Desde hacía minutos los ojos verdes de la chica miraban a Ludwig frotando la esponja en la ventana de la 4x4 que su abuelo había convertido en una montaña de mugre quién sabe cómo.

Él no era de este tipo. Era un hombre moderno que llevaba su auto al lavado de autos y aprovechaba el tiempo en que lo lavaban haciendo algún recado. Sin embargo, esta vez estaba devolviendo un favor. El abuelo le había pagado a Chiara por llevarlo a lavar o lavarlo ella, pero ella se acababa de pintar las uñas y no le apetecía salir con este calor. Sin mencionar que no quería arruinar el esmalte.

Y el rubio se lo debía por cubrirlo con su hermano para no cuidar a su pajarito mientras él se iba de viaje. El Beilschmidt menor era pésimo para mentir, por lo que la chica solo tuvo que hacerlo por él. Le dijo al albino que a veces al gato de Felicia le gustaba seguir a Ludwig a casa. Gilbert se horrorizó ante la idea de que un maldito gato matara a su pájaro, así que tuvo que encontrar alguien más.

—¿No podrías ayudar un poco? —se quejó el rubio cuando estaba al final. El calor era insoportable para él, su piel estaba roja.

—¿Quieres que te traiga un jugo? ¿Un batido? —ella preguntó inocentemente sosteniendo su vaso de cristal con un batido de bayas silvestres helado.

—Quiero ayuda para secar —declaró.

La castaña sorbió la pajilla antes de responder.

—Lo máximo que puedo hacer es traerte algo de beber, pero luego… Me gusta la vista.

Ludwig alzó la ceja sin entender, hasta que ella dirigió específicamente sus ojos hacia su parte posterior. El rubio se sonrojó más por eso que por el calor que hacía ese día.

—Deja de verme el trasero —masculló. No estaba tan loco para gritar eso.


¿Un fic de verano?