¡UNA PEQUEÑA ADVERTENCIA! Este capítulo tiene una extensión de 50k palabras. Es una lectura larga; muy muy larga. Les recomiendo tomarse descansos entre la misma y tomar captura de pantalla del punto en el que se quedaron. Puede llegar a hacerse pesado, así que… ¡extremen precauciones! Recuerden leer en comodidad y a su ritmo. ¡Gracias!

Josezcri: ¡Muchas gracias, Josezcri! Si hay algo que, como escritor, me halaga a morir, es que elogien a mis personajes. Ellos podrán no ser cien por ciento míos, pero Dios como me he esforzado porque sean distintivos. ¡Gracias por tu review y ojalá disfrutes de este capítulo también!


Cuando pensaba en Hau, ¿qué era lo primero que se le venía a la mente? Su primer encuentro, sin duda. La impresión que el muchacho le había dejado con aquel gesto tan bravo hecho por tan poco todavía perduraba pese al paso de los años.

Recordaba el divertido viaje en barco hacia Akala, su conversación en el tejado del centro Pokémon de la Avenida Royale, aquella batalla que habían tenido mano a mano para enfrentar a Nanu… Su conversación a la orilla de la playa. Era difícil describir en palabras lo mucho que su vínculo con Hau significaba para él; habían vivido tanto juntos que limitar su relación con él a simplemente la palabra "amigos" o "rivales" se sentía hasta irrespetuoso.

«Era un niño tan tranquilo pero gentil. Recuerdo una ocasión en la que se encontró un Kakuna y, como no se movía, creyó que estaba herido. Lloró hasta que papá le contó una historia sobre guerreros y cosas por el estilo».

Rio para sí mismo. Si había disfrutado algo de estar muerto, eso sería la compañía. Se rodeó de tantas personas únicas e interesantes; descubrió tantas versiones distintas de historias que nunca habría conocido de otra manera.

Entendía por qué Hau había resentido por tanto tiempo la muerte de su padre. Hal Mahalo era un alma tan… especial. Un hombre como él, con su carisma, fuerza, conocimiento y liderazgo era el ídolo ideal; todo niño se enorgullecería de llamarlo su padre. El cariño con el que hablaba de Hau y la tristeza con la que veía como la chispa dentro de él se apagaba…

Miró al cielo con nostalgia.

No me conoce, Hal. Al menos no en esta línea temporal, pero su hijo… su hijo está a salvo y es fuerte, habló con la esperanza de que pudiera escucharlo. Se rio para sus adentros. Aunque seguramente esté viéndolo a él ahora mismo. Deséenle suerte, Hal. Usted, Hala y Aolani… Y… también a mí… Después de todo, aquí es donde…

—¿Qué haces mirando al cielo tan solemnemente, raro?

Se dio la vuelta para encontrarse con Rotom y Pikachu. Lillie llegó detrás de ellos con la respiración levemente agitada.

—Te estuvimos buscando un rato, ¿por qué estás aquí solo? —preguntó la rubia, recuperando el aliento mientras caminaba hacia él.

Pikachu saltó al hombro de Ash, que le acarició el mentón apenas tuvo la oportunidad. El azabache se giró hacia Lillie con una pequeña sonrisa en el rostro.

—Solo quería despejarme un poco.

Rotom suspiró.

—Tienes una percepción curiosa de "despejarte". ¿Consideraste que estamos a menos siete grados centígrados?

Ash vio el balcón en el que se encontraba y rio, liberando una nubecilla de vapor que desapareció en el aire. Se frotó las manos.

—¿Nunca oíste de la meditación en agua con hielo?

La Pokédex simplemente negó, resignado. Lillie le puso las manos en la cintura a su pareja.

—Ya son las cuatro diez. ¿Tienes todo listo? —preguntó con voz suave.

Ketchum asintió.

—Los muchachos están preparados y yo también. No podemos decepcionar a Hau —respondió con seguridad.

—Ni a ti mismo, no lo olvides. —Lillie le sujetó las manos enguantadas y las puso frente a su rostro—. Este es tu pase a la final, Campeón.

Las comisuras de los labios del azabache se elevaron incluso aunque le dolía la cara. Al escucharla llamarlo de esa manera, tuvo una sensación cálida que le nació desde el estómago y se expandió por todo su cuerpo.

—¡Pika pika! —Con rostro determinado y una gran sonrisa, Pikachu le levantó un pulgar desde su hombro.

—Sí. Gracias, Pikachu. Lamento que no puedas venir, amigo.

El roedor simplemente se encogió de hombros y le restó importancia al asunto.

—Ash.

Al escuchar hablar a Rotom con tanta seriedad, volteó a verlo con la misma expresión en el rostro.

—Hau se ha vuelto muy fuerte. No es el mismo chico al que enfrentaste tantas veces y al que venciste por igual. Su estilo está casi perfeccionado, así que…

—Lo sé, Rotom. Tendré cuidado.

—No, no es eso —dijo, tomando por sorpresa a Ketchum—. Ve con todo lo que tienes.

Los ojos de Ketchum brillaron con fiereza.


—Cuando tenía cinco años me encontré a un Kakuna en el bosque de pueblo Iki. No se movía, por supuesto, ¿cómo lo haría siendo un Kakuna? Pero yo no sabía eso. Creí que estaba herido, incluso muerto, y lloré. Lloré por casi una hora en la que papá intentó explicarme, nervioso, que era parte de su ciclo natural.

—¿Y cómo te calmaste? —preguntó Acerola, entretenida y enternecida.

—Me encanta esta parte —dijo Malvácea, llevándose las manos a la boca.

—El abuelo llegó a socorrer a papá. Me sentó en su regazo y, con la voz más tranquila que nunca le oí hacer, me contó una historia. —Con ojos llenos de nostalgia hizo memoria para recordar hasta los detalles más pequeños—. Me contó como los Weedle luchan desde su nacimiento para convertirse en valerosos guerreros tan poderosos y letales como Tapu Koko; que por eso eran amarillos como él.
»Dijo que se quedaban quietos, envueltos en su crisálida, porque estaban en una etapa donde debían asimilar en su interior los regalos y virtudes que Tapu Koko les había otorgado como miembros de su guardia real personal. Que cuando llegara el momento en el que por fin salieran de sus corazas, lo harían como Pokémon completamente nuevos con la misión de proteger al inocente.

—Aunque los Beedrill…

—Padre le contó una pequeña mentirita piadosa a Hau —rio Malvácea.

—Eso provocó que al año siguiente un Beedrill me atacara, pero creí que era porque Tapu Koko estaba enfadado conmigo. —Hau soltó una carcajada.

—Y padre tuvo que contarle la verdad.

—No le creí nada por meses después de eso —dijo el moreno con una sonrisa en el rostro, arrellanándose en su asiento.

Acerola se rio mientras se cubría la boca con las manos.

—Me pregunto si ya pasé por mi fase de Kakuna… —murmuró Mahalo, interrumpiendo las risas en el interior de su habitación—. Tal vez ya esté listo para que Tapu Koko me acepte como su guerrero.

Malíe y la señora Mahalo intercambiaron miradas.

—¿Después de esto? Tapu Koko sería un necio si no viera el potencial que hay en ti, hijo —dijo Malvácea, poniéndole una mano en el hombro.

Hau se rio, nervioso.

—No creo que sea buena idea hablar de él tan irrespetuosamente, mamá.

—Malvadácea tiene razón, HauHau. Has cambiado muchísimo en el casi año y medio que estuviste fuera —dijo Acerola.

El moreno se quedó viendo fijamente el techo, reflexionando. ¿Esta sería su batalla más difícil? No, ni de lejos. No matar a Faba sí que había sido todo un desafío; sobrevivir a Guzzlord le había dejado con pesadillas de por vida. A comparación de aquellas batallas donde había vidas en juego, esto era puro entretenimiento, nada más que mera diversión. Pero la diversión no debía de poner a uno tan nervioso. La diversión era alegre; amena. No se suponía que le doliera el estómago, que le temblaran las piernas o que se le secara la boca. Lo pensó bien y se corrigió.

Tal vez no se estaba carcajeando, pero todo lo que sentía en ese momento lo había sentido con otras formas de diversión: ver una película de terror, escalar una montaña; actividades que le daban los mismos síntomas pero en menor escala.

Era una batalla, pero no una como cualquier otra. Era Ash Ketchum; el hombre. No podía ni empezar a explicar lo que ese extranjero significaba en su vida. Llamarlo su mejor amigo sería quedarse extremadamente corto; el lazo que los unía era mucho más fuerte que eso. ¿Era su salvador? ¿Su inspiración?... ¿Su ídolo? Todos eran títulos adecuados.

Antes de Ash Ketchum tenía una meta, pero no la motivación para llevarla a cabo. Verlo a él había sido como recibir un cubetazo de agua fría; una cachetada en la mejilla con la intención de hacerlo espabilar.

Solía pensar que, si pudiese ser como Ash, entonces Tapu Koko lo habría considerado digno de su atención desde hacía años. Creía que tener su fuerza lo haría merecedor del título de Kahuna, pero estaba equivocado; era inmaduro. Creía que lo más importante para un Kahuna era ser fuerte; tener la capacidad de derrotar a todos los que se interpusieran en su camino.

Pero no era así. Un Kahuna tenía que ser muchas cosas aparte de fuerte. Compasivo, bondadoso, caritativo, sabio, concienzudo. Había tantas cualidades que debía de tener para que su pueblo no creyera que era rey solo por herencia.

Entrecerró los ojos.

Su abuelo había sido endemoniadamente fuerte, pero eso no había sido su mayor aporte a la guerra; a salvar la vida de trillones por todo el universo. La contribución de su abuelo había sido algo mucho más poderoso y duradero: su voluntad.

La voluntad de Hala Mahalo, que le había sido legada mediante su sacrificio, había permitido que salvaran el mundo. Sonrió. No por nada Hal Mahalo era digno hijo de su padre.

¿Soy yo digno hijo del mío?, se preguntó.

Tal vez lo era. Había salvado el mundo, por lo que supuso que eso contaba, pero él quería… algo más. Algo…

Que se sienta mío.

Quería que lo vieran a él; que lo señalaran a él; que hablaran de él; que lo admiraran a él. Al menos una sola vez. Solo una vez antes de…

Al final se desperezó y se levantó ante la mirada de su madre y Acerola. Con una sonrisa en el rostro sacó una prenda de su equipaje, se la puso y luego se guardó las Poké Balls que llevaría con él al campo de batalla. En silencio se movió hacia la salida.

Basta de motivos profundos; no eran necesarios en ese momento. No tenía que justificarse ante nadie. Quería ganar, pero quería ganar por él. Quería vencer a Ash Ketchum porque era su deseo personal; porque lo había anhelado por mucho tiempo. Era ahora o nunca.

—Ya vuelvo —dijo, mirándolas de soslayo.

—Ve a ganar, hijo. —Malvácea lo veía con orgullo.

—Te apoyaré hasta quedarme sin voz, HauHau. —Los ojos de Acerola estaban llenos de adoración.


El estadio estaba dividido. La opinión popular estaba con Ash Ketchum, pero solo eso. El corazón; la lealtad del pueblo de Alola estaba en su inmensa mayoría con Hau Mahalo.

Ambos eran héroes igual de respetados por la región, pero Hau era su rey. Mahalo era quien representaba los valores, la crianza y la cultura de Alola ante el mundo entero; era un hijo de Melemele, heredero de un legado y una sangre milenaria. Su simple apellido tenía un peso que el apellido Ketchum jamás tendría en la región.

Pero Ash Ketchum… Para todos los entusiastas del combate Pokémon; todos los que pudieran llamarse conocedores o aficionados tenían a Ketchum como su campeón. El hombre que había labrado un nombre en la historia del combate Pokémon por mérito propio. Por ello, mientras que los alolianos estaban con Hau, los extranjeros apoyaban a Ash.

Los animadores de cada bando estaban mezclados entre sí, como granos de azúcar en la arena. Podían verse por las gradas enormes pancartas hechas a último momento que rezaban palabras de aliento a uno de los participantes. Había algunas lonas que incluso parecían hechas con tiempo y bastante dinero invertido que mostraban el rostro o alguna característica destacable de Ash o Hau.

Trompetas y tambores sonaban con la misma fuerza que los apasionados gritos de los fans, elevando el ánimo general del recinto. Todo estaba puesto para el inicio de una batalla que perfilaba a ser legendaria para Alola.

Incluso entre los más cercanos había bandos divididos.

—¡HAUHAAAAAU! —gritó Acerola con todo lo que tenía en los pulmones, siendo la portavoz de los Capitanes y de Malvácea.

—¡VAMOS, AAAAASH! —Lillie, por su parte, representaba a los intereses de los amigos de Ketchum, así como de Rotom, Delia, Yellow y Amber.

Elio y Selene, por otro lado, no necesitaban que nadie gritara por ellos.

—¡JEFE, VAMOS A LA FINAL! —Elio agitaba una pandereta con todas sus fuerzas.

—¡UNA A! ¡UNA ESE! ¡UNA HACHE! —Deletreaba Selene mientras golpeaba un tambor que tenía colgado al cuello. Piplup, Dedenne y Pikachu, vestidos como animadoras, agitaban unos pompones al ritmo de la voz de la Asutoro.

Por supuesto que había quienes se mantenían más neutrales aunque con una ligera inclinación. Burnet, quien conocía a Hau desde que se había casado con Kukui, lo animaba en silencio con un poco más de fuerza. Los señores Asutoro tenían un poco más de apoyo en sus corazones para el ídolo de sus retoños. Mohn y Hobbes también estaban más del lado de Ash, debido a que era el futuro miembro de la familia.

Gladio era el más neutral de todos. Sus ojos solo mostraban entretenimiento por el escenario desenvolviéndose ante él, pero no ganas de animar a alguien en específico.

—¡Damas y caballeros! ¡Niñas y niños! ¡Pokémon en la audiencia! —El público estalló al escuchar por fin la voz de Jeekyo tras una espera que se había vuelto insoportable—. ¡Siendo las cinco de la tarde, damos inicio por fin al primer combate de las semifinales! ¡El evento estelar del día de hoy quince de octubre! ¡¿Están listos?!

Gritos. Nada más que gritos y el sonido de los instrumentos siendo tocados con más fuerza que nunca. Las pancartas se agitaron violentamente en muestra de ímpetu.

—¡Entonces presentemos a nuestras estrellas de hoy! ¡Entrando por la derecha tenemos al relámpago kantonés! —El público que apoyaba a Ash se agitó al escuchar el apodo—. ¡Con su fuerza abrumadora se encargó de sacar del torneo al Buldócer y a la Mente Maestra! ¡Sus instintos lo hicieron mundialmente reconocido y su creatividad ha cautivado a millones alrededor del globo! ¡La gorra en su cabeza no pesa, pues su mirada nunca baja ni siquiera un centímetro! ¡SU NOMBRE ES…!

Jeekyo gritó junto al estadio.

—¡AAAAAAAAAAAAAASH KEEEEEEEEEEETCHUUUUUUUUUUM!

—¡HAZLO, HAZLO, HAZLO! —Comenzó a corear el público al ver como una llamarada nacía del interior del oscuro pasillo.

Ketchum salió corriendo y saludó con su deslumbrante sonrisa a todos sus fanáticos. Dio un salto que sacó un suspiro general y, ante su expectante audiencia, volvió a activar el propulsor de su pierna. La flama súper concentrada le dio un impulso que le permitió elevarse en el aire, completando con éxito su pirueta. Comenzó a caer con la pierna derecha por delante, aterrizando torpemente sobre la misma. Parecía que iba a caerse, pero pisó fuertemente con la pierna izquierda y dio un veloz giro que le permitió recuperar el equilibrio. Cambió su espalda encorvada y hombros caídos por una pose erguida y firme. Chasqueó los dedos mientras reía.

—¡A punto! —dijo con una frustración fingida o bien disimulada— ¡Pero me saldrá perfecto en la final!

Gritaron con fuerza por la implicación de sus palabras.

—¡TE AMOOOOOOOO! —gritó Lillie sin limitarse ni un poco. Los ojos le brillaban como pequeñas gemas a la luz del sol.

—¡VAMOS, JEFEEEEE! —exclamó Elio.

—Es el mejor… —Selene dejó de golpear el tambor, cubriéndose una boca y liberando una lagrimita. Pikachu, con su cola, tomó el relevo a la hora de tocar el instrumento.

—¡Tú puedes, Ash! ¡Esfuérzate! —animó Delia.

—¡Y por la izquierda lo tenemos a él! —Las palabras de Jeekyo acallaron las voces de los fans de Ash, enalteciendo las del público que animaba a Hau—. ¡Ganador de la encuesta global de Z en colaboración con la revista DField al mejor chico! ¡El último representante de las fuerzas especiales de Alola! ¡Sus fans lo adoran y lo llaman su General Príncipe! ¡Quien sacó del torneo a la Reina sin Corona y al Dragón de Carmín! ¡Su espalda marca la senda por la que transita! ¡ÉL ES…!

Junto a Jeekyo, gritaron.

—¡HAAAAAAAAAU MAHAAAAAAAALOOOOOOOO!

Entró haciendo guardar silencio a todos los oriundos de Alola. Su larga camisa amarilla con patrón floreado ondeaba con cada paso que daba. Con fuerza, Hau apretó el cordón blanco que rodeaba su camiseta negra por la cintura.

—Hau Mahalo…

A la entrada del pasillo separó las piernas y colocó las manos sobre las rodillas, golpeándolas repetidas veces. Levantó la pierna derecha, pisó con fuerza, levantó la izquierda y volvió a pisar con fuerza. Trazó un círculo con el cuello y extendió la mano derecha hacia el frente.

—¡PRESENTE! —exclamó con fuerza, abriendo los ojos tanto como pudo.

La energía desprendida por ese simple gesto pudo sentirse por todo el estadio. Más de un aloliano rompió en llanto, especialmente los mayores. Veían en Hau Mahalo, en sus gestos y prendas, el reflejo de quienes habían estado antes que él. Hau Mahalo VII, hijo de Hal, hijo de Hala, hijo de… Hau Mahalo VI.

Cuando el impacto inicial pasó, los gritos volvieron a escucharse con la fuerza inicial.

—¡VE POR TODO, HAUHAU! ¡VE HACIA LA VICTORIA! —Acerola hizo un megáfono con las manos.

—¡Ya lo tienes, Hau! —Liam aplaudió con un gesto sereno.

—¡Tú puedes, Hau! ¡Extiende la mano! —Mallow agitaba unas maracas que tenía en las manos.

—¡Vamos, mi niño! ¡Te estoy observando! —dijo Malvácea con una sonrisa orgullosa.

Lana vio a Hau y sonrió, asintiendo con la cabeza.

—Ha cambiado tanto…

—En cambio, nuestro Ash parece el mismo de siempre —rio Misty, volteando a verla.

Saltagua y Kawanami se rieron al unísono.

Ishihara y Wela intercambiaron miradas, ambos captando lo que el otro quería decir. Tal vez Hau había cambiado, pero por dentro seguía siendo el mismo. Puede que Ash aparentara ser el mismo de siempre, pero por dentro no era el caso.

Los ojos de Ash y los de Hau se encontraron así como sus sonrisas. Tomaron sus posiciones, escuchando a Olivia decir el reglamento. Se grabaron a fuego aquello que les importaba: era un cinco contra cinco. Cinco almas contra otras cinco almas; todas listas para dejar el cuerpo en el campo de batalla.

—¡Participantes, ¿entendieron todo lo que acabo de decir?! —preguntó la árbitra.

—¡SÍ! —respondieron con fuerza al mismo tiempo.

—¡En ese caso, envíen a sus primeros combatientes!

Apenas terminó de decir eso, Poké Balls se lanzaron. Los habitantes de las cápsulas ni siquiera habían terminado de materializarse cuando los entrenadores gritaron sus primeras órdenes.

—¡Puntada sombría!/¡Rayo hielo!

En el aire, el recién materializado Decidueye disparó una pluma a una velocidad impresionante. Primarina, mientras caía, atacó con su propio haz helado que persiguió con algo de pereza la flecha de la lechuza.

La leona marina tocó el suelo, esperó y, cuando vio la trayectoria del proyectil, dirigió su Rayo hielo hacia la tierra. Logró levantar una barrera de hielo contra la que la flecha chocó y explotó. Los trozos gélidos cayeron como ladrillos de una fortaleza derribada.

Con un coletazo, Primarina levantó las esquirlas de hielo y, con otro, los mandó volando contra Decidueye. La lechuza respondió con un Hoja aguda que le permitió destruir todos los trocitos.

—¡Doble equipo!

—¡Lo estaba esperando! —exclamó Hau—. ¡Aria burbuja!

Primarina cantó, creando una bala de agua por cada réplica que podía ver. Cuando vio como las lechuzas emprendían el vuelo, disparó.

Los Decidueye levantaron la guardia, dándose cuenta a los pocos segundos de que el ataque no iba para ellos. Levantaron la mirada, notando como las gotas se detenían en el aire para, posteriormente, ser alcanzadas por un Rayo hielo que comenzó a congelarlas. Se prepararon para repelerlas hasta que escucharon a Primarina cantar de nuevo.

Las pequeñas esferas acuáticas creadas por la leona marina aceleraron, convirtiéndose en borrones a los que pocos Decidueye pudieron reaccionar. Entre las gélidas gotas que caían del cielo y el agua presurizada que provenía de Primarina, decenas de copias cayeron. Uno de los Decidueye tembló de frío.

—¡Giren y Hoja aguda! —gritó Ash.

Todas las lechuzas que quedaban se reunieron en una cúpula, hicieron sus alas brillar y comenzaron a girar a toda velocidad. La cúpula se había convertido en una gran bala de cañón.

—¡Es un Bullet Bill de Mario! —suspiró Chris, sorprendido.

No fue el único en encontrar la similitud. El Bullet Bill creado por los Decidueye comenzó a repeler parte del ataque de Primarina, no sin sufrir bajas en el proceso. Cuando todos los proyectiles creados por las dos arias burbujas cesaron, los tipos fantasma frenaron y prepararon sus Puntadas sombrías.

Primarina se llevó una aleta al cuello, mientras que los Decidueye apuntaron sus flechas. Al mismo tiempo atacaron.

Las burbujas y las flechas salieron a encuentro mutuo, pero, antes de encontrarse, las últimas desviaron violentamente la dirección a la que dirigían. Justo cuando parecía que lograrían llegar hasta Primarina, la leona hizo vibrar su voz.

El canto de Primarina, dulce y cautivador, no solo servía para maravillar al público. Con solo su voz fue capaz de cambiar la trayectoria de los proyectiles, los cuales chocaron contra las flechas.

Decenas de pequeñas explosiones se generaron en el cielo del campo de batalla, sorprendiendo a la audiencia, a los Decidueye y a Ash.

—¿Primarina podía hacer eso? —preguntó Ketchum con una sonrisa en el rostro.

—No es tan sencillo como lo que hace Decidueye, pero con el suficiente entrenamiento… —Hau sonrió, complacido por haber logrado sorprenderlo.

El ceño de Ketchum se frunció levemente, asintiendo con satisfacción.

—Ese es el Hau que esperaba. ¡Hoja aguda!

Los Decidueye se separaron, cargando contra Primarina mientras sus alas brillaban como el jade.

—¡Fuerza lunar!

Entre las aletas de Primarina se formó una esfera blanquecina cegadora. Su tamaño aumentó hasta que llegó el punto en el que la tipo Agua no pudo sostenerla, viéndose obligada a arrojarla hacia sus enemigos.

Cegados por el poderoso brillo de Fuerza lunar, los Decidueye tuvieron que confiar en sus oídos para encontrar a Primarina. Era difícil, pero podían ubicarla. Escucharon un suave movimiento, luego dos y tres… cuatro y cinco… Las fuentes de sonido se multiplicaban con cada segundo que pasaba, pero finalmente captaron una señal que desapareció pronto. Por debajo de los instrumentos, escucharon un débil murmuro. Lo siguieron.

Aquellos que no fueron destruidos por Fuerza lunar se movieron al lugar donde habían escuchado aquel débil sonido. Muchos fueron los que chocaron directamente contra una burbuja que los absorbió en su interior, mientras que otros lograron destruirlas.

Cuando el panorama se aclaró, la gente pudo ver un campo minado… de burbujas que flotaban alrededor de Primarina. Las enormes pompas de agua contenían en su interior a gran parte de las copias de Decidueye que quedaban, quienes lucían más que sorprendidas. Primarina, de pie, hizo una reverencia y luego gritó. Un Rayo hielo que nació desde el interior de su hocico comenzó a arrasar con todas las burbujas que tenía cerca, desintegrando también a las lechuzas.

Primarina tuvo que darse prisa para alejar su cola del lugar donde cayeron dos flechas. Intentó moverse más, pero no lo logró. Escuchó como el aire vibraba a su alrededor, por lo que creó una esfera de luz entre sus aletas que le permitió liberarse. La arrojó contra los proyectiles justo cuando estos iban a estallar y, con Acua jet, ascendió tan alto como pudo. Vio a Decidueye cargar en su contra con Pájaro osado; solo a uno de ellos.

Hau frunció el ceño. Había dos flechas, por lo que también había dos Decidueye. No tardó en encontrar al segundo. Se preguntó cuál de ellos sería el real y no lo supo. Recibir un ataque directo sonaba como algo que haría Ash, pero si se trataba de él también podía esperar una estrategia que involucrara a una copia como punta de lanza.

Trató de hacer memoria; pensar en situaciones parecidas que hubieran vivido en el pasado y solo logró recordar a Primarina perdiendo todos y cada uno de sus colisiones aéreas. Se le ocurrió una idea.

—¡Rayo hielo en el Acua jet!

Primarina creó una capa de hielo que fue haciéndose más gruesa con cada segundo que usaba Rayo hielo, cubriendo casi toda la superficie del ataque salvo por la parte trasera. Pronto su Acua jet se convirtió en…

—¡Es otro Bullet Bill! —volvió a decir Chris.

Con ayuda de su propio Bullet Bill, Primarina se dirigía hacia el Decidueye que usaba Pájaro osado.

Hau vio al otro Decidueye, en el cielo, descender en picada contra su tipo Hada. Esperó el momento, el cual se acercaba a toda velocidad. Cuando vio como los dos Decidueye estaban por llegar hacia Primarina, gritó.

—¡Ahora! ¡Lánzalo!

Primarina dejó de rodearse por el agua, lo que provocó que frenara de golpe. Ese repentino parón hizo que la carcasa de hielo saliese al encuentro de Decidueye, chocando directamente contra el Pájaro osado y creando un desastre gélido alrededor del tipo Planta.

—¡Gira y Acua jet! —gritó Hau a toda prisa.

La leona marina giró sobre sí misma en el aire, asegurándose de golpear con su cola al Decidueye del mermado Pájaro osado y de atacar de frente al Decidueye que la atacaba desde el cielo. Con la cola hizo desaparecer a la primera lechuza, mientras que la segunda intentó defenderse con un Hoja aguda que Primarina logró atravesar sin problemas. Era demasiado débil, por lo que la tipo Agua no se sorprendió cuando, al destruirlo, vio que era un clon.

Pero… si ambos eran clones, ¿dónde estaba el verdadero? Hau descubrió la respuesta con los ojos bien abiertos.

—¡Rayo hielo!

Primarina giró la cabeza y vio cómo, de entre el polvo creado por la explosión del clon que usaba Pájaro osado y el vapor generado por el hielo, salía otro Decidueye. Esta lechuza cargaba con fuerza en contra de ella, sus alas brillando.

Con prisas logró disparar un Rayo hielo que detuvo la carga de Decidueye apenas a centímetros de su rostro. Lo detuvo por un segundo, pero no del todo. No logró evitar que la ala del enemigo la golpeara en el rostro con fuerza reducida, pero tampoco dejó así las cosas. Mientras caía disparó un Fuerza lunar incompleto que golpeó a Decidueye en el pecho, haciéndolo retroceder bruscamente.

Antes de golpear el suelo, Primarina recuperó la compostura con Acua jet y aterrizó. Con una aleta se tocó el rostro, sintiendo una fea punzada. Podría haber sido peor. Mucho, mucho peor.

—¡G-guau! ¡Simplemente guau! —exclamó Jeekyo con una sorpresa que pronto se convirtió en emoción—. ¡Los participantes Ash y Hau no pierden el tiempo y se atacan con todas sus fuerzas! ¡El choque entre Primarina y Decidueye nos anuncia lo que debemos esperar de este increíble combate!

Hau se rio. Había sido demasiado ingenuo como para creer que solo había dos Decidueye. Ash claramente encontraría la forma de esconder al tercero y original. ¿Dónde? En la sombra del más llamativo de ellos. Mientras el clon usaba Pájaro osado, el original volaba justo debajo de él, solo ligeramente por detrás para que pareciera que era su sombra.

—Ese tiempo de reacción fue estupendo —dijo Ash, ajustándose la gorra—. La defensa también. Esos giros estuvieron impresionantes.

Mahalo se pasó el índice derecho por debajo de la nariz.

—Todavía podemos ser mejores. Pudimos haber repelido por completo a Decidueye.

Ash no respondió; no lo necesitaba. Con solo la mirada le transmitió sus intenciones a Hau. El moreno las recibió de inmediato.

La Poké Ball de Primarina la absorbió y una nueva surcó los cielos, así como un nuevo Pokémon. Noivern hizo su aparición.

—¡Noivern sale a enfrentar a Decidueye! ¡¿Sus ataques a distancia le permitirán enfrentar al letal Pokémon del participante Ash?! ¡De cualquier forma, el participante Hau recupere la ventaja de tipo!

Era una pregunta razonable. Decidueye era un Pokémon dedicado casi completamente al combate cuerpo a cuerpo, mientras que Noivern estaba especialmente orientado hacia los movimientos a distancia.

—¡Vendaval! —gritó Hau de inmediato.

—¡Arriba, Decidueye! —ordenó Ash con presteza.

Las alas de Noivern se agitaron con una fuerza tremenda. Las corrientes de aire que movilizó no tardaron en arremolinarse hasta crear un gigantesco tornado que comenzó a arrasar con el campo de batalla, levantando la tierra del mismo.

Decidueye había logrado escapar por muy poco. Se encontraba en la parte más alta del estadio, alejado del tornado por apenas unos diez metros. Esa distancia le aseguraba no ser arrastrado inmediatamente, pero tenía que asegurarse de que el "inmediatamente" siguiera ahí. La fuerza de sus alas le permitió resistirse a las corrientes de viento que intentaban succionarlo. Se vio en la necesidad de cambiar su trayectoria cuando sus oídos captaron el poderoso sonido del plasma moviéndose en su dirección. Pulso dragón pasó a medio metro de él.

Las ondas sonoras que emergían de las orejas de Noivern le permitieron ver lo que sus ojos no. Tenía ubicado a Decidueye, pero en su radar apareció un objeto extraño. La imagen que recibía por ecolocalización tenía un poco de retraso, por lo que era su tarea predecir la trayectoria de dicho objeto. Vio cómo se movía, siguiendo simples líneas recta… Demasiado obvio. Un Pokémon como Decidueye, quien le había enseñado tanto sobre los cielos, nunca haría algo tan absurdamente predecible.

Noivern no sabía cómo pensaba Decidueye, pero sí sabía cómo peleaba. Era un Pokémon con tantos trucos bajo la manga; un mago en la batalla. Frecuentemente superaba las expectativas y sorprendía con movimientos creativos. Fue en ese momento que se dio cuenta de que lo había descuidado. Sus ondas habían dejado de abarcar a la lechuza por seguir la trayectoria de lo que suponía era su flecha.

Desde hacía tiempo había notado que el ataque de Decidueye tenía problemas para encontrarlo. El ruido producido por Vendaval seguramente no le permitía oír su aleteo, que debía de ser como el movimiento de una hoja a comparación. Aprovechó eso para volver a encontrar a Decidueye y lo hizo, volaba sobre el tornado, tratando de localizarlo. Lo hizo.

Retrocedió con un violento aleteo cuando vio a Decidueye mirarlo directamente, ampliando el alcance de sus ondas sonoras y volviendo a encontrar a la flecha.

Pero solo Puntada sombría se movía. Decidueye estaba quieto, por encima de él. Era…

—¡Demasiado obvio! ¡Ala de acero! —gritó Hau.

Noivern dejó que la flecha lo golpeara en la espalda, pero lo que sintió fue solo un pinchazo. Se dio la vuelta y, con Ala de acero, interceptó el Hoja aguda de Decidueye. Ambos, con fiereza en sus miradas, empujaron al otro.

Noivern abrió el hocico para utilizar Pulso dragón, pero varias copias de la lechuza llegaron para sujetar con las patas su cola, ala, cuello, orejas y cabeza. Las copias lograron hacer que Noivern apuntara al cielo, evitando que el creciente Pulso dragón golpeara al original, pero sin lograr que no los golpeara a ellos. La intervención también permitió que Decidueye, quien ya de por sí era superior en el forcejeo, repeliera al murciélago.

Antes de ser completamente impelido, Noivern tomó a Decidueye por la cintura, arrastrándolo con él y acercándolo a su rostro. El guiverno lanzó un alazo endurecido que la lechuza bloqueó con el suyo. Con el ala que tenía disponible, Noivern volvió a atacar y Decidueye volvió a bloquear. Ambos quedaron a una distancia absurdamente corta y, si bien Noivern no podía alcanzar con sus ataques a Decidueye, este tampoco podía alejarlo del todo. Mientras caían a toda velocidad contra el suelo, el murciélago preparó un Pulso dragón que dispararía a quemarropa.

Decidueye estiró las patas, comenzando a arañar el pecho de Noivern con sus afiladas garras. Con la pata izquierda comenzó a empujar el mentón del enemigo en un intento de hacerlo apartar la mirada, pero Noivern era tenaz. Podría lograrlo, pero no antes de que el enemigo lo golpeara.

—¡Deja que conecte! —gritó Ash con fuerza.

El ceño del tipo Fantasma se frunció mientras bajaba sus defensas. El Ala de acero de Noivern lo golpeó justo en las clavículas, haciéndolo gruñir por el impacto. Aprovechó que sus alas estaban libres para lanzar un golpe tremendo contra el rostro de Noivern. El impacto sacudió la cabeza del enemigo, quien pareció desconcertado por un momento. Decidueye aprovechó ese instante para hacer que el dragón recibiera la mayor parte del impacto.

Ambos Pokémon rebotaron contra el suelo para luego rodar por el mismo. Decidueye fue el primero en levantarse, disparando un Puntada sombría al que Noivern respondió con su Pulso dragón. La flecha fue carbonizada, obligando a la lechuza a emprender el vuelo. Solo entonces se dio cuenta de que el tornado hacía tiempo que había desaparecido.

Noivern aprovechó su increíble velocidad para lanzarse hacia Decidueye, disparando un corto Pulso dragón que sirvió para hacerlo moverse. Dio un fuerte batido de alas que envió una poderosa corriente que solo distrajo al tipo Fantasma por un segundo, pero lo aprovechó para disparar su Pulso dragón.

El guiverno se sorprendió enormemente cuando vio como Decidueye cargaba directamente en su contra con Pájaro osado. ¿Un truco? ¿Había hecho mientras no veía? Tenía muy poco tiempo para pensar, por lo que siguió sus instintos y atacó al enemigo frente a él.

Pulso dragón chocó contra la intensa aura que rodeaba a Decidueye. Al igual que la lechuza, el murciélago dejó salir un grito de batalla que intensificó su movimiento. Con cada segundo que pasaba Decidueye ganaba más y más terreno. Sabía que iba a perder; ni siquiera su ataque especial era suficiente para hacerle frente al ataque de Decidueye. Por eso pensó en utilizar su mejor arma.

Cuando Decidueye estaba a solo segundos de alcanzarlo, Noivern canceló el movimiento y se hizo a un lado. La agilidad de su vuelo y tiempo de reacción habían sido sencillamente sublimes, pero no suficiente para igualar la de Decidueye.

La lechuza dio un abrupto giro hacia su izquierda, el lado al que había esquivado Noivern, y logró golpearlo con una de sus alas en la clavícula, haciéndolo perder el equilibrio. El tipo Dragón sonrió, satisfecho. Él sabía que su especie era más rápida que la del enemigo, pero también sabía que no se enfrentaba a un Decidueye común y corriente. Por ello estaba listo para recibir ese golpe y para responder con el suyo.

El Pulso dragón de Noivern salió disparado a quemarropa, de modo que Decidueye solamente logró cubrirse con las alas antes de ser arrastrado por el movimiento. Se estrelló aparatosamente contra el suelo.

Cuando la emoción de haber conectado el golpe se le pasó, el dolor azotó su extremidad. Se sintió agitado y su vuelo se volvió torpe, por lo que tuvo que aterrizar de emergencia. Intentó encontrar a Decidueye con su ecolocalización, pues todo el polvo le impedía verlo directamente, pero se sorprendió al no encontrarlo. Miró rápidamente al cielo, encontrándose con un gran haz de luz que se disparó en su contra. Respondió con su propio Pulso dragón.

Ambos movimientos chocaron, creando una colisión en la que el ataque de Noivern mostró superioridad. Repentinamente el tipo Dragón dejó de encontrar resistencia, por lo que su ataque se perdió en el aire.

Hau sabía que ese movimiento no era de Decidueye; los de su especie no aprendían Pulso dragón. Trató de pensar en todos los Pokémon de Ash y en cuál de ellos podría tener ese ataque, pero se dio cuenta más temprano que tarde. Sonrió.

—¡El participante Ash saca a Decidueye del campo de batalla y envía a Poipole! ¡La joven promesa que luchó ferozmente contra los Pokémon del Buldócer regresa para exhibir lo que aprendió de aquella batalla!

En medio del aire, girando mientras reía, estaba Poipole. Como siempre, la situación actual parecía nada más que un juego a ojos del Ultraente.

Mahalo sonrió mientras fruncía levemente el ceño. Tenía el mismo problema que Elio, pues no sabía muy bien lo que el Ultraente era capaz de hacer. Al contrario que el Asutoro, él al menos tenía un precedente.

—¡Danza dragón! —exclamó Hau.

Sabía que, sin importar cuan pequeño fuese el Pokémon que Ash manejara, no debía confiarse. El as de Ketchum, un Pikachu, era más poderoso que algunas de las especies más fuertes del mundo.

Noivern se elevó en el aire, comenzando a dar varios giros mientras vibrantes luces azul eléctrico y rojo carmesí lo rodeaban.

—¡Maquinación! —exclamó Ash.

Mientras las luces abandonaban el cuerpo de Noivern, la cabeza de Poipole terminaba de desprender un brillo azabache.

En un instante, el tipo Dragón desapareció. Se movió a toda velocidad en contra de la espalda de su oponente, sorprendiéndose enormemente al notar que este lo seguía atentamente con la mirada, sonriendo. Frunció el ceño y entonces disparó su Pulso dragón.

—¡Contraescudo!

El Pulso dragón de Noivern chocó contra el que Poipole estaba utilizando para cubrirse mientras giraba. Al instante Hau sonrió.

—¡Agita las alas!

Noivern no había podido plantarle cara al movimiento de Poipole, pero no lo necesitaba. Movió con toda la fuerza de su cuerpo las extremidades superiores, provocando violentas corrientes de aire que Poipole no pudo resistir. El viento arrastró irremediablemente al pequeño Ultraente.

El murciélago tuvo que darse prisa para esquivar, pues el enemigo era tenaz. Mientras era impelido, Poipole se las había arreglado para comenzar a dar vueltas mientras usaba de nuevo Pulso dragón. Una decisión inteligente, pues Bomba lodo jamás lograría atravesar la barrera ventosa.

Al dejar de batir las alas con la intensidad de antes, Noivern liberó a Poipole de su prisión invisible. Se alejó con un rápido aleteo, esquivando exitosamente el Pulso dragón que se estaba estrellando a unos metros de él. Solo entonces el Ultraente atacó con Bomba lodo mientras giraba.

Los giros le daban velocidad. Hau había notado eso. La rotación de los proyectiles hacía que ganaran una altísima penetración gracias al impulso detrás de ellos. Era una suerte que Noivern fuera tan veloz, pero Mahalo sabía que ese no sería un factor decisivo por mucho tiempo.

La forma en la que el cuerpo de Poipole se movía lo decía todo. Estaba buscando… no, eso sería inexacto. Estaba prediciendo. Recolectaba todos los movimientos que Noivern estaba haciendo e intuía a donde iría luego. Maquinación no solo subía el ataque especial del usuario, sino que potenciaba su agudeza mental, pero adjudicarle todo al movimiento también sería inexacto. Poipole estaba confiando en sus instintos.

Era eso lo que hacía tan peligroso a Ash. No importaba el Pokémon; lo distinto que fuesen sus personalidades, él siempre lograba que fueran como él. Lograba inculcarles los mismos instintos que él poseía. En muchas ocasiones Ash se adaptaba a sus Pokémon, pero en todos los casos eran sus Pokémon los que se adaptaban a él.

Por eso mismo Hau no se sorprendió cuando Poipole dedujo a la perfección la trayectoria de Noivern.

—¡Haz viento!

Noivern frenó repentinamente, levantando polvo a su alrededor, y encaró de frente la ráfaga de veneno que iba contra él. Las poderosas corrientes de viento alejaron de él todos los proyectiles, reduciendo su velocidad y luego dispersándolos en pequeñas manchas ponzoñosas que salieron volando por todo el campo de batalla.

Poipole se sacudió por el viento, perdiendo el equilibrio. Centró sus esfuerzos en recuperarlo.

—¿Por qué Hau no está usando Vendaval? —preguntó Asahi con lo que parecía ser impaciencia. Se estaba metiendo en el ambiente.

—Porque sabe lo que pasaría si le da un vendaval a Poipole —respondió Kiawe, volteando a ver a la señora Asutoro—. Nadie quiere un tornado lleno de veneno rondando por todo el campo de batalla.

Los que tenían la misma duda que Asahi pronto cayeron en cuenta. Hau estaba usando los vientos a su favor sin permitir que Poipole pudiera aprovecharlos. Eran esos mismos vientos los que estaban limitando al tipo Veneno.

Que solo atacara con Pulso dragón se lo dijo todo a Hau. No tenía Doble rayo. Ash lo había removido de su arsenal porque, desde un inicio, tenía la intención de enfrentar a Poipole con Noivern. Entonces, ¿qué otro movimiento le había puesto? Se rio, pues era típico de Ketchum asumir que las cosas irían bien. Tal vez no lo conocía como Lillie, pero sí podía emplear la lógica y lo que sabía de él a su favor.

Noivern evadió el Pulso dragón, volviendo a liberar a Poipole y atacándolo con Pulso dragón él también. Ese era precisamente el problema.

Ash sabía que utilizar Vendaval en contra de Poipole solo lo beneficiaría más de lo que podría perjudicarlo. Usar Ala de acero en su contra implicaría que tenía que acercarse cuerpo a cuerpo, cosa que fácilmente podría contrarrestar con Contraescudo o esquivando gracias a su flexibilidad y tamaño.

Pese a la diferencia en experiencia, de tamaño y de poder, Poipole no era un contrincante favorable para Noivern simplemente por los movimientos que cada uno poseía.

Mahalo vio como Poipole evadía el movimiento de Noivern, pero no porque lo necesitara. Lo hizo para reposicionarse, obteniendo un tiro directo del guiverno. Disparó.

La cola del tipo Dragón barrió con fuerza el suelo, levantando polvo por montones que le sirvieron como distracción. El ataque de Poipole golpeó algo, pero no supo qué. Al contrario que Decidueye, sin sus ojos no podía encontrar al enemigo. Noivern emergió de la polvareda repentinamente, emitiendo poderosas ondas sonoras desde sus orejas que sirvieron para desconcertar a Poipole.

No debía acercarse a él. No debía darle la oportunidad de tenerlo a su merced… pero eso se aplicaba solo al supuesto de que pudiera atraparlo.

Las alas de Noivern se tensaron y, con un aleteo que se escuchó como el golpe de un látigo al aire, se disparó contra Poipole con Ala de acero.

—¡Contraescudo! —gritó Ash.

Ahí estaban esos injustos reflejos. Poipole, justo antes de recibir el golpe de Noivern, dio un rápido giro mientras usaba Pulso dragón. El poderoso haz de luz chocó contra el ala del guiverno, impidiendo que Poipole pudiese seguir girando pero también que Noivern avanzara.

Era peligroso. No mantener su distancia era algo tan peligroso como insensato, pero… pero Hau no quería alejarse. Su ceño se frunció con fuerza y entonces gritó.

—¡MÁNDALO A VOLAR!

Miles de pequeñas arrugas poblaron el entrecejo del tipo Dragón, quien gritó con fuerza al mismo tiempo que disparaba ondas sonoras desde sus orejas. Poipole se desconcentró y eso le permitió a Noivern penetrar sus defensas. Dio un certero alazo contra el rostro del Ultraente, enviándolo contra el suelo.

Mientras caía, Poipole comenzó a girar en dirección opuesta al suelo, reduciendo la velocidad. Frenó antes de golpear el suelo, llevándose las manos al rostro y quejándose por el golpe. Levantó la cabeza, viendo a Noivern con el ceño fuertemente fruncido.

—¿L-lo hicimos enfadar? —se preguntó Hau con una sonrisa nerviosa.

Los puños de Ash se juntaron y, con energía explosiva, se separaron y abrieron.

—¡Bomba lodo! —exclamó con seguridad.

Poipole comenzó a girar como un pollo asado mientras disparaba sus venenosos proyectiles. Noivern rápidamente agitó las alas para enviarlos de regreso, cosa que hizo sin dificultad. Fue entonces que el ceño de Ash se frunció.

—¡CARGA TÓXICA!

De los aguijones en la cabeza de Poipole salió un rayo de luz morado que, a una velocidad de vértigo, comenzó a moverse a través del veneno que caía desde el cielo. Las bombas lodo habían trazado un camino semirecto hacia Noivern, el cual Carga tóxica recorrió como una flecha teledirigida.

Ver al ataque moviéndose como si fuese una entidad autónoma, de completo autocontrol, fue impactante. Era como si un mini Pikachu estuviese saltando de roca en roca utilizando su Ataque rápido. La sorpresa general hizo que Hau reaccionara un poco más tarde de lo que debía.

—¡ALA DE ACERO!

El tipo Dragón dejó de agitar las alas, lo que permitió que Carga tóxica se moviera todavía más rápido. Se cubrió el torso con las endurecidas extremidades, pero el ataque había logrado pasar medio segundo antes de que lo lograra. Noivern sintió el impacto en el estómago, retrocediendo violentamente pero sin llegar a perder el balance. Agitó bruscamente la cabeza para intentar despejar el dolor y el ardor. Era una suerte que no estuviera envenenado.

—¡CONECTAN! ¡En una ofensiva ágil, Noivern y Poipole logran golpearse entre sí! ¡El grito de lucha del participante Hau recibe como respuesta un «No pienso quedarme atrás»!

—¡¿Qué fue eso?! —preguntó Acerola con una expresión estupefacta similar a la de todos los demás presentes.

Rotom volteó a ver de reojo a Lillie, quien tenía un ligero sonrojo en el rostro y unos ojos soñadores. Suspiró.

—Una cosa que Ash ha estado desarrollando. Un día soñó que Pikachu era capaz de correr sobre la electricidad y, como ya tenemos el antecedente de que se puede correr por Avalancha y Roca afilada, tratamos de probar con otros ataques —explicó—. Resulta que la naturaleza de Carga tóxica es compatible con la locura que Ash soñó.

Clemont chasqueó los dedos.

—¡Ya veo…!

—Ya veo… —murmuró Kukui desde lo alto del estadio con una mano en el mentón—. Carga tóxica busca el veneno en el organismo de la víctima, activando una reacción en cadena que lleva a su fortalecimiento. Bajo esa idea, Carga tóxica también debería de poder encontrar fuentes de toxinas y dirigirse a ellas.

—Qué descabellado —dijo Wicke con una sonrisa.

Charles Goodshow se rio.

—Es sorprendente como solo quedan la determinación y la creatividad de aquel niño de hace tantos años.

Kukui vio como las Poké Balls de Poipole y Noivern absorbían a sus respectivos residentes. Era una decisión sabia, principalmente para Hau. Hasta donde podía deducir, estaban más o menos igualados, lo que ya era toda una proeza para Mahalo quien siempre perdía irremediablemente en todos sus combates… O eso le habían contado el propio Hau y Lillie.

La derrota era una maestra poderosa. Aquel que siempre ha caído solo puede aprender a cómo levantarse. Hau era la viva imagen de ello, aunque también tenía una sensación extraña. Tal vez eran imaginaciones suyas… pero no era probable.

Aunque era investigador Pokémon de profesión, Kukui primero había sido un entrenador. Conocía el mundo del combate como la palma de su mano aunque se hubiera "retirado" del ojo público —excluyendo su alterego— desde hacía años.

Por toda su experiencia es que no pudo evitar tener la extraña sensación de que…

Las cosas están a punto de acelerarse.

Las cápsulas volaron y de ellas salieron los siguientes elegidos por ambos entrenadores. Incineroar y Flareon se encontraron frente a frente. El tigre rugió y el zorro, a su manera, respondió con un Lanzallamas al aire —pues su rugido no era ni de cerca tan potente como el del rudo—.

—¡AQUÍ ESTÁN! ¡Dos poderosos tipo Fuego! ¡Los Pokémon que les valieron a sus entrenadores el pase a los cuartos de final! ¡El Incineroar que derrotó al Buldócer y el Flareon que derrotó a la Reina sin Corona! ¡Aunque ambos comparten tipo, la ventaja está del lado de Flareon gracias a su habilidad Absorbe fuego!

Hau se preguntó qué tan cierto sería eso. Absorbe fuego nunca había impedido que Incineroar le diera una paliza a Flareon. Se quitó el miedo de encima y gritó.


¡Ataque rápido!

Flareon se lanzó en contra de Incineroar. Su juego de pies era impresionante, mejorado gracias a la práctica y el entrenamiento. En cuestión de velocidad no había duda; era superior.

¡Lariat oscuro! —exclamó Ash con una amplia sonrisa en el rostro.

Los giros de Incineroar lograron interceptar la embestida de Flareon, haciéndolo retroceder. El tigre lanzó un tajo con uno de sus golpes, intentando sin éxito golpear a Flareon, quien retrocedió de un salto.

Con gran seriedad vio la postura de Incineroar, decidiendo pronto que no podría penetrarla. Decidió que si él no hacía nada, Ash lo haría, por lo que esperó. Dicho y hecho.

¡Acróbata!

Incineroar tomó carrerilla y, con las garras brillando gracias a un aura cerúlea, se lanzó en contra de Flareon.

¡Ataque rápido y luego usa Envite ígneo!

El zorro se alejó de la trayectoria de Incineroar con su movimiento, posicionándose bajo su vientre. Rodeó su cuerpo con un ardiente fuego y embistió su objetivo.

Antes de que pudiera llegar, Incineroar le dio un rodillazo en el rostro, mandándolo a volar. Había aprovechado la oportunidad para sujetarlo por la cola, posteriormente azotándolo contra el suelo. Cuando lo zarandeó por un rato, lo arrojó en contra de una de las paredes rocosas cercanas.

Elio hizo una expresión de dolor.

Se terminó.

Aunque la mejoría es notoria —dijo Rotom. Hau no sabía si con la intención de reconfortarlo o si lo decía de verdad.

Vio a Flareon, derribado, y se preguntó cómo habrían cambiado las cosas si aquel rodillazo no le hubiera dado.


La respuesta a su pregunta llegó en ese preciso momento.

Flareon dio un rápido giro hacia la izquierda que le permitió evitar el rodillazo y, sin pensarlo, se lanzó en contra de Incineroar.

El tipo Siniestro interceptó el ataque con las manos, gruñendo muy levemente pero sonriendo. El aura celeste de sus manos se intensificó de modo que podía empujar con mejor soltura a su enemigo.

Flareon subvirtió las expectativas. Aunque su rostro decía que forcejearía con Incineroar, sus acciones fueron otras. Dio una rápida voltereta hacia atrás, permitiendo que el tigre empujara el aire, cosa que lo hizo perder el equilibrio. Aprovechó el trastrabille del enemigo para lanzarse en su contra con Ataque rápido.

Incineroar no dejó que simplemente lo golpearan. Comenzó a girar gracias a Lariat oscuro, convirtiéndose en un remolino que impidió el paso de Flareon… pero esta vez no lo hizo retroceder. Ambos frenaron al mismo tiempo, cosa que sorprendió a Incineroar.

Tigre y zorro se quedaron viendo con fijeza mientras el más pequeño de los dos fruncía con fuerza el ceño. Flareon reunió fuerza en las patas y empujó haciendo que, sorprendentemente, Incineroar retrocediera.

Habiendo aceptado el desafío, Incineroar también empujó con todas sus fuerzas. El tipo Fuego puro estaba siendo sujetado por los hombros y sintió que el enemigo trataba de levantarlo en el aire, pero no se lo dejó tan fácil. Redujo la intensidad de su empujón para ahorrar energía, perdiendo terreno rápidamente ante Incineroar, pero lo compensó con su Lanzallamas.

El abrumador torrente ígneo envolvió la parte frontal del rudo, quien vio su entrecejo poblado por pequeños surcos. Pronto, para sorpresa de Flareon, las llamas comenzaron a desaparecer. Trató de recuperar la compostura, pues Hau le había hablado de ello, pero su pequeña descompostura le dio a Incineroar la brecha que necesitaba.

Retrocedió un paso, cargó rápidamente una de sus patas superiores con la energía de Acróbata y, entonces, Incineroar atacó. El golpe dio de lleno en el mentón de Flareon, haciéndolo retroceder violentamente pero sin mandarlo a volar.

Ahora que estaba un poco más lejos del oponente y tras recuperarse del impacto, Flareon pudo observar bien el fenómeno. Hau le había hablado de ello, sí, pero verlo en vivo era muchísimo más desconcertante. La manera en la que el cinturón de Incineroar absorbía el fuego que había lanzado era tan espectacular como desesperanzadora. Ya era lo suficientemente fuerte cuando no podía hacer eso.

—¡El Incineroar del participante Ash repite su hazaña! ¡Ha absorbido el fuego de Lanzallamas! ¡¿Se repetirán los efectos secundarios o han logrado superarlos en cuestión de pocos días?! —preguntó Jeekyo con intriga.

De fondo se escuchaban los murmullos de emoción, especulación, sorpresa y duda, pero ninguno de ellos le concernía a Hau. Su enemigo estaba frente a él, no en ningún otro lado.

—¿Ahora nos lo vas a devolver? Sería un gesto lindo de tu parte —rio Hau con ojos expectantes.

—Devolver los regalos es grosero —respondió Ash con una sonrisa desafiante—. Déjame usarlo a mí manera. ¡Acróbata!

El fuego del cinturón de Incineroar, que había crecido más allá de su tamaño original, se concentró en las piernas del mismo. Aquel fuego fue como el de los propulsores de Ash, dándole un fuerte empujón que aumentó su impulso.

Aunque la comparativa anterior era válida, había otro ejemplo que servía para comparar lo que Incineroar acababa de hacer: los impulsos que el Vikavolt de Guzma se había dado a sí mismo utilizando su electricidad.


Vio al Incineroar moviéndose a una velocidad de vértigo, tanta que el Flareon solo pudo evadir gracias a Ataque rápido. Escuchó al público ovacionarlo y al presentador comparar lo que acababa de hacer con lo que él había hecho apenas el día anterior.

—Jeekyo es muy obvio… —escuchó murmurar a Francine a su lado, pero no le prestó atención.

Era justo la reacción que él esperaba. Muéstrense hipócritas, alolianos; enseñen quienes son, pensó con cierta satisfacción en su interior. Sus ojos se centraron entonces en la imagen de Ash Ketchum que acababa de ocupar el grueso de la pantalla.

No se enfrentarían de momento. Cuando derrotara a Gladio, porque lo haría, llegaría ante él con todos los trucos que sus amigos habían planeado, creado y perfeccionado con tanto esmero. Derrotarlo a él sería la cúspide de su plan.

Entonces la pantalla lo mostró a él y apartó la mirada. Eran demasiado parecidos. Era su viva imagen, la de ambos. Frunció el ceño con fuerza pues a su mente llegaron unas mejillas regordetas, un rostro arrugado y un llanto implacable.

«Te preocupas mucho por Hau, Guzma. ¿Te da miedo que no le dé de comer apropiadamente? ¡Es broma, es broma, no me mires con esa cara!... Gracias, Guzma. Tienes un corazón tan gentil».

Chasqueó la lengua, volviendo a centrarse en lo que importaba. No tenía caso pensar en los muertos.


Incineroar había fallado su Acróbata, pero volvió a arrojarse contra Flareon. El fuego suministrado por el enemigo ya se había acabado, lo que lo volvió más lento pero no por ello menos peligroso.

Flareon fue alcanzado, pero parecía negarse a retroceder esta vez. Esperó atentamente y, cuando vio el momento justo, se agachó y se arrojó contra las piernas de Incineroar.

El tigre comenzó a caer al suelo, pero no caería solo. Dio un fuerte tirón a la cola de Flareon, arrastrándolo debajo de él y utilizándolo como cojín para amortiguar su caída. Entonces las cosas se salieron de control.

Incineroar se puso de pie, sujetando a Flareon del cuello y posteriormente azotándolo contra el suelo. Comenzó a correr, arrastrándolo por todo el campo de batalla como Metagross había hecho con él durante su combate. Ante esto, Flareon mordió ferozmente la pata con la que lo sostenía y creó un Lanzallamas que incendió la pata de Incineroar.

Negándose a seguir siendo arrastrado, Flareon clavó las patas en el suelo, impidiendo así que Incineroar pudiera avanzar a su gusto. El zorro siguió usando Lanzallamas, dándose cuenta de que el agarre del tigre sobre su cuerpo estaba intensificándose. Notó como sus músculos e tensaban y al instante supo lo que era. No vio otra solución.

Normalmente los Flareon eran Pokémon curiosos, inofensivos en su mayoría y muy alegres. En ese sentido se parecían bastante al propio Hau. Por eso, como al propio Mahalo, eran pocos los que habían visto a un Flareon siendo realmente fiero. Su rostro adorable, pelaje acolchado y personalidad animada eran opuestos completos a lo que uno esperaría de un Pokémon musculoso.

Pero Flareon era musculoso. Su especie poseía una fuerza bruta impresionante, superior incluso a la de los Incineroar, quienes ya de por sí eran bestias en ese apartado. Por eso muchos se sorprendieron cuando vieron como los músculos de Flareon se tensaban a la par que los de Incineroar, y no solo los de él.

—¡FUERZA BRUTA! —gritó Hau, también sacando músculo.

Al subir el brazo, la manga de la camisa de Mahalo cayó y su bíceps se mostró. Tal vez era la predisposición genética de su familia, pues su abuelo había sido un hombre increíblemente fornido en sus días de juventud, o tal vez fuera el trabajo duro del chico. Cualquiera que fuera el caso, no se podía negar que era grande.

Enfrentar el Fuerza bruta de Flareon a solo centímetros, sin preparación, no era una buena idea y Ash lo sabía tanto como Hau. Por eso mismo Incineroar retrocedió de un salto, concentrando toda la energía de su cuerpo en sus piernas. Cada giro contaría.

Hau vio a Ash y Ash vio a Hau. Ninguno lo sabía, pero ambos pensaban en las mismas palabras; recordaban lo mismo porque sus sentimientos eran los mismos. Voy a recibir de frente todo tu poder.

«¡Eres genial, Ash! ¡Eres la tercera persona que conozco que está dispuesta a recibir ataques Pokémon con el cuerpo!», era lo que Hau había dicho cuando Ash les contó a todos sobre la forma en la que terminó la batalla de Rockruff y Rowlet durante su primer encuentro.

El recuerdo del brazo ensangrentado de Ash todavía estaba fresco en la memoria de ambos entrenadores; era algo que no desaparecía, pero por diferentes motivos. Para Ash aquello había sido un pequeño precio a pagar para algo más grande. Para Hau era una muestra de autosacrificio y convicción de magnitud sin precedentes… aunque realmente sí que había unos.

Ash nunca supo quiénes habían sido las otras dos personas, pero Hau sí. Una era Kukui, quien muchas veces dejaba que los Pokémon lo golpearan con sus movimientos para poder sentir de primera mano lo que estos provocaban en el cuerpo.

La otra persona era su abuelo. Hau recordaba la ocasión en la que un Tauros iracundo había arremetido contra una familia de turistas. Hala Mahalo, siendo el gigante noble que era, se interpuso y detuvo la embestida del rumiante con sus propias manos. Aquel hombre mayor había, con pura técnica y fuerza, derribado a un Tauros al suelo. Tras eso le había hablado como si fuese un bebé, asegurándose de tranquilizarlo.

Aunque sus sentimientos eran los mismos, sus motivaciones eran distintas.

Ash quería demostrarle a Hau que seguía siendo el mismo; que todavía podía recibir lo que viniera de frente, sin miedo.

Hau quería demostrarle a Ash que ya no era aquel chiquillo que se maravillaba por sus hazañas, sino que era alguien capaz de replicarlas; de superarlas… de superarlo a él y a su abuelo.

Ash quería que Hau lo siguiera admirando aunque no quisiera admitirlo.

Hau quería que Ash lo llamara su igual aunque tampoco quisiera admitirlo.

Por ello, porque ambos estaban desesperados por demostrarle algo al otro, es que atacaron imprudentemente.

Flareon se lanzó cual rayo contra Incineroar, mientras este giraba como un tornado que avanzaba arrasando todo a su paso. Ambos chocaron con fuerza, creando una colisión entre las auras que los envolvían.

La fuerza natural de Flareon era la que le permitía mantenerse a la par de Incineroar, y tal vez le habría ganado de no ser por el Corpulencia. Fue gracias al incremento en las estadísticas del tigre que el encuentro resultó en un empate.

El zorro agitó la cabeza, desconcertado por los golpes que la misma había recibido; un aura azulada lo rodeó. Incineroar se sujetó los brazos, resintiendo el nefasto impacto.

—¡UNA VEZ MÁS! —gritaron al unísono.

—¡Lariat oscuro!

—¡Fuerza bruta!

Ambos corrieron en contra del otro. Incineroar lanzó un puntapié contra las piernas de Flareon, quien lo esquivó de un salto. Chocaron en contra del otro nuevamente, pero esta vez las cosas no fueron tan favorables para Flareon.

Sabía que iba a perder ese choque, pero porque iba a perderlo era que tenía que dar hasta el último gramo de esfuerzo contenido en su cuerpo. Iba en contra de todo lo que Hau le había enseñado, pero sabía que en ese momento a su entrenador no le importaba eso. Tenía que dejar una herida considerable, y lo hizo.

Cuando Flareon salió volando lejos de Incineroar, este se sujetó los brazos con una expresión adolorida. Había sido un golpe increíble, pero estaba muy lejos de derribarlo.

Incineroar vio a su oponente con una gran sonrisa en el rostro que dejaba ver sus afilados colmillos. A Flareon nunca dejaba de sorprenderle que un Pokémon tan sereno y apacible como Incineroar pudiera mostrar esas expresiones cuando entraba en el calor de la batalla. Dejó de pensar en ello cuando un aura azulada rodeó su cuerpo.

—¡Acróbata! —gritó Ash.

Aunque Flareon se preparó para hacerle frente al rival, las cosas no fueron como las imaginó. Antes de darse cuenta ya estaba en el interior de su Poké Ball, iluminada y cálida, lo que le hizo suspirar. Al menos podría descansar por un momento.

—¡Raichu, ayúdame!

El grito de Hau fue acompañado por el lanzamiento de una Poké Ball. La cápsula liberó al Pokémon surfista, quien surcó rápidamente las alturas del campo de batalla.

—¡El participante Hau retira a Flareon y envía a Raichu! ¡El tipo Siniestro de Incineroar es súper efectivo contra el tipo Psíquico de Raichu!

—¡Eso solo si nos alcanza! —exclamó Hau—. ¡Raichu, Agilidad!

—¡Lanzallamas! —ordenó Ash sin perder tiempo.

Hau no estaba preocupado. Él conocía la forma en la que Incineroar utilizaba Lanzallamas y era un conocimiento que utilizaría a su favor. Aprovechó el hueco que quedaba en el centro del torbellino de fuego para que Raichu terminara de usar Agilidad antes de pasar a su siguiente estrategia.

¡Bola luminosa! —gritó con brillo en la mirada.

¿Qué es una «Bola luminosa»?, se preguntó Ash desconcertado. Conocía un objeto llamado así, el cual potenciaba el ataque de los Pikachu, pero sabía que no podía ser el caso: los objetos de combate estaban vetados de la Liga. Si no era eso, ¿entonces qué?...

Lo descubrió cuando el fuego de Incineroar dejó de manar de su cinturón. Apreció el movimiento de Hau con una enorme sonrisa y la ilusión de un niño en la mirada.

Alrededor de Raichu, en el aire, había una perfecta esfera eléctrica que lo cubría por completo. Chispas saltaban alrededor de toda la circunferencia mientras, en su centro, Raichu se quitaba algo de sudor con las patas. La esfera desapareció al poco tiempo.

—Tu Contraescudo es impresionante, pero deja algunas aberturas —dijo Hau, sonriendo con confianza—. Utilizando la capacidad psíquica de Raichu, podemos moldear la electricidad a nuestro antojo y así crear una defensa impenetrable. ¡Este es mi Bola luminosa!

—¡UNA ESTRATEGIA SORPRENDENTE! ¡El participante Hau encontró una forma impresionante de optimizar su defensa, creando un escudo impenetrable! ¡El temible Lanzallamas de Incineroar fue completamente rechazado!

—Una idea maravillosa —sonrió Liam.

—¡La creatividad de HauHau alcanza nuevos límites! —Acerola aplaudió con gran emoción.

—Es verdaderamente asombroso —asintió Lillie, sorprendida.

Gritos de admiración se escucharon por todo el estadio. La vista había sido preciosa, de eso no cabía duda. Ketchum la apreció por un rato más antes de romper en carcajadas.

—¡Eres genial, Hau! —admitió, complacido—. ¡Te hiciste increíblemente fuerte y muchísimo más astuto! ¡El extranjero amplió tus horizontes!

Hau dejó salir un suspiro y, con nostalgia en la mirada, vio a Ash.

—Una vez alguien me dijo que las despedidas son necesarias. Nunca me explicó por qué, pero con el tiempo me di cuenta de lo que quería decirme.

Ash dejó salir una risita.

—A veces se me olvida dar todos los detalles.

Los dos se quedaron en silencio por un instante antes de, repentinamente, alzar la voz.

—¡Lanzallamas!

—¡Esquiva y Rayo!

Raichu, mientras disparaba un rayo, se movía como uno. Incineroar lo persiguió con su Lanzallamas, pero tuvo que saltar para evitar la descarga que aterrizó a sus pies. Raichu presionó, pero el tigre repelió su movimiento con Lariat oscuro. Sería un oponente complicado, pero si lograban paralizarlo…

—¡Ataque rápido!

El roedor se inclinó sobre su cola y, en cuestión de un parpadeo, se convirtió en una estela blanquecina que avanzó con prisa hacia Incineroar. El tipo Siniestro giró con Lariat oscuro, obligando a Raichu a cambiar su trayectoria. Cuando el tigre dejó de girar, el tipo Eléctrico volvió a abalanzarse en su contra.

Justo antes de que Raichu pudiera golpear a Incineroar, este saltó. El tiempo pareció enlentecerse para ambos, pues pudieron verse claramente mientras uno estaba en el aire y el otro pasaba debajo de él. Incineroar extendió una garra hacia Raichu, intentando atraparlo, pero para el tipo Eléctrico el tiempo era todavía más lento que para el rudo. Logró esquivar la extremidad opresiva, alejándose a toda velocidad.

Raichu frenó, levantando una gran cantidad de polvo, y luego se giró para encarar a Incineroar. Hau tuvo una idea al ver eso.

—¡Vuela al ras del suelo!

La forma Alola hizo justo eso. Comenzó a volar alrededor de Incineroar, levantando polvo ahí por donde pasaba. El tigre intentó frenarlo varias veces con Acróbata, Lariat oscuro y Lanzallamas, pero no lograba alcanzarlo. La diferencia de velocidad era simplemente abrumadora.

Ash no tardó en darse cuenta de que Raichu no se estaba esforzando tanto como podría hacerlo. Aprovechaba la velocidad ganada con Agilidad para volar tranquilamente alrededor de Incinoar, creando la polvareda, y solo aceleraba para asegurarse de que el enemigo no lo tocara. Era la forma que Hau tenía de economizar su aguante.

Uno de los motivos por los que los Pokémon de Hau tenían movimientos de alta prioridad —Primarina con Acua jet, Flareon y Raichu con Ataque rápido— era que se trataban de sustitutos perfectos a la movilidad habitual. Podían recorrer la misma distancia del campo de batalla en apenas una fracción de tiempo y utilizando solo una parte de la energía que les consumiría el moverse normalmente. También eran formas extremadamente prácticas de esquivar los ataques del enemigo y de acortar distancia o de crearla.

Precisamente porque Hau era increíble ahorrando fuerzas es que tenía curiosidad por esa Bola luminosa. Se veía tan… Escuchó los tosidos de Incineroar y supo que era hora de hacer algo. ¿Lariat oscuro? Era una solución a corto plazo que no impediría que Raichu siguiera creando más polvo. Debía dejarle saber que su lugar era en el cielo, no en la tierra; que los suelos eran el dominio de Incineroar… Sus ojos se abrieron de par en par y una gigantesca sonrisa se pintó en su rostro.

Sería cansado para Incineroar, pero él no era Hau. Él no ahorraba energía; él iba con todo. Especialmente si se trataba de probar algo tan nuevo e intrigante como lo que se le había ocurrido.

—¡Incineroar, expulsa fuego por todo tu cinturón! ¡Hula hula ardiente!

La convicción de Ash llegó a Incineroar, quien se propuso a ejecutar la orden de su entrenador. Nunca lo había pensado, pues instintivamente disparaba su fuego por el centro de su cinturón, pero… ¿no estaba todo su cinturón hecho de fuego? Sonrió, cruzando los brazos frente a su pecho y luego extendiéndolos hacia los costados.

Una onda ardiente nació desde la cintura de Incineroar, expandiéndose violentamente en todas direcciones. Raichu vio como el fuego salía de entre el polvo, apaciguándolo, pero no alcanzó a reaccionar. Las llamaradas golpearon su costado, haciéndolo caer de golpe al suelo.

—¡¿QUÉ?! ¡El participante Ash sorprende utilizando Lanzallamas de una forma nunca antes vista! ¡No solo eso, sino que logró derribar a Raichu! ¡¿Estamos ante una revolución que afectará a todos los Incineroar?!

—Así que Lanzallamas se podía utilizar de esa manera… —murmuró Elio, grabándose a fuego lo que Incineroar acababa de hacer.

—¿Hula hula ardiente? —Misty, con los ojos cerrados, suspiró—. Se le acaba de ocurrir, ¿verdad?

—¡Eso es lo que lo hace todavía más increíble! —exclamó Lillie, girándose hacia Kawanami. Los ojos le brillaban y bufó con fuerza.

—S-sí, creo que sí… —Misty rio nerviosamente. ¿Por qué los tontos son siempre los más suertudos?, se preguntó.

Incineroar, en el campo de batalla, tomó una bocanada de aire, pues el movimiento había sido más exigente de lo que creía. No se permitió detenerse, pues rodeó sus garras con la energía celeste de Acróbata y se impulsó en contra de Raichu.

El roedor tuvo que darse prisa para subirse a su cola y alejarse volando a toda prisa. Incineroar llegó a donde había estado, se puso a girar e invocó un gran torbellino de fuego que lanzó en su contra. Este era mucho más grande y violento que el anterior, pues los giros de Lariat oscuro lo habían potenciado en gran medida.

—¡Bola luminosa! —ordenó Hau. Sabía que Raichu lo lograría escapar de él, no porque fuera lento, sino porque Incineroar había predicho a la perfección la trayectoria que tenía planeado seguir.

Mientras las llamaradas envolvían a Raichu, este invocó un poderoso Rayo que luego moldeó a la forma de una esfera gracias a su poder psíquico. Frunció el ceño por el calor y por otro motivo bastante molesto. Era una suerte que hubiera ahorrado tanta energía.

—¿No podías dejar que me luciera un poco? —le preguntó Hau a Ash, sonriendo desafiantemente.

—Me gusta llamar la atención.

Mahalo se rio.

—Mentiroso.

Cuando el fuego desapareció, la protección de Raichu también bajó. El roedor se secó el sudor del rostro, creyendo haber disimulado bien el gesto, pero no fue suficiente. Abajo, en el suelo, Ash veía su semblante con ojos como platos y la boca ligeramente entreabierta. El azabache sonrió e Incineroar desapareció, absorbido por su cápsula.

—¡Lycanroc, yo te elijo! —exclamó Ash, arrojando la Poké Ball al aire.

La esfera liberó a su residente. El lobo aulló al aire y, al instante, sus orbes esmeralda se tiñeron como lo haría una tela blanca al contacto con la sangre. Olfateó a Raichu, encontrando su rastro muy pronto. Ese aroma dulzón era fácil de ubicar.

—¡Raichu contra Lycanroc Crepuscular! ¡Dos Pokémon de altas velocidades! ¡No hay ventaja de tipo! ¡Un enfrentamiento igualado determinado solo por la fuerza individual!

—¡Lycanroc, espero que estés preparado! ¡Vamos a ir con todo! —advirtió Ash.

El lobo ladró en asentimiento. Su combate contra Mudsdale lo había dejado sin aliento. Se preguntaba qué tan cansado lo dejaría este.

—¡Roca afilada!

—¡Esquiva y Rayo!

Raichu se alejó a toda prisa de la ráfaga de rocas que iba en su contra de la misma forma en la que Lycanroc, con Roca veloz, se apartó de la poderosa descarga que iba hacia él. El tipo Eléctrico supo que aquel movimiento de prioridad sería todo un problema, por lo que, tras ver a Hau y recibir un asentimiento, se preparó para utilizar Agilidad. Ash pareció detectar sus intenciones, pues sorprendió con un ataque que nunca se le había visto usar.

—¡Mofa! —ordenó Ketchum.

El semblante de Lycanroc se volvió burlón y un destello malicioso apareció en sus ojos. Aquel brillo fue el que llenó a Raichu de una rabia incontrolable que se le pasó al poco tiempo. Intentó utilizar Agilidad, pero no lo consiguió: su cerebro se lo estaba impidiendo activamente.

Como Ojitos tiernos, Mofa era un movimiento que afectaba directamente el cerebro del oponente. Era una especie de hipnosis orientada a otro objetivo. En este caso, Mofa se encargaba de hacer que el cerebro del oponente suprimiera temporalmente la capacidad de utilizar movimientos de estado, obligándolo únicamente a atacar. Era algo contra lo que no se podía pelear y todos lo sabían muy bien.

—¡Cambio de planes, Raichu! ¡Gira a su alrededor y usa Rayo! —ordenó Hau.

—¡No somos Turtonator! ¡Roca veloz!

Cuando Lycanroc vio la forma en la que Raichu volaba a su alrededor, aceleró para atraparlo. Aunque Agilidad lo había hecho rápido, era una velocidad que no podía competir con la que Roca veloz le otorgaba al lobo. Por esa razón, Raichu se vio obligado a acelerar con Ataque rápido.

La escena era magnífica. Dos estelas moviéndose por todo el campo de batalla a toda velocidad, una persiguiendo a la otra; incapaz de alcanzarla por solo centímetros.

Aunque Lycanroc era más rápido que Raichu por su entrenamiento, Agilidad le había dado un plus con el que no podía competir sin Roca veloz. Ahora que ambos utilizaban ataques de alta prioridad, era obvio quién sería el más veloz de los dos.

Raichu volteó a ver de reojo a Lycanroc. Tenía suerte de que podía seguir volando sin tener que centrarse al cien por ciento en el camino. Aprovechó eso para lanzar un Rayo contra el tipo Roca, quien lo evadió con un rápido giro. Aunque no tenía la necesidad de mantener sus ojos todo el tiempo en lo que había frente a él, se vio obligado a hacerlo. De no ser el caso habría chocado estrepitosamente contra la columna de roca que Lycanroc había invocado.

El tipo Eléctrico viró a toda prisa, siendo seguido de cerca por Lycanroc. Raichu lanzó otro Rayo frente a Lycanroc que lo obligó a saltar para evadirlo. El can lanzó una miríada de rocas en su contra, las cuales le devolvió con Psíquico. Lycanroc pisó la primera que llegó a él, utilizándola para impulsarse y lanzarse hacia el frente con Roca veloz. Mientras Raichu pensaba en lo insistente que era el oponente, se vio obligado a evadir otra columna de roca.

Lo siguiente con lo que Raichu tuvo que lidiar fue con el Roca afilada en forma de proyectiles que Lycanroc le lanzó mientras lo seguía. El margen de tiempo que tuvo para actuar fue increíblemente corto, viéndose forzado a ganar altitud nuevamente. Ya en el cielo se giró y utilizó Rayo, el cual se encontró de frente con unas picas de roca que trataban de alcanzarlo. La descarga no destruyó todos los pedruscos, pues Raichu tuvo que apresurarse a tomar su distancia de ellos.

Hau vio el aliento agitado de Raichu, lo que lo hizo sentirse ligeramente nervioso, pero lo compensó al ver como Lycanroc también parecía ligeramente intranquilo. No podía cansar al tipo Roca de la misma forma que Lillie, pues Raichu no tenía el mismo aguante que Mudsdale, pero sí tenía su propia manera.

—¡Rayo!

Raichu lanzó una descarga intermitente que hizo a Lycanroc alejarse de un salto. El rayo golpeó contra el suelo donde antes estaba el can, desapareció y luego reapareció a centímetros de él, avanzando en su contra. Lycanroc erigió una gran lanza de roca que bloqueó la electricidad por un momento antes de convertirse en un montón de…

Polvo..., pensó Ash, viendo con fascinación como este flotaba sobre el suelo. Una idea llegó a su mente.

—¡Lanzatierra al aire! —gritó con una sonrisa.

Lanzatierra era muchísimo más sencillo de usar que Roca afilada o el movimiento al que debía su nombre: Lanzarrocas. Debido a que lo que lanzaba no era más que fina arenilla, unida con la suficiente resistencia como para que se destruyeran al contacto pero no al vuelo, la cantidad de energía que requería era muchísimo menor. Con las fuerzas que necesitaba para usar una vez Roca afilada podía usar hasta cinco veces Lanzatierra. Hizo eso.

Aunque parecían rocas, los cientos de proyectiles que eran lanzados al aire no lo eran. Raichu lo descubrió al intentar destruir uno con Rayo, lo cual fue una pésima idea pues soltó una nube de polvo a su alrededor que tuvo que dispersar de inmediato con Psíquico. El roedor intentó evadirlas, pero eran tantas que pronto descubrió que era mejor hacerlas perder velocidad con Psíquico. Al contrario que Roca afilada, Lanzatierra era bastante sencillo de manejar.

Raichu creó un campo psíquico muy pequeño a su alrededor, con el suficiente espacio para que nada lo golpeara a él y solo a él. Por ese motivo había proyectiles rozándolo a solo centímetros, pero nunca tocándolos.

Bajó la mirada y, con sorpresa, vio como Lycanroc desaparecía entre un mar de polvo y tierra producido por los trozos de arenilla que caían al campo de batalla. Llegó el momento en el que ya no pudo verlo.

Lo que sí vio fueron nuevos proyectiles volando en su contra. Disparó un Rayo que le permitió destruirlos en su mayoría, dándose cuenta de que no eran más que polvo. Escuchó el grito de Hau, por lo que se dio la vuelta para encarar nuevos proyectiles que detuvo con Psíquico. Ya comprendía la estrategia de Lycanroc. Usaría el polvo para desconcentrarlo mientras atacaba desde todas las direcciones posibles. Si ese era el caso, no lo permitiría.

Con su Psíquico comenzó a hacer hacia los costados el polvo del campo de batalla. No era ni tan denso como el humo de Turtonator ni tan copioso. El problema fue cuando nuevos proyectiles se lanzaron en su contra desde zonas donde el polvo todavía estaba presente. Decidió que no tenía caso enfrentarlos, por lo que se hizo a un lado mientras seguía despejando la polvareda.

No pasó mucho antes de que Raichu se diera cuenta de que no tenía caso. Nuevo polvo apareció en el campo de batalla por culpa del Lanzatierra de antes. Terminaría agotándose antes de que pudiera eliminar por completo el polvo. Fue por ello que decidió centrar sus esfuerzos en otra cosa: encontrar a Lycanroc.

Atacar con Rayo sería del todo inútil, pues el can podría escucharlo venir y esquivarlo corriendo en una dirección que Raichu no sería capaz de descifrar. Por ello, con Psíquico, optó por hacer un barrido del campo de batalla. Tomaría un poco de tiempo, pero…

Pero nada. Tuvo que girarse rápidamente para interceptar los proyectiles que le eran lanzados, sorprendiéndose enormemente por el repentino cambio en el peso de los proyectiles. Abrió los ojos, comprendiéndolo todo.

Eso ya no era Lanzatierra, sino Roca afilada. Empujó las piedras para hacerlas caer contra el campo de batalla, dándose cuenta de que nuevas rocas habían salido volando en su dirección. Las contrarrestó con un Rayo que logró sostener por un tiempo antes de darse cuenta de que no podría hacerlo por mucho más. Para su fortuna, las rocas dejaron de llegar.

Quedarse en el cielo era peligroso, pero estar en la tierra lo era todavía más. Lycanroc lo encontraría fácilmente y lo tendría a su merced. Lo que tenía que hacer, su única opción, era completar el barrido del campo de batalla. Frunció fuertemente el ceño e inició desde el punto donde habían sido arrojadas las rocas más recientes.

Escuchó el sonido del viento silbando y se dio rápidamente la vuelta, notando como una nueva ráfaga de rocas —o arenilla— volaba en su contra. Nuevamente se hizo a un lado, dejándolas pasar.

A solo cinco metros del punto previo emergió otra ráfaga de rocas que repelió utilizando Bola luminosa. Los pedruscos se hicieron añicos al contacto con la electricidad. Aprovechó su escudo para centrar su atención en el punto de origen, encontrando algo rápidamente. En ese preciso momento una nueva miríada de proyectiles se lanzó en su contra y, por ellas, comenzó a subir Lycanroc.

El tipo Roca tenía un semblante agitado pues, mientras corría sobre las piedras que ya había invocado, creó una nueva ronda que voló en contra de Raichu. El tipo Psíquico sabía que mantener Bola luminosa no era una opción, por lo que lo dejó caer e hizo la única otra cosa que podría impedir que llegaran a él: los atrapó con Psíquico.

Así, en el aire, quedaron suspendidos Lycanroc y todas sus creaciones rocosas. Raichu se veía agotado por el repetido uso de sus habilidades psíquicas, pero podía aguantar ese peso. Se preparó para empujar a Lycanroc contra el suelo, pero entonces se detuvo. ¿Por qué el lobo había atacado tres veces sin apenas moverse de lugar? Lanzó la ráfaga de rocas que había dejado pasar, se había movido un poco antes de atacarlo con la ronda que destruyó usando Bola luminosa y, al final, solo había avanzado dos metros antes de arrojarse él mismo en su contra. ¿Por qué? Lo estaba haciendo muy bien… ¿Por qué había…? Se dio cuenta y la sonrisa de Lycanroc se lo confirmó.

Raichu escuchó el sonido del viento silbando y vio hacia arriba. Ahí caían las rocas que Lycanroc había lanzado y que Raichu había dejado pasar, cayendo directo sobre su cabeza. El roedor inmediatamente utilizó Psíquico para disminuir su velocidad y, acto seguido, empujó a Lycanroc contra el suelo utilizando todas sus fuerzas.

El lobo chocó aparatosamente contra la tierra, dispersando el polvo que se encontraba sobre el sitio donde impactó. A pesar del dolor, sonrió, pues el plan había surtido efecto.

Arriba, en los cielos, Raichu era víctima de un fuertísimo dolor de cabeza. Se sentía como si le incrustaran un hierro al rojo vivo directamente en el cerebro. Ese dolor tan intenso hizo que dejara de ejercer control sobre las rocas que lo rodeaban. Aquellas que estaban debajo de él simplemente cayeron al suelo, mientras que las que estaban por encima cayeron sobre él con debilidad. La jaqueca no solo le hizo perder poder sobre las rocas, sino que también le impidió seguir volando. Se desplomó hacia el suelo, pero mientras lo hacía logró ver a Lycanroc.

Le dolía la cabeza, tanto que creía que estallaría en cualquier momento. Sentía como si el cerebro se le fuese a licuar y salírsele por la nariz, pero aun así encontró fuerzas y concentración para atacar. Atacó porque él se lo debía; porque había caído en su trampa, pero no por ello estaba indefenso. Lo golpeó con un Rayo que contenía toda su fuerza, sosteniéndolo incluso segundos después de su aparatoso choque contra el suelo. La falta de aire lo hizo detenerse.

—¡¿Puedes pararte, Raichu?! —preguntó Hau con preocupación.

Se lamentó por no haber notado que Ash se había dado cuenta del esfuerzo que Raichu tenía que hacer para crear Bola luminosa. Había llevado a Lycanroc al límite para poder llevar al límite la capacidad Psíquica de Raichu. Ahora… ¿qué seguía?

El polvo se dispersó, permitiendo que todos vieran a Raichu. El tipo Psíquico estaba parado sobre su cola, intentando hacerla levitar, pero no podía. Su ceño se frunció con fuerza y se llevó las patas a la cabeza. Hau se llevó una mano al bolsillo, pero entonces sus ojos captaron algo.

—¡RAYO!

—¡TALADRADORA!

Los ojos de Mahalo se abrieron de par en par al escucharlo gritar aquello.

Raichu cargó electricidad que lanzó contra Lycanroc, quien estaba envuelto por un aura del color de la terracota que lo protegía considerablemente bien del impacto de Rayo mas no lo hacía inmune.

La gran roca que asomaba por encima de la frente del can se había vuelto todavía más grande y brillaba intensamente. Sus colmillos se exhibían en un gesto feroz que, junto a sus ojos carmesí y la mala condición de Raichu, lograron hacerlo perder la esperanza. Fue cuestión de tiempo para que Taladradora golpeara a su objetivo.

El golpe fue bestial. Raichu salió volando hasta chocar con la barrera. Lycanroc, por su parte, se quedó en el lugar donde antes había estado el roedor, aullando. No pudo sostener su grito de victoria por mucho más, pues comenzó a jadear. Agitó la cabeza. No estaba tan cansado como contra Mudsdale, pero sí necesitaba un respiro.

—¡UN GOLPE BRUTAL! ¡Lycanroc revela Taladradora justo antes de golpear a Raichu! ¡¿Será este su final?! —Jeekyo sonaba tan nervioso y curioso como aquellos que veían la batalla.

Hau vio a su Pokémon con el ceño fuertemente fruncido. Al final, sonrió.

—Levántate, Raichu.

Como si esas palabras fueran un hechizo, el tipo Psíquico comenzó a ponerse de pie. Su rostro mostraba el dolor acumulado de la jaqueca y el golpe de Taladradora; el pecho le subía y bajaba arrítmicamente en un intento por recuperar el aliento y las piernas le temblaban como gelatina. Pese a todo eso, seguía de pie.

—¡RAICHU RESISTE! ¡RAICHU LOGRA PONERSE DE PIE! ¡QUÉ INCREÍBLE RESOLUCIÓN! —gritó Jeekyo, aumentando el ánimo del coro de voces que sonaron de fondo.

—Es bueno verte de pie, amigo. Lo hiciste bien, descansa por el momento —dijo Hau, apuntándolo con la Poké Ball y recibiendo un suspiro de alivio por parte del roedor. Miró a Ash con una pequeña sonrisa de resignación—. Nos atrapaste.

—No sin sacrificar y arriesgar mucho en el proceso —aseguró Ash, suspirando con el mismo gesto de Hau—. Era más fácil acabar con el aguante psíquico de Raichu que con su aguante físico.

Hau chasqueó la lengua, riéndose.

—Fue una lástima que Lycanroc no perdiera su movilidad. Habría hecho que todos los golpes recibidos valieran la pena.

—¡No se puede tener todo, Hau! —rio Ketchum.

Mahalo negó con la cabeza.

—No, pero me aseguraré de quedarme con lo más importante: la victoria —sentenció.

Esa declaración caldeó los ánimos del paletiano.

—Veamos qué tan seguro estás de eso.

Hau sacó una nueva cápsula y la extendió hacia el frente, abriéndola. De ella salió Tauros, quien bramó con fuerza al ver a su oponente. Aquel ronco sonido, acompañado por el ceño fruncido de Tauros y su tamaño hicieron que Intimidación fuera extremadamente efectivo.

Lycanroc retrocedió ligeramente antes de envalentonarse y ladrarle con fuerza. Eso no evitó que un aura azulada lo envolviera por un segundo.

—Tauros, ¿eh? —Ash sonrió con confianza—. Sabes cómo me dicen, ¿verdad?

Mahalo se rio.

—Es precisamente por eso que lo traje. Quiero que el Hombre de los Treinta Tauros compruebe de primera mano lo que puede hacer —respondió sin mostrarse intimidado en lo más mínimo.

—¡Entonces ven, Hau!

El moreno se puso las manos detrás de la cabeza y se rio.

—Sí. Voy en un segundo.

«El Hombre de los Treinta Tauros» era un apodo burlesco que la gente le había puesto a Ash en su etapa más temprana. Un entrenador con esa cantidad de Pokémon de la misma especie solo podía ser un fan acérrimo de la misma, un completo novato o, directamente, un idiota.

Lo que antes había sido un sobrenombre destinado a burlarse de Ash, se convirtió pronto en un título que mostraba respeto. Los treinta Tauros de Ash Ketchum que habían sido repartidos por toda Alola durante la Guerra contra Necrozma eran los responsables de haber evitado miles de decesos.

La importancia de la especie había sido tal que uno de los puertos de Hau'oli había sido rebautizado a Puerto Tauros, adornado por una estatua de bronce donada por un magnate de la ciudad.

Con todo ese contexto de fondo…

—Es increíblemente osado que trajera un Tauros para combatir al experto de Tauros —dijo Rotom.

—¡Entonces no hay mejor oponente que ese! —exclamó Acerola, emocionada—. ¡HauHau mismo lo acaba de decir!

Lillie asintió.

—La batalla dependerá del estilo de Hau. Un Pokémon puede ser completamente distinto dependiendo de quién lo maneje.

—¡Nadie lo podría haber dicho mejor! —exclamó Cilan, haciendo que la rubia se sonrojara, halagada.


—¡Ese Tauros fue el causante de la derrota de Garchomp! ¡Su poder es indiscutible, así que asegurémonos de gritar con fuerza su nombre! —dijo Ryuki desde su asiento, volteando a ver a todos los que estaban cerca de él. Se puso de pie—. ¡Vamos, señoras y señores! ¡A todo pulmón!

—¡TAUROS!

—¡Más fuerte!

—¡TAUROOOOS!

—¡Así está mejor, pero sé que todavía tienen más fuerza en su interior!

—¡TAUROOOOOOOOOOS!

—¡ESO ES! —Ryuki señaló a las tres personas que estaban frente a él—. ¡Equipo de tambores, hagan ruido!

Po, Bo y Mo comenzaron a golpear con fuerza sus instrumentos, sonriendo ampliamente. Sue agitaba unos pompones, claramente divertida por la situación.

La mirada de Ryuki se centró en un niño moreno de unos nueve años, el único de un grupo cercano que no estaba gritando. Se inclinó ante él, sorprendiéndolo, pero inmediatamente le sonrió para tranquilizarlo.

—¡¿Qué pasa, amiguito, por qué no estás apoyando al rey?! —Abrió los ojos con fuerza—. ¡Ah, ya entiendo! ¡¿Eres fan de Ash Ketchum?! ¡En ese caso deberías apoyarlo con todo!

El niño negó con la cabeza y habló. Su voz era tan baja que Ryuki tuvo que inclinarse más para poder oírlo.

—No… es eso… Es que a mí… no me gusta mi voz… Mis amigos dicen que es chillona —dijo, apenado.

Ryuki se apartó y elevó una ceja. Volvió a sonreírle.

—¡Pues a mí me gusta! ¡Y si a alguien no le gusta algo que a mí sí, entonces ese alguien es el enemigo del Dragón de Carmín! —Se dio la vuelta y se agachó, señalando sus propios hombros—. ¡Súbete, amiguito! ¡Todo parece pequeño cuando estás a lomos del Dragón!

El niño volteó a ver a sus padres, quienes le asintieron mientras grababan el encuentro. Mientras escuchaba la envidia de los otros niños a su alrededor, se subió a hombros de Ryuki. El oriundo de Carmín se levantó, sorprendiendo al chico. Era realmente alto.

—¡¿Tu nombre?!

—¡L-Linoa!

—¡ENTONCES, LINOA, GRITA! ¡TAUROOOOOOS!

—¡T-Taurooooos!

—¡MÁS FUERTE! ¡TAUROOOOOOOOOOOS!

—¡Ta…TAUROOOOOOOS!

—¡ESO ES! —felicitó Ryuki mientras reía al mismo tiempo que el niño.

Sue lo miró de reojo con ternura.


—¡Furia taurina!

—¡Roca veloz!

Ambos Pokémon eran balas. Nunca lo sabrías por el tamaño de Tauros, pero su velocidad era impresionante como ya lo había demostrado en el combate contra Garchomp. La desventaja que el tipo Normal tenía era que precisamente su tamaño le impedía cambiar con naturalidad de dirección.

Mientras el aura dorada lo envolvía, Tauros cargó de frente y, mientras él hacía eso, Lycanroc se apartó de él gracias a la velocidad que Roca veloz le proporcionaba.

Roca veloz permitió que Lycanroc se pusiera detrás de Tauros, pero sabía que atacarlo sin más no era buena idea. Esos látigos que tenía por colas podrían fácilmente castigarlo. Era algo que había aprendido más de una vez cuando los Tauros de Ash lo apalizaban en el rancho del profesor Oak. Por ello no lo atacó por la espalda, sino que se lanzó directamente por debajo de su abdomen. Su rapidez le permitió cruzar la barrera de látigos con apenas un golpe, lo que ya era una ganancia. Iba a morder la pata delantera derecha del rumiante, pero este la levantó como si ya supiera lo que quería hacer.

Tauros vio como Lycanroc se lanzaba en su contra, por lo que recibió su embestida con Cabeza de hierro. Ambos chocaron. Pese a la diferencia de tamaños, Lycanroc era el más fuerte… o lo habría sido de no ser por Intimidación. La reducción de ataque hizo que el can fuera impelido por el cabezazo del tipo Normal.

El tipo Roca aterrizó, ligeramente aturdido y dejando salir un suspiro. Estaba cansado y Ash ya lo había notado. No era buena idea dejarlo pelear contra Tauros, por lo que lo hizo regresar a su Poké Ball. Si se trataba de un peso completo como el tipo Normal, lo mejor para enfrentarlo, en la lógica de Ash, era otro peso completo.

—¡Golisopod, yo te elijo!

La cápsula se abrió y de ella emergió él. Era diferente al Golisopod de Guzma. Su expresión y porte no transmitían ansiedad, sino admiración. Tenía la mirada serena y templanza de un guerrero curtido en mil batallas. Sus ojos, negros como el carbón, esperaban la más mínima chispa para encenderse y apantallar a todos los que los vieran. Era grande, era fuerte, pero sobre todo era venerable.

Golisopod, el samurái.

—¡GOLISOPOD CONTRA TAUROS! —Jeekyo anunció lo que todos podían ver—. ¡No hay ventaja de tipo entre estos dos pesos completos, solo sus puños! ¡¿Podrá Tauros repetir la increíble hazaña que logró al enfrentar al Garchomp del Dragón de Carmín?!

—Agárrate, Tauros —dijo Hau con un semblante que aparentaba ser tranquilo—. Viene una fuerte sacudida.

El tipo Normal hizo caso. Plantó con fuerza las pezuñas en el suelo y afirmó su cornamenta, listo para recibir de frente el movimiento que no tardaría en llegar. Supo que tenía que ser como un roble cuando escuchó la voz de Ash.

—¡Escaramuza!

La gente no pudo ver a Golisopod. Su velocidad no correspondía a su tamaño, pero recordaban a aquel clásico corte de las series animadas tohjonesas en el que el espadachín parecía haber desenvainado muy poco su katana, pero en realidad había realizado un corte letal. El poder y la velocidad de Golisopod no palidecieron ante la ficción.

Tauros recibió el Escaramuza con Furia taurina, pero aun así el retroceso fue gigantesco. Sus patas temblaron, pero no se dejó arrastrar así como así. Peleó contra el oponente que había eliminado la distancia que los separaba en un parpadeo. Sus cuernos contra las garras del enemigo. Otro samurái al que iba a derrotar.

La colisión terminó cuando Golisopod retiró su extremidad del cráneo de Tauros y este retrocedió agitando la cabeza. Sí había sido una fuerte sacudida.

—¡Golisopod, Hidroariete! —ordenó Ash.

—¡Esquiva y usa Fuerza taurina!

Una katana de agua se creó en la cintura de Golisopod, quien la desenvainó a toda prisa. Cargó contra Tauros blandiendo su hoja, pero este lo evadió simplemente acelerando. Sería un enemigo escurridizo, de eso no había duda.

El isópodo vio como Tauros daba una vuelta realmente amplia, la cual le servía para cambiar fluidamente la dirección a la que corría. Llegó el momento en el que se encontraron cara a cara, o eso parecía.

Tauros cargó de frente y de frente recibió el impacto de Hidroariete. Golisopod no contaba con que la cornamenta del toro bravo se envolvería con electricidad instantes antes del choque. Una descarga recorrió toda la hoja acuosa, dándole una descarga en la garra a Golisopod que lo hizo deshacer su ataque. Tauros tenía vía libre.

El tipo Normal siguió de frente con Voltio cruel, impactando de lleno el estómago de Golisopod. El samurái retrocedió un par de pasos, sujetando la espalda del oponente para detenerlo.

—¡Retrocede y usa Cabeza de hierro! —gritó Hau repentinamente

Tauros apartó bruscamente a Golisopod de él y cambió al movimiento que su entrenador le había ordenado. En ese preciso momento sintió como una plasta ácida caía contra su rostro. Ardía, pero el aura plateada que envolvía su cráneo le había protegido del peor escenario.

—¡IMPECABLE! ¡El participante Hau logra predecir a la perfección el Tóxico de Golisopod, salvando a su Pokémon del envenenamiento y conectando de paso un Voltio cruel!

Hau sabía que contra Golisopod no podía permitirse quedarse esperando. Tauros era mucho más rápido que su oponente, pero no tenía la agilidad para lanzarse al suelo, cambiar de dirección o rodar abruptamente. Si quería hacer daño, fuerte y decisivo, entonces tenía que ser él quien dirigiera la ofensiva. Era hora de atacar, irónicamente, como un Tauros.

—¡Gira a su alrededor! —exclamó.

—¡Intercéptalo con Chupavidas! —ordenó Ash.

El toro comenzó a trazar un círculo completo con sus vueltas, a solo dos metros de Golisopod. El tipo Bicho era lento, pero sus reflejos no. Seguía atentamente a Tauros con la mirada, esperando el momento adecuado. Que llegó…

—¡Ahora!

Golisopod giró a toda prisa, pues Tauros había elegido atacarlo en el espacio donde su costado derecho y espalda se unían. Con las garras teñidas por un resplandor esmeralda, el isópodo se arrojó contra el toro.

La cornamenta de Tauros chocó contra la armadura quitinosa de Golisopod. Era resistente, pero no impenetrable. Empujó con todas sus fuerzas hasta que recibió un brutal Chupavidas que le dio de lleno en el rostro y lo hizo retroceder. Ahí empezaba la ofensiva.

Los látigos de Tauros se abalanzaron contra el rostro de Golisopod, quien rápidamente lo cubrió con uno de sus brazos. Ese movimiento permitió que Tauros tuviera un punto ciego que explotó como mejor supo: atacando. Volvió a cargar con Furia taurina, solo que dio una cornada ascendente que entró por la desprotegida cintura de Golisopod. El samurái comenzó a ser separado del suelo, pero rápidamente lanzó un Chupavidas contra la espalda del toro bravo el cual perdió potencia por los latigazos que su extremidad recibió.

El tipo Agua fue liberado, aterrizando pesadamente en el suelo. Lo siguiente que vio fue a Tauros saltando en su contra con Furia taurina, cosa que lo sorprendió inicialmente pero no le impidió actuar. Creó una katana de agua y, con un tajo descendente, encaró al rumiante.

Cuernos y espada se encontraron en el aire. El aura dorada abandonó repentinamente el cuerpo de Tauros, centrándose únicamente en sus cuernos. Golisopod inmediatamente deshizo su espada para evitar que la electricidad viajara por ella y, sabiendo que le había dejado vía libre a Tauros, preparó Chupavidas.

Tauros iba a caer sobre Golisopod, pero este evitó ese resultado al apartarse del camino. Fue así que el tipo Normal aterrizó frente al tipo Bicho. Ambos, a la vez, se atacaron con sus respectivos movimientos. Voltio cruel y Chupavidas se interceptaron.

La cornamenta de Tauros comenzó a agitarse violentamente, haciendo que el brazo de Golisopod también lo hiciera. Voltio cruel no podía paralizar al enemigo, pero las descargas que enviaba por todo su cuerpo sin duda eran poco placenteras. Con eso en mente, Golisopod utilizó su otro brazo para aplicar presión. Fue ahí que el empate se deshizo.

En cuanto a fuerza, Tauros era de los mejores, pero si había alguien que mereciera ostentar el título del más poderoso en ese combate, ese sin duda era Golisopod.

Tauros bufó con fuerza, latigueó su espalda para darse ánimo y solo así logró ejercer la fuerza necesaria para apartar a Golisopod lo suficiente para alejarse a toda prisa de él. Apenas estuvo a una distancia segura, Tauros fue devuelto a su Poké Ball.

—¡Voy a admitir que me pasé de confiado! —rio Hau, guardando la Poké Ball de su compañero—. Creí que Tauros podría hacerle frente a la fuerza bruta de Golisopod, pero veo que no es así. Todavía estamos lejos de llegar a ese nivel.

—¿Recuerdas cómo era antes? Si fueras el Hau de hace un año y medio, no habrías podido hacer el daño que acabas de hacer —dijo Ash, viéndose de cierta forma orgulloso.

El Cañón de Poni había presenciado como el Tauros de Hau era aplastado bajo el peso de las garras de Golisopod una y otra vez. Mahalo sabía que era un error enfrentar a esos dos, pero al menos quería ver si habían mejorado. Lo habían hecho, pero no lo suficiente como para cubrir la brecha de fuerza natural.

—No puedo combatirte con fuerza bruta, Ash. Al menos no con Tauros. —Sacó otra Poké Ball mientras sonreía—. Por eso es bueno que esta sea una batalla de cinco contra cinco. ¡Ayúdame, Noivern!

El guiverno salió al campo de batalla alteando con fuerza. Inmediatamente posó sus ojos sobre Golisopod, quien hizo lo mismo. Se reconocían, por supuesto, sin importar el tiempo que llevaran lejos el uno del otro ni lo mucho que hubieran cambiado. Se reconocían porque eran grandes amigos; porque compartían una historia similar.

Ambos antes eran débiles, llorones y temerosos. Había sido bajo el mando de sus entrenadores que descubrieron el significado propio de la fuerza. Gracias a los humanos que los habían acogido llegaron a nuevos horizontes que creían imposibles.

Eran amigos, pero en esa batalla eran rivales que no dudarían en derribar al contrario. Por eso mismo no se lo pensaron cuando escucharon sus órdenes.

—¡Pulso dragón!

—¡Hidroariete!

En el hocico de Noivern se canalizó la energía dracónida, mientras que en la cintura de Golisopod se formó una masa de agua. Ambos la lanzaron, pero Noivern fue el primero en atacar.

Un torrente de plasma avanzó en contra del recién arrojado Hidroariete. La media luna, hecha de agua a presión, comenzó a partir el ataque del guiverno como si fuese mantequilla. Noivern frunció el ceño y se retiró con un poderoso aleteo. Hidroariete pasó un metro por debajo suyo, deshaciéndose en el aire. Golisopod era un verdadero coloso, acababa de recordarlo.

—¡Noivern, Danza dragón! —gritó Hau.

—¡Tóxico! —ordenó Ash.

Antes de que Noivern pudiera terminar de dar sus vistosas vueltas en el aire, Golisopod disparó en su contra cinco bombas venenosas que no tuvieron dificultad en alcanzarlo. Antes de que pudieran tocarlo, Noivern se envolvió con Ala de acero y repelió las toxinas. Tuvo que apartarse a toda prisa pues otro Hidroariete iba en su dirección.

Tal vez Golisopod no lo dejaría utilizar Danza dragón, pero no lo necesitaba. Se movió a ras del suelo, ubicándose en la espalda del oponente quien apenas había comenzado a girarse. Disparó un poderoso Pulso dragón que fue interceptado por esos grandes y pesados escudos de quitina.

El lugar de la colisión fue marcado por magulladuras. Golisopod se descubrió, atacando inmediatamente con Tóxico. Noivern viró hacia su derecha y aceleró para reposicionarse.

—¡Da la vuelta y agita las alas!

Podía escuchar el sonido de algo cortando el viento, pero no sabía qué era exactamente. Fue solo cuando se dio la vuelta que pudo ver como varios pequeños hidroarietes arremetían en su contra. Eran de menor tamaño que el ataque completo, pero no por ello eran menos peligrosos. Creó una violenta corriente con sus alas, la cual logró frenar las cuchillas. Era una suerte que fueran más fáciles de repeler que el original. Hablando de este…

Noivern tuvo que ganar altitud para alejarse del Hidroariete que iba hacia él. Había visto como Golisopod partía rocas del tamaño de camiones con ese movimiento y, si bien perdía potencia al ser lanzado, no por ello se daría el lujo de recibirlo de lleno.

Lanzó ondas sonoras desde sus orejas, las cuales parecieron tener poco efecto en Golisopod por su rostro estoico. Rápidamente continuó su ataque con Pulso dragón. El samurái trató de esquivarlo, pero sabía que era imposible. Se cubrió nuevamente con sus escudos, los cuales recibieron todavía más magulladuras. El movimiento esta vez duró menos, pues Golisopod lo repelió con pura fuerza bruta para después usar Tóxico.

Noivern tuvo que redirigir su Pulso dragón para destruir la ponzoña y, cuando volvió a mirar a Golisopod, este ya lo atacaba con Hidroariete. Tomó altura y luego se deshizo de ella al lanzarse en picada mientras volvía a utilizar Pulso dragón. A mitad de su caída comenzó a girar, haciendo que su Pulso dragón luciera como la broca de un taladro.

Golisopod volvió a atacar con Hidroariete, pero los giros habían potenciado la penetración de Pulso dragón. Esta vez la media luna solo logró retrasar el plasma hasta cierto punto, el necesario para que Noivern estuviera a rango del verdadero Hidroariete.

La katana de agua que Golisopod sostenía en sus manos fue capaz de cortar incluso el Pulso dragón helicoidal, pero no de llegar a Noivern. El murciélago había dado un rápido giro que le permitió pasar por encima del filo acuático. Emergió a espaldas del isópodo y entonces atacó con Pulso dragón nuevamente.

El samurái se agitó por el golpe directo a su espalda, pero se giró rápidamente para levantar nuevamente sus escudos. Fue entonces que, tras castigarlos por solo unos segundos y antes de que Golisopod pudiera repeler el movimiento, se lanzó con Ala de acero.

Hau y Ash eran diferentes. Eso podía verse simplemente en la forma en la que habían entrenado a sus Noivern y, entre todos los presentes, eran pocos los que podían notar esto claramente. Entre esas personas estaban, por supuesto, Delia Ketchum, los hermanos Blanchet, Serena Fontaine, Tracey Sketchit y Lillie Aether.

Cualquiera de los antes mencionados sabría decir, al instante, en que se diferenciaban esos dos Pokémon de la misma especie. Mientras que el Noivern de Ash se especializaba en el combate cuerpo a cuerpo, el de Hau era un combatiente a larga distancia. El Noivern de Ash solo luchaba de lejos cuando tenía que hacerlo al igual que el de Hau solo luchaba de cerca cuando se veía en la necesidad… o cuando tenían un plan.

El plan de Hau había dado resultados.

Los alazos de Noivern normalmente no le harían casi nada de daño a Golisopod, pero esta era una situación especial. Aquellos alazos eran como golpear con un martillo el acero incandescente. El primer martillazo podía parecer que no hacía gran cosa, pero tras el segundo y el tercero las cosas cambiaban. Los golpes de las alas de Noivern lograron hacer ceder la armadura de Golisopod, debilitada por el impacto continuo de Pulso dragón.

Cuando el frente indefenso de Golisopod estuvo ante él, Noivern aprovechó para golpearlo repetidamente en el rostro con sus alazos, retrocediendo apenas un momento para dispararle ondas sonoras que, a quemarropa, sí que lo desconcertaron. Aprovechó ese momento para ganar altitud mientras un aura rojiza le rodeaba el cuerpo.

—¡NOIVERN GOLPEA A GOLISOPOD! ¡El escudo que parecía impenetrable fue superado por la ofensiva de Noivern!

Era obvio, pensaron algunos. Golisopod era impresionante cuando se trataba de recibir impactos físicos, pero cuando se trataba de ataques especiales… su defensa dejaba mucho que desear. Eso no quitaba, sin embargo, el excelente trabajo que había hecho el tipo Dragón. Vieron con atención su siguiente jugada que no tardó en llegar.

—¡Vendaval! —ordenó Hau.

—¡Hidroariete! —gritó Ash, sonriendo. El combate se estaba poniendo más y más interesante.

Las alas de Noivern comenzaron a agitarse con fuerza, arremolinando el viento frente a él. Fue en ese momento que la cuchilla en forma de media luna apareció frente a él. La miró y decidió recibirla de lleno mientras seguía agitando las alas. Se escucharon sonidos de sorpresa por la audaz decisión de Noivern, pero pronto muchas cosas tuvieron sentido.

—¡Buscó subir su defensa para que así Hidroariete no hiciera tanto daño como debía! —exclamó Kiawe, maravillado.

—¡Y ahora viene! ¡Su ataque más poderoso! —Chris, con una sonrisa de oreja a oreja, vio el resultado del plan de su amigo de la infancia.

Un gigantesco tornado se formó al final, comenzando a avanzar en contra de Golisopod. El tipo Agua vio como los vientos huracanados empezaban a absorberlo y cerró los ojos, abrazándolos.

—¡LO ATRAPA CON VENDAVAL! ¡NOIVERN ATRAPA A GOLISOPOD EN SU INTERIOR CON VENDAVAL! ¡Un movimiento súper efectivo de categoría especial! ¡El daño debe de ser devastador! —gritó Jeekyo, anonadado y expectante.

Gritos que coreaban el nombre de Hau se escucharon por todo el estadio. Su estrategia había sido impecable, minimizando el riesgo y maximizando las ganancias.

—Pero Golisopod tiene Tóxico… ¿Eso no permitiría que cree un tornado de veneno? —preguntó Asahi, recordando lo que le habían dicho con anterioridad.

—Eso ya no es conveniente para Ash —respondió Mallow—. Golisopod no es del tipo Veneno. Si crea un tornado venenoso, posiblemente él también se vea afectado por sus propias toxinas.

—Ya veo… Entonces…

No pudo seguir diciendo nada, pues sintió una brisa fresca golpearle la cara. Normalmente los vendavales utilizados en el torneo solo alborotaban los cabellos de una forma espantosa, pero esta vez estaba desprendiendo un aire húmedo… ¿acompañado de gotas?

Muchos se dieron cuenta de lo mismo que Asahi, por lo que miraron hacia el tornado. Agua comenzó a surgir por todos lados, justo como en la batalla de Lana y Ryuki. Pasó poco tiempo antes de que Vendaval se convirtiera en un súper Torbellino a gran escala.

—¿Qué está haciendo Golisopod?... —se preguntó Selene con curiosidad—. Hacer agua venenosa tendría el mismo efecto indeseado que solo utilizar Tóxico.

—Tampoco tiene otro movimiento que le permita aplicarle un estado alterado a dicha agua —agregó Elio con una mano en el mentón. Abrió los ojos, impresionado—. ¡¿Está tratando de partir Vendaval desde adentro con Hidroariete?!

Muchos saltaron al escuchar la suposición de Elio.

—¡N-no es una idea descabellada! ¡Hizo algo parecido durante su combate contra Lana y contra mí! —exclamó Mallow—. Aunque era un Torbellino y no era tan grande como este Vendaval, Golisopod tampoco tenía el nivel que tiene actualmente.

—¿Partir el viento?... La cantidad de poder que Golisopod necesitaría para hacer eso es bestial, pero… considerando que pudo frenar una tormenta de arena… —Rotom comenzó a hacer cálculos.

—Eso explicaría toda el agua que está manando de Vendaval —murmuró Lillie. Su mirada inquisitiva pronto cambió a una de ilusión—. ¡Qué emocionante, Golisopod!

May rio, nerviosa.

—Cortar un Vendaval sería demasiado, ¿no? —le preguntó a Dawn, quien también se rio con el mismo nerviosismo.

Aunque si se trataba de Ash…

Al final nadie cortó Vendaval ni mucho menos, pero lo que pasó en realidad no se quedó corto en cuanto a impacto.

Los cielos estaban increíblemente alborotados, pero Noivern podía mantener el equilibrio entre las corrientes. Veía como, a solo algunos metros de distancia, su movimiento se había estancado en un punto fijo. El agua estaba realmente helada, lo que le ponía los pelos de punta, pero no podía hacerle daño. Solo tenía que esperar a que todo terminara… o eso creyó.

Se sorprendió cuando vio una figura oscura en la copa del Vendaval, la cual desapareció en cuestión de segundos. Intrigado por lo que acababa de pasar, utilizó sus ondas supersónicas para escanear el interior de su ataque. Abrió los ojos de par en par cuando detectó un objeto gigantesco en el interior de las violentas corrientes de agua. La sorpresa se convirtió en estupefacción cuando vio a Golisopod salir de la cima de Vendaval, emergiendo como quien acaba de darse un chapuzón en la piscina.

El tipo Bicho lanzó bombas venenosas que dieron de lleno contra el sorprendido Noivern y, aprovechando el momento, lanzó un Hidroariete a distancia antes de comenzar a caer estrepitosamente al suelo. Chocó aparatosamente, levantando polvo en todas direcciones, pero para su buena suerte su cuerpo era increíblemente resistente a los impactos… aunque no inmune. Se levantó jadeando.

Aunque Noivern tampoco había salido bien librado. El veneno había hecho de las suyas antes de que Hidroariete lo golpeara justo en el rostro, haciéndolo desplomarse contra el suelo. El murciélago golpeó irremediablemente el campo de batalla con su cuerpo. Se levantó entre jadeos y suspiros.

—¿Q-qué…? ¡¿QUÉ ACABA DE OCURRIR?! —preguntó Jeekyo, anonadado—. ¡GOLISOPOD NADÓ HASTA LA CIMA DEL VENDAVAL DE NOIVERN! ¡¿Es eso posible?! ¡¿Cuánta fuerza se necesita para lograr algo así?!

Esta vez nadie tenía la respuesta. La inmensidad de esa proeza no pasó desapercibida para nadie, pues el nombre de Ash comenzó a ser ovacionado en todos los rincones del estadio. Los fanáticos de Ketchum habían disfrutado en grande el espectáculo.

En las gradas, Brock reía con una mano en la frente, Iris se carcajeaba, Misty suspiraba con cierta resignación con el pensamiento de «¿Por qué me sorprendo?» y todos los demás simplemente veían maravillados lo que acababa de ocurrir.

—¡Como se esperaba de Ash! ¡Las expectativas ya de por sí altas fueron incluso superadas! —exclamó Clemont.

—¡Tan típico de Ash! —dijo Serena con admiración.

—Creo que esto podría ser clasificado como una LocurAsh, ¿no? —rio Dawn.

—Sí… ¡Sí, sí, sí! —asintió Lillie con fuerza.

Pero mientras todos comentaban con sorpresa lo que acababa de ocurrir, en el campo de batalla Hau y Ash…

—¡¿QUÉ FUE ESO?! —preguntó Hau, llevándose las manos a las mejillas con una expresión parecida a la de El grito—. ¿¡Cómo pudo Golisopod…?! ¡¿Cómo fue posible que…?!

—¡N-No lo sé! —aseguró Ash, pálido como la nieve—. ¡Creí que tenía sentido porque una vez vi al Empoleon de Lana hacer algo parecido, pero tampoco pensé que fuera a funcionar! ¡Eso fue cien por ciento suerte!

Hau comenzó a retorcerse al igual que Ash.

—¡¿Y qué fue eso que hiciste con Noivern?! ¡¿Tenías planeado incluso el incremento de defensa?! ¡¿Todo era parte de tu plan maestro?! —Fue el turno de Ash de preguntar. Con su mirada exigía respuestas.

—Y-yo… Digo, sí lo planeé todo, pero no creí que fuera a salir como salió. Tuve un montón de suerte… ¡Quiero decir, la probabilidad de que Ala de acero aumente la defensa de un Pokémon es de solo el diez por ciento! —admitió, pálido como una hoja de papel—. ¡De hecho ni siquiera esperaba lograr atravesar las defensas de Golisopod! ¡Solo recordé la forma en la que mi abuelo calentaba ciertos metales para hacerlos más maleables e imaginé que Pulso dragón podría hacer algo parecido!

Ash comenzó a retorcerse al igual que Hau.

—¡Eres increíble, Hau!

—¡No tanto como tú, Ash!

Ambos se retorcieron por un poderoso escalofrío que los recorrió de la cabeza a los pies.

—¡Qué suerte tuve! —exclamaron al unísono.

—¿Qué están haciendo esos dos? ¿Son idiotas? —preguntó Rotom con rostro inexpresivo. Ya ni siquiera podía verse decepción en él.

—Yyyy… segunda vez que Ash logra quitarle la genialidad a sus estrategias. —May suspiró profundamente.

—Sí… A veces hace eso… —murmuró Lillie con una sonrisa apacible.

—¡Eso sí es típico de Ash! —rio Misty a carcajadas.

—Esos dos son más parecidos de lo que suponía —dijo Lana, conteniendo la carcajada que quería salir de su garganta.

—¿Llegados a este punto de verdad te sorprende? —le preguntó Mallow, resignada ante la pérdida de toda epicidad que el combate estuviera teniendo.

—Creo que la opinión popular de Hau habría mejorado si simplemente se hubiera quedado callado… —dijo Chris.

—¡Yo creo que un gobernante honesto es muchísimo mejor que uno que alardea logros que no son completamente suyos! —exclamó Acerola con una gran sonrisa.

Malvácea suspiró y sonrió. Tenía tanto tiempo sin ver a su hijo comportándose como un niño, simplemente divirtiéndose sin importarle nada más en el mundo que el momento que estaba viviendo. En los últimos años había ido por la vida con una máscara autoimpuesta; una que lo forzaba a madurar y mantenerse sereno.

Al inicio del combate, viendo lo callado y nervioso que estaba, Malvácea pensó que su hijo no se estaba divirtiendo; que había llegado al momento que tenía años esperando pero que no lo estaba disfrutando como debía. Solo pudo sentir alivio al verlo actuar de la manera en la que lo estaba haciendo, pues sabía que estaba equivocada.

Sintió una mirada, por lo que giró la cabeza, encontrándose con Delia. La señora Ketchum le sonreía y ella, por supuesto, le devolvió el gesto.

Mientras sus entrenadores hacían el tonto, Golisopod y Noivern se quedaron viendo por un momento. Finalmente ambos se rieron por lo ridículo de la situación. Noivern repentinamente dejó salir un quejido producido por el veneno.

Golisopod dejó salir también un profundo suspiro y se convirtió en energía ante la mirada sorprendida de Noivern. Lo que antes era Golisopod fue absorbido por su Poké Ball. Era su habilidad: Retirada. ¿Había, por su propia voluntad, aplazado la activación de su habilidad? No lo sabían, pero Retirada y el envenenamiento de Noivern les recordaron a los entrenadores lo que estaban haciendo.

Estaban peleando.

—¿Continuamos? —preguntó Ash con una sonrisa radiante.

—¡No podría pedir menos! —respondió Hau.

Noivern entonces fue sacado del campo de batalla. Al mismo tiempo los entrenadores mostraron nuevas Poké Balls y las arrojaron al aire.

—¡Incineroar, yo te elijo!

—¡Tauros, ayúdame!

Tigre y toro emergieron a la vez de sus cápsulas. El felino rugió y el bovino bramó. Intimidación hizo de las suyas en la mente del tipo Fuego, quien inmediatamente se vio rodeado por un aura azulada. Sus ojos pronto mostraron firmeza y volvió a rugir.

—¡TAUROS CONTRA INCINEROAR! ¡Otro choque de pesos pesados! ¡¿Esta vez el resultado será favorable para Tauros?!

—¡Lanzallamas! —gritó Ash, quien estaba bastante dispuesto a comprobar la respuesta a esa pregunta.

—¡Furia taurina!

Tauros se valió de la protección concedida por el aura dorada para cargar de frente contra el Lanzallamas de Incineroar. El tigre vio que el oponente no se detendría, por lo que cambió su estrategia. ¿Quería pelear de frente? Pelearían de frente. Sus músculos se tensaron por el uso de Corpulencia y, un segundo antes de que Tauros lo golpeara, usó Lariat oscuro.

La cabeza del taurino se agitó violentamente por las sacudidas, pero no le importó. Como si estuviera provocando a Incineroar, agitó todavía más la cabeza, tratando de hacer que el oponente perdiera el equilibrio. No lo logró tal cual, pero sí consiguió detenerlo.

Incineroar se quedó quieto, sujetando con sus grandes garras los cuernos de Tauros. Corpulencia había contrarrestado el efecto de Intimidación además de potenciar su defensa. Gracias a ello pudo mantenerse firme ante Tauros, quien bufaba con fuerza mientras intentaba avanzar.

Una vez más, la situación se repetía. Incineroar era más fuerte que Tauros, por lo que podía detener sus salvajes embestidas. Fue así que logró derribar al toro para, posteriormente, lanzarse en su contra con Acróbata.

Tauros se puso de pie, respondiendo con Cabeza de hierro, pero tenía mala postura. Nadie se extrañó cuando retrocedió adolorido por el poderoso golpe que había recibido mal.

Hau frunció el ceño solo por un momento. Sabía que Tauros era un Pokémon hecho para darlo todo. Cuando luchaban mano a mano, Hau se encargaba de tomar acciones arriesgadas que hicieran gran daño pero que no comprometieran tanto la energía de Tauros. Solo permitía que su Pokémon fuera con todo cuando estaba seguro de que podía conseguir un resultado explosivo. Había elegido este como el momento adecuado.

—¡Caemos o cae, Tauros! ¡Aquí lo decidimos todo! —gritó Hau, sonriendo—. ¡Enfado!

—¡Lariat oscuro! —gritó Ash.

Los ojos de Tauros se volvieron rojos como el rubí y su cuerpo se rodeó por una energía celeste que manaba a raudales. Cargó directamente contra Incineroar, quien avanzó en su contra como un tornado.

El tigre logró golpear la espalda de Tauros, pero porque este había agachado la cabeza con la intención de embestir sus piernas. De un salto, el tipo Siniestro evadió la cornamenta del enemigo, pero se enfrentó rápidamente a los látigos que tenía por colas. Los sujetó con ambas manos, conteniéndolos lo mejor que podía y sintiendo un fuerte ardor en las palmas por los violentos movimientos de las colas. Tiró con fuerza de ellas y disparó un Lanzallamas a quemarropa. Incineroar se sorprendió cuando vio unos ojos brillantes asomarse por entre el fuego.

Tauros embistió al rudo por la cintura, lo levantó y lo hizo caer contra el suelo. Como había hecho contra Garchomp, comenzó a zarandearlo mientras lo arrastraba por el campo de batalla.

Adolorido por las violentas sacudidas de los cuernos de Tauros y tratando de liberarse de él, Incineroar disparó un Lanzallamas a quemarropa mientras golpeaba fuertemente los hombros del bovino.

El toro, quien estaba encolerizado mas no privado del raciocinio, frenó. Levantó la cornamenta con violencia, mandando a volar a Incineroar tan alto como pudo y luego se lanzó en su contra con un poderoso salto.

Mientras caía, el tipo Fuego se aseguró de cargar toda la energía posible en sus garras. Acróbata pronto chocó contra Enfado.

La primera garra de Incineroar, que iba por delante, fue apartada por un violento movimiento de cabeza dado por Tauros. Al final solo la segunda garra, la derecha, se enfrentó a la brutal embestida del tipo Normal. Ambos retrocedieron, frunciendo el ceño, y comenzaron a caer al suelo.

Al tiempo que se desplomaban, Incineroar tomó a Tauros por los cuernos y este los agitó violentamente para apartarlo. No lo logró, pues el tigre se subió en su lomo. Aprovechó que estaba ahí para hacerle una llave en el cuello, pero no sin recibir un castigo. Los látigos azotaron su espalda.

Tauros no tenía la agilidad para moverse en el aire, por lo que no pudo ponerse caer sobre su espalda de modo que Incineroar recibiera el impacto. Cayó torpemente sobre sus pezuñas delanteras, perdiendo rápidamente el equilibrio. No lo vio como algo malo, pues se dejó caer intencionadamente y comenzó a rodar.

Incineroar quedó bajo el peso de Tauros, sin dejarlo ir en ningún momento. Mientras que con el brazo derecho envolvía su cuello, con el izquierdo golpeaba su rostro. Aprovechó el rodar de Tauros para alejarse de su espalda, posicionándose en su costado pero sin dejar de ejercer presión sobre su cuello. Los látigos seguían golpeándolo.

Los ojos del tipo Normal se afilaron, levantándose a una velocidad que desconcertó a Incineroar. El tigre todavía colgaba del costado izquierdo del toro, pero eso no pareció importarle en lo más mínimo a este último pues emprendió una carrera a toda velocidad.

Las piernas de Incineroar se arrastraban por la tierra, haciéndolo gruñir por el ardor. Logró colocar bien los pies en el suelo, por lo que corrió apresuradamente para intentar seguirle el paso a Tauros. Dio un salto que le permitiría volver a subirse al lomo del oponente, pero este viró violentamente hacia la derecha por lo que Incineroar terminó colgando de dicho costado.

Pronto el objetivo de la carga de Tauros cobró sentido. La barrera de energía se activó e Incineroar quedó encerrado entre la misma y el cuerpo de Tauros. Fue en ese momento que el tigre decidió que el tren debía parar a como diera lugar. Subió una de sus piernas al lomo de Tauros e hizo tanta fuerza en la otra como le fue posible, lanzando una poderosa patada que golpeó la corva de la pata delantera derecha de Tauros.

Con violencia, la rodilla del tipo Normal se venció. Tanto el toro como el tigre rodaron por el suelo, actuando sus cuerpos como dos autos que acababan de colisionar uno contra el otro. Incineroar fue el que salió volando más lejos, soltando en el proceso el cuello del rumiante.

El felino rodó antes de chocar contra la barrera, que acababa de activarse a sus espaldas. Se levantó, agitando la cabeza, pero repentinamente sintió un poderoso golpe en el estómago que estuvo muy cerca de sacarle el aire. Vio a Tauros, quien lo aprisionaba con Furia taurina. Trató de quitárselo de encima, pero no ayudaba nada que sus pies estuvieran a cinco centímetros del suelo.

—¡INCINEROAR! —gritó Ash con fuerza, atrayendo de inmediato la atención de su Pokémon. Sonrió con confianza—. ¡Enséñale porque nadie debe tratarte así!

Una sonrisa de extremo a extremo apareció en el rostro de Incineroar. Su cinturón brilló con una intensidad poco vista, pero no inédita. Un mar de fuego rodeó por completo a ambos Pokémon, aunque no por mucho tiempo. Incineroar salió volando de la llamarada, la cual se deshizo a los pocos segundos.

Tauros no tardó mucho en llegar contra Incineroar, quien acababa de ponerse de pie. El tigre lo recibió de frente, sujetándolo por los cuernos y deteniendo su embestida. Sus ojos se encontraron y, pese a la cólera de Tauros, este llegó a sentir temor. Los orbes esmeraldas de Incineroar transmitían un ansia de batalla que rozaba la locura.

El espíritu combativo de Incineroar se reflejó en su cinturón, el cual resplandeció con un fulgor deslumbrante. Los bíceps de Incineroar parecieron duplicar su tamaño, pero eso no era más que una ilusión creada por la presencia del tigre. Apartó la pata derecha de los cuernos de Tauros, deteniendo su avance únicamente con la izquierda aunque no por mucho tiempo. Con la garra que tenía libre conectó un poderoso gancho en el mentón del tipo Normal, levantándolo medio metro del suelo.

Incineroar rugió con fuerza al ver a su derribado oponente, pero no se confió. Retrocedió de un salto y lo hizo justo a tiempo, pues Tauros acababa de levantarse.

Los ojos del toro habían perdido todo brillo en demostración de lo que ya todos estaban esperando.

—¡TAUROS SE CONFUNDE! ¡El efecto secundario de Enfado se activa después de una feroz batalla! —exclamó Jeekyo.

—¡No somos Gladio, así que retírate por el momento, Tauros! —exclamó Hau, haciendo regresar a su Pokémon.

—¡También toma un descanso, Incineroar! —Ash apuntó al mencionado con su Poké Ball, absorbiéndolo.

Ambos entrenadores dejaron salir un profundo suspiro y, al mismo tiempo, se rieron.

—¿Desde cuándo atacas de esa manera? —preguntó Ash con curiosidad.

—«La mejor defensa es un buen ataque». Me enseñaste eso —respondió Hau con las manos en la cintura—. Tauros no es un Pokémon que simplemente pueda quedarse quieto esperando por su oponente.

Ketchum se carcajeó y le levantó un pulgar.

—¡Comprendiste los fundamentos de Tauros! ¡Aprobaste tu examen de Tauro… logía! —congratuló.

Hau bajó con fuerza el brazo.

—¡Eso es! ¡¿Con una A?! —preguntó, emocionado.

—¿Con una… A? —repitió Ash, confundido. Pareció caer en cuenta—. ¿Eeeh? ¿Aquí en Alola califican los exámenes con letras?

—¿Cómo es en Kanto? —interrogó Hau, igual de confundido que Ketchum.

—Con números.

—Eeeh… ¡¿Entonces qué saqué?!

—¡Un cien!

—¡¿Eso es lo más alto?!

—¡Lo más alto! ¡Yo nunca en mi vida saqué uno! —dijo, riéndose.

Hau dio un gran salto que evidenciaba su felicidad. Se reverenció.

—¡Gracias por todo, profe! ¡Ahora puedo ir a la universidad!

Ash se cruzó de brazos y asintió repetidamente.

—Si recuerdas todo lo que aprendiste en tus clases, entonces estarás bien.

Ambos rompieron en carcajadas. Fue una vista rara, pues mientras se reían comenzaron a sacar sus Poké Balls. Era como ver a un par de pandilleros bromeando juntos al tiempo que, disimuladamente, alcanzaban sus armas para dispararse a traición. Para suerte de todos, aquí nadie murió. Lo único que ocurrió fue que las cápsulas salieron volando al aire.

—¡Flareon, ayúdame!

—¡Golisopod, yo te elijo!

Zorro e isópodo cruzaron miradas. La diferencia de tamaño era colosal, pero ¿la fuerza? En fuerza estaban realmente igualados y eso lo sabían ambos. El pequeño cuerpo del tipo Fuego contenía en su interior una vitalidad sorprendente.


Golisopod era brutalmente fuerte. Hapu había comprobado eso de primera mano cuando lucharon por primera vez, pero lo reafirmó con las batallas que tuvieron en los años posteriores. No solo era fuerte, sino que su determinación era férrea como la coraza que cubría la mayor parte de su cuerpo.

Aunque Flareon tampoco se quedaba atrás. Durante la Gran Prueba de Hau, él se había encargado de frenarle los pies a Mudsdale en más de una ocasión. La resistencia física que le faltaba la compensaba con una agilidad envidiable.

—¡Escaramuza!

—¡Envite ígneo!

Hapu era buena manteniendo la compostura, por lo que no se sobresaltó cuando escuchó la estruendosa colisión. Flareon recibía de frente el zarpazo con sus llamas y su temple, mientras que Golisopod empujaba con sus poderosos músculos.

Ambos retrocedieron a la vez, mostrando expresiones de dolor. Una sonrisa se pintó en el rostro de la Kahuna. Había llegado el momento en el que Hau podía provocar un rostro como ese en los Pokémon de Ash.

No quedaba rastro de aquel chiquillo que la había enfrentado durante la Gran Prueba. Lo que había ante ella era un hombre hecho y derecho.

… O al menos hasta que abriera la boca. Su mejor amigo realmente era una moneda de doble cara.


—¡Ataque rápido!

—¡Hidroariete!

Golisopod lanzó rápidos tajos con su espada, pero Flareon los evadió todos gracias a la velocidad proporcionada por Ataque rápido. Aprovechó el impulso para tomar cierta distancia del enemigo.

—¡Lanzallamas!

—¡Repélelo con Hidroariete!

El millar de lenguas de fuego avanzó contra Golisopod, quien aumentó exponencialmente el tamaño de su filo. Dejó caer el agua contra las llamas del enemigo, extinguiéndolas al instante.

Los ojos de Hau volaron en todas direcciones. Se le acababa de ocurrir algo.

—¡Ataque rápido y Lanzallamas! ¡Rodéalo!

Las patas de Flareon se flexionaron, dándole el impulso necesario para correr. Se movió a toda prisa alrededor de Golisopod. Corría tan cerca de él que el tipo Bicho podría golpearlo en cualquier momento. Estuvo a punto de hacerlo, pero Ataque rápido le permitió saltar para evitar el zarpazo. Fue entonces que el fuego llegó.

Lanzallamas comenzó a abrasar a Golisopod desde todos los ángulos posibles. El tipo Bicho frunció fuertemente el ceño y comenzó a concentrar agua en su cintura. Sus ojos se afilaron y, con un movimiento súbito, dio un giro de 360 grados mientras empuñaba una larga espada.

Un perfecto anillo de agua se formó a su alrededor, el cual eliminó todo rastro del fuego. Intentó encontrar a Flareon, pero no lo vio por ningún lado. Se dio la vuelta, bajó la cabeza y entonces lo vio todo rojo. Envite ígneo golpeó directamente su rostro, haciéndolo retroceder con torpeza. Cuando recuperó el equilibrio sintió otro golpe, solo que mucho más débil. Ataque rápido, seguramente.

Flareon aprovechó la confusión de Golisopod para volver a posicionarse a su espalda. Se aseguró de rozarlo con la cola para que se girase y, cuando lo hizo, pasó por debajo de uno de sus brazos. Estaba perfectamente posicionado en diagonal a su rostro, por lo que volvió a saltar con Envite ígneo. Golisopod lo miró directamente, pero no le importó. Lo que sí le sorprendió fue la forma en la que el rostro del isópodo repentinamente se distorsionó por un filtro cristalino.

El zorro no se dio cuenta de lo que había pasado por lo precipitado de su ataque, pero visto desde afuera todos pudieron apreciar los acontecimientos. Golisopod había creado una gran burbuja de agua, mucho más pequeña que la que había encerrado a Incineroar, pero definitivamente era grande. Lo suficiente para cubrir todo el cuerpo de Flareon.

La burbuja no capturó al tipo Fuego, pero sí apagó las llamas que lo envolvían y eliminó el impulso de su embestida. Eso permitió que Golisopod conectara un poderoso gancho en su estómago que lo elevó casi dos metros. Lo siguiente que hizo el isópodo fue crear una espada de agua que utilizó como bate, golpeando directamente el costado del enemigo.

Flareon salió volando como pelota hacia su derecha, rodando violentamente por el suelo y llenando su pelaje de tierra. El Pokémon Llama se quedó tumbado por casi diez segundos hasta que, con piernas temblorosas, se levantó. En su rostro podía verse una expresión agotada y su costado estaba notoriamente magullado. El golpe había sido fuerte; demasiado fuerte.

—¿Puedes pararte, Flareon? —preguntó Hau con expresión serena.

El tipo Fuego asintió fuertemente. Todavía era pronto para caer. Quería hacer mucho, mucho más, porque sabía que era capaz.

En ese momento, para Hau, ya no tenía caso luchas con la defensa en alto. Hidroariete había lastimado tanto a Flareon que no podían permitirse gastar energía en cubrirse o esquivar. Si querían hacer daño, tenían que hacerlo ahora. Daño en grandes cantidades, capaz de marcar una diferencia a futuro. Se le ocurrió una idea.

—Tengo un plan, Flareon, pero… no voy a mentirte, seguramente no puedas levantarte después —dijo Mahalo, provocando una ola de especulaciones. Su Pokémon volteó a verlo mientras recuperaba el aliento, haciéndole una pregunta con la mirada—. Sí. Le haremos mucho daño.

Era todo lo que Flareon quería escuchar. Volvió la vista al frente.

—¿Estás seguro de que es la mejor elección, Hau? —preguntó Ash con tranquilidad.

Mahalo asintió.

—Considerando todo… Sí. Solo Flareon puede hacer esto —respondió.

Ash se ajustó la visera de la gorra.

—¡Entonces ven!

—¡Sí! —Apuntó al frente con impetú—. ¡Ataque rápido!

Flareon retrocedió dos pasos antes de lanzarse en contra de Golisopod. Lo rodeó a toda prisa, manteniéndose a solo centímetros de sus pies. El isópodo intentó pisarlo, pero no era tan rápido. Dio un golpe al suelo con uno de sus escudos y, aunque la trayectoria era perfecta, su velocidad no le permitió atrapar a Flareon. Arrastró el brazo que tenía pegado al suelo, formando un círculo que giraba en dirección contraria al zorro, pero este no tuvo problemas en saltarlo.

El tipo Fuego embistió la espalda de Golisopod y luego se alejó de la garra que iba en su contra. Saltó sobre su cabeza y luego hacia su espalda, lanzando un corto Lanzallamas antes de que Golisopod dejara caer agua en el lugar. Atacó el costado de su rostro, parándose sobre su garra a solo milímetros de que esta lo tocara y usándola para impulsarse hacia atrás.

Mahalo era consciente de que Ataque rápido casi no estaba haciendo nada gracias a la increíble defensa de Golisopod, pero hacer daño no era lo que Hau estaba buscando con Ataque rápido; lo que quería era caldear el ánimo del samurái. Supo que lo habían conseguido cuando entre las garras de Golisopod se creó una gran masa de agua. Era ahora.

—¡Lanzallamas!

El fuego de Flareon fue rápidamente apagado por el agua de Golisopod, quien la lanzó de inmediato al ver que el oponente estaba quieto. La abertura que estaban buscando estaba ahí frente a ellos.

—¡Ataque rápido!

Flareon se lanzó como una bala, deteniéndose a los pies de Golisopod y cargando tanta fuerza como pudo en las patas.

—¡ENVITE ÍGNEO! —gritó Hau con una enorme sonrisa en el rostro.

—¡Chupavidas!

El fuego producido en el interior de Flareon fue expulsado por cada poro de su piel, convirtiéndolo en una antorcha andante. Utilizó toda la energía almacenada para golpear el abdomen de Golisopod. El impacto fue certero, tanto como podía serlo, por lo que las llamas se apagaron al poco tiempo. Trató de retirarse, pero no lo consiguió. Cuatro pequeñas garras lo sujetaban con fuerza sobrehumana en un abrazo mortal.

—¡LO ATRAPÓ! ¡Flareon logra conectar un impresionante Envite ígneo, pero Golisopod lo atrapa entre sus garras! ¡Flareon está en serios problemas! —gritó Jeekyo.

Las subextremidades de Golisopod brillaban en un color verde brillante. Con ellas absorbía la vitalidad de Flareon, quien no estaba por la labor de simplemente quedarse quieto y aceptarlo.

El zorro comprendió que este era el plan de su entrenador. Sabía que Golisopod no lo dejaría ir, pero también sabía que estaría lo suficientemente cerca como para hacer lo que estaba a punto de hacer.

—¡Lanzallamas!

El fuego comenzó a calentar el rostro de Golisopod, quien frunció el ceño por las altas temperaturas. Aumentó la fuerza de su agarre sobre Flareon con la intención de hacerlo perder el aliento, pero no lo conseguía.

Ash no quería dejar ir a Flareon. Lo tenía a su merced, por lo que debía de acabarlo en ese preciso instante. Chupavidas no sería suficiente, así que… ¿cómo?... Se le ocurrió una fantástica idea.

—¡Golisopod! —gritó de forma que su Pokémon pudiera escucharlo incluso aunque tuviera la cabeza rodeada por fuego—. ¡Harakiri!

Hubo quienes no entendieron el significado de esa palabra así como quienes sí lo hicieron, escandalizados. Golisopod, por su parte, supo al instante lo que su entrenador quería decir.

El isópodo unió ambas garras y, entre las dos, creó una daga de agua. No era el Hidroariete más grande de Golisopod, pero la presión del agua era tal que emitía un fuerte sonido estando en reposo. Ante la mirada impactada de todos, dirigió la hoja de la daga hacia su propio vientre… salvo que lo que recibió el corte fue Flareon.

El cuerpo del tipo Fuego se sacudió violentamente ante el súbito contacto de Hidroariete y, tras patalear algunos segundos, se quedó completamente quieto. Casi al mismo tiempo el fuego dejó de manar.

Una vez que dejó de detectar movimiento, Golisopod soltó a Flareon, quien cayó pesadamente contra el suelo. El samurái dio un paso atrás antes de ser rodeado por una poderosa llamarada que lo hizo cerrar los ojos.

Olivia dio un paso al frente, miró fijamente a Flareon y negó con la cabeza.

—¡FLAREON NO PUEDE CONTINUAR! —anunció, señalando al derribado tipo Fuego—. ¡El participante Hau debe enviar a su siguiente Pokémon!

La gente inmediatamente explotó. Estaban esperando ese anuncio desde el momento en el que Golisopod atrapó a Flareon. Los tambores y trompetas resonaron por sobre todos los demás instrumentos, mientras que las voces que coreaban a Ash Ketchum ganaban una potencia impresionante.

—¡FLAREON CAE! ¡Después de cuarenta y tres minutos de combate, el participante Ash logra derribar al primer Pokémon del participante Hau! —anunció Jeekyo—. ¡PERO FLAREON NO CAE SIN DEJAR UN LEGADO! ¡Golisopod ha sido quemado! ¡Su ataque se ve reducido a la mitad!

«¡OH, ARCEUS ESO TOMÓ TIEMPO! Los combates de cinco contra cinco realmente son largos…».

«Primera victoria para Ash. ¡VAMOS, QUE SOLO QUEDAN CUATRO!».

«¡No te rindas, Hau! ¡Puedes remontar esto! ¡Lo estás haciendo increíble!»

«Hablando sinceramente, Hau está peleando como un animal. Ash es más fuerte, sí, pero Hau está haciendo algo… que no sé como describir».

«Ash dijo que cuando peleaba con Hau creía que estaba haciendo mucho daño, pero que en realidad no era el caso. ¿A esto se refería?».

«Ash sí está dañando fuerte a Hau, pero Hau se lo está devolviendo. No sabría decir que es lo que está sucediendo, pero de alguna u otra forma logra atrapar a Ash».

«Creo que Hau simplemente recibe los golpes y espera el momento indicado para lanzarse con todo en contra de Ash».

«Es lo mismo que ha estado haciendo todo el torneo, pero esta vez se siente diferente».

Dex123: Hau simplemente se está esforzando al doscientos por ciento. Sabe que no podrá vencer a Ash si no usa sus mejores trucos y un poco de osadía.

«Flareon cayó, pero su combate contra Incineroar y contra Golisopod realmente dejó buenos momentos».

«E hizo muchísimo daño. Es muy pequeño y, a la vez, extremadamente fuerte».

«Hablemos de cómo se necesitaron tres Pokémon, uno de ellos con abrumadora ventaja de tipo, para llevar a Golisopod al límite».


—¡ESO ES! —gritó Al, poniéndose de pie y celebrando junto a su madre—. ¡UNO MENOS, ASH! ¡ERES INCREÍBLE, GOLISOPOD!

—¡Relámpago, relámpago, resuena en el campo! ¡Relámpago, relámpago, para los enemigos un sobresalto! —El cantico entonado por los fanáticos de Ash comenzó a esparcirse por todo el estadio.

Alphonse vio como las pancartas que apoyaban a Ash se agitaban vigorosamente, por lo que recordó que él también llevaba la suya. Entre su madre y él levantaron una lona en cuyo centro se veía la cola de un Pikachu con forma de Rayo. Gracias a la publicidad de Donas Cohete, la gente había hecho de ese el símbolo de Ash.

—¡ATACA, ATACA, ASH! ¡ARRASA, ARRASA, ASH! —gritaron al lado de Elizabeth, quien se encontró con una chica algunos años mayor que su hijo aporreando con fuerza un tambor.

La señora Loa entonces vio a su hijo, quien gritaba con todo lo que sus pulmones podían ofrecer. Sonrió, dejándose atrapar por el ambiente del estadio.

¿Quería que su esposo estuviera ahí con ellos? Por supuesto, pero quererlo no lo haría realidad. Por ello se encargó de hacerle saber a su hijo que al menos ella estaba a su lado.

Alphonse sintió como su madre lo envolvía por la cintura, por lo que la miró de reojo.

—¡RA, RA, RA! ¡ASH, ASH, RA, RA, RA! —gritaba con una sonrisa de oreja a oreja.

El chico entonces sonrió al ver lo contenta que estaba su madre. Se aseguraría de disfrutar hasta el último momento de ese combate.

—¡VAMOOOOS, AAAAAASH! —gritaron al unísono.


Lillie rio, emocionada, mientras aplaudía con fuerza.

—¡ASÍ SE HACE, GOLISOPOOOOOOD! —gritó a todo pulmón.

—¡DAME UNA A! —La voz de Selene se había convertido en la de una sargenta del ejército, sorprendiendo enormemente a sus padres. Pikachu, Dedenne y Piplup formaron con sus patas la letra—. ¡DAME UNA ESE!

—¡GRITA, AMBER, GRITA! —Elio tenía entre sus brazos a la sobrina de Ketchum, quien le había quitado la pandereta.

—¡Ash! ¡Ash viva! ¡Viva, viva! —decía mientras reía y agitaba el instrumento.

—¡Uno que cae! —dijo Bonnie con emoción—. ¡El que sigue, el que sigue!

—¡No te desanimes, Hau! ¡Lo tienes bajo control! —gritó Lana.

—¡ENCIENDE TU LLAMA, HAAAAAU! —Kiawe bajó los brazos con toda la fuerza de su cuerpo, estando a punto de golpear a Mina.

—Cuidado.

—¡Flareon cumplió su trabajo, Hau! ¡Aprovéchalo! —animó Liam.

—¡NO TE RINDAS, HAUHAU! ¡ESTO APENAS INICIA! —Acerola se inclinó en el asiente frente a ella. Volteó a ver a Gladio, apenada—. Lo siento, Gladio-chi.

El rubio la miró de reojo y negó con la cabeza, riéndose.

—Anímalo por mí.

Los ojos de Acerola brillaron.

—¡HAZLO RETROCEDER, HAUHAU!

Hau lo que hizo fue regresar a Flareon a su Poké Ball. Dejó salir un suspiro e inmediatamente se rio.

—¡Espero que te guste el Golisopod a la parrilla! —dijo, viendo con satisfacción la quemadura del enemigo.

—¡Preferimos el Golisopod rostizado, ¿verdad, amigo?! —Ash, sin perder el sentido del humor, se llevó las manos a las caderas.

—¡Goli! —exclamó antes de entrecerrar un ojo por el dolor.

Mahalo sacó otra Poké Ball.

—¡No creas que nos has derrotado solo con esto, Ash! ¡Aún puedo dar más de mí! —exclamó, extendiendo la Poké Ball al frente.

—¡No esperaba menos de mi rival! —aseguró Ash.

Hau comenzó a girar su brazo con fuerza para luego tomar carrerilla y lanzar al aire su Poké Ball.

—¡Noivern, ayúdame! —gritó.

—¡Noivern vuelve al campo de batalla! —comentó Jeekyo—. ¡¿Vendrá a terminar el trabajo aprovechando que Golisopod está debilitado?!

—¡Veamos si puede hacerlo! —dijo Ash, sonriendo.

—¡Ya verás que sí! ¡Pulso dragón, Noivern! —ordenó Hau, señalando al enemigo.

El murciélago cargó energía que rápidamente disparó. Golisopod concentró agua en su cintura que lanzó en forma de media luna para recibir el ataque de Noivern.

La cuchilla de agua penetró Pulso dragón medio metro antes de ser completamente evaporada. Golisopod tuvo que darse prisa para levantar sus escudos, los cuales se agitaron violentamente. El tipo Dragón dejó de atacarlo únicamente por el veneno.

Ash sabía que Golisopod no podría competir contra Noivern, pues estaba muy lastimado. Estaba seguro de que, incluso con sus heridas, Golisopod sería clave para la victoria, aunque no la de esa batalla en particular.

—¡Regresa por el momento, amigo! —dijo, haciéndolo regresar a su Poké Ball y lanzando la siguiente—. ¡Lycanroc, yo te elijo!

El lobo cayó al campo de batalla con un aullido, encontrando inmediatamente el rastro de Noivern. Le gruñó, mostrándole los colmillos.

—¡Lycanroc sale a combatir contra Noivern! ¡La ventaja de tipo está de su lado!

Hau chasqueó la lengua mientras sonreía. Era una lástima que ya casi no quedaran rastros del agotamiento del tipo Roca. No se desanimó. Sabía lo que venía, por lo que también sabía qué debía hacer.

—¡Mofa!

—¡Pulso dragón!

Tras ver el resplandor malicioso en los ojos del can, aquella cólera inexplicable se adueñó de Noivern por un segundo. La ira no le impidió atacar con todas sus fuerzas.

—¡Roca veloz!

El tipo Roca se apartó a toda velocidad de la trayectoria de Pulso dragón, dejándolo muy atrás. Frenó repentinamente y se dio la vuelta para disparar un Roca afilada.

—¡Ala de acero!

Noivern se lanzó en picada, envolviéndose con las alas y comenzando a girar. Las rocas comenzaron a rebotar contra su cuerpo, algunas haciéndose añicos. Dejó de cubrirse cuando estuvo a punto de chocar contra la tierra, comenzando a volar al ras del suelo en contra de su oponente. Disparó Pulso dragón.

—¡Roca afilada!

Columnas de roca comenzaron a salir del lugar que Lycanroc había pisado con fuerza, avanzando apresuradamente en contra de Noivern.

Pulso dragón logró romper varios pedruscos, pero llegó el punto en el que estaban tan cerca que el ataque no seguiría siendo útil. Cambió a Ala de acerco, rompiendo las pocas columnas que emergieron. Ganó altitud antes de atacar con sus ondas sonoras a Lycanroc.

El ataque sónico fue especialmente efectivo contra el can, quien tuvo que apretar la mandíbula para no dejarse someter. Reunió toda su determinación y la utilizó para disparar su miríada de rocas hacia el adversario.

Noivern respondió con Pulso dragón y se alejó volando, viendo como Lycanroc lo perseguía con sus proyectiles. La vista era curiosa, pues el guiverno parecía un jet huyendo de unos misiles a los que atacaba de vez en cuando para que no le golpearan. El tipo Dragón trazó un arco ascendente con su vuelo, logrando reposicionarse con fluidez. Agitó violentamente las alas, desconcertando a Lycanroc por un momento que aprovechó para atacar con Pulso dragón.

—¡¿Qué pasa, Hau?! ¡¿Por qué no usas Vendaval?! —preguntó Ketchum, desafiante.

—¡¿Y dejarte que lo llenes de rocas?! ¡Ni loco! —respondió con un gesto parecido al del azabache.

—¡Si tú no quieres darme un camino a los cielos, entonces nosotros construiremos nuestra propia carretera! —dijo Ash, apuntando hacia Noivern—. ¡Roca afilada!

Hau esperaba ver como las decenas de rocas volaban hacia Noivern, pero en su lugar Lycanroc invocó una gran lanza de roca justo debajo de él que sirvió como plataforma de despegue.

El impulso del pedrusco elevó a Lycanroc algunos metros en el aire, tras lo cual utilizó Roca afilada para crear el camino que Ash había mencionado. Se paró sobre una de las piedras y, con Roca veloz, aceleró.

—¡La ingeniería civil no sirve si no se usa bien! —dijo Hau, apuntando al perro—. ¡Sacude sus cimientos, Noivern!

Las violentas corrientes de Noivern comenzaron a alejar las rocas de Lycanroc, quien se esforzó por crear más para seguir teniendo una superficie sobre la cual pararse. Entrecerró los ojos por culpa del viento.

—¡Ala de acero!

Noivern dio un fuerte aleteo que lo llevó hacia Lycanroc. Se cubrió con sus alas y comenzó a girar, repeliendo las rocas que apenas habían comenzado a avanzar libremente.

—¡Para tu mala suerte, Hau, Lillie me explicó qué es lo que hacen los ingenieros civiles y Lycanroc es increíble en ello! —extendió un brazo hacia el frente—. ¡Roca veloz!

Lycanroc y Noivern chocaron en el aire. Ya que Lycanroc no podía volar y debido a que Noivern no estaba agitando las alas, ninguno era capaz de ganar más impulso. El choque duró hasta que ambos, inevitablemente, comenzaron a caer contra la tierra.

Las alas de Noivern se abrieron con el objetivo de volver a ganar altitud, pero el veneno hizo de las suyas, retrasándolo. Lycanroc entonces cayó sobre su abdomen y mordió una de sus alas con la intención de no dejarlo volver a volar. El guiverno inmediatamente utilizó un Pulso dragón que impactó al can a quemarropa, provocando una fuerte explosión que los envió volando a lugares distintos.

Noivern chocó pesadamente contra el suelo, levantándose con cierto aturdimiento. Sintió un ligero dolor en el ala derecha, la cual había recibido el mordisco de Lycanroc. Era una suerte que la herida no fuera grave.

—¡No te distraigas! ¡No hemos terminado! —dijo Ash con voz animada—. ¡Roca veloz!

—¡Cúbrete con Ala de acero! —gritó Hau.

Noivern únicamente logró endurecer una de sus alas, poniéndola a su costado como si fuera una pared de acero impenetrable. Sintió un fuerte choque que sabía era Lycanroc. Retrocedió violentamente y agitó con fuerza el ala para alejar al enemigo. Cuando lo hizo, pudo ver como el perro pisaba con fuerza la tierra. No pudo reaccionar ante la lanza de roca que emergió justo debajo de su mentón, mandándolo a volar.

—¡Roca veloz! —gritó Ash de nuevo.

—¡No te dejes llevar, Ash! —dijo Hau con una sonrisa desafiante—. ¡Pulso dragón!

El tipo Volador logró recuperar la compostura en mitad del vuelo. Dio un rápido giro que le permitió equilibrar su vuelo y disparó con Pulso dragón, el cual chocó directamente contra Lycanroc. Se produjo una explosión y una posterior polvareda de la que el can salió de un salto.

—¡Mofa!

Aquel brillo malicioso volvió a encolerizar a Noivern, quien se tranquilizó al poco rato.

—¡Vuelve, Lycanroc! —exclamó Ketchum, haciendo que la cápsula del lobo lo absorbiera.

—¡Veo que se acabó la ingeniería civil, Ash! —dijo Hau, riéndose.

—¡Oh, eso es porque algo mucho mejor está por llegar! ¡Sin ofender a los ingenieros civiles, por supuesto! —aclaró de inmediato.

Mahalo rompió en carcajadas.

—¡Muéstrame como hacen las cosas en Ultropólis!

Ketchum sonrió, dejando salir un suspiro.

—Parece que el factor sorpresa se arruinó… —dijo, sacando una Ente Ball—. ¡Poipole, yo te elijo!

El tipo Veneno salió al campo de batalla mientras reía. El enojo que había exhibido previamente parecía haber desaparecido.

—¡Poipole regresa para enfrentar a Noivern! ¡¿Lograrán ponerle fin a su rivalidad?!

—¡Me lo pregunto! —rio Ketchum—. ¡Poipole, Pulso dragón!

—¡Responde con Pulso dragón!

En el aire, ambos ataques colisionaron. El ataque de Noivern ganó rápidamente terreno, obligando a Poipole a retirarse.

El tipo Veneno se alejó volando, creyendo que tenía oportunidad para reposicionarse, pero no fue así.

—¡Esquiva! —gritó Ash de pronto.

Poipole se apartó justo a tiempo del alazo de Noivern, que pasó como una espada plateada frente a su rostro. El pequeño Ultraente tuvo que moverse a toda prisa para esquivar los ataques de Noivern. Entre medias disparó con un Bomba lodo que el guiverno cubrió con el aura plateada de sus alas. Poipole se vio desconcertado por un momento, lo que le impidió esquivar el siguiente ataque. Ala de acero lo golpeó directamente en el rostro una vez más.

Sintiéndose dentro de un déjà vu, Poipole frunció el ceño y no dejó que las cosas pasaran así como así. Disparó Carga tóxica a toda prisa, esforzándose por recuperar el equilibrio.

—¡Ala de acero!

—¡Pulso dragón!

Poipole inmediatamente cambió el rayo de energía por el plasma, el cual chocó contra las endurecidas alas de Noivern. El tipo Dragón llegó ante él y, apenas se descubrió, lo atacó con sus ondas sónicas. Poipole se cubrió los oídos, adolorido, pero vio como el ala del enemigo se acercaba hacia él a toda velocidad. Frunció fuertemente el ceño, cargó energía en sus aguijones y giró a toda prisa. Pulso dragón comenzó a escurrir a su alrededor.

—¡Dardo dragón! —gritó Ash.

Ala de acero chocó contra el improvisado movimiento no una, sino dos veces. Noivern entonces volvió a usar sus ondas sonoras para desconcentrar por un momento a Poipole, mismo que le permitió ganar velocidad extra. Volvieron a cruzar ataques, pero esta vez el Ultraente estaba en desventaja. Aunque solo por un momento.

El veneno hizo estragos en el cuerpo de Noivern, quien comenzó a jadear fuertemente. Tóxico no perdonaba a nadie y, por supuesto, Poipole tampoco perdonaría esa distracción. Lo atacó con todas sus fuerzas, pero no fueron suficientes para hacer que su Ala de acero perdiera. Ambos retrocedieron y volvieron a cargar en contra del otro.

—¡UN COMBATE FEROZ! ¡Poipole intenta con todas sus fuerzas resistir los poderosos embates de Noivern! ¡La determinación del tipo Dragón por luchar supera sus heridas y el veneno!

Era precisamente por eso que Noivern luchaba como lo hacía. No quería más distracciones; no podía darse el lujo de "guardar energía". Tenía que atacar de frente, porque sabía que era más fuerte que Poipole.

Con Ala de acero desvió Dardo dragón e, inmediatamente, atacó con un Pulso dragón que Poipole tuvo que interceptar con las prisas.

El Ultraente se esforzó al máximo para que Dardo dragón resistiera el Pulso dragón que caía sobre él, pero ese esfuerzo no era suficiente. Pronto ocurrió un estallido que mandó a volar al pequeño. Poipole giró en el aire para recuperar su compostura, agitado.

—¡Contraescudo! —gritó Ash.

Poipole se apresuró a girar tan rápido como pudo mientras utilizaba Carga tóxica. El movimiento logró evitar que Noivern se acercara, pues podía ver como Carga tóxica intentaba atraparlo al detectar el veneno de su interior.

Tal vez no podría alcanzarlo ahí adentro, pero tampoco tenía que hacerlo. Agitó fuertemente las alas, pues ya no tenía que preocuparse por el veneno.

—¡Que se haga un vendaval! —gritó Hau con confianza.

El despiadado viento alborotó el vuelo de Poipole, quien perdió todo equilibrio y comenzó a ser arrastrado en su interior. Intentó oponerse, pero las corrientes eran demasiado violentas. Su pequeño cuerpo no tenía la fuerza necesaria para oponerse a la tiranía ejercida por Noivern.

—¡No luches, Poipole! —gritó Ash con fuerza—. ¡Déjate llevar! ¡Vendaval no es más que una gran y fuerte peonza! ¡Gira como solo tú sabes hacerlo!

Los ojos del pequeño se abrieron con fuerza. Cierto, ¡podía hacer eso!

Cuando iba en misiones con Kahlo, Goya, Darius y Zoe, siempre podía confiar en que, si había mal tiempo, ellos lo protegerían. En ese entonces no les prestaba mucha atención a lo que le decían, pues tenía la errónea creencia de que siempre estarían ahí para él, por lo que no tenía que valerse por sí mismo.

Las aves migratorias utilizan el viento a su favor, Poipole. ¿Sabías eso? Son muchas las que tienen la capacidad de leer las corrientes de viento, aprovechándolas a su favor. ¿Has oído hablar de la curruca sauce? Es un ave que se extinguió hace un milenio, tras la desaparición del sol. Era muchísimo más pequeña que tú, pero cada año volaba desde el norte de Siberia hasta el este de África y luego de regreso.

La curruca sauce… Pensó en ella, en el dibujo que Darius le había enseñado, y se sintió inspirado. Si ese animal tan frágil y ligero podía volar por todo el continente americano y sobrevolar el océano atlántico, entonces él podía soportar ese Vendaval.

Las corrientes eran horribles y sentía como si todo su cuerpo estuviese siendo cortado por pequeñas navajas, pero pronto encontró el camino. Se centró, buscando aquella corriente que lo llevara hacia la cima y la encontró. Sonrió, montándola y permitiéndose ser arrastrado por ella.

Noivern estaba afuera del tornado, observando atentamente lo que pasaría a continuación. Lo que ocurrió no lo esperaba. Poipole emergió desde la cima del Vendaval, ligeramente desorientado pero con claras intenciones de encontrarlo.

—¡POIPOLE LOGRA SALIR DE VENDAVAL! ¡Las instrucciones de su entrenador le permitieron encontrar la salida al exterior con daños mínimos! —Que Jeekyo considerara eso un logro, hizo que todos se dieran cuenta de la magnitud de la hazaña que había ocurrido ante sus ojos. Ovacionaron en correspondencia.

—¡Pulso dragón! —gritó Hau, aprovechando que el Ultraente todavía no sabía dónde estaba Noivern.

–¡Detrás de ti! ¡Carga tóxica! —ordenó Ash.

Poipole se dio la vuelta, notando que Pulso dragón ya iba a tres cuartas partes del camino. De inmediato se puso a girar y disparó su ataque, el cual tomó forma helicoidal.

El guiverno esperaba que, en cualquier momento, Poipole saliera volando para ser tragado nuevamente por Vendaval. Eso no pasó. Lo que sí pasó fue que Carga tóxica comenzó a ganar ventaja sobre Pulso dragón, sorprendiéndolo a él y a su entrenador.

Hau de inmediato supo qué había pasado.

—¡Usó Maquinación! ¡No pelees de frente, Noivern! —advirtió.

Con rapidez, el murciélago canceló su ataque y trató de virar tan pronto como le fuera posible. El veneno se lo impidió. Si Noivern se hubiera tardado solo un segundo más, Carga tóxica le habría dado de lleno, pero como no lo hizo solo lo rozó. Ese simple roce bastó para hacerle sentir un dolor indescriptible que lo hizo pensar que su cuerpo estallaría en mil pedazos.

Mahalo frunció el ceño. Era ahora o nunca.

—¡Noivern, usa todo lo que tienes! ¡No guardes absolutamente nada! —exigió—. ¡Atúrdelo y luego usa Ala de acero!

El tipo Dragón estaba honrado. Su entrenador lo había elegido a él para luchar en todas las batallas que habían tenido hasta el momento. No a Primarina, ni a Flareon o a Tauros; lo habían elegido a él. Hau confiaba en sus capacidades y en que era fuerte.

Anteriormente se consideraba a sí mismo peso muerto. Dudaba de su fuerza y de su lugar en el equipo. Creía que solo retrasaba a todos… que estarían mejor sin él. Pero su entrenador… su entrenador le había hecho saber que confiaba en él. Le dio su confianza; le dio tiempo y toneladas de amor. Todo porque creía; sabía, que podía llegar a ser tan fuerte como lo quisiera.

Por eso, porque estaba honrado hasta el punto de las lágrimas, decidió que dejaría el alma en el campo de batalla. Porque quería combatir por cuarta vez consecutiva. Quería que él y todos sus compañeros lucharan codo a codo en una última batalla. Por eso se esforzó; por eso gritó.

Las ondas sonoras que emergieron de los oídos de Noivern no eran las de siempre; eran más poderosas… letales. Resonaron por todo el campo de batalla, sofocando los sonidos musicales y las ovaciones. No eran sus simples ondas subsónicas de siempre. Se trataba de…

—¡Estruendo! —exclamó Mahalo con una sonrisa de oreja a oreja y las manos en los oídos—. ¡Aprendiste Estruendo, Noivern!

Con una gran sonrisa, el tipo Dragón voló en contra de su oponente y, a una distancia segura, comenzó a utilizar Estruendo insistentemente.

—¡Poipole! —gritó Ash, frunciendo ligeramente el ceño—. ¡Pulso dragón, amigo!

Pero Poipole no podía escucharlo. El sonido era tan fuerte que apenas y podía escuchar sus propios pensamientos. Llegó el punto en el que el dolor de su cabeza era tan fuerte que se le saltaron las lágrimas. Ese grito espantoso… quería que se fuera. Aquel sonido… aquel sonido era como…

Era como los gritos que escuchó durante aquella batalla. Era como la explosión que arrasó con toda la isla en donde se habían quedado sus amigos. La batalla en la que no había sido útil. La isla de la que había huido.

No podía oír nada y no quería oír nada. Agitó la cabeza como si eso fuera a permitirle quitársela. Dolía muchísimo hasta el punto en el que él también gritó.

Quería que parara. Que todo parara en ese preciso momento. Simplemente quería…

¡VETE, POIPOLE! ¡Busca al comandante Siro! ¡Juega, ríe, entristécete, llénate de rabia, maldice y patalea! ¡No importa lo que sientas, nunca te rindas! ¡Nunca dejes de luchar! ¡VIVE!

Entonces abrió los ojos con fuerza.


Dolía muchísimo. Todo su cuerpo se sentía abotargado, el pecho le ardía como nunca antes y la cabeza le zumbaba. La última vez que se había sentido así había sido durante aquella batalla. Cerró los ojos con fuerza; no quería recordar a Kahlo. No quería recordar su último momento de vida. Tembló y alguien lo notó.

Buen trabajo, Poipole —lo felicitaron, apartándolo de la arena sobre la que estaba tumbado. Abrió los ojos, encontrándose con la cariñosa mirada de Ash—. ¡Hoy lo diste todo, amigo!

¡Pika pi! —dijo Pikachu a hombros de su entrenador. Le dio unas palmaditas en la cabeza.

Escuchó un ladrido, por lo que volteó hacia abajo. Ahí estaba Lycanroc, quien agitaba la cola con alegría. Volvió a ladrarle en lo que se sentía como una especie de elogio.

Ash lo soltó solo cuando vio que podía sostener el vuelo. Solo entonces pudo ver que todos los Pokémon de su humano estaban reunidos alrededor de él. Sintió una palmadita en la espalda, viendo como Incineroar estaba a su lado. Le sonrió, emitiendo unos gentiles gruñidos.

¿Qué opinas de su vuelo, Decidueye? Ha mejorado muchísimo, ¿no es así? —le preguntó Ash a la lechuza, quien estaba parada a pocos metros.

El arquero ululó, exhibiendo cierto orgullo en su gesto. Asintió mientras levantaba una de las plumas que actuaban como dedos en la punta de sus alas.

¿Y qué tal su veneno, Golisopod? Es mucho mejor, ¿no crees?

De todos ellos, el que tenía el gesto más gentil y considerado era Golisopod. Aunque le había dado miedo al inicio, pronto había logrado ver su amabilidad. El samurái, asintió con una sonrisa.

Gumshoos, a lomos de Peke, se acercó a él. Ambos comenzaron a decirle cosas que no comprendió en lo absoluto, pero parecían felices mientras lo hacían.

Dicen que tienes mucho potencial y que, para ser casi un novato, aprendes rápido —tradujo Rotom, ganándose su atención. La Pokédex le dedicó un gesto paciente—. Comprendes mejor el idioma humano, ¿no es así?

Poipole se quedó en silencio, rodeado por todos aquellos que lo habían acogido. Todo le dolía; su cabeza parecía a punto de estallar por los zumbidos; mantenerse volando era increíblemente difícil y respirar se sentía como inhalar los polvos producidos por la explosión de un Blacephalon, pero… su pecho se sentía increíblemente cálido.

Escuchó a Pikachu hablar, por lo que volteó a verlo. El roedor tenía los puños en alto y un gesto desafiante.

Pikachu quiere otra ronda —rio Ash, acariciándole la cabeza a Poipole—. Tú también quieres, ¿no, amigo? Después de todo, odias perder.

Odiaba perder. Sí… odiaba perder.

Su ceño se frunció y una sonrisa apareció en su rostro.

«¡Vamos a pelear!», exclamó en un idioma que nadie comprendió.


Odiaba perder. Odiaba sentirse débil. Odiaba que otros se aprovecharan de él. Pero, por sobre todas las cosas, adoraba ganar.

No más. Ya no más. Gritó a todo pulmón, demostrándole a Noivern que su tamaño no le importaba; que su fuerza no era relevante. Lo único que decidiría ese combate era su voluntad y, por su propia voluntad, apuntó al enemigo con su aguijón.

Hau vio como Poipole estaba por atacar a Noivern, por lo que rápidamente gritó.

—¡Apártate, Noivern!

El murciélago lo hizo. Dio un rápido aleteo que le permitió alejarse de Poipole, liberándolo de la prisión sonora. Se preparó para evadir el Carga tóxica que sabía, lo atacaría, pero sus ojos se cerraron involuntariamente. El veneno. Se apresuró a separar los párpados, encontrándose a Poipole a unos pocos metros de él, cargando energía en su aguijón.

—¡Pulso dragón! —gritó Hau.

Abrió el hocico, cargó energía y, al mismo tiempo que Poipole, la disparó. Ambos Pulso dragón chocaron entre sí. Noivern entonces escuchó el furioso grito de Poipole, quien comenzó a girar a toda velocidad. Lo escuchó, pero no entendió lo que quería decir. No porque no pudiera comprender sus palabras, sino que simplemente no sabía a lo que se refería. Se lo preguntaría cuando recobrara la conciencia.

El Pulso dragón de Poipole terminó por consumir el de Noivern, golpeando al guiverno y arrastrándolo violentamente contra el suelo. Pulso dragón y Noivern chocaron contra el campo de batalla, creando una poderosa explosión que levantó una gruesa polvareda.

Cuando todo el polvo se asentó, el resultado fue claro.

—¡NOIVERN NO PUEDE CONTINUAR! —anunció Olivia, señalando al derribado tipo Dragón—. ¡El participante Hau debe enviar a su próximo Pokémon!

El estadio estaba en completo silencio, procesando lo que acababa de ocurrir. Antes de que alguien pudiera celebrar la victoria de Poipole, este gritó, sorprendiendo a los presentes. Una persistente aura rojiza lo rodeó, por lo que creyeron que ese era el motivo del grito. La confusión reinó cuando el aura desapareció y Poipole no se detuvo.

Las cámaras captaron como, en el cielo, el pequeño tipo Veneno gritaba con todas sus fuerzas hacia el cielo. Sobre su cabeza apareció un brillante rayo de sol.

El Ultraente gritaba con tanta fuerza que parecía que se le desgarrarían las cuerdas vocales, cosa que dejó boquiabierto a más de uno. Ver al pequeño y risueño Poipole dejarse la voz de esa manera era algo que nadie se imaginaba. Algunos se preocuparon por su estado mental, otros consideraron que tal vez estaba gritando para recuperar la audición tras el Estruendo de Noivern y muchos más creyeron que simplemente estaba furioso.

En las gradas, su familia no sabía qué pensar.

—Rotom… —Lillie lo llamó, viendo fijamente al Ultraente. Sentía que no podía apartar la mirada, aunque no comprendía el motivo—. ¿Sabes qué está diciendo?

La Pokédex parecía igual de anonadada que todos los demás. Por inercia, hizo que sus ojos que hacían de cámara comenzaran a grabar todo. Tras algunos segundos procesó la pregunta de Lillie y, misteriosamente, sonrió.

—"Ya no más".

Los ojos de Pikachu brillaron.

—Poipole… —murmuró Ash, viéndolo desde el suelo.

En su mirada se reflejaba la imagen de su compañero. Parpadeó y, cuando abrió los ojos, lo que en ellos se veía había cambiado. Una masa de luz ocupó el lugar que antes le pertenecía a Poipole. Las pupilas de Ash se dilataron.

Todo el mundo vio en silencio como el cielo se iluminó por el poderoso resplandor blanquecino que envolvió el cuerpo de Poipole. Su pequeño cuerpo comenzó a transformarse ante la vista perpleja de los presentes. Creció hasta volverse exactamente seis veces más grande que antes. Su cabeza se volvió más pequeña solo en proporción a su cuerpo, mientras que su parte baja fue la que creció exponencialmente, alargándose y tomando la forma de un gigantesco aguijón.

El grito agudo de Poipole cambió junto a su cuerpo, convirtiéndose en uno más ronco pero igual de chillón. Al final su voz se volvió completamente clara cuando aquel brillo abandonó su nuevo ser.

Poipole se había ido para darle paso a Naganadel. El Ultraente dejó de gritar solo cuando se dio cuenta de ese hecho.

Fue ahí cuando los espectadores estallaron.

—¡POIPOLE EVOLUCIONA! ¡POR PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD SE HA PRESENCIADO LA EVOLUCIÓN DE UN ULTRAENTE! —gritó Jeekyo, extasiado como todos aquellos que podían jactarse de ser amantes de los Pokémon—. ¡Tras derrotar a Noivern, Poipole evolucionó mientras mostraba su convicción mediante un fuerte grito! ¡El Ultraente que tenemos ante nosotros se llama…!

—¡NAGANADEL! —gritó Ash con fuerza.

El Ultraente miró hacia abajo, encontrándose con los ojos resplandecientes y la gigantesca sonrisa de su entrenador. Se dio un vistazo a sí mismo y entonces voló hacia Ash.

Todos, sin excepción, vieron la impresionante velocidad con la que Naganadel llegó ante Ketchum, quien tuvo que sujetarse la gorra para que no saliera volando. El Ultraente tomó entre sus brazos a su entrenador, abrazándolo con fuerza. Fue correspondido.

—¡Evolucionaste! ¡Evolucionaste, Naganadel! —dijo Ash, riendo mientras Naganadel daba vueltas en el aire. Unas pequeñas lágrimas brotaron de sus ojos—. ¡Bien hecho, amigo! ¡Lo hiciste increíble!

—¡Naga naaga! —dijo el Ultraente, riéndose junto a su entrenador.

En las gradas, Lillie veía la escena con las manos en la boca y lágrimas fluyendo por sus mejillas. Rio, conmovida.

—Creo que ya no podrá echarse la siesta conmigo —dijo con la voz rota.

—¡PIKA PIKAAAAAA! ¡PIKACHUUUU! —gritó Pikachu a todo pulmón, derramando tantas o más lágrimas que Lillie.

—"Ya no más"… Sí, Naganadel… Ya no más —Rotom sonreía.

—Qué bien por ti, Naga —dijo Delia con una sonrisa cariñosa en el rostro.

—¡Evolucionó! ¡Evolucionó, hermano! ¡Poipole evolucionó! —dijo Selene, olvidándose por completo de las porras.

—¡Debió ser durante mi combate!... ¡Debió ser durante mi combate, pero…! ¡Pero estoy tan feliz por el jefe! —aseguró Elio, conteniendo al máximo las lágrimas.

—¡Este es un suceso histórico! ¡Algo que marcará para siempre la historia! —exclamó Tracey con una gran sonrisa. Él, al igual que Mina, estaba bosquejando lo que acababa de ver—. Cuando Gary y Daisy se enteren de esto estarán encantados… ¡No, de seguro ya se enteraron!

Iris tenía un pronunciado sonrojo en el rostro. No sabía por qué, pero aquel Ultraente que estaba ante ella le parecía tan… cautivador. Era simplemente hermoso. Su porte, su energía, sus lágrimas. Todo era precioso.

—Es un tipo Dragón… —dijo, estupefacta pero completamente segura.

—¡¿Eh?! ¡¿Cómo lo sabes?! —preguntó Clemont, impaciente por documentar todo lo que pudiera al respecto.

—Iris tiene un vínculo especial con los dragones —explicó Cilan, sonriendo—. Puede entender sus corazones y comunicarse con ellos como si fueran uno. Si su instinto le dice que Naganadel es un tipo Dragón, entonces seguramente sea el caso.

—Sorprendente… —murmuró Max, maravillado.

—¡Es como el don del aura de Ash, pero incluso más raro! —exclamó May.

Mallow agitaba con fuerza los brazos.

—¡Ugh! ¡Naganadel es tan genial y me alegra muchísimo que Poipole haya podido evolucionar, pero… pero…! —Lucía claramente conflictuada.

—Noivern… —murmuró Lana, ligeramente frustrada. Se sentía igual que Mallow, pero en su caso su apoyo hacia Hau era un poco superior.

—Justo cuando había aprendido Estruendo… —Chris dejó salir un profundo suspiro.

—Lo hizo genial. Enfrentó a cuatro de los Pokémon de Ash y logró dañarlos a todos —dijo Kiawe con una gran sonrisa, sin permitir que su ánimo decayera.

—Kiawe tiene razón —dijo Liam apaciblemente—. No pongan esas caras. En todo caso, sonrían en respeto a su fuerza.

—¡Vamos, esto todavía no se acaba! ¡Está muy pero muy lejos de acabar! —Acerola se encargó de darles ánimos. Su rostro radiante fue de gran ayuda—. ¡HauHau está llevando a Ash a su límite, es cuestión de tiempo!

Malvácea asintió.

—Confíen en mi hijo, por favor —pidió con serenidad.

Los Capitanes intercambiaron miradas y se pusieron de pie.

—¡VAMOS, HAAAAAAU!

Mahalo acababa de hacer regresar a su debilitado Pokémon. Vio a sus oponentes y sonrió.

—¡Felicidades, chicos! —exclamó, haciendo que ambos detuvieran su celebración—. ¡Estoy realmente feliz por ustedes!

Naganadel dejó a su entrenador en el suelo, regresando él al campo de batalla.

—¡Gracias, Hau! ¡Todo te lo debemos a ti! —dijo Ash con una expresión deslumbrante.

El Ultraente asintió.

—¿Ehh? ¡Pero si yo no hice nada! —dijo, riendo nerviosamente mientras se rascaba la nuca.

—¡Eso no es cierto! —exclamó Ash con seriedad, haciendo que Hau dejara de reír—. ¡Eso no es para nada cierto! ¡Tú y Noivern fueron tan poderosos que obligaron a Poipole a romper sus propios límites si quería ganar! —Se quedó en silencio y, repentinamente, negó con la cabeza—. Lo siento, tendré que retractarme de lo que dije antes. —Tomó aire y, con solemnidad, declaró—. ¡Todo se lo debemos a ti y a Elio! ¡Gracias a ustedes dos, Poipole supo lo que era una verdadera batalla! ¡Ustedes dos le dieron el empujón que necesitaba! —Sonrió ampliamente—. ¡Cómo se esperaba de mis rivales!

Hau se quedó con la boca entreabierta en una expresión anonadada. Espabiló al poco tiempo, rascándose la mejilla. Lucía realmente halagado.

—Yo… Bueno, no sé qué decir, Ash… ¡G-gracias!

—¡Yo te lo agradezco! ¡Gracias por ser tan fuerte, Hau!

Eso volvió a tomar a Mahalo con la guardia baja. Sintió como sus ojos se humedecían, por lo que extendió ambos brazos hacia el frente.

—¡E-Espera, espera! ¡Me vas a hacer llorar! —aseguró, apurado. Se limpió las lágrimas que amenazaban con salir a toda velocidad—. ¡Mejor dime eso cuando derrote a uno de tus Pokémon, ¿de acuerdo?!

Ketchum se rio.

—¡De acuerdo! ¡Me aseguraré de hacértelo saber, Hau!

Pero mientras que el moreno no lloró, en las gradas Elio estaba inconsolable. Sus padres, hermana y amigos tuvieron que ponerle una mano en la espalda para comenzar a reconfortarlo.

Hau se puso una mano en el pecho y dio un profundo suspiro.

—¡Okey, hagamos esto! —Sacó una Poké Ball que enseñó con seguridad—. ¡Raichu, ayúdame!

Ketchum se ajustó la visera de la gorra y señaló al frente.

—¡Naganadel, yo te elijo! —exclamó.

El Ultraente tomó altitud, encontrándose al recién invocado Raichu en las alturas. El tipo Eléctrico lucía sorprendido de verlo, pero pareció conectar rápidamente los puntos. Era aquel pequeño que había conocido hacía tiempo.

—¡Esto…! ¡Acabo de recibir una hoja con información sobre Naganadel, la evolución de Poipole! ¡Aquí dice que es del tipo Veneno y Dragón, por lo que Raichu se encuentra en ventaja de tipo! —informó, dándole la razón a Iris.

—¡Justo como lo dijo el general, Naganadel! ¡Eres de tipo Dragón! —rio Ash, haciendo que su Ultraente celebrara.

—¡Entonces la electricidad no será nuestra mejor arma! ¡Entendido! —exclamó Hau.

Tanto Ketchum como Mahalo intercambiaron miradas. Ambos lo sabían; sabían que el otro quería saber de que era capaz un Naganadel bajo el comando de un entrenador Pokémon. No tardaron en expresar su deseo.

—¡Pulso dragón!

—¡Psíquico!

Los tres aguijones que se encontraban en el abdomen de Naganadel dispararon a la vez. El ataque, que antes parecía un mini dragón, ahora tenía la forma de una hydra. Tres cabezas, dos gemelas y una más grande en el centro, salieron al encuentro de Raichu.

—¡WOAH! —gritó Ash, sorprendido por el nuevo poder de su Ultraente.

El tipo Eléctrico ejerció su control sobre el ataque de Naganadel, pero lo perdió al poco tiempo. El Maquinación que había utilizado antes, junto a la activación de su habilidad, le habían hecho condenadamente fuerte.

—¡Ataque rápido, Raichu!

Necesitaban usar Agilidad si querían tener una oportunidad. Raichu tenía que lidiar con Naganadel en ese preciso momento, de lo contrario… no quiso imaginar qué podría suceder.

Raichu se envolvió en una estela blanquecina con la que salió disparado hacia el frente. Se movió con una velocidad impresionante, pero aun así Naganadel no tuvo problemas para seguirlo con la mirada.

—¡Bomba lodo! —gritó Ash.

El Ultraente apuntó con sus aguijones hacia Raichu, disparando repetidamente en su contra. Las bombas lodosas no lograban alcanzar al tipo Eléctrico gracias a su abrumadora velocidad.

—¡Vamos detrás de él, Naganadel! —exclamó Ash, señalando a Raichu—. ¡Veamos qué tan rápido puedes ir!

—¡Nagana! —asintió el tipo Dragón antes de salir disparado contra el oponente.

—¡No te detengas, Raichu! ¡Acelera! —ordenó Hau.

Raichu escuchó como proyectiles pasaban cerca de su cuerpo, pero agachó la cabeza y aceleró a fondo. Comenzó a maniobrar rápidamente para hacer de su movimiento algo errático, dificultándole a Naganadel el golpearle. Notó que estaba llegando al borde del campo de batalla, por lo que cambió rápidamente su dirección. Cuando avanzó solamente un metro escuchó un fuertísimo golpe detrás de él. Se giró, viendo con sorpresa que Naganadel se había estrellado directamente contra la barrera.

—¡Agilidad, Raichu! ¡Ahora!

Escuchó la orden de su entrenador y supo que tenía que aprovechar el momento. Su cuerpo se movió a toda prisa, lo que posteriormente lo rodeó de un aura rojiza. Ahora era veloz, más que Naganadel.

—¡Naganadel, ¿estás bien?! —preguntó Ash, tan sorprendido como preocupado.

El tipo Dragón se recuperó tan pronto como pudo, agitando la cabeza con confusión. Murmullos se escucharon, especulando sobre lo que le había ocurrido al Ultraente. Ash no tuvo que especular, pues de inmediato supo de qué se trataba.

No está acostumbrado a su nuevo cuerpo, pensó. Ahora es muchísimo más grande, veloz y pesado. El cambio debe de ser enorme…

—¡Vamos con lo tradicional, Naganadel! ¡Pulso dragón! —exclamó Ketchum.

Los aguijones del Ultraente buscaron a Raichu y lo encontraron. La energía comenzó a acumularse y, de pronto, el tipo Eléctrico desapareció.

—¡Detrás de ti! —advirtió Ash.

Naganadel intentó dar la vuelta, pero su cuerpo era muchísimo más veloz de lo que creía. Giró demasiado rápido, tanto que apenas procesó lo que había hecho. Ahí vio a Raichu, quien de inmediato lo atacó con poderosas ondas psíquicas que lo impelieron.

Hau se había dado cuenta de lo mismo que Ash y por ello estaba decidido a aprovecharlo. Era una suerte que, precisamente de entre todos sus Pokémon, fuera Raichu el que había tenido que superar algo parecido.

Cuando su Pikachu había evolucionado a Raichu, acostumbrarse a volar fue extremadamente complicado. Como Pichu y como Pikachu, caminar y correr era lo cotidiano para él. De pronto no solo era mucho más grande y pesado, sino que tenía poderes psíquicos a los que debía adaptarse. Tuvo que aprender a hacer levitar su cola y a mantener el equilibrio sobre ella.

¿Quién diría que llegaría el día en el que podrían usar eso a su favor?

Raichu se posicionó sobre la cabeza de Naganadel. Como Poipole, el tipo Veneno atacaba por ahí, pero ahora sus ataques salían por los aguijones de su abdomen. El tipo Eléctrico no se sorprendió en lo más mínimo cuando Naganadel volteó hacia arriba e intentó atacarlo sin éxito alguno. El Ultraente se dio prisa para apuntarlo con los aguijones, pero Raichu fue más rápido.

—¡Rayo! —gritó Hau.

Raichu cargó energía en su cuerpo y la liberó ferozmente en contra del enemigo. Naganadel se envolvió en un manto de electricidad, pero no permitió que eso lo amedrentara.

—¡Probemos tu nuevo y mejorado Dardo dragón! —exclamó Ash, señalando al tipo Eléctrico.

Nagandel encañonó a Raichu y disparó un Pulso dragón que lo obligó a alejarse. El Ultraente entonces comenzó a girar a toda velocidad, permitiendo que las cabezas de la hydra se mezclaran para crear un solo haz de luz. Avanzó al mismo tiempo que disparaba, por lo que la energía de Pulso dragón se convirtió en un escudo que le servía para protegerse y atacar al mismo tiempo. Naganadel abrió los ojos con sorpresa.

Ash, mejor que nadie, sabía lo acostumbrado que Naganadel estaba a disparar sus ataques desde la cima de su cabeza. Era la forma en la que se había entrenado, pues así era su cuerpo, pero la naturaleza le había dado un diseño desventajoso.

Normalmente, como Poipole, él apuntaba pero no podía tener la certeza absoluta de que acertaría pues su cabeza estaba agachada en todo momento. En cambio, ahora que sí podía ver sus aguijones tenía la seguridad de que allá donde pusiera el ojo, pondría la bala. Lo mismo con Dardo dragón, el cual ahora podía dirigir a su gusto. Naganadel pareció realmente contento por la mejora.

Se abalanzó contra Raichu con Dardo dragón, quien se dio prisa para alejarse de él. Utilizó Psíquico, pero la energía dracónida que lo rodeaba servía como protección. Atacó con Rayo, pero era inútil. Naganadel era simplemente superior en fuerza incluso sin Maquinación.

Por ello solo tenían una opción: hacerlo chocar.

Raichu voló a toda prisa, dirigiendo nuevamente a Naganadel hacia la barrera, pero no eran tan tontos. El tipo Dragón se preparó para dar la vuelta a tiempo, dando un giro algo abierto pero seguro. Si no podían hacerlo chocar contra la barrera, entonces siempre quedaba el piso.

Ambos comenzaron a volar a ras del suelo, pero Raichu decidió que ya no volarían en línea recta. Se elevó a toda velocidad, dando una vuelta en forma de ene y apareciendo por detrás de la espalda de Naganadel. El Ultraente había visto claramente lo que acababa de hacer, por lo que intentó cambiar su dirección.

—¡Clava tu aguijó en el suelo y gira! —gritó Ash con una gran sonrisa.

Naganadel obedeció. Frunció el ceño y enterró en la tierra el gran agujón central sin dejar de usar Pulso dragón. Aprovechó el anclaje para dar una vuelta impresionante y encarar de nuevo a Raichu. Desenterró violentamente el aguijón, creando un surco en la tierra, y volvió a perseguir a su enemigo.

Raichu, sorprendentemente, voló hacia Naganadel. Parecía que chocarían frente a frente, pero no fue el caso. Justo antes de que los cuerpos colisionaran, Raichu hizo un ollie que hasta el mejor skater habría envidiado. Dio un gran salto con la cola pegada a sus pies y pasó por encima de Naganadel.

El Ultraente vio como el enemigo pasaba por encima de sus ojos e intentó detenerse para darse la vuelta, pero sintió que se estrellaría si lo hacía. Pensó que lo mejor sería frenar y reposicionarse.

—¡No tengas miedo, Naganadel! —gritó Ash—. ¡No te detengas! ¡Arrasa con todo, pero GIRA!

Con fuerza, Naganadel frunció el ceño. Se lanzó de lleno contra el suelo, clavando el aguijón en el mismo. Su embestida creó un gigantesco surco que se extendió por gran parte del campo de batalla. Tierra saltó por todos lados, ensuciando todo su cuerpo, pero no le pareció relevante. Estaba acostumbrado a mancharse. Sin perder impulso, Naganadel giró como una peonza, dando una vuelta perfecta. Esta vez, en lugar de apartar el aguijón de la tierra, siguió avanzando mientras lo arrastraba por el suelo.

Un montón de polvo se levantó por todos lados. Ni Raichu veía a Naganadel ni Naganadel veía a Raichu. El tipo Eléctrico únicamente podía escuchar el desastroso sonido que el Ultraente hacía al volar. Se basó en ello para perseguirlo.

Raichu sintió la necesidad de soltar un profundo suspiro al ver todo el polvo a su alrededor. Turtonator, Lycanroc y ahora Naganadel. ¿Por qué todo el mundo insistía en llenar sus ojos de polvo? Hizo un barrido psíquico, logrando encontrar al oponente. Voló sigilosamente, intentando encontrar su espalda, pero sabía que sería difícil. Con todos esos giros sería complicado tomarlo por sorpresa. Con eso en mente, Raichu ganó algo de altitud.

Estaba por encima del polvo, por lo que podía ver el rastro que Naganadel dejaba tras de sí. Se abalanzó en su contra. Sus ojos brillaron por la energía psíquica, listo para canalizarse en el oponente en cuanto tuviera la oportunidad. Vio que Naganadel había dejado de avanzar, lo que activó todas sus alarmas. Estuvo a punto de retirarse, pero un repentino giro disipó todo el polvo que había a su alrededor.

Naganadel, con el aguijón clavado en el suelo, había girado como un auténtico tornado. El viento producido por su movimiento fue capaz de alejar la polvareda, permitiendo que tanto él como Raichu se vieran sin obstáculos. Los ojos de ambos se encontraron.

—¡PSÍQUICO!

—¡CONTRAESCUDO!

Los giros del Ultraente nunca se detuvieron. Desenterró el aguijón central del suelo tan pronto como pudo y giró a toda velocidad. El plasma brotó en todas direcciones como mandíbulas incontrolables que buscaban ansiosamente algo, lo que fuese, para devorar. Encontraron a Raichu.

Uno de los haces de luces rozó el abdomen y el rostro del tipo Eléctrico, haciéndolo sentir un ardor sin precedentes. Unos centímetros más y el ataque lo habría engullido por completo, pero no fue así. El golpe fue brutal; doloroso hasta decir basta… pero no fue suficiente.

Raichu separó con fuerza los párpados y, con todo su poder psíquico, empujó a Naganadel. El Ultraente se vio rodeado por un brillo azulado que lo impelió con la fuerza necesaria para hacerlo cruzar todo el campo de batalla hasta chocar contra la barrera de energía.

La espalda de Naganadel se estrelló brutalmente, emitiendo un sonido estruendoso. El tipo Dragón cayó de cara al campo de batalla y, cuando todos creían que todo había terminado, comenzó a levantarse. La avispa batió sus grandes alas y meneó la cabeza de un lado a otro. Entrecerró un ojo con dificultad.

—¡¿Puedes pararte, Naganadel?! —preguntó Ash, preocupado.

—Naga… —asintió, ganando altitud.

Ash suspiró con alivio. Sacó la Ente Ball de Naganadel.

—¡Regresa por el momento, amigo!

—La vimos cerca… —dijo Hau con una mano en el pecho—. Naganadel es realmente aterrador.

Ketchum se rio.

—¿Verdad? ¡Y espera a que se acostumbre a su nuevo cuerpo! —dijo, expectante ante lo que el futuro traería para su compañero.

—Un dolor más de cabeza —rio Hau—. Tendré que pensar en cómo vencerlo a futuro.

—¡Por el momento sería mejor concentrarnos en lo que podemos hacer ahora! —dijo Ash, mostrando su siguiente Poké Ball—. ¡Incineroar, yo te elijo!

El tigre salió de entre una masa de fuego, aterrizando pesadamente contra el suelo. Se levantó, dejando salir un suspiro. Seguía cansado, eso era evidente. Sus batallas contra Raichu, Flareon y Tauros lo habían desgastado a lo grande.

—Raichu, ¿puedes seguir? —preguntó Hau con amabilidad. Su Pokémon lucía exhausto, por decir lo mínimo.

Con un asentimiento, el tipo Eléctrico se preparó para la batalla.

—¡ES RAICHU CONTRA INCINEROAR! ¡Incineroar toma la batuta y se enfrenta ahora al tipo Psíquico que le dio problemas a su compañero! ¡La ventaja de tipo está a su favor!

—¡Incineroar está tan cansado como tú, Raichu! ¡No malgastaremos energía en defendernos! ¡Usa toda tu fuerza en el ataque! —indicó Hau.

—¡Ya los oíste, Incineroar! ¡Baja la defensa y sube el ataque! ¡Es todo o nada! —aseguró Ash.

El rudo se golpeó los pectorales y rugió. Raichu liberó estática de sus mofletes.

—¡Rayo!

—¡Lanzallamas!

Los dos atacaron. Normalmente el ataque de Raichu habría sido más rápido, pero su rostro exudaba agotamiento. Tardó un poco más en atacar, lo que lo empató con el Lanzallamas de Incineroar. Los movimientos se neutralizaron en el aire, generando una poderosa explosión que llenó el campo de batalla de humo.

Raichu creó un boquete en la humareda con sus habilidades psíquica. Gracias a ello logró ver como Incineroar se lanzaba en su contra con Acróbata. El tipo Psíquico se apartó a toda velocidad con Ataque rápido.

La presa de Incineroar se escabulló por debajo de su axila, por lo que su ataque golpeó pesadamente el suelo. El tigre rápidamente giró con Lariat oscuro, se detuvo y utilizó Lanzallamas.

El roedor sujetó la cara inferior de su cola y tiró hacia arriba, ganando altitud. Dio un rápido giro, encarando de frente el gran tornado de fuego que arremetía contra él. Generó electricidad y, con Psíquico, la adhirió a su cola como si fuese una capa protectora. Gracias a ello pudo surfear sobre las llamas sin problema alguno.

Ash dejó salir un fuerte grito de sorpresa y los ojos le brillaron.

—¡GENIAL! —exclamó con ilusión.

—¡¿Verdad?! ¡Este es el súper especial de Raichu! ¡Cola surf! —dijo, señalando a Incineroar—. ¡Golpéalo!

Utilizó Ataque rápido para impulsarse. Iba a hacer que su cola golpeara directamente el rostro de Incineroar, pero este se agachó un segundo antes, poniéndose en cuatro patas. Lanzallamas desapareció y Raichu pasó de largo.

La trayectoria del tipo Eléctrico cambió de golpe, de forma que logró golpear la nuca de Incineroar con Ataque rápido antes de que este pudiera levantarse. El tigre trató de sujetar la cola del roedor, pero su velocidad era increíble. Lo único que logró fue desequilibrarlo.

Raichu canalizó energía psíquica en su cola y en su propio cuerpo con la intención de estabilizar ambos. Eso le hizo perder velocidad, momento que Incineroar aprovechó para abalanzare contra él. En mitad del aire, el tigre utilizó Lariat oscuro.

—¡Rayo! —gritó Hau.

Los giros de Incineroar recibieron directamente la electricidad de Raichu. El roedor tenía la ventaja, pues sabía que el movimiento del tigre pronto cesaría. Empujó con más fuerza.

Justo como Raichu lo supuso, al no estar parado en ninguna superficie, Incineroar no pudo seguir girando. Cayó al suelo, siendo impactado por la descarga. El tigre parecía estar esperando eso, pues lanzó un rápido jab en contra de la cola de Raichu con Acróbata.

El roedor logró cubrir su cola con electricidad, la cual le sirvió para amortiguar parte del golpe pero no todo. Sintió un pinchazo horrible antes de salir volando y chocar contra el suelo. Se quedó tumbado en el suelo, intentando recuperar el aliento.

—¡RUEDA, RAICHU!

Abrió los ojos con fuerza al escuchar la voz de su entrenador. Arriba de él se cernía una sombra que se acercaba peligrosamente. Rodó hacia su izquierda, escuchando un fuerte golpe en el lugar donde había estado. Incineroar se había lanzado sobre él con el codo por delante.

Raichu sujetó su cola y comenzó a correr para alejarse lo más posible de Incineroar. Saltó sobre su apéndice, pero antes de poder salir volando algo lo sujetó por la nuca.

Incineroar lo había atrapado.

—¡Lariat oscuro! —gritó Ash con una gran sonrisa.

Hau vio las rodillas de Incineoar flexionarse y sus pupilas se dilataron. Abrió la boca y gritó.

—¡RODEA SUS PIERNAS CON TU COLA!

La larga cola de Raichu, más larga que su propio cuerpo, se enroscó alrededor de las piernas del tigre, quien cayó de rodillas por el repentino aprisionamiento. Intentó separar las piernas para obligar a Raichu a soltarlo al tensar su cola, pero el enrosque solo se hizo más fuerte. ¿De dónde había sacado Raichu tanta fuerza?

Normalmente no habría forma posible de que Raichu pudiera contener la fuerza bruta de Incineroar solo con su cola, por lo que había tenido que usar un truco. Psíquico no afectaba al tipo Siniestro, pero sí podía usarlo sobre sí mismo. Al utilizar sus poderes psíquicos sobre su propia cola, podía constreñir con muchísima fuerza las piernas del tigre. Era cansado, pues necesitaba una gran cantidad de poder para igualar la capacidad física de Incineroar, pero no imposible.

—¡Raichu, Rayo! —gritó Hau.

El roedor casi quiso reírse. De por sí mantener Psíquico ya era difícil… pero ¿qué era un poco más de esfuerzo? Gritó con fuerza, cubriendo su cuerpo con electricidad y, por extensión el de su enemigo.

Incineroar soltó al roedor, dejándolo caer al suelo, pero este no lo soltó a él. Intentó usar Corpulencia para ganar fuerza extra y así, quizás, romper el agarre de Raichu. La voz de Ash lo interrumpió.

—¡OLVÍDALO! ¡Usa Lanzallamas! —gritó con apuro.

Pronto la electricidad no fue lo único que llenó el campo de batalla. Fuego y rayo danzaron peligrosamente en un espectáculo donde las sombras no tenían cabida. El estadio se iluminó desde su núcleo y, entonces, todo explotó.

Ambos Pokémon salieron volando de la humareda creada. Incineroar aterrizó torpemente, pero de pie. Raichu se estrelló estrepitosamente y rodó hasta que la energía cinética quiso.

El estadio mantuvo un silencio sepulcral. Podía escucharse el sonido del polvo asentándose y el eco de la colisión resonando por la montaña. Los corazones estaban fuertemente acelerados y los cuerpos al filo del asiento.

Incineroar estaba de pie, pero… ¿y Raichu? Raichu estaba… levantándose.

Le costó, pero el tipo Eléctrico logró ponerse de pie una vez más. Jadeó mientras se secaba el sudor del rostro. Una llamarada envolvió su cuerpo, haciéndolo gruñir del dolor.

Unos metros frente a él, Incineroar rio por lo bajo. Cerró los ojos con fuerza cuando la parálisis limitó su movimiento. Se puso una pata en el hombro, intentando destensarlo.

Ash y Hau vieron a sus Pokémon con el ceño fruncido, sin pronunciar palabra.

Tigre y roedor avanzaron al mismo tiempo en contra del otro. Raichu no podía volar, pues hacerlo requeriría que usara sus poderes psíquicos. Sentía que si los utilizaba terminaría sufriendo otra jaqueca como la de antes, la cual lo dejaría incapacitado.

Las garras de Incineroar se envolvieron en un aura celeste que tomó una forma de lo más peculiar. Acróbata no se limitó solo a envolver las patas de Incineroar, sino que tomó la forma de cuchillas triangulares, lo suficientemente filosas como para perforar titanio.

Los mofletes de Raichu comenzaron a soltar chispas en grandes cantidades. Tal vez ya no podía usar su energía psíquica, pero sí podía contar con su rayo, aquel que jamás lo había abandonado.

Se encontraron frente a frente y, tras segundos cardiacos, se atacaron.

Raichu intentó lanzar su descarga, pero lo único que pudo sacar fue un suspiro. Le dolían los pulmones a morir. Abrió los ojos con fuerza, viendo como la garra de Incineroar se abalanzaba en su contra.

—¡ATAQUE RÁPIDO!

Un brillo blanquecino envolvió a Raichu, quien saltó hacia su derecha, creando una estela de apenas treinta centímetros que desapareció al instante. El roedor cayó sobre uno de sus costados, luchando por recuperar el aire. El Acróbata de Incineroar falló, golpeando el suelo que antes había pisado Raichu y levantando una pequeña polvareda.

El tigre apartó el polvo de él con sus garras y encaró a Raichu, volviendo a cubrir sus patas con aquellas cuchillas de aire. Levantó los brazos, viendo como una llamarada volvía a envolver al tipo Eléctrico y, cuando intentó bajar el brazo, la parálisis lo inmovilizó.

Los ojos de Incineroar captaron la cegadora luz amarillenta que rodeó a Raichu, la cual fue creciendo hasta el punto en el que a su alrededor todo era amarillo. Rayo lo golpeó.

Incineroar se retorció, la energía de sus garras desapareció y sus piernas perdieron fuerza. Tembló violentamente mientras caía de rodillas. En ningún momento dejó salir cualquier cosa que pudiera asemejarse a un quejido.

Rayo se detuvo y por fin el tigre pudo respirar. Raichu lo miraba con extrema cautela, por lo que se arrastró un poco hacia atrás para alejarse de él. Intentó desesperadamente ponerse de pie cuando vio a Incineroar abrir los ojos.

El pelaje del tipo Fuego comenzó a brillar con fuerza, obteniendo una coloración granate. A su alrededor se formaron ondas por el calor extremo que salía de su cuerpo, el cual llenó de sudor el rostro de Raichu. Sus músculos ganaron mayor densidad.

Hau frunció con fuerza el ceño y Ash sonrió.

Mar de llamas.

Los fanáticos de Hau mostraron su preocupación, mientras que aquellos que apoyaban a Ash dejaron salir sus voces. Mar de llamas podía cambiar las tornas con facilidad, Ash y Hau también lo sabían.

Vieron a Incineroar poner las manos sobre las rodillas en lo que muchos interpretaron era un gesto que lo ayudaría a levantarse. Ketchum fue la excepción.

El entrenador de Paleta suspiró y se ajustó la visera de la gorra.

—No es propio de ti, Incineroar —dijo, riendo por lo bajo.

Supieron que Incineroar no tenía planeado levantarse cuando dobló las piernas en el suelo y se sentó sobre ellas al estilo seiza. Raichu vio con incredulidad la sonrisa en el rostro del tigre.

Párate con orgullo. Eres fuerte, dijo Incineroar.

Los ojos de Raichu fueron recorridos de cabo a rabo por un resplandor que se materializó a los pocos segundos. De sus ojos comenzaron a manar lágrimas a montones.

Incineroar asintió, riéndose débilmente.

Sí... Así es exactamente cómo se siente…, dijo antes de que su pelaje, al igual que sus ojos, perdiera el brillo. A su alrededor la temperatura comenzó a descender. La fuerza abandonó su cuerpo, por lo que su cabeza quedó colgando de forma que su pecho y mentón se tocaron. Su espalda se encorvó.

Estaba decidido.

—¡INCINEROAR NO PUEDE CONTINUAR! —exclamó Olivia con fuerza, conteniendo su propio llanto. Señaló al inconsciente tipo Fuego—. ¡El participante Ash debe enviar a su siguiente Pokémon!

El gigantesco agujero que había en la cima del estadio permitió el paso de las primeras luces del atardecer, las cuales bañaron el campo de batalla con su brillo anaranjado. Solo entonces la gente gritó.

—¡CAE! ¡CAE, CAE, CAE! ¡INCINEROAR CAE! ¡El Pokémon que derrotó al Buldócer es derribado por Raichu! ¡Tras combatir contra Flareon, Tauros y luchar dos asaltos contra el propio Raichu, Incineroar cae! ¡EL PARTICIPANTE ASH PIERDE UN POKÉMON!

En las gradas, Acerola, Malvácea y los Capitanes se pusieron de pie casi de un salto. Todos ellos con los ojos abiertos como platos.

—HauHau… Él…

Gladio sonrió y se cubrió los oídos. Sabía qué era lo que seguía.

Alrededor del rubio todo fueron gritos. Las voces humanas silenciaron por completo los instrumentos, haciendo retumbar el estadio como si de un Movimiento Z se tratasen.

Aunque Gladio esperaba ver una expresión de frustración en el rostro de los miembros del equipo S&M, a excepción clara de Acerola, no fue eso lo que consiguió. Lillie, Elio, Selene, Rotom y Pikachu se habían unido a la celebración.

Y no celebraban a medias.

Gladio vio como las pancartas se agitaban con fuerza y que las voces no se apaciguaban. Tuvo que levantar la voz.

—¿Jugando a dos bandas? —les preguntó casi gritando.

—¡Es que…! —dijo Selene, incapaz de contener su alegría.

—¡Hau también es nuestro amigo! —completó Elio con una gran sonrisa.

Lillie, Rotom y Pikachu asintieron. Gladio se rio.

—¡HAAAAAAAAAAAAAU! —gritó Kiawe a todo pulmón, conmovido hasta el punto de las lágrimas. No era el único.

—¡BIEN HECHO, HAAAAU! —felicitó Mallow.

—¡LO HIZO! ¡LO HIZO, LO HIZO! —gritaba Chris con emoción.

—¡Derribó a Incineroar! —Lana sabía lo difícil que era lograr eso.

—Magnífico —dijo Liam, sucinto, con una expresión conmovida.

Mina sonreía. Asintió repetidamente mientras movía su lápiz sobre el papel.

«Nunca he podido derrotar a ninguno de los Pokémon de Ash. No importa cuánto me esfuerce o qué trucos use, nunca lo consigo… ¡Pero está bien, eso no me desanima! ¡Si acaso solo hará más placentero el momento en el que por fin lo logre!».

Acerola era un desastre de lágrimas al igual que la persona a su lado. Malvácea y ella se voltearon a ver, sonriéndose. Esperaban con ansias la reacción de una persona.

Hau, en el campo de batalla, parecía incrédulo. Escuchaba como todos gritaban su nombre, veía su rostro en pancartas así como preciosos diseños que representaban a una Primarina. La gente cantaba en su honor.

—¡Mi General Príncipe en batalla eres realeza, liderando con fuerza, con victorias en la cabeza! ¡Nuestro General, el baluarte en la acción, Príncipe del campo, líder de la pasión!

Se rascó la nuca, apenado.

—¿Qué es ese canto? ¿Quién lo inventó? —preguntó con una risa nerviosa. Vio a Ash, quien acababa de hacer regresar a Incineroar.

Ketchum, con las manos en la cintura, lo veía con orgullo y alegría.

—¿Qué pasa, tengo monos en la cara? —interrogó. Trató de reírse, pero lo único que logró fue sollozar.

Abrió los ojos con fuerza. Su mirada pronto se volvió borrosa. No podía ver nada de nada. Agachó la cabeza e intentó apreciar sus manos, logrando ver nada más que diez palos distorsionados.

—¿Eh?... Ah, yo… Creo que lo hice, ¿no es así?... —Levantó la cabeza. Cerró los ojos y las lágrimas cayeron a raudales, aclaran un poco su visión. Pudo ver a Ash—. Derroté a uno.

Ash cerró los ojos y asintió.

—Sí. Felicidades, Hau.

Había un motivo por el cual Hau tenía un apego tan especial a su Noivern. Cuando lo conoció como un Noibat, estaba temblando de miedo, solo e indefenso en un entorno hostil que estaba mucho más allá de sus capacidades. Era pequeño y frágil, pero su corazón estaba en el lugar indicado. Tenía un inicio realmente lento, pues su especie tardaba muchísimo en evolucionar.

Noibat le recordaba a él. Muchas veces, Hau se había preguntado cuál era su papel entre el equipo S&M y entre sus amigos de la infancia. Era inteligente, pero no como Lillie, Chris, Liam o Gladio. Sabía pelear, pero no como Ash o Kiawe. Había iniciado con tanta lentitud, quedándose siempre atrás de aquellos a los que quería alcanzar con tanta desesperación.

Aunque en sus batallas más importantes había sido no más que un complemento, sus amigos siempre lo querían a su lado. No lo excluyeron en la invasión al Paraíso Aether, ni cuando fueron a buscar a Lusamine; no lo hicieron a un lado durante la guerra ni lo guardaron con recelo hasta que llegara el momento en el que necesitaran de su cooperación. Creyeron en su fuerza.

Pero por mucho tiempo, por mucho, mucho tiempo… él no lo hizo.

Se preguntaba constantemente en dónde estaría si hubiera empezado cuando le correspondía. La pregunta acechaba su mente constantemente, comparándose con todos a su alrededor… La pregunta ahora por fin tenía una respuesta satisfactoria.

Ahí. Estaría justo ahí.

El pecho le subía y bajaba con fuerza entre jadeos. Las manos le temblaron incesantemente. Las lágrimas no dejaban de salir aunque intentó contenerlas.

Levantó la cabeza y gritó con voz trémula.

—¡ESO EEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEES!

Sus fanáticos gritaron junto a él.


«¿Cómo es Ash? Bueno… Él dice que todo el mundo exagera al llamarlo una leyenda, pero yo no creo que sea cierto. ¡Pienso que el mundo por fin lo ve por quien realmente es! Es un gran entrenador, pero como amigo es todavía mejor… ¡Es mi ídolo, igual que mi papá y mi abuelo!».

Colette temblaba hasta el punto en el que no podía ponerse de pie. Suspiraba entre sollozos y hacía el mejor esfuerzo posible por reírse.

Lo lograste, pensó con alegría.


—¡Raichu! —gritó Hau con fuerza, mirando a su Pokémon—. ¡Raichu, ven aquí!

El tipo Eléctrico parecía dudarlo, pues todavía sufría por la quemadura.

—¡NO ME IMPORTA! ¡VEN, RAICHU! —pidió Hau con una sonrisa de oreja a oreja.

Raichu finalmente aceptó. Fue hacia su entrenador y, en el camino, una llamarada rodeó su cuerpo. Aquella quemadura hizo que su visión se nublara y lo poco que le quedaba de fuerza desapareciera. Dio un paso, luego otro y finalmente cayó de frente. No golpeó el suelo, sino que cayó sobre los brazos de su entrenador. Lo miró hacia arriba, sonriéndole como mejor pudo.

—Gracias, Raichu… Gracias. Tú, Noivern y Flareon. Gracias por hacer esto posible. Gracias por estar conmigo. Gracias por confiar en mí —dijo, acariciándole la parte posterior de sus esponjosas orejas.

—Rai… rai… —murmuró el tipo Eléctrico, cerrando lentamente los ojos. Una última lágrima rodó por su rostro.

—¡RAICHU NO PUEDE CONTINUAR! —gritó Olivia, señalando al debilitado Pokémon. No pudo contener las lágrimas traicioneras que salieron por su propia voluntad—. ¡E-el participante Hau debe de enviar a su siguiente Pokémon!

—¡RAICHU CAE! ¡Logró mantenerse de pie para asegurar su victoria contra Incineroar, pero se quedó sin fuerzas para luchar otro combate! ¡Se retira como leyenda! —exclamó Jeekyo.

«Estoy llorando. Por favor nadie me moleste».

«Noivern aprendiendo Estruendo, Poipole evolucionando, Raichu derrotando a Incineroar y luego cayendo… Están pasando demasiadas cosas para mi pequeño cerebro».

«Raichu lo hizo increíble. Peleó contra Lycanroc, Naganadel e Incineroar, dejando gravemente al segundo y debilitando al tercero. Hau se está luciendo».

«Aunque ahora la batalla es un dos contra cuatro…».

«Golisopod y Naganadel se ven bastante cansados. Lycanroc también ha recibido daño. Decidueye es el que me preocupa más…».

«Por otro lado, Primarina está prácticamente como nueva».

«Pero Tauros no. ¿Podrá Primarina derribar por sí sola a cuatro Pokémon de Ash?...»

«Elio derrotó a un Pokémon de Ash y Lillie a dos… ¿Podrá Hau derrotar a tres?».

«CON FE TODO SE PUEDEEEEE!».

«Vamos, Ash, carajo! Hasta el final con Ash!».

«Apoyar a alguien tiene mérito solo cuando todo está en su contra. Yo por siempre con el General Príncipe».

«No importa el desenlace de esta batalla, Hau ya demostró con creces que es fuerte. Merecido lugar en las semifinales».

«Todavía le falta para poder derrotar a Ash, aunque espero ver lo que puede hacer en unos años».

«No den por hecho que va a perder! Esperen y asómbrense!».

Ash se quitó la gorra y se pasó una mano por la frente, quitándose el sudor. Con los pulgares despejó sus ojos antes de volverse a poner la gorra.

—Bien hecho, Hau. ¡Muy, MUY BIEN HECHO, HAU! —gritó Ash con alegría—. ¡Pero no hemos terminado! ¡No me he cansado de combatir y sé que tú tampoco! ¡Peleemos más, Hau! ¡Volvámonos locos! ¡Arrasemos con el campo de batalla!

Mahalo se levantó de un salto tras haber hecho regresar a Raichu. Se pasó una mano por los ojos y asintió con fuerza.

—¡VAMOS, ASH! ¡Este es solo el inicio de todo lo que puedo hacer! —aseguró, sacando su Poké Ball.

—¡No esperaba menos! —Ketchum también sacó la suya.

Ambas Poké Balls salieron volando, abriéndose al mismo tiempo.

—¡Golisopod, yo te elijo!

—¡Tauros, ayúdame!


Nanu conocía a su muchacho. Había criado a Hal Mahalo por gran parte de su vida, por lo que sabía perfectamente cómo era y cómo pensaba. Conocía su faceta como hijo, como entrenador, como líder y como padre.

Malíe sabía que su hijo, como entrenador, estaría subiéndose a las paredes ante la intensidad del combate. Estaría deseoso de desafiar a cualquiera de los dos entrenadores que ahora se batían a duelo.

Sabía también que, como padre, su muchacho estaría derramando lágrimas de orgullo. Hal no era como muchos otros. Él no le temía al llanto, de la misma forma en la que Hau tampoco lo hacía. Si querían llorar, lloraban. Si querían reír, reían. Por eso mismo sabía que, en ese preciso momento, su hijo debía de estar derramando lágrimas de orgullo.

—¡Escaramuza!

—¡Furia taurina!

Golisopod fue bastante más rápido que Tauros, pero esta vez no intentó combatirlo de frente. Dio un golpe ascendente que el tipo Normal apenas pudo intereceptar con su cornamenta. El isópodo lanzó un rápido golpe contra el costado izquierdo de Tauros, logrando golpearle y desequilibrándolo ligeramente.

No era suficiente, eso Nanu lo supo con una sonrisa.

La quemadura había mermado el poder de Golisopod, pero no solo eso… La mirada en los ojos de Hau y su Pokémon lo decían todo. Lucharían hasta ganar o hasta caer, no antes, no después.

Digno hijo de su padre, pensó.


Tauros cargó contra Golisopod, quien hizo lo mismo. El isópodo lanzó un fuerte zarpazo que fue repelido por el Voltio cruel del tipo Normal. Golisopod, quien no estaba dispuesto a que la electricidad le diera de lleno, recibió el ataque con su cabeza.

Las placas de la armadura de Golisopod no eran tan gruesas como las de sus brazos, pero Arceus si no eran fuertes. El tipo Agua clavó las garras en el suelo para anclarse al mismo y luego comenzó a avanzar. Una llamarada lo rodeó.

El toro agitó bruscamente la cornamenta, pero Golisopod imitó su movimiento. Retiró una de sus zarpas del suelo y la avalanzó contra una de las patas delanteras de Tauros, quien se apresuró a apartarla. Golisopod no se rindió, pues buscó incesantemente golpear la extremidad del enemigo. Tauros le puso demasiada atención a dicha zona, por lo que Golisopod fue el ganador.

Aprovechando la distracción, el samurái se hizo a un lado, dejándole vía libre a Tauros. El repentino acelerón hizo que el toro perdiera el equilibrio, cosa que Golisopod aprovechó para taclearlo su costado izquierdo con todas sus fuerzas. Cuando el enemigo cayó al suelo, Golisopod le disparó una plasta venenosa que no pudo evadir.

El veneno hizo efecto inmediato.

—¡GOLISOPOD ENVENENA A TAUROS! —exclamó Jeekyo—. ¡En una jugada realmente impresionante, el participante Ash logra envenenar a su oponente! ¡Tauros tiene el tiempo en contra!

—¡Que vean que el veneno no te asusta, Tauros! ¡Levántate y vamos con Cabeza de hierro! —gritó Hau.

El toro se levantó, bramando. Se azotó la espalda con las colas antes de arremeter contra Golisopod. El tipo Agua utilizó Hidroariete para defenderse, pero Tauros no tuvo problemas en atravesar el movimiento con pura determinación y fuerza. La quemadura, aunada al efecto de Intimidación, no le hacía ningún favor al ataque de Golisopod.

Las garras del isópodo se colocaron sobre los cuernos del tipo Normal en un intento de frenarlo, pero su poder no era suficiente. Pronto Tauros atravesó la resistencia de Golisopod y lo golpeó con Cabeza de hierro en el abdomen.

Golisopod resintió el golpe, pero no demasiado. Aprovechó la cercanía para utilizar Chupavidas con todas sus extremidades. Comenzó a apuñalar certeramente el cuerpo de Tauros.

—¡DERRÍBALO! —gritó Hau con fuerza.

Tauros comenzó a levantar con dificultad la cabeza, haciendo que Golisopod tuviera que ponerse de puntillas para seguir tocando el suelo. El toro claramente estaba teniendo dificultades, pero finalmente llegó el momento que estaba esperando.

El frío contacto del acero mandó un escalofrío horrible por todo el cuerpo de Golisopod, quien tembló de pies a cabeza y dejó de oponer resistencia. Fue entonces que Tauros, bramando, logró levantarlo por completo por un segundo. Ese instante le sirvió para azotar a Golisopod en contra del suelo. Cabeza de hierro fue sustituído por Voltio cruel.

Golisopod siguió golpeando con Chupavidas, mientras que Tauros insistía en el uso de Voltio cruel, arrastrando al enemigo por el suelo. Los ojos del isópodo mostraban el dolor que sentía por culpa del movimiento, aunque Chupavidas aliviaba el agotamiento solo un poco.

—¡¿Podrás robarle más energía a Tauros de la que él te quita?! —preguntó Hau, desafiante—. ¡Intenta averiguarlo, Ash!

—¡Vamos a cumplirle su deseo, Golisopod! ¡Chupavidas a toda velocidad! —ordenó Ash.

Con sus cuatro subgarras, Golisopod comenzó a golpear velozmente el rostro de Tauros, mientras que con sus dos garras principales le aporreaba el lomo.

Tauros ejercía especial fuerza en las patas para incrementar la presión que ejercían sus cuernos sobre el cuerpo del enemigo. Sintió como sus patas traseras eran pateadas por las piernas de Golisopod. Se enfocó para que eso no lo desconcertara, pero el veneno no lo ayudó en lo absoluto.

El samurái aprovechó de inmediato el envenenamiento, mismo que impidió que Tauros atacara. Se dio prisa, pues sabía que la llamarada cubriría su cuerpo en cualquier momento. Con sus garras empujó la cornamenta de Tauros lo suficiente como para poder salir y, apenas tuvo el espacio suficiente, rodó hacia un lado. Tauros intentó volver a atraparlo, pero Golisopod no lo permitió. Disparó un Tóxico que obligó a Tauros a apartar la mirada. El tipo Agua aprovechó la distracción para conectar otro Hidroariete, pero la quemadura no se lo permitió. Cayó sobre una de sus rodillas entre jadeos y sudor.

Los ojos de Hau se abrieron con fuerza y sus pupilas se dilataron. Ahí estaba: el momento de la victoria.

—¡Toma carrerilla, Tauros! —le ordenó.

El tipo Normal se alejó tan pronto como pudo, poniendo una considerable distancia entre él y su oponente. Comenzó a raspar el suelo con sus pezuñas.

—¡Golisopod, no sirve de nada tratar de defenderse! ¡Hagamos el máximo daño, aquí! ¡AHORA! —Ash señaló al enemigo—. ¡Hidroariete!

—¡Voltio cruel! ¡ACÁBALO!

De la cintura de Golisopod salieron volando cuchillas de agua, una detrás de otra, todas chocando contra la electricidad que envolvía a Tauros. El toro bravo cargaba con un objetivo bien claro; uno que no dejaría escapar. Sus piernas se tensaron al igual que su cuello, preparándose para el impacto.

—¡Golisopod, HIDROARIETE!

El samurái se llevó la mano a la cintura y ahí la mantuvo. Esperó pacientemente a que el oponente llegara. Esperó, sintiendo como cada parte de su ser ardía de nervios, expectativa y deseo. Lo esperó con un ansia terrible. Lo esperó y finalmente llegó.

Tauros saltó, envuelto por la vibrante electricidad, y Golisopod apartó la garra de la cintura, revelando una afilada hoja acuatica. Atacó y Tauros también lo hizo.

La hoja de Golisopod chocó contra la frente de Tauros, empujándolo con todas sus fuerzas. Frunció el ceño, sus brazos temblaron y su espada se rompió. Tauros lo atravesó.

Voltio cruel golpeó de lleno al tipo Bicho, haciéndolo retroceder a tropezones antes de caer de espalda. Tauros quedó encima de Golisopod, quien trató de alcanzarlo con una de sus garras, pero sus fuerzas lo abandonaron.

Escuchó el bramido de Tauros y lo supo. Su lucha terminaba ahí.

—¡GOLISOPOD NO PUEDE CONTINUAR! —exclamó Olivia—. ¡El participante Ash debe enviar a su siguiente Pokémon!

Hau apretó los púños y los dejó caer con fuerza, encorvando su espalda.

—¡VAMOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOS! —gritó a todo pulmón, para posteriormente proferir un gruñido de satisfacción.

—¡GOLISOPOD CAE! —gritó Jeekyo—. ¡La quemadura fue un sello de muerte para Golisopod, volviéndolo incapaz de oponerse al increíble ataque de Tauros! ¡Tras enfrentarse a Tauros en dos ocasiones, a Flareon y a Noivern, Golisopod cae! ¡El que hasta hace poco era un cinco contra tres se ha convertido en un tres contra dos!

«¡ESO ES, CARAJOOOOOOOOOOO!»

«¡Golisopod abajo! ¡Repito, Golisopod abajo!».

«Hau está logrando derribar a los pesos pesados del equipo de Ash… Esa tiene que ser la mayor hazaña que hemos visto hasta el momento en la Liga».

«Igualó lo hecho por Lillie. Veamos si todavía puede superarlo».

«Me gustaría decir que este es el último Pokémon que Hau derriba, pero no lo tengo claro… En el estado en el que está Naganadel…».

«Tauros se ve dañadísimo. Golisopod lo hizo increíble combatiento contra tantos Pokémon de Hau y con tanta desventaja».

«Se notó que Hau tuvo que usar a sus mejores atacantes especiales para lastimar a Golisopod. Con daño físico no habría podido derribarlo».

«"Mejores atacantes", dice y solo usó a Noivern».

«El lanzallamas de flareon también es fuerte».

«Sí, pero no es su mejor atacante especial. Esos serían Raichu o Primarina».

«Esto es Decidueye, Lycanroc y Naganadel contra Primarina».

«Primarina y Tauros*».

«Ya vas a ver por qué no lo incluí».

—¡Dos! ¡Derrotó a dos! ¡No fue un suceso único, HauHau puede derrotar a los Pokémon de Ash! —exclamó Acerola, saltando de alegría.

—¡Ha llegado a nuevos horizontes de poder! —dijo Lana, emocionada—. ¡Ya no es el Hau que conocíamos!

—Mi niño… —murmuró Malvácea con una mano en el pecho.

Lillie dejó salir un suspiro de resignación, pero de inmediato sonrió.

—¡Bien hecho, Hau! ¡No es fácil vencer a Golisopod! —gritó.

—¿Molesta porque derrotaron a tu consentido? —preguntó Rotom, haciendo que Pikachu se tensara.

Con horror, el tipo Eléctrico volteó a ver a Lillie.

—¡R-rotom está diciendo tonterías, Pikachu, yo no tengo consentidos! —se apresuró a decir—. ¡Los amo a todos por igual!

Pikachu suspiró aliviado.

Selene dejó salir un sonido ahogado antes de volver a golpear con fuerza su tambor.

—¡NO SE RINDA, JEFE! ¡YA CASI LO TIENE! —gritó.

Elio se conformó con ver como Amber agitaba la pandereta.

Ash extendió la Poké Ball de Golisopod hacia el frente y lo hizo regresar a ella. Suspiró.

—Gracias, amigo. Lo hiciste increíble —dijo, sonriéndole a la cápsula—. Tómate un descanso y déjanos el resto a nosotros. —Sacó otra Poké Ball y la arrojó—. ¡Lycanroc, yo te elijo!

El can salió de la cápsula con un aullido. Ni siquiera tuvo que olfatear a Tauros para saber hacia que dirección voltear la mirada. El enemigo estaba justo donde lo quería.

—¡Lycanroc y yo tomaremos venganza por Golisopod, Hau! —dijo Ash, manteniendo su gesto sonriente.

Mahalo asintió con cierta resignación.

—Sí, sé que lo van a hacer. ¡Pero Tauros y yo lucharemos hasta que no podamos más! —exclamó, pasándose un dedo por debajo de la nariz—. «Nunca te rindas hasta el final», es lo que siempre nos decías.

Ketchum asintió, complacido.

—¡Me alegra que lo recuerdes! —Se puso las manos en la cintura.

En lo alto, Serena hizo un pequeño puchero.

¿Así que se lo dices a todo el mundo? Yo que creí que solo me lo habías dicho a mí. Al cabo de un rato, se rio. Tan típico de Ash.

—¡Tauros, vamos a lo grande! —exclamó Hau, señalando al frente—. ¡Furia taurina!

—¡Roca afilada! —gritó Ash.

Ambos Pokémon aceleraron, pero Lycanroc fue el más rápido. El toro bravo lo vio llegar, por lo que dio una cornada ascendente que el lobo saltó sin esfuerzo. Pisó el lomo del tipo Normal para ganar más impulso y se disparó contra las colas del rumiante. Los látigos azotaron su cara, pero él los hizo ceder… aunque ardía.

Lycanroc estaba posicionado justo en la espalda de Tauros, quien lanzó una coz que evadió al agacharse. Aprovechó el desbalance del oponente para dar un fuerte pisotón con sus patas delanteras, invocando una gran columna de roca que impactó directamente contra los cuartos traseros de Tauros.

El toro bravo fue violentamente levantado del suelo y parecía que caería de cara al suelo, pero un segundo pedrusco lo golpeó en el abdomen, elevándolo nuevamente en el aire. Un tercer Roca afilada golpeó justo debajo de su mentón. Al final, las tres picas de roca explotaron y Tauros cayó al suelo.

Mostrando un temple impresionante, Tauros intentó levantarse nuevamente. El veneno lo castigó y ya no pudo levantarse. Se había terminado para él.

—¡TAUROS NO PUEDE CONTINUAR! —se apresuró a decir Olivia—. ¡El participante Hau debe enviar a su último Pokémon!

—¡Tauros no tarda en unirse a Golisopod! ¡El combate que tuvo contra él lo dejó desgastado a tal punto que Lycanroc solo necesitó un movimiento para derrotarlo! ¡Pero qué movimiento fue! —exclamó Jeekyo—. ¡Al participante Hau le queda solo un Pokémon, mientras que al participante Ash todavía le quedan tres!

Era lo lógico, pensaron todos. Tauros había salido muy mal parado por todos los combates en los que había participado y el veneno no ayudaba en lo más mínimo. Pero, mientras los fans de Ash celebraban el momento, eran los que apoyaban a Hau quienes más conflictuados se veían.

Solo un Pokémon…

—¡Pero qué Pokémon! —dijo Acerola, sonriente—. ¡Primarina está casi intacta! ¡Ella puede pelear!

Decidieron ignorar muchos factores a tener en cuenta con tal de mantener el espíritu alto. Se levantaron para animar a Hau.

Pero Hau no parecía escucharlos. En su rostro había una sonrisa y en su mano estaba la Poké Ball de Tauros.

—Al menos tienes la certeza de que ninguno de tus combates fue en vano, Tauros. Luchaste y ganaste. Gracias. —Guardó la cápsula en su bolsillo antes de sacar la última. La miró fijamente antes de levantar la cabeza—. ¡Que este sea mi último empujón no quiere decir que sea el final, Ash! ¡Primarina y yo hemos luchado con uñas y dientes para llegar hasta donde estamos! ¡Nos hemos esforzado juntos para este momento! —Entrecerró los ojos por un momento antes de abrirlos con suma determinación.
»¡Te lo dije antes y te lo volveré a decir ahora! ¡Eres mi objetivo, Ash! ¡Gracias a ti salí de pueblo Iki! ¡Es por ti que me encuentro en el sendero en el que estoy! ¡Porque te conocí, pude obtener respuestas y saldar cuentas! ¡Precisamente porque eres tan importante para mí es que quiero derrotarte! ¡Voy a derrotarte!

Ash sonrió y se ajustó la visera de la gorra.

—Me alegra que no te hayas detenido, Hau —dijo. Sus apasionados ojos no se apartaban de los de Mahalo—. Me alegra que hayas llegado a la cima.

Ambos sonrieron y entonces Hau lanzó su Poké Ball al aire.

—¡AYÚDAME, PRIMARINA!

Un hermoso canto llenó el estadio. La Poké Ball se abrió en una explosión de agua y una refrescante brisa marina que viajó en todas direcciones. La sirena aterrizó elegantemente, extendiendo sus brazos hacia arriba en diagonal.

—¡PRIMARINA ENTRA AL COMBATE! ¡La última esperanza del participante Hau estuvo fuera toda la batalla, esperando el momento para retornar! ¡Por primera vez se ve las caras con Lycanroc! —exclamó Jeekyo.

Eso no era cierto. Primarina y Lycanroc se habían encontrado tantas veces que fácilmente podrían considerarse amigos cercanos. La diva conocía lo que le gustaba al can, lo que no le gustaba, sus problemas familiares e inseguirdades y viceversa. Se conocían, eran amigos y, por sobre todo, eran hermanos de armas.

Ambos se analizaron fijamente, compartieron una sonrisa y luego se dispusieron a atacar.

—¡Roca afilada!

—¡Aria burbuja!


¡Vencimos al abuelo, así que podemos derrotarlos a ellos también! ¡Brionne, Pistola agua!

La pequeña foca abrió el hocico, expulsando un poderoso chorro que chocó directamente contra el Lanzarrocas de Rockruff.

¡Corre hacia ella, Rockruff! —ordenó Ash.

El perrito utilizó la agilidad proporcionada por sus pequeñas patas para moverse a toda velocidad en contra de su oponente. Brionne usó Pistola agua una vez más, pero Rockruff saltó por encima de ella.

¡Voz cautivadora! —ordenó Hau.

¡Ataque arena!

Brionne abrió la boca, tratando de cantar, pero Rockruff lanzó un puñado de arena directamente en su contra. Por suerte no estaban luchando en el campo de batalla ceremonial.

La tierra entró en la boca de la tipo Agua, quien comenzó a toser con fuerza. Hau se llevó las manos al rostro, nervioso y comenzó a dar pisotones apresurados al suelo.

¡A-ah, ya lo tengo! ¡Usa Pistola agua, Brionne! —dijo, sonriendo con confianza.

Pistola agua ciertamente le ayudó a lavarse la boca, pero no sirvió para evitar que Rockruff avanzara en su contra. No es que fuera increíblemente rápido, pero sus reflejos sí que eran buenos. Por otra parte, el tiempo de reacción de Brionne no era precisamente el mejor.

¡Viento hielo! —ordenó Hau al ver que estaban cerca.

¡Lánzale una roca! —gritó Ash.

Rockruff agitó cabeza y caderas, creando una única piedrita que lanzó directamente contra la frente de Brionne. El impacto desconcertó a la foca, quien no pudo atacar.

¡Retrocede con Acua jet! —ordenó Hau a prisa, viendo que Rockruff se acercaba.

Los ojos de Ash brillaron.

¡Ahora, Rockruff! ¡Aullido!

¡¿Eh?! —dijo Hau, viendo como el perrito aullaba para después rodearse de un aura rojiza—. ¡Nos tendieron una trampa, Brionne! ¡Cancela Acua jet, cancélalo!

La tipo Agua, confundida por las órdenes de su entrenador, hizo exactamente lo que se le pidió sin considerar que seguía a dos metros del suelo. Cayó pesadamente contra la tierra del descampado en el que estaban peleando.

¡Es el momento, Rockruff! ¡Lanzarrocas! —exclamó Ash con un gesto triunfante.

La cabeza y caderas del perrito se agitaron enérgicamente. En la punta de su cola se formaron montones de rocas que arrojó a toda velocidad en contra de Brionne, quien apenas estaba recuperándose del impacto.

¡Viento hie…! ¡No, Pistola agua! —Hau se llevó las manos a la cabeza.

Brionne no fue capaz de responder, por lo que las rocas la acribillaron, creando una pequeña explosión. Cuando el polvo se asentó, el resultado fue evidente.

¡Brionne no puede continuar! ¡Ash y Rockruff ganan!-Rotom —anunció la Pokédex. En su pantalla apareció el nombre de Ash junto a algunos stickers de medallas y trofeos. Tendría que trabajar más en sus presentaciones.

¡Ahhhh, Brionne! —Hau corrió hacia su debilitada tipo Agua, quien abría los ojos con dificultad—. H-háblame, amiga, ¿estás bien?...

La foca asintió, sacándole un suspiro a Hau. El moreno, al cabo de unos segundos, rompió en carcajadas.

¡Eso fue divertidísimo! —exclamó—. Ahora sé qué hacer la próxima vez que alguien nos llene la boca con tierra. Brionne aprenderá que no debe de dejarse caer desde el cielo.

Con pereza, la tipo Agua dejó salir un ruidito afirmativo.

¡Fue una buena batalla, Hau! —exclamó Ash, extendiéndole una mano que Hau aceptó cuando hizo regresar a Brionne a su Poké Ball.

¡Sí! ¡Aprendí mucho, Ash! —dijo con alegría, guardando la cápsula en sus bolsillos y poniéndose los brazos en la nuca.

Escucharon un ladrido, el cual los tomó con la guardia baja. Rockruff veía a Hau con el ceño fruncido. Volvió a ladrarle.

Rockruff exige otra batalla-Rotom.

Ah… Lo siento, amigo. Noibat, Crabrawler y Pikachu ya no tienen fuerza para pelear —rio Hau con nerviosismo, rascándose la mejilla derecha.

Rockruff volvió a ladrar, insatisfecho con la respuesta. Ash se arrodilló ante él y le acarició la cabeza.

Sé que estás molesto por haber caído contra el señor Hala, pero sobrexigirte no va a hacerte mejorar de golpe —le dijo con voz pacífica—. Solo el entrenamiento planificado y diligente te hará volverte más fuerte. ¡Ya lo verás, Rockruff!

El perrito dejó salir un quejido. Sus orejas y cola cayeron. Al menos había aceptado la decisión de su entrenador.

Eso fue intenso…

Todos voltearon a ver a Lillie, quien se encontraba en la entrada del claro. La rubia tenía un gesto inquieto y la mano en el pecho.

¡Ah, Lillie! ¿Cuánto tiempo tienes ahí? —preguntó Hau entre risas.

Unos minutos. Logré ver el final de la batalla —admitió.

¡¿En serio?! ¡Genial! En ese caso dime, ¿qué tal peleé? —Los ojos de Mahalo brillaron con expectativa.

La rubia asintió con una pequeña sonrisita en el rostro.

Nunca podría pelear igual de bien que tú, Hau, eso es un hecho.

¡Oh, vamos, solo estás siendo amable! —rio el moreno.

B-bueno, no sé mucho sobre combates Pokémon, pero… —Se forzó a tomar coraje para hablar—. ¡Pero considero que luchaste muy bien! Pienso que intentaste explotar al máximo los puntos fuertes de Brionne. También creo que si hubieras conectado ese Viento hielo, las cosas pudieron ser haber sido diferentes.

Hau, halagado, se llevó las manos a la nuca y rio.

¡Te creo, te creo! Gracias, Lillie.

¡Es cuestión de pulir unos detalles y serás todo un campeón, Hau! —aseguró Ash, confiado—. ¡Tienes la chispa en ti! ¡La chispa!

¡Pika pi! —dijo el roedor desde los pies de su entrenador.

¿Tú también lo crees, Pikachu? —preguntó Hau, sorprendido.

¡Pikachu! —Se dio un golpecito en el pecho, mostrando seguridad.

Sería increíble si pudieras mantener tu actitud relajada incluso cuando estás peleando. Te ayudaría bastante-Rotom —comentó la Pokédex.

¿Ehhh? ¿Eso piensas?... —Lo consideró seriamente.

Hau tuvo que dejar de pensar debido a un golpe en su espalda cortesía de Ash.

¡Suficiente del entrenamiento! ¡Hay que descansar ahora que tenemos la oportunidad! —Ketchum caminó hacia un tronco cercano, donde estaba su mochila—. ¡Y que mejor que con malasadas!

Hau se llevó las manos a las mejillas al ver la bolsa de papel que Ash acababa de sacar. Soltó un «yuju» y saltó.

¡Pensaste en todo, Ash! ¡Eres el mejor maestro del mundo entero! ¡Siempre quiero ser tu alumno! —dijo, corriendo hacia él.

Ketchum se rio con fuerza.

¡Aspira a ser tú el maestro, Hau! —respondió de broma—. ¡Así tú serás quien me compre malasadas a mí!

Lillie, detrás de ellos, suspiró pero sonrió.

Ellos dos solo piensan en comer-Rotom.

La rubia se rio, pues Rotom había dicho sus pensamientos en voz alta.

Hau, mientras tomaba una malasada del interior de la bolsa, pensó en las palabras de Ash.

No estaría mal que lo llamaran maestro Hau para variar…


Aria burbuja chocó contra Roca afilada. Los proyectiles se destruían mutuamente en el aire, creando decenas de pequeñas nubes de humo que eran perforadas por las rocas y balas de agua que no paraban de llegar.

—¡Lycanroc, Roca veloz! —ordenó Ash, extendiendo una mano hacia el frente.

—¡Persíguelo! ¡Aria burbuja!

Las gotas de agua persiguieron a Lycanroc, quien se valió de sus poderosas patas para ganar una velocidad impresionante. Primarina no podía igualarlo en cuanto a rapidez, pero sus ojos nunca dejaron de posarse sobre él.

Lycanroc cambió su trayectoria. Dejó de huir de Aria marina y se arrojó contra Primarina. La sirena lo vio y concentró su ataque en el espacio frente a ella. Lycanroc dio un rápido salto que le permitió evadir varios proyectiles.

—¡Lanzatierra! —exclamó al ver que Primarina necesitaba tener la boca abierta para cantar.

Una miríada de trozos de arenilla solidificada fue arrojada contra la sirena, pero nunca llegaron a tocarla. Produciendo un sonido nasal, la tipo Hada creó una burbuja que sirvió como barrera entre ella y los proyectiles hostiles. La pompa de agua atrapó en su interior los esfuerzos de Lycanroc por afectar su voz.

—¡Qué creativo! —exclamó Ash, silbando. No desistió—. ¡Atravesaremos su ataque lo quieran o no, Lycanroc! ¡Taladradora!

El can comenzó a correr a toda prisa mientras un aura del color de la terracota envolvía su cuerpo. La roca que sobresalía por encima de su frente se agrandó y comenzó a girar como un taladro.

—¡Primarina, Aria burbuja al suelo! —exclamó Hau.

La diva cantó y sus perlas flotaron junto a ella como por arte de magia, liberando su precioso cabello celeste. Decenas de gotas de agua impactaron contra el suelo, mojando el campo de batalla e inundando uno de los surcos que Naganadel había creado con su aguijón.

—¡AHORA! ¡Rayo hielo! —gritó el moreno.

Del hocico de Primarina salió un láser gélido que congeló el agua con la que hizo contacto en cuestión de segundos. Pronto el camino que Lycanroc intentaba transitar se volvió una pista de hielo. Las patas del can empezaron a deslizarse sin control.

Ash sonrió ampliamente.

—¡Eso es inteligente, pero no es suficiente para detenernos! —aseguró Ash—. ¡Roca afilada!

Los ojos de Lycanroc se afilaron y golpeó el hielo por el que estaba pasando. Una lanza de roca emergió por debajo del suelo, destruyendo la gélida capa que lo recubría e impulsando al tipo Roca hacia el aire, justo tiempo para evadir un Fuerza lunar.

—¡Ahora, Primarina! ¡Aria burbuja! —exclamó, señalando al enemigo con confianza.

Primarina se irguió y volvió a cantar. Las balas de agua se dispararon en contra del can, quien seguía en el aire. Lycanroc intentó utilizar Roca afilada para apoyarse en él y volver a tierra, pero Aria burbuja destruía cada roca que invocaba.

Ash chasqueó la lengua, sabiendo que había sido atrapado.

—¡No queda de otra, Lycanroc! ¡Enfrentémoslo de frente! ¡Taladradora!

El tipo Roca utilizó su ataque mientras caía al suelo. Eso le permitió ganar mayor velocidad para aterrizar antes de tiempo. Primarina, sin embargo, no dejó que se fuera tan fácilmente.

—¡Rayo hielo! —gritó Hau tras chasquear los dedos.

Primarina disparó a la brevedad. Su ataque producía un sonido chirriante mientras avanzaba, encontrándose con Lycanroc en mitad de su caída y emitiendo un ruido que recordaba al del cristal rompiéndose. Los rápidos giros de Lycanroc le permitieron dispersar un poco el frío y el daño, pero no lo libraron de él.

El tipo Roca salió de entre la polvareda que se creó por el impacto de su cuerpo y de inmediato se abalanzó en contra de su enemigo con Roca veloz, evitando el hielo.

—¡Espéralo, Primarina!

Hau sabía que no tenía caso que lo atacaran desde tan lejos. La distancia ideal era una media, de forma que Lycanroc no tuviera tanto margen para evadir sus ataques ni que estuviera tan cerca como para alcanzarlos.

Esperaron la distancia adecuada. Sabrían cuál era en cuanto la vieran, pero por el momento solo les quedaba esperar. Apreciaron el increíble juego de pies de Lycanroc, se familiarizaron con su velocidad y entonces…

—¡Roca afilada! —gritó Ash.

Se sorprendieron cuando vieron como una serie de columnas de roca emergieron frente a Lycanroc en dirección a Primarina. Se sintieron con la necesidad de atacarlas, pero no tenía caso, pues no llegarían a golpear a la leona marina.

Hau supo al instante que ese ataque no había sido por nada. Lo habían usado con la intención de que no vieran a Lycanroc; de distraerlos. Eso quería decir que Lycanroc estaría…

—¡ARRI…!

No. De frente.

Las rocas comenzaron a romperse repentinamente, una tras otra, y Lycanroc apareció justo delante de Primarina. Habían atravesado Roca afilada con Roca veloz.

Mahalo y Primarina lucieron sorprendidos ante la repentina aparición de Lycanroc. Había salido tan abruptamente que Hau directamente no tenía un plan para hacerle frente… pero no necesitaba un plan.

Solo necesitaba actuar.

—¡Acua jet!

Primarina se envolvió con un manto de agua que le permitió impulsarse en contra de Lycanroc. Ambos Pokémon chocaron entre sí, enfrascándose en un forcejeo brutal que terminó como ambos retrocediendo.

—¡Roca afilada!

—¡Aria burbuja!

La cadera de Lycanroc se meció y Primarina cantó. Rocas y gotas colisionaron a una distancia increíblemente corta, bloqueando la mirada de ambos Pokémon.

Lycanroc, por supuesto, no necesitaba de su mirada. Se guió en base al olor de Primarina y, cuando lo captó, se lanzó en su contra con Taladradora. Con sus giros y su cuerpo perforó el humo, encontrándose de frente con una esfera luminosa que le fue arrojada directamente.

Hubo una explosión y Lycanroc salió volando hacia atrás. Recuperó la compostura en el aire, aterrizando apresuradamente en el suelo. Menos mal que había usado Taladradora…

El humo finalmente se dispersó y Primarina se mostró ante todos. Se quitó un poco de sudor del rostro.

—¡SE REPELEN ENTRE SÍ! ¡Lycanroc y Primarina intentan golpearse, pero sus fuerzas son tan similares que simplemente no pueden ganar terreno!

Ash, ajeno a los comentarios de Jeekyo, sacó la Poké Ball de Lycanroc y lo apuntó con ella.

—¡Ya está bien, amigo! ¡Regresa! —lo llamó.

Primarina y Lycanroc intercambiaron una última mirada y una última sonrisa antes de que el tipo Roca se convirtiera en un rayo de luz rojo.

—¡Naganadel, yo te elijo! —gritó Ash, lanzando la Ente Ball al aire.

Naganadel apareció en el campo de batalla y logró reconocer a Primarina, saludándola con entusiasmo. La leona marina se sorprendió enormemente. Lo recordó solamente tras hacer memoria y atar algunos cabos. Le devolvió el efusivo saludo.

—¡El participante Ash decide retirar a Lycanroc y envía a Naganadel! ¡¿El Ultraente se habrá recuperado lo suficiente como para pelear contra Primarina?!

—¡Si lo hizo, nos encargaremos de borrar su progreso! ¡Como borrar la partida guardada de un juego! —rio Hau, apuntando al oponente—. ¡Rayo hielo!

—¡No toleraré un comentario tan malévolo! —aseguró Ash con el mismo semblante que Hau—. ¡Bomba lodo!

Los aguijones de Naganadel dispararon toxinas por montones, las cuales se enfrentaron de frente con el Rayo hielo de Primarina. Un montón de humo se creó, pero no tardó en ser atravesado por el Acua jet de la tipo Agua.

—¡Bomba lodo! —gritó Ash al ver el repentino atrevimiento de Primarina.

La tipo Agua voló a toda velocidad, esquivando los ataques del Ultraente y buscó posicionarse en su espalda. Naganadel, quien no estaba dispuesto a caer en esos trucos, clavó el aguijón en el suelo y giró a toda velocidad para encarar a Primarina. Eso era justo lo que la diva quería.

Rayo hielo conectó justo en el lugar donde el aguijón de Naganadel se enterró, cubriendo de hielo el lugar. La prisión afectó la velocidad del tipo Dragón, quien rápidamente buscó desenterrarse.

—¡Ahora, Rayo hielo! —gritó Hau, satisfecho porque su plan había salido bien.

—¡No tan rápido! ¡Vuela alto, Naganadel! —exclamó Ash, señalando al cielo.

Las alas del tipo Dragón se agitaron con fuerza, permitiendo que sacara su aguijón del suelo con todo y el bloque de hielo que tenía colgando del mismo. Lo destruyó con un Carga tóxica que se encontró de frente con el Rayo hielo de Primarina.

Naganadel no sintió lo mismo que con Noivern. Cuando chocó fuerzas contra Primarina, no sintió que pudiera ganarle facilmente. Ella era fuerte; tan fuerte como él. Su poder era parecido, pero la potencia de Rayo hielo era superior a la de Carga tóxica. No podía enfrentarla, al menos no de frente.

El Ultraente aprovechó su velocidad para alejarse a toda prisa. Primarina lo persiguió con un Aria burbuja que dejó muy por detrás. Aprovechó para atacarla con Bomba lodo, pero el agua de la leona marina neutralizó su ataque. Se sintió ligeramente frustrado, por lo que comenzó a cargar Pulso dragón, solo para escuchar el grito de Ash.

—¡NO! ¡Primarina es tipo Hada! ¡Pulso dragón no le hará daño! —gritó Ash.

Naganadel suspiró y agradeció no haber gastado energías en ello. Se elevó tan alto como pudo. ¿No podían ganarle frente a frente? Entonces atacarían indirectamente.

—¡Bomba lodo! ¡Que llueva! —exclamó Ketchum.

Masas de lodo salieron volando en contra de Primarina, cubriendo un porcentaje considerable del campo de batalla.

—¡Aria burbuja! —ordenó Hau.

Primarina cantó. Las gotas de agua que disparaba chocaban contra Bomba lodo, destruyéndose entre sí y salpicando agua y veneno por todas partes; en todas partes menos sobre Primarina. La vista era hipnótica, pues la tipo Agua parecía una preciosa cantante de opera que, con solo su melodiosa voz, era capaz de alejar de ella las inclemencias del clima.

Ash pensó. Naganadel y Primarina se cansarían pronto, pero Naganadel sería el primero en hacerlo. Si llegaba a agotar sus energías, con lo herido que estaba, quién sabe qué podría ocurrile. Sopesó sus posibilidades y entonces dio con una idea impresionante.

—¡Naganadel, Maquinación!

—¡Primarina, Acua jet! —gritó Hau al instante.

Lo sabía; Hau no quería que usaran Maquinación porque temía perder la mayor ventaja de Primarina contra Naganadel.

La tipo Agua subió a toda velocidad. Naganadel, en cambio, se lanzó de picada al suelo. Iba rápido… demasiado.

—¡Frena, Naganadel! ¡Frena AHORA! —gritó Ketchum.

Naganadel obedeció. Frenó justo a tiempo, pues de haber seguido con la velocidad que llevaba, se habría estrellado irremediablemente contra el suelo. Aprovechó para alejarse a toda velocidad con Primarina siguiéndole los talones. Mientras volaba, Naganadel tuvo una idea brillante que lo hizo sonreír.

Ahora que sus aguijones estaban en la parte baja de su cuerpo, y considerando que Primarina lo estaba persiguiendo… ¿no era natural atacarla? Disparó un montón de bombas lodo que la leona marina tuvo que apresurarse a esquivar.

—¡Bien pensado, Naganadel! —felicitó Ash, sonriente. Esa presión extra aceleraría el proceso.

—¡Primarina, Rayo hielo! —gritó Hau de golpe.

La leona marina dejó de volar y aterrizó a toda prisa en el suelo, asegurándose de primero despejar toda la suciedad que había cerca. Disparó un poderoso Rayo hielo directamente contra la tierra, pero no la que estaba frente a ella: lo disparó a un punto que se encontraba a veinte metros. Levantó la cabeza con rapidez, creando un alto muro que tomó desprevenidos tanto a Naganadel como Ash.

El Ultraente fue incapaz de frenar, por lo que chocó directamente contra el muro, rompiéndolo en mil pedazos y perdiendo el equilibrio. Naganadel rodó por el suelo bruscamente, levantando tierra, agua y veneno por ahí por donde su cuerpo pasaba. Se quedó tendido, en silencio…

Hasta que…

—¡Maquinación, Naganadel! —gritó Ash.

—¡Primarina, Rayo hielo! —ordenó Hau a la brevedad.

El rayo gélido salió hacia Naganadel, pero tardó en llegar debido a la distancia que había entre ambos. Fue esa misma distancia la que permitió que el Ultraente se levantara a una velocidad de vértigo, elevándose en el aire y moviéndose hacia Primarina.

—¡Bomba lodo! —gritó Ash.

Pero Naganadel no utilizó Bomba lodo. La energía que se concentró en sus aguijones era inconfundible: se trataba de Pulso dragón. Hau saltó de inmediato.

—¡Fuerza luna…!

Entonces cayó en cuenta. Pulso dragón no tenía efecto en Primarina. ¿Por qué siquiera se molestaba en defenderse? Más importante aún, ¿por qué Naganadel estaba usando Pulso dragón? ¿Ash había olvidado que Hada era inmune a Dragón? No podía ser, acababa de mencionarlo… ¿pero y si sí lo había olvidado?... Recordó aquella anécdota del Onix y… Hau se sintió increíblemente confundido por la completa carencia de lógica detrás de lo que estaba ocurriendo. Se quedó con la mente en blanco, pues no sentía la necesidad de atacar… ni de moverse… ni de defenderse.

El Pulso dragón de Naganadel chocó, pero no contra Primarina, sino contra el suelo frente a ella. La leona marina solo se dio cuenta de ello a los pocos segundos. Parpadeó, incrédula, entre la gran nube de humo que había a su alrededor. No veía mucho, pero el Fuerza lunar que contenía entre sus aletas le brindaba un poco de luz.

Fue rápido. Tan rápido que apenas y pudo reaccionar. De pronto el humo fue penetrado y Naganadel estaba frente a ella. Su aguijón estaba delante de su abdomen… y entonces le disparó. Veneno como balas impactó su cuerpo, haciéndola retorcerse violentamente. Ella alcanzó a hacer una única cosa: lanzar su Fuerza lunar.

Primarina cayó de espaldas tras los impactos. Su cabello se manchó de lodo al igual que su cuerpo, así como de algunos parches de veneno. La tipo Agua se levantó con una expresión de genuino dolor en el rostro, llevándose una mano al pecho. Esperó atentamente… pero no pasó nada. Suspiró aliviada por no haber sido envenenada y utilizó Acua jet para limpiarse lo más pronto posible. Solo entonces sus ojos se abrieron de par en par y se movió alarmada. ¿Dónde estaba Naganadel?

La polvareda se asentó y el panorama se aclaró. Ahí estaba él, tumbado en el suelo, inconsciente.

—¡NAGANADEL NO PUEDE CONTINUAR! —anunció Olivia—. ¡El participante Ash debe enviar a su siguiente Pokémon!

Hau estaba incrédulo. ¿Qué demonios había pasado? Volteó a ver a Primarina y ella lo miró a él. Había sido su Fuerza lunar; habían sido sus reflejos los que la habían lanzado… había sido su poder el que había derrotado a Naganadel.

Eso merecía ser celebrado. Por Noivern, por Raichu.

De forma explosiva, Hau lanzó un gancho al aire.

—¡YA SON TREEEEEEEES! ¡DERROTÉ A TREEEEEES! —gritó. Su voz tembló por el esfuerzo que puso en las cuerdas vocales.

Primarina se levantó y le dedicó una dulce tonada a la victoria.

—¡NAGANADEL CAE! ¡No sabemos qué ocurrió ahí adentro, pero Naganadel fue derribado! ¡Al participante Ash solo le quedan dos Pokémon! —Jeekyo sonaba tan sorprendido como todos los demás presentes.

«Ya está. Hizo historia».

«Están actuando como si Ash no pudiera perder… Se hizo famoso precisamente por eso, saben?».

«El Ash pre-Kalos y post-Kalos no son el mismo. Si fueras fanático de verdad lo sabrías. Las skills de Ash mejoraron muchísimo tras su tiempo fuera de las cámaras y ha logrado unos feats que pocos han conseguido. No por nada ha ganado el estatus de leyenda en el mundo del entrenamiento Pokémon».

«No entendí ni jota de lo que acabas de decir».

«Lengua común, hijo de perra, ¿la hablas?».

«Naganadel, Golisopod, Incineroar… Hau acabó con todos los Pokémon que Ash usó en su combate contra Elio».

«Oye es verdad no lo había notado».

«Tres Pokémon… Han pasado años desde la última vez que alguien derrotó a tres Pokémon de Ash, y ese fue su propio hermano, el Campeón de Kanto más joven de la historia… ¿Estamos ante una nueva leyenda?».

«Últimamente estaba muy bajoneado por todas las derrotas de nuestros Capitanes y de Acerola, pero esto… esto me devuelve la fe en la fuerza de mi pueblo. Siempre me agradó Hau, pero con esto me declaro fan».

«El fandom de Hau ya se va a llenar de posers T_T».

«Me alegra ver que, para variar, los alolianos estamos dando de que hablar en nuestra propia Liga…».

«De qué hablas? Casi todos los miembros de la fase de torneo son alolianos».

«Sí, pero Ash se los come en menciones a todos juntos».

«Tal vez es una exageración, pero ciertamente es Ash quien tiene el foco principal. Me gustaría que la gente se enfocara más en nuestros peleadores…».

«¿Cómo se van a enfocar en ellos si son malísimos? Lo siento, pero es la verdad. Alola tiene un nivel de puta pena, lo digo como aloliano y como entrenador. Somos debilísimos».

«Débil lo serás tú».

«A ver, que tiene un punto… Solo como el 2% de los entrenadores de Alola tiene la fuerza necesaria como para destacar a nivel nacional… Incluso 2% me parece exagerado. No tenemos nivel en Alola, es la verdad, y cuanto antes lo reconozcamos antes solucionaremos el problema».

«Raichu, Noivern, ya pueden descansar tranquilos… ¡Naganadel ha sido derrotado!».

«Naganadel realmente me sorprendió. Me sentí maravillado con cada uno de sus movimientos de una forma que no había sentido hace mucho tiempo. Creí que los combates ya no podían sorprenderme, pero me equivoqué».

«Naganadel es precioso y, además, es súper fuerte. Derribó a Noivern y ayudó a debilitar a Raichu. Si hubiera evolucionado antes, de seguro Noivern no le habría hecho ni la mitad del daño que hizo».

«Muero por ver lo que le depara a Naganadel en el futuro. Siento que acabo de presenciar el nacimiento de una estrella».

«De dos. Hau derrotando a tres Pokémon de Ash… Se puede ver lo feliz que está».

«Me siento tan feliz por Hau que se me salen las lágrimas. Él ha dejado en claro muchas veces las ganas que tenía de pelear con Ash y ahora está haciendo historia…».

«¡Tengo un hilo en mi cuenta con todos los momentos que acabas de mencionar!».

«Voy corriendo a verlo!»

—Es tal como lo dijo Ian Fleming: "Una vez es casualidad. Dos veces es coincidencia. Tres veces ya es acción del enemigo». —Liam sonreía ampliamente.

Elio se rio con una mano en la frente.

—¡Hau es condenadamente fuerte!

—Lo es. —Iris se encorvó en su asiento con una expresión frenética—. ¡Quiero luchar contra él!

Lillie con una mano en el pecho, sonreía. Su perspectiva de los combates Pokémon había cambiado muchísimo con el tiempo. Su percepción de lo que ella consideraba un "buen desempeño" también. Hau, sin embargo, se había ido adaptando a esos cambios de percepción y se las había arreglado para mantener, en la mente de Lillie, el estatus de increíble.

—¿Qué opinas tú, Gladio? —le preguntó Selene al rubio. Ella, por su parte, ya tenía una opinión muy clara.

Aether escuchó las risas de Mallow y de Lana, los gritos desenfrenados de Kiawe y la emoción en la voz de Chris. Vio la forma en la que Malvácea y Acerola se secaban las lágrimas de orgullo del rostro. Sonrió.

—Es impresionante. Verdaderamente impresionante.

—¿Algo más aparte de eso? —preguntó Selene, sus mejillas levemente enrojecidas.

Gladio negó con la cabeza.

—Es todo por el momento.

El público festejaba junto con Hau. Parecía que, con cada salto que daba Mahalo, sus fanáticos elevaban el volumen de sus voces. Las carcajadas del moreno sonaban por los altavoces, actuando como un himno para cualquiera que se considerara a sí mismo un fan del "Genera Príncipe". Nuevamente comenzaron a cantar aquella curiosa tonada.

Hau dejó de saltar y, jadeando, encaró a Ash. El azabache estaba haciendo regresar a Naganadel a su Ente Ball.

—Trabajemos juntos en tu equilibrio, ¿sí, amigo? Lo hiciste increíble. Gracias.

—¡Tres abajo, Ash! —dijo Hau con una gran sonrisa—. ¡Solo quedan dos!

—¡Y a mí solo me falta uno! —respondió el azabache, correspondiéndole el gesto y guardándose la Ente Ball en el bolsillo.

—¡Entonces aprovechemos! ¡Saquémosle todo el jugo posible a este combate! ¡Divirtámonos hasta el final! —exclamó Hau.

—¡Sí! ¡Sí, hagamos eso! —Ash mostró su nueva Poké Ball. Hau la reconoció al instante—. ¡Decidueye, yo te elijo!

La lechuza apareció y dio un rápido giro en el aire. Sus ojos y los de Primarina se encontraron de inmediato.

—¡DECIDUEYE Y PRIMARINA VUELVEN AL CAMPO DE BATALLA! ¡El combate que lo inició todo, ¿será también el combate que lo decida?! ¡Planta contra Agua! ¡Dos de los iniciales de nuestra región!

Ahí estaban de nuevo, cara a cara. Ash Ketchum junto a Decidueye. Hau Mahalo junto a Primarina.


Ahí estaban de nuevo, cara a cara. Ash Ketchum junto a Rowlet. Hau Mahalo junto a Brionne.

¡Esta vez lo haremos mejor, Brionne! ¡Viento hielo! —gritó Mahalo.

¡Hoja afilada, Rowlet! —exclamó Ash.

El pequeño tipo Planta creó un gran cúmulo de hojas a su alrededor que lanzó contra la gélida brisa expulsada por la tipo Agua. Brionne no tuvo problema congelándolas, pero sí reaccionando a lo que venía para ella.

Rowlet había utilizado sus hojas para pasar desapercibido, camuflándose entre ellas y atacando a su adversaria rápidamente con Impresionar. Las garras de Rowlet brillaban gracias a un aura morada oscura que las envolvía por completo.

Hau frunció el ceño.

¡Acua jet hacia el frente, Brionne! —ordenó, sabiendo que no sería lo suficientemente rápida como para atacar de otra manera.

La foca se rodeó a sí mismo en un manto de agua y se disparó hacia el frente, pasando justo por debajo de las garras del tipo Planta.

¡Bien hecho, Hau! —felicitó Ash, sorprendido de buena manera—. ¡Ese tipo de jugadas son las que más me gustan! ¡Arriésgate y gana mucho o prepárate para perderlo todo!

Hau, inconscientemente, sonrió.

¡Brionne, Voz cautivadora!

¡No lo harán! ¡Elévate, Rowlet!

El tipo Planta batió fuertemente sus pequeñas alas, impulsando su regordete cuerpo tan alto como le fue posible. Las ondas sonoras de color rosado disparadas por Brionne no lograron llegar hacia él, desvanenciéndose en el aire.

Rowlet entonces invocó una decena de hojas que dirigió contra Brionne.

¡No caeremos en ese truco de nuevo! ¡Aléjate con Acua jet! —dijo Hau con una sonrisa.

Brionne se apartó a toda velocidad de la trayectoria de Hoja afilada, rodeando su área de efecto. Creía haber evadido el ataque, pero fue entonces que algo golpeó su costado. Mientras caía, pudo ver a Rowlet en las alturas, mirándola fijamente.


—¡Esta vez lo derribaremos! ¡Rayo hielo! —exclamó Hau.

—¡Doble equipo, Decidueye! —gritó Ketchum.

Decenas de clones de la lechuza aparecieron, todos abalanzándose hacia Primarina. La leona marina disparó su Rayo hielo, destruyendo a muchos clones en el proceso. Sabía, sin embargo, que el verdadero estaba por ahí, esperando.

Las alas de todos los Decidueye comenzaron a brillar por el uso de Hoja aguda. Primarina entonces se rodeó a sí misma de burbubujas, pero esta vez las usó de otra manera. Congeló todas las pompas de jabón y de un coletazo las envió en contra del enemigo. Las pequeñas esquirlas de hielo no serían suficientes para destruir a todos los duplicados, pero no era necesario. Se centró en el Decidueye que tembló de frío.

—¡Acua jet! —ordenó, señalando al enemigo que habían descubierto.

Primarina se envolvió en un manto de agua, disparándose a sí misma en contra del oponente. Destruyó en el proceso varios clones que intentaron golpearla, pero eran tan débiles que ni siquiera representaban una molestia. Sus ojos se encontraron con los de Decidueye y supo que era el auténtico.

Antes de que Hoja aguda y Acua jet chocaran, la tipo Agua se elevó y pasó por encima de la lechuza. Ambos voltearon a verse al mismo tiempo y, al mismo tiempo, se atacaron.

Hoja aguda chocó contra Rayo hielo por unos instantes antes de que ambos Pokémon siguieran con su vuelo. Decidueye se apresuró a rozar su ala contra el suelo para destruir las esquirlas de hielo que estaban surgiendo en ella.

—¡Bien jugado, Hau! —felicitó Ash.

—¡Uno tiene que acostumbrarse a tus trucos si quiere pelear contra ti! —rio Mahalo.

Primarina aterrizó y, con la mirada todavía fija en el enemigo, creó una gran esfera luminosa entre las aletas que arrojó en su contra.

Decidueye vio la resplandeciente Fuerza lunar llegar hacia él, por lo que se dio prisa para esquivarla al hacerse a un lado. Sacó una flecha de su plumaje con la intención de dispararla, pero Ash le gritó.

—¡Hoja aguda!

Abrió los ojos con sorpresa cuando vio a Primarina aparecer desde debajo de su Fuerza lunar, envuelta en agua gracias a Acua jet. Decidueye interceptó su avance con su propio movimiento, haciéndola retroceder.

El agua abandonó el cuerpo de Primarina, quien comenzó a caer y utilizó Rayo hielo. La lechuza se apresuró a esquivarlo, lanzándose en picada contra ella. Antes de golpear el suelo, Primarina volvió a utilizar Acua jet, ganando altitud.

Decidueye utilizó Puntada sombría, apuntando directamente a la sombra de Primarina. Dio en el blanco.

La leona marina comenzó a caer, incapaz de moverse, por lo que se dio prisa para utilizar un Fuerza lunar increíblemente brillante. Vio a Decidueye abalanzarse en su contra a toda velocidad, por lo que apresuró el proceso. Cuando sintió que podía moverse, se alejó a toda prisa con Acua jet y disparó la Fuerza lunar hacia la lechuza, obligándola a esquivar. Primarina tampoco quiso dejar cabos sueltos, por lo que destruyó la flecha que estaba clavada en el suelo con una bala de agua.

—¡Crea una cúpula de hielo! —gritó Hau.

Mientras volaba, Primarina disparó un Rayo hielo hacia un punto de la tierra. Cayó al suelo al desactivar su Acua jet y, rápidamente, creó un domo de hielo sobre su cabeza. Decidueye lo atravesó con Hoja afilada.

La leona marina cantó, atacándolo con Aria burbuja. Las balas fueron repelidas en parte por el rápido movimiento de alas de Decidueye, pero otra parte sí que alcanzó a conectar gracias a la corta distancia.

—¡Ahora! ¡Rayo hielo! —gritó Hau.

Su objetivo era congelar el agua residual en las alas de Decidueye, pero se llevó una enorme sorpresa cuando vio que la lechuza simplemente bloqueaba el ataque y se alejaba para no seguir recibiéndolo.

—¡Fue una idea increíble, Hau, pero olvidaste que cuando Decidueye usa Hoja aguda, sus alas se vuelven impermeables! ¡No hay ni una sola gota de humedad en ellas! —informó Ash, riendo de forma triunfal.

Mahalo se golpeó la frente con la palma.

—¡Tonto! —exclamó, volviendo la mirada hacia el frente—. ¡No importa, encontraremos otra manera! ¡Aria burbuja, Primarina!

La diva una vez más entonó la voz y las gotas de agua se formaron a su alrededor. Decidueye inmediatamente utilizó Doble equipo y se perdió entre sus clones. Primarina lanzó todos sus proyectiles y de inmediato utilizó Rayo hielo.

Las balas de agua se convirtieron en balas de hielo al entrar en contacto con las gélidas temperaturas que salían del hocico de Primarina. Algunas copias intentaron pelear contra las esquirlas, pero fueron rápidamente atravesados. En ese momento la gran mayoría se unió, tomando la formación que Chris había bautizado como "Bullet Bill". Giraron a toda prisa, pero de todas formas perdieron una gran cantidad de números. Al mismo tiempo dejaron los giros y dispararon una decena de flechas en contra de Primarina.

—¡Primarina, Fuerza lunar! —ordenó Hau.

La tipo Agua creó otro gran orbe entre sus manos, haciéndolo crecer hasta ganar un tamaño similar al suyo propio. Con un movimiento de manos hizo avanzar el ataque en contra de las flechas.

Algunos proyectiles giraron a toda prisa para intentar esquivar el Fuerza lunar, otros lo intentaron pero fracasaron y muchos fueron directamente engullidos. Primarina se encargó con Rayo hielo del primer grupo.

Aunque había reducido en gran cantidad el número de clones de Decidueye, todavía había toda una parvada volando encima de ella. Les disparó con Aria burbuja en un intento de derribarlos a todos.

Cada Decidueye al que le disparaba se movía apresurdamente para tratar de evadir sus movimientos, pero había uno que no lo hizo. Primarina levantó la mirada tan alto como pudo, cegándose con la luz del atardecer. Le costó, pero lo logró. Pudo ver a Decidueye en las alturas, mirándola fijamente.

Era él.

—¡Acua jet! —gritó Hau, pues sabía que el enemigo estaba fuera de su alcance.

Primarina se rodeó de agua y se elevó el aire, inconsciente de que había caído en una trampa.

Discretamente, sin que nadie la mirara, una flecha solitaria salió del interior de una zanja inundada. Aquel surco hecho por los violentos embates de Naganadel y posteriormente llenada con agua por el Aria burbuja de Primarina había servido como refugio para aquella discreta flecha que, sigilosamente, se movió hacia la sombra de Primarina.

La leona marina no supo por qué de pronto su cuerpo había dejado de moverse, pues no pudo ver como la flecha de Decidueye se clavaba en su sombra. Chocó aparatosamente contra el suelo, con medio cuerpo en el interior de una de las zanjas de Naganadel y medio cuerpo en contacto con el veneno del mismo. Su rostro ardía horriblemente por obra del ácido.

Hau, incrédulo, vio en todas direcciones. No podía encontrar nada, por lo que supuso que Primarina estaría bloqueando la flecha con su cuerpo. Solo había una solución.

—¡FUERZA LUNAR!

—¡Hoja aguda!

Primarina comenzó a crear un poderoso resplandor debajo de su cuerpo, el cual comenzó a expandirse por el terreno cercano. El brillo era poderoso, pero no parecía ser suficiente.

La leona marina no sabía que la flecha estaba en lo alto de un desnivel. Hizo un gran esfuerzo por aumentar el tamaño de su fuerza lunar sin que este le explotara directamente en el rostro. Abrió los ojos, pues se le había ocurrido una increíble idea.

No necesitaba que Fuerza lunar hiciera daño, necesitaba que brillara. Sacrificó todo el poder que su ataque pudiera hacer a cambio de ganar luminosidad y entonces sintió que recobraba el control de su cuerpo. Sonrió ampliamente, contenta consigo misma por haber dado con la solución.

—¡PRIMARINA!

Escuchó gritar a Hau y luego sintió un golpe bestial en la espalda.


Ahí estaban de nuevo, cara a cara. Ash Ketchum junto a Dartrix. Hau Mahalo junto a Brionne.

¡Rayo burbuja, Brionne! —ordenó Hau, señalando al enemigo.

¡Hoja afilada! —exclamó Ketchum.

Brionne apuntó a conciencia. Se aseguró de que todas y cada una de sus burbujas fueran a dar contra una hoja; no permitió que ninguna pasara de largo. Así logró que los ataques se neutralizaran en el aire, pues sus burbujas estallaron y las hojas perdieron fuerza.

Lo vio.

¡Rayo hielo! —gritó Hau al ver como, entre las hojas que caían, se movía Dartrix.

¡Gira a toda velocidad!

Mientras el Rayo hielo avanzaba en contra de Dartrix, este comenzó a dar rápidas vueltas. Las corrientes generadas por sus alas atrajeron hacia las hojas residuales, las cuales formaron a su alrededor un grueso follaje que bloqueó la vista de Brionne.

Gracias a la humedad de las hojas, Brionne logró congelarlas con suma facilidad. La masa de hielo recién formada comenzó a caer contra el suelo, pero repentinamente salió disparada en su contra. Dartrix le había dado un empujón, suficientemente fuerte como para mandarlo a volar, pero sin romperlo.

¡Voz cautivadora!

Brionne se puso de pie y entonó su canto. Su voz era clara, fuerte y hermosa; refinada con la práctica. Las ondas sonoras producidas por Voz cautivadora chocaron contra el hielo, haciéndolo añicos. La tipo Agua abrió los ojos con sorpresa al ver como Dartrix aparecía detrás de la formación gélida, atacando con Garra umbría. La lechuza temblaba levemente por el frío.

¡Rayo hielo! —gritó Hau con apuro al ver la cercanía del enemigo.

Brionne canalizó la energía y no pudo dispararla. La Garra umbría de Dartrix se había asegurado de cubrirle el hocico para, acto seguido, estrellarla bruscamente contra el suelo.

Los párpados de Brionne temblaron y, mientras sus ojos se cerraban, vio al enemigo que se encontraba sobre ella. Viéndola hacia abajo, con rostro inexpresivo, estaba Dartrix


Primarina se retorcía por el dolor. Entre todo el sufrimiento hubo un atisbo de claridad en su mente, mismo que le permitió utilizar Acua jet para alejarse volando del dominio de Puntada sombría. Cayó de golpe contra el suelo cuando ya no pudo seguir concentrándose.

—¡DECIDUEYE CONECTA UN HOJA AGUDA CRÍTICO! ¡Primarina fue aprisionada de alguna manera desconocida por el Puntada sombría de Decidueye, el cual le impidió defenderse! ¡¿Se habrán acabado las cosas para el participante Hau?!

—¡¿Puedes seguir, Primarina?! —preguntó Hau con preocupación. El golpe había sido bestial. No le sorprendería que Primarina fuese incapaz de continuar tras semejante impacto.

—¡Bien hecho, Decidueye! —felicitó Ash.

La lechuza ululó y se acomodó el plumaje.

Primarina no estaba tan tranquila como su oponente. Se levantó con dificultades, sintiendo adormecida la espalda. Trató de tocársela, pero una punzada espantosa recorrió el área circundante.

—¡Solo un poco más, Decidueye! —dijo Ketchum—. ¡Doble equipo y luego usa Hoja aguda!

El Decidueye original emprendió el vuelo y creó varias decenas de copias. Al mismo tiempo, todas ellas cargaron en contra de Primarina.

—¡Rayo hielo! —gritó Hau con fuerza.

Primarina frunció el ceño, abrió el hocico y disparó. Su Rayo hielo hizo una completa masacre, chocando contra tantos clones como se encontró y destruyéndolos en el acto. Aunque no parecía ser suficiente.

—¡Acua jet! —gritó Hau.

Esperó el momento indicado antes de lanzarse contra los clones. Atravesó a varios, los cuales explotaron en nubes de humo. Mientras volaba, creó burbujas a su paso pues sabía que el humo no la dejaría ver muy bien. Sintió como esas mismas burbujas explotaban al cabo de un rato, por lo que giró con rapidez para encarar al que las había destruido.

—¡Fuerza lunar! —gritó Hau.

Primarina se dio la vuelta y brilló. Brilló con tanta fuerza que el Decidueye que estaba volando hacia ella no tuvo más opción que cerrar los ojos. La leona marina aprovechó el momento de la mejor forma posible.

Montones de burbujas se congregaron alrededor de aquel cegado Decidueye, uniéndose a la vez en una gigantesca burbuja que atrapó al tipo Planta en su interior. La lechuza se revolvió, utilizando un Hoja aguda que lo ayudó a navegar hacia afuera de la burbuja. Los clones llegaron para intentar ayudar, pero en ese momento Primarina utilizó Rayo hielo.

La burbuja entonces explotó. Esquirlas de hielo saltaron por todas partes mientras el Decidueye prisionero caía libre, temblando. Primarina se lanzó en su contra a toda velocidad.

Ash estaba impresionado. De verdad, genuinamente impresionado. Hau había aprovechado aquello que había aprendido en un momento de necesidad mientras aprovechaba las cualidades únicas de Primarina de la mejor manera posible. No pudo evitar sonreír, increíblemente complacido.

—¡Hoja aguda! —gritó.

Los ojos de Decidueye se abrieron repentinamente. Sus alas se recubieron en un aura verdosa, librándolas de agua y hielo. Mientras caía rotó su cuerpo para recibir de frente el Acua jet de Primarina.

Con anterioridad, Ash había tenido la oportunidad de ver a entrenadores novatos mejorar hasta convertirse en luchadores habilidosos. Lo había visto con Casey, May, Dawn, Sawyer, Serena, Lillie, Elio y Selene.

Y por supuesto, Hau.

De entre todos ellos, Mahalo era diferente. Su corazón estaba lleno de deseo, arrepentimiento, expectativas y, por sobre todo, sueños. Hau Mahalo era un soñador; alguien que apuntaba a lo más alto de cada cielo que descubría. Conforme los horizontes de Hau se ampliaban, sus sueños se hacían cada vez más y más grandes.

Hau les había contado que, antes de salir de pueblo Iki, su abuelo era la persona más fuerte que conocía; alguien a quien quería derrotar fuese como fuese. ¿Por qué? Porque derrotar a su abuelo lo haría a él el más fuerte. No tenía otro motivo más que el de superar al hombre que representaba su ideal de fuerza.

Cuando salió al mundo, Hau entonces supo que quería vencer a su abuelo por otros motivos. Quería superarlo, porque quería estar a la altura del linaje que le precedía. Quería ser un Mahalo al que las generaciones venideras miraran con respeto y admiración.

Y ahora que había salido de Alola, Hau había regresado distinto; cambiado. Hau Mahalo no quería ser fuerte por respeto o por simplemente serlo. Quería fuerza para liderar, aconsejar, proteger. Quería ser fuerte, porque eso lo alcanzaría a su meta: ser el mejor Kahuna que Melemele alguna vez haya visto en su historia.

Ash admiraba a Hau, porque Hau era muchas cosas que él no era. Ambos eran niños de pueblo, amantes de los Pokémon, algo torpes e ingenuos pero de apetito voraz. Se parecían tanto que de inmediato habían congeniado. Pero Hau, a diferencia de él, cargaba con un peso enorme a sus hombros.

La vida había abierto caminos infinitos para lo que Ash Ketchum podría o no ser en el futuro. Pudo haber elegido cualquier profesión, pero había elegido la vida del guerrero.

Hau Mahalo no había tenido esa opción. Desde su nacimiento estaba determinado que sería el rey de Melemele. No… incluso antes de nacer. Cuando estaba en el vientre de su madre, la gente seguramente ya hacía comentarios como «Él será rey en el futuro» o «Melemele algún día estará a su cuidado». No era ni siquiera un bebé y el mundo ya tenía expectativas sobre él.

En las manos de Hau Mahalo estaba el destino y vida de miles de personas. Todos esperaban que fuera un gran líder a la altura de sus predecesores. Toda Alola tenía los ojos sobre él, a la expectativa de que alcanzara la grandeza cuanto antes porque lo necesitaban.

Y esa era la diferencia entre Ash y Hau. Mientras que él hacía las cosas por capricho, porque pelear era divertido y las aventuras lo máximo, Hau vivía por un compromiso que era mucho más grande que él mismo.

El destino había condenado a Hau a no tener la libertad de soñar y de elegir como todos los demás. La vida había colocado a Mahalo en un sendero muy específico del que no podía salirse, porque él no era una persona… era un medio para un fin: la prosperidad de Alola.

Pudo haber huido; pudo negarse a asumir lo que otros esperaban de él. No es que no hubiera antecedentes, la madre de Hapu había hecho exactamente eso.

Pero Hau no quería huir. Eso era lo que Ash más admiraba.

Aunque todo se le había condicionado desde su nacimiento, él… él sonreía. Él sonreía no por obligación, sino que lo hacía por propia voluntad. Sonreía porque había abrazado la senda que el destino le había dado; porque no quería nada más.

Hau nunca había concebido un futuro en el que no era Kahuna, no porque no pudiera, sino porque no quería. Porque a Hau lo que lo movía era el amor: a su tierra y a todos los que vivían en ella.

El corazón de Hau Mahalo era tan grande; tan fuerte y valiente que Ash sentía que podía quedarse ciego simplemente viéndolo a los ojos.

Y se sintió triste.

Triste porque, a futuro, el lazo más fuerte que los unía no sería más que uno de los muchos asuntos cotidianos que Hau tendría que atender como rey. Para Ash, las batallas eran su mundo. Para Hau, eran una herramienta. No había segundo en esa batalla donde ese pensamiento no rondara su mente.

Y se sintió… destrozado.

Sintió una desolación terrible, pues cuando esa batalla llegara a su final, sus caminos se separarían. Pero Ash no quería que se terminara; quería que siguieran siendo rivales para toda la vida.

Quiso volver atrás en el tiempo. Ojalá hubiera podido conocer antes a Hau, pensó. Ojalá hubiéramos podido disfrutar más de esta rivalidad, se lamentó.

Pero el tiempo era inclemente. El tiempo dotaba de responsabilidad así lo quisiera él o no. Ya no eran chicos que podían perder todo el tiempo del mundo jugando o riendo. Tenían asuntos que atender; asuntos diferentes.

Ash había… tenido la oportunidad de ver a entrenadores novatos mejorar hasta convertirse en luchadores habilidosos. Tantos a lo largo de tantos años. Había visto rivalidades nacer, crecer y terminar. Había visto amigos conocerse, reunirse y despedirse.

Pero, a lo largo de todos esos años, nunca había conocido a alguien como Hau. Alguien que era como él; alguien al que, si las circunstancias hubieran sido otras, le habría encantado llamar…

—¡HAU! —gritó Ash con fuerza, tomando por sorpresa al estadio entero.

Primarina y Decidueye se detuvieron, apartándose el uno del otro y aprovechando para tomar un respiro.

Hau vio a Ash y lo que encontró en su mirada lo sorprendió. Sus ojos se entrecerraron.

Ah… También lo sabes, Ash… Sabes qué pasará cuando esta batalla se termine, pensó mientras sonreía con amargura. Pensó que, ya que lo sabía, al menos podría mostrarle una buena cara.

—¿Qué pasa de repente, Ash? —preguntó con la mano derecha en la cintura, arqueando una ceja. Soltó una risita.

Los dedos de Ash se movieron inquietos hasta que se retrajeron, formando puños. Tomó aire y lo liberó en una violenta exhalación.

—Tengo… tengo un montón de tiempo viajando —dijo por fin, frunciendo levemente el ceño.

Hau no lo interrumpió.

—Y durante mis viajes he conocido a muchísimas personas maravillosas. Todas distintas entre sí, con increíbles historias que contar y sueños tan impresionantes que hasta suenan de película —dijo, recordando a tantas de ellas como pudo, pero le fue imposible pensar en todos en tan poco tiempo. Sonrió—. Muchas de esas personas… Bueno, no las he visto en años. ¡No las he visto en años pero las recuerdo perfectamente! Después de todo, ¿cómo podría olvidar a aquellos que compartieron momentos tan especiales conmigo?

Hau dejó salir un pequeño suspiro y, con tranquildad, sonrió.

—Ash… ¿Adónde quieres llegar? —preguntó pacientemente.

—No es una respuesta alegre, ¿eh?... —Ketchum rio nerviosamente, rascándose la mejilla—. Has cambiado, Hau. Noto… un aire de madurez en ti.

Mahalo asintió, divertido.

—Opino igual. No pareces el mismo, Ash.

Ketchum volvió a reírse, pero esta vez con naturalidad.

—Supongo que sí. Tengo diecinueve años, ¿sabes? ¡Creo que ya necesitaba crecer un poco! —Ambos se rieron por un momento hasta que Ash suspiró—. Pero es precisamente porque tengo diecinueve años que uno o dos años me parece muchísimo tiempo… Aunque hay personas con las que no he hablado ni siquiera en seis, siete u ocho años. Personas que, a pesar de todo, todavía llevo en el corazón.
»También… tengo un montón de rivales. Rivales a los que no he visto en mucho tiempo; con los que no he luchado en años. Pero aun así, sé que si si volviera a verlos, volvería a sentir lo mismo que sentía antes. Volvería a temblar de emoción, porque sabría que tendríamos una batalla increíble… y volvería a pensar: «Ah, realmente no quiero perder contra él».

Hau cerró los ojos, esperando lo que venía. También estaba triste, por supuesto. Le encantaría que su mayor objetivo siguiera siendo derrotar a Ash y que su mayor preocupación fuera qué Pokémon usaría la siguiente vez que se enfrentaran, pero…

—¡POR ESO…!

Mahalo se asustó cuando escuchó la voz trémula de Ash. Levantó la mirada y, anonadado, vio como su amigo temblaba mientras intentaba contener las lágrimas que comenzaron a asomarse por sus ojos.

Es cierto…, pensó Hau, sintiendo como todo a su alrededor se aclaraba; como un peso se quitaba de su corazón. Yo también estoy triste…

Y ante ese pensamiento, las lágrimas también brotaron.

—¡Por eso, Hau! —Ash levantó la mirada, tratando de componer su semblante y de darle la mejor sonrisa posible—, ¡Por eso no me importa cuantos años pasen; cuanto tengamos sin hablar o cuanto tiempo falte para que volvamos a combatir! ¡No me importa si eres el rey de Melemele, si te vuelves coordinador o dejas las batallas! ¡Hasta que seamos viejos que no puedan moverse, hasta el día en el que muramos e incluso el día después de eso! ¡Tú siempre, siempre vas a ser mi rival! —El labio inferior de Ash tembló y las lágrimas se escurrieron—. ¡Mi hermano!

El ceño de Hau se frunció tembloroso, así como sus labios. Apretó los ojos y los puños con fuerza, bajando la cabeza por un momento. Asimiló todos sus sentimientos, haciendo las paces con el que sería su futuro y pensando en lo que Ash acababa de decirle. Las palabras que le habían llegado al corazón y que nunca olvidaría; aquello que, en silencio, anhelaba escuchar.

Sin importar los caminos que cada uno tomara, él siempre lo vería como su igual. No se dio cuenta de cuanto alivio le trería esa declaración hasta que por fin la escuchó.

Levantó la cabeza y, sin molestarse en secarse la cara, sonrió ampliamente. Ketchum hizo lo mismo. Sus sonrisas eran tan grandes que incluso mostraban los dientes.

Los discrusos se habían acabado. Ahora solo quedaba una cosa…

Pelear.

—¡Hoja aguda!

—¡Acua jet!


—¡Q-qué…! ¡QUÉ MOMENTO TAN CONMOVEDOR! ¡En mitad de su combate, el participante Ash se sincera con el participante Hau! ¡Una amistad que trascendió todas las barreras hasta convertirse en una férrea hermandad! ¡Hermanos de armas!

Gladio sonrió mientras dejaba salir una risita. Esos dos eran terriblemente sentimentales, por eso mismo se llevaban tan bien.

—Todo este tiempo, ¿pensabas eso, Ash?... —murmuró Lillie mientras se secaba las lágrimas—. Perdón por nunca haberme dado cuenta…

Acerola, en cambio, lloraba a moco tendido.

—HauHau…

—¿Cómo podrían haberlo sabido? —preguntó Rotom—. Esto es un asunto que solo ellos dos podían resolver. Algo en lo que nadie más tenía cabida.

—Pika pi —asintió Pikachu. Entendía lo que su entrenador había dicho. Lo entendía porque sentía lo mismo. De pronto se sintió apretujado, pues Piplup y Dedenne lo abrazaron mientras lloraban.

Gladio vio a Malvácea de reojo. La señora Mahalo tenía una mano en el pecho mientras, en silencio, veía la resolución de su hijo. La señora Ketchum era más de lo mismo.

El rubio casi suspiró.

Debía de ser bueno.


Primarina era un jet, pero Decidueye no se quedaba atrás. La tipo Agua volaba a ras del suelo alrededor del campo de batalla, evadiendo las flechas lanzadas por los clones de la lechuza, así como atravesando de lleno a aquellos que la atacaban con Hoja aguda.

Un Decidueye, Primarina no sabía si el original, se lanzó en su contra con Pájaro osado. La leona marina tuvo que tomar una decisión rápido y eligió arriesgarse. Ambos chocaron de frente. Primarina tuvo que hacer un poco más de esfuerzo para destruirlo, pero no mucho más.

Desde las alturas descendió una lechuza, quien se lanzó hacia ella mientras giraba. Por la forma en la que se movía, casi parecía estar usando Lariat oscuro. Primarina vio hacia su izquierda por un instante y sonrió, acelerando de tal forma que dejó atrás al atacante.

El Decidueye que usaba "Lariat oscuro" chocó contra otro Decidueye que había intentado atacar a Primarina por un costado. Ambos explotaron en una nube de humo.

Primarina planeaba seguir volando, pero sintió una explosión a su espalda. Se giró, viendo como las puntadas sombrías ya no querían golpearla, sino que se conformaban con explotar cerca de ella. Frunció el ceño, pues todavía no era el momento de detenerse. Aún le quedaba un cuarto.

Se movió, evadiendo todos los proyectiles teledirigidos que iban en su contra. De vez en cuando creaba burbujas que absorbían la explosión de las flechas antes de desaparecer, pero normalmente se conformaba con evadirlas lo mejor posible.

De repente un mural de flechas apareció ante ella. Primarina no podía ganar altitud; no todavía. Rezó a Tapu Koko para que le diera la fuerza necesaria para atravesar los obstáculos.

Entonces aceleró.

Las flechas se abalanzaron en su contra, estallando una detrás de otra. Primarina las evadía lo suficientemente bien, pero no podía evitar recibir una que otra explosión. Tenía suerte de que, además de no doler mucho, Acua jet absorbiera parte del impacto.

Primarina vio el campo de batalla, dándose cuenta de que lo había logrado. Sonrió, pues era tiempo de subir. Cambió su trayectoria, apresurándose a ganar tanta altitud como pudiera. Cuando estaba en mitad del proceso, se encontró con una flecha. No podía distraerse con ella… pero ignorarla tampoco era la solución. La destruiría.

Leona marina y proyectil estaban a muy poco de chocar, cuando de repente este último cambió su dirección. Había sido tan súbito que la tipo Agua no fue capaz de moverse. La flecha se colocó justo encima de su espalda y entonces explotó.

Aquel estallido no dolió solo porque golpeó su lastimada espalda. Dolió por sí solo, porque había sido un golpe durísimo. Primarina se sacudió en pleno vuelo, apretando con fuerza la mandíbula y cerrando los ojos. Estaba perdiendo la concentración, pero no podía… debía subir…

Pero el dolor…

—¡PRIMARINA!

Sus ojos se abrieron de golpe. Vio hacia abajo, donde Hau la veía con una enorme sonrisa y unos ojos soñadores.

—¡SUBE! ¡HASTA LA CIMA!

¿Cómo podía decirle que no a ese rostro? ¿Cómo podía decirle que no a él?...

Su ceño se frunció. El agua que la rodeaba se volvió más violenta y abundante, produciendo un ruido similar al de una cascada o al de un propulsor a vapor. La melena y ojos de Primarina brillaron intensamente, adquiriendo una coloración celeste que le daba la apariencia de estar utilizando Psíquico. Aquellos efluvios de poder se intensificaron, siendo visibles incluso bajo Acua jet.

Ascendió.

—¡ES TORRENTE! ¡La habilidad especial de Primarina se activa en este momento de inmensa necesidad! ¡HA GANADO UNA VELOCIDAD IMPRESIONANTE!

Los clones persiguieron a Primarina, pero estallaban simplemente haciendo contacto con su Acua jet. La leona marina parecía imperturbable y no se detenía por nada. Solo frenó cuando llegó a su destino.

Estando a cincuenta metros en el aire, Primarina dejó de avanzar y comenzó a girar. Con cada giro, Primarina rociaba abundantes cantidades de agua sobre el campo de batalla. Chorros enteros golpeaban el suelo que se encontraba debajo de ella, exterminando a cualquier Decidueye que se encontraba.

El espectáculo era hermoso. Primarina, con sus giros, parecía estar creando un árbol de navidad, donde ella era el tronco y los chorros que arrojaba eran las ramas. Solo faltaban las esferas… que llegaron cuando creó docenas de burbujas que se mantuvieron flotando cerca de ella gracias a su melodiosa voz.

Todo sería perfecto: las vistas, el ambiente, la música… de no ser por el agua. El agua que Primarina estaba lanzando no era aquel líquido límpido que todos esperaban ver, sino que se trataba de uno turbio y verdoso.


Tristán estaba confundido, ¿de dónde había salido ese color? Buscó en el campo de batalla, tratando de obtener una explicación que solo consiguió cuando reparó en lo limpio que estaba el suelo.

¿Dónde estaba el veneno que Naganadel había dejado caer? Se llevó una mano al estómago mientras se carcajeaba.

Hau nunca había dado la imagen de ser muy inteligente, pero eso era por su actitud despreocupada y serena, pero en realidad era uno de las personas más listas que Tristán nunca había conocido.

Aunque tal vez no listo… sino ingenioso.


Los clones de Decidueye desaparecieron, dejando únicamente al original. El tipo Planta combatía las fuertes corrientes con su Hoja aguda, partiendo las aguas mientras avanzaba con un objetivo en mente: derribar a Primarina.

El agua salpicaba en todas direcciones, lo que normalmente no sería un problema de no ser por la copiosa cantidad de toxinas que había en su interior. Tuvo que cerrar la abertura de su capucha para que el agua ácida no tocara sus ojos, lo que limitó bastante su visión. Normalmente eso no sería un problema, pero las corrientes que venían de todos lados no solo lo tomaban por sorpresa, sino que también obstruían su audición.

Todos los obstáculos hicieron que el tipo Planta tardara mucho más de lo que debería en alcanzar a Primarina. Tardó tanto que, cuando iba a mitad de camino, el agua recuperó su color cristalino.

Aceleró, se encontró de frente con una corriente y unió ambas alas frente a ella. Utilizó Hoja aguda. Partió el gran chorro de agua en la mitad, pasando justo por el medio mientras ascendía. Fue entonces que sintió frío… ¿frío? El agua estaba helada, ¿pero tanto?

Miró hacia sus costados y abrió los ojos con terror. Toda el agua se estaba congelando… Toda. Incluso la humedad que había quedado en su plumaje por las constantes salpicaduras.

Ahí fue que Ash y Decidueye lo entendieron. No había recogido el veneno con la intención de envenenarlos, lo habían hecho para retrasarlos con el objetivo de dejar empapado a Decidueye.

Y lo habían logrado.

El hielo rodeó al tipo Planta, quien se sintió profundamente aletargado. Vio como la escarcha escalaba por todo su cuerpo, reptando como un depredador silencioso que esperaría pacientemente a que se quedara dormido para quitarle la vida. Sentía que sus ojos se cerrarían… que quería dormir.

Pero no lo permitió. Decidueye dio un giro abrupto que le permitió romper el hielo que lo rodeaba y se lanzó en picada contra el suelo, utilizando Pájaro osado. El aura provista por el movimiento impidió el avance del hielo y lo eliminó de su cuerpo. Algo brilló.

Ahora que no estaba dentro de las corrientes y del peligro, Decidueye pudo apreciar bien el paisaje. Sus ojos brillaron, pues lo que estaba ante él era precioso por decir poco.

Una gigantesca columna de hielo se veía en el centro del campo de batalla. De ella nacían decenas de ramificaciones de cristal que resplandecían ante las últimas luces del atardecer. Cerca de las ramas del gigantesco árbol de hielo había grandes esferas de agua congelada, las cuales emitían un sútil pero adictivo color arcoíris.

—Un árbol de navidad… —murmuró Ash, viendo pasmado la creación de Hau.

—¡Todavía no! —exclamó Hau, sobresaltando a Ketchum—. ¡Un árbol de navidad está incompleto sin su estrella!

Todos voltearon la vista al cielo y ahí apareció Primarina, en la punta de la gran columna de hielo. La diva puso las aletas frente a su pecho y entre ellas se creó una gigantesca esfera luminosa que ganó intensidad.

El cielo se oscureció, despidiéndose del sol, pero nadie lo notó. El brillo de Primarina era suficiente para hacer el trabajo del astro rey, iluminando cada rincón del estadio.

—¡Este es, Ash! —gritó Hau con emoción—. ¡Nuestro movimiento súper especial! ¡Millar de crisálidas gélidas!

Ketchum no pudo evitar dejar salir un fuerte grito de admiración. La única palabra que salió de su boca por los siguientes cinco segundos fue «genial».


Lo conocía desde que era un bebé. Lo había visto año con año, ya fuera en persona o mediante postales. Sonrió ampliamente, sorprendido por lo ciego que había sido.

¿Cuándo se había convertido ese muchachito en un hombre?

Kukui, que no cabía en sí de la alegría, se aseguró de grabarse ese momento a fuego en la mente.

Señor Hal, señor Hala… ¿Están viendo esto? ¡¿Están viendo lo que Hau está logrando?!


—¡Pero no solo es un movimiento bonito! —exclamó Hau, chaqueando los dedos—. ¡Sino que es súper letal! ¡A ver como te las arreglas cuando cientos de bloques de hielo te caigan del cielo! ¡DERRÍBALO, PRIMARINA!

La leona marina entonces dejó caer su radiante Fuerza lunar contra la cima del árbol, el cual crujió y se resquebrajó. Grandes pedazos de hielo empezaron a desplomarse hacia la tierra: sobre Decidueye.

—¡Vamos a recibirlo de frente, amigo! —exclamó Ash, obligándose a sí mismo a salir de su sorpresa. Si quería salir bien librados, tendrían que ir con todo. Frunció el ceño y se giró la gorra—. ¡PÁJARO OSADO!

Decidueye siguió con su movimiento, volando directamente hacia la cima donde Primarina lo estaba esperando con Acua jet. Los bloques de hielo proyectaban gigantescas sombras sobre él, pero se propuso destruirlas. Atravesó un gran fragmento, luego fue contra otro y después contra otro más.

La lechuza giró para ganar impulso, pero fragmentos de hielo cayeron sobre sus alas, desequilibrándolo. Luchó por mantenerse firme y por recuperar la velocidad perdida. Más rápido… tenía que ser más rápido…

Un bloque de hielo cayó contra su cabeza, seguido de otro y luego de otro. Los fragmentos golpearon sus alas, haciéndolo perder todavía más velocidad. Intentó mantenerse a flote, pero era imposible. Llegó el punto en el que iba tan lento que no pudo mantener Pájaro osado y, cuando ese momento llegó, no pudo avanzar más.

Mientras caía, pudo ver a Primarina en las alturas, mirándolo fijamente. No pudo evitar reírse.

Hielo cayó sobre Decidueye, arrastrándolo como una avalancha y enterrándolo entre todos los fragmentos que había esparcidos por el campo de batalla.

Ash iba a gritar para llamar a su Pokémon, pero los fragmentos helados se rompieron, creando un mar de vapor gélido que llenó el campo de batalla. Al azabache se le helaron los huesos.

El campo de batalla se quedó en absoluto silencio. Primarina fue la única que hizo ruido al aterrizar sobre uno de los tantos trozos de hielo. Estaba exhausta. Utilizar de esa manera sus ataques, en tales cantidades, debería ser imposible para cualquiera… pero no para ellos.

Buscó a Decidueye con la mirada, pero no encontró nada. Invocó un montón de pequeñas burbujas que coló por todos los agujeros que encontró. Si había suerte, lo encontraría de esa manera. Tal vez así podría tener la confirmación.

Se le aceleró el pecho y una sonrisa temblorina le apareció en el rostro. ¿Lo había logrado? Por fin… ¿después de tanto tiempo…?

Escuchó el hielo revolviéndose y se le detuvo el corazón. Vio el lugar del que provenía el sonido, notando que algunos fragmentos gélidos comenzaban a ser desplazados, rompiéndose en cuanto caían. Causándole un sobresalto, una brillante ala emergió de entre la escarcha. Esa ala fue seguida por la cabeza de Decidueye y luego por el resto de su cuerpo.

La lechuza temblaba y jadeaba, pero su mirada… su mirada era firme. Alrededor de Decidueye comenzaron a flotar efluvios verdosos que evolucionaron hasta convertirse en una pesada aura verde que lo envolvió por completo.

Diva y arquero se miraron, sonriendo.

No podías dejármelo fácil, le dijo Primarina.

Nunca te faltaría el respeto de esa manera, respondió Decidueye.

—¡DECIDUEYE SE LEVANTA! —gritó Jeekyo con fuerza, estallando junto a todo el estadio—. ¡El impresionante movimiento del participante Hau atrapó a Decidueye, pero aun así logró levantarse! ¡Pero eso no es todo, pues la fuerza de Primarina llevó a Decidueye a su límite! ¡Espesura se ha activado!

Hau y Ash se miraron, sonriendo.

—No podías tomártelo con calma.

—Hau, yo nunca te faltaría el respeto de esa forma.

Ambos entrenadores sabían que era lo que seguía. Sus Pokémon estaban al borde de sus fuerzas; débiles y agotados. Si querían irse, sería con todo.

Mostraron sus Pulseras Z.

—¡AQUÍ ESTÁ! ¡LOS PARTICIPANTES SACAN SUS PULSERAS Z! ¡¿CUÁLES MOVIMIENTOS USARÁN PARA EL DESENLACE?!

—¡ES EL FINAL, ASH! —Lillie se puso de pie con impetú.

—¡VE, HAUHAU! —gritó Acerola con fuerza, poniéndose de pie y apoyándose en el asiento de Gladio—. ¡Lo siento!

—No lo sientas. Grita —dijo el rubio.

Los tambores fueron golpeados, las trompetas sonaron con fuerza, las panderetas y maracas se agitaron intensamente y las voces corearon.

—¡Relámpago, relámpago, resuena en el campo! ¡Relámpago, relámpago, para los enemigos un sobresalto! ¡Relámpago, Relámpago, en la cancha a brillar, Veloz como el viento, ¡nadie te puede alcanzar!

—¡Mi General Príncipe en batalla eres realeza, liderando con fuerza, con victorias en la cabeza! ¡Nuestro General, el baluarte en la acción, Príncipe del campo, líder de la pasión!

Pikachu y Primarina podían verse por todo el estadio en forma de pancartas, letreteros y prendas. Quienes apoyaban a su participante favorito se aseguraran de que ese fuera el momento en el que lo supieran.


Colette se levantó con prisa, quitándose el abrigo. Su blusa tenía un hermoso estampado de Primarina, el cual lució con orgullo. Levantó un cartel que decía: «BRILLA, BRILLA, ESTRELLA MÍA» y lo agitó con emoción.

—¡GANA, HAAAAAAAAAAAAAU!


Alphonse no tenía algo alusivo a Pikachu más que su pancarta, pero tenía algo mejor. Su sudadera, que estaba hecha en base a la que los Asutoro le habían regalado —solo que el bolsillo tenía un Rotom en lugar de a un Pikachu—, era el objeto de su orgullo y devoción.

—¡VAMOS, AAAAAAAAAAAASH!


Al mismo tiempo el Poder Z envolvió el cuerpo de ambos entrenadores, iluminándolos como estrellas gemelas. El resplandor amarillento absorbió sus energías, pues con ellas formaría algo mejor: el resultado del esfuerzo conjunto.

Las Pulseras Z se encargaron de recibir la energía proveniente de los humanos, haciendo resplandecer los Cristales Z que cada uno exhibía: el Dueyestal en el caso de Ash y el Feeristal en el de Hau.

Ahora solo necesitaban una última cosa, algo tan importante como la energía del humano y la canalización: la energía del Pokémon. Fue por ello que, en cuestión de segundos, Decidueye y Primarina refulgieron incluso más que sus entrenadores.

La combinación de fuerzas producía un efecto anestésico que les hizo sentir que todas sus heridas y cansancio habían desaparecido. En ese momento, los latidos de entrenadores y Pokémon se sincronizaron.

Podían sentirlo; esa conexión tan especial y única que por un momento los volvía una sola entidad. Sentían sus miedos, deseos y determinación.

Eufóricos, Ash y Hau gritaron.

—¡ALUVIÓN DE FLECHAS SOMBRÍAS!

—¡ARRUMACO SIDERAL!

Decidueye salió disparado hacia el aire con un poderoso batido de alas. Se movió más rápido de lo que nunca podría hacerlo por su cuenta. Llegó al punto más alto posible, extendiendo las alas e invocando decenas de flechas que lo flanquearon.

En el suelo, Primarina creó una pequeña estrella entre sus manos. La tocó con su nariz y, en cuestión de segundos, dicha estrella creció hasta ganar un tamaño exorbitante. Era cinco veces más grande que la propia Primarina, quien seguía sujetándola como si fuese ligera cual pluma.

Se vieron por última vez, así como sus entrenadores. Ambos, a la par, gritaron no por influencia del Movimiento Z, sino porque querían hacerlo.

—¡VAMOOOOOOOOOOOOOOOOOS!


Ahí estaban de nuevo, cara a cara. Ash Ketchum junto a Decidueye. Hau Mahalo junto a Primarina.

Megatón floral chocaba contra Sinfonía de la diva marina, ambos creando una explosión gigantesca que desequilibró el vuelo de Decidueye e hizo a Primarina cerrar los ojos con fuerza. La onda expansiva los envolvió a ambos y Primarina levantó la mirada.

Ahí arriba, en lo alto, lejos de ella, estaba Decidueye… sonriéndole.


Decidueye descendió en picada con las flechas siguiéndolo, mientras que Primarina se lanzó hacia el cielo impulsada gracias a la gigantesca estrella. Ambos gritaron y, al mismo tiempo, chocaron.

Las flechas trataban de hacer un camino para Decidueye, quien se agitaba violentamente por el peso de Arrumaco sideral.

La estrella intentaba arrasar con todo lo que fuera un estorbo para Primarina, cuyos brazos temblaban incesantemente por culpa de Aluvión de flechas sombrías.

Ash y Hau veían intensamente como sus Movimientos Z luchaban por sobreponerse al otro. Sus Pokémon intentaban cumplir con las expectativas de sus entrenadores y con las suyas propias.

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuántas horas habían estado juntos?

Lo que habían reído, lo que habían llorado; todas las batallas que lucharon mano a mano, todas los combates que tuvieron en contra del otro; todo para lo que se habían preparado juntos… ¿Cuánto tiempo de sus vidas habían ocupado esos momentos? Seguramente no mucho. Posiblemente se conocían menos de lo que creían. Estaban seguros de que había cosas que no le habían dicho al otro; cosas que posiblemente no se dirían nunca entre sí.

Era curioso, porque no sentían que tuvieran que decirse todo para comprenderse. Creían firmemente que no tenían que hacerlo.

Mientras sus corazones estuvieran en sincronía, el lazo que se encargaba de mantenerlos unidos jamás se rompería.

No tenían los mismos sueños, ni las mismas aspiraciones. No compartían alimentos favoritos, películas favoritas o siquiera gustos musicales en común. Eran, en comportamiento, muy similares pero por dentro eran distintos.

¿Pero no era siempre así con los hermanos?

No los unía la sangre, los genes o una crianza conjunta. No tenían el vínculo que tenían por los azares de la vida, sino porque ellos así lo habían decidido.

No los unía la sangre, sino algo mucho más fuerte.

Eran hermanos por elección.

La estrella se rompió por la mitad ante la fuerza de Aluvión de flechas sombrías, dejando desprotegida a Primarina, quien sonrió a Decidueye de la misma manera en la que Hau le había sonreído a Ash.

Aunque rota, la estrella todavía estalló al igual que las flechas.

Y por un momento todo se volvió blanco.


¿Sabes? Creo que hay un montón de cosas que pienso sobre ti que nunca te he dicho. Tu cabello me parece increíble. A veces me preocupaba un poco que fuera verde, porque creí que la gente me llamaría brócoli o algo así. —Hau se rio—. Tampoco me gustaría admitirlo, pero a veces soñaba que me regalabas a tu Lycanroc. Quiero decir, ¿no sería increíble que el Representante del atardecer tuviera un Lycanroc crepuscular?

Mahalo lo miró, volviendo a sonreír y dio un profundo trago de la botella que tenía en la mano. Hizo cara de asco.

Claro, también hay cosas malas… Estuve un poco enfadado contigo por todo el asunto de Lillie, pero de verdad que ya se me pasó… —Hau suspiró y luego volvió a reírse—. Hapu dice que a veces es bueno tomarse unas copas para decir las cosas que acomplejan el corazón y seguir adelante. Últimamente ha estado bebiendo un poco demasiado. Me preocupa, pero tiene a Elio con ella.

El moreno dejó salir un profundo suspiro mientras agitaba la botella de un lado a otro.

¿Sabes, Ash? En otras cirunstancias, tal vez en otro mundo… Bueno… Ojalá hubieras sido mi hermano mayor. Aunque… —se rio— tengo un montón de ellos. Kukui, Lario, Chris, Lana, Kiawe, Mina, Liam… ¡Tengo hermanos a montones! Aunque claro… —Puso la botella sobre la lápida— no habría estado mal que fueras uno de ellos.

Hau se puso de pie y sonrió, viendo la foto que alguien había dejado enmarcada sobre la lápida tumba.

Feliz cumpleaños, Ash. Ojalá habértelo dicho en vida.


Entonces el color y el sonido regresaron. La gente tuvo que sujetar con fuerza sus pertenencias para que no salieran volando, aunque eso no evitó que una que otra pancarta y cartel fueran arrastrados por el viento.

Ash y Hau se cubrieron los ojos, pues aunque la explosión había sido en el cielo, la presión de viento todavía llegaba hacia el campo de batalla.

Ambos pudieron abrir los ojos pronto, puesto que la humareda se había quedado metros por encima de ellos. Lo único que vieron fue como dos cuerpos salían de la misma.

Primarina y Decidueye caían contra la tierra a toda velocidad, lo que sacó un suspiro de terror a los espectadores y entrenadores.

En mitad del camino la leona marina atrapó a Decidueye con un Acua jet que redujo la aceleración. Logró mantenerlo solo un segundo, volviendo a desplomarse junto a la lechuza.

Antes de que ambos pudieran chocar contra el suelo, Decidueye tomó la cola de Primarina entre sus garras y aleteó con fuerza. Cuando estaban a tres metros de altura, el tipo Planta ya no pudo más y cayó junto a la leona marina.

El choque de ambos cuerpos creó una pequeña polvareda que se despejó al cabo de unos segundos.

Tumbados lado a lado estaban ambos Pokémon, quienes tenían la respiración agitada y los ojos clavados en el cielo. Voltearon a verse.

Ahí estaban de nuevo, cara a cara. Decidueye y Primarina.

Por una vez… me da gusto verte… de frente…, se rio Primarina, tocando su rostro con una de sus aletas.

Decidueye rio un poco antes de emitir un quejido de dolor.

¿De qué… hablas?... Hasta hace poco… tú me veías desde arriba…

Primarina dejó salir una risita.

Es cierto… ¿verdad?... Lo hice… por un momento…

¿Sabes?, murmuró la lechuza, cerrando los ojos. Me da miedo… pensar en nuestro siguiente combate… Me pregunto de qué forma... vas a patearme el trasero…

Nadie le respondió.

—¡PRIMARINA NO PUEDE CONTINUAR! —anunció Olivia, señalando a la tipo Agua y luego a Ash—. ¡El participante Hau no cuenta con más Pokémon, por lo que el participante Ash es el ganador!

El silencio tan íntimo que se había creado solo para Primarina y Decidueye fue hecho añicos por las fuertes detonaciones y los fuertes gritos. La lechuza comenzó a levantarse, pero solo alcanzó a ponerse de rodillas. Vio a la derrotada Primarina a su lado y no sintió nada más que orgullo. Mantendría la fachada de sujeto genial por un poco más y, cuando regresara a su Poké Ball, se desplomaría.

Ojalá Ash se dé prisa, pensó.

—¡SE ACABÓÓÓÓÓÓ! ¡El participante Ash derrota al participante Hau tras una batalla cardíaca y llena de acción y sentimientos! ¡Arrumaco sideral y Aluvión de flechas sombrías se encontraron, pero solo uno fue el ganador! ¡Así es como Decidueye le da la victoria a su entrenador! ¡ASH KETCHUM PASA A LAS FINALES!

Las orejas de Ash temblaron en cuanto escuchó eso. A las finales… Iría a las…

—Las finales… —murmuró.

Caminó hacia Decidueye, luego trotó y finalmente corrió. Se detuvo ante su Pokémon y se arrodilló frente a él. Puso una mano en su hombro, tratando de ser lo más gentil posible.

La lechuza vio el gesto de su entrenador y se rio. Le dio un asentimiento. Podía ser un poco brusco.

Ash envolvió a Decidueye en un fuerte abrazo y, con ojos llenos de lágrimas, gritó a todo pulmón.

—¡UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH! ¡GANAMOS! ¡GANAMOS, DECIDUEYE! —dijo con voz temblorina—. ¡IREMOS A LAS FINALES!

La lechuza, entonces, también gritó. El estadio también lo hizo.

«¡DESPUÉS DE TRES AÑOS, LA PUTA MADRE! ¡DESPUÉS DE TRES AÑOS, ASH KETCHUM VUELVE A LLEGAR A LAS FINALES!».

«¡¿Por qué dudaban de ello?!».

«¡AMIGO, INCLUSO ASH DUDABA, MÍRALO!».

«Creo que para nosotros es muy fácil suponer que Ash ganará, pero no tenemos ni idea de lo que debe de pasar en su mente durante cada combate. Me pregunto lo nervioso que estará cada vez que lucha…».

«Por la forma en la que celebra, parece que estuvo conteniendo su alegría todo el tiempo… Es como que no quería hacerse ilusiones hasta que la victoria de verdad estuviera a su alcance».

«Eso solo demuestra el respeto insano que tiene hacia los demás participantes de la Liga. Ash verdaderamente cree que cualquier podría haberlo vencido…».

«Hau perdió… Por un momento de verdad creí que iba a ganar…».

«Pudo haberlo hecho. Si Decidueye hubiese estado más lastimado…».

«NO ME IMPORTA QUE HAU HAYA PERDIDO, NO ME IMPORTA NADAAAAAAAAAAA. MI GENERAL PRÍNCIPE SE ESFORZÓ AL MÁXIMO, HIZO LO MEJOR QUE PUDO Y DIO UNA BATALLA A LA ALTURA».

«Nadie puede refutar eso. Hau fue sencillamente sublime. Creativo, fuerte y aguantador. Es el entrenador perfecto».

«Este combate guardará un lugar especial en mi corazón de aquí a que muera. Verlo en directo hizo que valiera la pena venir hasta Alola».

«Felicidades, Ash. Felicidades, Hau. Son los mejores».

«Melemele al menos tiene un líder fuerte. Veamos cómo es en lo demás Hau. Mi simpatía ya la tiene».

«Con esto hasta se me olvida el fiasco que resultaron ser Acerola y Liam».

«Gladio o Guzma… Me pregunto cuál de ellos será el oponente final de Ash».

«Quienquiera que sea, va a tener una batalla muy dura».

«Quienquiera que sea, va a ser legendario».

«¿Ya podemos shipear con más fuerza a Ash y Hau?».

«Por Arceus CIERRA LA PUTA BOCA».

Ash se secaba las lágrimas tan rápido como podía. No le prestaba a nada más, o no lo hizo hasta que una mano apareció frente a él.

Hau, con una sonrisa en el rostro, le ofrecía su ayuda para levantarse.

Ketchum no dudó. Soltó a Decidueye y tomó la mano de Hau, poniéndose rápidamente de pie. Abrazó al moreno con tanta fuerza como a su Pokémon.

—Gracias, Hau… —le dijo en un murmuro.

Mahalo se rio.

—¿Por qué? —preguntó, dándole unas palmadas en la espalda.

—Gracias por ser tan fuerte…

El moreno entonces se quebró. Abrazó de vuelta a Ash.

—Y-yo… no logré hacer que te frustras como Lillie… —dijo, sorbiendo con la nariz—. Creí que…

Ash se rio, separando a Mahalo de él. Con las manos sobre sus hombros, le sonrió.

—El combate contra Lillie fue tan divertido como frustrante. Este fue todo diversión —dijo, riéndose.

Hau soltó un quejido y luego volvió a llorar. Ash entonces lo abrazó de nuevo. Le dio unos golpecitos en la espalda.

—Vamos, Hau… Ellos nos están esperando. Te están esperando.

Mahalo se tranquilizó tanto como pudo y asintió. Volvió a separarse de Ash y, con una gran sonrisa, vio a aquellos que lo apoyaban.

—¡GRACIAAAAAAAS! ¡GRACIAS A TODOS! ¡GRACIAS POR CREER EN MÍ! ¡GRACIAS POR TODO, CHICOS! —gritó, saludándolos.

—¡HAAAAAAAAAAU!

—¡TE AMAMOS, HAU!

—¡VUELVAN A PELEAR, CHICOS!

—¡NO OLVIDARÉ ESTE DÍA!

—¡GENERAL PRÍNCIPE!

—¡RELÁMPAGO!

En lo alto, Gladio se reía al ver como todos estaban al borde de las lágrimas. Vio a Rotom, tratando de encontrar a un compañero que mantuviera la compostura, pero suspiró al ver el agua goteando de su carcasa. Se dirigió a Lillie.

—¿Estás bien con lo que acaba de decir? —preguntó, ligeramente burlón.

—O-oh, ¿eso? —Lillie rio, apretando un puño—. Ya… ya me las pagará.

Esta vez, Gladio soltó una carcajada.

—¡HAUHAAAAAAAAU! —le gritaba Acerola en el oído, moviéndose frenéticamente.

El rubio se puso de pie repentinamente, cosa que asustó a la oficial de policía. ¿Se había excedido con las confianzas?... Se llevó una sorpresa cuando Gladio le acarició la cabeza.

—Sería mejor si vamos a verlo, ¿no crees? —preguntó Gladio con una sonrisa paciente y afectuosa.

Acerola se quedó en silencio y entonces las lágrimas brotaron como cascadas.

—G-Gladio-chi es tan amable… —sollozó mientras intentaba limpiarse el rostro.

—También acaríciame la cabeza —dijo de pronto Selene, viendo a Gladio con el ceño fruncido y lágrimas en los ojos.

El rubio alzó una ceja.

—¿Por qué?

—¡Porque estoy llorando, tonto!

Aether volvió a reírse e hizo lo que ella le había pedido.

—Hau… —murmuró Malvácea.

Durante mucho tiempo, su hijo había buscado algo y por fin lo había encontrado. El respeto de quien admiraba, la confianza de ser fuerte y el cierre que necesitaba.

Su niño… su pequeño príncipe ya no era un príncipe. Era un rey.

—Verlos crecer… es tan duro, ¿no es cierto? —le preguntó Delia. La señora Ketchum, como ella, tenía lágrimas en los ojos.

—Pero es tan gratificante verlos realizarse —respondió la señora Mahalo, girándose hacia Lei.

Burnet y Yellow intercambiaron miradas. Ya llegaría el día.

—Así que está yendo a la final… —murmuró Brock con una sonrisa—. Siempre esperé por el día en el que pudiera estar en las gradas viendo este momento.

Misty se secó una pequeña lágrima.

—Ese cabezón… Mira que llorar por algo que ya has hecho antes… —rio.

—Aunque esta vez no será como antes —afirmó Clemont con confianza—. ¡Esta vez Ash ganará!

—¡Sí! ¡Cueste lo que cueste, sé que Ash ganará! —secundó Bonnie, sonriendo.

—A menos que aparezca un Darkrai de algún lado —bromeó Dawn.

—O un Meowth con botas. —May se echó a reír.

—O un Riolu evolucionando a útlimo momento —dijo Iris con las manos detrás de la cabeza. Le estaban dando ganas de combatir en una Liga Pokémon.

—¡Qué momento tan maravilloso! —exclamó Cilan, llorando dramáticamente—. ¡La especialidad local valió por completo el viaje y los acompañantes solo mejoraron la experiencia!

Tracey cerró su cuaderno.

—Sí. Gary y Daisy definitivamente estarán contentos con todo lo que vi.

Serena se retiró unas pequeñas lágrimas para, acto seguido, aplaudir.

—Felicidades, Ash.

—Con esto me quedan menos ganar de pelear contra él… —murmuró Max.


—¡Nos representaste como nadie pudo haberlo hecho! —Kiawe le dio una fuerte palmada en la espalda a Mahalo.

—¡Auch! ¿Desde cuándo eres Hapu?

—¡Fue una increíble batalla, Hau! ¡Me sorprendiste! —admitió Lana.

—Yo definitivamente no podría haberlo hecho mejor. A Hau siempre se le dieorn mejor estas cosas —se rio Chris.

—¡Podemos decir que uno de nosotros estuvo entre los mejores cuatro! —Mallow festejó—. ¡Y quién mejor que la estrella del momento!

—Estaré ansioso por trabajar contigo, Hau —dijo Liam con alegría—. Contigo no tendremos que preocuparnos por la fuerza.

—Puedo pintar para ti un cuadro. Como regalo —Mina comenzó a hojear su cuaderno de bocetos, pensando en cuál sería el más adecuado.

Hau se reía ante la desbordante ola de afecto. Acarició la cabeza que estaba cerca de él: la de Acerola.

Malíe lo abrazaba con una fuerza desmedida.

—Gracias, chicos. ¡Esforcémonos juntos de ahora en adelante! —rio—. Aunque claro, Tapu Koko primero tiene que darme su bendición.

—Lo hará… —dijo Acerola con voz amortiguada—. Tapu Koko… no es tonto como para no reconocerte… Definitivamente lo hará…

Hau sonrió cariñosamente y volvió a acariciarle la cabeza.

—Gracias, Acerola… Aunque no es buena idea hablar así de mi jefe.

Gladio, desde la distancia, veía todo el espectáculo. Volteó la cabeza hacia el otro lado, encontrándose con uno similar. Todos los amigos de Ash lo rodeaban, jugando y bromenado con él.

Ash iría a la final…

Ese simple pensamiento llenó a Gladio de una fuerza indescriptible. Su objetivo estaba ahí, solo bloqueado por un gran y violento obstáculo.

Lo derribaría.


El Mahalo había caído y el impertinente había pasado a la final. Eso, para Guzma, era perfecto.

Derrotaría a Gladio y luego iría por él. Todo estaba alineado perfectamente con sus intereses. Si derrotaba a los dos mayores héroes de Alola, entonces…

Entonces…

Se vengaría. Se vengaría de todos los que habían osado mirarlo hacia abajo.

A la Liga y a todo lo que representaba.

A Alola y a toda su hipócritca gente.

Los derribaría.


¡TERMINÉ, JODEEEEEEEEEEEEEEEEEEER! ¡OH, POR DIOS! 50K PALABRAS EN TRES DÍAS.

Los que me siguen en Twitter seguramente lo vieron con el pasar de los días, pero DIOOOOOOOOOOS. 151 páginas de un documento de Word (como los primeros 151 Pokémon, qué curioso) y CINCUENTA MIL palabras de capítulo. Por Dios, chicos…

Okey… Si llegaste hasta aquí… Si llegaste hasta aquí eres un PUTO guerrero. Muchísimas gracias, DE VERDAD, gracias, por haber leído todo esto. También te pido mil disculpas por haberlo hecho tan largo. Te juro que no volveré a subir un capítulo así de largo. A futuro, si me doy cuenta de que las cosas van a terminar así, voy a dividir los capítulos en dos, no importa si altera mi orden de serialización.

Y pues con esto solo quedan dos combates más, chicos. Gladio vs Guzma y la final… ¿Cuáles han sido sus impresiones de la Liga hasta ahora? ¿Qué esperan de los dos últimos combates? ¡Demonios, muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí! Dios sabe que ha sido un calvario para mí escribir todo esto.

Entonces… ¡Chicos! ¡Si han llegado hasta aquí, les pido por favor que no se rindan! ¡Solo dos combates más! ¡Estamos muy cerca del final!

¡Por cierto! Estaré respondiendo todas sus reviews de aquí en adelante. Quiero hablar con ustedes un poco antes de que todo termine. ¡Así que si dejan reviews, estén atentos a sus DM! ¡También voy a volver a utilizar la sección del inicio para responder las reviews anónimas que vayan saliendo! Así que, bueno, que no les sorprenda ver eso por ahí XD

Realmente espero poder publicar otro capítulo antes de navidad y año nuevo, por lo que no quiero adelantarme a felicitarlos. Peeeero, en caso de que no lo logre, editaré esta sección para que diga algo así como "¡Y pues feliz navidad y próspero año nuevo 2024, chicos! ¡Esperemos que en este ya por fin termine la historia!" XD

¡Aunque con suerte la terminaré en este 2023!

¡Y pues es hora de adelantar el título del siguiente capítulo!

¡El capítulo 162 lleva por nombre: Moneda!

¡Quedan solo ocho capítulos para el final!

¡Nos leemos y Alola, chicos! ¡Esperen pronto noticias de mí!