Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Shiori Teshirogi y Toei Animation.
25.Preocupante Cuando Te Equivocas en el Primer Día de Trabajo.
*Jan es el santo de Escudo en la película de Eris*
Jan asintió ante el recuerdo de las palabras de su nuevo jefe. Sólo tenía una misión para ese día, la primera tarea del que esperaba fuera un largo periodo en ese trabajo, puesto que no deseaba perderlo, con lo mucho que le había costado conseguirlo.
Su nuevo jefe, un sujeto greñudo y al parecer de carácter relajado, Kardia, le había explicado cómo funcionaba la atención al cliente telefónica, cómo debía modular la voz, las palabras que debía decirle a los clientes y cómo manejarlos según el nivel de molestia de cada uno de ellos.
Así que, levemente emocionado, Jan arregló todas las cosas en su nuevo escritorio y se mantuvo sentado, a espera de su primer cliente.
Y esperó, esperó, esperó.
Debieron pasar más de cuatro horas hasta que su nuevo y flamante jefe se acercó a él, con una sonrisa radiante, para preguntarle por su día. Al escucharlo, Jan se sintió levemente avergonzado, ya que su primer día en el trabajo no fue tan productivo como esperaba que fuera.
Al escucharlo, Kardia frunció el ceño y miró a su alrededor, notando a los demás empleados contestando teléfonos y ocupados en sus propios trabajos, después se acercó a Jan, con las manos en la espalda y una expresión seria.
—Oh, Jan, tienes bloqueada tu línea telefónica —señaló el mayor, mirando que todos los foquitos en el teléfono estaban apagados.
Al escuchar las palabras de su jefe, Jan miró el teléfono con sorpresa y algo de miedo, puesto que podría interpretarse como que lo había hecho para no trabajar. Y eso que en realidad no sabía cómo se bloqueaba la línea o si podía hacerlo.
—Yo… yo no…
—Está bien, Jan, le pasa a cualquiera, por eso hay que saber qué tecla sirve para cada cosa.
Jan asintió ante las palabras de su jefe mientras lo veía acercarse y presionar un botoncito que hizo que el teléfono sonara casi de inmediato. Al ver a Kardia sonreírle antes de darse la vuelta e irse, Jan se permitió sentirse avergonzado, por meter tanto la pata en su primer día de trabajo. Sin embargo, no tardó en recuperarse; tenía trabajo que hacer y no quería desperdiciar lo que le quedaba de su último primer día.
