-Debes reclutar más miembros. – Exigió Machi a Bonolenov.
Chrollo se había quedado dormido, por lo cual Machi pensó que ese momento sería el idóneo para pedirle ese favor a uno de los pocos miembros que quedaban de la Araña. Sin embargo, Bonolenov lejos de verlo como un momento ideal, se encontraba demasiado tensionado, con su mente abstraída en sus propias cavilaciones e intrigas, muy confundido como para saber que decir.
-¿Y dejarte sola? – Murmuró el guerrero preocupado.
-Claro que no estoy sola. Tengo a Chrollo a mi lado. Mientras él esté conmigo, nada saldrá mal. – Dijo Machi con una tranquilidad anómala.
Bonolenov tragó saliva, nervioso. Machi había estado perdiendo el buen juicio desde que desmantelaron el hospital San Judas Apóstol, pero en aquel momento era claro para Bonolenov que la ninja ya fuera por el estrés de haber perdido a tantos miembros de la Araña en formas tan inusuales y violentas, por la enfermedad de Chrollo o su embarazo, Machi había enloquecido. ¿Cómo podría defenderse sola? ¡Y más con Kurapika persiguiéndola!
A Bonolenov le valía un comino si el terminaba preso, muerto o torturado; esa era su penitencia por haberse dedicado al crimen pese a ser un hombre honesto. Pero Machi…
¡Machi no podía ser víctima de semejante destino! ¡Y menos con una niña por nacer en su vientre! ¡Tenía que quedarse a protegerla a ella y al muy enfermo de Chrollo!
Eso sin contar que él no tenía la más remota idea de donde conseguir más miembros, mucho menos de qué forma convencerlos de unirse. En su momento Chrollo pudo seducir a Bonolenov a formar parte de la Brigada Fantasma usando su sed de venganza a su favor, pero Bonolenov no tenía ni idea de que manera podría atraer a alguien a la Brigada Fantasma ni que características tenía que tener esas personas.
-¿Puedo contar contigo? – Preguntó Machi a Bonolenov.
Bonolenov se quedó sin hablar por un largo rato, inseguro de que decir o que hacer.
-Lo haré en cuanto nazca tu Sarasa y tú te recuperes. Por ahora tu eres la más importante. – Contestó Bonolenov.
-Tú sabes bien que no lo soy. Lo más importante es que sobreviva la Araña. Remplacemos las patas perdidas para que no muera desangrada. – Afirmó Machi.
Bonolenov soltó una pequeña risa estresada por lo incoherente que era la situación. La mayoría de los miembros estaban muertos y dentro de poco la Araña quedaría decapitada y moriría. Era inevitable. Quizá al no ser un miembro original de la Araña o al ser quien tenía más edad entre los integrantes de ella Bonolenov nunca terminó de creer que el ideal de la Araña viviría para siempre. Si su tribu milenaria pereció ante las empresas inmobiliarias y agronómicas que querían sus terrenos, no había nada que garantizara que una pandilla de apenas trece integrantes sobreviviera para siempre. Incluso, según la Biblia, los Doce Apóstoles de Jesús habían muerto como mártires a manos de los romanos y dentro de la ciencia astronómica se hipotetizaba que en un futuro lejano el mismísimo universo perdería toda su materia y el tiempo dejaría de existir. ¿Qué esperanza había para ellos, siendo solo una aglomeración de desadaptados convertidos en ladrones y terroristas? El crimen nunca pagaba y Bonolenov lo sabía desde el inicio. Siempre supo que la Araña llegaría a ese punto. Lo que nunca supuso fue que terminaría él sobreviviendo lo suficiente como para contemplar su vergonzoso ocaso. Ese desmembramiento tan doloroso e inevitable que ahora lo tenía al borde del colapso emocional.
La tos de Chrollo hizo que Bonolenov saliera de sus pensamientos. Aparentemente había despertado y estaba adolorido.
-No te preocupes jefe, iré por más té y analgésicos para… - Pero antes que Bonolenov continuara Chrollo lo interrumpió.
-Ya no me digas jefe, Bono, para ti soy Chrollo. Y en segundo, no quiero esas porquerías, no aún. Necesito pensar y estar con Machi un rato. Además, tu serías más útil consiguiendo más miembros para la Brigada Fantasma. Por eso necesito que vallas a Ciudad Meteoro y reclutes a más gente capaz. – Dijo Chrollo.
Bonolenov no se atrevió a contradecir a su jefe, por lo que asintió y simplemente salió de la habitación de Chrollo, aunque internamente le preocupaba de sobremanera todo lo que estaba pasando a su alrededor. Bonolenov estaba harto. Ya no aguantaba más ser miembro de la Brigada Fantasma, ni seguir ocultándole todo a Chrollo, ni ver a la mujer que deseaba delirar con reconstruir la Araña. Bonolenov estaba cansado y ya no aguantaba todo ese mundo criminal en el que, sin querer queriendo, se había internado. Eso sin contar la culpa que lo arrastraba por haber usado a Shizuku sin sentir nada por ella y del hecho de que lejos de protegerla, el posiblemente, hubiera contribuido a su muerte. Machi insisitía que Kalluto había sido el culpable, pero a Bonolenov no le cabía en su cabeza que un niño tan inocente hubiera podido matar a quien consideraba su camarada y a quien por tanto tiempo había ayudado tan adictamente. Aunque tenía que admitir que el hecho de que Kalluto llevara desaparecido desde que Machi le comentó su teoría de conspiración al respecto, le daba muy mala espina.
Bonolenov suspiró cansadamente. Quizá se estaba volviendo loco, quizá necesitaba solamente un buen vaso de agua helada y algo que comer para volver en si mismo. El guerrero boxeador se dirigió a la cocina y fue hacia el congelador, planeando servirse algunos hielos para tomar su agua y quizá algo de helado de menta y chocolate, de ese que le gustaba tanto a Shizuku. Pero tan pronto abrió el congelador vio una escena digna de una película de terror: el cadáver de Kalluto, descuartizado e inexpresivo, yacía en el refrigerador.
Bonolenov sintió como si estuviera a punto de desmayarse. ¡Machi había ejecutado a un niño y lo había ocultado a plena vista! Pero ¿Acaso eso tenía algo de sorprendente? La Araña no era un club de niños exploradores, ellos eran asesinos y no les importaba si eran niños o ancianos. De hecho, ya en el pasado, él los había visto matar inocentes y niños mucho más jóvenes que Kalluto. ¿Sería acaso hipócrita de su parte sorprenderse de una atrocidad que siempre supo que la Araña cometía y peor aún, en la que él había participado? Fue allí cuando Bonolenov sintió que el mundo se caía a sus pies… todo el honor que pensaba tener era inexistente. Él, al igual que el resto de la Araña no eran más que ladrones y asesinos inmorales. El hombre honrado que pensó que era él y al que su difunta familia había admirado y amado tanto no existía: murió cuando se unió a la Araña.
Bonolenov, asustado de sí mismo no lo podía soportar más. Tenía que acabar con el horroroso hombre en que se había convertido.
Raudamente, Bonolenov corrió a la cocina, donde los medicamentos de Chrollo estaban guardados y agarró sin fijarse en etiquetas ni indicaciones la mayor cantidad de tranquilizantes que pudo, comenzándolos a tomar sin ton ni son, ayudándose con su milagroso té alucinógeno para pasárselos por su garganta. Poco a poco la realidad dejó de tener sentido para Bonolenov, quien, con la mente contaminada por tantos medicamentos, comenzó a delirar… comenzaba a escuchar a su familia, a sus amigos, los sonidos de la selva en la que había nacido, todos tan vividos que sentía como si mágicamente hubiera regresado a su desaparecida aldea natal. Trató de moverse a tomar otro trago más de té, sin embargo, su cuerpo no respondió, desplomándose al suelo con la mirada perdida.
Poco a poco, su corazón fue desacelerándose, hasta que finalmente se detuvo y el valiente gyudondond dejó de respirar, cortando definitivamente a la octava pata de la Araña.
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Bueno, disculpen si me he tardado en publicar. Últimamente he tenido varias entrevistas laborales y he estado muy ocupada con unos proyectos personales mios. Como se darán cuenta este fanfic va por la ronda final y es cuestión de tiempo para que todo colapse bajo su propio peso, muahahaha….
Muchas gracias a Monnies por sus siempre acertados comentarios y disculpen por mi aparente ausensia; espero este 2024 poder publicar más seguido.
