En la sala del trono se encontraban ocho Olímpicos, todos habían sido reunidos por Zeus para evitar que afectarán a alguien cuando los campamentos estuvieran tan cerca. Aunque el verdadero motivo, era que Zeus no quería que alguno de ellos interviniera en la batalla entre campamentos, la mayoría se encontraba en silencio, ninguno de los Dioses que estaban presentes estaban de acuerdo con aquella batalla entre campamentos, pero también ninguno se había atrevido a oponerse a la voluntad del Rey de los Dioses.
— Padre — dijo Atenea levantándose de su trono caminando hasta el centro de la habitación, — No quiero ofender,¿Pero de verdad piensa que esto es necesario?
De todos los presentes solo Zeus parecía tranquilo ante aquella situación, él se mantenía en silencio con una sonrisa en su rostro, sabía que había tomado una buena decisión era necesario terminar con todos los traidores de una vez por todas y también serviría para probar el valor de su hijo, después de todo él tenía que ser el semidiós de la profecía, era el plan perfecto.
— Si, todos deben entender que nadie puede traicionarme — exclamó Zeus, aunque los griegos habían logrado defenderse del primer ataque de la Legión, no dudaba que tal vez en un par de días, el campamento Mestizo caería y todos los semidiós griegos habrían sido aniquilados, tenía plena confianza en la Legión pero sobre todo de su hijo.
Pero esas palabras parecieron molestar más al resto de los Dioses, a excepción de Hera que era la única que no parecía precuparle aquello, incluso parecía aburrida.
— Pero esto es una medida muy extrema, tal vez deberíamos de pensar en alguna otra solución — pidió Démeter quien tampoco estaba de acuerdo con la medida que había tomado Zeus, tenía hijos en ambos campamentos y le preocupaba su bienestar.
— Padre, no me agrada mi trabajo en el campamento Mestizo, pero estoy seguro que ningún semidiós está planeando algo en contra del Olimpo — añadió Dionisio con la ligera esperanza de que su padre detuviera el ataque tal vez entre todos ellos podrían hacer entrar en razón a su padre y detener el ataque antes de que terminará con alguno de los bandos.
— Todos sabemos que no eres muy responsable con las tareas que se te piden, de haberlo sido te darías cuenta de los que semidioses hicieron mientras tu estabas a cargo — respondió Zeus viendo con furia a Dionisio, quien se sentó nuevamente en su trono en un intento de esconderse de la mirada furiosa de su padre.
— Dionisio tiene razón, en ninguno de los informes dice que hay semidioses involucrados, es un extremo eliminar a todos los griegos hay muchas vidas inocentes en riesgo, creo que deberíamos de replantearnos este plan, no sólo griegos morirán, cuantos romanos no correrán la misma suerte, aún estamos a tiempo de detener esta barbarie — añadió Atenea sin verse intimidada por la mirada furiosa de Zeus, ella no quería que aquello acabará con la mayoría de los semidioses, ellos no tenían la culpa de la paranoia de su padre.
— Atenea tiene razón padre, creo que es un exceso todo esto, estamos hablando de cientos de semidioses que pueden morir por algo que no tenemos la certeza — exclamó Hermes temiendo por la vida de sus hijos que tenía en ambos campamentos. Aunque eso pareció molestar más al Rey de los Dioses, él cual golpeó su rayo maestro al piso provocando un par de rayos que cayeron por la sala.
— Creo que su lealtad no es tan firme hacia mi como me decían — exclamó Zeus viendo fijamente a los Dioses, aunque eso pareció funcionar ya que la mayoría de ellos permanecieron en silencio a excepción de Atenea quien se mantuvo de pie observando fijamente a su padre.
— Padre, tu sabes que mi lealtad siempre ha sido contigo — exclamó Atenea, logrando que el Rey de los Dioses sonriera. — Pero en esto creo que estás equivocado padre, y cientos de semidioses van a sufrir las consecuencias.
— Si ese es el precio que debo de pagar para mantener mi Reino, lo haré — dijo Zeus observando fijamente a la Diosa de la Sabiduría. Atenea dejó escapar un suspiro, ¿por qué su padre lo tenía que hacer tan difícil?
— No voy a permitir que los semidioses mueran por una guerra sin sentido, si hacemos esto que nos diferencia de los Titanes — exclamó Atenea, pero antes de que pudiera hacer algo, Zeus bajo de su trono, para colocar su rayo maestro sobre la garganta de la Diosa.
— ¿Acaso estás en mi contra? — preguntó Zeus, observando rápidamente al resto de los dioses por si alguno decidía atacar.
— Atenea tiene razón, no dejaré que mis hijos mueran por algo sin sentido — exclamó Afrodita quien se había mantenido en silencio durante la reunión. Zeus por su parte se mantuvo en silencio antes de arrojar su rayo maestro en dirección a Afrodita, para fortuna de la Diosa del Amor un barrera de hierro impidió el ataque.
— Tu también Hefesto — rugió Zeus observando al Dios de los Herreros. En ese instante el resto de los Dioses se levantaron de su trono a excepción de Hera quien seguía sentada viendo aquella interacción con cierto aburrimiento.
— Todos ustedes son unos traidores — rugió Zeus, furioso al ver que todo el consejo Olímpico estaba en su contra.
— Es que no entiendes padre — exclamó Atenea en voz baja intentando calmar la furia del Rey de los Dioses. — No estamos hablando de seres inmortales, son de semidioses de los que estamos hablando, nuestros hijos, en el pasado ellos se han enfrentado pero nunca fue provocado directamente por nosotros, si no evitamos esta masacre no seremos diferentes a los Titanes.
— Ya se los dije, si la vida de ellos es necesaria para salvar mi reino, lo haré — espetó Zeus sin dudar en ningún momento.
Aunque su acto de furia fue interrumpido, por un golpeado Dios de la Guerra quien entró en la habitación, — Que alguno de ustedes lo sujete — exclamó Zeus, pero ninguno de los Dioses le hizo caso.
Hera de inmediato bajó de su trono, con un gesto de preocupación en su rostro, — ¿Estás bien hijo? — preguntó Hera mientras apartaba a Afrodita, Ares tenía varias heridas en todo el cuerpo aunque no parecía que ninguna de ellas fuera de gravedad.
— ¿Qué ha pasado? ¿Quién te atacó? — preguntó Atenea, antes de cerrar la entrada a la sala del trono, esperando que el atacante de Ares no estuviera cerca.
Ares se encontraba bastante golpeado y con varios rastros de sangre por todo su cuerpo, el Dios hizo un intentó de ponerse de pie pero fue evitado por Hera. — Fuimos atacados, Apolo apenas logró escapar pero él está mucho más herido, tenemos que encontrarlo antes que ellos — dijo Ares con esfuerzo.
— ¿Quién fue? — preguntó Dionisio, no se podía imaginar quién podría ser lo suficientemente fuerte para herir de esa manera al Dios de la Guerra.
— Debemos irnos de aquí, ella vendrá pronto — exclamó Ares logrando ponerse de pie para ver a su padre. — Debemos ir a la Atlántida o al Inframundo, tenemos que estar todos reunidos si es que queremos ganar.
Pero eso pareció molestar al Rey de los Dioses, el cual respondió lanzando un puñetazo a su hijo, — No caeré en sus trampas, ninguno de ustedes va a lograr derrocarme — exclamó Zeus apuntando con su rayo maestro a todos los presentes. Ares quien a pesar de sus heridas se puso de pie para encarar a su padre.
— Padre si en esto no estamos unidos será nuestro fin, deja atrás tus paranoias o este será el fin de todos nosotros, no estamos hablando de Titanes o incluso Gigantes, esto va más allá, el enemigo es mucho más fuerte — dijo Ares, todos se quedaron en silencio sorprendidos por aquel discurso, pero sobre todo habían notado temor en las palabras del Dios de la Guerra.
— ¿De qué hablas? — preguntó Demeter bastante nerviosa por el discurso del Dios de la Guerra, — ¿Qué es más fuerte que los Titanes o Gigantes?
Aunque nadie respondió, una risa distrajo a los Olímpicos, haciendo que todos vieran a la mujer que estaba sentada tranquilamente en el trono del Rey de los Dioses, — ¿Zeus, de verdad creías que podías impedir tu destino? — preguntó la desconocida, viendo tranquilamente a los Dioses.
— Debemos irnos pronto — exclamó Ares intentando alejar a su padre de la desconocida, pero Zeus se lo impidió no sabía quién era aquella mujer pero no tenía permiso para sentarse en su trono, no iba a permitir que esa desconocida se burlará de él.
— Urano quiso impedir su destino, Kronos creyó que comiendo a sus hijos impediría su caída, ¿Sabes en qué se parecen ambos? — dijo la desconocida sin prestarle atención a la mirada furiosa que le lanzaba el Rey de los Dioses.
— Ambos creyeron que podían impedir el destino, al igual que tu querido — añadió la desconocida. Zeus lo observó con furia antes de arrojar su rayo maestro, la explosión provocó que todos tuvieran que cerrar los ojos.
— Pero al igual que ellos, no importa lo que hagas, el destino es algo que no puedes detener o cambiar — continuó la desconocida, Zeus retrocedió un par de pasos al percatarse que no había logrado herir a aquella mujer.
— ¿Quién eres? — preguntó Hera quien se encontraba igual de nerviosa que el resto de los Dioses, ahora entendía el por que su hijo se había mostrado tan nervioso.
— ¿Por qué están tan interesados en eso? — respondió la desconocida sin dejar de sonreír, — Aunque debo reconocer que no habríamos logrado todo esto sin tu ayuda Zeus, tu paranoia nos sirvió para tener a todos divididos.
El Rey de los DIoses suspiró furioso, cómo se atrevía aquella mujer a faltarle al respeto, Zeus dio un par de pasos dispuesto a encarar a la desconocida, nadie podía ir a su reino a insultarlo.
— No importa quien seas pero no dejaré que me hables así — exclamó Zeus con furia intentando acercarse a la desconocida pero ésta lanzó una bola de energía arrojando al Dios contra el trono de Afrodita.
Ares intentó defender a su padre, pero fue desarmado con facilidad. — Los he observado por algún tiempo, no son nada extraordinarios — dijo la desconocida arrojando al suelo a Ares.
— Han sido tan fáciles de manipular, solo se necesito de la ayuda de los Dioses Menores y hemos logrado dividirlos — añadió la desconocida chasqueando los dedos, los Dioses observaron en silencio como un humo gris salía de la cabeza de Zeus.
— ¿Qué hice? — murmuró Zeus viendo fijamente a la desconocida.
— Tienen suerte de que el niño logrará rescatar a Artemisa o los semidioses se habrían matado entre sí — dijo ella con una sonrisa.
— No le harán daño a Percy — exclamó Ares mientras se ponía de pie, Hermes y Atenea se colocaron a un costado del Dios de la Guerra listos para atacar a la desconocida, la cual no lucía preocupada.
— Mis queridos Dioses, el niño ya está muerto — dijo ella sonriendo, provocando un grito de pavor por parte de Afrodita.
Ares de inmediato atacó a la desconocida, aún y con sus heridas el Dios de la Guerra golpeó en repetidas ocasiones, — Todos ustedes fracasaron — rugió la mujer arrojando a Ares nuevamente al suelo.
— Ya no queda ningún semidiós para asumir la profecía, han perdido.
Antes de que alguno logrará atacar a la desconocida, un destello dorado iluminó todo el lugar. Atenea temió por un momento que el Rey de los Titanes apareciera en el olimpo, pero su temor se incrementó al ver aquel anciano, aunque su aspecto no parecía peligroso, sabía que era todo lo contrario. Sus teorías habían sido acertadas, la profecía nunca se trató del Titán.
— Ananké, veo que has logrado capturar a algunos — dijo el anciano con una ligera sonrisa.
— Apolo ha logrado escapar, Poseidón se encuentra recluido en su Reino al igual que Hades, ya he enviado a Océano y Perses para captularlos, sólo será cuestión de días para que también sus reinos caigan — explicó Ananké tranquilamente, — Creo que puedes iniciar con tu pequeña incursión Cronos, veré que todo esté listo para cuando regreses.
— No voy a permitir que ustedes destruyan el Olimpo — rugió Zeus, el Rey de los Dioses se encontraba furioso, no iba a permitir que aquellos dos Primordiales destruyeran todo lo que había construido en tantos años. El anciano soltó una carcajada divertida.
— ¿De verdad piensas que podrás evitarlo? — explicó Cronos sin dejar de sonreír, Zeus no dijo nada en cambio arrojó su rayo maestro pero este se detuvo a escasos centímetros del rostro de Cronos. — Aun no entiendo como Gea y su gigantes no pudieron contra ustedes, son tan insignificantes.
Aunque lejos de verse atemorizado el Rey de los Dioses dio un par de pasos para atacar al Primordial, el cual lograba esquivar todos sus ataques, para después arrojar una bola de energía, derribando al Rey de los Dioses, — Aunque creo que todo esto es gracias a ti — exclamó Ananké, dando un par de pasos para acercarse a un herido Zeus. — Tal vez habría sido más difícil lograrlo si todos ustedes hubieran luchado juntos, pero tú nos ayudaste a mantenerlos separados.
— Pero para su fortuna aún los necesito con vida — exclamó Cronos, — Ve que todo esté listo, quiero hacer el ritual tan pronto regrese.
Ananké solo sonrió al ver que su marido desaparecía del Olimpo, Atenea observó a Hermes intentando pensar en algún plan, pero su tranquilidad duró muy poco, ya que un nuevo destelló iluminó el Olimpo, Hiperión, Crío y Japeto aparecieron, — Crió, Japeto llevenlos al Tártaro — añadió Ananké mientras chasqueaba los dedos inmovilizando a los Dioses. — Hiperión quiero que protejas al Olimpo, todo aquel que quiera acercarse debe ser asesinado.
Salto de Línea
Los últimos rayos de sol iluminaban el campamento, todos los presentes tanto romanos como griegos permanecían en silencio, incluso no querían moverse temiendo que los Primordiales regresarán para atacar el campamento. Artemisa, dio un par de pasos, tenía varias heridas pero era lo menos que le preocupaba, las primeras lágrimas se abrían paso por sus ojos, la Diosa se acercó al lugar donde segundos antes su hijo había estado, ahora solo quedaba una parte de su camisa, él se había ido.
Recordaba el primer día que había tenido a Percy, desde el momento en que lo cargó en sus brazos se prometió que haría lo que fuera necesario para proteger a su hijo, sabía que al ser un hijo de Poseidón correría mucho peligro, pero lo tenía a ella para protegerlo, aunque cuando en verdad la necesitaba, no lo pudo ayudar, solo se quedó viendo como el ser que más amaba desaparecía. Los campistas y romanos permanecieron en silencio alejándose lentamente de la Diosa de la Caza, algunas de las cazadoras estaban llorando aunque la mayoría permanecieron en silencio aún sin entender todo lo que había pasado. Kinzie por su parte caminó cabizbaja hasta el mar para sacar el cuerpo sin vida de su vieja amiga.
Nico por su parte se mantenía con los ojos abiertos, aún sin creer nada de lo que había pasado, su hermana no podía estar muerta pensaba el chico mientras se dejaba caer al suelo derrotado, no era así como debía terminar. Zoe por su parte se limpió las lágrimas, antes de observar el cuerpo golpeado del hijo de Zeus, la chica dio un par de pasos en dirección al semidiós, podía sentir cómo su cuerpo temblaba de furia, había perdido a una de sus mejores amigas y a su hermano, tal vez aquel muchacho había sido manipulado pero quería desquitar su enojo con alguien, alguien debía pagar.
— Él no tuvo la culpa, fue manipulado — dijo Octavio colocando frente al hijo de Zeus, aún y con la mirada furiosa que le dio la teniente de la caza el muchacho no dudo. — Tu lo viste, ellos lo usaron, no fue su culpa.
— Llévalo a mi cabaña, quiero a dos cazadoras siempre afuera — ordenó Artemisa, todos los semidioses se quedaron en silencio, ninguno quería hacer enojar a la Diosa. — No le haremos daño Quirón, pero no quiero que nadie se le acerque — añadió la Diosa al ver que el centauro estaba por reclamar.
— Quiero que los romanos se instalen en el campamento, ningún semidiós debe abandonar el lugar, no sabemos qué peligro haya afuera — añadió Artemisa esperando que su padre no provocará nuevamente un confrontación entre campamentos, — Zoe, lleva el cuerpo de Atalanta a nuestra cabaña. Iré al Olimpo a informar
Pero la Diosa no pudo terminar de hablar ya que cayó al suelo expulsando una ráfaga plateada de su cuerpo arrojando al piso a los semidioses más cercanos a ella.
— ¿Señora está bien? — preguntó Quirón preocupado. Artemisa parecía aún más agotada, apenas y se podía mantener en pie.
— Algo ha pasado en el Olimpo — fue lo último que dijo la Diosa antes de desaparecer del campamento.
Tan pronto como llegó al Olimpo se dio cuenta que las cosas estaban peor de lo que se podía haber imaginado, — Por fin ha llegado nuestra última invitada — escuchó la voz de Hiperión, se dio la vuelta de inmediato encontrando al Titán frente al trono de su padre.
— ¿Qué es lo que hiciste? — grito Artemisa apuntando con su arco al Titán, quien sonrió maliciosamente dando un par de pasos para acercarse a la Diosa.
— Creo que no estás en posición de amenazar Artemisa — comentó Hiperión sonriente, la Diosa estaba a punto de atacar hasta que se dio cuenta que Japeto y Crio también estaban en la habitación listos para atacar.
— Me enteré lo que le pasó a tu hijo, es una pena que muriera tan joven — añadió Crío con una sonrisa, y a pesar de que los Titanes eran más, la Diosa no dudó en ningún momento. Artemisa sin pensar en las consecuencias se abalanzó sobre el Titán pero fue detenida por Japeto.
— ¿En realidad crees que tu sola vas a poder contra nosotros? — pidió Japeto. Artemisa se quedó en silencio antes de abalanzarse sobre el Titan, logrando que este retrocediera pero de inmediato Crió e Hiperión se unieron a la pelea golpeando en repetidas ocasiones a la Diosa.
— Basta — los tres Titanes se detuvieron antes de mirar hacia la chimenea para después ser atacados por tres bolas de fuego. Artemisa trató de atacar a los Titanes pero todos fueron congelados.
Poseidón y Tritón aparecieron de pronto en el Olimpo, — Tenemos que irnos pronto — gritó Poseidón, haciendo una señal para que todos salieran de la sala del trono.
— No podemos irnos, tenemos que pelear — exigió Artemisa, no quería huir, alguien tenía que pagar por lo que había hecho a su hijo.
— Por el momento no vamos a ganar, tenemos que irnos antes de que regrese ella, debemos primero proteger a Percy — respondió Poseidón intentando mantener a los Titanes congelados pero estos poco a poco estaban empezando a recuperar.
El gesto de enojo de la Diosa desapareció al escuchar el nombre de su hijo, — No pude protegerlo, Percy ha.. — aunque la Diosa no pudo terminar la frase, sus ojos se habían llenado de lágrimas. Poseidón se mantuvo en silencio con los ojos abiertos, sentía como un escalofrío recorría su cuerpo.
— ¿Mi hijo ha muerto? — susurró Poseidón en un tono triste.
Artemisa sólo asintió con los ojos llenos de lágrimas. — Veo que por fin has salido de tu escondite Poseidón — dijo Ananké apareciendo en medio de la sala, el Dios del Mar arrojó varias ráfagas de agua en un intento de alejar a la Primordial pero ninguna de ellas parecía afectarla.
Artemisa se unió disparando su arco logrando acertar varias flechas pero aún así la Primordial no parecía afectada, — ¿Creen qué me pueden ganar con ese poder tan bajo? — exclamó Ananké divertida, dando un par de pasos para acercarse a los Dioses. — Ahora entiendo de donde sacó Perseo lo testarudo.
Poseidón la observó furioso antes de golpear su tridente al piso congelando la puerta a la sala del trono, — Tritón, sácala de aquí, intenten descubrir en donde tienen prisioneros a todos, confió en ti hijo — dijo Poseidón regresando su atención a la entrada de la sala del trono, sabía que no iba a poder detener a la Primordial por mucho tiempo. — Largo.
Tritón observó un momento, dudando si debía quedarse y ayudar a su padre aunque eso solo provocaría que los tres terminarán siendo atrapados, el sacrificio de su padre no podía ser en vano, el Dios Menor observó una última vez a Poseidón antes de desaparecer del Olimpo junto con Artemisa. — ¿Por qué hiciste eso Tritón? — exclamó furiosa la Diosa al reconocer que estaba en la Atlántida, aunque nunca la había visitado no conocía otro palacio que estuviera bajo el agua.
— No podíamos quedarnos ahí, solo íbamos a lograr que nos atraparán — explicó Tritón pidiendo que los guardias que estaban en la habitación se fueran.
— ¿De qué hablas? — preguntó Artemisa sin entender nada de lo que pasaba, pero antes de que Tritón pudiera explicar Hestia apareció frente a ellos luciendo bastante mal.
— Zeus había ordenado que todos los Dioses fueran al Olimpo para que no afectarán a terceros por el encuentro que iban a tener los campamentos. Pero entonces ella llegó, aprovechando que ninguno de los Dioses se podía defender ordenó a los Titanes que llevarán a todos al Tártaro — explicó Hestia mientras se limpiaba las lágrimas. — También logró capturar a Ares, el único que ha logrado huir es Apolo aunque aún no se sabe donde está.
Artemisa suspiro pesadamente, aunque aún seguía nerviosa solo esperaba que su hermano se mantuviera aún escondido, no quería también perder a su hermano.
— ¿Pero por qué no destruyó al Olimpo? ¿Por qué sólo encarcelar a los Dioses? — preguntó Tritón, los tres Titanes habían tenido la oportunidad de destruir la sala del trono y así quitarle el poder a los Olímpicos pero en cambio de eso habían optado por llevarlos al Tártaro.
— Me temo que el plan de Cronos es utilizar la sala del trono — dijo Artemisa recordando la conversación que había escuchado de los Primordiales, pero aún no comprendía bien cuál sería el plan de Cronos y era lo que más le preocupaba, pero antes de que pudiera decir algo una sacudida se sintió por todo el palacio que incluso le fue difícil mantenerse de pie.
— Creo que ya se enteraron de la captura de mi padre — murmuró Tritón caminando hasta el enorme ventanal.
— ¿Qué es lo que pasa? — preguntó Artemisa, sin entender que era lo que pasaba.
— Es el ejército de Océano, ya se han de haber enterado de la captura de mi padre, no creo que logremos resistir mucho tiempo — respondió Tritón, no sabía cómo podía afrontar los problemas que se avecinaba. — ¿Alguna de ustedes sabe cuál es su plan? — Tal vez sabiendo cuál era el plan del Primordial era más fácil detenerlo.
— Lo único que sé, es que requiere de la sala del trono. La energía que hay ahí le ayudará a completar su ritual — explicó Artemisa recordando las conversaciones que había escuchado mientras la mantuvieron en cautiverio.
— ¿Y cómo vamos a recuperar el Olimpo si todos los Dioses están en el Tártaro? — pidió Tritón observando el trono de su padre.
Anfitrite se unió a los Dioses, la Diosa lucía bastante cansada y con varias heridas, — ¿Poseidón? — preguntó extrañada de no ver al gobernante de los mares.
— Mi padre ha sido capturado — respondió Tritón, Anfitrite se mantuvo en silencio antes de asentir.
— ¿Todo el consejo fue atrapado? — preguntó Anfitrite, aunque su voz era tranquila se veía bastante preocupada.
— Solo Apolo y Artemisa son los únicos que han logrado escapar — respondió Hestia con gesto de preocupación, algo demasiado raro para la Diosa del Hogar.
— ¿Han tenido noticias de Hades? — preguntó Anfitrite, esperando que el Dios de los Muertos aún no fuera capturado, tal vez él era la única oportunidad que tenían para ganar.
— Lo último que supe es que estaba encerrado en su Reino, Perses ha ido a atacarlo — respondió Hestia, los Dioses se quedaron por un momento en silencio, aquello no eran buenas noticias los Primordiales habían logrado separarlarlos.
— Tenemos que ir al Tártaro por los demás Dioses, es la única forma para recuperar el Olimpo, ir sin ellos sería una misión suicida — añadió Tritón, aunque no tenía ni la más mínima idea de cómo lograrían rescatar a los Olímpicos.
— Busquen a Apolo, creo que vamos a necesitarlo, entre más Dioses seamos será lo mejor — añadió Anfitrite, aunque no se veía muy convencida de aquel plan. — ¿Los semidioses están bien? ¿Él hijo de Poseidón está bien? Tal vez el niño se puede quedar en el palacio, aquí podemos protegerlo.
En esta ocasión Artemisa se quedó en silencio, por un momento había olvidado lo que pasó con su hijo. — ¿Qué pasó? ¿Percy está bien? — preguntó Hestia, extrañada del cambio de actitud de la Diosa de la Caza, mientras Tritón incluso Anfitrite se mantenían interesados por el cambio de actitud.
— Él murió — murmuró Artemisa limpiándose las lágrimas, Hestia ahogó un grito, mientras Tritón se mantuvo con su rostro tranquilo. — Cronos llegó al campamento, no logré defenderlo.
Hestia abrazó de inmediato a su sobrina intentando consolar a la Diosa de la Caza. — Lo siento — murmuró Anfitrite, a pesar de que el niño era producto de la infidelidad de Poseidón, no merecía terminar así.
— ¿Se logró detener la guerra entre ambos campamentos? — preguntó Tritón.
— Si, ellos lograron dejar atrás sus diferencias y decidieron no pelear — respondió Artemisa.
— Bien, ordenaré a las tropas que se retiren, llevaré a todo el ejército a las profundidades, ahí esperaremos cuando ustedes rescaten a los Olímpicos saldremos a la superficie para luchar — dijo Anfitrite, Tritón parecía a punto de reclamar, no le agradaba para nada aquella idea. — No vamos a poder defender la Atlántida sin Poseidón, y no podemos perder más hombres, vamos a necesitar a todos los soldados, te prometo que cuando llegue el momento de luchar llevaré a todos a la superficie.
— Está bien madre — murmuró Tritón, aunque no le agradaba para nada dejar la Atlántida en las manos del Titán pero su madre tenía razón.
Anfitrite se despidió de los Dioses antes de abandonar la habitación, — ¿Alguna idea de dónde pueda estar Apolo? — preguntó Hestia, lo mejor era encontrar al Dios del Sol antes que los Primordiales.
Artemisa se mantuvo en silencio, tenía muchas cosas en la cabeza que no se le ocurría donde podía buscar a su hermano, — No sé — murmuró Artemisa frustrada. — El único sitio que se me ocurre es que fuera a Delos pero mi padre no los tiene prohibido, incluso usó sus poderes para evitar que fuéramos a la isla.
— Pero si Zeus ha sido encerrado en el Tártaro, ¿se habrá levantado ese castigo? — preguntó Tritón, Artemisa solo se quedó en silencio antes de desaparecer de la Atlatida.
Tan pronto llegó a Delos la Diosa sacó su arco, Tritón tenía razón con su padre encerrado en el Tártaro nadie les impedía llegar aquella isla, aunque también podía que los Titanes o los Primordiales estuvieran en aquel lugar. La Diosa se mantuvo callada, la isla se encontraba en silencio aunque lejos de tranquilizarla solo la dejaba más nerviosa, llegó hasta el centro de la isla donde se encontraba la cabaña de su madre.
— ¿Artemisa? — preguntó Leto corriendo de inmediato para abrazar a la Diosa de la Caza. — ¿Estás bien? ¿Ellos no te hicieron daño?
— Si, pero no sé dónde se encuentra Apolo — murmuró Artemisa, Leto esbozó una sonrisa mientras sujetaba a su hija para que entrará en la cabaña, donde se encontraba recostado en el sillón Apolo, tenía varias heridas pero por lo que podía ver su hermano se encontraba en buen estado.
— ¿Arty? — murmuró Apolo, intentando ponerse de pie pero Leto se lo impidió. — Gracias a los Dioses, sabía que Percy si lograría salvarte.
Aunque la sonrisa que había en el rostro de Artemisa se esfumó cuando escuchó el nombre de Percy, — ¿Qué ha pasado? — murmuró Apolo, en esta ocasión sí logró ponerse de pie, aún y con las quejas de su madre.
— Yo no pude salvarlo — murmuró Artemisa antes de abrazar a su hermano, Apolo se mantuvo en silencio, podía sentir como sus ojos se llenaban de lágrimas.
— Él está.. — dijo Apolo aunque no se atrevió a terminar la oración, no entendía cómo es que todo aquello había sucedido tan rápido. Leto solo se acercó a Artemisa para consolar a su hija, mientras Apolo se mantenía en silencio, su mente se llenaba de recuerdos de Percy.
— ¿Qué pasó? — preguntó Leto.
— Cuando regresamos al campamento Mestizo, Cronos y Ananké llegaron, todo pasó tan rápido que no logré defenderlo, no fui lo suficientemente fuerte para salvar a mi hijo — dijo Artemisa sin dejar de llorar, Leto se mantuvo en silencio sin saber que decir para consolar a su hija, Apolo por su parte parecía incluso igual de afectado que su hermana, el Dios se mantenía en silencio llorando.
— ¿Mi tío ya sabe lo que pasó con Percy? — preguntó Apolo, mientras se limpiaba las lágrimas, aunque Artemisa asintió con la cabeza.
— Todos fueron secuestrados y llevados al Tártaro, los únicos Olímpicos libres somos nosotros — respondió Artemisa.
Apolo se dejó caer en el sillón, habían perdido, ni en la peor de sus pesadillas se imaginó que todo aquello terminaría así. — ¿Pero cómo ha pasado todo esto? — preguntó Leto sin entender cómo es que había pasado todo aquello, el ataque fue tan rápido.
— La batalla de los campamentos fue idea de los Primordiales, ese fue su plan para mantener a los Olimpicos entretenidos y lograrán su ataque — murmuró Artemisa, aún entre lágrimas, Apolo aún se mantenía en silencio sin entender cómo iban a lograr revertir todo aquello.
— ¿Hay algún plan para detener a los Primordiales? — cuestionó Apolo, quería vengarse de todo lo que había pasado.
— No creo que sea buena idea que ustedes abandonen la isla, aquí estarán a salvo — dijo Leto aunque sabía que aquellas palabras no serían suficientes para evitar que sus hijos fueran a enfrentarse a los Primordiales.
— Tenemos que ir al Tártaro, los Primordiales han encerrado al consejo en el pozo, si queremos ganar esta guerra tenemos que ir a rescatarlos — explicó Artemisa, Leto ahogó un grito, no le agradaba nada la idea de que sus hijos fueran al Tártaro, aquel sitio no era para nada agradable, aunque por la mirada de sus hijos sabía que nada de lo que diría serviría para impedir que ellos lo hicieran.
— ¿Solo irán ustedes? — preguntó Leto, aunque Artemisa negó con la cabeza.
— No, Tritón también nos acompañará, tal vez logremos convencer a Hades de que también nos acompañe — explicó Artemisa, aunque eso no logró tranquilizar a Leto, si de verdad los dioses habían sido encarcelados en el Tártaro aquel sitio sería custodiado por demasiados monstruos.
— Está bien — murmuró Apolo.
— No creo que sea buena idea que vayan a ese lugar, ninguno de los dos se encuentra bien puede ser bastante peligroso — dijo Leto esperando convencer a sus hijos de aquella tarea peligrosa.
— Creo que no es posible esperar más, si queremos evitar que los Primordiales ganen debemos darnos prisa — respondió Apolo con firmeza, Leto quiso responder pero al ver las miradas decididas de sus hijos decidió no contradecirlos.
— Por favor cuidense mis niños — murmuró Leto mientras sus hijos desaparecían del sitio. Ambos Dioses llegaron a la Atlantida donde Hestia y Tritón los esperaban.
— ¿Te encuentras bien? — preguntó Tritón al ver el aspecto que tenía Apolo.
— Si, ¿cuál es el plan? — dijo Apolo, quería empezar de inmediato su plan. Tritón se mantuvo en silencio mientras observaba a Hestia esperando que ella hablará.
— Creo que deberíamos de ir al campamento Mestizo, no creo que este sitio aguante mucho — dijo Hestia, las explosiones eran cada vez más cerca, Tritón asintió pesadamente antes de echar un último vistazo a su palacio, sabía que sería la última vez que vería aquel lugar.
Los cuatro Dioses reaparecieron en el campamento Mestizo, algo que de inmediato llamó la atención de la mayoría de los semidioses. Algunos de ellos se acercaron interesados en conocer alguna noticia de lo que había pasado, por su parte Artemisa se percató que ninguna de las cazadoras estaba cerca y supuso que se encontraban en su cabaña.
Hestia dio un par de pasos para acercarse a Quirón quien parecía igual de sorprendido que el resto de los semidioses.
— Quirón necesitamos un lugar para hablar — pidió Hestia, Quirón solo asintió aunque estaba bastante preocupado por la seriedad de la Diosa del Hogar, los Dioses junto con el centauro se mantuvieron en silencio hasta que llegaron a la casa grande.
— Iré a ver como siguen las cosas — dijo Quirón caminando a la salida de la casa grande pero la Diosa de la Caza se lo impidió.
— Creo que también debes escuchar esto Quirón — dijo Hestia.
— Los Primordiales han encerrado a todo el consejo en el Tártaro, el Olimpo por otra parte se mantiene rodeado de un ejército de monstruos y Titanes — explicó Hestia, mientras todos se mantenían en silencio. — Sabemos que los Primordiales necesitan el Olimpo para sus planes, por eso no lo han destruido aunque no sabemos cuánto tiempo tenemos para evitar sus planes.
— ¿Cuál es el plan? — preguntó Quirón sin entender cómo lograrían derrotar a los Primordiales, sin la mayoría de los Olímpicos.
— Debemos ir al Tártaro, tenemos que liberar a los Olímpicos para intentar un ataque y recuperar el Olimpo — explicó Artemisa, aunque aún no sabía como le harían para llegar hasta el pozo.
— Creo que también debemos intentar evitar usar mucho nuestros poderes, no debemos alertar a los Primordiales de cuál es nuestro plan y pongan más vigilancia sobre el Tártaro — explicó Hestia, aunque aquello solo complicaría más las cosas, pero si los Primordiales sospechaban de su plan sería aún más complicado rescatar a los Olímpicos.
— Creo que deben escuchar esto, el oráculo ha emitido una profecía — explicó Quirón.
Siete semidioses responderán al llamado, para rescatar a los caídos en el pozo.
Un líder de cada facción deberá unirse.
La luna, el Sol y el mensajero del mar acudirán a la ayuda de los semidioses.
Uno se perderá en la tierra sin lluvia
La fragua y la paloma romperán la celda de los prisioneros.
Los Dioses se quedaron en silencio, ninguno de ellos había planeado involucrar a los semidioses en aquella misión. — ¿Quién recibió la Profecía? — preguntó Apolo.
— Fue el hijo de Hades — respondió Quirón, — Los Romanos se han reunido para elegir quien será el semidiós que se una a la misión.
— ¿El resto de los semidioses de la profecía? — preguntó Tritón.
— Solo está el hijo de Hades y Kinzie quien es la única amazona que hay en el campamento — explicó Quirón.
— Hablaré con mis cazadoras, debemos tener a todos los semidioses de la misión antes de la cena, esta noche debemos de partir — dijo Artemisa antes de abandonar la habitación, si querían tener éxito debían partir lo más pronto posible.
Espero les guste el primer capítulo, estaré actualizando cada lunes.
