— Debes dejar de pensar en eso — Percy observó a su izquierda encontrándose al Dios de los Muertos, sentado tranquilamente mientras leía una revista de farándula.
— ¿Cómo puedo dejar de hacerlo? Probablemente traje a mis amigos a una muerte segura por mi culpa, ellos deben de odiarme en estos momentos — dijo Percy sin poder ocultar su frustración.
— Pero nunca los obligaste a venir, ellos lo hicieron por ven en ti a un líder natural, alguien que a pesar de lo malo de la situación va a hacer hasta lo imposible por remediarlo — dijo Hades sorprendiendo bastante a Percy, nunca se esperó que fuera el Dios de los Muertos quien le dijera todo eso. — Los defectos fatales pueden ser una perdición, pero si lo sabes controlar no será nada. Y créeme te lo dice alguien que se ha dejado consumir por su defecto.
— ¿Pero si al final uno de mis amigos muere? — preguntó Percy desviando su mirada al suelo se sentía tan avergonzado de dejar que Ananké y Cronos lo manipularon tan fácil.
— Sé que todos te han dicho que tu defecto es el más peligroso, pero para mi no lo es, te puedo decir que es el más noble — Percy de inmediato levantó la mirada pensando que Hades se estaba burlando de él, pero para su sorpresa se encontraba bastante serio.
— ¿Y entonces por qué me siento tan culpable? Esta es mi pelea, no tenía por qué haberlos arrastrado — exclamó Percy furioso recordando lo lastimado que había quedado Leo por culpa de las Amazonas.
— Lamento decirte esto, pero muchos de tus amigos van a morir durante esta guerra — comentó Hades tranquilamente, incluso Percy intentó ponerse de pie pero el Dios se lo impidió. — Debes de entender, estamos en una guerra y a pesar de todo lo que quieras no vas a poder evitar que la gente muera.
— ¿Entonces de qué sirve todo esto? Por qué no dejamos que Cronos ya gané — exclamó Percy molesto.
— Igual de testarudo que tu padre — dijo Hades con una sonrisa ganándose un bufido del hijo de Poseidón, — En toda tu vida siempre vas a encontrar a gente como Cronos, habrá muchos que sabrán que es un peligro pero no harán nada para detenerlo, por otro lado habrá gente como tú, quién no se quedará con los brazos cruzados para permitir que ellos ganen. Es por eso que se que tu defecto no es el peor de todos, tu no vas a traicionar al Olimpo por poder o tratar de ser mejor que los demás, o vas a guardar rencor contra los que te hicieron algo. En cambio harás hasta lo imposible para ganar.
Percy se quedo en silencio apartando la mirada del Dios, nunca en toda su vida se le había ocurrido que seria Hades quien le diera un discurso para animarlo, — Hace mucho tiempo alguien me dijo que era un idiota al apartar a todos, como dice el dicho de los mortales, la unión hace la fuerza, nunca lo entendí hasta que te conocí. Te puedo asegurar que ninguno de tus amigos piensa en traicionarte ni abandonarte, tú viste lo que Reyna y Hylla hicieron, ambas se arriesgaron con tal de salvarte.
— Ambos Primordiales ven en ti a alguien que no los va a dejar ganar, no solo por que nunca te vas a rendir, también por lo que provocas a los demás — exclamó Hades.
— ¿Por qué está aquí? — preguntó Percy ya más tranquilo.
— Nico, Bianca y Thalia también fueron visitados por Ananké, así que supuse que pronto haría lo mismo contigo — respondió.
— ¿Nico y Bianca están bien? — preguntó Percy viendo con preocupación al Dios de los Muertos. Hades se quedó en silencio al ver la mirada de su sobrino, que a pesar estar llena de preocupación también podía ver que este iría hasta el propio Olimpo para sacar a su primos de ahí.
— Tranquilo, ellos están bien — dijo Hades, Percy asintió tranquilo de ver que sus primos estaban bien, pero había algo que no entendía, ¿Quién era Thalia?
— ¿Quién es Thalia? — pregunto Percy.
— Thalia está viva, gracias a ti y tu amiga ella pudo regresar con la ayuda del Vellocino — respondió Hades. — Aunque me temo que no vas a tener tanta suerte, Aura y el resto te están esperando en San Francisco, debes de tener cuidado y creo que tu vuelo está por salir — fue lo último que dijo el Dios antes de desaparecer, lo que sólo provocó que los nervios del chico aumentarán.
Percy subió con temor al avión esperando que en cualquier momento éste estallará, pero para fortuna del chico esto nunca pasó.
Salto de Línea
Kinzie se despertó de pronto, no entendía qué había pasado, se sentía bastante golpeada, incluso intuía que se había fracturado un par de costillas, la chica con esfuerzo logró salir de la alberca donde se había refugiado justo antes de que la bola de energía golpeara el piso. Tan pronto como salió, se percató de la destrucción que había provocado el primordial en aquel sitio. Kinzie se acercó a cada una de las amazonas con la esperanza de encontrar alguna aún con vida, pero para su mala fortuna todas ellas estaban muertas, solo le pedía a los Dioses que ninguna de sus compañeras haya sufrido mucho. — Tengo que darme prisa — murmuró la chica, sin evitar soltar un quejido, a pesar de su pasado que tenía con Percy no podía permitir que Aura y compañía le hicieran daño. Él ya le había salvado la vida en dos ocasiones y sobre todo Artemisa estaba en peligro y temía que sin la ayuda del niño no iba a poder salvar a la Diosa.
Con esfuerzo la amazona logró llegar hasta el estacionamiento del lugar y aprovechando que la gente estaba distraída observando la destrucción que había en la piscina se robó un auto, tomando el camino al aeropuerto, no sabía cuando tiempo había pasado desde que Percy y sus compañeros habían escapado, pero pensó que la manera más fácil de alcanzarlos, era justo el vajar en un avión, él chico al ser un hijo de Poseidón se arriesgaba mucho en realizar el viaje en avión así que con suerte ella podría llegar antes, pero al llegar al estacionamiento se percató que su suerte solo empeoraba a cada minuto. En aquel lugar estaban las chicas que acompañaban a Percy, aunque no había señal alguna del chico.
— ¿Dónde está? — pidió la amazona mientras se acercaba al grupo, los cuales se veían bastante afectados.
— ¿Están bien? ¿Qué ha pasado? — preguntó Kinzie viendo a Hylla, quien se mantenía arriba del auto.
— Ananké — murmuró Hylla sin voltear a ver a Kinzie.
Ella guardó silencio por unos minutos, — ¿A dónde ha ido Percy? — pregunto, al notar que el chico no se encontraba en ninguna parte.
— Él ha tomado un vuelo a San Francisco — dijo Reyna uniéndose a la plática.
— Ese idiota — murmuro Kinzie sin entender el por que el chico se había puesto en riesgo.
— ¿A dónde vas? — preguntó Piper al ver que la amazona se dirigía al aeropuerto.
— Tengo que ir a San Francisco, hay una criatura que va en búsqueda de Percy y me temo que el no podra solo — explico Kinzie antes de continuar su camino, Reyna y Hylla fueron las primeras en acercarse a la chica.
— Te acompañaremos — dijo Hylla, se sentía mal por haber dejado que aquella mujer jugará con ella.
Tan pronto como llegó a San Francisco una sensación de nerviosismo lo atacó, no sabía muy bien cómo llegar al monte Otris, pero lo que más le preocupaba era lo que iba a encontrar una vez que llegara con su mamá.
— ¿El niño está perdido? — de inmediato se dio la vuelta intentando encontrar a Aura por algún lugar, ¿acaso se lo imagino? Unos segundos después la ex-cazadora apareció frente a él. — Tranquilo Percy, hoy no vengo a pelear contra ti.
Pero el hijo de Poseidón mantuvo su arco en sus manos listo para atacar, — ¿Dónde están los otros dos? — preguntó echando un vistazo a su alrededor.
— ¿Por qué está tan nervioso Percy? — pregunto Aura con una sonrisa, — ¿Te sucede algo? — Percy sólo se quedó en silencio, sin dejar de voltear a su alrededor, su instinto le decía a gritos que algo malo iba a pasar, justo cuando pensó que tal vez se había equivocado, el rugido de un león lo alertó.
— ¿Sabes qué Quimera es excelente rastreando? — dijo Aura señalando la parte de la camisa que le falta a Percy, — Deberías de empezar a correr.
Percy apretó los puños furioso antes de echarse a correr, tenía que pensar en cómo perder a Quimera, sabía que correr no serviría de algo, al final el monstruo le daría alcance. Recordaba que Zoe le había dicho alguna vez que para matar a Quimera tendría que eliminar a sus tres cabezas, pero que era una tarea que hacían entre 10 o 15 cazadoras, pelear solo contra ella, era casi un suicidio. Pero no tuvo mucho tiempo para seguir pensando ya que de pronto el monstruo apareció frente a él. Recordaba aún cuando Phoebe le describió a Quimera, ese día no pudo dormir ya que toda la noche tuvo pesadillas sobre aquel monstruo, pero ahora que la tenía enfrente se percató que era más horrible en persona. Su cuerpo era el de un león, incluso hasta era más grande que el león de Nemea. Su primera cabeza, la más cercana al piso, era la de un león lleno de dientes afilados, justo encima de esta, se encontraba la cabeza de cabra donde sobresalían dos enormes cuernos, la última cabeza en forma de serpiente se encontraba en la parte de atrás. — Que lindo gatito — murmuró Percy dando un par de pasos para alejarse de aquel monstruo. La quimera rugió furiosa, antes de arrojar una llamarada de fuego, Percy de inmediato se arrojó a su izquierda pero aun así no pudo evitar quemarse el brazo.
— Por Hades — murmuró Percy, echando un vistazo a las quemaduras que le había provocado el monstruo. Quimera volvió a lanzar una ráfaga de fuego, pero en esta ocasión Percy logró sacar su escudo para protegerse. Tan pronto como el fuego cesó, Percy arrojó un par de flechas pero lejos de vencer al monstruo, esto sólo lo enfureció más.
Quimera rugió furiosa antes de abalanzarse sobre Percy, quien sólo pudo tirarse al suelo aunque aún así el monstruo, logró rasgar su camisa. Intentó ponerse de pie pero la cabeza de serpiente se arrojó sobre de él, evitando en un par de ocasiones la mordida del animal, en el tercer intento Percy logró sujetarla mientras con su otra mano cortaba la cabeza de serpiente, Quimera respondió golpeando con sus piernas traseras arrojando un par de metros a Percy.
— ¿Qué te parece si lo dejamos así? ¿Lo podemos llamar un empate? — murmuró Percy intentando ponerse de pie, pero no contó con mucho tiempo ya que Quimera se abalanzó sobre él. Percy solo pudo poner sus manos sobre la cabeza de león, evitando que esta le diera una mordida. La cabeza de cabra volvió a arrojar una llamarada de fuego, complicando aún más las cosas para el hijo de Poseidón, quien tenía que pensar en algún plan rápido antes de perder la fuerza en sus brazos y terminar siendo comida para Quimera.
Para su suerte Quimera se alejó de pronto, Percy se quedó por unos segundos en el piso sin entender el actuar del monstruo, por un momento se llegó a imaginar que Phoebe y Atalanta estaban sobre el lomo del monstruo, — ¿Te quedarás todo el día ahí? — de todas las personas que pensó que le podrían ayudar nunca se imaginó que sería Kinzie, quien lo haría, pero su sorpresa fue aún mayor al darse cuenta que no se lo había imaginado, tanto Phoebe como Atalanta estaban sobre Quimera. Se puso de pie de inmediato disparando un par de flechas, que se incrustaron justo en los ojos de la cabeza de León.
— ¿Acaso quieres hacerla enojar más? — murmuró Kinzie, Quimera rugió furiosa antes de abalanzarse sobre la amazona, quien apenas pudo esquivar el ataque.
— ¡Alto! — gritó Piper, para la sorpresa de todos, la bestia se detuvo de pronto, lo que aprovecharon las chicas para saltar sobre Quimera. El monstruo soltó un último rugido antes de disolverse en polvo dorado.
Tan pronto como asesinaron a Quimera, Percy corrió para abrazar a las Cazadoras, las había extrañado tanto.
— Tal parece que el bebé nos extraño Phoebe — dijo Atalanta con una sonrisa antes de pasar su mano sobre el cabello de Percy, estaba más que tranquila de haber llegado a tiempo para salvarlo de Quimera.
— Oye — dijo Percy ofendido pero sin dejar de sonreír en ningún momento, — ¿Por qué están aquí?
— Zoe nos envió, asumo que pensó que te meterías en algún problema — dijo Atalanta divertida ante la mirada que les daba Percy, fue ahí cuando se percató que también estaban Piper, Leo, Reyna y Hylla.
— ¿Por qué están aquí chicos? — pregunto, Hylla se quedó en silencio dando un par de pasos para después golpear con fuerza el pecho del chico, Reyna imitó a su hermana solo que esta le dio una fuerte cachetada.
— Nada de lo que dijo la Primordial es verdad, estamos aquí para poder vengar a nuestra señora — dijo Hylla, aunque intentaba parecer enojada su sonrisa la delataba.
— Y también porque sabíamos que sin nosotras estarías perdido — comentó Reyna con una sonrisa. Piper dio un par de pasos para acercarse a Percy, quien cerró los ojos pensando en que recibiría otro golpe, para su suerte este nunca llegó.
— Bueno, yo estoy aquí para saber un poco más del mundo de los Dioses. Es divertido — murmuró Piper con una sonrisa.
— Bueno basta de esto, hay que darnos prisa. El monte Otris no está muy lejos —
dijo Kinzie, Atalanta por su parte alejó al chico del grupo.
— ¿Por qué estás molesto? Ellos sólo han venido para ayudarte igual que nosotras — espetó Atalanta.
— Lo sé y es lo que me enoja — respondió frustrado, — No quiero que nadie muera por mi culpa, se supone que esta es mi pelea. No la de ustedes.
— No tiene que morir nadie, si nos ayudamos entre todos es más fácil salir con vida — dijo Atalanta, Percy suspiró pesadamente.
— ¿Soy mala persona? Si no fuera tan imprudente no tendrían que estar aquí — murmuró Percy observando fijamente a la cazadora, la cual lo abrazó de inmediato..
— No eres una mala persona, eres una buena persona a la que le han pasado cosas malas ¿Está claro? — dijo Atalanta, — Además el mundo no se divide en buenos y malos. Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, lo que importa son los caminos que tomamos. Y te prometo que cuando acabe todo esto, iremos a cazar solo tú y yo. ¿Vale?
— ¿Promesa? — preguntó Percy con lágrimas en los ojos.
— Te lo prometo, ahora deja de actuar como un idiota y hay que darnos prisa — dijo Atalanta con una sonrisa, Percy no pudo evitar sonreír, estaba agradecido que su hermana estuviera ahí.
— Está demasiado tranquilo — murmuró Kinzie, se mantenía con su arco en mano, había temido que cuando llegarán al monte Otris, el lugar estaría repleto de monstruos pero para su sorpresa, el sitio estaba tranquilo, sin ningún rastro de algún monstruo cerca.
— Estén alertas — rugió Phoebe, la cazadora se encontraba igual, había aprendido a siempre desconfiar de lugares tranquilos.
— Nadie se mueva — gritó Percy, al ver la rampa que daba en dirección al palacio, aun costado se encontraba un árbol con manzanas doradas, aunque lo más preocupante era el enorme Dragón que se encontraba bloqueando el camino, la criatura estaba presentaba algunas heridas, aunque lejos de verse afectado parecía más enojado. — Abajo.
Hazel cerró los ojos, esperando morir calcinada. Le había fallado a Octavio, y lo peor era que a causa de eso sus amigos podrían morir, aunque pasaron algunos segundos y no paso nada, — Por Hades — escuchó decir a una de las cazadoras. Hazel de verdad estaba igual de sorprendida, a unos metros Percy se mantenía con los brazos elevados y arriba de él una barrera de hielo impedía que el fuego los quemará, echo un vistazo rápido al grupo, todos estaban igual que ella.
Atalanta y Phoebe observaron en silencio, sabían que Percy había incrementado su poder desde el entrenamiento pero aquello era algo asombroso. — Piensen en algo — gritó Percy, las chicas notaron como el sudor corría por su rostro. — No soportaré mucho tiempo.
Kinzie observó a sus ex compañeras intentando pensar en algo para lograr salir con vida de aquella situación, pero en ese momento a nadie se le ocurrió un plan. Hazel se colocó frente a Percy para después golpear el piso provocando una fisura, lo que provocó que la criatura perdiera el equilibrio. — Vamos corran — grito la chica, corriendo en dirección al camino que los llevaría al palacio, para su mala fortuna Piper se tropezó con una piedra, haciendo que cayera al suelo. Ladon por su parte se había recuperado y fijó su atención en Piper y Leo.
— Tranquilo Ladon, tienes que alejarte un poco — habló Piper tratando de usar su poder en contra del Dragón.
Phoebe le dio una palmada en la cabeza a Percy al ver que este también estaba por caer en el encanto de Piper, — Si no te calmas, se lo voy a contar a toda la Caza incluida nuestra Señora y creo que a ella no le gustará nada — lo regaño Phoebe, lo cual fue suficiente para que Percy retomará el control. Aún le costaba trabajo adaptarse a los poderes de Piper, aunque había hijas de Afrodita en la Caza, ninguna de estas era tan fuerte como Piper. Ladon por unos momentos pareció seguir las órdenes de Piper antes de arrojar una llamarada de fuego a la pareja.
— !No¡— gritó Percy arrojando una ráfaga de agua lo suficientemente fuerte para alejar al Dragón, él corrió de inmediato a donde sus amigos acababan de ser incinerados, pero se llevó una agradable sorpresa cuando llegó ahí. Leo se había colocado encima de Piper para protegerla del ataque, pero este no sufrió daño alguno. La única señal del ataque del dragón, era su ropa la cual gran parte de esta estaba chamuscada.
— Es un hijo de Hefesto — dijo Phoebe mientras ayudaba a Piper a ponerse de pie ignorando a Leo. Percy sonrió tranquilamente al ver la actitud de la cazadora.
— ¿Ahora cuál es el plan? — preguntó Hazel al ver que el Dragón se había recuperado del ataque que había sufrido.
— A las tres corremos — dijo Percy, ante la mirada de sorpresa de todos.
— ¿Enserio ese es tu grandioso plan? —preguntó Kinzie nerviosa.
— !Tres¡ — gritó, el grupo se echó a correr, Percy por su parte se quedó en su lugar, Ladón lanzó un rugido furioso mientras apuntaba sus cien cabezas en dirección al hijo de Poseidó chico cerró los ojos intentando concentrarse, recordando las lecciones que había tenido con su padre, podía escuchar los gritos de sus hermanas, sabía que el ataque llegaría pronto, pero no se podía preocupar por eso por el momento.
— Nadie venga, vayan al palacio — gritó Percy, pero todos se quedaron en silencio al ver el aura verde mar que rodeaba al chico, Ladón por su parte también dudo en atacarlo, para sorpresa de todos un mini huracán rodeo a Percy y al Dragón, quien cada vez que intentaba atacar al hijo de Poseidón una barrera de hielo lo protegía.
— Por los Dioses — murmuró Hylla, intentando sujetarse para no verse afectada por los vientos que provocaba el huracán. Su señora le había contado alguna vez de los semidioses más fuertes pero no recordaba haber escuchado que alguno fuera capaz de hacer eso.
— Debemos subir ya — gritó Phoebe al ver que su hermano se dirigía hacia ellas, pero tenían que alejarse ya que si no también se verían afectadas por el huracán. Percy permaneció concentrado intentando detener todos los ataques que lanzaba el furioso Dragón, después de ir a la mitad del camino Ladón lanzó un rugido furioso antes de regresar al suelo aun costado del árbol. Percy de inmediato deshizo el huracán y corrió con las últimas energías al castillo derrumbándose en el piso.
— ¿Por qué no nos sigue? — preguntó Piper nerviosa, esperando que en un momento a otro Ladon los atacará.
— Es por que no se quiere alejar del árbol y que alguien le robe una manzana — dijo Percy intentando recuperar el aliento, aquello de verdad lo había dejado agotado. Atalanta y Phoebe lo ayudaron a ponerse de pie.
— Enserio Percy, tu solo te metes en problema — le regaño Phoebe, — Cuando volvamos a la Caza me encargaré de que mi Señora te de un buen castigo.
— ¿Estás bien? — preguntó Atalanta con una sonrisa al ver la mirada de terror de Percy.
— Si, nunca había usado tanto poder — respondió el chico.
— Bueno, ya casi logramos terminar nuestra misión — dijo Kinzie adentrándose en el castillo, Percy fue el último en seguirlas, solo rogaba a los Dioses que ya no se enfrentarán a ningún otro monstruo.
La habitación de aquel lugar era enorme, pero a pesar de eso solo estaba la escultura en miniatura de la tierra y debajo de ella una niña de 12 años. El chico de inmediato corrió hasta donde estaba la Diosa, seguido de las cazadoras. Percy sintió un alivio al ver que su madre estaba bien.
— Creo que los rumores sobre ti son ciertos — dijo Atlas sonriendo.
