¡Volví! Tardé menos que antes jejeje.

Espero se encuentren bien y que disfruten el capítulo :)


Casualidad o destino.


Meiling superó el pánico escénico a la edad de trece años.

En la escuela la escogieron como Rapunzel, pero sus compañeras le hicieron burla porque tenía el cabello corto y negro, nada que ver con la chica del libro de larga cabellera rubia. Aunando eso, era un poco torpe, en los ensayos se caía y tartamudeaba al decir sus líneas.

Pero su contraparte masculina nunca dejó de creer en ella.

Todas las noches Lien llegaba a su ventana y le gritaba—: ¡Rapunmei, deja caer tu cabello!

Así fue todas las noches antes del estreno. Llegaba, le llamaba, y practicaban sus líneas hasta que Syaoran lo corría. Horas y horas de práctica rindieron sus frutos, el día de la obra dio una de las mejores actuaciones de su vida.

Todo gracias a su mejor amigo.

Desde entonces Lien se convirtió en su amparo, refugio y fortaleza. Eran inseparables, al grado de pasar por novios. Sin embargo, se juraron jamás cambiar la línea de relación. El ver caer a Tomoyo ante Syaoran y no ser amada de la misma forma, fue suficiente para que ellos decidieran ser amigos antes de pareja.

Pero eran cómplices en todos los aspectos, incluso en las aventuras de una noche de Lien, ella estaba ahí para darle una Aspirina y un consejo.

Ahora debía dar la segunda mejor actuación de su vida y agradeció con el alma que una vez más Lien fuera parte de la puesta en escena.

Varios pares de ojos la veían, algunos con enojo, otros con incredulidad, los que más le afectaban con una mezcla de ambos.

¡Ella era la molesta! Y aún así él muy patán encontró la manera de voltearle la mesa.

Verdades a medias, Lien le dijo que si era mala para mentir, optara por verdades incompletas.

Tomó aire y suspiró con disimulo. Sintió a Lien en su espalda y se enderezó en toda su estatura. Levantó un dedo.

—Solo para aclarar, —Señaló a la pareja que seguía en la posición más incómoda del planeta—, no sabía que estaban enamorados... Creí que eran amigos... Confidentes... Algo así —refutó dándose una palmada en la espalda por no titubear.

Obviamente Eriol la miró con incredulidad y la fuente de su enojo entornó los ojos captando la indirecta muy directa.

—Syaoran es... Bueno, publicista... Se suponía que ayudaría a la compañía... Era sorpresa —continuó tratando de armar una buena historia.

Sakura la vio agradecida, su primo desvió la mirada y arrugó el entrecejo. Seguro se estaba haciendo las mismas miles de preguntas que ella.

Se escuchó un fuerte suspiro y un carraspeo.

—¿Sakura?

Todos miraron al inglés que habló en una voz tan baja que bien pudo no haber dicho nada.

Pero Touya endureció el gesto y tras dar un paso adelante, exclamó—: ¡No, no tienes derecho a hablar con ella! —Lo señaló de manera amenazante—. Lo que hiciste no tiene nombre, te debería partir la cara.

Giró y miró a los castaños.

—Y tú, baja a mi hermana; hagan sus cosas en privado, no en mi casa.

La aludida exhaló con fuerza, apoyó la cabeza en el pecho del castaño por unos segundos y tras susurrar algo que solamente él escuchó, finalmente puso los pies sobre el suelo.

Meiling volteó a ver a Lien quién estaba entre escéptico, distraído y decaído mientras observaba la inusual escena, pero cuando llevó la mirada a ella, se encogió de hombros en una silenciosa respuesta.

Syaoran ahí no encajaba. De hecho, sus mundos colisionaron sin aviso y estaba que gritaba exasperada.

No quería a los Li cerca de la vida que armó en Tomoeda. Menos al primo que representaba una vida que amó dejar atrás y a la que jamás querría regresar.

Syaoran cargaba el apellido con orgullo, ella evitaba decirlo en voz alta.

Volteó y vio a Sakura dar un leve asentimiento, ignorando lo que su hermano deseaba, antes de cojear, sostenida de la pared, hasta la habitación de su hermano con Eriol detrás de ella. Notó como el inglés empuñó las manos al pasar frente a su primo y este sostenerle la mirada con hastío.

Touya intentó ir tras ellos, pero Yukito lo sostuvo del brazo y negó.

—Debe escucharlo, no estará tranquila hasta que no hablen.

Los ojos cafés del más alto se encendieron, tras unos segundos de tenso silencio, apartó el brazo con cierta brusquedad y se encaminó a la sala murmurando palabras ofensivas.

En efecto, había mucho qué explicar, odiaria ser Sakura en el momento, pero cuando su primo volteó a verla con el mismo gesto de fastidio, decidió que mantendría la mentira mientras ellos así lo requirieran.

Syaoran no era un mentiroso, menos un patán infiel. Sabía que había una excelente explicación detrás de todo lo acontecido y moría por escucharla.


Cuando Eriol cerró la puerta detrás de ellos, Sakura sintió que su corazón se le saldría del cuerpo. Fingió, obvio que lo hizo, pretendió que no estaba a nada de llorar mientras se sentaba en la cama de su hermano.

Su ex, o lo que sea, observó la fédula en su tobillo y movió la cabeza ligeramente.

—¿Qué pasó?

La castaña quiso aventarle la lámpara a su lado, el desgraciado debería estar de rodillas rogando perdón, en vez de eso quería saber porque tenía el pie tan jodido.

—Quería Converse justo por eso, sí debía escapar, con tennis era más fácil —espetó agarrando una almohada y poniéndola en su regazo para apretarla. Fingiría que era el cuello del inglés.

Eriol asintió y suspiró, miró hacia arriba antes de verla.

—¿Me estabas siendo infiel?

Sakura abrió la boca con la confirmación en sus labios. Pero al final se quedó sin voz. Tras unos agobiantes segundos dónde su ex la miró con algo... Seriedad mezclada con... Algo... Negó.

—No del todo —susurró bajando la mirada y apretando la almohada—. Fue como dijo Meiling, trabajamos juntos y una cosa llevó a la otra.

Eriol se puso en cuclillas y pasó ambas manos por su cabello. Sakura mordió su labio inferior decidiendo que sacaría lo que llevaba semanas cargando.

—No estabas seguro, lo noté —masculló y ojos azules se clavaron en ella, apretó más la almohada para contener lágrimas—. Quise creer que eran nervios, que no me estabas evadiendo pero... Bueno, es obvio que tuve razón.

Él negó varias veces, miró hacia arriba y suspiró con fuerza.

—Nunca quise dejarte plantada, no fue mi intención —dijo sin titubear pero recibió una mirada de incredulidad—. Es verdad.

Sakura quiso reír con sarcasmo, el inglés notó como sus facciones se endurecieron al grado del enojo así que levantó ambas manos para que no explotara.

—No estás... No te equivocaste... Dudé... Pero no fue por eso que no llegué.

Los ojos de Sakura destellaron con enojo, le dolió la confesión pero necesitaba saber las razones detrás, aunque sintió que la desfachatez de negar lo obvio era increíble.

—¿Entonces por qué fue? —Casi gritó con la voz quebrándose al final de la oración.

Eriol se incorporó. Bien tenía ganas y derecho de culpar a Lien, pero era un hombre maduro que asumiría su mal actuar.

—Tomé de más, el pánico se apoderó de mí y quise adormecerlo...

Ella entornó los ojos con descaro.

—Sí, claro, culpa al alcohol como buen...

—Sakura, es verdad...

Entonces las vendas de los ojos de la castaña cayeron cuando su dolor comenzó a tomar control. Los miedos, la negación, cada cosa que ella se guardó por semanas brotó en una sola pregunta:

—¿Cómo se llama? —preguntó viéndolo a los ojos.

Eriol abrió la boca con sorpresa y en su corazón percibió una punzada, un nombre apareció en su mente pero negó tanto física como mentalmente.

—¿En serio me estás preguntando eso?

Sakura levantó cinco dedos.

—Los noches fuera, las citas canceladas, el prohibirme ir al hospital cuando antes... —enumeró mientras bajaba dedos.

—Sabes que mi trabajo...

—¡Las muy escasas noches juntos porque siempre estabas cansado!

—¡Soy doctor, Sakura! Sabías cómo era todo esto y aún así...

—¡¿Y por qué todo eso empezó de seis meses para acá?! —gritó ella aventando la almohada—. No mientas, Eriol, ya no más, ¡merezco la verdad!

Se enfrentaron con la mirada, él quería gritar que sí, que había otra, pero no lo haría, porque en realidad no la había. Tomoyo era una estrella inalcanzable que jamás estaría en su vida. Así que de nada servía admitir que había alguien que le robó el amor que estaba destinado a su futura esposa.

Se quitó los lentes.

—Me estás diciendo, un día después de nuestra boda, que te enamoraste de alguien... ¿No se te hace hipócrita tu acusación?

Sakura cerró la boca de golpe. Si su estúpido ex tan solo supiera que todo era fruto de un montón de tonterías y locuras...

—Me enamoré porque me dejaste de lado —atajó desafiante.

Eriol asintió y se puso los lentes.

—Entonces no llegar a nuestra boda fue lo mejor que pude hacer por ti —rebatió antes de darle la espalda para abrir la puerta, la miró de reojo—. Está de más, pero de verdad lamento lo que te hice pasar.

Salió de la habitación tan rápido como pudo, fue por eso que no alcanzó a escuchar el sollozo que finalmente escapó de labios de la joven. Pero sí sintió el golpe que Meiling le dio en el hombro cuando entró casi corriendo para consolar a su amiga.


Touya y Yukito se quedaron en la sala. Hablaban de lo acontecido, claro que lo hacían, pero en privado mientras otras tres personas los veían.

Fue Meiling quien rompió el silencio del comedor.

—¿Qué haces aquí? —preguntó inclinándose sobre la mesa para poder hablar en voz baja—. ¿De dónde conoces a Sakura?

Lien clavó la mirada en el castaño con interés, también moría por saber. El aludido, o interrogado, suspiró antes de poner ambas manos en su rostro.

—No me creerías, ni yo lo creo, sigo esperando que todo esto sea un sueño —contestó más agobiado de lo que quiso.

Lien y Meiling se miraron antes de volver a verlo.

—La conocí en la playa... Ayer —continuó al rascarse la cabeza—. No sé cómo terminamos en este embrollo.

—Pero no son nada —susurró Lien con cierto alivio mientras Meiling lo pateaba por debajo de la mesa—. ¿Qué?

Ella entornó los ojos y regresó la atención a su primo quién movió la cabeza de una lado a otro como decidiendo qué contestar.

—No... O sí... Depende quién pregunte —admitió Syaoran apoyando la cabeza en la mesa—. Maldita migraña.

Lien bufó y cruzó los brazos con molestia. Tanta amistad no servía de nada, si estaba celoso del intento de Potter, con Syaoran... Recibió otra patada y le sacó la lengua a su mejor amiga como vil niño chiquito.

—¿Y Akiho... No sé molestará? —prosiguió Meiling tras darle una mirada de advertencia al de ojos grises.

Syaoran la vio de reojo, tenía la cabeza apoyada sobre la dura y fría madera de la mesa.

—Está demasiado ocupada con Yuna —espetó antes de cerrar los ojos y suspirar.

Las bocas de Lien y Meiling se hicieron en forma de "o". Ya esperaban el rompimiento, pero los descolocó que todo se juntara.

A lo lejos escucharon a Sakura preguntar algo en un grito. Los tres se miraron con el ceño fruncido y Meiling empuñó las manos.

—Es un maldito, debió cancelar la estúpida boda —gruñó.

—Amén —dijo Lien mirando hacia arriba—. Ni la luna de miel se pudo cancelar.

Syaoran levantó la cabeza y miró a sus acompañantes con confusión. Le tocaba preguntar...

—¿Cómo es que la conocen?

Meiling y Lien se miraron antes de verlo.

—Trabajo —replicaron, tajantes, a lo que el castaño entornó los ojos.

—Este cuento de mantener las vidas privadas, privadas, no va a funcionar con ella así —les recordó señalando la puerta donde Sakura y su ex hablaban.

Lien arqueó una ceja.

—¿Piensas seguir con la mentira? Con esto de amarse...

Syaoran se estremeció visiblemente ante la palabra amor. No quería saber nada de ese sentimiento por lo que le restaba de vida.

Vio con remordimiento a sus espectadores y finalmente se encogió de hombros.

—Debo hablar primero con ella, no sé... ¿Por qué me ves como si te estuviera robando algo? —indagó mirando a Lien quién tenía la mandíbula endurecida.

Meiling dejó caer la cabeza sobre los brazos que reposaban en la mesa y gimió mientras que su amigo solo suspiró antes de levantarse.

—Debo irme, ¿le dices a Sakura que luego le llamo? —musitó el de ojos grises viendo a Meiling. Ella solo levantó su pulgar pero dejó la cabeza en la mesa. Tras ver una vez más la puerta y luego a Syaoran, Lien se dirigió a la sala para despedirse de los otros hombres que esperaban.

—¿Qué fue eso? —preguntó Syaoran con una línea formándose en su frente al ver al chico que se despedía de los que estaban en la sala.

—Eso, querido primo, es un corazón roto —explicó Meiling al incorporarse, ambos brincaron cuando Sakura volvió a gritar y la chica mordió su labio inferior—. Dios, lo quiero matar.

El castaño cruzó los brazos y carraspeó. Ya eran dos, sentía mucha empatía por Sakura y por eso no se atrevía a desmentir la relación de amantes. Aunque sospechaba que sería inútil mantenerla una vez que el cuatro ojos se fuera, esperaría instrucciones...

Cuando escucharon la puerta abrirse. Meiling se incorporó de un salto y casi corrió a la recámara donde Sakura aguardaba, no le dio una mirada pero sí golpeó al ex de la chica. Syaoran no pudo evitar formar media sonrisa en su boca.

Eriol pasó frente a él, se miraron por unos segundos y el castaño se atrevió a levantar una ceja retándolo a decirle algo, pero el de lentes solo negó y se dirigió a la sala donde Touya ya lo esperaba con una cara de asesino serial.

Syaoran bajó la mirada y parpadeó varias veces, no escuchó lo que se dijeron pero no le dio importancia. Miró con un gesto de consternación la recámara y sin pensarlo mucho se levantó para encaminarse a ella.

Una vez que llegó, sintió su estómago revolverse al encontrar a Sakura llorando, en silencio, en el regazo de su prima. Meiling lo miró casi suplicante y él suspiró al entrar y cerrar detrás.

Si Touya mataba a Eriol, lo ayudaria a enterrar el cadáver.

Cuando Sakura se incorporó con labios temblorosos y los ojos rojos a punto de hincharse, entendió que el pretender tener amante no amortiguó para nada el abandono del cuatro ojos.


Finge, finge, finge, finge.

Estaba harto de fingir. Estaba harto de tragarse sus celos y dar palabras de aliento a una chica que le alteraba el corazón. Estaba cansado de llevarle café con crema batida y chispas de chocolate solo para verla sonreír y suspirar con contentamiento.

Quería ser la razón de que sus ojos se iluminaran. En verdad ansiaba ser quien la protegiera.

Apoyó la cabeza en el espejo a su espalda y parpadeó varias veces mientras el elevador bajaba.

El día que Eriol le pidió ir por su traje, y que en un arranque de locura se lo probó frente a su mejor amiga, descubrió que no había cosa que más anhelara que ser esposo de Sakura.

Y sí, estaba mal desear a la futura esposa de su..., pero en el corazón nadie mandaba y el estaba estúpidamente enamorado de la castaña despistada.

Creyó ver una luz de esperanza en la boda fracasada, tal vez ir a paso de tortuga para que Sakura descubriera lo que le podía dar, pero todo se le cerró con un portazo cuando cierto castaño, tan perfecto como iluso, se metió a sus vidas de manera poco convencional.

No entendía cómo Syaoran llegó a la vida de Sakura, no sabía si quería o necesitaba saber para sobrevivir, solo tenía claro que eso de fingir algo siempre terminaba en corazones rotos y relaciones formales.

El amor no era egoísta, eso le decía Meiling, pero él quería ser algo más que el amigo y no sabía cómo actuar.

Bajó la mirada cuando las puertas del elevador se abrieron y suspiró con fuerza antes de despegarse del espejo. Necesitaba respirar aire fresco, despejar su mente y trazar un nuevo camino o plan.

¿Por que Sakura no pensó en él para fingir ser amantes? Era más obvio, varias veces se quedó en su casa a dormir y Eriol sospechaba lo que sentía por su novia.

Al salir del edificio aire frío le golpeó el rostro pero él se limitó a inhalar con fuerza.

—¿Sabías? —Endureció el gesto, pero rápidamente se controló y volteó para encontrar a Eriol. El chico miró arriba antes de verlo de nuevo a él—. Por eso tú y Meiling siempre son tan secretivos con la familia, ¿por él?

Lien metió las manos a su pantalón. Tenía de dos y ninguna opción era agradable. Pero Sakura... Si ella lo quería, él le ayudaría a obtenerlo, incluso poniendo su corazón de por medio.

—Algo así, ella era feliz con él —respondió al encogerse de hombros—. Tú no eres feliz ni contigo mismo.

Ojos azules lo miraron con dureza y no pudo evitar sonreír.

—Te dije que le dieras su espacio, pero siempre debes hacer las cosas a tu modo —atajó comenzando a caminar.

—Por un momento pensé que serías tú —exclamó el inglés ni bien dio tres pasos. Lien se detuvo de golpe sintiendo una presión sobre el pecho, se negó a voltear, su cara seguro era un poema de realidad—. Mi papá...

Entonces el chico volteó. Si algo los unía, era su padre. Pero el inglés solía olvidarlo, razón por la que supuso que abrió los ojos y le dió una mirada de disculpa.

—Nuestro padre, perdón —masculló pasando una mano por su cuello antes de sacudir ligeramente la cabeza—. Dijo que saliste corriendo de la iglesia.

Lien empuñó las manos dentro de las bolsas de su pantalón, luego sonrió con ironía.

—No tanto así, me esperé a que Touya les gritara; menos mal soy el hijo incómodo que rara vez reconocen, ¿eh?

Eriol se encogió de hombros y volvió a mirar hacia arriba, parecía esperar que Sakura asomara la cabeza por una de las ventanas. Si lo hacía, sería para dejarle caer agua.

—Pues ya no eres el único que los decepciona. Supongo que me van a sacar del testamento... También.

El de ojos grises rio con sarcasmo antes de darle la espalda y encaminarse hacia ningún lado.

Su vida era una maraña de acontecimientos trágicos y desagradables. Sakura le cayó como un rayo de luz con su positivismo que solía contagiar.

Cuando Meiling le propuso irse a Tomoeda y hacer como si la vida de Hong Kong fuera inexistente, nunca esperó encontrarse con el medio hermano que su padre engendró con otra mujer. Y es que ¿quién esperaría descubrir a la familia formal de su padre tras la muerte de la mujer que le dio la vida?

Por eso el bastardo viajaba tanto, porque se debía a su familia en Tomoeda. Cuando él acudió por ayuda para la carrera, se encontró con que no era hijo único, pero sí con que no era el que reconocerían en fiestas de gala.

La mujer, la señora esposa, ni siquiera se inmutó ante su presencia. La única vez que reaccionó ante él fue cuando decidió que no sería parte de la empresa Hiragizawa obligando a su progenitor a sacarlo del testamento y darle la espalda.

Y no le importó, en realidad la verdad de su padre la cayó como balde de agua fría y luego como una de agua tibia, porque así fue como Sakura entró a su vida.

Luego las casualidades la unieron a Meiling.

Un estremecimiento lo recorrió cuando pensó en el otro Li.

¿En qué mundo tan pequeño vivían que, a pesar de la lejanía, Syaoran terminó por encontrarse con su castaña despistada?


—¿Alguna vez deja de doler? —preguntó Sakura en voz baja mientras Meiling pasaba una mano por su espalda.

La pelinegra miró a su primo quién estaba en su celular, intercambiaron una rápida mirada antes de que él regresara a su pantalla.

—Con el tiempo —respondió la chica.

Se quedaron en la recámara de Touya. Las chicas estaban en la cama, Meiling sentada y Sakura con la cabeza en el regazo de esta, mientras que Syaoran se quedó en un sillón que se encontraba junto a la ventana.

La joven novia suspiró y el castaño se movió incómodo. Llevaba diez minutos hablando con Tomoyo sobre la chica y no sabía cómo contarle el lío en el que seguía metido.

Sabía que le esperaba un regaño. Uno bien merecido.

—¿Qué tanto haces? —Escuchó y volteó para encontrarse con ojos carmesí—. Haces cada cara...

Él bufó y le escribió a Tomoyo que en la noche se verían para hablar antes de bloquear su celular.

—Tomoyo, quería saber cómo estaba.

Si prima arqueó una ceja.

—¿Le dijiste lo de Akiho?

Él negó y luego asintió.

—Tuvimos que ir al hospital por... Su pie.

Meiling llevó la mirada a la férula y endureció el gesto mientras Sakura se incorporaba.

—Le debo un conjunto de lencería. —Anunció con los ojos muy abiertos—. Uno bonito...

Syaoran abrió la boca con sorpresa mientras que Meiling entornó los ojos.

—¿Qué color va mejor con sus ojos? —continuó poniendo un dedo en su barbilla.

La pelinegra al final sonrió y observó a su primo que mantenía un gesto de confusión. Vaya sorpresa se iba a llevar, Sakura no era una chica muy normal, brincaba de una cosa a otra en cuestión de segundos y era inusualmente distraída.

Cosas que Lien encontró fascinantes.

Bajó la mirada antes de llevarla a su celular en el buró. Lien le contó el encuentro con Eriol y luego apagó sus datos. No se podía partir en dos y la castaña era prioridad. Ya después lo iría a ver y le llevaría helado de menta con chispas de chocolate para levantarle el ánimo.

Tocaron la puerta antes de abrirla ligeramente, Yukito asomó la cabeza y sonrió ligeramente.

—Pediremos pizza, ¿de qué les gusta?

Syaoran se puso blanco y Sakura sonrió con emoción.

—¡Champiñones!

—Yo no, gracias —masculló el chico y recibió una mirada molesta.

—No seas cobarde, vas a comer aunque sea un pedazo.

El castaño arrugó el entrecejo.

—¿Por qué? No es mi deber y acabamos de desayunar...

—Hace horas...

—¿Tienes un hoyo negro en vez de estómago...?

Meiling se levantó de la cama y tras darle una vaga sonrisa a Yukito, quién estaba encantado con la pareja que peleaba, salió de la recámara.

Se encaminó a la cocina y encontró a Touya lavando trastes, se apoyó en el muro a su lado y cruzó los brazos.

—Entonces... ¿ya me vas a dar la cara o seguiremos fingiendo que no pasó nada?


Por fin terminé con las explicaciones, ya saben cómo están unidos todos jaja. Hace mucho que deseaba una trama con Lien y Eriol como hermanos, son tan opuestos que no quedan como familia.

¿Ya entendieron los mensajes de odio en el celular de Touya? Les dije que las relaciones en esta historia estarían de locos jejeje

Espero les haya gustado.

¿Ya leyeron Basorexia?