una sonrisa sin dejar de ver como Percy entrenaba con las cazadoras, no podía ocultar su sorpresa al ver que el chico era bastante buen peleador a pesar de su corta edad. Artemisa aún estaba bastante sorprendida por la actitud de los Olímpicos, muy pocas veces se habían mostrado tan unidos como en esta ocasión.
— Ten Artemisa, quiero que se lo des a tu hijo — dijo Hefesto mientras le entregaba un pequeño anillo plateado, Artemisa no tenía que preguntar para saber que era, después de todo ella había recibido uno igual después de llegar al Olimpo. Ella presionó el pequeño símbolo en el anillo provocando que un hermoso arco plateado apareciera, era bastante parecido al suyo, lo único diferente era el tridente que estaba aún costado de su símbolo.
— ¿Pero cómo? — preguntó Artemisa sin dejar de admirar el arco, ella hace mucho siglos le había pedido a Hefesto que hiciera los arcos para las cazadoras al igual que el de ella pero este simplemente le dijo que no podía hacerlo ya que el material con el que estaba hecho era muy escaso.
— No fue nada fácil, tuve que hacer unos cuantos viajes al Tártaro para recolectar los materiales, pero valió la pena. Tu hijo debe de tener las mejores armas — explicó Hefesto con una sonrisa.
— Te prometo que lo voy a entrenar — interrumpió Ares con firmeza. — Sé que las cazadoras son unas buenas guerreras pero quiero hacer a ese niño más ágil que Aquiles, más fuerte que Hércules, más tenaz que Perseo. Simplemente lo quiero hacer el mejor héroe que hemos visto los Dioses
— Yo le voy a enseñar a moverse más ágil, ser más rápido y astuto. No tendrá que depender de sus poderes para ganar — dijo Hermes orgulloso de sus habilidades.
— Él también deberá saber cómo crear estrategias para ganar a sus rivales, ver los puntos débiles de ellos y poderlos usar a su favor, no todo se gana con la fuerza — fue el turno de Atenea para hablar.
— Y yo le voy a enseñar a ligar hermanita — dijo Apolo con una sonrisa. — Era una broma, le voy a enseñar a ser mejor con el arco, pero sobre todo le enseñaré a sanar sus heridas — terminó viendo la mirada asesina que le había lanzado la Diosa.
— No soy un buen peleador, tampoco soy un buen estratega, ni soy bueno con alguna arma, lo único que te puedo prometer es que a mi sobrino no le pasara nada cuando este en el campamento Mestizo, me encargaré personalmente de que cuando esté ahí ni nuestro padre pueda averiguar de él — dijo Dionisio apenado de que no pudiera ofrecer algo más.
— Y yo le voy a conseguir una muy buena novia, oh ya me imagino a él, con la pequeña hija de Atenea, ¿Cómo se llama? ¿Annabeth? — dijo Afrodita dando unos brincos de alegría, Atenea vio la mirada que tenía su media hermana y decidió interrumpir a la Diosa del Amor.
— Eso no es importante Afrodita — regaño Atenea a la Diosa del Amor, — Lo único que queríamos decirte es que cuentas con nuestro apoyo, incluso si mi padre se entera yo te voy a ayudar a protegerlo de él, no me importa si eso significa declararle la guerra a mi padre.
El resto de los Dioses asintieron con la cabeza de acuerdo con la idea de Atenea, sorprendiendo aún más a Artemisa. Todos ellos estaban dispuestos a proteger a Percy a pesar de que podían recibir un castigo severo del Rey de los Dioses. Percy se mantenía en silencio, ahora entendía el por que había recibido aquel entrenamiento.
— Ahora lo entiendes Percy, tu no solo cambiaste la vida dentro de la Caza, si no que también lograste unir a los Olímpicos — dijo Hestia con una enorme sonrisa, — Ahora quiero que veas esto — dijo esta antes de chasquear sus dedos provocando nuevas imágenes.
Las cazadoras se encontraban rodeando aquel pequeño río, aunque Percy se fijó en Kinzie, recordando el día que la joven había intentado ahogarlo, por su parte todas las cazadoras observaban con odio puro a Kinzie, su madre igual se veía furiosa, tenía la misma mirada que había tenido con Aura.
— Todas regresen al campamento, les explicaré todo cuando regrese — su voz estaba llena de enojo, Kinzie intentó alejarse aunque trato de ir en dirección contraria al resto de las cazadoras. — Tú te quedas Kinzie.
Poseidón golpeó con fuerza su tridente en el piso, provocando que la cazadora retrocediera unos pasos, Percy no pudo evitar sentir pena por Kinzie, solo esperaba que ellos no le hicieran nada. — Dejaré que tu castigues a la chica, pero espero que ya no continúe en la caza — dijo Poseidón, viendo con furia a la cazadora. — Tengo asuntos que atender, después vendré a ver a Percy.
El Dios desapareció dejando una brisa de mar, — Lo siento señora...nunca fue mi intención hacerle daño — murmuró la chica, evitando la mirada furiosa de la Diosa, Percy también desvió la mirada, no entendía por qué Hestia le mostraba aquello, pensó que en cualquier momento su madre le haría un castigo horrible a la cazadora.
— Te tienes que ir de la caza — dijo la Diosa con tristeza, Percy levantó la mirada sorprendido, había esperado que su madre reaccionará de otra forma.
— Señora, usted no me puede hacer esto. La caza es lo único que tengo, es mi familia — murmuró Kinzie, Percy notó como la mirada furiosa de su madre se desvanecía, en cambió sus ojos se llenaron de lágrimas.
— Créeme que lo intenté, ignore varios de tus desplantes hacia mi hijo, pensé que con el pasar de los años aceptarías a mi hijo, pero veo que me equivoque — Kinzie se quedó viendo fijamente a la Diosa.
— ¿Por qué elige al niño? Acaso no ve que él será como los demás — exclamó Kinzie furiosa, mientras se limpiaba las primeras lágrimas que salían de sus ojos.
— Percy es mi hijo Kinzie y no permitiré que nadie le haga daño, incluso una de mis cazadoras — respondió la Diosa, dando un par de pasos para acercarse a la chica, Percy no pudo evitar estremecerse pensando que su madre haría algo contra la cazadora.
Kinzie se vio rodeada de un aura plateada, antes de que su traje de cazadora y sus armas le fueran quitadas, — Lo siento — murmuró Artemisa, caminando de regreso al campamento dejando a su ahora ex cazadora en el suelo. La imagen cambió, en esta ocasión se encontraba en el carro lunar, Percy recordó que después de aquel ataque, su madre lo había llevado por casi dos meses a su recorrido.
Artemisa estaba en su carro lunar, pero en vez de estar prestando atención a su recorrido no apartaba la vista del bebé que la acompañaba, Percy recordó que después de aquel incidente con Kinzie por una temporada estuvo acompañando a su madre en sus trabajos nocturnos. — A él no le va a pasar nada hermana — dijo Apolo haciendo que la Diosa diera un pequeño brinco sorprendida de la presencia de su hermano.
— No hagas ruido, lo vas a despertar — lo regaño Artemisa viendo furioso al Dios del Sol antes de regresar su vista a Percy.
— ¿Cómo está? — susurró Apolo evitando otro regaño de su hermana, — Mi tío me ha contado lo que pasó con Kinzie.
En esta ocasión Artemisa levantó su mirada, podía ver el temor en la mirada de su madre. — No piensa llevarse a Percy, ¿verdad? — preguntó Artemisa, Apolo esbozó una sonrisa mientras negaba con la cabeza.
— Tranquila Arty, mi tío no piensa hacer eso — añadió de inmediato Apolo, calmando los nervios de su hermana. — Aunque dime que pasó con Kinzie, ¿sigue en la caza?
— No — respondió Artemisa, — ¿Te puedo contar algo?
Apolo solo asintió, — Por un momento pensé en someter a Kinzie en las peores de las torturas, quise hacer lo mismo que con Aura — dijo Artemisa, Apolo se mantuvo en silencio, intentando pensar en qué decirle para animar a su hermana. — Pero después pensé en Aura y sobre todo en Percy, no quiero que él me odié.
Apolo abrazó a su hermana, solo esperaba que ella no lo golpeara, para su sorpresa ella lo abrazó con más fuerza. — Se que lo que hiciste con Aura fue horrible pero tienes que perdonarte y sobre todo Percy nunca te va a odiar — dijo Apolo, acariciando el cabello de Artemisa, después de unos instantes la Diosa rompió el abrazó desviando su mirada en dirección a donde estaba Percy durmiendo tranquilamente.
— Gracias Apolo — dijo esta antes de darle un enorme abrazo a su gemelo, el cual no se esperaba aquella muestra de cariño.
— Bueno Arty, hoy te tengo una sorpresa — dijo Apolo con una sonrisa, Artemisa se quedó en silencio esperando a que este continuará. —Me costó mucho trabajo convencer a nuestro padre, pero al final él accedió.
— ¿Qué hiciste Apolo? — preguntó la Diosa nerviosa.
— Tranquila hermanita, no es nada malo. Es solo que mi querido sobrino tiene que conocer a alguien y creo que el hablar con ella te hará bien — le dijo Apolo con una sonrisa antes de desaparecer junto con Artemisa y Percy.
— ¿Estamos en Delos? — preguntó Artemisa sorprendida, habían pasado varios siglos desde que había podido visitar a su mamá.
— ¿Apolo eres tú? — se escuchó una voz, haciendo que la Diosa de la Caza derramará un par de lágrimas. — ¿Artemisa? — preguntó Leto antes de abrazar a su hija con cariño.
— ¿Qué es lo que haces aquí? — preguntó Leto después de separarse de Artemisa. — Pensé que Zeus te había prohibido venir aquí.
— Bueno creo que Apolo nos debe una explicación, él me trajo aquí — dijo Artemisa volteando a ver a su gemelo.
— Hablé con mi padre para que te quitará el castigo, pero no logré nada. Lo único que conseguí fue que vinieras aquí por una noche — dijo Apolo con una sonrisa triste, pero antes de que pudiera decir algo más Artemisa nuevamente abrazó al Dios. Ahora si Apolo estaba bastante sorprendido, casi no recordaba la última vez que su hermana le había dado un abrazo y en ese día ella ya le había dado dos.
— ¿Hija por qué estás en esa forma? — preguntó Leto de pronto. — No me mal entiendas pero a ti siempre te había gustado estar en la forma de doce años, ¿Qué cambió?
— Más bien dicho mamá, quien la cambió — dijo Apolo con una sonrisa traviesa, dejando bastante confundida a Leto pero antes de que esta pudiera preguntar, el llanto de un niño se escuchó de pronto.
— Tranquilo Percy, mamá está aquí — dijo Artemisa mientras arrullaba al niño.
— ¿Rompiste tu voto? — preguntó Leto sorprendida, pero Artemisa de inmediato negó con la cabeza. — ¿Entonces el niño?
— Él es Percy mamá y es mi hijo — le dijo Artemisa mientras se acercaba para que la vieja Titan lo pudiera ver, la cual se sorprendió demasiado al ver los ojos verde mar con puntos plateados.
— ¿Poseidón es el padre? ¿Él te hizo algo? — preguntó Leto sin entender nada de lo que pasaba.
— Si, él es hijo de Poseidón. Solo soy su madre adoptiva pero lo quiero como si fuera mío — dijo Artemisa sin apartar la vista de Percy, esto logró tranquilizar a Leto la cual había estado bastante nerviosa.
— Bueno creo que es mejor dejarlas solas, ustedes tienen mucho de qué hablar — dijo Apolo antes de desaparecer de Delfos.
— ¿Tu padre lo sabe? —preguntó Leto, Artemisa de inmediato negó con la cabeza, — Sabes que tu padre estará muy furioso cuando se entere.
— Lo sé, pero no voy a dejar que le haga daño a Percy, no me importa si le tengo que declarar la Guerra a mi padre, pero haré todo lo que esté en mis manos para protegerlo — dijo Artemisa con severidad haciendo que la Titán sonriera.
Percy se quedó en silencio, podía notar como algunas lágrimas corrían por su rostro, todas las dudas que habían tenido se esfumaron, se odiaba por haber permitido que Ananké lo manipulará. — Todos hemos cometido errores Percy, se que tu mamá se arrepiente de sus actos, pero también sé que nunca te vio como un arma para defender al Olimpo, ella te ama nunca dudes tu de eso, ella quiere hacerte dudar pero no dejes manipularte — pidió Hestia esperando que Percy se animará. No lo quería perder. No a este semidiós que se convirtió en alguien tan importante para ella.
— Gracias. La verdad me faltaba hablar con alguien sobre esto, aun me esta costando aceptarlo un poco pero no le voy a fallar a mi mamá, no voy a permitir que nadie le haga daño — dijo él un poco más tranquilo haciendo que la Diosa sonriera, su misión ya estaba cumplida. — ¿Pero por qué tu no te ves afectada por las batallas de los campamentos?
— Eso le afecta más a los Olímpicos que a mí, además estoy tan acostumbrada a estar en los dos campamentos. Por si fuera poco yo soy la Diosa del Hogar — explicó Hestia con una sonrisa mientras sacaba una pequeña bolsa. — Esto te servirá en tu viaje, suerte con todo Percy, tu mamá confía en ti — dijo la Diosa antes de desaparecer del lugar. Por otro lado el ya se encontraba recuperado por lo que una pequeña caminata no le vendría mal. Minutos después de la charla que tuvo con Hestia se sentía un poco relajado, eso era lo que necesitaba después de lo que Ananké le había mostrado. Solo se preguntaba qué era lo que pasaba en estos momentos en el Campamento Mestizo.
¿Ya habría empezado la batalla entre los campamentos?
Lo único bueno de todo esto era que podía utilizar todos sus poderes sin preocuparse de que Zeus se enterara de su presencia y eso le iba a ayudar demasiado para poder salvar a su mamá. Solo esperaba poder llegar a tiempo.
— ¿Dónde has estado? — cuestionó Hylla preocupada por su amigo, que hizo que Percy diera un brinco. Junto a ella se encontraba Reyna dándole una mirada divertida ¿Cómo se pudieron acercar tanto sin que me percatara de su presencia?
— Fui a caminar un poco para relajarme, después de lo que pasó este día creo que lo necesitaba — dijo Percy mientras se acercaba a sus amigas. — Lo siento por como me he comportado en todo el viaje, ha sido difícil todo esto,
— ¿Qué pasa? — preguntó este cuando vio que las dos chicas se alejaron. A lo lejos se podía ver la silueta de Piper pero había algo mal con ella por lo que corrió tras sus amigas hacia ella. Cuando estuvo lo suficiente cerca se percató de que la ropa que la chica llevaba estaba rota y manchada igual a como queda después de una pelea.
— ¿Qué pasó Piper? — preguntó Hylla preocupada al ver tan golpeada a la chica. Percy llevó su ambos a su bolsillo para sacar su espada pero se quedó congelado al ver aparecer una daga sobre el cuello de la hija de Afrodita y si las cosas se pusieron aún peor cuanto vio a Leo detrás de Piper aún más golpeado.
— Es mejor que no intenten nada o ella va a morir. — dijo la chica sin retirar la daga de la garganta de Piper, se vieron rodeados por una docena de chicas, aunque Percy se fijó en la chica que parecía ser la líder, sentía como un escalofrío recorría su cuerpo ¿es acaso que no le podían dejar descansar?
— Hola Kinzie.
