Malcolm caminó en silencio en la casa grande, aún quería pensar que lo que pasó a su media hermana no era posible, fue hasta que entró en la habitación donde se dió cuenta que todo aquello había sido verdad. Annabeth estaba recostada sobre una de las camas, notando que estaba vestida con la misma ropa del día del ataque al campamento Mestizo. — ¿Ella sufrió? — preguntó el joven tomando asiento junto el cuerpo de su media hermana, una vez ahí se percató de la herida que tenía la muchacha sobre la garganta.

— No sé — murmuró Quirón al borde de las lágrimas, — La encontré días después de que partieran la misión.

Malcolm se quedó en silencio sorprendido por la cara que tenía su mentor, el centauro se veía demasiado afectado nunca antes lo había visto así. — Aún sigo sin perdonarme el no haberme percatado de la trampa, mi trabajo es cuidar de los semidioses y le fallé — añadió Quirón derramando un par de lágrimas.

— Ellos nos engañaron a todos — añadió Malcolm, intentando recordar lo último que había hablado con su hermana antes de que partiera en la misión. — Creo que mis hermanos, todos en el campamento deben saber, tenemos que despedirnos de Annie.

Quirón se mantuvo en silencio antes de asentir, había temido aquel momento, sabía que la noticia de la muerte de Annabeth iba a terminar por derrumbar los ánimos en el campamento, pero el hijo de Atenea tenía razón, ya no podía ocultar más aquello.

— Reúne a todos los campistas, seré quien de la noticia — dijo Quirón, el hijo de Atenea solo asintió antes de abandonar la habitación dejando a un triste Centauro.

Salto de Línea.

Kinzie observó por última vez a la Diosa, no pudo evitar derramar una lágrima, las cosas se habían complicado demasiado en las últimas horas. Tal vez si Percy no hubiera muerto habría sido más fácil convencer a las cazadoras de mantenerse unidas, ahora era tarea suya intentar mantener unido al campamento. La chica caminó lentamente por el campamento Mestizo, se podía percatar que los ánimos en aquel sitio no eran nada alentadores. Nunca le había gustado estar en el campamento Mestizo siempre había muchachos corriendo por todo el lugar intentando llamar la atención de las cazadoras más jóvenes, pero ahora no observaba a nadie feliz, todos tenían el mismo rostro desencajado, hasta que observó a dos chicas, las cuales intentaban mantenerse alejadas del resto de semidioses.

— Hola — dijo Kinzie mientras se acercaba con las dos hermanas. — ¿Alguna de ustedes se encuentra herida?

— No estamos bien — respondió Hylla sin dejar de abrazar a su hermana.

— ¿Cómo conocieron a Percy? — preguntó la amazona.

— Él y sus amigas fueron al mar de los monstruos en busca del Vellocino, mi señora Circe fue alertada, los Primordiales quería que ella entregará al niño, pero ella en cambio decidió ayudarlo — respondió Reyna, Kinzie se mantuvo en silencio sorprendida de aquello.

— ¿Saben si Percy habló con Aura? — preguntó Kinzie.

— Si, antes de llegar al motel donde nos encontraste fuimos atacados por ella, aunque parecía que la presencia de aquella chica lo afectó — añadió Hylla.

— Gracias, si quieren ayuda pueden venir con las cazadoras, ellas estarán encantadas de ayudarles — dijo Kinzie alejándose de las dos hermanas, tenía que encontrar a las cazadoras, para su suerte las chicas no estaban muy lejos, ellas se habían refugiado en el campo de tiro con arco.

Y las cazadoras se encontraban igual o peor que el resto de semidioses, algunas de las chicas habían seguido el ejemplo de Zoe y se habían desprendido de su uniforme de caza, algunas otras habían optado por usar las llamativas playeras naranjas que utilizaban en el campamento.

— ¿Cómo estás? — preguntó sentándose a un costado de su vieja amiga Phoebe. La cazadora en cuestión se mantenía con el rostro oculto detrás de aquel oso de peluche. La amazona de inmediato lo reconoció, era el regalo que le había dado su amiga a Percy.

— No sé — respondió entre lágrimas la joven cazadora. — Ata y Percy murieron, y luego esto.

Kinzie permaneció en silencio, intentando pensar en algo para consolar a su amiga, aunque no pudo evitar esbozar una fugaz sonrisa. Si alguien le hubiera dicho hace unos meses que estaría triste y consolando a las cazadoras por la muerte de aquel niño que ella creía que había sido el culpable de que ella abandonará la caza, lo hubiera golpeado. Pero ahora estaba ahí, el niño había salvado su vida, incluso recordó la charla que tuvo el día que capturó a Percy. Él había estado dispuesto a entregarse a Zeus con tal de que ella lo ayudará a rescatar a Artemisa.

— ¿Así que ya no serás la teniente de la caza? – preguntó Kinzie, mientras le entregaba la tiara a la muchacha, pero Zoe se negó a tomarla.

— No, no puedo continuar y mucho menos después de enterarme de aquello — dijo Zoe con amargura, la razón principal por la que decidió unirse a las cazadoras fue para proteger a las chicas de los abusos de los hombres, por ese motivo no podía ignorar lo que Artemisa había hecho.

— ¿Saben cómo me encontré con Percy? — preguntó la chica haciendo un gesto para que las chicas se acercarán. — Juno vino a verme hace unos días, me dijo que había un hijo de Poseidón y que era nuestra misión capturarlo y después llevarlo al Olimpo.

La chica permaneció unos segundos en silencio, sentía que había pasado demasiado tiempo desde aquella charla que tuvo con la Reina de los Dioses. — Desde que supe de la misión me puse feliz, por fin podía tener mi venganza, por eso decidí unirme a la misión, quería ser yo quien lo capturará — continuó Kinzie observando las miradas de las cazadoras. — Cuando lo encontré, me sentí tan feliz, después de tanto tiempo podía vengarme de lo que me hizo.

— Aún y cuando Percy me reconoció intentó pedirme mi ayuda para salvar a Artemisa, pero pensé que mentía que algo había hecho el niño para que fuera expulsado de la caza — añadió Kinzie. — Pero llegó Aura, por un momento estaba sorprendida de que ella estuviera ahí, fue en ese momento donde me enteré de la verdad. Ella se había unido a los Primordiales para secuestrar Artemisa, aunque lo que me impactó fue saber la verdad.

— ¿Percy lo supo? — preguntó Phoebe levantando la vista por primera vez.

— Si — respondió Kinzie. — Aura intentó asesinar a Percy, pero se lo evite. Lo que me había dicho el niño había sido verdad, él quería salvar a Artemisa. Aunque no conté que Aura siempre fue mejor que yo, ella estuvo a punto de matarme pero Percy me salvó.

— ¿Por qué nos cuentas todo esto? — preguntó Zoe observando fijamente a la amazona.

— Hablé con las chicas que acompañaron a Percy. Él niño cruzó el país, fue torturado por los Primordiales, supo la verdad desde que inició aquella cruzada, él pudo optar por abandonarla pero no lo hizo — dijo la ex cazadora.

— Lo que hizo está mal, pero se que sin ella yo habría estado perdida, hizo tantas cosas por mí y sé que ella ya no haría lo mismo — dijo Kinzie tomando asiento frente a las dos chicas, ganándose que el resto de las cazadoras se acercarán.

— ¿Cómo es que estás tan segura? — dijo Phoebe con amargura, pensando en cuantas cazadoras podían haber tenido la misma suerte que Aura, cuantas de las chicas que habían abandonado la caza terminaron igual que la antigua teniente de la caza.

— Porque yo soy una prueba de ello — dijo, en esta ocasión ambas cazadoras la observaban sin entender a qué se refería. — Intenté asesinar a Percy, tuve mucha suerte, incluso de no ser hijo de Poseidón lo habría logrado, creo que lo que hice fue lo peor que cualquier cazadora podría haber cometido.

— Pero te expulso — añadió Zoe, pensando que la amazona estaría molesta por aquello, pero la amazona estaba bastante tranquila.

— Me lo merecía, creo que si no lo hacía tal vez lo habría vuelto a intentar — dijo Kinzie un poco apenada por aquella revelación, — Creo que era un secreto a voces, todas sabíamos su deseo de ser madre, pero mi odio contra los hombres pudo más, incluso aún siendo expulsada se que se siguió preocupando por mi, por que ella envió a Hestia para que la Diosa me protegiera, gracias a ella pude llegar a las amazonas y encontrar un nuevo hogar.

— ¿Por qué nos dices todo esto? — preguntó Phoebe.

— Todas hemos cometido errores, pero si por alguien tengo que sacrificarme será por Artemisa, aunque ya no forme parte de la caza, le debo muchas cosas — dijo mientras se ponía de pie. — No se comporten como unos muchachos estúpidos, ellos nos quieren dividir, no caigan en su juego.

Salto de Línea

Artemisa se mantuvo en silencio observando la tumba de Atalanta, en cuestión de unas horas todas las cosas importantes de su vida habían sido arrebatadas. Después de aquel día de su venganza contra Aura sabía que su castigo sería severo, y más aún con el pasar de los años supo que cuando las chicas se enteraron sería aún peor.

— Ellas van a entender Arty — dijo Apolo en un intentó de consolar a su hermana, pero la Diosa no creía que eso fuera a pasar, incluso no podía culparlas, si ella estuviera en esa posición no perdonaría lo que hizo a su antigua teniente.

— Iré a hablar con ellas — dijo Artemisa mientras se ponía de pie, ante las protestas de su hermano — Me voy a alejar de las cazadoras, ya no estaré más en la caza.

La Diosa se alejó de inmediato antes de que su hermano la convenciera de hacer alguna otra cosa, ella caminó por el campamento notando las miradas de temor en la mayoría de los campistas, aunque no le tomo mucha importancia hasta que noto aquella misma mirada cuando se encontró con las cazadoras, aquello de verdad le afectó y no pudo evitar imaginar a su hijo con aquella misma mirada. — Ustedes no tienen porqué renunciar — exclamó Artemisa observando la reacción de las cazadoras, ninguna de ellas parecía estar a gusto con aquello.

— Todas ustedes pueden seguir en la caza, yo seré la que me aleje, no quiero que ustedes se alejen, está es su familia. Después de que termine la guerra no volveré al campamento con ustedes — añadió Artemisa ante el silencio del resto de las chicas, algunas la observaban con asombro aunque la mayoría seguía viéndola con furia.

— Aún voy a participar como cazadora para cumplir la profecía — añadió Zoe observando con dureza. — Lo hago por Ata y por Percy, a usted no le debo nada.

— Está bien — murmuró Artemisa, para después alejarse de las cazadoras sabía muy bien que después de la visita Aura, las cosas ya no volverían a ser las mismas con las chicas.

— ¿Estás bien? — preguntó Apolo caminando en dirección a la Diosa de la Caza, aunque ella solo negó con la cabeza con los ojos llenos de lágrimas.

Apolo se mantuvo en silencio intentando pensar en algo para consolar a su hermana, pero sabía bien que nada de lo que dijera aliviaría el dolor que estaba sufriendo, así que decidió abrazarla esperando que ella no lo golpeará, para su fortuna ella no lo golpeó. — ¿Estás segura? — preguntó Apolo, pensando que la decisión de su hermana había sido muy extrema.

— Si — respondió ella entre lágrimas antes de observar a su hermano, — Aquel día no solo traicione a Aura, traicione la confianza de todas las chicas.

Apolo esbozó una triste sonrisa, aunque quería ayudar a su hermana no sabía cómo convencer a las cazadoras, — Además sin Percy, las cosas no serán las mismas, no creo volver a cazar después de esto — añadió Artemisa sin dejar de llorar. Apolo solo asintió, en todos estos siglos de su vida había tenido un sin fin de hijos, pero Percy aunque nunca fue su hijo marcó su vida.

— Sabes que a Percy no le gustaría que te alejaras de lo que más disfrutas — añadió Apolo, aunque comprendía el por que su hermana hacía eso.

— Pero no podré volver a hacerlo, todo me recuerda a él — dijo Artemisa sacando de su cinturón la parte de la camisa de su hijo. — Al final todo me recordará a mi fracaso.

— Tú no eres culpable — añadió Apolo sin dejar de abrazar a su hermana, — Nadie pensó que esto fuera a suceder tan pronto, incluso ni Poseidón pudo defenderlo.

— Gracias — murmuró Artemisa alejándose de su hermano. — ¿Los campamentos han elegido a los semidioses?

Apolo asintió pesadamente, no le agradaba para nada la idea de algunos de los semidioses los acompañarán en aquella misión, sabía que aquella tarea iba a ser difícil y aquellos semidioses que los acompañarán sin duda serían los que más correrían peligro, — Si — respondió Apolo, desviando la mirada en dirección a la playa, observando la puesta de sol. — Ambos campamento están terminando de cenar, después de eso vamos a iniciar con la misión.

Ambos Dioses se quedaron en silencio, ambos observando la tranquilidad en la que estaba inmerso el campamento. Ambos se preguntaban cuánto tiempo iba a durar aquella paz, ya que ambos temían que los Primordiales no se tardarían en atacar el campamento.

Los dos Olímpicos permanecieron en silencio sentados en la playa del campamento, — Creo que deberíamos de ir en busca de Hestia — dijo Apolo rompiendo el silencio. El sol ya se había ocultado dejando al campamento Mestizo iluminado por algunas antorchas. Artemisa solo asintió poniéndose de pie para caminar en dirección al comedor.

Salto de Línea

Quirón camino lentamente en dirección al comedor, observando por un momento a los semidioses, podía ver como la mayoría estaban bastante nerviosos por los sucesos que acababan de pasar, pero sobre todo por los riesgos que pronto caerían sobre el campamento. Solo esperaba que la noticia del trágico final de la hija de Atenea ayudará a mantener el campamento unido.

— Tengo una noticia que darles — dijo Quirón, silenciando a todos los campistas, quienes lo observaban con interés.

— ¿Dónde está Annabeth? — preguntó Drew, al igual que la mayoría de los semidioses estaban preocupados por la hija de Atenea, más aún cuando Percy había regresado sin Annabeth. Quirón intentó esbozar una sonrisa para calmar a los semidioses pero no lo logró en cambió sus ojos se habían llenado de lágrimas.

— Annie está muerta — dijo Quirón, provocando un shock en todo el campamento, un par de gritos se escucharon provenientes de los hijos de Atenea. El centauro levantó la mirada observando el ánimo de los semidioses. — Ella fue asesinada por los Primordiales después de recibir la Profecía.

El caos se apoderó por un momento del comedor, la mayoría de los semidioses gritaban furiosos contra su mentor, — Silencio — gritó Clarisse dando un par de pasos para acercarse al viejo centauro, la mayoría de los semidioses guardaron silencio esperando que la hija de Ares explicará que había pasado.

— Annie murió por no querer traicionar al campamento — explicó Clarisse.

— Ella fue mi mejor amiga y sin embargo nunca logré ver que quien nos acompañó en aquel viaje fue un impostor, ellos quisieron usar eso para dividirnos — añadió la hija de Ares, aunque tenía que admitir que aún se culpaba de no haber ayudado a su amiga. — Creo que todos sabemos lo que Annie se preocupaba por todos nosotros, no podemos dejar que esto nos divida, Annie no habría querido eso.

El discurso había logrado calmar los ánimos de la mayoría los semidioses aunque Quirón solo esperaba que eso fuera suficiente para mantener unido al campamento.

Salto de Línea

Ambos Dioses se acercaron al comedor, el ambiente en aquel lugar era algo inusual para Artemisa, había perdido la cuenta de las veces en las que visitó en el pasado el campamento, siempre le molestó el bullicio que había siempre en el comedor, aunque en esta ocasión la mayoría de los semidioses se encontraban en silencio.

Quirón se acercó a los Olímpicos, seguido de una chica. — Ella es Katie Gardner hija de Demeter, ella se ha ofrecido para ser la semidiosa del campamento Mestizo — explicó Quirón mientras presentaba a la chica, Artemisa le esbozó una sonrisa ante la valentía de la chica.

— Sé que las cosas no han sido fáciles — dijo Apolo caminando al centro de la habitación para que todos los semidioses lograrán escucharlo. — Fueron las decisiones de mi padre, las que casi provocan la destrucción entre campamentos, sé que algunos están molestos por eso, pero les pido que sigamos juntos.

— Los enemigos a los que nos enfrentamos son mucho más fuertes de lo que nos hemos enfrentado antes, la única forma de vencerlo es permanecer juntos. Se que son diferentes a los romanos, pero vean las similitudes que hay entre ambos campamentos no cometan los mismos errores que nosotros, somos más fuertes cuando estemos unidos — dijo Apolo, aunque los semidioses permanecieron en silencio la mayoría ya no se notaban tan molestos.

— Quirón podrías reunir a los líderes de cada cabaña, para hablar con ustedes antes de partir — pidió Apolo, el centauro solo asintió regresando al comedor.

— ¿Qué pasa Apolo? — preguntó Artemisa extrañada por aquella petición de su hermano.

— Me temo que los Primordiales no dejarán a los semidioses en paz, creo que ambos campamentos se deben preparar para cuando llegue el ataque — explicó Apolo.

Saltó de Línea

— Señora Vesta, Señor Tritón — dijo Octavio haciendo una reverencia a los Dioses.

— Hemos venido por los semidioses de la Profecía — dijo Vesta esbozando una fugaz sonrisa.

— Claro Señora, en un momento ellos vendrán — dijo Octavio.

— También me gustaría hablar con toda la legión — añadió Vesta al ver que se alejaba el augur.

Después de unos minutos el delgado joven, regresó acompañado de cuatro jóvenes. — Ella es Hazel, ella será la representante de la Legión — dijo Octavio presentando a la joven que acompañaba a Nico.

— Ellos son Leo y Piper, son hijos de Hefesto y Afrodita — añadió la chica señalando a los dos chicos, — Ellos fueron parte de la misión para rescatar a Diana.

— ¿Están seguros de ir? — preguntó Tritón observando a los cuatro semidioses que los acompañarían en aquella misión.

— Si — respondieron los cuatro al mismo tiempo, Vesta por su parte observó por un momento a la Legión antes de caminar al centro del lugar.

— No soy portadora de buenas noticias — dijo Vesta, la sonrisa tranquila que había tenido la diosa desapareció, su semblante se volvió serio. — Como todos ustedes saben, nos estamos enfrentando a dos Primordiales — explicó ante la mirada atenta de los semidioses romanos. — Todo el consejo Olímpico ha sido capturado y fueron enviados al Tártaro, y como saben el Oráculo ha emitido una profecía para rescatar a los Dioses.

— Pero me temo que las cosas no serán sencillas, toda la legión debe permanecer aquí en el campamento griego y llegado el momento esperamos que se puedan unir a los Dioses y las fuerzas de la Atlántida, para intentar recuperar el Olimpo — terminó Vesta observando las reacciones de los semidioses.

— ¿Por qué no podemos irnos a casa? — preguntó uno de los chicos, al igual que la mayoría de los semidioses temía que el campamento Júpiter fuera atacado aprovechando que la legión estaba lejos.

— Es bastante riesgoso — explicó Tritón, — Sin los Olímpicos, el número de monstruos será cada vez mayor, tan pronto como salgan del campamento serán atacados y no creo que bajo esas condiciones logren llegar hasta Nueva Roma.

— ¿Y qué va a evitar que los monstruos nos ataquen también aquí? — exclamó Frank, si aquellas noticias eran ciertas pensaba que no tardaría mucho antes de que algún monstruo se acercará al campamento atraído por el aroma de todos los semidioses.

— El campamento griego cuenta con una barrera que evita que algún monstruo pueda acercarse — añadió Vesta. — Pero sobre todo, la única forma de estar a salvo es confiando entre nosotros, todos somos una familia.

— Octavio nos podrías acompañar, necesitamos hablar con los griegos para discutir los temas de su estadía temporal — añadió Tritón, Octavio asintió para después hacerle un gesto para que Frnak se acercará.

— Me gustaría que Frank también nos acompañará — añadió Octavio.

— Claro, acompáñenme — dijo Vesta, escoltando a los semidioses hasta la casa grande donde ya los esperaban los semidioses griegos.

— Quiron me gustaría que el campamento romano se estableciera cerca de las cabañas — dijo Apolo, — Se que a ninguno le agrada esto, pero estando tan cerca de la frontera corren más peligro.

— ¿De qué habla? Nos han dicho que el campamento griego cuenta con una protección mágica para mantenernos a todos a salvo — preguntó Octavio algo confundido.

— Si el campamento Mestizo cuenta con una barrera mágica que aleja a los monstruos — añadió Apolo aunque la mayoría de los semidioses esperaban lo peor. — Aunque me temo que los Primordiales no se quedarán con los brazos cruzados, en algún momento habrá un ataque, puede que tal vez logremos rescatar a los Dioses antes de que eso suceda.

— ¿Y si no lo hacen a tiempo? — preguntó Luke, aunque temía por la respuesta de los Dioses, no sabía cuánto podían ellos resistir de algún ataque de los Primordiales.

— Tendrán que defenderse — añadió Apolo con nerviosismo, — Deben de trabajar juntos, entre Romanos, Griegos y Cazadoras pueden resistir los ataques que lanzará el enemigo.

— Sé que la mayoría de ustedes está en contra de la decisión de pelear juntos, muchos de ustedes se odian entre sí — dijo Hestia observando las miradas de los semidioses. — Zeus, mi hermano se equivocó, creyó que él solo sería suficiente para derrotar a los enemigos, pero se equivocó, todas las victorias que hemos tenido siempre han sido por que luchamos como familia, y en este caso no será diferente, si los tres grupos se unen y lucha como uno solo, será la única forma para sobrevivir.

— Creo que con la ayuda de los hijos de Hefesto podríamos reparar sus catapultas y colocarlas por toda la frontera — dijo Clarisse observando a los dos semidioses romanos.

— Claro, también sería mejor que la mayoría de ustedes tengan armas de oro celestial — añadió Frank, ganándose unas miradas amistosas de parte de los griegos.

— Que mañana se reúnan todos los semidioses buenos con el arco, en el comedor para que se unan a las cazadoras — añadió Phoebe, — Solo que si son muchachos sean advertidos que a la primera ofensa recibirán el peor de los castigos.

— Creo que tenemos un plan — añadió Apolo un poco tranquilo, solo esperaba que aquella paz entre los tres bandos durará.

— Es hora de partir — dijo Artemisa abandonando la habitación seguida de los semidioses de la profecía.