¡Volví! Ni cuenta me había dado de que ya van 16 capítulos ^^' al menos superé los 10 de la original. Espero terminar esta sin tantos contratiempos.
Bueno, disfruten!
Casualidad o destino.
La primera vez que Eriol la presentó ante su familia se sintió chiquita. Los padres de su ex vivían en una ostentosa mansión estilo inglesa a las afueras de Tomoeda.
Tenían más habitaciones que un hotel, más baños de los que seguro usaban, y una alberca en la que jamás se atrevió a nadar.
Nunca tuvo una relación con sus suegros, más que nada porque ella les huía y a ellos les parecía bien. Pero siempre intentó darles gusto para poder encajar y que su ex se sintiera en paz.
Claro que su relación se tornó un poco más fría cuando se enteró de como desecharon a Lien. Historia que no le contó él, sino, Meiling.
La fría mirada que la repasó sin descaro fue mucho peor que la de su ex suegra, pero sorpresivamente se mantuvo innerte y jamás bajó la vista. Aunque tras escuchar susurrar a Syaoran quién era la dama, quiso esconderse detrás de él y gritar que porqué nadie respetaba la bendita regla seis.
—¿Tienes problemas con tu celular? —indagó la dama con cierto tono borde mientras veía al castaño antes de llevar la atención a la de ojos verdes con una mueca de desprecio—. ¿O estabas muy ocupado para atender?
Sakura notó como el chico se tensó y ella se sonrojó un poco captando la dirección de aquella última pregunta.
Syaoran soltó un breve suspiro y abrió la boca para responder con una profunda disculpa que no serviría de mucho, sin embargo, otra voz femenina lo interrumpió.
—¡Sakura! ¡Syaoran! ¡Qué bueno que llegaron, ya estoy pidiendo la comida! —exclamó una muy sonriente Akiho al aparecer al inicio del pasillo.
Todos voltearon, los castaños casi dejaron caer la boca de la impresión, pues la ex del chico los miraba como si fueran grandes amigos.
—Oh, Yelan, sigues aquí —continuó al acercarse fingiendo sorpresa. Le dió una breve sonrisa antes de entrar al elevador para entrelazar su brazo con la de ojos verdes que estaba tratando de controlar que sus orbes salieran de su cabeza ante la impresión—. Vamos, chica, esperemos a Romeo en la sala de juntas —le dijo jalándola.
—Este... Este... Yo... —Sakura titubeó, hasta se sintió temblar porque no sabía qué estaba pasando. Eso sin mencionar la mirada contrariada del castaño.
—¿Corte y puré, Xiao Lang? —cuestionó Akiho al lograr sacar a la enajenada chica del elevador.
El aludido abrió la boca, al tener la voz perdida por todo lo que estaba pasando, se limitó a asentir una vez.
—¡Perfecto! —exclamó la rubia mientras encaminaba a Sakura a la oficina de su ex—. Aún no me aprendo tu comida, disculpa, pero el menú es bastante amplio...
Las mujeres se alejaron por el pasillo dejando a una dama sumamente molesta y a un castaño confundido y contrariado.
Las puertas del elevador comenzaron a cerrarse al no percibir movimiento, pero la mano de ella se movió a gran velocidad para impedirlo aunque Syaoran tuvo ganas de apretar el botón para que cerrara así su madre se quedara sin dedos.
—Bueno, Xiao Lang, estás lleno de sorpresas, como siempre —espetó ella al entrar para apretar el botón del lobby—. Ya que tus mujeres se llevan tan bien, creo que eres capaz de acompañarme a tomar mi vehículo, ¿verdad? ¿O interfiero en tu ajetreada agenda?
Syaoran suspiró y negó, pero apretó las manos sabiendo que ese día iba de mal en peor.
Una vez que llegaron a su destino y salieron del elevador, ambos caminaron hasta la calle donde él alcanzó a ver a una mujer de cabello rojizo, vestida de manera muy formal, que hablaba por celular mientras un auto negro aguardaba a su espalda.
—¿Todo listo, Mizuki? —preguntó Yelan al acercarse.
La mujer asintió, pidió un segundo en su llamada y volteó a ver a los dos Li.
—Saldrá a media noche, la junta de mañana la moví a las cuatro para que pueda descansar —contestó antes de ver brevemente al chico—. Xiao Lang.
El aludido asintió mientras que la mujer le abrió la puerta a su madre, esta última se detuvo un segundo y lo miró.
—¿Sakura es tu...?
Él tragó pesado, pensó en decir que era una conocida, pero afortunadamente rememoró que Akiho lo llamó Romeo, o sea que confirmó su disparate pasajero.
—Pareja, madre; es algo... Complicado.
Su progenitora lo vio de arriba a abajo.
—En efecto, lo es —masculló antes de abordar el vehículo que la esperaba.
Una vez que Kaho, la mujer pelirroja, cerró la puerta, lo vio con un deje de lástima.
—Intenté avisar, pero estaba pegada cuál chinche —explicó a gran velocidad en inglés.
Syaoran asintió sabiendo que la mujer le tenía un especial cariño y siempre lo trataba de ayudar; pero al final su deber era con su madre, no con él.
—No importa, si van de regreso hoy mismo...
—Ella va de regreso... —interrumpió con nerviosismo mientras ponía la mano en la puerta del copiloto, lo volvió a ver con un deje de preocupación—. Akiho te explicará... Nos vemos.
El castaño arqueó una ceja antes esto último, pero se limitó a cerrarle la puerta a la mujer y se despidió con la mano de ambas una vez que el auto arrancó.
Sabía que su madre no lo dejaría ir con tan solo unas breves palabras y una vaga pregunta... Algo planeaba, y ahora no tenía nada que lo amarrara de manera más oficial a Tomoeda.
Tal vez debería seguir el ejemplo de Meiling y negar su apellido.
A veces se daban situaciones en los hospitales que obligaba a los doctores de varias áreas a dar sus servicios en la sala de urgencias.
Un accidente entre dos autobuses fue el detonante aquél día.
No se daban abasto, literalmente faltaban manos, así que ante la emergencia Eriol se encontró haciendo suturas y curaciones mientras corría de un lado a otro.
—¡Rika, necesito una mano! —exclamó tratando de detener el sangrado en la pierna de un señor de varios años.
La sala era un caos, gritos y lágrimas junto a las sirenas de las ambulancias comenzaban a aturdirle los oídos. Lo peor era que el anciano se quitó el pedazo de metal incrustado en su pierna provocando una hemorragia.
—¡Rika! —llamó de nuevo con cierta desesperación, pues estaba atendiendo al señor en el suelo de la sala dónde corrían enfermeros de un lado a otro con material que sus otros colegas necesitaban.
Al no recibir el apoyo necesario, pues la aludida seguro tuvo que auxiliar a alguien antes de llegar a su posición, con una mano apretó la profunda herida mientras que con la otra se comenzó a deshacer de su bata. Necesitaba hacer un torniquete, el hombre comenzaba a verse pálido y los quirófanos junto a las otras camillas estaban ocupadas...
—Voy a... Debo detener la hemorragia y lo trasladaré a otra área, solo...
El hombre jadeaba, parecía estar a punto de desvanecerse.
Justo cuando empezó a mover el hombro para quitar su bata y usarla para amarrar y detener, dos manos aparecieron sobre la suya.
—Yo aprieto, ve por el material —urgió cierta mujer que le causaba miles de cosas a la vez.
Sus ojos azules se encontraron con esos amatistas que le robaban el aliento, se vieron por unos segundos antes de que él asintiera y se incorporara.
Buscó una camilla, cualquiera, pero todas estaban ocupadas, entonces encontró un par de vendas en su camino y, tras tomarlas, regresó con pasos presurosos hasta donde la doctora Daidouji hablaba en voz baja con el hombre.
—No puedo perder la pierna, mi trabajo... Solo yo atiendo a mi esposa, es muy vieja y... —lloraba el hombre.
—No se preocupe, no la perderá —aseguró Tomoyo.
Eriol regresó al suelo y rápidamente comenzó a poner la venda alrededor de la pierna del hombre para frenar el sangrado.
—¡Doctor! El quirófano del tercer piso está disponible —dijo Rika al llegar con un suero en mano.
Entre los tres atendieron al anciano, la enfermera limpió el brazo caído y ensangrentado del hombre para ponerle el suero mientras Tomoyo ayudaba a Eriol a hacer el torniquete.
—Mi esposa, ella tiene Azheimer, si no vuelvo, ella me olvidará...
—Calma, eso no pasará, dentro de unas horas volverá con su esposa...
Mientras hablaba, Tomoyo notó que Eriol arrugó el entrecejo brevemente. Vio algo en el señor, algo que le preocupó.
—Una silla de ruedas, algo —musitó Eriol al ver a Rika la cual negó.
—Siguen llegando pacientes, fue una carambola, no dos buses —explicó aturdida—. Debemos cargarlo.
Eriol asintió, el hombre era pesado y en cualquier momento se iba a desvanecer. Debajo de su pierna había un charco de sangre, la pieza que el hombre se quitó traspasó. Era increíble que no hubiera entrado en shock dado el dolor que seguro estaba sintiendo.
—Lo vamos a llevar al quirófano, debe apoyarse en mí y...
—Me pondré del otro lado —atajó Tomoyo—. Entre los dos lo podemos llevar al elevador principal.
Rika asintió y se incorporó levantando el suero, los doctores se acomodaron de tal manera que cada uno terminó lado a lado del anciano.
—Mi esposa, ella... No puedo faltar.
—Estará bien —dijo Tomoyo.
Eriol le dio un leve asentimiento antes de que entre los dos levantaran al hombre que soltó un grito desgarrador. Cuando Tomoyo vio la sangre en el suelo palideció un poco, con razón la urgencia y preocupación del doctor Hiragizawa.
—Vamos, vamos —urgió este y con mucho esfuerzo trataron de que el hombre no arrastrara el pie, pues podían empeorar la situación.
—Rika, necesitamos sangre, que en el quirófano...
La enfermera asintió, ya lo había pensado dado lo que vio, pero no se podia partir en mil para sostener el suero y correr al banco de sangre.
Cuando llegaron al elevador, las puertas se separaron y encontraron a un enfermero con una silla de ruedas, al ver la situación el joven abrió los ojos y rápidamente se puso atrás del hombre.
—Aquí, yo lo llevo.
Eriol y Tomoyo pusieron con sumo cuidado al hombre, la doctora se pasó al frente y elevó la pierna para que está no quedará doblada y, por lo tanto, apretada.
—Rika...
La enfermera le entregó el suero a Eriol y salió disparada al banco de sangre. Mientras este verificaba que su paciente siguiera conciente, notó que Tomoyo decía algunas palabras en voz baja, como si estuviera levantando una plegaria.
No entendió mucho hasta que vio por el reflejo del espejo, que sangre seguía goteando, la hemorragia era peor de lo que pensó.
Cuando el elevador se detuvo, los dos doctores y el enfermero corrieron al quirófano. Si no se apresuraban, el hombre moriría desangrado.
—Debes tener muchas preguntas, pero prefiero que llegue Xiao Lang para decirles... —dijo cierta rubia mientras abría las ventanas de la sala de juntas donde actualmente esperaban al aludido—. Yelan es... Supongo que sabes... La llegaste a conocer, ¿no?
Sakura mordió su labio, la mencionada la vio como a una completa extraña, y estaba segura que no apoyaría lo que ella y su hijo estaban haciendo.
—No... —Akiho la miró confundida y ella se aclaró la garganta—. Éramos muy jóvenes, Syaoran sabía que... Pues... Se opondría, por los estudios y todo eso.
La rubia la vio con el ceño fruncido antes de dar un leve asentimiento, tenía algo de lógica aquel argumento, ya que su ex suegra no la aceptaba por la misma razón.
Eso y que nadie estaba a la altura de heredero Li.
Entornó los ojos ante este pensamiento y luego tomó asiento frente a la castaña que veía la puerta cada cinco segundos esperando que su novio la cruzara.
—Me gusta la pareja que hacen —dijo con una diminuta sonrisa y Sakura la miró con ambas cejas arqueadas—. De verdad.
La castaña ladeó la cabeza no esperando la confesión. Pero tampoco confíaba mucho, pues a veces la chica veía a su chocolato con anhelo.
—¿Ok?
Akiho suspiró y giró un poco la cabeza para ver hacia la ventana.
—No te voy a mentir, a veces los veo y recuerdo lo que teníamos... Y me nace ese... —Pasó una mano sobre su pecho de manera circular—. ¿Sentimiento? Es como un eco de lo que me hacía sentir.
Sakura soltó un breve suspiro.
—Pero no busco regresar con él, eso te lo aseguro —continuó la rubia sacando su celular, Yuna estaba a punto de llegar—. Quiero que sea feliz, necesita ser feliz... Yelan... —Resopló hastiada—. Cuando lo conocí era una marioneta.
Sakura recostó la cabeza sobre la mesa de cristal y observó a la ex de su chocolato, no parecía mala, no se veía como una perra ardida. De hecho, parecía triste.
—Uno nunca planea desenamorarse, ¿sabes? —musitó Akiho antes de soltar un profundo suspiro—. El amor y el final de este siempre llegan sin avisar.
La puerta de la sala se abrió y por ella entró Syaoran, miró a ambas mujeres con gesto de confusión antes de encaminarse hacia Sakura con la espalda tensa y los labios en una fina línea.
—¿Qué fue eso? —preguntó con un tono border llevando la mirada a su ex—. ¿La llamaste? ¿Sabías que...?
Ojos azules lo miraron incrédulos.
—¡Con esa relación tan amable que nos cargamos! —exclamó Akiho con enojo—. Te estuvimos llamando por una hora, ¿sabes lo que es entretener a tu madre una hora?
Los orbes ambarinos destellaron con enojo contenido, de semanas.
—Le pudiste hablar sobre las miles de historias que Yuna te cuenta, sobre cómo tomaste el corazón de su hijo...
Akiho se levantó de golpe y azotó las manos sobre la mesa.
—¡Y ahí está! El reclamo. —Casi gritó—. Te habías tardado, Xiao Lang; semanas de romper y apenas vienes con tus quejas...
—¡Rompiste lo nuestro sin avisar! ¡Tenías maletas hechas...!
—¡Llevaba días diciéndote que me estaba asfixiando! —gritó ella al señalarlo—. ¡Nunca me escuchas!
Sakura se quiso hundir en la silla, la ex pareja en la sala de un momento a otro comenzó a reclamarse en inglés así que no entendió mucho de lo que se estaban gritando. Pero por las lágrimas contenidas de la rubia y el enojo de su chocolato, sabía que eran palabras duras.
Poco a poco fueron alzando la voz hasta que un toque firme los hizo detenerse a ambos en medio de reclamos de lo que callaron desde que terminaron.
—Eh... Kaito... Tiene cita —titubeó Naoko, una chica de lentes que era la secretaria de Akiho.
La rubia respiró varias veces, con fuerza, para tratar de calmarse. Era increíble que su ex creyera que ella llamó a Yelan para irle con el chisme de su nueva novia.
Aunque sí fue ella quien le contó, fue más para sacarla de la idea que tendría a Syaoran bajo su control.
—Gracias, Naoko, ya voy —dijo tratando de tragar el nudo en su garganta. Nunca creyó que terminaría tan mal con el castaño.
Syaoran bajó la mirada y se encontró con orbes verdes que lo vieron con preocupación. Sintió sus mejillas llenarse de color ante la vergüenza de haber peleado frente a ella.
—Sakura, lo lamento... Esto no... —susurró Akiho.
La aludida miró a la otra y negó varias veces. Si fuera ella con Eriol, habría ignorado que tuvieran audiencia con tal de decirle que era un desgraciado. No sabía la versión de ella, pero parecía tan dolida como su chocolato.
—No pasa nada —susurró antes de volver a mirar a Syaoran.
La rubia asintió captando la indirecta de que necesitaban estar a solas y, tras tomar sus cosas, salió de la sala.
Una vez que solo fueron los castaños, Syaoran se dejó caer en la silla junto a Sakura y puso los codos sobre sus rodillas para pasar ambas manos a lo largo de su rostro una y otra vez.
—¿Te sientes mejor? —preguntó en voz baja su acompañante.
Él dejó caer la cabeza y después de unos segundos de silencio, negó.
—No debiste estar en medio, es solo que... No sé... Todo explotó.
La chica hizo de lado la boca y tras poner sus propias manos sobre las rodillas del chico, se asomó por debajo para captar su mirada y sonreír ligeramente.
—Necesitamos una nueva regla seis.
Él parpadeó varias veces antes de gemir y azotar la cabeza en su silla.
—Dios, y justo el mismo día.
Sakura rio antes de mover la cabeza de manera negativa.
—Si me preguntas, salió mejor que cuando conocí a mi ex suegra; la señora mandó a hacer bocadillos de paté y me la pasé tirando todo en una enorme maceta por la entrada del comedor...
El chico la escuchó con atención, pero no pudo ignorar el hecho de que Sakura desvío la plática de la incómoda pelea a un tema más agradable, para que dejara de sentirse mal.
Levantó la mirada y la encontró haciendo ademanes de asco mientras seguía hablando de la horrible comida de aquél día y no pudo evitar sonreír.
Jamás entendería como el idiota cuatro ojos fue capaz de dejarla plantada.
Akiho se echó agua varias veces en el rostro y tras secarse, detalló su maquillaje.
Aún tenía los ojos rojos, eso no se iba a ir en un parpadeo. Odiaba llorar, detestaba que no lo pudiera ocultar.
Por más que hiciera Yuna se daría cuenta y no estaba para contarle su trágico final con su ex. Ni siquiera tenía una explicación real que no tuviera que ver con él.
Después soltar un muy fuerte suspiro, se arregló el cabello, se enderezó y salió del baño.
Cuando lo vislumbró en su sala de espera, con un libro café en mano, un escalofrío la recorrió. Hablando de sentimiento bipolares.
Él levantó la mirada y le dió una sonrisa antes de incorporarse. Tomó la mochila a su lado y acomodó su libro bajo el brazo.
—¿Shakespeare? —preguntó Akiho al abrir su oficina.
Yuna rio y negó con la cabeza.
—Wilde.
La rubia se encaminó a su escritorio para sacar los bocetos que el hombre tenía que aprobar, los acomodó todos en la cara madera e intentó no elevar la mirada.
—Quiero creer que tus ojos rojos son por falta de sueño, pero tienes las mejillas rojas y aún te tiemblan un poco los labios —susurró Yuna mientras movía de un lado a otro los bosquejos de su campaña—. ¿Mal momento? Podemos cambiar la cita...
Ella negó varias veces antes de suspirar. Se quedaría sin aire ante tanto suspiro. Tomó asiento en su silla e invitó a Yuna a hacer lo mismo.
—No, solo un enfrentamiento que debió pasar hace mucho.
El hombre cruzó una pierna para verla con un gesto indescifrable.
—¿Sientes que se te quitó un peso de encima?
Aunque Akiho quiso admitir que sí, la verdad era que sentía que algo la aplastaba. En realidad no cerró ningún ciclo con Syaoran, solo se gritaron cosas guardadas.
—No, creo que me está agobiando incluso más que antes.
Yuna entrelazó sus manos y las dejó sobre su regazo. Era un hombre con unos modales impecables.
—Entonces necesitas más que un enfrentamiento —señaló él antes de sacar su celular—. Pero si quieres desahogarte para poder llegar a eso sin sentimientos explosivos, debes saber que soy bueno escuchando.
Akiho sintió algo cálido derramarse por todo su cuerpo, no pudo evitar sonreír cual colegiala emocionada.
—Para eso son los amigos, para escuchar cuando es necesario —continuó Yuna con una sonrisa apacible.
Y entonces hielo cayó del cielo para dejar innerte y muda a la rubia.
—¿A... amigos? —titubeó sintiendo su estómago revolverse a un grado tan fuerte que experimentó dolor.
El hombre asintió ajeno al disparo que sin querer realizó.
—Claro, creo que la línea de relación de negocios la cruzamos hace tiempo, y me agrada esta amistad.
Akiho bajó las manos a su regazo y las apretó con fuerza.
—Claro, a mí también —dijo obligándose a inyectar una falsa sinceridad.
Yuna asintió antes de inclinarse sobre el escritorio para tomar un boceto.
—Me gusta este, va con la idea que comenté en un inicio...
La chica pretendió que nada estaba pasando, pero sentía que moría de vergüenza y decepción al caer en cuenta en que la mandó a la friendzone.
Eriol se quitó sus guantes mientras veía como el anciano era llevado a recuperación. Estaba agotado, llevaba mínimo cuatro horas en quirófano tratando de salvar una pierna.
Por supuesto que esa no era su área de experiencia, pero reconectar un corazón tenía mucho de conectar venas, cerrar hemorragias y demás, fue por eso que se aventuró a ayudar ante la falta de cirujanos disponibles en el momento de la tragedia.
Terminó bien, eso quería creer. Frenaron el sangrado, curaron y cerraron. Ya más adelante verían si aún había sensibilidad, pues muchos nervios fueron afectados.
Hizo una línea con la boca ante este último pensamiento antes de quitarse su gorro y su mascarilla para soltar un suspiro.
No podía fallarle a otro paciente.
Se giró para entrar a quitarse su traje quirúrgico, abrió la puerta y dió un paso adelante antes de detenerse de golpe al encontrarse con ojos amatistas.
Tomoyo también se sorprendió, creyó que el doctor Hiragizawa estaba dando instrucciones o algo, pero al encontrarse con su mirada azul, decaída, no pudo evitar sentirse un tanto mal.
—Perdón —dijo él al hacerse a un lado para que pasara. La doctora ya estaba cambiada.
Tomoyo asintió y salió, no avanzó mucho antes de voltear.
—Eriol...
El aludido se detuvo a medio paso, pues nunca creyó volver a escuchar su nombre salir de los labios de la hermosa doctora. Pero giró el rostro y la vio expectante.
Ella le dió una muy leve sonrisa.
—Lo hiciste bien, estará bien.
Durante la operación la doctora atestiguó la entrega de su compañero, de cómo se concentraba para reconectar, cerrar y demás. Fue fascinante verlo trabajar, pero, de igual manera, lo encontró titubear y dudar de su trabajo.
Sospechó que aún le pesaba la reciente muerte de uno de sus pacientes.
Ojos azules la vieron un tanto inexpresivos antes de que él asintiera y entrara para cambiarse. Pero una vez que estuvo fuera del alcance de esos ojos que lo enamoraron, el doctor se quedó apoyado en la puerta y apretó lo que llevaba en las manos.
¿Cómo era posible que unas palabras, ligeras, le dieran la suficiente fuerza para agarrar y regresar a la sala de emergencias a buscar más gente que ayudar?
«La persona correcta siempre debe sacar la mejor versión de ti» la voz de Sakura resonó en su cabeza.
Tomoyo era la persona correcta, en el momento equivocado, en el universo erróneo.
Suspiró con fuerza antes de negar y disponerse a cambiar para regresar a ayudar... Tratando de evitar que una vez más tuviera que trabajar con la mujer que sacó lo mejor y peor de él.
Tomoyo se encaminó a su área para ver a sus pacientes, la sala de emergencias ya estaba controlada así que pudo volver a sus actividades.
Antes de entrar a su oficina, vislumbró a una mujer vestida de rojo con cabello del mismo tono. Veía a ambos lados buscando y la doctora no pudo evitar fruncir el ceño al reconocerle.
¿Que estaba haciendo Kaho en Tomoeda?
Cuando sus miradas se encontraron, encontró alivio mezclado con miedo. Suspiró de manera disimulada sabiendo qué hacía ahí... Y a quién acompañaba.
—¿Está en mi oficina? —preguntó, cansada.
Kaho la miró con lástima antes de asentir.
—Está peor que nunca —masculló la otra mujer, hastiada—. Debo regresar con Xiao Lang, el chófer se quedará...
Tomoyo arqueó una ceja y Kaho negó dándole a entender que no tenía tiempo para explicar, pero que ya se enteraría. Tras una despedida sin palabras, la doctora empuñó la manija antes de cerrar los ojos y echar los hombros para atrás.
Al abrir, encontró justo lo que esperaba: Una mirada ambarina, llena de seriedad, que al verla se llenó de emoción mal infundada.
—¡Tomoyo, querida! —exclamó Yelan al incorporarse—. Espero no te moleste la intromisión.
La aludida quiso decir que aunque lo hiciera, no importaría porque la mujer hacía lo que quería. Pero solo se obligó a sonreír.
—Claro que no, solo es un día complicado.
La madre de su mejor amigo estuvo sentada en su silla, ahora que había llegado se movió con gracia para acomodarse en el otro lugar. Cruzó las piernas y puso las manos en su regazo mientras la observaba en silencio.
Tomoyo fingió no prestarle atención de más, pero algo muy dentro de ella sabía que ya había ido a ver a su mejor amigo.
—Sabes a qué vengo, ¿verdad? —preguntó Yelan con seriedad mientras la pelinegra tomaba asiento.
La doctora soltó un imperceptible suspiro lleno de agobio. La dama frente ella tenía la mala costumbre de querer meterla en medio de su hijo y ella.
—Tengo una ligera sospecha.
Yelan asintió.
—¿Qué tan serio es lo de ellos?
Esa misma conversación la tuvo años atrás cuando Syaoran inició su relación a Akiho. Claro que ella siempre tuvo la ventaja por tener a la matriarca Li de su lado, pero su amigo... Jamás fue de inclinarse ante su madre.
—Te mentiría si dijera que lo sé —repitió lo que declaró años atrás.
La dama movió la cabeza de manera afirmativa.
—¿Recuerdas que te dije que lo de Shinomoto no duraría?
Tomoyo entrelazó sus manos sobre el escritorio y las apretó. Claro que lo hacía, en aquél tiempo la mujer le alimentó las esperanzas asegurando que Syaoran correría a ella con la decepción en las entrañas.
—Duraron cinco años, Yelan.
La aludida asintió con media sonrisa en los labios, se inclinó levemente hacia el frente y la doctora alcanzó a ver emoción.
—Pero no fallé en mi predicción.
Tomoyo apoyó la espalda en su silla.
—No viniste a alardear sobre eso... Y tengo pacientes que ver.
Tomoyo respetaba a la mujer, pero cuando ella veía a Syaoran como un muñeco a mover, le brotaba la vena defensora.
—Tomoyo, tan parecida a tu madre —dijo Yelan al incorporarse—. No durará con la chica japonesa, lo sabes, así que cuando acabe, quiero que regresen a Hong Kong a tomar el lugar que les espera.
La doctora arqueó una ceja, incrédula.
—¿Regresen?
Yelan asintió tomando su bolsa.
—Querida, la heredera Daidouji debería estar manejando un hospital, no trabajando en él, y sé por fuentes confiables que te esperan con los brazos abiertos.
Tomoyo hizo una fina línea con la boca. No era un títere a disposición de la matriarca, así la haya medio criado, no le debía nada.
—Yelan, me necesitan en Tomoeda...
—Ya encontrarán a alguien más.
—Y Xiao Lang no quiere las empresas...
—Ya lo convencerás.
Y fue tanto el descaro de la matriarca Li, tanta su aferradez a tener a su hijo a su merced, que Tomoyo no pudo callar.
—Ellos se aman, están por mudarse juntos; no voy a ayudarte a romper, de nuevo, una relación que llena a Xiao Lang de paz —espetó al levantarse de su silla.
Claro que recibió una mirada enfurecida, pero eso no la hizo titubear.
—Dejaste a Kaho para espiarlos, me parece bien, así te darás cuenta que lo de ellos es mil veces más fuerte que lo que tuvo con Akiho —señaló cruzándose de brazos—. No te confesé mis sentimientos hacia él para ser tu cómplice, Yelan, fue por una confianza de la que has abusado.
La aludida entornó los ojos y negó.
—Sabes que Xiao Lang no pertenece a este pueblo, ni a esa chica, quien quiera que sea... Y espero que cuando te des cuenta de que estás dejando ir la oportunidad de volver a tu hogar, a tu destino, no sea demasiado tarde.
Un escalofrío recorrió a la doctora, pues aquello sonó un tanto a amenaza.
Pero amaba a Syaoran, no dejaría que su madre lo manipulara ni festejara sobre sus desgracias para tenerlo bajo control.
—Y yo espero que cuando te des cuenta de lo increíble que es tu hijo, fuera de tus garras, no sea demasiado tarde.
Y así fue como rompió el lazo con la que bien pudo, o podría, ser su suegra... E hizo la mentira de su mejor amigo incluso más grande.
Cuando Syaoran salió por la comida llena de verduras que pensaba hacer que la castaña ingiriera, no se imaginó toparse con Yuna, ni mucho menos terminar escondido detrás de un muro como un adolescente perseguido después de una fechoría.
Pero ahí estaba, viendo y escuchando como su ex se despedía del hombre con un cariño que lo hizo endurecer la mandíbula y apretar la bolsa que llevaba en las manos.
Una vez que vislumbró por un reflejo que el hombre se metía al elevador y su ex regresaba a su oficina, soltó un sonoro suspiro y negó varias veces con la cabeza.
Debía madurar, admitir que habían terminado o su agencia sufriría las consecuencias.
Con ese pensamiento en mente salió de su escondite y se dirigió a su oficina. Tras abrir, la encontró inusualmente vacía pero con música resonando desde su pc.
—¿Dónde estás? —exclamó poniendo la bolsa de comida en la mesa ratona en medio de su oficina.
—¡Baño! —exclamó Sakura de regreso—. Estoy pálida, parezco fantasma —continuó al abrir la puerta para salir del lugar con las manos en las mejillas.
Syaoran la miró de reojo, en realidad la chica sí estaba pálida.
—Es por comer mal —señaló y escuchó un gruñido que lo hizo sonreír—. Bien, dejo el tema... Por ahora.
Sakura se encaminó a ver lo que había llevado y arrugó el entrecejo al encontrarse con ensaladas y fruta... Pero antes de poder reclamar, su chocolato se fue a sentar frente a su computadora.
Al ver lo que estaba en la pantalla, Syaoran ladeó la cabeza.
—¿Estás buscando un departamento?
Sakura sacó una galleta de avena con arándanos, el hombre sabía cómo recompensarla por darle comida para conejos.
—No quiero seguir con Touya, es incómodo —admitió en un bufido—. Y debo independizarme...
—¿No ibas a volver con Meiling? Corrió a Lien apenas pudo para eso, ¿no? —interrumpió con una ceja arqueada.
La castaña se dejó caer en uno de los sillones del chico y mordió la galleta mientras veía a la nada. Syaoran supuso que estaba pensando y la extrema lentitud con la que masticaba era para ganar tiempo.
—Incómodo —repitió con fastidio y recibió una mirada contrariada—. Te envidio, tienes Spotify premium y yo me tengo que aguantar sus anuncios...
El castaño entornó los ojos. Ahí iba de nuevo a cambiar el tema para no ahondar en cosas que le molestaban u ocultaba.
Arrugó un poco el entrecejo, al fondo escuchaba a la chica parlotear sobre lo molesto de los anuncios pero su mente llegó a la conclusión de que sin realmente intentarlo, ya conocía bastante bien a Sakura y viceversa.
Aquella noche después ir a dejar a la castaña al departamento de su hermano, Syaoran se dirigió al hogar de su mejor amiga tras confirmar que estaría ahí.
Tomoyo vivía en una pequeña casa en el Valle de Tomoeda. Era como una cabaña de dos recámaras que tenía como jardín un bosque... Algo así. La chica vivía en una privada que asemejaba un enorme bosque.
Su amiga doctora necesitaba momentos de paz y los encontraba en su hogar.
Al estacionarse y tomar su celular, le mandó un mensaje rápido a Sakura recordándole que tenían una cita para ir a ver uno de los departamentos a las cinco de la tarde.
El plan no era ir con ella, pero cuando vio que la chica se estaba concentrando en precios y no en ubicación, descripción y que tuviera al menos una ventana, decidió ir con ella antes de que terminara en un lote baldío con una casa de madera o cartón.
Salió de su vehículo y puso la alarma, se encaminó a la puerta y tocó el timbre que resonó con fuerza antes de que ladridos se percibieran.
—Basta, Spinel —exclamó Tomoyo mientras se escuchaba como abría, una vez que lo hizo y encontró a Syaoran, sonrió con evidente felicidad.
—¡Extraño! Ya casi no te veo —bromeó al hacerse a un lado para darle el paso.
El chico metió las manos a las bolsas de su pantalón.
—Nuestros horarios se la pasan chocando, por eso se me hizo raro que quisieras que viniera justo en tus horas de descanso —señaló mientras era olfateado por el labrador negro de su mejor amiga.
Tomoyo bufó con disimulo pero lo invitó a su sala. Tenían que hablar, soltó la lengua de más...
—¿Supongo que tuviste una desagradable visita? —dijo ella sacando dos copas para servir judo de manzana burbujeante en cada una de ellas.
Su amigo entornó los ojos, tomó asiento y aceptó la copa.
—¿Fue al hospital? —La pelinegra asintió—. Increíble —espetó antes de beber de un trago el contenido de su copa.
Tomoyo se puso un pantalón de mezclilla con la sudadera de su universidad. Sabía que se veía coqueta, así que se sentó subiendo sus piernas de lado e intentó que Syaoran la viera... Pero nada.
Siempre sospechó que el chico era más de conexiones que de físico, así que ahí iba su apoyo incondicional.
—Quiere que vuelvas —empezó y recibió una mirada hastiada—. Que te lleve de regreso —rio con ciertos nervios.
Él la miró por largos segundos que le parecieron una eternidad. Su mirada ambarina era pesada y penetrante, le ponía las piernas como gelatina y el corazón alterado... Y él no lo sabía.
Soltó un fuerte suspiro antes de mirar hacia arriba.
—Como niño chiquito...
—Como pareja...
Entonces el silencio en la sala se volvió incómodo, Tomoyo bebió todo lo de su copa y pensó en una frase irónica y divertida para quitarle seriedad al asunto.
—Creí que había desistido —masculló él con el ceño fruncido—. Lleva desde mi adolescencia con eso...
Tomoyo casi se atraganta con su bebida. De hecho, tosió varias veces antes de poder calmarse. Syaoran solo la miró con una ceja arqueada, no estaba impresionado ni asustado... Nada.
—¿Qué? —Logró preguntar ella.
El castaño negó antes de mirar, de nuevo, hacia el frente.
—Cree que somos la pareja perfecta, sino fuera porque su base es el apellido, le creería que le importa mi felicidad —explicó con un encogimiento de hombros y luego la volvió a mirar—. Pero no nos veo juntos... ¿Tú sí?
Tomoyo quiso gritar que sí y agárralo a besos y cachetadas. Era increíble que desde hacía años él sabía de las intenciones de su madre y jamás se lo dijo... Que jamás se lo planteara o les diera una oportunidad.
¡Lo amaba! Ella era perfecta para él.
Pero la mirada decaída y frustrada de su amigo la detuvo de caer en sus confesiones sin sentido.
—Obvio no —rio desviando la mirada—. Dejó a Kaho para espiar.
Lo vio de reojo asentir y pasar una mano por su rostro.
—Y justo cuando Akizuki pide incapacidad... Hasta parece planeado —gimió pasando una mano por su cabello.
Tomoyo la vio confundida.
—¿La vas a contratar?
Syaoran dudó, movió la cabeza de lado a lado y bufó.
—Llega casi caída del cielo, conoce la agencia al derecho y al revés, a mí también... Es temporal.
La pelinegra dejó su copa. Bueno... Debían dar un buen show.
—Preguntó por lo tuyo con Sakura y le aseguré que iban en serio... Que se mudarían juntos.
El chico tapó su rostro con ambas manos y negó.
—Esto es increíble, no... Así nunca vamos a lograr nuestro cometido... Aunque ella estaba buscando un departamento... O pocilga...
Tomoyo rio y ladeó la cabeza cuando él sacó su celular para enseñarle la foto de uno de los departamentos que pensaba ir a ver.
—No la entiendo, quiere ver los peores lugares de Tomoeda...
—Supongo que la situación en la fábrica es peor de lo que mencionó... —Syaoran la vio contrariado y ella arqueó una ceja, incrédula—. Ya sabes... Que están casi en banca rota... Quise hacer algo, un contrato con el hospital, pero ya hay uno por cinco años con otras personas...
Syaoran llevó la mirada a su celular y endureció la mandíbula. Comenzó a recordar a Sakura arreglando la máquina, haciendo mil cosas porque no le gustaba molestar a otros... O no había otros... Que prefería caminar que gastar en transporte.
La chica estaba ahorrando, por eso detestó gastar tanto en un vestido que seguía arrumbado en una bolsa negra.
Soltó un breve suspiro y abrió su chat con la chica. Ella le había contestado con emoji de pulgar arriba.
Eran novios de chocolate y ella no le contaba todo. No supo porqué, pero se sintió un tanto frustrado... Y dolido.
Lo iba a matar, apenas lo viera lo iba a matar.
¿Tenía sus asuntos en orden? Obvio no, ¿quién hace un testamento a su edad?
Tal vez debió pensar en eso antes de citar a cierto hombre.
Aún podía cancelar, mejor hablar... No, ahí estaba, rayos, ya lo estaba viendo con odio desde la distancia... ¿Cómo podía matar con la mirada?
—Mocoso —espetó cierto cuñado de chocolate al sentarse para verlo con cara de pocos amigos—. Si vas a pedir la mano del monstruo es un no rotundo.
Syaoran levantó ambas cejas con sorpresa.
—No... Claro que no... En todo caso se lo tendría que pedir a tu padre...
Orbes cafés lon miraron con algo que iba más allá del odio, lo vio prepararse para incorporarse o apuñalarlo, cualquier opción era mala.
—Es sobre la fábrica...
—No es tu asunto...
—Quiero ayudar...
—Y yo que la tierra te trague, pero no podemos obtener todo en esta vida.
Syaoran suspiró con fuerza y negó. Bajó la mirada a la mesa y arrugó el entrecejo en concentración antes de volver a mirar al mayor de los Kinomoto.
—Sabes que ella ama esa fábrica... Que si la pierden parte de ella partiría... No es caridad, es trabajo.
La mirada de Touya era de las más pesadas que había enfrentado. Pero también de las más sinceras y logró percibir la preocupación que causaron sus palabras.
Syaoran miró detrás de su cuñado y levantó la mano para pedirle a alguien que se acercara. Tras unos segundos, una dama de cabello rojizo, casi tan alta como Touya, apareció en la mesa con un folder negro.
—Ella es Kaho Mizuki, mi asistente temporal —explicó el chico tomando el folder y abriéndolo para revisar el contrato que pensaba ofrecerle a Touya—. Quiero que se hagan cargo de todo lo que es cartón...
Pero al estar tan concentrado en tratar de encantar a su cuñado con un contrato que beneficiaba ambas partes, se perdió del verdadero encantó que cayó sobre Touya Kinomoto al cruzar la mirada con Kaho Mizuki.
NA: Los capítulos de conexiones me cuestan horrores, pero fueron más de 6k palabras así que espero los haya entretenido.
El próximo capítulo viene cargado de cositas jajajaja. Quiero meter un poco más a Eriol porque se me quedó un poco de lado.
¿Cómo los trata la vida?
