Nico se mantuvo en su sitio, el hijo de Hades se quedó esperando que en cualquier momento su hermana apareciera frente a él, pero ella había desaparecido, perdió a la única persona que amaba. Algunos se empezaron a acercar aún con temor de que los Primordiales regresaran, de reojo pudo ver como las cazadoras se refugiaban en su cabaña. — ¿Estás bien? — preguntó Quirón arrodillándose frente al hijo de Hades, Nico solo asintió, no quería llorar frente a todos, aunque la mayoría no parecía prestarle mucha atención.
El viejo centauro esbozó una fugaz sonrisa, mientras colocaba su mano sobre el hombro del chico, — ¿Estás sangrando? — preguntó Quirón observando el brazo izquierdo del chico, quien tenía un corte sobre su brazo.
— Will, puedes venir por favor — dijo el centauro, un joven rubio se le acercó para revisar la herida que tenía sobre el brazo, aunque Nico no recordaba el momento en que se había lastimado, aunque en esos momentos no le interesaba demasiado su estado de salud.
— ¿Ella era tu hermana? — preguntó el chico, Nico levantó la mirada pensando que el rubio haría alguna broma sobre su hermana, aunque se dio cuenta que estaba equivocado, este si se veía de verdad preocupado.
— Si — respondió Nico desviando la mirada, no quería hablar de su hermana temía que no tendría la energía suficiente para evitar llorar y menos frente aquel chico.
— Voy a estar bien — murmuró Nico poniéndose de pie, quería alejarse de todos, para su fortuna ninguno de los semidioses parecían muy interesados en acercarse, la mayoría prefería alejarse del camino que tomaba el hijo de Hades. El chico siguió el mismo camino que había tomado junto con su hermana y Thalia para entrar en el laberinto.
No entendía cómo es que todo se había complicado, de nada había servido todo aquel viaje que habían hecho para ir a hablar con las Moiras, tantos riesgos que tuvieron en aquella misión no sirvieron para nada.
— Perdoname Bianca — murmuró Nico dejándose caer en el suelo. Todo pasó tan rápido, no le dio tiempo de reaccionar, de intentar salvarla. Había tantas cosas que nunca le dijo a su hermana, siempre pensó que tendría más tiempo para hablar con ella para arreglar su última pelea.
El chico se puso de pie de inmediato al escuchar unas pisadas a su espalda.
— ¿Qué quieres? — espetó molesto ante la interrupción de aquella chica.
— No quería molestarte pero se ve que necesitas hablar con alguien — respondió la joven intentando sonar lo más tranquila posible, — Soy Hazel, hija de Plutón.
Nico se quedó por un momento en silencio, sin saber qué responder, era aquella chica lo más cercano a una familia, — Sé que has perdido a tu hermana, y no quiero sustituirla, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo — dijo Hazel sabía que al ser hijos del gobernante del Inframundo no eran muy bien aceptados entre los semidioses, ella ya lo había vivido cuando llegó al campamento Júpiter, no se quería ni imaginar lo que estaba sufriendo aquel chico, Hazel dio un par de pasos esperanzada de poder abrazar a su medio hermano, Nico dudó por un momento pero no se opuso.
— Tuve que protegerla — dijo Nico rompiendo en llanto, quería volver en el tiempo y ser él quien tuviera aquel destino, su hermana no lo merecía. Hazel por su parte se mantuvo en silencio sin dejar de abrazar al chico, sabía que nada de lo que dijera aliviaría el dolor que estaba sintiendo.
— Creo que deberíamos regresar al campamento, veré que uno de los nuestros revise tus heridas — dijo Hazel, aunque Nico le echó una mirada de furia. — Por favor, solo quiero ver que ninguna de tus heridas sean de gravedad, después de eso te buscaré una tienda para que estemos solos.
Nico dudo por un momento, no quería regresar con los demás semidioses, no quería que lo vieran en ese estado pero por la mirada que tenía la chica sabía que ella no aceptaría un no como respuesta.
Los dos semidioses regresaron al campamento, Nico se mantuvo en silencio, aunque no se esperó que un cuerpo esquelético de la que antes había sido la portadora del espíritu del Oráculo de Delfos se encontraba flotando justo enfrente de Nico, que miraba con asombró a la criatura.
Siete semidioses responderán al llamado, para rescatar a los caídos en el pozo.
Un líder de cada facción deberá unirse.
La luna, el Sol y el mensajero del mar acudirán a la ayuda de los semidioses.
Uno se perderá en la tierra sin lluvia
La fragua y la paloma romperán la celda de los prisioneros.
Quirón junto con el resto de los semidioses griegos se quedaron en silencio, Nico a diferencia del resto parecía decidido, como si hubiera estado esperando que pasara eso. El espíritu se mantuvo flotando unos segundos antes de desplomarse ante los pies de Nico.
— Clarisse, Will. Lleven al oráculo a la casa grande — ambos chicos se acercaron con asco al esqueleto, — Quiero a todos los jefes de cabaña en la casa Grande de inmediato.
— Lo llevaré a la enfermería — dijo Hazel, alejando a Nico del centauro. Ambos semidioses se mantuvieron en silencio hasta que llegaron al campamento provisional que habían montado los Romanos.
— Estaba preocupado por ti — dijo Frank abrazando a Hazel ignorando la presencia de Nico.
— Gracias — respondió ella nerviosa, — Puedes ir a buscar a Johnson, dile que lo espero en mi tienda.
Dicho eso, Hazel tomó de la mano a Nico para llevarlo hasta su tienda. — Creo que deberías pensar bien en aquella misión — dijo Hazel una vez que estuvieron solos.
— Lo haré — dijo Nico sin dudar en ningún momento.
Hazel no pudo evitar suspirar, había previsto aquella respuesta, — Pero piensalo bien, aquella misión se trata de ir al Tártaro — explicó Hazel, esperando que con eso fuera suficiente para evitar que aquel chico se arriesgará.
— No me importa — murmuró Nico, sus ojos se habían llenado de lágrimas. — He perdido todo, sin Bianca ya no tengo nada, tal vez este sea mi castigo por no haberla defendido.
Hazel permaneció en silencio, quería decir algo, aunque temía que nada de lo que dijera sería suficiente, justo en ese momento llegó Johnson. — Está bien, dejaré que te revisen — dijo la chica saliendo de la tienda donde se encontró a Frank y Octavio hablando tranquilamente, algo que era bastante raro.
— ¿Ustedes están bien? — preguntó la chica extrañada de que los chicos estuvieran hablando tranquilamente sin insultarse.
— Si, Octavio me ha contado que los griegos han recibido una misión para rescatar a los Dioses — dijo Frank.
— Me da gusto verte bien — añadió Octavio, Hazel por un momento pensó que aquello era una broma por parte del augur pero al ver la mirada del chico sabía que lo decía de verdad.
— Gracias — respondió ella un poco incómoda, — Creo que esa profecía también habla de nosotros o al menos uno debe de acompañarlos.
— Si, era de lo que estaba hablando con Octavio — explicó Frank.
— Nuestro líder es Jason pero no creo que los griegos estén muy de acuerdo en que él los acompañe — explicó Octavio. — Estaba pensando que Frank era nuestra mejor opción, el resto de la legión lo ve con buenos ojos.
— Iré yo — dijo Hazel sin dudarlo por ningún momento, algo que extraño a ambos chicos.
— No, es muy riesgoso — dijo de pronto Octavio. — Yo soy el augur debería ser yo quien se arriesgue en esto.
La chica se quedó por un momento en silencio sorprendida de la actitud de Octavio, el cual parecía bastante preocupado. — Octavio tiene razón, esta misión habla de ir al Tártaro no quiero que te arriesgues — dijo Frank intentando convencer a la chica,
— El chico que está allá adentro es un hijo de Hades, es la única familia que me queda y él irá en la misión tengo que ir para protegerlo — explicó Hazel, sabía que no iba a lograr evitar que Nico se uniera a la misión así que aquello era lo único que le quedaba.
Salto de Línea
Quirón salió de la casa grande, sentía que había envejecido bastante en los últimos días, no entendía cómo habían pasado tantas cosas y peor aún parecía que no mejoraría pronto, — ¿Está todo bien Quirón? — preguntó Luke, extrañado del rostro preocupado del centauro.
— Si, ¿ya están todos reunidos? — preguntó Quirón, el hijo de Hermes solo asintió mientras ambos caminaban en dirección a donde los esperaban los líderes de cada cabaña, estaban todos ahí a excepción de Zoe, las cazadoras no habían salido de su cabaña desde que se encerraron en aquel lugar.
— ¿Qué ha pasado Quirón? — preguntó Lee, quería entender que era todo lo que pasaba, el viejo centauro suspiró pesadamente mientras caminaba pensando en cómo explicar lo que estaba pasando.
— Los Dioses han sido encerrados en el Tártaro, los semidioses de la misión serán escoltados por los Dioses, tenemos que rescatar a los Dioses para ir al Olimpo e intentar recuperarlo — explicó Quirón observando las miradas de todos los semidioses.
— ¿De verdad piensan seguir arriesgando su vida por los Dioses? — preguntó Ananké apareciendo de pronto en la habitación, todos los semidioses se pusieron de pie con sus armas listas para atacar a la Primordial pero Quirón se interpuso entre ellos y la Primordial.
— Es mejor que se vaya de este lugar — dijo Quirón, aunque solo logró que la Primordial soltará una carcajada.
— Tranquilo Quirón no he venido a pelear — exclamó la Primordial sonriendo tranquilamente.
— Ninguno la ataque — dijo Quirón observando fijamente a la Primordial, la cual se había sentado en la silla que correspondía a la cabaña de Zeus. — Lee, ve por los Dioses.
Ananké chasqueó los dedos inmovilizando a los semidioses y al viejo centauro, — ¿De verdad creen que yo soy su enemiga? — exclamó tranquilamente la Primordial. — Recuerden que fue Zeus quien mandó a los romanos para aniquilarlos, ellos son el verdadero enemigo.
Quirón por un momento observó las miradas de confusión de algunos de los semidioses, — No vamos a unirnos a ustedes — dijo Clarisse observando con odio a la Primordial.
Aunque provocó que Ananké sonriera, — Ustedes no son más que unos simples insectos — dijo ella divertida, — Los únicos semidioses que podrían haber sido un peligro para nuestros planes fueron eliminados.
Aquellas palabras enfurecieron más a los semidioses los cuales miraban con odio a la Primordial. — Deberían de pensarlo bien, a menos que quieran acabar como Annabeth — dijo Ananké sonriendo tranquilamente, provocando que todos los semidioses lanzarán gritos furiosos. — Su muerte fue por una cosa insignificante, todo por su lealtad a los Dioses.
— Vas a pagar por haber asesinado a Annie — dijo Luke, pero a pesar de la furia del chico, esté ya no se pudo mover.
— No me voy a rebajar a pelear con seres tan insignificantes como ustedes, dense por vencidos o terminarán todos muertos — dijo Ananké desapareciendo del lugar permitiendo que los semidioses pudieran moverse.
— ¿Es cierto lo de Annie? — preguntó Malcolm caminando en donde se encontraba el centauro.
Quirón se mantuvo en silencio, antes de asentir, podía observar la reacción de todos los líderes, — ¿Desde cuándo sabes eso? — preguntó Malcolm, el hijo de Atenea estaba furioso.
— Días antes de que llegará Clarisse al campamento — explicó Quirón, Malcolm intentó encarar al centauro pero fue detenido por el hijo de Hermes.
— Creo que debemos tranquilizarnos — dijo Clarisse esperando calmar los ánimos de los semidioses, lo peor que podían hacer en esos momentos era pelear entre ellos.
— ¿Por qué debemos hacer eso? — espetó Katie con lágrimas en los ojos. — Quirón debiste habernos dicho lo que le pasó a Annie.
— Al inicio pensé que tal vez había la posibilidad de que algún campista fuera responsable de la muerte de Annabeth — explicó Quirón aumentando el enojo de los semidioses, — Después con la aparición del ejército Romano, aquella noticia solo haría decaer el ánimo del campamento.
— Chicos no podemos pelear entre nosotros — dijo Luke.
— ¿Tú sabías? — preguntó Malcolm golpeando en el rostro al hijo de Hermes.
— Luke y Clarisse sabían, pero yo los obligue a que hicieran un juramento para que no lo comentarán con nadie — dijo Quirón, quería evitar que los semidioses se enojarán con Luke y Clarisse.
— Creo que debemos debatir primero quien será el semidiós de la misión — dijo Silena interrumpiendo la discusión.
— Ustedes dos no deben ser — explicó Malcolm al ver que Luke y Clarisse levantaban la mano, — Creo que son los únicos que tienen una buena relación con los Romanos, creo que sería mejor que ambos permanezcan aquí.
— Quiero ser yo — dijo Katie, sorprendiendo a todos en la habitación, — Se que no soy de las mejores peleadoras, pero Annie era de mis mejores amigas, quiero hacerlo por ella.
Ninguno de los semidioses quiso rebatir, — Quiero ver a mi hermana — pidió Malcolm, Quirón solo asintió, poco a poco los semidioses fueron saliendo de la habitación hasta que solo quedaron Quirón, Luke y Clarisse.
— ¿Por qué mentiste? — preguntó Clarisse, Quirón suspiró pesadamente mientras cerraba la puerta de la habitación, no quería que alguien escuchará esa conversación.
— Malcolm tiene razón, la mayoría en el campamento los ve a ustedes dos como sus líderes, ellos deben tener en quien confiar — dijo Quirón. — Las cosas se han complicado más de lo que pensábamos y me temo que la única forma para poder tener una oportunidad de ganar es estar unidos.
Una vez dicho eso el centauro salió de la habitación dejando a los dos semidioses solos, — ¿Qué piensas? — preguntó Clarisse viendo al hijo de Hermes quien se mantenía en silencio.
— Odio a los Dioses, tal vez si esto me lo hubieran dicho antes no estaría de acuerdo en este plan — murmuró el semidiós con molestia, — Pero ambos sabemos lo que Annie quería al campamento, ella habría hecho lo que fuera necesario para salvar a todos.
— Todo es tan complicado — dijo Clarisse, la chica extrañaba bastante a su amiga.
— Y me temo que nada de esto va a mejorar pronto — dijo Luke con nerviosismo.
Salto de Línea
Zoe acompañó a las cazadoras a la tienda de Artemisa, ignorando por completo a todos los demás semidioses, tan pronto estuvo adentro de la cabaña, la teniente se sentó en una de las camas, después de tanto tiempo la cazadora se puso a llorar, no comprendía lo que había pasado tuvo que haber hecho algo. Notó que alguien la había abrazado, pero ella se mantuvo con los ojos cerrados. — Tuve que protegerlo — murmuró Zoe, ¿por qué no fue más rápida? Habría podido empujar a Percy y ser ella quien recibiera aquella bola de energía, al menos tuvo que haberlo intentado.
— No tienes que culparte.
Zoe abrió los ojos sorprendida, había pensado que una de las cazadoras era la que fue a consolarla pero estaba equivocada. — No había nada que hiciéramos para poder salvarlo del Primordial.
— Gracias — murmuró Zoe, aún extrañada por aquello.
Kinzie solo asintió antes de alejarse, la teniente permaneció un tiempo sentada, no tenía ni idea que tenía que hacer, se sentía tan vacía.
Zoe caminó entre la cabaña, todas las cazadoras se mantenían en silencio algunas se encontraban igual que ella llorando, ella se acercó hasta donde estaba descansando el cuerpo de Atalanta, en aquel lugar solo se encontraba Phoebe, — ¿Pensé que se había perdido? — dijo Zoe, señalando el osito de peluche que Phoebe tenía entre las manos, la cazadora esbozó una sonrisa triste mientras le entregaba una pequeña hoja, a pesar de que lo quiso evitar la teniente derramó un par de lágrimas al leer la carta.
"Él te va a proteger, duerme todos los días con él
Te quiere Percy"
— Lo tenía entre sus cosas — explicó Phoebe abrazando el peluche, como si su vida dependiera de aquello — ¿Recuerdas ese día? Lo molesta que estabas por haberme salido del campamento.
A pesar de la situación Zoe no pudo evitar esbozar una sonrisa, — Se supone que debías estar en guardia, no haberte ido de compras a la ciudad — dijo Zoe, limpiándose de lágrimas.
— Por un momento pensé que me ibas a disparar, aunque creo que me salve por Percy — dijo Phoebe, aquel día la cazadora había abandonado el campamento para ir a la ciudad por aquel peluche, había notado la alegría de Percy cuando vio aquel osito y quería ser ella quien le entregará aquel regalo, aunque nunca pensó que se tardaría tanto y que Zoe notaría su ausencia.
— Tengo que admitir que ese día te odié un poco — comentó Zoe, tomando asiento frente al cuerpo de su amiga. — Percy no se separaba de ti, decía que eras su hermana favorita, como me irritó eso.
Phoebe soltó una carcajada, pero aún se mantenía con lágrimas en los ojos, — Aún sigo sin creer que perdimos a los dos — dijo la cazadora rompiendo en llanto sin soltar el oso de peluche. — No sé que hacer, los voy a extrañar.
Zoe abrazó a su amiga, ambas se quedaron en aquella habitación en silencio, Artemisa regresó al campamento encontrando a las cazadoras en su cabaña, al igual que el resto de las cazadoras ella se mantenía con el mismo aspecto, sus ojos estaban completamente rojos, la Diosa se dirigió en silencio hasta el sitio donde se encontraba el cuerpo de Atalanta.
— Gracias por siempre cuidar siempre de mi hijo — murmuró la Diosa besando la frente de Atalanta, aquel día no solo había perdido a su hijo si no también a una de sus mejores cazadoras.
— Chicas, las cosas no están nada bien — explicó Artemisa mientras el resto de las cazadoras se mantenían en silencio. — Los Primordiales han encerrado a casi todos los Olímpicos en el Tártaro, sólo Apolo logró escapar, hace unos minutos el Oráculo ha emitido una misión para el hijo de Hades.
Siete semidioses responderán al llamado, para rescatar a los caídos en el pozo.
Un líder de cada facción deberá unirse.
La luna, el Sol y el mensajero del mar acudirán a la ayuda de los semidioses.
Uno se perderá en la tierra sin lluvia
La fragua y la paloma romperán la celda de los prisioneros.
— Me gustaría ser la que se una a la misión — dijo Zoe con firmeza, quería hacerles pagar a los Primordiales por la muerte de su hermano.
— Creo que si no mal recuerdo los dos semidioses que acompañaban a Per — aunque Phoebe no pudo terminar la frase, la chica derramó un par de lágrimas antes de poder continuar. — Los dos chicos que nos acompañaban son hijos de Hefesto y Afrodita.
Artemisa solo asintió, — Creo que primero debemos despedirnos de nuestra amiga Atalanta — dijo Artemisa, las cazadoras solo asintieron antes de abandonar la cabaña seguidas de la Diosa quien era quien cargaba el cuerpo de Atalanta, Apolo y Hestia se unieron a las cazadoras. Las cazadoras se mantuvieron en silencio hasta que llegaron al bosque que rodeaba el campamento.
Las cazadoras se reunieron sobre la tumba de Atalanta, Phoebe dio un par de pasos colocando el peluche de oso, el resto de las chicas se mantuvo en silencio, la mayoría con lágrimas en los ojos, un ruido distrajo a la Diosa, una joven caminaba tranquilamente a donde se encontraban, su ropa estaba manchada de sangre, por instinto Artemisa levantó su arco, llamando la atención del resto de la caza.
— Hola Señora.
Artemisa sintió un escalofrío recorrer su cuerpo mientras bajaba su arco, Aura la observó por un momento con una sonrisa antes de caminar hasta detenerse enfrente de la Diosa. — ¿Aura? — preguntó Phoebe sin entender qué hacía allí su vieja amiga.
— Es una pena lo que pasó con Atalanta, no tenía que haber muerto por un niño — dijo Aura deteniéndose frente a la Diosa de la Caza, — ¿Acaso no le da gustó verme Señora? — comentó la chica, sin dejar de mirar a Artemisa, el resto de las cazadoras observaba en silencio aquella interacción, sin entender por qué Artemisa se veía tan afectada por la presencia de aquella chica.
— Modera tu lenguaje cuando le hables a nuestra Señora — dijo Zoe, sabía que Artemisa estaba afectada por lo de Percy, por eso no permitiría que nadie le faltará al respeto. Aunque Aura lejos intimidarse, la chica le sonrió.
— Nunca pensé verte llorar por un niño y tu Kinzie no se supone que lo odiabas — dijo en esta ocasión viendo a Phoebe, para después fijar su mirada en la líder de las amazonas.
— ¿Estás con ellos? — preguntó Phoebe, no entendía por qué su vieja amiga se había unido al enemigo.
— No deberían de confiar tanto en la Señora Artemisa — dijo Aura observando fijamente a los cazadoras.
— Largo de aquí, no permitiré otra falta de respeto — dijo Zoe molesta no dejaba de apuntar con su arco, pero no entendía por qué la Diosa se veía tan afectada, Kinzie también se mantenía con sus cuchillos en mano, aunque no dejaba de ver la reacción de Artemisa, aunque Aura no se vio preocupada por aquello, en cambio centró su atención en la Diosa.
— De verdad quería al niño, ¿no es así? — preguntó Aura, ganándose una mirada furiosa de la Diosa de la Caza, — Es una pena que no hubiera sido yo quien lo asesinará, me habría gustado torturarlo hasta la locura.
En esta ocasión todas las cazadoras levantaron sus arcos, pero eso pareció divertir más a la chica, — Ella no merece esa lealtad de ustedes, ella lo único que merece es el peor de los castigos. ¿O acaso no te ha contado lo que pasó con su última teniente? — dijo Aura, en esta ocasión las chicas voltearon a ver a la Diosa, la cual se mantenía en silencio, incluso había dado un par de pasos para alejarse de la ex cazadora. — Se los dices, o quieres que lo haga yo.
— Lo siento Aura — dijo Artemisa, provocando que Aura soltará una carcajada.
— Yo era la teniente de la Caza, creí que era su amiga y a cambio de eso recibí el castigo de ser violada por Dionisio — espetó Aura viendo con odio puro a Artemisa, — Cuando él asqueroso obeso terminó conmigo, me contó la verdad, quien había sido la culpable de que eso me pasará, quien me envió a ese lugar.
Zoe y Phoebe observaron a Aura, aun sin creer mientras Kinzie observaba a la Diosa, había tenido la esperanza que aquello fuera mentira, — Se que fue un error, fui una idiota y no hay día que no me arrepienta de haberte hecho eso — dijo Artemisa, poco a poco las cazadoras fueron bajando sus arcos, ninguna daba crédito a lo que habían escuchado.
— Mi venganza será contra ella, no tengo deseos de lastimar a ninguna de ustedes, ella no merece la ayuda de las cazadoras, es una perra mentirosa, espero que todas decidan no entrometerse — dijo Aura para después desaparecer del sitio.
— ¿Lo que dijo ella no es cierto verdad? — preguntó Zoe.
— Zoe creo que eso no es importante ahora — dijo Apolo en un intento de ayudar a su hermana, pero ella le hizo un gesto para que se quedará callado.
Artemisa observó por un instante a todas las cazadoras, les podía mentir, pero era momento de aceptar las consecuencias de su acto. Bajo la mirada derrotada antes de hablar, — Si — murmuró ella, pero fue suficientemente fuerte para que todas las chicas pudieran oír, la teniente de la caza se sentía como si le hubieran dado una bofetada, no podía creer aquello, el resto de las chicas se mantenía igual.
— ¿Por qué lo hizo? — preguntó una de las cazadoras más jóvenes, Artemisa suspiró pesadamente antes de responder.
— Fui una estúpida, sabía que Aura ponía en duda mi virginidad, me deje llevar por mi enojo — respondió ella, observando la reacción que tenía cada una de las cazadoras. — Se que tuve que decirles antes, perdón.
Zoe fue la primera en reaccionar, ella dio un par de pasos para acercarse a la Diosa. — Estoy fuera de la caza — dijo arrojando su tiara al suelo, para después alejarse, poco a poco el resto de las cazadoras se fueron alejando.
— Perdón — murmuró Artemisa, solo Apolo y Hestia fueron quienes se acercaron para consolar a la Diosa, la mayoría de las chicas se alejaron sin decir alguna palabra.
— Tranquila Arty — murmuró Apolo sin dejar de abrazar a su hermana.
— Todo esto me lo merezco — murmuró Artemisa, tal vez ese era su castigo por todo lo que había hecho.
— Kinzie por favor no ahora — dijo Apolo viendo a la amazona acercarse, su hermana ya lo estaba pasando bastante mal y no quería que alguien más le reclamará.
— No tengo nada que perdonarle señora — dijo Kinzie, Artemisa observó a la chica pensando que tal vez había oído mal. — Creo que todos hemos cometido errores, lo importante es aprender de ellos y no volver a cometerlos.
Artemisa seguía en silencio, pensó que ella sería una de las que más le recriminarían, — Mi odio contra los hombres me segó, nunca pude separar eso de su hijo, solo veía lo malo, que sería igual a los demás y fue mi odio lo que hizo que cometiera el peor error de mi vida — dijo Kinzie, — Cuando me echo de la caza, la odie, odie al niño pero después vino Hestia a verme y me hizo ver mi error. El niño nunca me hizo nada, incluso a pesar de mis malos tratos, él aún me buscaba, trataba de caerme bien.
— Y hasta hace poco me di cuenta de lo equivocada que estaba, cuando Juno me dio la misión de capturarlo, por una parte estaba feliz de cumplir mi venganza pero a pesar de que lo intenté asesinar, su hijo me salvó dos veces la vida. Ahí es cuando entendí que me había equivocado.
— No justifico lo que hizo, pero también sé que no puedo juzgarla porque yo también he dejado que el odio guíe mis acciones — dijo Kinzie.
— Gracias — respondió la Diosa, Kinzie solo le sonrió antes de alejarse, dejando a la Diosa a solas, ella se quedó por unos momentos observando la tumba de Atalanta, en cuestión de unas horas había perdido todo y no podía culpar a las chicas, lo que le hizo a Aura era terrible. Aunque había algo que la atormentaba más y esperaba que su ex cazadora no se hubiera cruzado antes con su hijo.
— ¿Tía, usted sabe si Percy conoció a Aura? — preguntó Artemisa, sabía que las cazadoras la odiaban por aquello, pero no quería que su hijo, también lo hubiera hecho.
— Si — respondió con una sonrisa triste, — Fue Ananké la que le mostró aquello, pero puedo asegurarte que tu hijo no te odió por aquello.
Artemisa permaneció en silencio, aquello le dolía más, ya no tendría la posibilidad de explicarle a su hijo, de pedirle perdón por aquello, — Tranquila Arty, tu escuchaste a Hestia, Percy nunca te odiaría — murmuró Apolo intentando consolar a su hermana.
— Tuve que haber hablado con él — murmuró Artemisa, odiaba que Percy no hubiera escuchado lo que pasó, habría querido explicarle sus razones.
