Todo el cuerpo le dolía, el chico intentó abrir los ojos pero los cerró de inmediato, su cabeza le dolía bastante. Le tomó varios minutos el lograr recuperarse para poder ver en donde se encontraba, aunque había algo raro en aquel lugar, era claro que no estaba en el campamento, incluso no creía ni estar en la ciudad. ¿Acaso ese era otro juego mental de Ananké? pensó el chico mientras se ponía de pie. El cielo se encontraba completamente azul, era algo realmente hermoso, pero también era señal de que Cronos había hecho algo, todo el lugar era tan silencioso, lejos de los ruidos habituales de la ciudad. El chico tomó su espada mientras observaba a su alrededor tratando de averiguar qué era qué había pasado.
— ¿Dónde estoy? — se preguntó mientras caminaba por aquel lugar intentando encontrar alguna pista de donde estaba o una forma de regresar al campamento, estaba bastante preocupado por el bienestar de sus hermanas y su madre. Pero el nerviosismo del chico aumentaba con cada paso que daba, no lograba encontrar a nadie y tampoco alguna señal para saber en que sitio se encontraba.
— Creo que es por aquí Thalia — escuchó la voz de una chica, de inmediato se dio la vuelta viendo a la Bianca junto con Thalia, de inmediato Percy guardó su espada y sacó su arco apuntando en dirección a la hija de Zeus.
— ¿Bianca qué fue lo que pasó? — preguntó Thalia sin entender por qué su amiga se había detenido, al levantar la mirada se percató que Percy apuntaba con su arco en dirección a ella.
— Tranquilo, no somos tus enemigos — dijo Bianca intentando que eso calmara al hijo de Poseidón, pero este se mantuvo con su arco en la mano listo para atacar.
— ¿Enserio? Si no mal recuerdo ella me atacó junto con Jason, ¿Por qué debo de confiar en ella? — respondió Percy viendo con desconfianza a las chicas.
— Se que no es buen momento pero puedes bajar tu arco — respondió Bianca con tono tranquilo.
— No — Thalia levantó la mirada, intentando encontrar alguna explicación, pero habría deseado no hacerlo. El Hijo de Poseidón las veía con rabia, furia, dolor. — Por su culpa no pude detener a Jason.
— ¿No querías matar a mi hermano? — preguntó Thalia.
— Antes no, pero tan pronto como regrese al campamento lo voy a asesinar, se va a arrepentir de lo que hizo — respondió Percy, su voz estaba llena de furia.
— Pero él estaba bajo el control de Fobos y Deimos, no fue su culpa — exclamó Thalia intentando ayudar a su hermano.
— Eso no me importa, Atalanta no merecía morir — fue lo único que dijo, bajando por un momento su arco para poder limpiarse las lágrimas.
— Basta los dos — dijo Bianca, logrando que ambos chicos se quedarán callados. — Se que estas molesto, creéme que cualquiera lo estaría, pero primero hay que saber dónde estamos.
Percy se quedó en silencio asintiendo pero aún mantenía su arco en la mano sin apartar la mirada de Thalia, — ¿Sabes que pasó? — preguntó Percy observando a la hija de Hades.
— Lo último que recuerdo fue que Cronos nos atacó y terminamos aquí — dijo Bianca frustrada después de todo parecía que estaban demasiado lejos del campamento.
— ¿Tienes alguna idea de donde estamos? — preguntó Percy sin encontrar alguna pista que le dijera de donde estaban.
— Me temo que no estamos en nuestro tiempo — dijo Thalía, llamando la atención tanto Bianca como de Percy, quienes se acercaron a la chica para intentar entender de qué hablaba.
— ¿Qué es lo que dices? — preguntó Percy pensando que se había vuelto loca la hija de Zeus, pero esta sólo guardó silencio mientras señalaba con su mano en dirección al acantilado.
— ¡Por Hades! — murmuró Percy mientras observaba aquel enorme caballo de madera que residía en la playa, el chico pensó que tal vez era otra vez un juego mental de Ananké, pero no entendía por que estaban las chicas con él, Bianca sintió un escalofrío recorrer su cuerpo recordando la profecía que le habían dado las Moiras.
— Creo que esto tiene que ver con lo que me dijeron las Moiras —dijo Bianca de pronto, Thalia la miró confundida, no recordaba que aquellas mujeres le dijeran algo acerca de eso.
— ¿De qué hablan? — preguntó Percy sin entender nada.
Cielo, Mar e Inframundo deberán de reunir las piezas para poder volver a casa.
La maldición del mejor guerrero griego, será la única opción para vencer al Tiempo.
Siete veces caerán a través de la eternidad, pero deben evitar el interferir.
Tanto Percy como Thalia observaron a la chica esperando que ella les explicará más acerca de esa nueva profecía, — ¿En qué momento te lo dijeron? — preguntó Thalia, sin recordar que las Moiras dijeran aquella profecía.
— Cuando Nico y tú salieron de la cueva, ellas me detuvieron, me dijeron que era importante mantener con vida al hijo de Poseidón y después me dijeron de la profecía y que no hablara de ella hasta que no viera al enorme caballo de madera — respondió Bianca señalando al caballo.
— ¿Y por qué es importante estar con vida? — preguntó Percy, observando fijamente a la hija de Hades.
Bianca observó con nerviosismo a Percy, — Ellas me dijeron que tu eres el único que puede vencer a Cronos y detener sus planes — dijo ella, Percy resopló con molestia maldiciendo su suerte.
— ¿Entonces por lo que entiendo tenemos que reunir unas piezas para regresar a casa? — preguntó Thalia, aunque no tenía ni idea de qué piezas eran.
— Así es, eso es bastante simple. ¿no es así? — dijo Cronos, apareciendo frente a los chicos sonriente. — ¿Acaso no les agrada éste lugar? Es tan tranquilo, sin los molestos ruidos de las ciudades, un aire limpio.
El Primordial se mantenía en su lugar sonriente, pero los semidioses ya habían sacado sus armas para atacarlo, — Pero basta de charlas, como bien dijeron las moiras, necesito de su ayuda para recuperar un medallón — comentó Cronos sin preocuparse de que los semidioses lo estuvieran apuntando con sus armas.
— ¿Y por qué deberíamos de ayudarte? — preguntó Percy, logrando que el Primordial sonriera más.
— Han escuchado a la niña, si quieren volver con sus amigos, tienen que ayudarme — respondió tranquilamente, — Jason, Nico y las cazadoras corren peligro, sería una lástima que ustedes no puedan salvarlos.
— No dejaré que le hagas daño a mi hermano — gritó Thalia arrojando un rayo en dirección al Primordial, el cual no le afectó.
— Mi querida niña, los Olímpicos han sido encerrados en el Tártaro y todos los Titanes están libres, ¿ustedes cuánto tiempo creen que sobrevivan los semidioses a un ataque de los Titanes? — dijo Cronos sin dejar de sonreír, — Ustedes pueden decidir no ayudarme pero créanme por cada minuto que ustedes pierden aquí, sus seres queridos corren más peligro.
— ¿Y por qué no vas tú por ese medallón y te ahorras todo esto? — exclamó Percy con furia.
— Para mala fortuna mi hermano dividió este medallón en varias partes y le lanzó un hechizo para impedir que lo pueda unir yo, por eso necesito de su ayuda — respondió tranquilamente, antes de entregarle un pergamino, en el venía un dibujo del que supuso se trataba el medallón. — Dejaré que lo piensen, el medallón lo encontrarán en la ciudad de Troya, pero no sé demoren mucho o les será imposible encontrarlo una vez que los griegos entren a la ciudad.
Una vez que terminó de hablar, el Primordial desapareció dejando aún más confundidos a los chicos. Los tres chicos se quedaron en silencio, ninguno de ellos se atrevía a hablar, ¿Debían ayudar al Primordial? pero tal vez eso solo les traería más problemas en un futuro, — ¿A dónde vas? — preguntó Bianca al ver que Percy había guardado su arco y empezó a caminar en dirección al centro de la isla.
— Ya escucharon lo que dijo Cronos, no quiero perder a otra de mis hermanas — dijo Percy sin voltearse a ver a la chica.
— ¿Y cuál es tu plan? — preguntó Thalia sin verse intimidada por la mirada de furia que le lanzó Percy, — Si lo que dijo Cronos es verdad, ¿tú crees que los troyanos te dejarán entrar a su ciudad?
El chico resopló con molestia, aunque le costó trabajo aceptar sabía que ella tenía razón, — Aún no lo sé, pero no me quedaré aquí mientras tu hermano asesina a otra de mis hermanas — dijo Percy antes de continuar su camino.
— Bueno entonces iremos juntos — dijo Bianca ignorando por completo la mirada furiosa del hijo de Poseidón, Percy dudo por un momento antes de seguir a las chicas, durante el trayecto los chicos permanecieron en silencio ninguno se había atrevido a romper el silencio.
— Hay que resguardarnos en aquella cueva, ahí podremos pensar en alguna forma de entrar en la ciudad — explicó Bianca ante la mirada furiosa de Percy.
Percy por su parte dudó por un instante, lograba ver las murallas de la ciudad, aunque lo verdaderamente difícil sería entrar en la ciudad, el chico entró en la cueva, podía notar que ambas chicas estaban agotadas, el sudor corría por sus rostros, también la ropa que llevaban no era de ayuda para aquel sitio y tenía que admitir que él se encontraba en la misma situación, aunque no quería detenerse, no se atrevía a imaginar el peligro en el cual podrán estar sus hermanas.
— ¿Puedo sentarme? — preguntó Bianca y sin esperar alguna respuesta por parte del chico se sentó a un costado. — Soy Bianca di Angelo, hija de Hades.
Percy se quedó por un momento en silencio antes de darle la mano a la chica, — Percy Jackson — respondió de forma brusca, aunque la chica no dejó de sonreír.
— Lamento lo que pasó con tu hermana — comentó de pronto la chica, en ese momento ya sin sonreír. — Se que en estos momentos no te gusta estar cerca de nosotras.
— Contigo no tengo problemas, con ella si — interrumpió Percy señalando a donde se encontraba Thalia.
— Se que lo que hizo ella y mi hermano no fue lo mejor, no justifico como actuaron pero me temo que de haberme pasado a mí habría hecho lo mismo — añadió Bianca, — Los tres nos encontramos en el campamento, queríamos respuestas no sabíamos qué estaba pasando y mi hermano Nico tuvo la idea de ir con las Moiras ahí podríamos averiguar más acerca de la profecía.
Percy se mantuvo en silencio, no entendía a donde quería llegar, — Ahí nos encontramos con Ananké, ella nos manipulo, les hizo ver que tu serías el causante de la muerte de su hermano y de mi, solo tenían dos opciones detener a Jason antes de que tu llegarás o asesinarte a ti — dijo Bianca en esta ocasión la chica desvió la mirada. — Tenían que elegir entre ti y sus seres queridos, se que eso fue un error pero te pido que por favor comprendas, si queremos sobrevivir a todo esto necesitamos estar unidos y confiar entre nosotros.
Dicho eso la chica se levantó de su lugar y fue a donde estaba Thalia, Percy permaneció en silencio, Ananké también había intentado manipularlo e incluso de no haber sido por aquella charla con Hestia, no sabía si habría tenido la fuerza para rescatar a su mamá.
Tanto Percy como las chicas se pusieron de pie alertas por si tenían que atacar a los desconocidos, pero para su fortuna el grupo de 4 hombres no se habían percatado de su presencia, Percy bajo su arco para quitarse la camisa y entregársela a Bianca. — Esperen aquí, en un momento vuelvo — dijo el chico mientras salía al encuentro con aquellos hombres. Percy utilizó sus poderes para crear una armadura de hielo para ocultar su ropa, esperando que esto no le provocará más problemas.
— ¡Por Los Dioses! ¿Quién eres? — exclamó el hombre más joven cuando vio al chico. Percy se quedó en silencio, sin saber que responder, tenía que pensarlo bien, no se quería meter en más problemas.
— Baja tu arma Adrastos — ordenó el hombre más viejo, por lo que supuso que ese era el líder. — Acompáñanos a la ciudad, París querrá verte — Percy solo asintió, por la mirada del hombre supo que no aceptaría un no por respuesta.
— Antes me gustaría que me ayudarán en algo, viajo con un par de mujeres que no se encuentran vestidas de la forma correcta, ¿me podrían dar algo para ellas? — dijo Percy tratando de no sonar nervioso.
— Adrastos, trae algo — ordenó el anciano, después de unos minutos esté le entregó unas túnicas. Percy soló sonrió antes de dirigirse a la cueva para encontrarse con sus compañeras.
— ¿Qué es lo que planeas? — preguntó Bianca cuando vio a Percy entrar en la cueva.
— La verdad no lo sé, pero creo que logre que nos dejarán entrar a la ciudad — respondió con nerviosismo el chico, — Espero que esto les quedé, esperaré afuera.
Tan pronto como salió de la cueva se percató que los hombres se habían acercado y todos ellos llevaban sus armas. — ¿Cuál es tu nombre? — pregunto Adrastos, Percy se giró para poder verlo, pero solo causó que este soltará un pequeño grito.
— ¡Por los Dioses! ¿Quieres calmarte? — exclamó el anciano, — Es mejor que vallas a la ciudad y avises que el emisario de Poseidón ha llegado — Adrastos solo asintió antes de echarse a correr, dejando bastante confundido a Percy, no entendía por qué tenía esa actitud con él. — Le pido que disculpe a mi hijo, como usted sabe Poseidón se había mantenido ayudando a los griegos, solo espero que con su llegada las cosas puedan mejorar para nuestro pueblo.
— ¿Ya sabían de mi llegada? — pregunto Percy.
— Por supuesto que sí — respondió animado, — El oráculo nos predijo que a la ciudad llegaría un representante de Poseidón.
Decir que estaba sorprendido era lo mínimo, si lo que dijo aquel hombre era cierto, solo esperaba que hablará de él, — ¿Asumo que por su reacción no sabía de la Profecía? — preguntó el hombre, Percy prefirió mantenerse en silencio, cualquier cosa que dijera lo podía meter aún en más problemas. Después de unos minutos tanto Thalia como Bianca salieron de la cueva vistiendo las túnicas que le habían dado, aunque ambas se mantenían con sus armas en mano.
— Ahora si gusta, ya podemos acompañarlo — espeto Percy, tanto Thalia como Bianca se pusieron a un costado del chico para acompañarlo, el anciano solo asintió antes de empezar a caminar, tardaron alrededor de unos cinco minutos antes de que se detuvieran frente a una enorme muralla, por lo que supuso que la ciudad de Troya estaba atrás de esos muros. — Sea usted bienvenido a Troya — exclamó el hombre mientras las compuertas se abrían poco a poco, dejando que Percy pudiera ver la ciudad. Durante su infancia había escuchado un sin fin de relatos de Troya, de cómo había sido la ciudad, pero todo eso no se comparaba con lo que veía, el paisaje era en verdad algo hermoso.
— Es un honor recibir al enviado de Poseidón en nuestra humilde ciudad de Troya — exclamó un hombre, por su aspecto y la forma en que vestía Percy supuso que se trataba de París, aunque su atención estaba en la demás gente, la mayoría de ellos lucían bastante molestos, incluso pensó que en cualquier momento alguien lo atacaría.
— El honor es mío Príncipe Paris — dijo Percy intentando sonar lo más adulto posible, no quería que los troyanos dudarán de él. Paris sonrió antes de hacer una señal para que unos diez hombres lo acorralaron.
— Tranquilo, no se preocupe es solo para que no pase ningún accidente — explicó París, — Debo decir que en verdad estaba sorprendido, nunca pensé que la Profecía se fuera cumplir, espero que ya con esto podamos terminar con esta larga guerra.
— Solo soy un enviado de mi padre, pero haré todo lo posible para detener la guerra — respondió Percy, pero tan pronto como terminó de hablar supo que se había equivocado.
— ¿Padre? — exclamó París, aunque lo intentó no pudo sonar temeroso. Percy supo que se había equivocado pero ahora ya no le quedaba más remedio que seguir.
— Así es Príncipe Paris, soy Perseo hijo del Rey de los Mares — exclamó Percy, aunque no le gustaba usar su nombre completo supuso que era lo mejor. Conforme se iban adentrando en la ciudad, Percy empezó a dudar más de su plan, ya que cada persona que se encontraban lo miraban con odio y algunos más lo maldecían.
— Espero que disculpe el comportamiento de mi pueblo, han sido tiempos difíciles — dijo París intentando calmar los ánimos de los troyanos, para suerte de Percy lograron llegar rápido al palacio donde con dificultad pero entraron al palacio.
— Lo siento pero deben de dejar sus armas — dijo un guardia mientras entraban en el palacio.
— Espero y me perdone su majestad, pero prefiero que mis guardias conserven sus armas — espetó Percy.
— Déjenlos entrar así, aunque usted no debe de preocuparse por su seguridad Perseo — dijo París con tranquilidad, — Aunque debo decir que estoy sorprendido que ellas sean tus guardias.
— No debe dejarse llevar por su aspecto Príncipe, ellas han sido entrenadas por Tritón y son las mejores guerreras — respondió rápidamente Percy al ver la cara de molestia de Thalia, no quería que ella los metiera en algún problema.
— Iré a reunir al resto de los consejeros — dijo París dejando a los chicos en la habitación.
— ¿Cuál es tu plan? — preguntó Bianca en voz baja, a pesar de que estaban solos no quería arriesgarse a que alguien.
— La verdad no tengo ni idea, pero si Cronos tiene razón el medallón está aquí ahora solo lo tenemos que encontrarlo — respondió Percy, aquella situación no le gustaba nada pero si el Primordial tenía razón el ataque de los griegos se daría pronto y ahí sería más difícil encontrarlo.
— ¿Estás bien? — preguntó Thalia, el chico se veía bastante agitado.
— Thalia tiene razón te ves bastante mal — dijo Bianca tratando de evitar una nueva confrontación entre ambos.
— Estoy bien, es solo que no estoy acostumbrado a usar la armadura tanto tiempo — respondió agitado.
— Ten, se las robe a los sujetos que nos trajeron hasta acá — dijo Thalia entregándole una túnica azul, tan pronto como el chico la tomó la armadura de hielo desapareció. — Pero vas a tener que quitarte el pantalón
Para suerte de los chicos nadie entró en la habitación mientras Percy se cambiaba de ropa. — Debemos de pensar en algún plan pronto — dijo Bianca, observando la ventana que tenía frente a ella. — No creo que tengamos mucho tiempo.
Thalia y Percy se acercaron a la chica, ambos permanecieron en silencio al ver al caballo ingresar en la ciudad, — ¿Creen que deberíamos advertir? — preguntó Percy.
— No, debemos intentar intervenir lo menos posible — dijo Bianca, aunque solo esperaba encontrar el medallón antes de que la ciudad cayera ante los griegos.
— Señor Perseo, me puede acompañar
Percy les hizo un gesto a sus compañeras antes de salir de la habitación, mantenía su pluma en la mano por si alguien decidía atacarlo, durante el trayecto se mantuvo viendo a su alrededor intentando encontrar alguna señal de aquel medallón, — Ellos lo esperan adentro.
Percy solo asintió solo esperaba que no se hubiera metido en más problemas, en aquel sitio se encontraba París rodeado de una decena de personas, que guardaron silencio al verlo entrar.
— ¿Y cómo sabemos que en verdad es un hijo de Poseidón? — exclamó uno de los ancianos, Percy sabía que había llegado el momento de hacer un espectáculo solo esperaba que ninguno de los Olímpicos se pudiera percatar de su presencia.
Percy sacó su pluma de su bolsillo revelando la contracorriente, todos en la sala incluso París se quedaron en silencio, era claro que habían reconocido la espada. — Muy pocos hombres se pueden dar el lujo de vencer al famoso Hércules y no sólo eso, también le arrebate su espada — exclamó Percy sonriente, fue en verdad una buena idea haberle aceptado la espada a Zoe.
— Esa no es la verdadera, todo es una mentira — murmuró uno de los concejales, Percy camino en silencio hasta llegar con el hombre para que pudiera observar mejor la espada.
— Todos déjenos solos — exclamó París, — ¿Qué es lo que planea Poseidón con nosotros?
— Los planes de mi padre son secretos Príncipe — exclamó Percy, solo le rogaba a los Dioses que su padre no apareciera de pronto.
— Tengo que arreglar unos asuntos, mi esposa Helena lo acompañará hasta que regrese, le pido que no abandone la habitación — exclamó París antes de salir de pronto de la habitación, Percy supuso que ahora sí estaba metido en un gran problema.
El chico permaneció en aquel sitio pero su nerviosismo aumentó al ver que nadie había regresado a la habitación, caminó en dirección al balcón esperando que desde ahí tuviera una vista a la habitación que se habían quedado Bianca y Thalia, para su mala fortuna no fue así.
— ¿Se encuentra bien? — preguntó una mujer, Percy se dio la vuelta encontrándose con una mujer, su cabello era rubio, su piel blanca, era hermosa.
— Si, perdón si salí pero quería respirar aire fresco Helena — respondió Percy reconociendo a la mujer.
— La verdad no creo que estés bien — añadió Helena mientras sonreía, — Espero no me lo tome a mal, pero he visto esa mirada.
Percy se quedó en silencio, observando a Helena, ella había dejado de sonreír, se fijó unos instantes en los ojos azules. — He visto esa mirada, cada vez que veo mi reflejo — dijo Helena, observando con tristeza la ciudad. — Fue mi culpa, que esto pasará, tantas muertes solo por mí.
Percy permaneció en silencio mientras se limpiaba las lágrimas, — Mi hermana fue asesinada — respondió el chico, Helena permaneció en silencio.
— ¿Y por qué te sientes culpable? — preguntó ella. — París me ha dicho que el primer paso es perdonar, y creo que debes de empezar a perdonarte a ti, espero que eso funcione contigo.
La pequeña charla se vio interrumpida por París, quien se veía más relajado. — Mis hombres me han informado que los griegos se han marchado, creen que el gran caballo es una ofrenda de paz — exclamó el joven sin dejar de sonreír, Percy tuvo que morderse la lengua para evitar decir algún comentario. — Le parece si usted y sus guardias nos acompañan esta noche para festejar, el final de esta guerra.
— Será un honor — añadió Percy, al menos los troyanos no desconfiaban de ellos, pero no sabía con cuanto tiempo contaban antes de que los griegos entrarán a la ciudad. — Los veré en la cena.
Percy tuvo la esperanza de que una vez saliendo de aquella habitación podría investigar en el palacio por si encontraba el medallón pero tan pronto abandonó la sala fue custodiado por un par de soldados, Percy regresó a la habitación donde fue recibido por sus dos compañeras, — ¿Qué ha pasado? — preguntó Bianca, aliviada de que el chico estuviera de regreso.
— Todo bien, estamos invitados esta noche para festejar el fin de la guerra — dijo Percy nervioso, solo esperaba que tuvieran el tiempo suficiente para encontrar la pieza. — No he podido investigar por el lugar, no tengo ni idea donde pueda estar el medallón.
— Bueno hay que aprovechar en la noche y tratar de encontrarlo lo más pronto posible — dijo Bianca, Percy solo asintió antes de recostarse sobre la cama, intentando dormir un poco, sabía que tan pronto llegará la noche las cosas se pondrían peor.
Salto de Línea
— Te amo hermano..
El chico se levantó de inmediato, el sudor corría por todo su rostro y se mezclaban con sus lágrimas, aquella imagen sabía que lo iba a atormentar toda su vida. La sola idea de saber que sus hermanas corrían peligro le aterraba, el chico se levantó de su cama agradecido de que ninguna de las dos chicas estuviera ahí, no quería que lo vieran en aquel estado. Percy se sentó en el borde de la ventana, no sabía cuánto tiempo había dormido, aunque se sentía más cansado, se quedó un instante observando la ciudad, aquella vista era impresionante, podía notar como algunos soldados vigilaban las calles, fuera de eso, la ciudad se encontraba en completo silencio.
El chico se limpió las lágrimas, recordaba las historias que Ata le había contado, todas las aventuras que había tenido la cazadora. Aunque Percy sólo pensaba en aquel sueño, durante tantas noches había visto aquello, aun recordaba que la mayoría de las veces, terminaba por ir a la tienda de su hermana solo para comprobar que estuviera bien, ella siempre le decía que solo era un mal sueño, que nada de eso pasaría, como iba a extrañar aquello. Un ruido a su espalda, lo alertó, el chico observó que la hija de Zeus, lo observaba tal vez debatiéndose entre ir con él o dejarlo. Percy regresó su vista al paisaje de la ciudad, esperando que la chica lo dejará en paz.
— ¿Estás bien? — preguntó Thalia sentándose aún costado de donde estaba Percy, pero él prefirió mantenerse en silencio. — Lo siento.
— Se que me odias, se que me equivoque pero Ananké me mostró como tú asesinabas a mi hermano, estuvo mal lo que hice, pero era mi hermano no podía dejar que nada le pasara — dijo ella entre lágrimas. — Deje que ella me manipulará.
Percy permaneció callado, recordando la charla con Helena, él había tenido la culpa de todo aquello y sobre todo no podía culpar a la chica, sabía lo convincente que podrían ser los Primordiales, de no haber sido por Hestia, él no habría podido superar las manipulaciones de la Primordial.
— Fue mi culpa — dijo Percy, viendo por primera vez a Thalia, — Ananké tenía razón, desde que tengo memoria tuve ese sueño, cómo moría y si no hubiera sido tan soberbio, ella seguiría con vida.
El corazón de Thalia se rompió al ver la mirada derrotada que tenía Percy, había preferido mil veces la mirada de odio que le había dado todo el día a eso. — Pude haber derrotado a tu hermano fácilmente, pero fui arrogante, me quise lucir ante todos, quería demostrar que era el más fuerte — murmuró el chico, de nuevo regresó la mirada hacia el cielo, se sentía tan culpable de lo que había pasado sabía que nunca iba a perdonarse de aquello, Atenea se lo había advertido durante su entrenamiento, y aún así lo hizo.
Thalia observó en silencio no encontraba las palabras adecuadas para consolarlo, lo único que se le ocurrió fue abrazarlo, pensando que él la alejaría pero el chico no lo hizo se mantuvo en su posición llorando sobre el hombro de Thalia. Después de varios minutos Percy rompió el abrazo y volvió su vista al cielo, — Ella me enseñó a disparar, ¿sabes? — dijo entre lágrimas mientras esbozaba una sonrisa, — Al inicio era un asco, no lograba acertar a nada, incluso por más cerca que estaba.
El chico guardó silencio mientras se limpiaba las lágrimas, — Muchas veces pensé en dejarlo, menuda decepción era, el único hijo de Artemisa y era pésimo en el arco — dijo esbozando una sonrisa, — Ella me decía que no importaba cuantas veces fracasará al final tendría éxito, nunca dudo de mi.
Ambos chicos permanecieron en silencio observando el paisaje de la ciudad. — Lo siento — dijo Percy volteando a ver a la hija de Zeus, la chica lo observó fijamente sin entender a que se refería, — Me he estado comportando como un idiota contigo, si mis hermanas me vieran me habrían castigado de la peor manera.
La chica le esbozó una sonrisa, — No hay problema, ¿te parece si hacemos las paces? — dijo ella estirando su mano, Percy se mantuvo algunos segundos en silencio, Thalia pensó por un momento que el chico le respondería con algún insulto, para su sorpresa Percy le sonrió.
— Me parece, soy Percy Jackson — dijo Percy, estrechando la mano de la chica.
— Thalia Grace — respondió ella con una sonrisa, — Aunque ya nos habíamos conocido antes.
— Cierto, estabas tú, Annabeth y Luke — respondió Percy, Thalia soltó una risita por la forma que dijo el nombre de Luke, era identico a como lo habían dicho las cazadoras ese día. — ¿Qué? Tengo que odiar a los chicos, es un requisito para ser de la caza, no puedo contradecir las reglas.
En esta ocasión Thalia soltó una carcajada pero se llevó las manos a la boca intentando no despertar a Bianca, — Aunque espera, tú eres un chico, ¿no? — preguntó Thalia entre risas, Percy asintió. — ¿Entonces no debes odiarte a ti también?
Percy frunció el ceño antes de negar con la cabeza, — No, en el contrato que hacen las cazadoras estipula que deben odiar a todos los chicos, menos a mí — respondió Percy, con una ligera sonrisa, ante la mirada incrédula de la chica. — Son las ventajas de ser el hijo de la Diosa de la Caza.
— ¿Firman un contrato? ¿Así es como lo hacen? — preguntó Thalia curiosa, Percy observó a su alrededor antes de hacerle un gesto a la chica para que se acercará.
— ¿Quieres la verdad? Lo que te contaré no se lo puedes decir a nadie, este es un gran secreto — susurró Percy, la chica se mantuvo en silencio, de verdad estaba interesada en conocer aquello. — La verdad, es que no tengo ni la menor idea de cómo lo hacen.
El chico soltó una carcajada al ver la mirada de Thalia, — Nunca estoy presente cuando llega una chica a la caza, solo hasta que aceptan ser parte de las cazadoras puedo salir de mi tienda — explicó Percy, — Ese día que estuvieron en la caza, me tuve que esperar para cenar, te tardaste mucho en decidirte.
En esta ocasión la sonrisa de Thalia se ensanchó, — Por poco me uno a las cazadoras, la mayoría de las chicas eran buenas a excepción de Zoe, creo que le caía mal.
— Ella es un amor — dijo Percy, ante la mirada incrédula de Thalia, — Es solo que ella de verdad odia a los chicos, a veces me da miedo y creo que está un poco loca además.
Thalia no pudo evitar esbozar una sonrisa, le costaba trabajo pensar algo bueno de la teniente de la caza. — Ese día, ¿a la tienda que entramos era la tuya? — preguntó Thalia, recordando que después de eso las cazadoras estaban bastante molestas.
— Si, me tuve que esconder abajo de mi cama — respondió esbozando una sonrisa. — La voy a extrañar
Thalia estaba callada, no sabía que decir, así que decidió solo abrazar a Percy y dejar que él siguiera hablando, pero el momento de tranquilidad de los chicos llegó a su fin, — Lo siento chicos, pero debemos ir al salón, nos esperan — dijo Bianca, Percy echó un último vistazo a la ciudad para después ponerse de pie, sabía que aquella tranquilidad no iba a durar por mucho tiempo.
— Cuando estemos en aquel lugar, hay que separarnos, tenemos que encontrar el medallón antes de que inicie todo — dijo Percy señalando al caballo de madera. — Y sobre todo, mantengan sus armas listas, no debemos confiarnos.
Los chicos fueron resguardados por un par de soldados hasta la habitación donde se realizaría la cena, ya en aquel lugar los esperaban varios hombres y mujeres, que a diferencia del resto de los habitantes de la ciudad no se veía que hubieran pasado hambre durante la guerra. — Gracias por venir señor Perseo — dijo París estrechando la mano de Percy. Fue ahí donde el chico se percató del brazalete que llevaba el príncipe.
— Que reliquia tan hermosa, ¿la puedo ver? — exclamó Percy señalando el brazalete que llevaba París, en él podía observar que había dos nombres grabados Οὐρανός-Γαῖα
— Urano y Gea — explicó París, — Ha sido una reliquia de la familia, aunque un secreto entre nosotros, este es una copia, la verdadera está encerrada en la bóveda.
Percy le sonrió regresando el brazalete, el príncipe fue a saludar a las demás personas dejando a un nervioso chico, — Ya sé donde está — dijo Thalia, la chica al igual que Bianca sonreían tranquilamente.
— En la bóveda, ¿no? — preguntó Percy, aunque ambas chicas asintieron animadas.
— La bóveda está en el jardín trasero, la entrada es a un costado de la fuente — dijo Thalia con una sonrisa, aunque su momento de alegría fue interrumpido por varios gritos, poco a poco el resto de los ocupantes se fueron percatando de aquellos ruidos, unos segundos después un soldado irrumpió en la habitación.
— Los griegos han entrado en la ciudad.
El caos se apoderó de la habitación, algunos salieron de inmediato, otros más solo gritaban, — Debemos darnos prisa — dijo Percy para fortuna de los chicos, todos estaban tan nerviosos que ninguno de los soldados hizo por acompañarlos o seguirlos. — Tenemos que encontrar la bóveda.
Los gritos se iban escuchando cada vez más cerca, sabían que solo contaban con poco tiempo para poder encontrar aquel medallón
Se encontraron con algunos guardias corriendo en dirección a la entrada, muchos de ellos iban desarmados, incluso algunos otros iban sin sus armaduras. — Helena, ¿Dónde está París? — preguntó Percy al ver a la joven, ella lucía aterrada y no era para menos pensó el chico.
— No lo sé, solo logré escuchar que los griegos han logrado entrar — respondió ella aterrada.
Thalia y Bianca de inmediato llegaron, con sus armas listas, — Por favor princesa hay que darnos prisa, los griegos no tardarán en llegar — dijo uno de los guardias tratando de llevarse por la fuerza a Helena.
— Ustedes vallanse, trataremos de encontrar a París — espeto Percy caminando en dirección a la entrada del palacio. — Chicas creo que debemos de prepararnos para lo peor — dijo al escuchar que los gritos se hacían más frecuentes y peor aún se escuchaban más cerca.
— Ahora solo hay que llegar hasta el jardín, bastante fácil, ¿no? — dijo Percy con una sonrisa nerviosa
— O sí, no es como si estuviéramos en medio de una invasión — respondió Thalia con sarcasmo, los chicos corrieron por los pasillos evitando a los soldados griegos que se lograban encontrar, Thalia y Percy se mantenían arrojando rayos y ráfagas de agua cada que algún soldado griego estaba cerca de ellos.
— ¡Ya estamos cerca! — grito Bianca mientras entraba al jardín, pero la chica no se percató del mazo que iba en dirección a ella, golpeándola en el estómago, Thalia respondió arrojando un rayo golpeando al hombre en el pecho lanzándolo por los aires.
— ¡Cuidado! — grito Percy mientras usaba el agua de la fuente para crear una barrera de hielo y proteger a Thalia. Los chicos habían logrado llegar al lugar para su mala fortuna también los griegos habían llegado.
— Chicas es mejor que vayan y encuentren ese brazalete pronto — dijo Percy mientras se mantenía arrojando ráfagas de agua para alejar a los soldados.
— Ve tu Thalia, me quedaré con Percy — dijo Bianca golpeando el piso haciendo que una docena de esqueletos salieran de la tierra.
— Ten usa mi arco — dijo Percy antes de unirse a los esqueletos para combatir a los griegos.
— ¡Cuidado! — grito Bianca, Percy logró arrojarse al piso observando como una lanza pasaba a escasos centímetros de donde estaba, — Dime que él no es quien creo que es —murmuró Bianca al ver al soldado que se acercaba, eliminando a los esqueletos con suma facilidad, el resto de los griegos habían dejado de pelear y se dedicaron a felicitar al hombre que los había atacado.
— ¡Por Hades! Por que no se da prisa Thalia — murmuró Percy, intentando recordar todas las lecciones que había tenido con los Dioses, — Bianca, protege la entrada no dejes que ningún griego se acerque.
— ¿Estás loco? ¿Vas a pelear contra él? — dijo Bianca con nerviosismo, — ¿No te has dado cuenta que él es Aquiles?
Pero Percy no le respondió, — He escuchado rumores, dicen mis hombres que tienes el arma de Hércules — dijo Aquiles mientras caminaba en dirección a Percy, él chico se quedó en silencio sacando su espada, logrando que algunos soldados griegos retrocedieron al ver su arma. — Veamos que tan fuerte eres niño — dijo mientras arrojaba su lanza en dirección a Percy, él chico utilizó el agua para crear una barrera y protegerse del ataque para después intentar golpear a Aquiles, para sorpresa del chico este había logrado esquivar el ataque con facilidad. Para después lanzar una patada dejando caer al suelo al hijo de Poseidón.
— Me temo que fue más fácil de lo que me imaginaba — dijo Aquiles con una sonrisa, pero para su sorpresa el chico logró ponerse de pie golpeando en un par de ocasiones al guerrero griego.
— Pero si apenas hemos iniciado — dijo Percy esbozando una sonrisa, echando un vistazo en dirección a la hija de Hades, esperando que Thalia encontrará pronto aquel medallón, no sabía cuánto tiempo más podría aguantar el pelear contra Aquiles.
Salto de línea
Tan pronto entró en la habitación la hija de Zeus maldijo su suerte, aquella habitación era enorme, estaba repleta de oro y muchos otros objetos, aunque las pocas antorchas que estaban en el lugar no iluminaban lo suficiente, — Por Hades — murmuró la chica sin poder ocultar su frustración, ¿por qué las cosas tenían que ser tan complicadas?
La chica de inmediato inició la búsqueda, aunque la poca visibilidad aunado a los gritos provenientes del jardín hacían más difícil la tarea. — ¿Dónde Hades estás? — murmuró la chica apartando las piezas de oro que levantaba del suelo para después arrojarla al suelo al darse cuenta que no era lo que estaba buscando, se tenía que dar prisa tenía que pensar en algo pronto no podía estar revisando pieza por pieza, eso le llevaría demasiado tiempo y era lo menos que tenía en esos momentos. Después de varios minutos de no encontrar nada, la hija de Hades irrumpió en la habitación provocando que Thalia dejará la búsqueda.
— Tenemos que darnos prisa, las cosas se están complicando — dijo Bianca con nerviosismo no sabía cuánto tiempo más iba a durar Percy luchando contra Aquiles. Las chicas continuaron con su búsqueda, pero ninguna lograba dar con el medallón.
— Chicas tenemos problemas — dijo Percy entrando en la habitación, tenía varios golpes y cortes en los brazos pero ninguna herida parecía de gravedad. El chico se dio la vuelta levantando sus manos en dirección a la puerta creando una barrera de hielo. — Son demasiados, no voy a aguantar mucho tiempo.
— Aquí está — dijo Thalia animada, pero antes de que alguien pudiera decir algo, la sala se vio iluminada por una luz dorada.
