Un santo no tan santo

Parte 1 Lealtades.

Después de muchos años, finalmente llegaría la era actual y ahora era el año 1990 y Seiya de Pegaso bajaba hacia las tierras japonesas después de permanecer varios años en Grecia.

—¡Finalmente estoy en Japón!—.

Seiya tenía en sus manos su Caja de Pandora que se había ganado por derecho propio y ahora se dirigía a la mansión de los Kido.

—Por fin veré de nuevo a Saori, aún debo de arreglar cosas con ella—.

Aunque sabía exactamente como se vería ahora, no pudo dejar de pensar que quería pasar tiempo con ella. ¿Habría pensado un poco en él?

—Seiya, ¿eres tú?—se oyó una voz en el teléfono.

—Seika, que bueno que sigues aquí. Pensé que no podría encontrarte—.

—Estoy bien, Saori cumplió su promesa contigo. Que bueno que hayas logrado regresar a salvo—.

—Solo tengo una pregunta, ¿de casualidad no te metiste en el ejército de Athena?—.

—Eh, tengo que irme—colgó Seika rápido.

—Esta idiota, se lo dije—.

¿Qué constelación habría conseguido Seika? Curiosamente ella y su maestra Marin compartían el mismo día de cumpleaños, así que podría haber sido la santo de Águila. Aún así, esa armadura estaba ocupada y tendría que Cloth la escogió.

Después de eso, hizo una pequeña parada a un dojo especial y era la casa de una vieja conocida a la que pidió acceso.

—Seiya, ¿volviste? Fue más pronto de lo que acordamos, se supone que volverías después—dijo Shoko al ver a Seiya.

—Si Eris comienza su ataque y Saori aún está en su época de diosa inútil, tenía que llegar antes. ¿Quién la va a proteger? ¿Jabu?—.

—Cuando lo dices de esa forma, te entiendo. Pasa—.

Seiya vio las fotos de Shoko y su hermana mayor que era extrañamente idéntica a cierta mujer que apareció en la guerra santa, pero ese era el detalle menos importante.

—¿Tu padre adoptivo es hermano de Tatsumi? Ay no, que pequeño es el mundo. Ahora sé cómo se ve con cabello—miró Seiya una foto.

—No quiero más teorías de conspiración que quiero conservar mis recuerdos bonitos. ¿Qué tal te fue con tu misión en Grecia? Espero que hayas podido convencer a tu maestra de aliarse con nosotros—.

—Bueno, si tuve resultados. Marin nos va a ayudar en lo que sea por Saori—.

—Ah que bien. Recuerdo que Marin era bastante enojona, ¿cómo es que accedió?—.

Flashback…

—¡Aaaaah, Seiya! ¡Se siente tan bien, que buen alumno eres! ¡Aaaaah, más duro! ¡Hazme desfallecer!—se oían los gritos de Marin en el lugar pero nadie sospechaba algo.

Flashback fin…

Seiya sudaba frío y Shoko miró sospechoso al santo que recordaba lo que tuvo que hacer.

—Dime que no es lo que pienso—.

—¡Sabes que no tuve elección!—.

—¡Dijiste que solo seríamos Saori y yo, metiste a Marin!—reclamó la pelirroja furiosa.

—¡Lo siento, tuve que hacerlo por nuestro bien! ¡Tenía que resolver el tema de su lealtad! Perdóname—.

Ella tenía las mejillas infladas del enojo y le dio golpes cómicos al santo pero luego se detuvo y la abrazaron.

—Oye, yo te quiero. Eres mi mejor amiga, lo que sentimos no ha cambiado—.

—Tonto, así empiezas. Te metiste con Sasha en el pasado y tuve que ver cómo es que lo hacías a cada rato con ella. ¡Soporté tanto sin poder tocarte!—.

En ese momento, Seiya besó a la chica que fue pillada desprevenida y rápidamente ella cedió ante esa maravillosa sensación.

—Tonto, no sé porque te sigo amando—.

La verdad es que Seiya si sabía que le pasaba a Shoko y era esos traumas relacionados a la perdida de su hermana en su mundo y en si que todo su universo se fue al caño. Al parecer, Shoko era demasiado dependiente de una figura de hermano mayor, tanto que perdonaría cualquier cosa.

—¿Al menos soy la segunda que más quieres?—susurró ella esa pregunta.

—Vamos, eso no va conmigo. Saori la amo tanto como lo hago contigo. Si no fuera por ti, me habría vuelto loco—.

Esa parte si era verdad y la pelirroja se tranquilizó porque las palabras de Seiya le llegaron y se volvieron a abrazar.

—Al menos dime si tengo que saber algo más—.

—Eeeeeh, creo que debí empezar por esto al principio. Tengo malas noticias, Saori no es la única Athena que existe, hay otra más—reveló Seiya para la sorpresa de la chica.

—¡¿Otra Athena?! ¡¿Puede haber más de una?!—.

—Pues parece que al ir al pasado, pudo haberse creado un escenario para que está vez hayan nacido gemelas como Athena. Estoy seguro que la que vive en Japón es Saori, puedo sentirlo, pero la Athena griega se comporta igual a Sasha. No, es aún peor—le explicó el santo.

—Ay no, te costó mucho ser cercano a Sasha—.

—Y es aún peor que Sasha, es como una idol a sus fans. Es buena chica pero es lo que definirias como una diosa idiota y hueca—.

—Auch, apuesto a que no tienes manera de llegar a ella—.

—Si, me declaró su eterno amigo Pegaso. Me mandó a la friendzone apenas intenté hablarle—.

—Me pregunto que va a pensar cuando se entere de que estás con su gemela multimillonaria—.

—La verdad no sé—.

¿Qué pasaría ahora? ¿Acaso se desataría una guerra santa por su culpa? Si esto era inevitable, tendría que jugar bien sus cartas. Nada era peor que una diosa diva celosa de que sus fans no la quieran a ella.

—Shoko, me tengo que ir ahora. Tengo que presentarme de inmediato con Saori—se levantó el castaño de ahí.

—Oye, quería pasar tiempo contigo—.

—Escucha, tarde o temprano tendrás que ir a la mansión Kido e involucrarte con Saori. Quiero que mantengas distraída a Saori como sea, ella es nuestra y de nadie más. Vamos a salvar a tu hermana y no permitiremos que el Santuario le haga daño—.

—Hmmm, es que quiero besarte y mimarte—.

—Por favor, hazlo por mi—.

—Esta bien, pero lo haré bajo mis condiciones. Espero que te sientas orgulloso de mi—sonrió ella algo diabólica.

—Espero que no sea lo que estoy pensando—.

—Es tu culpa por dejarme sola todos estos años, pero no te preocupes. Si me engañaste con Marin, entonces no pienso dejarlo pasar—.

Más tarde, Seiya había llegado a la Mansión Kido y Saori lo recibió con un abrazo muy fuerte frente a todos.

—¡Seiya, por fin volviste! ¡Creí que te quedarías en el Santuario como todos!—.

—¿Eh? ¿Cómo que todos? ¿Dónde están los demás?—preguntó Seiya desconcertado.

—No te enteraste, ¿verdad? La otra Athena reclutó en secreto a los huérfanos que mi abuelo mandó a todo el mundo—.

—No vi a nadie en Grecia, puede ser que haya ido personalmente a cada rincón del mundo donde eran entrenados para robarte santos. Guau, eso fue rastrero— .

—Sí, apenas contamos con algunas saintias y no dudo de que algunas vayan a desertar. Seiya, que bueno que regresaste conmigo—empezó ella a llorar de felicidad.

—¿Dónde está Seika?—.

—Esta en sus aposentos, ella estuvo conmigo en estos años por mi petición. Lo malo es que no tengo más personal a mi mando, la verdad es que ningún dorado o plateado me apoya. Estoy realmente en serios aprietos—.

—No te preocupes por eso, ya estoy aquí y si alguien se atreve a ponerte las manos encima lo acabo en ese mismo instante—.

—Eres el mejor, no sé que haría sin ti. Me siento dichosa de tenerte—.

Aunque Seiya jamás fue a la escuela como todos los niños, sabía que el hecho de que un hermano fuera mimado y el otro olvidado era bastante duro de afrontar, siendo está situación algo similar. Saori estaba tan necesitada de afecto y protección que se aferraba a lo último que tenía, algo muy Athena de su parte.

—¿Entonces mi hermana gemela te hizo la oferta de ser su santo más leal?—preguntó Saori bebiendo algo de té mientras le daba algo a Seiya.

—No, solo me dijo que sería su santo de bronce y ya, como un soldado más, sin favoritos de por medio—.

—Oh, que mal. Supongo que no te dejaste llevar por su belleza divina y carisma—murmuró la millonaria esperando oir la respuesta de Seiya.

—Bueno, si soy sincero casi caigo. Me habló bastante bonito y me dejé cautivar un poco—.

—¿Qué te hizo no seguirla?—.

—Pues creo que no hay un lugar especial para mí en su corazón. No soy un fanático religioso. Si te doy sincero, yo no te veo como diosa, sino como una mujer bella y con un alto sentido de la justicia que merece todo. Ella no es tú—le declaró el santo muy sincero y Saori se volteó sonrojada.

—No es para tanto, solo bastaba que dijeras algo menos vergonzoso—.

—Es que es mi verdadero sentir, te amo como mujer y eso no va a cambiar incluso con otra Athena—.

Saori sonreía porque no esperaba esa clase de lealtad y se sentó en las piernas de Seiya movida por eso que sentía en el pecho.

—¿Quieres que pasemos esta noche juntos? Gracias por quedarte conmigo, juro que no te vas a arrepentir de tu decisión—.

La verdad es que Seiya llevaba muchos años para esto y ellos dos se besaron con locura al punto de que se dejaron llevar por el amor. Este amor se había hecho mayor debido a los sentimientos latentes que dejó Sasha en el pasado y se volvían a manifestar en la nueva Athena o al menos una de las gemelas.

Ambos se encontraban en el baño desnudos y era la primera vez de Saori, siendo besada en todos lados por su santo más leal. No es que se estuviera prostituyendo por la lealtad del santo pero si no dejaba abrir su corazón, su gemela podría arrebatárselo y no iba a negarse al amor.

—Te amo, te amo—.

Sin duda, Athena se había corrompido y el hecho de que ella amara a su santo de Pegaso había provocado que la misma diosa dividiera su parte impura para tratar de conservar su aspecto inmaculado.

Al día siguiente, Saori veía esas huellas de su amor y no estaba arrepentida de nada, pero tenía que alistarse para ir al colegio para seguir con sus asuntos. Sus saintias estaban sonrojadas y Saori no entendía que pasaba.

—Parece que anoche pasó una buena noche con ese tal Seiya—dijo Mii toda avergonzada.

—No hablemos de eso, pero si quieres una respuesta es un si. Ahora vayamos a la escuela—.

Mientras tanto, la Athena del Santuario estaba a lado de su Patriarca, anteriormente conocido como Saga de Géminis discutiendo de cosas que hacer para vigilar el tema de la diosa Eris.

—Espero que los santos de las 88 constelaciones estén preparados—.

—No estamos completos, hay santos de bronce rebeldes que no se han unido a la causa—explicó Saga a la Athena del Santuario.

—Si no quieren unirse al Santuario, pues serán exterminados. Solo son unas saintias por lo que sé—.

—Eh, no solo son ellas. Hay un santo de bronce que acaba de irse del Santuario hacia Japón, Seiya de Pegaso—.

Athena volteó y tenía los ojos abiertos porque no se esperaba que el santo de Pegaso la dejara en estos momentos.

—¡El santo de Pegaso debe volver, es mi arma secreta! ¡Mi carta de triunfo debe estar en Grecia! ¡¿Por qué lo dejaron irse?!—reclamó furiosa la diosa.

—Pero solo es un santo de bronce—.

—¡No es un santo de bronce común, él vale más que los 12 santos dorados juntos! ¡Quiero que regrese al Santuario ahora!—.

Athena estaba enfadada, muy enfadada y Saga salió de ahí apurado porque jamás había visto a su diosa así, por lo que mandó a algunos santos de plata por el mencionado a Japón.

Regresando con Seiya, este vigilaba desde lejos a Saori y se veía llegar a Seika con un uniforme estudiantil mientras que el chico la veía acercarse.

—Deberías alistarte a la escuela, podrías vivir una vida más normal. Saori siempre ha querido que estés con ella—.

—Aún no es el momento, si me descuido Saori podría correr peligro. Cuando todo esto pase, cumpla ese deseo—explicó Seiya a su hermana.

—Por cierto, me enteré de tu noche con Saori. Sabes que acabas de cometer algo imperdonable ante los ojos divinos—.

—De todos modos, estoy condenado así que no hay diferencia. Saori merece ser feliz y si esto la hace sentirse bien, no voy a detenerme—.

—Siempre fuiste tan obstinado, aunque estoy de acuerdo. Estaré con Saori, espero que no ocurra nada malo ahora—se retiró Seika de ahí.

Luego de un rato, se veía a Shoko reunirse con su hermana mayor Kyoko en el patio de la escuela después de tantos años sin verse y Seiya veía a lo lejos todo con una sonrisa, pero sintió un cosmos maligno.

—Esperaba a que llegaras por mi—se oyó a Shoko decir de la nada a una mujer.

—Oh, la niñita pudo detectar mi cosmos. Entonces esto hará más fáciles las cosas—.

Una Dryade del ejército de Eris surgió y empezó a atacar con raíces a Shoko pero ella la esquivaba con maestría y empezó a dar golpes de cosmos.

—¡Maldita, no sabía que tenías entrenamiento! ¡Pero no eres nadie para ganarme!—.

En ese instante, llegaron las saintias y vieron que Shoko se las arreglaba sola para batallar sorprendiendo a todas, sobre todo a Kyoko.

—Seiya, no tengo armadura. Esta le pertenece a Kyoko—le dijo la pelirroja al santo escondido.

—Entonces ha llegado la hora de que Shoko de Pegaso haga su debut—.

La armadura de Seiya apareció frente a todos y está vistió a Shoko como la nueva santo de Pegaso por permiso del mismo Seiya, quién sabía que podría ocupar otra armadura.

—¡¿Qué es esto?! ¡Esa armadura es…!—exclamó Saori en shock.

—¡Maldita, voy a eliminarte!—.

—¡Cometa de Pegaso!—.

Shoko lanzó su cometa de cosmos hacia la Dryade que no pudo con su rival y la desapareció del plano físico de forma humillante.

—Bien hecho, Shoko. Eres muy buena en esto—aplaudió Seiya llegando al lugar.

—¡¿Seiya, la conoces?!—pidió saber Saori.

—Pero claro que la conozco, ella es una amiga que hice mientras me escapaba del orfanato. Tengo mi propia agenda—.

—Gracias por darme tu armadura, juro que la voy a cuidar, onii chan—le decía ella mientras le daba un beso en la mejilla.

Esto hizo hervir en celos a Saori porque se estaba robando la atención de Seiya y a Kyoko la dejó en shock porque le estaba haciendo NTR a su posición de hermana mayor.

—Shoko, ya que estás tan entusiasmada con ser el santo de Pegaso me vas a cuidar todas las horas que tengas libres—se veía enojada a Saori.

—Vamos, no quiero robarte a Seiya. Él siempre será el santo de Pegaso para todos, después de todo solo soy su sombra, el caballito menor—dio a entender Shoko su posición.

—Ah, entiendo—murmuró la diosa un poco desconcertada.

—Shoko, es mejor que hablemos de esto—se veía incómoda a Kyoko sobre el tema de su hermana en el ejército de Athena secundario.

Así oficialmente Shoko se unió a las filas de Saori con una posición inesperada y lo peor del asunto es que esto era la punta del iceberg.