¡Volví! Muchos regresaron a clases así que espero que la actualización los anime :D
Casualidad o destino.
Días atrás.
—¡¿Qué hiciste qué?!
Le gente a su alrededor la vio con sorpresa, algunos con extrañeza y otros con aprehensión. Y es que ella era la doctora linda que nunca hacía escenas y siempre tenía una sonrisa en su rostro a pesar de lo mucho que cargaba en el corazón.
Pero no pudo controlar su reacción, su idiota mejor amigo le acababa de confesar el peor de los errores.
Forzó una sonrisa de disculpa y con pasos apresurados, que casi parecieron trote, se encaminó a la primera puerta que vio.
Curiosamente era una bodega, pero no le importó; entró, se encerró y contó hasta a diez... En tres idiomas.
—Es más simple de lo que parece, solo es... ¿Una distracción? No sé cómo llamarlo —explicó cierto castaño que se estaba enredando al hablar.
«Distracción mis polainas» pensó ella mirando hacia arriba mientras recargaba la espalda en la puerta.
—¿Meiling te dejó seguir con esto? ¿Qué estaba pensando? ¿Qué estás pensando? Olvídalo, no estás pensando, eso es claro —respondió ella obligándose a sonar neutral aunque estaba que se jalaba el cabello de la frustración.
Ya decía ella que ese encuentro no terminaría en hola y adiós.
—Tomoyo... Ella me entiende... —susurró su amigo—. De alguna manera nos distraemos lo suficiente para no... Ahogarnos.
Esa última palabra la dijo en voz tan baja, tan llena de dolor, que ella sintió que el corazón se le desgarró.
¡Ella también lo entendía! El muy distraído jamás supo lo mucho que le dolió verlo con otra, como se tuvo que tragar las lágrimas al verlos de la mano o besándose, como negó su atracción cuando Akiho la confrontó, años atrás.
¿Dolor? ¡Ja! Ella era tenía una maestría en la materia.
—Syaoran, está mal —refutó con firmeza—. ¿Cómo sabes que no saldrán heridos? ¿Que esto no va a empeorar su situación?
Lo escuchó suspirar y maldecir, creyó haber llegado a él en cierta manera y que se retractaría de su estúpida idea de novios de chocolate.
—Porque ella estuvo a punto de casarse... Lo amaba a ese grado y Akiho... Bueno... No tenemos espacio para enamorarnos, por eso lo hicimos.
Claro, ya odiaba al doctor Hiragizawa, ahora lo detestaba porque en su estupidez y negligencia, terminó por aventar a su ex a los brazos de su mejor amigo.
¿Cómo podía ser el mundo tan, pero tan pequeño?
—Dios, está mal, esto está mal —masculló con cierta desesperación—. Lo peor es que quieres que siga la mentira, ¡no conozco a Sakura!
—Sí... De eso te quería hablar...
Y Tomoyo silenció su teléfono antes de azotar la cabeza en la puerta a su espalda.
Terminaría mal, todo ese asunto iba a terminar peor que mal.
Una pareja pasaba cada ciertos minutos frente a ellos y no podía evitar ver a la chica de manera fija.
Tenía marcado su abdomen, una piernas bien torneadas, los brazos abultados en las zonas indicadas y aparentemente no se cansaba.
¡¿Cómo le estaba haciendo?!
Lo peor del asunto es que el chico a su lado estaba igual de bien formado, pero en una horrible confusión, la chica ya la había mirado con enojo —¿U odio?— al menos tres veces porque creía que babeaba por su pareja cuando en realidad se cuestionaba porqué ellos no aguantaron correr ni cinco minutos.
Otra vez pasaron, otra mirada de enojo, un guiño por parte del chico... Patán.
Bajó la mirada y entrecerró los ojos. Malditos hombres infieles, ya ni porque iba junto a la chica...
—No tienes que hacer eso. —Escuchó a su lado.
Parpadeó varias veces antes de muy lentamente llevar la mirada al chico recostado sobre el pasto a su lado. Él tenía un brazo sobre su frente y veía el cielo con fijación.
—¿Hacer qué? —cuestionó, confundida.
Syaoran parpadeó varias veces antes de suspirar e incorporarse. Se rascó la cabeza y luego la miró con seriedad.
—Pretender que no ves al chico, no somos muy oficiales, ¿recuerdas? Ni siquiera estás abanicando en mi dirección...
Sakura ladeó la cabeza, luego alzó ambas cejas con sorpresa al entender, pues al ver a la pareja dejó de poner atención a lo que hacía, que era ayudar a su chocolato a que pudiera respirar mejor. Negó varias veces.
—No lo veía, de verdad...
El castaño hizo un ademán descartando el alegato y se encogió de hombros.
—No pasa nada, no nos...
Pero la chica insistió con el movimiento de cabeza.
—Nooo, no lo veo, es... La veía a ella, de hecho... Es que, sus cuerpos... —masculló con un visible sonrojo en sus mejillas.
Syaoran arqueó una ceja, la pareja volvió a pasar frente a ellos y él los observó no entendiendo. Solo que ahora la chica lo notó y le dio una leve sonrisa antes de alejarse.
No era muy bueno pretendiendo, de hecho dejó la cabeza en dirección a donde la pareja se fue mientras observaba con una mirada calculadora. El hombre volteó antes de detenerse y fue ahí que pudo notar lo que la castaña: el cuerpo marcado de ambos.
Ladeó la cabeza analizando que incluso después de tantas vueltas, el chico tenía suficiente aire para hablar con enojo con su pareja mientras lo señalaba, entonces cuando se subió las mangas de su playera deportiva, observó que hasta los brazos estaban muy marcados, seguro iba al gimnasio.
Aunque la chica seguro tenía fuerza, pues lo estaba jalando del brazo para que siguieran corriendo, pero él tenía más, pues no lo lograba mover y ambos gritaban. No se notaban cansados, ni siquiera cuando él comenzó a caminar en su dirección encontró agotamiento...
Alzó ambas cejas ante este último pensamiento, el chico fitness estaba caminando en su dirección con una mirada asesina.
—Rayos —musitó antes de tomar de la mano a Sakura para levantarla a gran velocidad y correr en dirección contraria.
—¡Hoeeeeee! —exclamó la chica que no entendía porqué huían.
No pudieron avanzar mucho antes de que ambos empezarán a jadear con fuerza, pero sí lograron esconderse entre árboles mientras a lo lejos escuchaban insultos.
—¿Qué... —Jadeo—. ...fue eso?
El castaño se apoyó en un tronco e intentó no ahogarse como antes. Ya estaba avergonzado, se perdió en el momento y provocó un terrible malentendido... ¡Ni siquiera veía a la chica!
—Nada... No... Fue... Nada... —jadeó dejándose caer en el pasto.
Curioso acto del que iba a ser su asesino, él si podía coquetear pero se molestó cuando su pareja lo hizo. Notó de reojo que su acompañante se sentó a su lado y sintió un codazo en su costado, la volteó a ver con un gesto de absoluto cansancio.
—¿Cuántas vueltas llevaban?
Syaoran bajó la mirada y frunció el ceño al tratar de recordar.
—No sé, cuatro... Cinco...
Sakura asintió varias veces.
—Nosotros no dimos ni cien pasos antes de cansarnos, ¿no te dice eso algo?
El chico arrugó el entrecejo y se encogió de hombros.
—¿Que no estamos hechos para el deporte?
Sakura entornó los ojos antes de negar y empujarlo un poco con su cuerpo, aunque en última instancia, se quedó apoyada en su costado y ambos vieron al frente. Había un lago en medio del parque al que acudieron a correr, había patos y aves disfrutando del aire fresco de la mañana.
—Algo estamos haciendo mal, no sé... Debimos investigar si solo se empieza a correr —musitó ella antes de soltar un fuerte suspiro—. Esa chica tenía un cuerpo de envidia, seguro lleva años corriendo...
—O no come porquerías...
Sakura lo vio feo y luego lo empujó un poco, Syaoran rio pero se enderezó y ambos volvieron a ver al lago.
Pasaron unos segundos en los que ambos quedaron absortos en sus pensamientos, finalmente ella exhaló de manera audible y lo volteó a ver con cierta pena.
—¿Seguro que Tomoyo está bien con esto? Ya le di una mala primera impresión con el vestido y todo eso; no me imagino lo que estará pensando sobre todo este asunto —titibeó jugando con sus manos.
Syaoran se encogió un poco al recordar el enorme regaño que su mejor amiga le dio. Sintió la mirada de la castaña sobre él así que se aclaró la garganta antes de responder.
—Todo bien.
Sabía que Tomoyo lo iba a matar, probablemente le dejaría de hablar hasta que murieran; pero si querían que ese asunto fuera más creíble, debía meter a la ecuación a su mejor amiga y esperar que Akiho se terminara de tragar el cuento.
Su ex últimamente lo veía con anhelo y eso lo empujó a meter a más gente al juego.
—¡Juro que si no abres en este instante, traeré a Sakura y le diré por qué actúas como un niño berrinchudo y...!
La puerta frente a ella se abrió de golpe, ojos color gris la vieron con enojo a lo que ella respondió con una mirada de hartazgo.
—Golpe bajo, Mei... golpe bajo —espetó Lien al hacerse a un lado para que su mejor amiga pudiera ingresar a su departamento.
La aludida no se inmutó, es más, tuvo el descaro de cerrar la puerta tras de ella con enojo antes de cruzarse de brazos y mover el pie izquierdo de manera repetitiva como si fuera una madre enfurecida.
—¿Sabes lo que pasa cuándo el periodista favorito del principal periódico de Tomoeda se pierde por días? —cuestionó con enojo.
Lien encogió los hombros antes de servirse otro vaso de algo color transparente que engulló en un sorbo. Meiling, por su parte, cruzó los brazos y movió más rápido el pie.
—No sé, no me interesa —escupió él con la voz más ronca de lo normal antes de servirse otro vaso.
La pelinegra gruñó y se acercó a la barra donde su amigo bebía como si fuera pez en el agua, azotó una mano en la madera pero su acompañante la ignoró.
—¡No inventes, Lien! ¡Ni el maldito teléfono contestas! —Casi gritó—. Ah, pero no fuera Sakura porque sales corriendo...
—Ni a ella le respondo, por si no lo habías notado —gruñó el chico—. Ya tuve suficiente con tener que llevarla a la oficina de tu primo para...
Meiling entornó los ojos, al ver que su amigo se servía otro vaso se lo quitó a gran velocidad.
—¡Deja eso! Con esto no resuelves nada —exclamó con enojo, alejó la bebida bajo una mirada enfurecida y lo señaló—. No quisiste decirle a Sakura, tuviste la oportunidad pero preferiste seguir de perrito faldero...
—No me jodas, Mei, ¡¿cuándo fue mi oportunidad si apenas se canceló la boda cayó en los brazos de Syaoran?! —exclamó al incorporarse para apuntar un dedo hacia la ventana—. Llevo días escuchando: Syaoran esto, Syaoran lo otro, ¿Has hablado con Eriol?, etcétera, mientras tú haces como si esto fuera un jodido juego...
—¡Porque lo es! —gritó ella al imitarlo—. Lo que están haciendo es un juego, no es serio, pero en vez de hacerle ver a Sakura lo que tiene en ti, te pones de tapete...
Lien, desesperado, azotó ambas manos en la barra de su desayunador.
—¿Entonces qué hago?
—¡Deja de estar disponible!
Orbes grises y carmesí se miraron con ese enojo que nunca mutaba a odio. Esa era la ventaja de ser mejores amigos, se podían escupir verdades amargas en la cara y no afectaría en la relación que llevaban.
Lien se dejó caer junto a la barra y, tras pegar las rodillas a su pecho, dejó los brazos apoyados en sus rodillas mientras miraba hacia arriba. No pasó mucho tiempo antes de que Meiling se sentara a su lado y dejara escapar un fuerte suspiro.
—El mundo no va a dejar de avanzar solo porque te encierres —musitó más calmada—. Y no pretendo que te deje de doler... pero en vez de ahogarte en tu autocompasión, deberías estar haciendo algo.
El chico dejó caer la cabeza mas no dijo nada, sabía que Meiling tenía razón. En su afán por hacerle ver a Sakura que existía, cayó en el error de ser su perrito faldero aunque ella así no lo veía.
Para Sakura él era un amigo incondicional que la apoyaba en sus locuras. Pero su corazón se estaba partiendo a pedazos mientras encontraba la manera de hacerle ver que era mucho mejor que su medio hermano que la dejó plantada en el altar.
—Sakura nunca te va a notar si siempre estás —concluyó la chica en un susurro.
Lien dejó escapar aire de manera audible antes de verla de reojo, la empujó un poco con el cuerpo y le dio una mirada cargada de arrepentimiento.
—¿Tuviste que entrevistar a la influencer? —Recibió como respuesta la mirada entrecerrada de su amiga así que rio y la abrazó antes de darle un beso en la coronilla, apoyó su barbilla en la cabeza de Meiling y y bufó—. Gracias.
La chica entornó los ojos pero al final le regresó el abrazo.
—Para eso estamos, pero me lo vas a pagar, hay este restaurante que debo investigar...
Lien rio pero la dejó hablar y tomó notas mentales. Pero incluso al tratar de concentrarse en el trabajo y no en su amor no correspondido, sintió una fuerte opresión en el pecho al pensar que Sakura jamás lo iba a ver; es más, en esos tres días que no dio señales de vida, la chica solo lo llamó una vez al día mientras que la pelinegra a su lado lo llenó de llamadas y mensajes por setenta y dos horas seguidas.
El ambiente en el restaurante era acogedor y amigable. Las personas a su alrededor comían, reían y bebían mientras ella checaba, por tercera vez, su WhatsApp.
Syaoran la pasó a recoger, luego la dejó en el lugar, todo bajo la premisa de su eterna impuntalidad. Y aunque tenía razón, ir por ella media hora antes fue una exageración que le hizo saber durante todo el camino.
Pero no dijo más cuando su chocolato le recordó que Tomoyo tenía una agenda muy apretada y que no podía perder tiempo esperando... aunque ahora ella era la que llevaba diez minutos sola, en espera de una doctora que la superaba en altura, belleza y carrera.
No tenía que sorprenderla, pues todo eso era una farsa, pero tampoco quería dejar una mala impresión como lo hizo con la ex de Syaoran que cada que la veía era con ojos entrecerrados y gestos de enojo.
Doce minutos tarde, ¿así se sentía la gente cuando la esperaba?
—Perdón, tuve una consulta de último minuto —dijo cierta doctora al sentarse frente a ella.
Sakura se enderezó en su silla y forzó una sonrisa. Vaya, la amiga de Syaoran era hermosa, podía ser modelo, pero hacia muchísimo por la humanidad al dedicarse a la medicina.
—No importa, apenas llegué —mintió guardando su celular.
Tomoyo asintió ya sabiendo que no era verdad, la realidad era que pasó varios minutos observando a la castaña por la puerta de la cocina. Una ventaja de atender a tanta gente era que conocía a la mitad de la ciudad. El chef en jefe de ese restaurante era un paciente que la adoraba por todo el tratamiento que llevaron desde poco antes de que se mudara de manera definitiva a Tomoeda.
Por lo que pudo observar la chica era distraída, sonreía con facilidad y se perdía en sus pensamientos sin querer.
—Bueno, no sé si presentarme es lo correcto, ya nos vimos y...
—¿Cuáles son tus intenciones con Syaoran? —atajó Tomoyo queriendo ir al grano.
Sakura se quedó con la boca abierta ante la abrupta interrupción, luego sintió sus mejillas llenarse de color y se aclaró la garganta al bajar la mirada. No podía enojarse por la actitud de la pelinegra, estaba en su derecho de cuestionarla teniendo en cuenta todo lo que sabía.
—En sí, solo verlo feliz —respondió con sinceridad, al levantar la mirada encontró una ceja arqueada—. No en el sentido amoroso, solo... no sé... así como tú lo ves, supongo.
Tomoyo quiso carcajearse ante la respuesta, pues su realidad es que ella lo quería ver feliz a su lado, pero nadie sabía ni sabría ese pequeño detalle así muriera de un corazón roto. Aunque, en primera instancia, sí pensó aprovechar la situación para hacerle ver a Syaoran que ella estaba ahí, que siempre estuvo y siempre estaría para amarlo como ningún otra mujer podría.
Pero aquello sonaba a trama de película de obsesión, así que se quedó con el papel de mejor amiga sobreprotectora.
—Syaoran me contó tu historia —dijo ella levantando la mano para llamar a un mesero. Notó de reojo que la castaña bajó la mirada, avergonzada, y se sintió mal porque en sí ella sabía más de esa historia de lo que le admitió a su mejor amigo—. Debo confesar que conozco a tu ex.
Aquello provocó que Sakura levantara la cabeza tan rápido que le causó un mareo. Abrió la boca para lanzar miles de preguntas pero al final se mordió la lengua. Eriol era historia, punto.
—Era de esperarse, trabajan en el mismo lugar —contestó con fingida indiferencia.
La doctora quiso hacerle saber que ella era la razón por la que Hiragizawa no llegó. Camino al restaurante ideó un plan para que la chica recuperara al idiota doctor y así dejaría libre a su mejor amigo, pero en última instancia prefirió dejar que las cosas siguieran su camino.
Probablemente lo mismo pasaría sin que ella hiciera planes de Cupido.
—Más que eso, estamos por trabajar en conjunto —continuó analizando sus gestos.
La castaña no pudo ocultar su asombro, pero no tuvo la oportunidad de decir algo porque el mesero llegó a ellas. Tomoyo pidió pasta, Sakura una ensalada y agua, pensaba mejorar su alimentación para poder correr al menos cien metros.
Cuando el caballero se retiró para entregar sus órdenes a la cocina, la chica ladeó la cabeza en clara confusión.
—¿Por qué me dices eso?
Tomoyo entrelazó sus manos sobre la mesa y la miró con cierta seriedad que la puso nerviosa.
—Porque no se están dando cuenta de la magnitud de su mentira; el doctor Hiragizawa cree que tenías un amante, pero la historia con Akiho es diferente... si por casualidad llegamos a estar todos en una habitación, ¿a qué historia nos vamos a apegar?
La chica por algo era doctora, era inteligente en demasía. Tenía toda la razón, Syaoran y ella jamás pensaron en tal escena porque según sus universos nunca iban a colisionar... pero Tomoyo era el puente entre ambos mundos.
—No... no lo pensamos —confesó pasando una mano por su rostro con frustración—. De hecho no hemos pensado mucho en esto, somos amigos, eso es seguro... solo que en mi mente lo llamo chocolato.
La doctora la vio confundida y Sakura le dio una diminuta sonrisa.
—Es una niñería, lo sé... no le digas.
La chica asintió aunque su gesto se tornó un tanto más serio. Apodos, eso pintaba mal... Syaoran le llamaba Saku a escondidas. Suspiró y bajó las manos a su regazo.
—Estamos entre mujeres, sé sincera... ¿no ves la más mínima posibilidad de enamorarte de él?
Sakura se descolocó ante su pregunta, pero creyó entender. A Syaoran ya le habían roto el corazón, era obvio que su amiga lo quería proteger. Así que con toda la seguridad que pudo reunir negó y sonrió de manera sincera.
—Mi corazón sigue con... él... probablemente nunca lo recupere —confesó con la voz un tanto quebrada—. Pero espero sacar a Syaoran de esa tristeza lo suficiente para que encuentre a otra chica... a una que le diga sí apenas vea las rosas en el suelo.
Tomoyo experimentó una fuerte punzada, ya fuera porque la chica sabía cómo su amigo le propuso matrimonio a Akiho o porque quería ser esa mujer. Fuera por lo que fuera, y no sintiendo falsedad en las palabras de la castaña frente a ella, sonrió por primera vez con sinceridad y decidió subirse a ese barco de chocolate.
—Bien, pensaremos en una manera de atar cabos sueltos, ¿te parece? —le dijo pensando en que se tendrían que reunir con Meiling para armar una historia fuerte para una relación de mentira—. Ahora cuéntame de ti, que para ser amigas de la infancia solo sé que usaste una fédula por semanas.
Sakura soltó un suspiro de alivio antes de comenzar a relatarle cosas de su vida para preguntar por las de ella. Ni siquiera se dieron cuenta de que los treinta minutos destinados a la comida se hicieron hora y media entre anécdotas, risas y confesiones que sacaron unas cuantas lágrimas.
Tomoyo quiso creer que eso saldría bien y que al final Sakura sería la persona que le abriría los ojos a Syaoran sobre el verdadero amor que llevaba años callando.
Afortunadamente aquel día empezó su descanso. Después de la comida con Sakura pudo caminar un rato antes de ir a ver su atolondrado mejor amigo.
Tocó la puerta frente a ella y esperó mientras sonreía por algunas historias que Sakura le contó. La chica era todo un caso de impuntualidad desmedida por su exagerada empatía.
Resultaba que su difunta madre le heredó a ella y a su hermano una fábrica de cajas, cuando la chica hablaba de esto se le iluminaban los ojos como cuando ella leía un nuevo artículo de cancerología. Desgraciadamente, a la fábrica no le iba tan bien, por eso la castaña a veces se quedaba horas extras ayudando al mecánico o algún otro trabajador. La chica amaba meterse bajo las máquinas y ensuciarse para arreglar y aprender cómo funcionaban.
Su hermano era el encargado de las ventas, ella era una todóloga que nunca estaba en su oficina y su padre se encargaba de los contratos para las materias primas. Eran una familia esforzada y humilde que quería mantener el legado de su madre así no durmieran por días.
Se preguntó si la podría ayudar, tal vez conseguirle un contrato con el hospital...
Antes de poder ahondar más en ese pensamiento, la puerta se abrió levemente y una sombra se vio.
—¿Estamos bien? —preguntó su amigo desde el interior.
Tomoyo no pudo evitar entornar los ojos antes de asentir. Lo escuchó suspirar con alivio mientras que la luz se encendió y la dejó entrar a su departamento.
—Creí que la falta de llamadas eran porque ahora sí había cruzado una línea —dijo el castaño mientras se acercaba a su comedor de donde tomó su celular.
Ella cerró la puerta y se quitó los zapatos, estaba agotada de tanto caminar y con Syaoran tenía la suficiente confianza para dejar un poco el glamour de lado.
—Lo hiciste, pero fue una comida interesante —contó al dirigirse a la sala donde encontró la pantalla encendida y la laptop de su amigo en la mesa ratona. Por un momento se preguntó cómo había adornado para la petición de Akiho, pero sacudió su cabeza y regresó la atención al chico.
Syaoran la vio un segundo antes de volver la atención a su celular.
—Supongo que decidiste unirte, o no estarías aquí.
La pelinegra cruzó los brazos y lo vio con enfado.
—Deja ese aparato, ambos sabemos que no estás haciendo nada, solo no quieres dar la cara.
El chico endureció la mandíbula, ladeó la boca y tras mandarle un mensaje a Sakura de que no estaba muerto, apagó la pantalla.
—Bien —susurró dejando con descuido el celular en la mesa—. Suéltalo.
Tomoyo mordió el interior de su mejillas antes de soltar un fuerte suspiro y señalarlo.
—Las mentiras siempre se descubren. ¿Lo entiendes? —Él asintió—. Si te enamoras, pierdes.
La cabeza de Syaoran se fue lado ligeramente, no entendió eso último, pues era obvio que ni él ni Sakura estaban haciendo eso para enamorarse entre ellos, era más bien para secar el amor que sentían hacias sus exes.
—¿Oook?
Su amiga entornó los ojos antes de darle la espalda para dejarse caer en el sillón donde subió los pies y mantuvo los brazos cruzados. De reojo lo notó acercarse para sentarse al otro lado y mirar la pantalla.
—Akiho no va a regresar, Xiao Lang —le dijo en un perfecto chino—. Si lo estás haciendo por eso... ella no va a regresar.
El aludido bajó la mirada sintiendo su estómago revolverse y el aire escapar de sus pulmones. Lo sabía, siempre se lo repetía, pero algo muy debajo le decía que tal vez sucedería.
—Lo entiendo —respondió en la misma lengua.
Tomoyo asintió antes de observar la pantalla de su laptop, inclinó la cabeza y sintió un brinco en el corazón al ver lo que era.
—¿Estás viendo calentamientos para correr? —preguntó en un hilo de voz.
Syaoran se sonrojó y quiso cerrar la pantalla de golpe, pero ella ya lo había visto. Suspiró de manera audible antes de mirar hacia arriba con enfado.
—Nuevo hobby, pero casi me ahogo... ¿cómo corres?
Su amiga mordió su labio inferior sintiendo una emoción que intentó ocultar, llevaba años queriendo que su atolondrado amigo fuera a trotar con ella y siempre se negaba. Pero al parecer estaba dispuesto a hacer su segunda cosa favorita en el mundo y eso la llenó de expectativa.
—Correr no es lo mismo que trotar, Xiao Lang —le informó con una extensa sonrisa—. Te enseñaré los estiramientos y te explicaré la diferencia, ¿te parece?
El aludido asintió con agradecimiento, ella se los enseñaría y él podría pasarle la información a Sakura para evitar cansarse cuando lo volvieran a intentar. Sin embargo, por la mente de Tomoyo pasó que tal vez sin Akiho en la fotografía, ahora sí podrá ser un poco más agresiva en su coqueteo.
Los capítulos de están haciendo más largos. Ya tengo los próximos tres bien planeados así que espero actualizar cada lunes por las siguientes tres semanas, pero no prometo nada, con el regreso a clases me estoy volviendo loca.
Noté que bajaron las lecturas, ¿cómo les está pareciendo la historia? ¿Está muy enredada? ?
Yo la amo, pero creo que estoy alargando demasiado los dias.
Por ahí tengo la imagen del reglamento de los castaños, luego la subo.
Lien me da pesar ? :( pero ya me hacía falta torturarlo un poco y muy en el fondo lo shippeo con Sakura ^^'
