Este capítulo iba a salir la semana pasada, pero me extendí en las escenas para ya dejar bien sobre la mesa la situación del cuadrado amoroso.
Espero les guste :)
Casualidad o destino.
Una semana antes de la boda.
Cuando tenía operaciones exitosas, sus colegas lo felicitaban saliendo del quirófano. El poder cambiar vidas al grado de casi reiniciar un reloj que había marcado la hora final, era un sentimiento que jamás podría explicar.
Pero, de igual manera, cuando perdía pacientes el mundo se le venía abajo. No era algo recurrente, incluso podía contar las veces que fracasó con una mano, y le sobrarían dedos.
Tras doce largos años de estudio, el trabajar en el mejor hospital de Tomoeda era un honor que cargaba con orgullo. Pero en las escasas ocasiones que no logró la meta, sentía que sus doce años eran insuficientes.
Y ahí estaba, en el suelo del vestidor con una pierna estirada y la otra contraída. La mano que sostenía el cubre bocas se encontraba apoyada sobre su rodilla mientras él veía al techo pensando en cada paso de la operación esperando encontrar su error.
Se suponía que era una operación sencilla: Reparar un aneurisma. Sin embargo, hubo una rotura del aneurisma aórtico (o aorta, la arteria principal que va desde el corazón por el pecho y el abdomen, para ser más exacto), seguido de un sangrado interno que no pudieron controlar. Estaba de más decir que darle la noticia a los familiares fue devastador, en especial porque había una carita llena de inocencia esperando por ver a su papá.
—Contrario a lo que creen, no somos dioses —una voz femenina le dijo.
Giró la cabeza con lentitud, asomada a un lado de los lockers, estaba cierta doctora que le robaba el aliento por más que intentaba que no lo hiciera.
Sus ojos amatistas lo veían con tristeza, ella nunca daba una mirada de lástima, siempre se ponía en los zapatos del otro al grado de compartir el dolor.
Eso fue lo primero que llamó su atención.
—Ya te fueron con el chisme, ¿eh? —masculló él antes de suspirar y clavar la mirada en el suelo—. Había tanta sangre.
La percibió acercarse hasta que tomó lugar en el suelo a su lado.
—E hiciste todo lo que se podía; hay cosas que no podemos controlar, doctor Hiragizawa.
El aludido frunció el ceño.
—Eriol, sabes que puedes llamarme Eriol —insisitió por milésima vez.
La doctora a su lado se encogió de hombros.
—Prefiero que no crucemos esa línea —susurró.
—No hay línea;/ somos colegas, compañeros de trabajo que a veces toman café y duermen siestas en el mismo lugar —reiteró con la voz un tanto más ronca de lo normal.
De reojo, la vio ladear la cabeza mientras lo observaba.
—Vaya, te aprendiste mi discurso —dijo entre irónica y burlona—. ¿Lo anotaste?
Él entornó los ojos antes de bufar.
—Me quedó claro donde estamos parados, Tomoyo —musitó pasando una mano por su cabello negro.
Ella palmeó su brazo.
—Bien, que no quiero una boda cancelada en el historial del mejor doctor de Tomo...
—De todos modos la cancelé —interrumpió él a gran velocidad sintiendo un fuerte dolor de estómago. Orbes amatistas lo miraron con sorpresa antes de hacerse casi líneas que lo vieron con enojo—. No por ti, es... Complicado... —alegó atropellando las palabras.
—Complicado —repitió ella, incrédula.
Eriol asintió antes de mirar de nuevo al techo.
—Siempre he sido de la creencia de dejar las cosas del hospital, en el hospital. Con ella no es difícil hacerlo —masculló pensando en su joven novia de ojos verdes—. Aunque se muestra interesada, siempre termina divagando... Puedo contarle lo que hice en el día, pero cuando llego a las partes sangrientas o... —Tragó pesado—, pérdidas, se desconecta.
Tomoyo estiró las piernas antes de cruzarlas y poner las manos en su regazo.
—No es fácil estar con un doctor...
—Ni siquiera se aprende que soy cirujano cardiovascular, insiste en llamarme cardiólogo.
La vio sonreír ligeramente antes de negar.
—Mi mejor amigo dice que soy doctora... Solo así; si por él fuera sería doctora general sin especialidad.
Él sentía el cariño que emanaba cada que mencionaba al mejor amigo. Era consciente de que jamás sería competencia para el susodicho. También sabía a ciencia cierta que no debería buscar ser contrincante estando a punto de casarse.
—No quiero que ella esté sola... Merece algo mucho mejor; estar casada con un doctor es vivir en soledad... —excusó. Aunque era cierto, seguía sin armarse de agallas para cancelar la boda.
Tomoyo no debía saber que era un cobarde. Tal vez el prometerle a la doctora que se metía en sus sueños que terminaría con Sakura, sería suficiente impulso para en realidad llevar a cabo aquello que llevaba intentando hacer desde hacía siete meses.
Lo dejó ir muy lejos. Creyó que todos sus conocidos tenían razón y que lo que sentía solo era pánico pre marital. Pero el Eriol que le pidió matrimonio a Sakura y el que estaba sentado a un lado de Tomoyo, estaban lejos de parecerse.
No era culpa de su novia, toda era de él, de dejarse atraer por la personalidad tan maravillosa de la doctora a su lado; de encontrar con quién sí podía compartir lo que lo consumía dentro de ese edificio.
—Pero si te ama... Se ajustará —rebatió ella en un hilo de voz.
Eriol la miró, la doctora a su lado veía la pared con un gesto un tanto decaído. Pero tras un parpadeo, su cara se puso neutral.
—¿Cómo lo haces? —preguntó en voz baja.
Orbes amatistas lo vieron sin expresar nada.
—¿Qué?
Él llevó una mano a su mejilla y ella lo miró con ojos entrecerrados.
—Ocultar lo que sientes, hacer como si nada estuviera pasando... Te he visto contener el dolor que cada despedida te provoca, y sonreír al siguiente paciente que necesita palabras de aliento.
Tomoyo levantó ambas cejas con sorpresa mientras que el doctor acariciaba su piel con delicadeza.
—Conmigo no tienes que fingir, Tomoyo —musitó en voz casi inaudible—. Contigo no tengo que fingir —continuó frunciendo el entrecejo.
Fue una revelación que llevaba esquivando de manera experta desde hacía semanas. Cuando le hicieron la última prueba para el traje con el que diría unos votos que le parecieron planos y huecos, solo pensó en la lágrima que la doctora a su lado limpió al salir de la habitación de uno de sus pacientes que no logró vencer el cáncer de esófago.
Ojos azules y amatistas se vieron en silencio. Compartían mucho más de lo que se atrevían a admitir en voz alta.
Y Eriol estaba susceptible, con las defensas por los suelos y los sentimientos a flor de piel.
Por esa, y muchas razones más, recorrió el espacio que lo separaba de los labios de la doctora que le movió el piso desde la primera vez que los presentaron.
Miles de cosas lo llenaron en el instante que su boca besó la otra, una emoción mezclada con miles de mariposas que alborotaron su estómago. Su corazón comenzó a latir desbocado y su cabeza parecía estar en las nubes. Pero ahí, al fondo de todo, la culpa se incrementó de manera escandalosa.
Pero así como inició, se terminó.
La doctora prácticamente arrancó su boca de la de él. Pareció inhalar aire con mucha fuerza antes de levantarse del suelo para mirarlo con desprecio.
—No se confunda, doctor, somos colegas y nada más.
Hubiera sido mejor que le escupiera. Pero tras decir aquellas palabras cargadas de dureza, la doctora Daidouji salió del vestidor dejándolo peor de lo que estuvo momentos atrás.
Presente.
El chico frente a él parpadeó una y otra vez con sus ojos ambarinos. No se quitó de la puerta ni le permitió acceder a la que era su casa...
—¿No es el de la recámara? —repitió rascando su cabeza.
Eriol arqueó una ceja, el cabello del hombre frente a él estaba en todos los ángulos posibles, incluso después de dejar de rascarse, un mechón de cabello se quedó levantado.
—No... Está... —Soltó un fuerte bufido negando un poco para acomodar sus ideas—. ¿Quién eres? ¿Sakura está aquí?
Syaoran bajó su mano, miró detrás del hombre y encontró un Audi color plata parqueado en vez de algún camión de entrega. Regresó su atención al de lentes comenzando a unir dos y dos.
—Ella... ¿quién dices que eres? —preguntó de regreso sospechando la respuesta.
Eriol entonces se molestó.
—El dueño de esta casa —espetó tratando de ver detrás de él.
El castaño se hizo hacia el lado que el otro miró, no estuvo equivocado, frente a él estaba el hombre que dejó a la chica plantada en el altar. Por el sonido de las muletas cayendo, y la ausencia de la mencionada, dedujo que Sakura no quería hablar con él.
—¿Ah sí? —exclamó arqueando una ceja y cruzando los brazos—. Si eres el dueño, ¿por qué tocaste? Deberías traer llave.
El otro hombre entrecerró los ojos. Aunque por su mente pasó el conjunto de llaves que dejó en su consultorio tres días atrás; no tenía porqué darle explicaciones a un completo desconocido.
—Eso... No es tu asunto, esta es mi casa...
—Yo tendría llaves de mi casa, sin embargo, tú viniste a tocar.
Eriol se giró y fue a la maceta que escondía la llave de emergencia, no estaba de humor para las jugarretas del extraño. Pero al no encontrarla, miró con enojo al hombre que ahora estaba recargado en el marco de la puerta que lo veía con cierta burla.
—Llamaré a la policía, tú no tienes nada que hacer en mi casa —explotó sacando su celular y remarcando el "mi" de la oración.
Syaoran arqueó una ceja en ademán de incredulidad.
—Llámala —dijo encogiéndose de hombros—. Yo tengo llave y permiso...
El de lentes se incorporó con cierta brusquedad para regresar a la puerta.
—¿Permiso de quién?
Orbes ambarinos se enfrentaron a azules.
—De Sakura. —No titubeó. Sentía cierto desagrado por el hombre que dejó plantada a una chica que se veía genuinamente enamorada. Entendía su dolor, pues fue lo que los unió en primera instancia.
¿Quién deja a su novia en el altar? Solo un desgraciado cobarde.
El ex de la castaña hizo una mueca. No supo si de enojo, dolor o vergüenza.
—Dudo que conozcas a mi prome... A Sakura, ella me contaba todo.
Syaoran pensó muy bien qué decir. No sabía si debía seguir con el juego de los amantes y dudaba mucho que Sakura saliera a su rescate.
—Sé lo suficiente —alegó con certeza—. Cómo que la dejaste en plena boda.
Entonces fue que finalmente ojos azules se clavaron en el suelo. Eriol dejó también caer los hombros en gesto de derrota. Frunció el ceño y negó.
—Sigue sin ser tu asunto y esta es mi casa así que...
—De hecho, Sakura me pidió que cuidara la casa que no ayudaste a decorar —atajó Syaoran rascando su cabeza—. Y si la buscas, no está aquí... Puedes llamarle a su hermano para preguntar.
La piel del hombre de lentes era blanca, pero a la mención de Touya, se tornó amarilla. Justo el efecto que el castaño deseaba.
Pero eso no evitó que lo mirara con ojos entrecerrados y cierto desprecio.
—Bien... —gruñó finalmente antes de verlo de arriba a abajo—. Buenos días.
Syaoran solo asintió, permaneció apoyado en el marco de la puerta mientras que el otro hombre se giró y regresó a su ostentoso vehículo. Antes de subir, lo miró por encima del techo de manera indescriptible.
Cuando finalmente se fue, de reojo notó a cierta castaña que asomó la cabeza de detrás del muro de la sala.
—¿Está?
El chico negó antes de cerrar la puerta. Al llevar la mirada a la chica sintió su corazón caer al suelo. Ella tenía las mejillas empapadas y el rostro rojo, durante todo el tiempo que su ex estuvo ahí, lloró en silencio.
—¿Cómo se veía? —preguntó ella en voz baja.
Syaoran soltó un leve suspiro, con todo y todo la chica se seguía preocupando por el desalmado patán.
—Devastado —mintió, en realidad el hombre se vio completo pero desesperado—. Esperemos busque a tu hermano para que le haga algo peor que esto —dijo señalando la gasa de su mejilla.
Sakura intentó sonreír, pero terminó por apretar el agarre de la pared antes girarse y suspirar con fuerza para resbalar hasta el suelo dejando su pierna mala, estirada.
Tras pensarlo unos minutos, su castaño acompañante caminó hasta el arco de la pared y se sentó con ella quedando de lado mirando hacia las escaleras. El lugar estaba tan silencioso, que logró captar los sollozos de la joven novia a pesar de que ella los trataba de ocultar.
—Estará bien —susurró pegando las piernas a su pecho y apoyando las manos sobre sus rodillas.
—¿En verdad lo crees? —hipeó ella limpiando sus lágrimas.
El chico llevó la mirada hacia arriba. Un perfecto arco separaba la entrada de la sala. Era la casa ideal para un matrimonio que jamás se daría.
—Algún día lo estará —musitó estando seguro de que tarde o temprano les dejaría de doler.
Debía darle crédito a Akiho, al menos ella dio la cara para terminar lo suyo y no lo dejó plantado en plena iglesia el día de su boda.
Se detuvo tres calles adelante y apoyó la cabeza en el volante. Su estómago seguía inestable y a cada segundo empeoraba.
No tenía más lugares dónde buscar a Sakura. Ya había recorrido cada lugar que era significativo para ellos... Menos el hospital que pensaba evitar hasta que tuviera que ir a trabajar.
Era un vaivén de emociones que iban desde la culpa hasta el alivio pasando por el desazón y la angustia.
Debió cancelar la boda, tuvo que hacerlo desde que cierta oncóloga se metió en sus sueños y pensamientos.
Nunca coqueteó con ella, trató de evitarla aunque sus áreas estaban relativamente cerca. Pero cada que su nombre brotaba de labios de alguna enfermera o colega, ponía atención de más.
Y cuando empezaron a congeniar en sus siestas, algo pasó en él: Quiso saber más de la mujer que se tragaba el dolor para sonreír a su próximo paciente que era demasiado empática y que, para desgracia de ambos, tenía el corazón perdido con su mejor amigo.
Un mes antes de la boda todo se vino abajo entre ellos, la "amistad" que intentó fingir empezó a tambalear cuando en una de sus tantas siestas gimió su nombre ante un sueño que no pudo controlar.
Lo peor fue que Tomoyo estaba despierta.
Fue tajante cuando lo enfrentó, le hizo saber que no lo veía como un interés amoroso, que eran colegas y nada más.
Incluso lo hizo sentir culpable de no cancelar su boda si pensaba en otra.
Y así pasó las últimas semanas, con la culpa decidiendo cada paso que daba creyendo que avanzaba cuando en realidad caminaba hacia atrás.
Perdió el control de todo cuando un jóven paciente murió en su mesa de operación. Lo había estado haciendo bien, concentrándose en su trabajo y novia, tratando de ser el Eriol de antes. Pero entonces ella le enseñó un trozo de su alma y terminó en caída libre sin vuelta atrás.
No quiso faltar a su boda, de verdad que no. Pero nadie le creía.
Meiling dijo que si lo llegaba a ver le partiría la cara y luego dejaria sus restos para que Touya lo aniquilara. Y Lien... El desgraciado desvió llamada tras llamada diciéndole que no lo culparía de no superar su cobardía.
Ni hablar de su familia, tenía al menos diez mensajes de voz de su madre gritando y llorando por haberlos avergonzado.
¿Dónde quedaba lo que él quería?
Sí, era egoísta pensar en sus necesidades cuando le rompió el corazón a una chica que no la debía.
Volvió a pedir a su vehículo que le marcara a Sakura pero una vez más el buzón de voz fue la respuesta.
—Sakura... ¿Dónde estás? —preguntó a la soledad de su auto.
Debía mil explicaciones, pero no se las daría a nadie antes que a su novia... Levantar el rostro con sorpresa, quedaba un lugar, y aunque le pasaba ir, era su únicamente esperanza:
El hotel donde pasarían la noche de bodas.
Revisó los papeles en sus manos por lo que pareció ser una millonésima vez, no podía tener errores así que siempre repasaba datos mínimo unas cinco veces.
Era capaz de silenciar su entorno, de olvidar que estaba rodeada de personas aunque estuviera en plena sala de espera con nombres siendo llamados por los altavoces.
—Rei... Cáncer de pulmón...
—¿Doctora Daidouji?
Claro que cuando era solicitada, siempre escuchaba. Magia, diría Syaoran.
Volteó para encontrar a una de las enfermeras. Tenía cabello rojizo en dos coletas y una sonrisa que encantaba a cierto laboratorista de ojos rasgados y nombre gracioso.
—Dime, Rika —le dijo cerrando el archivo que estuvo leyendo.
—La paciente de la habitación cuarenta se niega a que le hagan los estudios —informó con una mueca de culpa.
Tomoyo suspiró. La mujer de la que hablaba le tenía pánico a dos cosas: Sangre y agujas, siempre era un revuelo hacerle estudios y debía intervenir.
—Claro, voy —suspiró guardando la pluma de su mano derecha en el bolsillo de su uniforme.
Comenzó a caminar en dirección a la habitación con la enfermera a su lado. De reojo notó que la miraba mucho antes de morder su labio inferior, así que tras meter las manos a cada bolsa de su bata, dijo—: ¿Sucede algo más?
Rika enredó un dedo en el cabello de su coleta izquierda.
—Solo me preguntaba si le gustó el conjunto, me van a llegar más en la semana.
La doctora suspiró de manera imperceptible. En todos los lugares de trabajo había una persona que vendía cosas de catálogo o de algún mercado. En el hospital, la persona era Rika, vendía lencería sobre pedido aunque, de igual manera, cada quincena le llegaba una gran cantidad de ropa que trataba de mover entre los trabajadores del lugar.
Así fue como terminó con cierto conjunto de lencería negro que pasó a manos de una joven novia.
—De hecho la talla venía chica, necesito una más —masculló.
Rika levantó las cejas con sorpresa.
—¡Claro, lo puedo cambiar sin problema!
Tomoyo negó antes de detenerse. Habían llegado a la habitación de su paciente.
—No, regalé ese, necesito uno nuevo.
La enfermera frunció el ceño antes de asentir y Tomoyo abrió la puerta para ingresar a dónde una mujer estaba blanca mientras veía las agujas con las que le sacarían sangre.
—Hola, Tamara, me dicen...
Mientras hablaba con su paciente, no pudo evitar pensar en si acaso a Syaoran le hubiera gustado el conjunto que le regaló a su inesperada acompañante. No supo porqué lo pensó, pero mientras trataba de convencer a la mujer en la habitación de que los estudios eran necesarios, un escalofrío la recorrió.
—No sé si esa es la llave del gas, ni siquiera sabía que había una llave de gas.
Syaoran entornó los ojos, estaba dentro de uno de los gabinetes a un lado de la estufa inspeccionando la palanca de un tubo de metal.
A unas pocas calles había un mini súper. Tras mucho debate logró convencer a Sakura de comprar víveres para que se alimentara, él odiaba la comida rápida así que se negó a llamar por la pizza que ella sugirió. La chica llevaba más de veinticuatro horas sin probar bocado y con todo lo que pasaron, supuso que necesitaba algo sano para comer o probablemente iba a desfallecer.
El inconveniente vino cuando intentaron prender la estufa a mitad de la cocina.
—¿Y mínimo sabes si hay gas? —replicó, irónico.
Sakura dió un paso con sus muletas endureciendo el gesto.
—Dijo que lo pediría, supongo que lo olvidó —contestó sintiendo acidez en su estómago.
Al parecer Eriol nunca realizó nada de lo que prometió hacer en las últimas semanas, como encontrarse con ella el día de su boda.
El castaño bufó al incorporarse.
—Bueno, así no podemos cocinar nada de lo que traje; los domingos las gaseras difícilmente atienden llamadas...
—Podemos pedir pizza...
—Comida chatarra que no alimenta...
—Seguramente por eso los restaurantes de comida rápida son tan poco exitosos...
—¿Sabías que México es primer lugar en obesidad? ¿Qué crees que comen ahí?
Sakura lo miró incrédula. ¿Cómo llegaron de comida rápida a México?
—¿Tacos? —respondió entre irónica y titubeante.
Syaoran entornó los ojos antes de negar. Miró las bolsas a un lado de la estufa y frunció el ceño. Esa comida se echaría a perder si no la refrigeraban o hacían.
—Te propongo algo —dijo sacando su celular—, comemos en mi departamento y luego te llevo con tu hermano... —Sakura palideció y él se movió incómodo—. O a dónde sea que quieras ir.
La chica mordió el interior de su mejilla.
—Estamos de polo a polo —alegó, pensativa.
Él se encogió de hombros.
—Es domingo, no hay nada de tráfico y no me molesta manejar... Me relaja.
Sakura ladeó la cabeza, extrañada.
—Eres raro —masculló.
El castaño suspiró antes de darle la espalda y tomar las bolsas de víveres.
—Te veo en el auto —susurró encaminándose fuera, sintiendo el latido de su corazón en la cabeza.
No lo demostraba en el exterior, pero estaba hecho un desastre; el comentario le trajo un recuerdo de Akiho, fue la primera cosa que señaló su ex durante una comida en la que congeniaron.
La chica solía creer que su rareza era atractiva, hasta que llegó Yuna y le mostró a un hombre normal.
¿Les gustó?
No avancé mucho si hablamos de la trama, pero quería dejar plasmada la situación de los cuatro porque me andaban acusando a ET de ser amantes jajajaja.
Ahora sí, para el próximo espero avanzar en la trama y presentar a nuestros dos personajes que faltan ;)
¿Cómo iniciaron el año?
