Los personajes no me pertenecen son propiedad de la gran Rumiko Takahashi.
Esta historia es sin fines de lucro, es un oneshot creado para pagar una deuda que tengo con cierta personita, perdí una apuesta que ya ni me acuerdo de que se trataba, solo recuerdo que si perdía tenía que hacer un LEMON BIEN SUCIO, así que como las deudas son de honor, aquí está mi pago, nada puntual, porque creo que perdí hace como dos años, pero es que ya saben cómo soy, y como este año prometí salir de todas mis deudas en los fics decidí salir de esta primero, jejejejej.
Así que Benani, espero esta oneshot sea de tu agrado.
Agradezco infinitamente con el alma a mi bella beta ziari27 por siempre estar al pie del cañón con mis locuras, por aceptar mis relatos a altas horas de la noche, solo puedo decir que sin ella esto no sería posible, soy un desastre llena de locuras y Ziari me ubica en el mundo, de verdad gracias.
Ya no les quiero quitar más su tiempo, les advierto de mi mala ortografía y mis malas divagaciones, sobre aviso no hay engaño, sin más preámbulo les dejo leer.
Advertencia si no gustas de lecturas subidas de tono aléjate, este fic no es para ti.
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Solo una simple disculpa
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En las afueras de una linda casa tradicional se podía observar como un varón de cabellos oscuros caminaba de un lugar a otro visiblemente ofuscado, la vena en la sien parecía querer explotar a la más mínima provocación, las zancadas del hombre eran largas y fuertes, intentaba desaparecer la tierra en la cual los masculinos pies tocaban, bufaba de manera sonora al mismo tiempo que apretaba los puños al punto de casi hacer sangrar la piel.
- ¿Como fuiste capaz? –mencionaba con la quijada trabada, por Dios sí que estaba molesto –Akane ¿por qué hiciste eso?... maldita sea –articulaba al punto de casi colapsar a causa del enojo.
El varón de ojos azules gruñía por momentos, intercalando inteligibles monosílabos entre maldiciones y palabras sin sentido, conjugando frases encolerizadas.
El azabache escuchó la puerta de entrada abrirse, el característico rechinido de las bisagras fue el estímulo que su inconsciente necesitaba para poder poner su mente en acción, en esta ocasión su esposa se había equivocado, ella había actuado mal, por lo tanto, él se encargaría de hacerla pedir perdón, porque Ranma Saotome la haría suplicar "claro que si" sonrió con malicia saboreando el momento.
- ¡Ya llegué! -el femenino grito sonó tan inocente, no conociendo lo que el varón le tenía preparado –¡¿Ranma estas en casa?! te traje algo de comer –una vez más esperó por respuesta en tanto dejaba las bolsas que cargaba sobre la mesa del comedor, entró despacio a la cocina buscando algo de beber, al mismo tiempo que con la vista buscaba a su marido, sirvió y bebió de la fresca agua y se dispuso a salir de la cocina, esperando tener una respuesta.
-Vaya la señora Saotome se dignó a llegar a su hogar –articuló con sarcasmo esperando de inmediato un ataque verbal por parte de la mujer - ¿la señora no tiene nada que decir? –mencionó tratando de aparentar calma, dibujando una falsa sonrisa en el varonil rostro, recargó el cuerpo en una de las paredes cercanas donde podía observar los movimientos y reacciones de su mujer.
- ¿Que sucede Ranma? –cuestionó con visible confusión la peliazul al ver la actitud del ojicobalto.
-Aun tienes la indecencia de preguntar ¿qué me sucede? cuando te fuiste a quien sabe dónde, con tus amiguitas –a este punto Ranma sobrepasaba el hilo de cordura que intentaba mantener, las emociones negativas le inundaban, su faz traicionaba la máscara de tranquilidad que quería aparentar.
-Con que es eso, Ranma… tú te reúnes cada miércoles con Ryoga y con Mousse para tomar unos tragos, yo te avisé que hoy iría con Yuka y Sayuri al bar que está a unas cuantas calles de aquí, después fuimos de compras solamente y pasamos un bonito día de amigas, eso fue todo –explicaba con paciencia la mujer, sin ver en donde se encontraba la molestia de su esposo.
-Debiste llamarme cuando dejaron el bar o cuando decidiste ir de compras a la gran plaza –
- ¿Como sabes que fui a la gran Plaza? ¿Ranma Saotome me espiaste? –cruzó los delicados brazos al nivel del pecho demostrando un poco la inconformidad que este tema le causaba.
-No me cambies el tema Akane, aquí el molesto soy yo –el volumen en la voz masculina denotaba el enojo de Ranma – y quiero que admitas que te equivocaste, que no volverás a salir sin mí y –hizo una pausa afilando la frase que articularía, saboreando el momento –quiero una disculpa – alzó la ceja y curvó los labios de manera burlona, dejando momentáneamente el enojo de lado.
-Yo tengo el mismo derecho a salir que tú, yo no me equivoqué, yo te avisé con anticipación que saldría y tu aceptaste –mencionó despreocupada sin alterarse, los años le habían demostrado que el fuego no se apaga con fuego –y no te debo ninguna disculpa, yo no hice nada malo, fueron unas cuantas horas de platica, espera… pero eso tu ya lo sabes, no es así –comentó sonriendo altiva, haciendo referencia a la muy probable posibilidad de que su esposo haya estado muy al pendiente de ella y de sus amigas en su salida.
-Akane –pronunció el nombre de su mujer borrando el gesto de superioridad que mantenía, en tanto ella solo le sonrió sabiendo que sus palabras lo habían hecho tambalear.
-Cuando estes más tranquilo hablamos cariño, te traje comida y un postre –apuntó hacia las bolsas que descansaban en la pequeña mesa –iré a darme un baño –pronunció con indiferencia, avanzando hacia la recamara principal de aquella pequeña casa.
-Crees que con algo de comida arreglaras esto, estas equivocada y sabes que… esta noche dormiré en el sillón, y así será hasta que decidas darme una disculpa por mantenerme preocupado –mencionó amenazante, observando como la peliazul detenía sus pasos ante sus palabras, sintió la victoria llegar a él, definitivo esa estrategia le estaba funcionando.
-Bien cariño si esa es tu decisión, ya sabes dónde están las cobijas y almohadas, que pases buenas noches –ante la mención de aquello Ranma no pudo evitar sentir algo de decepción, por momentos creyó haber ganado la batalla.
El azabache no esperaba aquella reacción, ¿por qué era tan terca y obstinada? En realidad, era tan difícil aceptar que se había equivocado, Akane seguía siendo la misma chiquilla que el conoció en su adolescencia y de la cual quedo totalmente enamorado desde el primer día, maldijo que esa pequeña mujer lo sacara de esa manera de sus casillas, ella lo descontrolaba, lo hacía perder el piso, odiaba ser tan vulnerable y emocional ante ella.
Suspiró mientras veía como la puerta de la habitación principal se cerraba ante sus ojos, titubeo ligeramente antes de formar una amplia sonrisa al mismo tiempo que pensaba "ella no ganaría" "no esta vez" él era Ranma Saotome hombre entre hombres, la haría sufrir, claro que sí, ella rogaria por su perdón, vendría arrastrándose ante él, suplicando regrese a su lado, definitivo la mente masculina volaba cuando de venganza se trataba.
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Ranma había empezado el día con un pésimo humor, y no era por la incomodidad del sofá, simplemente no estaba acostumbrado a dormir sin su esposa, había dormido poco pensando en el motivo de su discusión, y más que nada estaba molesto de ver como su esposa era admirada por varones, esa era su principal molestia, ella no debía salir a divertirse sin él, sin su esposo, y el notar como ella no se daba cuenta de nada era lo que más le disgustaba, pues Akane podría ser coqueta con una sola sonrisa inconsciente, eso era lo que lo tenía tan mal.
Y si le aumentamos que el azabache siguió a su esposa con la intención de realizar una sencilla revisión al lugar donde estaban Akane y sus amigas, ya que debía de estar completamente seguro que él bar donde se encontraban no tuviera ningún tipo de problema, su esposa era torpe, confiada, más valía ir y cerciorarse que todo estuviera en su lugar. Al llegar lo primero que vio fue la desmesurada atención del tipo del bar, observó atento el trato que le dio a su esposa, las sonrisas y la constante admiración que presentó hacia ella, todo lo anterior lo puso en alerta, espero prudente que las mujeres se retiraran solo para hacer una cordial visita al tipo, dejando en claro cuál era su papel con la bella mujer de corta melena.
De ahí dependía el enojo del día anterior y el desvelo que hoy provocaba su mal genio.
A la hora del desayuno el azabache había tomado su papel muy enserio, en todo momento decidió ignorar a su mujer, esperando que aquello tuviera algún tipo de reacción en ella, pero nada, Akane parecía ser inmune ante la visible ley del hielo de su esposo.
Para las seis de la tarde de ese mismo día Ranma ya se volvía loco sin las atenciones de su esposa, la necesitaba, pero no daría su brazo a torcer, que acaso era tan difícil que ella le buscara y aceptara su error, ¿por qué siempre era él quien retrocedía, quien doblegará su orgullo en la relación? pero esta vez sería diferente, Ranma Saotome se mantendría firme y será el ganador.
Justo el varón meditaba sobre ese asunto sentado en el suave sofá de la pequeña sala de estar, cuando los delicados pasos de su esposa llegaron a sus sentidos, la mujer salía de la ducha con su vaporosa bata de baño, mientras utilizaba una pequeña toalla para secar la humedad de su corta melena, le vio introducirse a la alcoba principal, cerrando la puerta tras de sí.
-Nada, como se atreve –musitó con la quijada tensa y los ojos anclados en la entrada de la alcoba principal, de verdad que esto no era justo, él había tenido un pesado día en el dojo con los alumnos, había entrenado algunas horas aparte de lo de su trabajo, estaba exhausto, mínimo debería estar cómodamente recostado en su amplia cama, en el confort de sus almohadas, oliendo el fresco perfume de las sábanas, donde su cansada espalda reposara de un angustiante y estresante día, observó las cobijas mal dobladas en una esquina del sillón y la pequeña y dura almohada reposando sobre el descansa brazos –esto se acabó –levantó su cuerpo con seguridad, casi con coraje, disponiéndose a entrar a la habitación.
Se detuvo breves momentos justo delante de la barrera de madera que lo separaba de la alcoba, debatiéndose entre tocar o entrar así como así, pensó en llamar a la mujer antes de introducirse, pero recordó el estado de molestia que él mantenía; por lo cual la mejor decisión era entrar sin decir una sola palabra, al fin y al cabo estaba en su casa.
Respiró profundo tratando de serenar un poco la frustración y el enojo que experimentaba, probablemente la constante indiferencia causara una clase de cambio en la mujer.
Abrió la puerta con la mejor cara de superioridad que pudo dibujar, pero conforme la madera cedía ante su avance, la masculina mirada distinguía con lentitud el interior del cuarto, sin embargo, casi de manera instantánea sus ojos no pudieron evitar brillar ante lo que apreció.
Sobre la cama se encontraba su bella esposa recostada boca abajo leyendo la novela que últimamente la tenía inmersa, el día era caluroso por lo cual la joven esposa solo portaba una camiseta sin mangas acompañada de una cómoda pero sexy ropa interior, la mujer de melena azulada acostumbraba dormir con poca ropa en estos meses de verano.
El ahora patriarca de esta pequeña familia no pudo evitar pasear los ojos sobre la femenina curva que exhibían los apetecibles glúteos, de verdad que eran unas caderas gloriosas, tragó saliva de manera ruidosa esa imagen hizo que todas sus defensas flaquearan, maldijo las reacciones de su cuerpo y la necesidad que tenía por ella.
Observó más detenidamente la femenina figura tendida sobre el acolchado edredón percatándose de que la mujer traía audífonos puestos, esa fue la razón por la cual ella no se dio por enterada de la presencia del varón en la habitación, Ranma cerró la puerta tras de sí haciendo el menor ruido posible, se relamió los labios sonriendo ante lo que veía cuando una conocida alerta llegó a su mente –estas molesto Ranma, no caigas – se dijo para si tratando por todos los medios de sostener la postura, se debatió entre salir sin ser visto y seguir en su modo macho alfa, o entrar y recostarse como si nada pasara, aspiró profundo, él podía, claro que él podía, el manejaba un autocontrol envidiable.
Elevó el mentón orgulloso de la decisión recién tomada y se dispuso a hacerse notar de manera natural, caminó sereno hacia su lugar de la cama, tomó el control de la televisión y la encendió, llamando así la atención de la peliazul, el azabache sonrió internamente pues aunque él no le observaba podía sentir los castaños ojos clavados en su persona, eso era un punto a su favor, con lentitud desabrochó los botones de su camisa china, tomando toda la seguridad que lo caracterizaba, despojó su cuerpo de las prendas superiores, dejando así su torso al descubierto, sintió el escaneo femenino en su figura y sin más posó su cuerpo sobre la cama, sonriendo altivo ante aquello.
Colocó el canal de deportes al mismo tiempo que posaba una de las manos detrás de la almohada, dándole una pose sensual para su mujer que seguía en la misma posición, quiso dar un vistazo a la cara de incredulidad de su esposa, solo un ligero choque de miradas, ella se lo merecía por necia, contaría mentalmente para darle dramatismo al asunto, hizo la cuenta mental hasta tres y su mirada de galán la hechizaría haciéndola caer.
Esperó el tiempo necesario y giró su cuerpo para poder tener ese contacto.
Casi cae de espaldas al ver que ella estaba concentrada una vez más en aquel estúpido libro –maldición, tonta Akane –masculló tensando los hombros y apretando los puños con fuerza, ahora que lo pensaba más detenidamente se concentró tanto en el plan que no se percató del momento en el cual ella había dejado de observarle –estúpido –se dijo así mismo, perdió la sensual postura en la acolchada superficie, dio unos cuantos ligeros golpes a las almohadas que estaban recargadas a la cabecera, solo para amoldarlas.
Recostó su anatomía evitando hacer contacto con el bonito trasero que descansaba justo a su lado, intentó concentrarse en el partido de futbol que se desarrollaba en la pantalla, subió el volumen unos cuantos decibeles y colocó una de sus manos por detrás de su cabeza, tratando de aparentar desinterés –no la veas, no la veas, no la veas –se repetía mentalmente una y otra vez.
- ¿Hoy dormirás aquí? –preguntó la mujer mientras le veía, al instante el azabache se sintió descubierto por un momento creyó que ella le había escuchado, trató de tranquilizarse y volver a la postura anterior –¿ya no estas enojado? –bingo aquello lo regresó a la realidad, recordando el propósito principal.
Parpadeo lento fingiendo atención al partido de lo que fuera, solo rogaba que ella no le preguntara nada de lo que la pantalla proyectara, se tomó su tiempo sin voltearle a ver, acarició deliberadamente el marcado abdomen incitando a que ella mirara su trabajado cuerpo.
-Estoy molesto por culpa de alguien –al hablar de manera instantánea los dientes del varón se apretaron, giró la cabeza solo lo necesario para ver a la ojicanela, sus miradas se entrelazaron de manera instintiva, el rostro de Ranma se suavizó, observó los bonitos rasgos de la mujer y sus ojos se deslizaron un poco hacia el sur de la femenina anatomía, pudiendo distinguir como los redondeados pechos se asomaban por el prolongado escote de la camiseta "evidentemente no trae sostén" los bonitos senos se aplastaban en la superficie de la cama desbordándose de manera tentadora, el azabache tragó saliva dificultosamente ante aquello, maldijo las exquisitas curvas de su esposa y su maldita debilidad ante ella –deja de verla, deja de verla, estas enojado, muy molesto –ella no respondió ante aquello, simplemente entorno los ojos y decidió darle la espalda.
El hombre de mirada azulada ante aquello hizo un visible mohín, su esposa era tan terca y obstinada, en su mente pasaron tantas cosas para gritar y reclamar pero su maldito instinto hizo que sus ojos se pasearan por la esbelta figura, el recorrido fue obligatorio desde los delicados hombros, siguiendo el descendente camino, haciendo una minuciosa parada en la pequeña cintura, se maldijo tanto pero no pudo evitar anclar su vista en las amplias y frondosas caderas, por mero impulso entreabrió los labios jalando aire por la boca, examinó a conciencia la pequeña prenda inferior de su amada, observando como esta se amoldaba a la perfección de los redondos glúteos, inclinó un poco la masculina cabeza deleitándose con aquel glorioso panorama, las yemas de los dedos comenzaron a hormiguearle, las palmas de las manos picaban, necesitaba tocar la tersa y firme piel de su esposa, las anteriores veinticuatro horas habían sido un verdadero suplicio, extrañaba mucho el bonito cuerpo.
-Ranma Saotome estas molesto, recuérdalo, solo has que ella se disculpe y listo –con toda la fuerza de voluntad que poseía regresó con gran esfuerzo la vista a la televisión, veía las imágenes ir y venir en la gran pantalla pero a decir verdad ni siquiera sabía que se estaba proyectando, sus ojos regresaban cada veinte segundos a las femeninas caderas, pero de inmediato sus ojos regresaban al partido de sabrá dios que, no logrando poder cambiar la dinámica, los rápidos vistazos eran cada vez más seguido y se anclaban por más tiempo en la sensual figura.
La ansiedad empezaba a realizar estragos en él, la boca se resecó, se volvió dificultoso tragar saliva, los pies se movían ligeros y los dedos de sus manos comenzaron a tamborilear en su abdomen intentando sacar una extraña sinfonía sin pies ni cabeza, mordía el interior de sus mejillas esperando una disculpa que él sabía jamás llegaría, y por dios él deseaba tocar aquel cuerpo –no desistas, sostente, no caigas –enfocó la vista en el televisor mientras cruzaba los brazos sobre su pecho con fuerza, talvez si se mantenía lejos y preso de sí mismo no sentiría aquella necesidad, uno, dos, tres, cuatro, cinco segundos y giró su cuerpo de manera pesada hacia la menuda figura.
-Vamos, solo discúlpate y dime que esto ya no se repetirá Akane –habló tranquilo aparentemente, delineando como la corta melena caía delicada sobre la almohada, dejando a la vista el fino cuello –Akane –le llamó sin tener respuesta –ya no tienes los audífonos puestos, sé que no estas leyendo y no estas dormida, háblame –el tono ya no era demandante como en un inicio, se había suavizado notablemente.
-El que no quiere hablarme eres tú –contestó serena, manteniendo la misma postura.
-Akane –musitó despacio, casi hipnotizado por la tersa piel ante sus ojos, olvidando momentáneamente su objetivo –Akane –aquello era tan parecido a un susurro –cariño –su voz era melosa, pronuncio aquel adjetivo en tanto sus manos parecían cobrar vida propia dejando la conciencia de lado, acercando muy lentamente una de sus grandes manos al firme trasero.
Una vez el ligero tacto se estableció entre el redondeado glúteo y la piel de sus dedos, la sensación no fue suficiente, Ranma abarcó la longitud de la suave dermis sintiendo en su palma la delicada prenda interior, masajeó la femenina carne volviendo la caricia en un movimiento firme, posesivo, amasaba a conciencia la sensual anatomía de la mujer, Akane no hacía ningún movimiento, dejando que el varón apretujara con una de sus manos los redondos glúteos.
-Akane –susurró ronco, tocó unas cuantas veces más las amplias caderas experimentando la deliciosa sensación de la piel y la tela de la prenda mezclarse, el tirón en la entrepierna fue deliciosamente evidente, levantó su cuerpo de la cama para colocarse sobre sus rodillas en la acolchada superficie, con sus manos atrajo el esbelto cuerpo de su mujer hacia el centro del lecho marital de manera demandante, manteniéndola boca abajo, la ahora señora Saotome no opuso resistencia se dejó hacer, sintió como las manos del Saotome tocaban su cuerpo, el varón posó su cuerpo a horcajadas sobre las femeninas piernas, extendiendo uno de sus brazos sobre la delicada espalda, introdujo su mano bajo la blusa y siguió la línea de la columna hacia arriba, el toque era tosco ascendía hasta tocar la nuca de la mujer, apretó la corta melena entre sus dedos un instante y regresó sobre su trazo hasta posar ambas manos en las redondas carnes de la fémina.
Ranma tocaba a placer las protuberantes curvas al mismo tiempo que relamía su labio inferior, el tacto era brusco, le encantaba ver sus dedos hundirse en la blanca dermis, Akane por su parte disfrutaba de la tosca caricia, sabía de la fijación que su marido tenía por esa especifica parte de su cuerpo, suspiraba de manera sonora, cerrando los ojos, entreabriendo los labios en un gesto instintivo de entrega.
Una ligera sonrisa se dibujó en los femeninos bordes al experimentar como la húmeda lengua del varón surcó la piel sobresaliente de sus glúteos, era un movimiento lascivo tan animal y primitivo que el escalofrió que la recorrió la hizo sonreír más ampliamente, la tibia lengua de Ranma saboreaba descarada los femeninos glúteos.
Besó apasionado toda la longitud de las redondeadas caderas, sus dientes marcaban la tersa piel al mismo tiempo que jadeos minúsculos salían de los labios de la mujer. La entrepierna de Ranma experimentaba notorios respingos exigiendo alivio, el ahora patriarca Saotome asemejaba una bestia que arrinconaba a su presa, en este caso su mujer sería la que pagara las consecuencias del deseo y la lujuria.
El hombre de mirada cobalto dejó de besar los glúteos para colocarse sobre la delicada anatomía, pegando su figura a la estrecha espalda, para comenzar de manera inmediata una sucesión de satisfactorias fricciones con su virilidad, jadeó el instante de sentir el frote de ambos cuerpos, aun existiendo ropa de por medio, las embestidas eran tortuosas, pero despedían pequeñas ráfagas de placer, que momentáneamente eran agradables para el varón.
Enterró los dientes de manera delicada en los bonitos hombros de la mujer, provocando sensuales gemidos de parte de su pareja.
-Se siente tan bien tenerte así –susurró cerca del oído femenino, frotándose en los grandes glúteos –es una delicia estar dentro de ti –murmuró con lascivia, tratando de incitar a la mujer que disfrutaba de sus roces.
-Hazlo Ranma –accedió anhelante –te quiero dentro de mi –pidió entregada al tórrido momento, necesitaba que su esposo desfogara toda esa virilidad que le caracterizaba, era apasionado y eso la enloquecía.
El ojicobalto sonrió taimado ante las femeninas palabras, eso deseaba, eso quería… tenerla a sus pies y negarle lo que ella necesitaba, gozaría de torturarla un poco.
El varón besó el fino cuello con pasión solo para marcar el inicio del descendente camino, surcó imaginarias veredas desde los hombros hasta la tersa espalda baja, besando descontrolado los coquetos hoyuelos que la mujer poseía justo en la curvatura que existe entre la cintura y el inicio de las caderas, le encantaban, le embrutecía verlos, tenerlos y poseerlos de esa manera. El descontrol en el hombre era evidente, con la fuerza que lo caracterizaba posó sus manos a los lados de los muslos solo para elevar las caderas lo necesario y así poder colocar las femeninas rodillas sobre la cama dejando a Akane en una posición bastante sugerente, la femenina prenda interior se pegaba de manera deliciosa en la intimidad de su esposa, los íntimos labios eran bordeados por la suave tela, a Ranma se le hizo agua la boca solo de ver esa imagen.
Ya no quería perder más tiempo, la necesitaba tanto, la masculina entrepierna palpitaba por hundirse en la caliente cavidad.
Akane por su parte experimentaba los fuertes dedos del varón anclarse en sus glúteos, por momentos parecía que quería dañarla por la fuerza que ejercía al masajear dicha parte, pero le encantaba sentir el deseo y el descontrol de su esposo por ella. La mujer disfrutaba de los mimos del Saotome, una leve sonrisa se dibujaba en el femenino rostro, al mismo tiempo que lascivos sonidos salían de la femenina boca.
Las masculinas manos se filtraban bajo el tejido de la prenda interior de Akane, paseando los largos dedos en la costura del sexo femenino, la mujer se limitaba a sentir cada toque, experimentó como su esposo movía la tela de su lugar, dejando la rosada intimidad expuesta, conocía las manías de Ranma y no le extrañó el verse así de vulnerable ante él, sentía las manos del varón hundirse en las frondosas carnes, podría jurar que sentía los ojos del varón clavarse en su entrepierna, delineando el femenino interior; de un momento a otro los movimientos de las masculinas manos cedieron en intensidad, la mujer estaba a punto de abrir los ojos para verificar lo que sucedía con su esposo, pero la húmeda lamida en los labios íntimos la hicieron sobresaltarse de manera agradable, Ranma había inclinado su cuerpo para poder probar el sur de la delicada anatomía, la menor de las Tendo experimentó como el hombre de trenza degustaba el sabor de los íntimos bordes, podía sentir como la lengua del varón se abría paso entre los suaves pliegues, abriéndose camino de manera desesperada, el toque era burdo, hambriento como el de una bestia saciando sus instintos.
Ranma ejercía movimientos de abajo hacia arriba lamiendo lascivo toda la extensión de piel, Akane apretaba la quijada para evitar dejar salir cualquier tipo de sonido, después de la húmeda exploración el varón ancló sus mimos en la pequeña perla de placer femenina. Acarició la rosada protuberancia a conciencia, conocía la intensidad que su amada necesitaba para llegar al máximo placer, succionaba despacio percatándose de los agradables escalofríos que la mujer sentía ante los mimos, el varón realizaba un patrón de movimientos aprendidos a lo largo de su vida sexual con ella, besaba apasionado el botón de placer, su lengua se movía ávida en el centro de la mujer, los jadeos de Akane se hacían presentes a cada arremetida de la voraz lengua del varón, aquello era una agradable sinfonía ante los oídos del ojicobalto, entre más gemía la mujer el movimiento se hacía más bestial, conocía que ella estaría cerca de la culmine del acto, abrazaba el botón del femenino deleite sin piedad, rodeándolo con fuerza, al mismo tiempo que dos de sus dígitos acariciaban de manera tortuosa la entrada del mojado centro, Ranma sentía la desesperación de la mujer por más, la varonil lengua no mermaba en las constantes fricciones, provocando oleadas de satisfacción en su esposa; causando que las rodillas de la mujer colapsaran ante el cumulo de sensaciones, al darse cuenta de aquello Ranma supo lo que vendría, las húmedas fricciones se volvieron salvajes alternando entre succiones y lamidas. Akane al sentir que la erupción de placer se daría, intento alejarse, moviendo su cuerpo de aquella postura, al instante Ranma entendió lo que su esposa trataría de hacer y no se lo permitió, concentró sus manos a los costados de las caderas femeninas sin dejar de mimar la intimidad de la mujer, ejerciendo la fuerza suficiente para que esta no escapara.
-Ranma, ¡NO….! –hablaba la mujer entre fuertes jadeos –quítate –ordenó casi sin fuerza –aah, déjame aah –las palabras se hacían confusas y dificultosas, su cerebro parecía haber olvidado el idioma o las frases necesarias para poderse expresar –Ranma por favor –siseó ante la deliciosa fricción, la cálida saliva del varón se mezclaba con la sensual humedad de la mujer.
Ranma parecía no escuchar las suplicas de la ahora señora Saotome, necesitaba sentir las deliciosas convulsiones de su mujer ante el orgasmo, así que siguió con su tarea, movió la lengua sobre la hinchada perla de placer unas cuantas veces más restregando su boca de manera ladina hasta que Akane estalló en una gloriosa liberación de su cuerpo, los femeninos fluidos se hicieron abundantes, los débiles jadeos se volvieron sonoros, los espasmos de la esbelta anatomía se reflejaban exquisitos, el ojicobalto al percatarse del arrasador orgasmo mermó notablemente las lamidas, el ritmo en su lengua se volvió lento, Ranma relamió paciente la erógena zona, satisfaciéndose ante aquella oleada de placer que experimentó su mujer, la masculina lengua acarició los bordes femeninos provocando un efecto placebo en ella, tratando de tranquilizar los alocados espasmos que su esposa sentía, el varón delineo la intimidad saboreando la suave piel, disfrutó de los frutos del orgasmo que emanaban del interior femenino, paladeo el néctar de su mujer a placer, pasando la mayor extensión de lengua que la estrecha cavidad le permitía, era parecido a los arrumacos de una bestia en celo hacia su hembra, acarició lento experimentando como su virilidad necesitaba ese calor y el exquisito roce, introdujo dos de sus dedos percibiendo un poco las convulsiones de deleite que existían en el estrecho interior, extrajo los dígitos solo para llevarlos a su boca en un gesto obsceno lleno de lujuria.
-Me encanta –mencionó ronco el varón al mismo tiempo que se despojaba de las únicas prendas inferiores que portaba, con brusquedad retiró la empapada braga del femenino cuerpo.
Sin perder tiempo colocó las manos alrededor de la femenina cadera, posicionándose justo entre las piernas de Akane, dirigió su virilidad en la estrecha entrada y sin ningún tipo de delicadeza entro en ella, estaba resbaladiza, tan húmeda y caliente, el febril gemido de la mujer lo enloqueció, maldijo la distracción que ejercía la fina voz en sus instintos, lo ponía tan acalorado el escucharla jadear de aquella manera, le hacía perder el control.
-Te portaste muy mal conmigo Akane, esto es lo mínimo que quiero de ti –mencionó tan gutural que él mismo se sorprendió de la inmoralidad en sus palabras – se mía para siempre –aquello no era una promesa, era una erótica amenaza.
Inició embistiendo lento y pronunciado, salía de ella y entraba disfrutando de ver como su miembro se perdía en el femenino cuerpo, amaba ver como la penetraba, la imagen del bonito trasero chocando con su pelvis era arrebatador, Ranma se balanceaba experto apretando los firmes glúteos con las manos.
Al embestir a la peliazul llegó a sus oídos el sonido acuoso de sus intimidades friccionándose, el característico ruido de sus testículos pegando con la mojada piel femenina le fascinaba, esta posición le daba muchos beneficios, sabía que no soportaría mucho así que lo disfrutaría al máximo, las embestidas eran brutales, palmeando de vez en cuando la perfecta piel. Akane tenía que sostenerse con fuerza de la acochada superficie, su pecho se aplastaba tratando de conseguir estabilidad sobre el colchón, sus nudillos se tornaban de un color blanquecino ante la fuerza que emitía al aferrarse con sus manos del edredón, el femenino cuerpo sufría la fuerza de los potentes embistes, haciendo que Akane se sacudiera ante tal choque, la excitación de la mujer aumentaba ante las salvajes penetraciones.
El varón aprovechó el vigor que le caracterizaba para elevar el cuerpo de la menor de las Tendo y dejarlo de manera paralela a él, pegó la femenina espalda a su pecho, abrazando de manera posesiva el menudo cuerpo, inclinando la cabeza hacia el delicado cuello.
-Mía, mía –pronunció cerca del fino oído –Akane –articuló al tiempo que la fémina sentía desfallecer ante el cálido aliento acariciar su sensible piel.
-Solo tuya –aquello fue el pacto silencioso que existía entre ellos, donde la posesividad de ambos se hacía presente.
Ranma se mantuvo dentro de ella, mientras que una de sus manos de deslizaba al sur del cuerpo femenino, con uno de sus dedos exploró la mojada entrepierna de Akane hasta que un delicado jadeo le indicó que había llegado a su objetivo, fijó la falange haciendo una deliciosa presión sobre el palpitante órgano, el varón tenía que hacerla llegar por segunda vez al clímax, friccionó el hinchado abultamiento con rapidez, en tanto la otra mano la usaba para pellizcar el rosado y erecto pezón.
-Vamos… dámelo… Akane córrete otra vez –habló el varón sin salir de su interior, quitó la mano del pecho femenino solo para introducir un dedo en la boca de su amante, una vez humedecido regresó a la erecta cima femenina, Akane jadeo fuerte ante aquel contacto –si amor, si, gime más fuerte, háblame… dime lo mucho que me necesitas –pronunciaba haciendo movimientos circulares sobre la femenina intimidad, estaba tan mojada, tan caliente con cada roce, tan entregada al acto carnal de dos seres que desean satisfacer sus más bajos instintos, el varón estaba concentrado en todas aquellas sensaciones cuando de un momento a otro su virilidad experimentó las delicadas contracciones de las paredes intimas, Ranma abrazó con fuerza de delicada anatomía para poder empujar su masculinidad, las embestidas se volvieron alocadas, dejó de masajear las intimas zonas para poder concentrase en su placer.
Las paredes internas de Akane lo abrazaron con delicia y gloriosa concupiscencia, los jadeos de Akane eran una bella melodía, la mujer elevó los brazos sobre su propia cabeza para poder rodear el masculino cuello y poder mantener el equilibrio.
Penetró desesperado la femenina cavidad, el choque del voluptuoso trasero lo desconectaba de este mundo, haciendo que los placeres de la carne lo dominaran, una, dos, tres embestidas y percibió como el eminente cosquilleo de su bajo vientre le indicaba la llegada de la culminación de aquel acto, su mente no pensó en nada, el rostro se desfiguro por momentos dejándose arrastrar ante el mas exquisito placer.
Jadeo ronco al derramarse en ella, sintió como las fuerzas lo abandonaban, sus piernas flaquearon y la respiración se volvió errática y profunda.
-Por dios –habló Akane tratando de controlar las respiraciones, Ranma por su parte hundió la cara en el cuello femenino aspirando el olor de su esposa.
Ranma dejó caer despacio su cuerpo hacia atrás de forma ligera, llevándose a Akane en el camino, recostándola en su costado, ambos acomodaron sus cuerpos para que la mujer pudiera quedar recostada en su pecho.
- ¿Estas bien? –preguntó la menor de las Tendo a lo cual el varón le sonrió ampliamente
-Mejor que nunca –ambos rieron entre besos y caricias, iniciando una vez más en preámbulo de lo que sería una acalorada noche.
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Los rayos del sol parecían taladrar los masculinos parpados, el varón se removió molesto por aquella intrusión de luz, balbuceo unas cuantas cosas inteligibles y giró su cuerpo de manera que la luz ya no chocara de lleno con su rostro, la suave sensación pegada a su cara le encantó, definitivo esa almohada era la mejor del mundo, sonrió sin tener la necesidad de abrir los ojos, sabía que aquella cómoda y suave superficie, no era ni más ni menos que las gloriosas caderas de su esposa, acomodó su rostro sobre los femeninos glúteos.
A la mente del azabache llegó la alocada noche de pasión, cuantas veces lo hicieron… no tenía idea, eran de esas ocasiones que sus cuerpos no se saciaban, donde la necesidad por el otro era inalcanzable, la curva en sus labios parecía indicar lo satisfecho que se sentía, las piernas estaban débiles, su pelvis estaba adolorida, vaya que fue una buena noche se sexo.
Sintió como la pequeña anatomía bajo su cabeza se removía, maldijo que su esposa siempre se levantara tan temprano privándolo de esos preciados momentos.
-Es sábado Akane, duerme –musitó ronco.
-Mmm –ronroneo –tengo que levantarme –se movió lento provocando que Ranma tuviera que cambiar de posición –necesito ir a correr –habló padeciendo las consecuencias de la noche anterior –bueno, si es que las piernas me responden –sonrió aun algo adormilada.
La mujer a duras penas se incorporó de la cama, acomodó su camiseta y ropa interior, colocándola de manera correcta –me alegro que ya no estes molesto Ranma, que bueno que recapacitaste –
Esas palabras regresaron a Ranma a la realidad, había perdido el objetivo de todo, había caído en la tentación, en el bendito hechizo que era su cuerpo, la mención de aquello transformó el rostro del varón.
-Sigo en la misma posición de hace unos días –comentó de manera agria incorporando su cuerpo de la cama lo suficiente para sentarse –lo que pasó ayer no cambia las cosas, tienes que admitir que es tu culpa y pedirme una disculpa, y no sedere hasta que lo hagas –
Akane al escuchar aquello entornó los ojos, en realidad su esposo no había cambiado mucho de aquel muchacho orgulloso, seguía siendo el mismo testarudo de siempre, la mujer no pretendió quedarse más tiempo escuchando la necedad del varón, definitivo no tenía caso discutir.
-Lo que tu digas Ranma –pronunció dándole la espalda, el hombre de ojos azules observó como la mujer se acercaba a la puerta de la habitación, mirando como se detenía justo en el marco de esta –de verdad que es una lástima que estes tan molesto, con lo que me gusta que me acompañes en la ducha, siempre es agradable bañarme contigo –Akane sonrió inocente, destellando picardía en la mirada, elevó los hombros en un gesto desinteresado, retomando su camino a la ducha.
Ranma simplemente no podía creerlo, tenía una cara de sorpresa ante las palabras de su esposa, vio como la anatomía de su esposa desaparecía del umbral, cambio su semblante por uno de molestia, respiró hondo y sacudió su cabeza.
-Espera Akane, ya sabes como soy, soy un idiota boca floja, perdóname si, solo bromeaba con eso de la disculpa –y sin esperar un segundo más corrió en dirección al baño.
Estaba convencido que por esta ocasión no lograría obtener una disculpa, mucho menos verla suplicar por su perdón, tal vez en otra ocasión lograría obtener aquello, por lo pronto se dedicaría a disfrutar del bonito cuerpo de su esposa.
Fin.
Fiiiuuu, hasta aquí mi pago para Benani, amiga mía aquí esta, dos o tres años tarde pero aquí esta jejejeje, no tengo vergüenza, lo sé, pero este año quiero salir de mis deudas en cuanto a fics, hagan changuitos para que así sea.
Gracias a los que llegaron al final de esta locura más, gracias a todos los que siguen apoyando mis fics.
Gracias infinitas a mi bella beta Ziari27 por siempre apoyar mis historias, por darme de su tiempo y sinceridad, linda de verdad mil gracias.
Gracias a los que me dejan un lindo review, a los que me marcan como favorito, y los que le dan seguir a mi perfil, a todos muchas gracias, de verdad que no tengo como agradecer tanto amor.
Espero que este fic haya quedado entendible y que sea de su agrado, no tengo más que decir, más que despedirme como los grandes.
Gracias totales.
