Holaa a todos o los muy pocos que les guste el Milori. La verdad soy usuaria de Wattpad pero decido mudar también para acá mis historias y aprovechar para subir una nueva. O no tan nueva… la verdad este oneshot lo escribí en 2020 poco antes de encontrar otros dos oneshots pervertidos, uno de Zyan R. Leppard y otro de Friendly Mushroom precisamente de Milori, a ambos les mande solicitud de amistad en Facebook y luego para mi sorpresa resulto que son amigos jaja. En fin, soy más dibujante que escritora, pero también me gusta plasmar palabras para la posteridad, creo no soy tan mala… pero la verdad no me considero taaan buena escribiendo lemons porque este es el primero y único hasta ahora (ya entrenare más con el poderosísimo Sesshrin) ustedes juzgaran. No había subido esto, tarde cuatro años para armarme de valor y arreglar unas cosillas. No sé que tan pervertido sea, la verdad si me da un poquito de pena por que quien sabe que vayan a pensar de mi jaja.
Mi pasión por este shipp crack que me pregunto cómo es que a pocos les gusta, nace desde que tengo conciencia de que su servidora tiene un karma un poco extraño con las personas del signo escorpio, esta virgo ya no sabe si les sirve o si le sirven. Saint Seiya es con lo que yo conozco lo que es el anime (culpable es uno de mis tíos, recuerdo ver a Shun parir chayotes como siempre mientras toda la familia se juntaba bien picada a realzar nuestro orgullo japonés jaja) posteriormente me doy la tarea de verlo a conciencia ya en mis épocas super otakus. Y, además, Milo… Milo es muy atractivo jaja ay. Y eso de jugar con damiselas secuestradas como la abusa unicornios es adictivo.
A ver, este oneshot no es basado en el canon, aclaro, aquí todos sobrevivieron hasta después de Hades y también me baso en los rumores de una saga de Zeus que seguramente no nos darán a menos que Kurumada quiera más dinero. No doy tantas explicaciones de como sobrevivieron al muro de los lamentos, y la saga de las 12 casas y shalala y todo, aquí se infiltro el poder del guion, y encima de que es solo un oneshot que dudo que quiera ampliar a fanfic.
Por cierto, hago fanarts de Milori, a veces basados en los fanfics que encuentre de ellos, pero siempre y cuando tenga contacto con los autores para poderlos enviar, igual espero el tiempo me dé para hacer más de mi propia línea de ilustración. Ahora que relativamente comencé en digital pueden irlos a ver a mi Facebook page donde la encuentran como Rocharin 花. Mayoritariamente me verán hacer más cosas de Sesshrin pero no pienso soltar el Milori.
*No sean tóxicos, si no les gusta la pareja pasen de largo, esta cosa contiene lemon, de igual manera si eres menor de edad o eres susceptible mejor abstente. *
El cielo era de un gris explosivo, su amenaza cada vez más se iba cumpliendo, así que ella trataba de dar zancadas para acelerar su llegada, unas con más seguridad que otras a medida que su vestido le permitiera, y era evidente que deseaba que sus pasos volasen, aun cuando el vestido se enredara en medio de sus piernas. Estaba nerviosa e intentando sobrellevar la adrenalina y desesperación por llegar al otro lado. Los truenos comenzaron de a poco, avisando que en no más de los siguientes minutos la lluvia empezaría a brotar a mares. Y así fue. Como si lo estridente del cielo osara en interponerse pues alguien en él, no estaba lo suficientemente contento por lo que el producto de su cabeza rota intentaba hacer.
Se apresuró aún más y continuo hasta las faldas de una colina la cual su camino llevaba hasta la casa donde Shaula, Sargas, Al Niyat… Antares. En el aire viajaba el petricor, pero este se entremezclaba con el olor del veneno escarlata, indicación la cual reafirmaba que estaba a punto de llegar.
El elemento azul caía incesante sobre los escalones de la casa de escorpio, como si de esta se alimentara aquello, después de todo era el elemento característico de la constelación más oscura del zodiaco. La peli violeta, subió las escaleras con todo el cuidado que su poco raciocinio le permitía, cuidando de no resbalarse. Su corazón latía a ritmos insoportables y era un frenesí del cual no estaba acostumbrada la noble diosa, hasta que por fin llego al estilóbato, así disminuyendo por un instante su malestar.
-Milo- busco con la mirada entre los pórticos- ¡Milo!
Sin respuesta alguna, la taquicardia no tardó mucho en regresar.
Agitada, se fijó apenas en la nao de aquel templo "¡Milo!", volvió a llamar, su abochornada y luego desmotivada voz hizo eco en las paredes. Recorrió el interior hasta el fondo tratando de poner atención a la mínima sombra mientras siguiera conteniendo lo ahogado sus emociones. Luego rodeo el exterior para volver a la misma entrada.
Salió de nuevo a la lluvia. "Donde estas…" decaída, soplo un llamado inútil. Levantó su fino y delicado rostro con los ojos cerrados como si suplicaran al empíreo. Dejándose imbuir en los acuosos reclamos de su padre, resignándose que su juego estaba totalmente perdido, no aguantaría una desilusión más. Miro al cielo con su corazón a punto de desquebrajarse.
Se recargo en uno de los fustes dejándose caer lentamente mientras sus empapados cabellos resbalaban por el dórico de mármol. Apretujo sus delicadas y pálidas manos contra su pecho pues la sensación de alguien muerto en vida se aprisionaba de ella.
-Milo- susurró derrotada.
Quería arrancarse el vestido pues sentía que no cabía en él, tomo su escote y lo arrugo con ira hasta que no muy pronto de desgarrarlo, una ventisca se llevó su fuerza dejando solamente una diosa que sollozaba entre penas recitadas al aire.
La lluvia incremento, el agua caía a baldes y ya no solo en gotas, Athena quería ahogarse ahí mismo.
Estaba a punto de gritar el nombre de él mientras el agua en su boca se lo permitiera. No le importaba si el universo la escuchaba.
-Saori.
Escucho una voz grave decir detrás de ella, pero antes de que pudiera reaccionar y devolverse completamente, una mano la tomo fuerte de su muñeca y la levanto bruscamente empujándola pecho contra pecho.
Esa misma mano gruesa e imponente recorrió los hombros y el cuello de la fémina hasta tomar velozmente al mentón que chorreaba aun de agua, la acerco sin vacilar a la boca ya palpitante de deseo del escorpión. Él, la abrazo posesivamente de la cintura sin importarle toda el agua que los bañaba sin darse cuenta que emulaban una suave maldición que caía sobre los enamorados fugitivos. Ella subió los brazos a la altura del pecho del segundo. Un rugido de colera del padre Zeus sublimado en un luminiscente relámpago y un trueno ensordecedor que dejo caer cuando Saori correspondió el beso, luego de darse cuenta de quien la tenía entre sus brazos.
El beso era igual al escenario que estaba detrás de aquellos amorosos en guerra.
Se separaron por un instante para tomar aire de aquel profundo beso, que luego retomaron con más vehemencia de aquel despliegue de pasión como si lucharan contra la lluvia, solo ellos y la analógica furia griega con respecto a la hebrea.
Se sentían interpretar al primer hombre y mujer de la Tierra. Tenía sentido, pues virgo era la representación femenina y escorpio la masculina, entre ellos la balanza que equilibra toda dualidad en la creación. Las estrellas a las cuales se le adjudicaron la actual encarnación de Athena no ayudaban mucho a poner freno al romance que tenía con el caballero de la octava casa.
Saori ahora daba pequeños saltitos con sus labios en los de Milo, yendo de comisura a comisura de la boca más grande. Quería bajar la intensidad del beso, pero Milo no la dejo, entrecerró sus ojos con fuerza por ese hilo de tensión pasional, abrió un poco más su boca para atrapar con sus dientes los inmaculados pliegues rosas de Saori, atrayéndola más hacia sí, el empezó a acariciar con su lengua la de ella, intercalándose con pequeñas pero tirantes mordidas que el escorpión propinaba a cambio de su autocontrol. Continuo aquel caballero dorado saliendo del perímetro de la boca de la diosa, no pudiendo controlar un torpe gemido que escapo de la boca de ella, apenas audible por los estruendosos choques del agua contra la tierra.
Y es que los elementos de ambos hacian un rito de apareamiento, aquel sonido que emano de una hembra prohibida enloqueció al peli azul, que resbalo sus labios hacia un lado del mentón de la diosa con una pasión desenfrenada, luego plantándose en el cuello de la tersa joven dejándole a raíz de sus succiones un moretón junto con las marcas de sus dientes que sin darse cuenta, la tenían prensada del extremo de la clavícula que divide al cuello de su hombro izquierdo.
El escorpión, se esforzó por volver en sí, con fuerza de voluntad, abrió sus ojos de mala gana, despego sus labios y descendió su cabeza tiernamente, recargándose delicado sobre los hombros de la mujer como si se tratase de un niño triste. Saori lo abrazo y tomo con sus manos el cabello de Milo para revolverlo con suaves caricias de mujer que pedían calma para él. Sabía la razón de Milo.
Él, suspiro con aires de frustración, recobro la compostura no sin antes posar un breve y tierno besito en las mejillas de la agitada jovencita que aún seguía con los brazos enredados entre el cabello azul de él.
El soltó un leve gruñido apartándose unos centímetros de ella. Quería dejar atrás aquel drama como pudiera, pues solo lo torturaba y descomponía su alma ante la realidad en la que estaban sometidos.
La miro con una melancólica pesadez, esos ojos fijos y penetrantes en ella que recíprocamente agradeció con unos tiernos y aliviados zafiros en medio de la lluvia.
Milo volteo a ver a su alrededor, la lluvia aún seguía linchándolos.
-Ven o pescaras un resfriado que ni tu cosmos te salvara- tomo la punta de su manto blanco para cubrir a Athena sin separarla de él.
La condujo hasta el interior del templo.
-Espera aquí, traeré toallas- dijo alejándose apenas unos pasos.
-Milo- lo detuvo- ¿no será mejor ir a tus aposentos? - trago saliva esperanzada.
-Saori, sabes que es peligroso- apretó los puños.
-Hace frio.
El peli azul sabía del juego que constantemente la diosa usaba para ablandarlo y lograr que cediera, una y otra vez sin éxito. Negó con la cabeza.
Se volvió a aproximar a ella con la intención de abrazarla y darle calor, froto sus grandes manos contra los esbeltos brazos de ella y luego la rodeo.
Vio detenidamente la marca de su beso en el cuello de ella el cual apenas se veía entre la maraña violeta de cabellos húmedos que caían y terminaban en el firme busto de la diosa, bajo la mirada siguiéndolos hasta llegar al escote de esta, las gotas de lluvia resbalaban entre sus pechos y el vestido blanco dejaba ver a transparencia lo que escondía el cuerpo virginal de la joven.
-Son rosas…
Dijo Milo mientras fijaba su atención en el mune de la diosa.
- ¿Qué? - inquirió ingenuamente Saori.
- No quiero hacer más dramas - dijo desentendiéndose.
-Milo yo…
-No sabes cuanta es mi tortura- se tornó oscura su voz- escondiéndonos así…, estarnos limitando en cuanto estamos a punto de poseernos.
Saori lo intento interrumpir, sin éxito.
-No temo por mí, temo por usted diosa Athena- dijo con frialdad el escorpión- el pensar que puede salir lastimada con todo lo que conlleve nuestra relación, nunca me lo perdonaría. Lo mejor es- tragó saliva- que hoy sea la última vez que nos veamos solos… de manera definitiva- dijo apretando la mandíbula reprimiendo todo acto que evidenciara arrepentimiento o debilidad.
-No me estás diciendo esto…
-Diosa Athena…
- ¡YA! Por qué me haces esto, ¡no me digas así!
Milo quedo estupefacto por lo que acababa de ver por primera vez en la diosa, la cual nunca había presenciado tal estridencia ni en sus momentos más desesperados.
-Estoy harta, han sido meses, años en secreto, ¡ya no soporto nada!
Un amor el cual empezó desde adolescencia, sereno y gentil, discreto y elegante, con barreras que parecían precisas de no ser sobrepasadas uno por el otro. Era la más grande tontería en toda la historia pues cayeron. El deseo de probar cosas nuevas siendo alguien que físicamente constituye carne y hueso y una custodia personal no ayudaron mucho a mantener esas barreras. Finalmente, los besos no fueron suficientes, una declaración mato toda esperanza de estabilidad que por sentido común hasta el más tonto se abstendría de hacer en su punto más racional.
El llanto se mezcló con gritos desesperados de la joven. Se dejó caer abrazando las rodillas del escorpión que trato de mantenerse inmerso en su falsa actuación de fuerza, pero el intento de resiliencia de Milo se vio truncado al no poder soportar verla así ya en una crisis nerviosa. Él tampoco iba a tolerar más tiempo.
Se dejó caer al suelo con ella para luego abrazarla con fuerza.
- ¡Tú me lo prometiste! que no te separarías de mí.
-Puedo seguir a tu lado como tu caballero nada más. Yo igual prefiero cualquier destino siempre y cuando sea a tu lado. Pero no voy a dejar que te pase algo por mi culpa. Tenemos un deber.
-Con el cielo y la Tierra la cual ya es más tortura que obligación y más obligación que honor. A nadie matara que yo ame al escorpión.
-No deberías hablar así, eres una diosa, yo un simple lacayo al servicio de la Tierra y tu protección. Misma que estoy arriesgando hasta con tu mismo padre.
-Prefiero cualquier castigo a que me alejen de tus brazos.
-No comiences.
Yo te seguiría.
-Quiero estar contigo, así que no me hagas esto. Si es por mi padre…
-Saori… ya hemos hablado de esto. Una y otra vez, y siempre terminamos traicionándonos a nosotros mismos como hoy y como siempre hasta ahora.
-Hoy quiero ser tuya- lo interrumpió.
Milo soltó una leve y cálida risa.
-No te burles- ordeno la diosa molesta por aquella reacción.
-Mi diosa, lleva siendo virgen por miles de años, una petición suya ¿de verdad quiere que acabe con eso? ¿Y que vaya en contra del código que mantendrá a Zeus en su trono?
-Por favor- suplico- tú también quieres esto- dijo con una extraña mezcla de desesperación y seducción.
- Quieres que consumemos nuestro amor… Saori, no sabes lo que daría- mencionó el escorpión con la mirada perdida.
Ella asintió.
-No puedo negarte nada- continuo después de una breve pausa- por eso no te negare la vida o tu integridad, debo dejarte ir… amor mío- finalmente intento despedirse acariciando la mejilla de la muchacha pero esta no lo permitió.
No lo resistió más.
Saori lo empujo y se desprendió de sus brazos.
Se puso de pie enseguida y salió corriendo desconsolada del templo hasta bajar las escaleras. Milo se quedó cabizbajo pensando unos segundos hasta que después espabilo.
Lo empeore.
Sin más, se puso de pie y la siguió.
- ¡Athena!
Llamó opacando el fuerte ruido de la lluvia, viendo que su amada se encontraba corriendo con dificultad debido al vestido empapado que se cruzaba adherido en medio de sus piernas. Apenas tenía fuerzas para seguirse moviendo, en cualquier momento el abatimiento la haría desvanecerse en medio del diluvio.
Ya se encontraba en el camino, cerca del desfiladero que fungía entre las protuberantes colinas aledañas a la casa de escorpio.
- ¡SAORI! -llamo con más fuerza.
La diosa casi respondió en sí cuando la llamo por su nombre de pila, se detuvo de golpe, e instintivamente se volvió para poder ver a Milo aproximarse lentamente hacia ella, dudo, pero no pudo contenerse bajo ese dolor y anhelo, así que ella entre jadeos trato de hacer lo mismo, pero ya estaba muy hiperventilada por lo que solo dio unos cuantos pasos cortos en su dirección.
Veía al escarlata que, sin detenerse en las escaleras, él comenzó a tirar a un lado cada pieza de su armadura.
En sus adentros estaba dispuesto a todo, y aunque reencarnaran su destino seguiría siendo el mismo y ya no estaba dispuesto a vacilar en la siguiente vida ni esperar ni una más, él y ella. Cuando sea y donde sea. No permitiría que Saori fuera lastimada. Él sería superior al mismo Zeus o cualquier otro dios.
Así que una vez toco suelo al pie de las escaleras, desgarro el manto blanco que llevaba en la espalda, y se quitó lo restante hasta quedar con el torso completamente desnudo.
Ya casi cerca de Saori, y de una sola mano tendió su manto en el suelo del que casi no había césped pues ya estaba cubierto por el fango que se formaba por la lluvia.
Aun así, él apresuró el paso y Saori corrió unos metros hasta él, tomando el impulso para que la sostuviera antes de un abrazo a resquemor.
Un beso ahogado no se hizo esperar, justo con la intención de insultar a dios.
Milo la mantenía en los aires mientras ella lo tomaba resbalosamente de las mejillas. Sin deprenderse de aquel beso, Milo volvió unos cuantos pasos atrás a donde estaba el manto tendido casi flotando. La lluvia empezaba caer con más fuerza y los truenos invitaban al viento a ser su aliado.
Milo recostó lo más delicado que pudo a Saori encima de la capa blanca que él había arrancado de su armadura, sus manos caían en donde había estado prohibido por mucho tiempo atrás. Sus besos seguían imperturbables ante la lluvia.
No pudieron contenerse más.
Milo se separó de Saori mientras ella se enderezaba un poco, él dejando notar que tenía intenciones de quitarse la malla verde que cubría la parte inferior de su cuerpo. Ella lo tomo con sus manos y lo ayudo a quitárselo dejando a relucir ante sus ojos por primera vez la virilidad de Milo quien a pesar del ambiente se encontraba sorpresivamente endurecido.
Que estoy haciendo. Pensó Saori cuando sopeso la realidad entre su cuerpo y la de su amado. Su mirada estaba fija en el miembro de él. Nunca había visto uno realmente, miles de hipótesis pasaban por su mente.
Expuesta, mordió ligeramente sus labios cuando concluyo que era un animal inteligente haciendo lo que todos hacen en la naturaleza.
-Milo- lo llamo, regresándole la mirada hacia los ojos de su hombre- ayudam… -trato de ordenar. Pero la impostación de sus palabras fue muy lenta a comparación de un Milo que ya traía en sus puños lo que era el vestido de Athena.
Milo supo que se trataba de su vestido, de cualquier forma, planeaba hacerlo aun si no se lo hubiera pedido, sin pensarlo un segundo más, ambas manos de él tomaron con fuerza en medio del torso y el pecho de este y de un solo tirón el vestido le hizo compañía al manto.
Vio como le rebotaban sus pequeños pechos a la joven después de ese salvajismo y eso termino de endurecer todavía más su prominencia.
No pudo resistirse más y se abalanzo hacia ella provocándola con la lengua y jugueteando dentro de su boca, mientras sus manos se paseaban por sus senos descendiendo hasta el sexo de la diosa. El ambiente no permitía demorar el acto más tiempo con juego previo, pero si algo sabia por lo que había escuchado de otros hombres es que las mujeres sufrían más que ellos en su primera vez.
Podía notar una ligera humedad que se desvanecía con la lluvia que caía en esa parte, haciendo que irónicamente esta se secara por el agua. Lamio uno de sus dedos y lo introdujo en la tan deseada y estrecha cavidad de Athena, haciendo que esta se retorciera. Él estrujo con un dejo de sensualidad en la parte intima de ella, mientras que, apoyado con su codo, la otra mano amasaba los perfectos y esféricos pechos de la diosa.
-Ahhh- gimió la mujer. Milo se acercó más hacia ella para cubrirla con su cuerpo y brindarle un poco de calor en medio de ese caos, luego aumento ahora a dos dedos dentro de ella, mientras que su pulgar jugueteaba con el resto de carne alrededor, hasta que dio en un punto que hizo retorcer de manera extraña a Saori pero que de alguna manera parecía gustarle, aprovecho esto y froto los que ya no eran unos inocentes pliegues de la diosa, que comenzaban a hincharse. La excitada joven se perdía en las sensaciones que causaba todo lo que tocaba su cuerpo. Inclusive la del elemento de Milo.
Casi desvariando entre la euforia que infringía la lluvia en ella y todo lo que estaba haciendo en ese preciso momento.
Milo retiro sus dedos viendo que había un poco más de lubricación por parte de la vagina de Saori, por un momento concientizo que podría dolerle más de lo normal ya que la lluvia no ayudaba mucho.
Ya no pudo esperar más pues estaba en medio de su amor por ella y su deseo. Pero sus instintos animales se estaban apoderando de él.
No la quería lastimar, pues a pesar de que él representaba al signo más sexual del zodiaco, no había estado más enfocado en nada, más que en la guerra, no fue hasta ese día, que Marte dejo paso libre a Plutón. Ya había tenido ciertos pensamientos impropios. Lo que sabía era de cosas que en su adolescencia se le habían explicado y de las típicas conversaciones picantes de hombres que había tenido con Camus, Mu y Aioria, que a veces ellos daban detalles de sus experiencias con mujeres.
Nadie debía saber que Athena iniciaba a una bestia, pero él confiaba en que esto fuera un arte nato impuesto sobre su naturaleza y que su aguijón lo guiara.
Se acercó al oído de Saori quien entrecerró ligeramente sus ojos cuando él coloco una mano debajo de su cabeza como si fuera una almohada. Con la otra le dirigió los brazos indicándole que lo abrazara, ella obedeció.
-Esto te va a doler- le hablo al oído para que lo escuchara con claridad.
La joven apenas lo miro casi sin abrir los ojos, ya que la lluvia no la dejaba abrirlos con comodidad, se le notaba un ligero rubor.
Ella asintió levemente mientras el restregaba su pene contra su vagina.
Milo ayudándose con una mano fue introduciéndolo poco a poco en la estrecha feminidad de la diosa quien soltó un desgarrador grito de dolor acompañando a un relámpago cercano que deslumbro por unos instantes la escena, sintió que algo se estaba desgarrando entre sus pliegues, sentía como le jalaba la piel.
Para unos cuantos minutos, Milo ya había roto el himen de la que ahora era su mujer, así que decidió dar una fulminante estocada que terminaría por romper toda barrera de virginidad en ella.
El petricor ahora estaba tornándose en un ligero aroma metálico que desprendía la sangre de Saori la cual abrazaba el miembro primerizo de Milo.
Saori lloraba desconsoladamente de dolor mientras escondía su cabeza en el hombro de Milo. Finalmente, libero su otra mano con la que se había ayudado y está tomo con dulzura la mejilla derecha de su amada jovencita, dándole un tierno beso que aparentemente se consumó estoico ante la torrencial lluvia.
Su pulgar se paseó ligero acariciando las mejillas de su princesa. Las lágrimas de la diosa se perdían, apenas perceptibles por las gotas de lluvia que caían en su rostro lo cual no tenía sentido limpiarlas.
Comenzó el ritmo, penetrándola lentamente hasta que estuvo seguro que la diosa ya no muy virgo, aceptaba cada vez más el aguijón de su ya marido, o al menos así era en el fondo de su sentir, pues esta no era una aventura. Comenzó a embestirla con más fuerza y la velocidad que lo aclamaban.
-Mía- comenzó a decir Milo- solo mía.
Si bien Milo, estaba experimentando una sensación nueva y más placentera que cualquier sesión masturbatoria le haya brindado antes. Al principio sintió un poco de incomodidad por estar en un lugar muy estrecho como las paredes vírgenes de Saori pero pronto la incomodidad de lo apretado que se sentía se convirtió en un placer mayor que le termino por convencer el por qué a los escorpio les fascina tener sexo.
Unido al club, tomo aún más la dominancia, como si esta se hubiera despertado con unos brillantes ojos escarlata. Estocada tras estocada se convencía más que había nacido para tener sexo y Saori no tenía idea de la bestia que acababa de despertar.
-Mi-lo… ah duele- era demasiado doloroso, Athena gemía mientras se encontraba en un limbo de sensaciones que estaban entre el cielo y el infierno.
-Tr-tranquila- ah - Milo gimió de un lascivo completamente profano. Al parecer esto lo estaba inundando.
-Due-le- dijo entre gemidos y sollozos la diosa.
-Ah-acabare… tu dolor- respondió Milo aun gimiendo obscenamente e inmerso por las sensaciones. Trataba de no ser un bruto con ella. Pero generalmente los escorpiones tienen la fama de ser salvajes en la cama, con mayor razón un violento guerrero que no sabe cómo controlarse ya estando en el lecho.
Por otro lado, Saori sufría, una pobre virgo con una naturaleza menos sexual y más mental que nada. En dado caso ambos estaban destinados a ser crueles uno con el otro, ¿qué es más cruel que ir en contra de la naturaleza de un ser?
Pero lo más fácil para una virgo, o mejor dicho… lo mejor que puede hacer para no sufrir el resto, es entregarse a las pasiones del escorpión, como una inyección en un sistema nervioso relajado, en este caso su aguijon.
Parecía que él desvariaba de placer. Pronto su gozo mismo hizo que se moviera como un barco en altamar, aquel vaivén ondeante resulto finalmente ser más cómodo para la mujer que se encontraba debajo de él.
No tardó mucho en convertir esa comodidad en placer que le despachaba a la joven. Y desde ese momento la diosa empezaría a probar el verdadero cielo.
-Ahhh M- Milo - gemía la mujer del escorpión.
El varón empujo con más fuerza. Cada embestida hacia brotar gemido tras gemido arrítmico de la diosa. Sentía su boca vacía, así que tal cual como un ave de rapiña corto los hipnotizadores gemidos de su dama, enredando sus lenguas y mordiéndose entre sus lascivos juegos bucales.
Dejo descansar un momento la boca de Athena yéndose a lamer con desmedida lujuria el cuello de ella, haciendo que las estocadas sexuales que Milo le propinaba a Saori fueran más obsesivas.
Saori dejo resbalar su mano quedándose a la altura de los musculosos y bien dotados brazos de Milo, usando su instinto comenzó a encajar inofensivamente sus uñas en la piel de él, con una inexplicable gentileza y ternura, que sucesivamente se difuminaron hasta ser pervertidos dejando entre ver que comenzaba a despertar de su naturaleza virginal para al final transformarse en una hembra queriendo ser montada y dominada por el monstruo que estaba encima de ella.
No era difícil predecir que se haría adicta a ser fornicada por el pene de Milo.
-Ah- ahjahj si, si ahjah si asi ah- ah – parecía que un demonio de placer la poseía, porque puso los ojos en blanco y levanto su cabeza hacia atras mientras sonreía con la boca abierta.
En ese momento no se sabía quién estaba peor.
-Tómame como a tu hembra- comenzó a provocarlo con una dosis afrodisiaca de su voz.
No debió hacer eso. Ella era un demonio del sexo, pero un escorpión seria aun peor.
Milo sintió una corriente que le recorrió la espina dorsal que resultaba paralizante unos segundos mientras sentía el cérvix de su ahora mujer.
-Silencio, ouh- gimió embelesado cerrando sus ojos y dirigiendo hacia arriba su boca semiabierta que delataba su próximo éxtasis hacia el cielo.
Sus estocadas que eran veloces se intensificaron y cambiaron a ser duras llegando todas hasta lo más profundo que le permitía las paredes de la vagina de Saori. Una desvariada Saori lo vio como un reto y se dispondría a jugar con el placer de ambos.
-Eres mi hombre, solo tú puedes estar dentro de mí- la diosa se seguía metiendo a la boca de la bestia, y sin pensar, en medio de su propio placer y aún más se excitaba viendo las reacciones de Milo ante sus provocaciones.
Milo no quería dejar el frente de aquella batalla así que tomo con una de sus manos el clítoris aun hinchado de Saori y empezó a frotarlo para que dejara de concentrarse en hablarle.
-Ah- ah- ah- los gemidos más sucios se apoderaron de la garganta de la diosa.
Casi no podía pronunciar palabras, Milo casi se recupero de su trance, pero pronto sintió las uñas de Saori atacándolo nuevamente por la espalda. Al parecer eso le gustaba.
-Te gusta- ah… jugar sucio eh- dijo lo más claro que pudo para no entrecortar el placer que sentía en el pene al estar dentro de la vagina de Saori.
El escorpión termino por ceder y sus embestidas fueron aún más fuertes y más placenteras a la ya acostumbrada y descontrolada vagina de la joven.
Al unisonó se escuchaba el ritmo rápido de gemidos totalmente lúbricos, dulces y femeninos de Saori y que eran complemento al placer que expedía el segundo hilo de gemidos a ritmo y tono arduamente sicalíptico y de un varonil prominente que escapaba de la boca del escorpión.
-Ah- ahgh - gemía el caballero impúdico que se atrevió a cogerse a Athena.
Casi se olvidaron de la lluvia. Milo siguió penetrando a Saori, el sonido de los testículos golpeando la vagina hizo que Saori gimiera casi ahogándose. Unos segundos más y Milo sin contemplación alguna se enderezo y tomo bruscamente las piernas de Saori abriéndolas aún más y acelerando la penetración.
-Ahhh- suspiraron al unisonó en una estocada profunda, caliente y lechosa que se derramo en varias pulsiones dentro de la extasiada vagina de la virgo.
Gloriosos de haber llegado al mismo tiempo, pero aun conectados sin quererse separar, Milo siguió moviéndose un poco menos pues quería otra vez saciarse pues su pene aún no estaba calmo. De hecho, aún seguía eyaculando pequeñas cantidades de su semen.
- ¿M- Milo? – la voz temblorosa de Saori que apenas estaba tranquilizandose, trato de regresarlo a la Tierra llamándolo por su nombre, pero fue inútil.
Aunque no tardó mucho en darse cuenta de que el malnacido de Milo seguía burlándose de Zeus. Continuaba dándose placer con la vagina de Athena. Eyaculo por última vez dentro de su mujer lo cual se fue encargando de apagar aquella canción y escena obscena consumada impúdica en medio de la lluvia.
Los jadeos cesaron hasta que se repuso.
Los dos entre sus respiraciones entrecortadas, se dieron un beso que podría durar eternidades.
-Discúlpame, no lo pude evitar- dijo Milo tratando de analizar los daños y le planto ahora un tierno beso en la punta de los labios.
Milo dejo caerse agitado sobre los pechos de Saori, sin apretujar más de lo necesario para no asfixiarla. Saori trataba de recuperar el aliento difícilmente debido a que la perdedora tormenta no la dejaba respirar fluidamente. Milo se dio cuenta de inmediato y volvió a cubrirla con su cuerpo.
-Tenemos que bañarnos- dijo Milo preocupado.
-Es muy sensato- dijo divertida Saori.
Milo dio un beso blanco y puro en la frente a su amada, a la vez que retiraba de ella su aguijón de amor.
La volvió a tomar con sus brazos, se levantó con un poco de esfuerzo pues tanto las piernas de él como las de ella estaban temblando.
La cargo hasta el templo dejando sus ropas atrás, esparcidas en el lodo.
Ya adentro, Milo subió las escaleras que daban a sus aposentos que eran continuos a su cuarto de baño.
-No peso mucho ¿o sí? - la diosa sonreía.
-Claro que no, pero siento que mis piernas se deshacen.
Saori arqueo una ceja, miro con más detalle el escenario.
-Estamos desnudos, ¿y si alguien viene?
-Ahorita no hay nadie aquí y, además, para eso nos vamos a encerrar- respondió pícaro mientras le daba un beso en el cuello a su esposa, a lo que ella se sonrojo y tierna estremeció su cabeza y hombros.
Termino de subir las escaleras y se dirigió hacia su cuarto, Saori ayudándole extendió una mano para girar la perilla de la puerta y atravesaron el marco cerrando la misma.
La bajó suavemente.
-Voy a preparar el baño, en un momento vuelvo- le dijo y la beso velozmente en la mejilla. Athena se impresiono y en un reflejo llevo su palma hacia su mejilla.
Lo miro alejarse, su mirada estaba perdida de amor por él. Pero a pesar de eso, unos segundos después no pudo evitar ver lo que nunca había visto… la espalda baja de Milo.
Se sonrojo y dejo escapar una leve risita que cubrió con sus manos.
-Se lo que estás viendo.
-No puedo evitarlo. Que buenas nalgas tiene caballero de escorpio…- dijo con un tono meloso y pícaro.
-Y pensé que el sexoso iba a ser yo.
Por fin cruzo la puerta que interconectaba su baño con sus aposentos.
Saori estaba cansada, quería sentarse en la cama, pero se contuvo así misma porque estaba llena de lodo.
Paseo su mirada por aquel cuarto muy amplio. La cama tenía un dosel rojo y sabanas de seda blanco, el piso era de mármol blanco y las paredes con un tono más rosado. Nunca había estado en los rincones privados de Milo, durante todo su romance cuidaron de no estar ahí, pues era una tentación que sabían que no podrían resistir, pero dada la actualidad, había sido inútil. Miro con curiosidad el armario del escorpión, los buros y el escritorio que estaban allí. Quiso acercarse a abrir algún cajón, pero de repente Milo ya estaba detrás de ella.
- ¿Qué haces?
-N-nada.
Milo frunció el ceño.
-Ven- la guio tomándola de la mano.
Las paredes del cuarto de baño estaban tapizadas completamente de espejos a excepción de las vigas sobresalientes donde estaban los percheros, lo restante era completamente de mármol melocotón. Era muy bonito, inclusive más que el cuarto.
-Me imagino que el tuyo debe ser más amplio- dijo el escorpión.
-Un poco- Saori sonrió.
Luego de eso, tomaron una breve ducha para quitarse todo exceso de lodo que estaba adherido a sus cuerpos. Milo lo hizo rápido y al enjuagarse se dio cuenta que su virilidad aun tenia rastros de sangre de su Saori.
Por mi fuera no lo lavaria…
Sonrió por lo feliz que estaba. Después acabo de ducharse y salió de la regadera.
-Yo ya lo hice, te espero en la bañera.
El agua caliente hizo que Saori relajara sus músculos y dejaran de templar sus piernas. Pronto salió de la regadera y fue donde se encontraba Milo.
Milo se le quedo viendo desde la bañera y con las piernas abiertas, la miraba como un carnívoro a su presa. Era tan evidente, que Saori se quedó impávida sin saber cómo reaccionar, no sabía cómo responder ante su lenguaje meramente depredador.
-Date la vuelta- dijo dominante.
Saori obedeció.
Parecía que el puño de Milo chapoteaba, era imposible no masturbarse con aquella mujer frente a él.
- ¿Qué estas…? - pregunto Saori queriéndose dar la vuelta.
-Nada y quédate quieta- dijo firme- quiero que recojas tu cabello y lo dejes caer lentamente.
Saori obedeció nuevamente. Empezó a entender lo que quería su marido. Comenzó a concientizar que había despertado una parte de Milo la cual no estaba bajo su control, pero si bajo su absoluto poder y debía responsabilizarse por ello y asumir el peso de ser mujer de un escorpión.
-Sacúdelo y voltéate tapando tus pechos- volvió a ordenar.
Saori una vez más hizo lo que le decía su hombre.
Apretó lentamente sus pechos acompañándose con una mirada lujuriosa. Eso prendió más al escorpión.
Luego comenzó a mover sus caderas en círculos, luego de atrás hacia adelante suavemente. Paso una de sus manos por su cintura hasta bajar a su feminidad y la otra revolvía sus cabellos para luego juguetear inconscientemente con su boca.
Volvió a darse la vuelta para entonces empinarse y mostrarle al escorpión un lugar tan recóndito que, de explorar, Zeus no titubearía en alzar una nueva guerra santa con todo el olimpo abalanzándose hacia el escorpión pervertido.
-Ven.
El escorpión paró un momento de masturbarse y tendió su mano. Saori la tomo y entro con cuidado a la bañera.
El escorpión la recargo contra sí mismo. Luego ella reclamo el control con besos agudos en el cuello del escorpio. Pero Milo no la dejo y comenzó a besar sus pechos y luego a succionar los pezones de una diosa envuelta en el placer y aún más en la felicidad.
Milo abrió sus piernas y la coloco frente a él. Ella se sentó, percibiendo en su trasero el roce del pene travieso, blasfemo y retador que minutos antes la desvirgo.
Saori se recargo hacia atrás en el pecho de Milo, quien acariciaba sus cabellos violetas y le daba un ligero masaje en la cabeza, previo a bajar lentamente sus brazos a la cintura de ella y abrazarla mientras le ungía más besos en el cuello a la diosa.
-Te amo- le dijo un Milo rendido de cariño y amor- desde ahora en adelante tu eres mía… mi amante, no… mi esposa, mi propiedad. No importa quien se sorprenda tú dirás que eres mía y que ya te tome, que mi semilla está dentro de ti y ya no hay marcha atrás.
-Milo- Saori lo miro con amor tomando la nuca del peli azul y acariciándola amablemente.
-Aunque… aun no puedo creer lo que acabamos de hacer- suspiro Milo.
-Solo hicimos el amor… eso hacen las personas que se aman. No nos preocupemos por eso ahora. Estaremos bien- trato Saori de ser positiva.
-Es verdad- sonrió Milo- aunque me ganare el odio del resto de caballeros dorados- dijo burlándose pensando en la cara de sus amigos si se enteraran y de un Seiya consumido por la ira ya que no era tan secreto que seiya palpitaba por Saori.
-Solo podía ganar el más… dotado-bromeo Saori. Milo se tapó la cara en señal de vergüenza e incredulidad por las bromas de lo que pareciera ser una decente señorita que además era una diosa.
-Ay dios… que hice- susurro para sí mismo- Tsk- rio en un resoplido sutil y la volvió a abrazar.
Al cabo de unas horas acabaron de dormitar en la bañera luego por fin regresaron al cuarto donde en un abrir y cerrar de ojos, Saori hizo que Milo se sentara en el pie de la cama y ella rápido se arrodillo y empezó a meterse a la boca el miembro de Milo sin pudor ni reparo alguno.
-Oh ¿pero qué haces pequeña traviesa? - sonrió el débil Milo que parecía dejarse ingenuo a la felación de Saori. Tomo su cabeza y enredo sus dedos en los cabellos de la diosa y empezó a empujarla hacia su pene.
Pero pronto lo inexperta se le hizo notar cuando empezó a ahogarse en el acto por que el pene de Milo ya estaba otra vez despierto y endurecido y sobre todo gordo que sin mencionar lo largo, por lo que le imposibilito seguir subiendo y bajando constantemente. Así que opto por lamer los testículos, pero cuando paso la lengua en medio de ambos, Milo se retorció hacia atrás en señal de que le gustaba aquella sensación que la lengua traviesa y exploradora de Saori le proporcionaba, ella volvió a subir por el tronco hasta llegar a la punta y tratando de metérselo todo a la boca sin tener éxito pues esa cosa ya no cabía más allá de su campanita de la garganta. Pero no todo estaba perdido para la diosa quien tomo con ambas manos sus pechos poniéndolos de lado a lado cubriendo apenas la gran virilidad de Milo quien extasiado la miro mover y apretar sus pechos alrededor de su aguijón. Saori volvió a incorporar su boca a la par que apretaba más el tronco viril con sus pechos, pero ahora, debido a la posición solo pudo succionar la punta del pene. Pero entonces Milo se volvió a contraer soltando un gruñido que lo dejo en evidencia y que Saori cual metódica virgo supo que debía hacer después de observar que es lo que le gustaba a su caballero escarlata. Siguió chupándosela y masturbándolo con sus pechos hasta que succiono una y luego otra vez hasta quedarse ahí casi inmóvil torturando al otro con su lentitud, mientras el escorpión solo gemía, para luego el chasquido de sus labios terminara por acabar con la paciencia de Milo. Sabía que lo haría volver a venirse, pero entonces Milo la aparto con el salvajismo propio de él.
-Esto parece que no acabara pronto, te quedaras aquí, pero de mí no será culpa si nos descubren haciendo cochinadas- y la derribó directo a la cama, pero antes de que Saori se enderezara Milo ya estaba lamiendo o más bien comiéndose su vagina.
Circundeo con su lengua lentamente los labios mayores y menores de Saori como si de un helado se tratase, penetro su cavidad con su misma lengua durante unos momentos y bordeo nuevamente para luego propinarle sutiles mordiditas en sus labios superiores que hicieron que Saori gimiera de nuevo, movió con más fuerza la lengua cuando estuvo en el clítoris de una manera frenética dejando que Saori se paralizara en aullidos suplicantes por que este se detuviera, pues el placer parecía excesivo, pero eso no estaba en los rangos de obediencia del escorpión así que siguió proporcionándole placer incorporando sus dedos y poniendo atención a las reacciones de Saori, al principio parecía volver a dolerle ya que recién estaba desvirgada pero luego de posicionar correctamente dos dedos en ganchito que dieron en el punto G de la diosa, Milo no se soltaría de allí.
-Milo ah Milo- la sensación de Saori era demasiada- quie- quiero orinar-musito avergonzada.
-Claro que no, porque lo que sea que quieras derramar lo harás encima de mí- contesto y en un rápido movimiento la coloco encima de él.
Se recargo en el pecho de Milo quien en ese momento se concentraba para penetrar a Saori desde abajo.
-Milo…- dijo avergonzada la diosa.
-Ahora me vas a montar- sonrió Milo maliciosamente- por golosa.
- ¡Milo! - reprendió Saori.
-Bésame- ordenó Milo y la acerco desde la nuca para que Saori se distrajera en lo que él la acomodaba arriba de su virilidad.
-Ahh ahja- gimió la fémina.
-Si sigues gimiendo así parecerás una de las nenorras de calendario de Aioria- jugueteo Milo, divirtiéndose por la vergüenza del acto que le generaba a Saori.
- ¡Milo! - Saori se enfadó dándole una tierna bofetada al escorpión por sus obscenidades.
-Oh ohjo, tranquila- rio el escorpión- pero acéptalo… eres mi nenorra personal - y la acerco para darle un beso muy candente.
- ¿Ahora te das esas libertades de hablarle así a tu diosa? - comenzó Saori a moverse como sirenita encima de la palpitante virilidad de su marido.
-Más que mi diosa, ahora eres mi esposa, mía de mi propiedad, así que silencio y compláceme- sentencio el caballero dorado mientras agarraba las nalgas bien definidas de Saori.
El clítoris de Saori rozaba con el pubis de Milo, ella quien ante las sensaciones comenzó a extarciarse aún más manteniendo el ritmo entrecortado que le daba extremo placer.
-Que rico me la metes…- dijo entre gemidos.
- ¿Y yo soy el obsceno? - dijo Milo a lo que Saori lo ignoro presa y obnubilada por su placer.
-Quiero o-orinar… ah-Milo-ah- no sabía si ceder ante la vergüenza o ante su placer el cual estaba próximo a explotar.
-Quiero que te vengas en mi pene Saori debes bendecirlo con tus jugos. Orínalo anda- le suplico Milo quien también estaba embelesado, al mismo tiempo buscaba provocarla para que cediera.
-Pero…
-Debes hacer caso a las órdenes de tu marido. Así que anda- ordeno Milo forzándola a hacerlo mientras lamia suavemente los pezones de Saori.
Saori trato de apartarse del acto para correr al baño, pero Milo la sostuvo fuerte para que no lo hiciera, terminaron forcejeando unos segundos hasta que finalmente Saori cedió con pesar.
-Ya… no-no aguanto más- Saori dejo ir su squirt y finalmente roció a Milo, empapando sus genitales con sus jugos.
-La bendición de mi diosa- dijo ruborizando a Saori y la beso.
-Milo yo… -continuo el beso sin dejarla responder.
Un hilo de saliva los unía de boca a boca mientras él una vez más se posicionaba encima en ella.
-Supongo que voy a terminar vacío…
-Deseo ordeñarte luego de lo que acabas de hacer- dijo entre jadeos la mujer.
-Sígueme provocando Saori y conocerás el verdadero poder del escorpión celestial- sonrió Milo y la coloco en cuatro dejando el trasero de Saori expuesto y a la merced de él y de su desesperado aguijón que solo deseaba darle el amor tal como los escorpiones suelen darlo- Mira todo eso, no me hubiera tardado tanto en hacerte mía-dijo observando con detenimiento el trasero de Athena.
No reparo en ningún segundo en volver a penetrarla, la sensación era diferente para Saori, volvió a doler, pero no tardó mucho en reponerse, aunque las descargas de Milo en ella eran más violentas, tanto era la fuerza que aplicaba que termino derrotando las rodillas de Saori que termino tumbada boca abajo aun gimiendo de placer junto con Milo.
El sonido de sus testículos golpeando la vagina de la diosa era aún más estimulante para ambos.
-Ahah Milo- gimió temblorosa Saori.
-Desde que te conozco mis ojos no paraban de fantasear por lo deliciosa que te veías, quise hacer las cosas bien, pero ganaste, vivo por ti, pero ahora viviré por nuestro amor- por un momento Milo dejo de lado su orgullo ganándose la plenitud de Saori.
-Milo… soy tuya, eres el único que puede tocarme, el único que puede dominarme de todas las maneras posibles.
Milo enseguida retiro su pene y vacío en la espalda baja de Saori.
- ¡No! ¿Milo por qué? – se quejó entristecida. Saori se enderezo y lo miro con tristeza.
-Terminaras embarazada si seguimos así.
-No quieres… ser… no deseas que.
-Claro que si- le aseguro Milo acariciándola en la cabeza- pero… soy muy egoísta y te he quitado tu castidad.
-Y yo la tuya genio.
-No entiendes… mi prioridad eres tú…
-No me importa nada… no me importa el resultado, bueno… un poco si- reflexiono la diosa- sería más factible escapar a otro universo donde seamos personas comunes y corrientes. No habría problema que…
-Ya hemos cometido muchos insultos, las consecuencias podrán esperar- decreto el peliazul. acostándose a un lado de la adolescente a la que acababa de convertir en mujer.
Milo deposito un beso duradero en la frente de su amada y la atrajo hacia sí, acurrucándola en su pecho y acobijando a ambos con las sabanas un tanto húmedas, pero sin incomodarlos con la sensación. Más bien daba un efecto placebo el que el cuarto y sus propios cuerpos olieran a sexo.
Durante algunos minutos estuvo revolviéndole el cabello gentilmente hasta que iba cayendo somnoliento y enredaba sus piernas con las de su diosa y ahora amante. Antes de dormir quedo pensando un breve momento si realmente quería seguir haciéndose el difícil y decirle a Saori que eso sería todo después de reafirmar esos sentimientos que nunca podrían llegar a ser bien vistos y que ese momento se lo dejaran a resguardo a la eternidad misma y siguieran su camino como diosa y caballero, o que enfrentaran cualquiera que fueran las consecuencias. Eran tantos escenarios posibles, que pensó sin detalle en cada uno, menos en el que le esperaba. Por primera vez el escorpión era víctima de su propia restricción.
La volteo a ver mientras Saori yacía completamente dormida, sonreía y respiraba ligero y frio en la piel desnuda de Milo. El muchacho se preguntó el cómo podía insistir en desistir del amor de aquella mocosa, lo que le parecía ridículo ahora que habían hecho lo impensable. Definitivamente se volvería a repetir. Ahora Milo no tenía a donde escapar, no se imaginó sin ella, su corazón se estremeció a la par que su entrecejo que remarcaba su preocupación y desesperanza si la volvía a rechazar, la abrazo aún más fuerte y bajo su mano hasta los hombros de Saori, estrujándola preocupado y posesivo, rozo con fiereza y decisión sus mejillas, por la cabeza y las sienes de Saori como un gato cariñoso e inmerso de sus despliegues de amor.
- ¿Milo? - pregunto apenas despierta la joven.
-No es nada- Milo la tomo de la cabeza y la trato de acomodar nuevamente en su pecho.
- ¿Estas bien? - insistió entre bostezos Saori. Milo asintió.
-Te digo que no es nada- dijo con firmeza el mayor, revirando su rudeza con un tierno beso esquimal donde ambos juguetearon con sus narices de lado a lado con suavidad. Luego Milo le regreso un beso en la punta de su nariz- Duérmete- Saori presa de su letargo volvió a acurrucarse en el escorpión y regreso a sus sueños.
Por donde lo vieran, su relación estaba mal, aun ignorando el hecho de ser diosa y caballero, distaban de edad siete años. Saori apenas tenía catorce años y Milo cumpliría veintiuno. Estaba condenado de alguna u otra manera.
Aun así, Milo fue obligado a ignorar ese horripilante detalle cuando se quedo dormido abrazando a su enamorada.
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O parte de eso recordó Athena, quien esperaba paciente, mirando a través de la ventana de sus aposentos, bañándose con los cálidos rayos de medio día.
Para su fortuna, recién comenzaba la primavera y la alegría de su tía Demeter aseguraba un gran día que no podría ni las rabietas del mismo Zeus arruinar. Pero aun sin despreciar el regalo de su tía, ella seguía viendo a través de sus ojos el recuadro donde las memorias quedaron tatuadas en el yonico más sagrado… y en su corazón. Bajo la mirada y la incrusto en la casa de escorpio, alguien salía de ahí con dirección a la estatua de Athena.
No pudo evitar adentrarse más en remembrar lo que había pasado el verano anterior hasta que fue interrumpida por Afrodita quien desde unos minutos antes se había posado en el marco de la puerta, observando con una burlezca y maligna sonrisa a su diosa quien inmersa en todos sus recuerdos no se percató ni del cosmos del pez.
-Y…- carraspeo el narciso caballero haciendo que la joven se volviera exaltada y luego de darse cuenta de quien se trataba suspirara aliviada- ahora es él quien sube- dijo irónico.
-No sé a qué te refieres- contesto confusa Saori.
-Hace meses…- comenzó a decir, acercándose a su lado para ver junto a ella en la ventana a un Milo atravesar la casa de sagitario- después de estar en los muelles, oíste al grupito maravilla hablar de sentar cabeza, claro antes de su axiomática premura por una no muy lejana guerra contra Zeus. Hades perdió esta vez, pero tú no querías perderlo a él. ¿Cuánto tiempo Saori? ¿Cuánto tiempo y como, antes de que yo me enterara el verano pasado cuando iba subiendo tras de ti y pudiera traumatizarme viendo como Milo te cargaba desnudo hasta su casa?
Saori, se quedó inmóvil y sin palabras, estupefacta por la confesión de Afrodita.
-No respondas, seguro que con la misma cautela que yo tuve durante estos meses… solo por su felicidad- se rindió.
Saori trago saliva.
-Afrodita yo…
-Coincidentemente hace ya un poco más de un mes que no sale de sus aposentos, ni en las noches para visitar la casa de escorpio donde nació la afrenta más temida por Zeus.
-Afrodita, no he sabido cómo manejarlo, ese día y todas las noches hasta ahora, Milo y yo… hemos insultado de sobremanera a los dioses, he sido descuidada, y seguramente seré la causante de una guerra en el mismo olimpo. Hay algo que no sé si pueda ocultar como hasta ahora en el santuario.
-No es necesario que me lo esclarezca. Sin quererlo me he convertido en el documentador bouyerista de su vida personal, no deseo hacerlo más patente. Pero no la culpo, usted no es igual a su padre, que con el respeto que le debo, él tiene toda su cabeza en sus genitales y usted tiene el corazón en el lugar correcto.
Athena viro su mirada al caballero de piscis quien seguía posando su mirada en el santuario.
-Afrodita…
-Su pureza ante los ojos del santuario sigue intacta, la guerra es parte de nosotros, pierda cuidado. Nunca le daremos la espalda, aunque de entrada… no creo que le vaya muy bien a Milo-rio entonces- juzgarla no sería un buen camino para el santuario, aunque no hay que descartar un descontento natural pero la guerra está a la par del amor, contra eso no se puede luchar ¿no lo cree? Así que todo se vale- la miro finalmente a los ojos.
-Supongo que… así es, no me gustaría que el caballero de geminis me mostrara un mundo donde no hubiera amado a Milo. Pero tengo miedo…
-Las cosas acabaran como tengan que acabar, vine aquí para atreverme a hablar al menos sobre la voz interna del santuario, no por sus reacciones iniciales. Es aquí cuando su sabiduría debe salir a flote, las estrellas guardianas de su encarnación son sus aliadas, en unos minutos comenzara a poner en orden las consecuencias del amor suyo por un mortal testarudo como lo es el bicho de pelo azul que recién ya atravesó a capricornio- señalo Afrodita.
-Si te oye diciéndole bicho, te matara sin ayuda de Antares- rio Saori.
-No lo hará, si está agradecido por la magnífica vista que le proporcionare- saco un cepillo y unos cuantos cosméticos hechos a base de rosas, seguido de guiar a Saori hacia el espejo y empezar a prepararla.
-Gracias… Afrodita- Saori dijo ligera tomando la mano de su amigo.
-Agradéceme preparando sanamente tu cuerpo- dijo Afrodita a lo que Saori se sonrojo y sintió arder las orejas.
Milo recién salía de la casa de acuario, luego de una extensa charla con su mejor amigo.
Afrodita se apresuró y termino de arreglar a Saori, se despidió de ella y bajo nuevamente a su casa para recibir al escorpión. Cuando este la atravesó, Afrodita no se dignó a decirle nada más que dedicarle frente a frente una sonrisa cínica que Milo ignoro, tirándolo de loco como siempre.
-Claro, finge demencia- susurro Afrodita para sí mismo.
Milo siguió su camino, ya casi estaba más cerca de Saori quien calculo el momento exacto para correr delicada a través de su templo y esperarlo en la estatua de Athena. Aguardo unos momentos cuando en su espalda sintió el cosmos de Milo arrodillarse.
-Mi diosa- saludo Milo haciendo valer los modales pertinentes entre diosa y caballero dorado.
Saori cerro sus ojos aun dándole la espalda.
-Bien sabes, que no deseo la presencia del caballero de escorpio en estos momentos, quiero a mi amante.
Luego sintió a Milo aproximarse mientras este la tomaba por la cintura y depositaba un beso en el hombro de la diosa haciendo que esta abriera sus ojos y se volteara a abrazarlo.
-Supongo que… no te hace del todo mi esposa el solo hacerlo durante varios meses en mi lecho- dijo un Milo molesto frunciendo el entrecejo con indignación.
Saori abrió los ojos de par en par sorprendida por la reacción de Milo.
-Eso se arreglará- musito.
-Así es porque creo estar seguro a lo que vine, finalmente entraste en razón.
- ¿Qué? - pregunto confundida la diosa.
-No has ido a mis brazos este último mes, de repente mandas llamarme ¿ha sido todo verdad?
-Milo…
-No diré que no duele, la seguiré protegiendo con mi vida.
-No hagas que le dé el crédito a Aioria cuando se insultan por quien es el cabeza de chorlito-sentenció Saori alzando una ceja.
-Entonces no te entiendo- el escorpión de por si estaba irritado y comenzaba a exasperarse con facilidad.
-Milo ¿me extrañaste? - pregunto enternecida Saori.
Al escorpión le hervía la sangre y no quería dejar a relucir sus sentimientos de manera vulnerable, su coraza ante los demás era como un muro de los lamentos pero que Saori con solo una sonrisa o una lagrima podía resquebrajar con facilidad.
-Chiquilla impertinente… -suspiro derrotado- dime lo que tengas que decirme pequeña sabandija, no tengo mucho tiempo- dijo conteniendo su orgullo.
-¡Bien! Al parecer estas irritable, hacer corajes contigo no me hará ningún bien.
-Eres mi amante, tu sola te has puesto ahí, el coraje lo acabo de hacer yo.
- ¿No deberías acaso pedirme matrimonio en lugar de indignarte si utilizo términos bajo su concepto y definición establecida? A veces eres imposible.
Milo no dijo nada, aún tenía un semblante amargo, inflo las aletas de la nariz y solo se quedó mirándola a los ojos. Por un instante Saori pensó en entrar en esa batalla de miradas, pero sabía que los ojos fijos, duros e imponentes de Milo ganarían ante su fragilidad. Finalmente cedió.
-La regla… no me viene.
- ¿Qué? - musito el escorpión, tragando saliva y aflojando su porte.
-La regla no me viene Milo, no he sangrado durante este mes. Me he mantenido en observación durante este periodo que no he bajado a tener relaciones contigo. La última vez que tuvimos sexo fue después de mi último periodo y si no me fallan las cuentas, tengo un mes y medio de embarazo.
- ¿Estas segura de lo que estás diciendo? - susurro cuestionante Milo arrastrando sus palabras por la impresión.
-Sí, lo estoy, Tatsumi me envió el resutado de sangre, necesito confirmarlo y quiero abrirlo contigo- tartamudeo un tanto Saori a la par que sacaba un sobre de laboratorio. El cual Milo se lo arrebato con muy poca gentileza y lo abrió en un santiamén con el aguijón de su dedo- ¡Oye!
Luego de unos segundos Milo se detuvo antes de desdoblar el papel, fijando su mirada al horizonte y arrugando el papel por la mitad.
- ¿Milo? - llamo Saori buscando su mirada.
Milo luego le dirigió de nueva cuenta sus ojos y se acercó a ella, más precisamente a su vientre.
-Mi…
-Silencio- ordeno.
El escorpión pego su frente contra el vientre de Saori y cerro sus ojos, enfocando su atención en el interior de su amada.
-Su cosmos apenas es una flama- Milo sonrió sin quitarse de aquella posición disfrutando de su primer contacto con el fruto del amor por su señorita.
-Es aún muy pequeño, ¿puedes sentirlo con claridad? - sonrió la diosa.
-Por supuesto, soy su padre- volvió a su arrogancia el escorpión.
Saori solo rodo los ojos y se quedaron así durante unos minutos. La brisa entonces los golpeo gentilmente llevándose consigo pétalos de algunas flores que rozaron a la pareja. Milo se incorporó finalmente, suspiro con una mezcla de tranquilidad y resignación, rozo su nariz con la de Saori y luego coloco un beso en la punta de la nariz de ella.
-Se mi esposa- se restregó romántico sobre la cabeza de Saori, mientras esta hacia lo mismo en el pecho de Milo- antes de que Hera se moleste por que hicimos un bebe sin estar en sagrado matrimonio.
Saori suspiro y puso los ojos en blanco nuevamente por la falta de tacto y romance de la cual padecía su amado escorpión.
-O antes de que Afrodita se queje por mi barriga crecida antes de poderme confeccionar un vestido de ensueño como los que acostumbra. Aunque… Zeus… mi padre…
-Shhh- chito el escorpión- no digas nada, mejor que no adelante su fin, porque eso es lo que encontrara si se atreve a lastimarte a ti o a nuestro bebe.
Saori se hundió más en su pecho.
-Milo… siempre seré tuya, mi corazón le pertenece al escorpión.
El resplandor de medio día los cubría debajo de la estatua de una diosa que jamás debió romper el voto de castidad que miles de años atrás había jurado. La tormenta se avecinaba, no al alcance de sus ojos. Se preguntaba si su amor vencería una vez más contra un dios enfermo de poder, este amor en particular egoísta y exclusivo para un solo hombre fuera de todo precepto sobre el cual reiteraba el amar a cada ser humano por igual que el resto. Milo sin duda sabia el destino un tanto risible que le esperaba en el santuario y fatídico en el olimpo, la victoria la disputaría en la punta de su dedo y en el corazón de sus estrellas, pero por ahora lo único que le apremiaba era ir por los mejores alimentos y supervisar que Saori comiera por dos. Que con las tallas ahora más que nunca podía fastidiar a Afrodita.
Yyyy quede como una pervertida, o dramática o como un fiascoooo jaja puede pasar, repito no siempre me sale a la primera, pero quiero seguir intentando lemon, una de las cosas más bonitas de la vida es el sexo, que claro al menos yo entiendo que es lo mismo que hacer el amor ya que yo no podría entregarme si no amo a la persona... Jaja tal vez quede como lolicona, pero era uno de los detalles que me frenaba publicar esto, hastaaa que alguien por ahí si se basó en las edades reales, lo cual no me molesta jaja, no es tan malo digo, son siete años, a los siete no puedes ser papá de nadie, y además ayer que vi Harry Potter y el prisionero de Azkaban donde los personajes y los actores precisamente tienen 13 años, me pareció que Emma Watson estaba a la par de desarrollada como pintan a Saori en esa misma edad así queeee…
Ah y sí, me gusta la virginidad, en el buen y estable sentido. Así que si estaban acostumbrados a ver Sesshomarus y Milos fuckboys aquí se les acabo porque siempre los hombres al igual que el cliché femenino los pondré como vírgenes. O todos coludos o todos rabones, prefiero que, si uno ya tiene experiencia el otro también o que, si uno es virgen el otro igual, no hay más.
Sin más espero que lo hayan disfrutado o que no lo hayan odiado tanto.
Pd: Les recomiendo Kimi ni todoke, película, anime y manga, el Kazehaya es de los míos, canónicamente su primera vez es con Kuronuma jaja, ay que galán. Por sii se les antoja jaja bye.
