The Loud Housees propiedad y creación de Nickelodeon, Chris Savino y Viacom. Calle Dálmatas 101es propiedad de Disney. Estas series no me pertenecen. Esta historia está hecha con fines de entretenimiento.
Capítulo 14: Enfrentamientos
El amanecer se hacía presente en un nuevo bello día en la ciudad inglesa, pero los residentes de cierta oscura y fría caja metálica no podían disfrutar de ese espectáculo. Para ser solo la primera noche, se había sentido como si hubiesen sido días o semanas. Tal vez esa sensación había sido producto del sueño que tuvo sobre su gran familia. Frota sus ojos levemente para despabilarse. Voltea a su alrededor y divisa algunas patas hacia arriba y orejas moviéndose involuntariamente al ritmo de los sueños que transitaban por la mente de los pequeños dálmatas.
Luego de unos pocos segundos, la realidad lo golpea nuevamente cuando entiende de lo que era partícipe. Su tía abuela los había encerrado allí, y aún no tenía respuestas sobre lo que vendría en las siguientes horas. Como una especie de indicio, un pequeño golpe metálico lo saca de sus pensamientos. El ruido genera un corto eco algo molesto para sus oídos recién despiertos. Clank. Se vuelve a oír por segunda vez. Y una tercera. Hasta que, finalmente, una voz familiar lo llama. "Hunter, ¿estás ahí?"
Los ojos del joven se abren por completo, despejando toda lagaña restante en ellos. Esa voz, la cual ahora le generaba un fuerte rechazo, era la misma voz humana que había escuchado por última vez, antes de ser encerrado. Su nombre vuelve a ser solicitado. No tenía intenciones de responder, pero, a la vez, necesitaba conocer su futuro en ese calabozo.
"Estoy aquí, tal como me dejaste hace casi un día."
Un poco de silencio. "Bien."
"¿Acaso creíste que podría escapar de aquí por mi propia cuenta?" Regaña con furia. "¿Tan ingenua eres?"
"Oh no, no. Sabía que no lo lograrías." La mujer contesta de manera sarcástica. "Y eso me alivia, para ser honesta." El rubio aprieta los puños con ira. "¿Qué piensas hacer al respecto?"
El joven De Vil decide hacer una pausa. "Pues no tengo idea." Suelta fríamente.
"Qué lástima." Hunter cree que allí acabaría la conversación, y perdería cualquier oportunidad de salir de allí. Intenta proseguir, pero es interrumpido. "¿De verdad creíste que te dejaría allí encerrado por seis meses?, ¿tan malvada me crees?" El chico permanece en silencio. "De acuerdo, si de verdad tienes ganas de salir te dejaré hacerlo, solo dímelo." Concluye la coleccionista.
Muchos pensamientos rondaban por la mente de Hunter. Conocía bien a su tía, pero, luego de lo ocurrido, al parecer…no del todo. No podía creer que su salvación se traducía solo en un 'sí' de su boca. Algo tenía tramado esa mujer.
"Mira Hunter, sé que dudas mucho de mí, así que quiero que tengas algo en cuenta: te estoy dejando salir, siempre y cuando esos…perros sigan durmiendo y no se enteren de nada." Remarca con repulsión hacia los animales.
El chico vuelve a girar para ver a sus acompañantes. Todavía permanecían en estado somnoliento y probablemente despertarían en cualquier momento. Tenía muchas ganas de decir que sí, pero estaba seguro que su tía tenía algo planeado bajo la manga. No sería tan accesible para él salir de allí y que ésta no le regañara por haber contribuido en el escape fallido de los dálmatas. Estaba totalmente seguro que algo haría esa perspicaz mujer. Lo sabía. Iba a suceder.
- O -
A unos pocos kilómetros de donde se encontraban Cruella y su sobrino, la familia Loud y sus nuevos acompañantes arribaban a la hermosa ciudad de Dartford, con sus elegantes casas bajas y paisajes verdosos que llamaban a cualquiera a pasar una tarde recostado sobre el césped.
Al detenerse en la última parada, del autobús descienden todos los anteriormente mencionados y una pareja de abuelitos. Ambos observan con sorpresa la cantidad de integrantes de la familia y deciden dirigirse a ellos antes de tomar su rumbo.
"Los felicito por sus hermosos hijos." Expresa con lentitud el señor mayor.
Lynn, que es tomado por sorpresa, se da un pequeño tiempo para responder. "Oh, le agradezco mucho señor." Voltea a ver a sus hijos con cariño. "La verdad son todos unos angelitos." Miente un poco con una risita.
"Nos alegra mucho que vengan a visitar nuestro pequeño pueblo." Toma la palabra la mujer. "Ya hacía tiempo que no recibíamos gente joven aquí."
"¿De veras?" Inquiere con una ceja en alto el padre Loud. "De lo que se pierden, porque esto se ve como un paraíso." Dice con los brazos bien abiertos.
"Mayormente, los adolescentes que llegan aquí lo hacen para tomarse fotografías cerca de la casa donde nació el cantante Mick Swagger." Continúa el señor. "E ignoran por completo el panorama de este bello pueblo." Contrario a su decir, Lori, quien permanecía ajena a la conversación, comienza a tomarse selfies con aquellos paisajes de fondo.
"¡Espere señor!" Interrumpe el peliblanco en un tono que sobresalta al pobre anciano. "¡¿Quiere decir que usted sabe dónde se encuentra la casa de Mick?!"
"¿Lo ven?"
"No, no, no, no. ¡Realmente necesitamos saberlo!" Continúa el chico con desespero.
El señor mayor, algo disgustado por la actitud atropelladora, le escribe en un pequeño pedazo de papel la dirección del célebre músico. "Aquí tienes niño." Se lo entrega. "Y le dices que contigo ya son cincuenta los fanáticos locos que le he enviado en la semana." Y con eso se retira junto a su mujer.
Luego de un breve silencio, Lincoln declara. "No era la forma en que quería conseguirlo, pero está bien." Se encoge de hombros, mostrando la dirección en sus manos para continuar el recorrido.
De repente, un pitido suena en el teléfono de Rita. Al chequear la notificación, ve que es el contacto de la misteriosa dueña de los dálmatas. "Oh, ¡al fin Luna me envió el número de Dodie!" Aclama sosteniendo el aparato en sus manos.
"¿Crees que sigue siendo necesario llamarla, querida?" Alza una ceja su esposo. "Es decir, ya nos encontramos muy cerca de la casa de Mick. Tal vez junto a él podamos solucionar esto mejor." La matriarca duda unos segundos, pero finalmente asiente.
Pasados unos minutos en los que la familia contempló las bellas construcciones hechas de piedras al descubierto, rodeados de jardines hermosos y floridos que desprendían aromas dignos de perfumes importados, finalmente dan con la gran mansión de Mick. Los hombres de seguridad, ni bien notan la presencia del tumulto de niños, se abalanzan hacia ellos, rodeándolos por completo.
Uno de ellos comunica un mensaje rápido por radio. "Han llegado más aficionados, repito, han llegado más aficionados." Se escucha una voz distorsionada del otro lado diciendo que la hora de recibir admiradores ya había acabado. El guardia se dirige hacia los Loud. "En este preciso instante no son bienvenidos, así que vuelvan por donde vinieron." Señala el camino de regreso, intimidante.
"Pero…no somos aficionados." Menciona Luan.
Los hombres jadean del asombro. "ENTONCES RETÍRENSE EN ESTE MISMO INSTANTE."
"Mejor cállate Luan." Le dirige una mirada asesina su hermana mayor, Lori. "Déjennos explicarles el porqué de nuestra presencia aquí." Aclara su voz. "De seguro hayan recibido recientemente a una joven rockera llamada Luna Loud, y es por ella que nosotros-"
"¡¿Ustedes conocen a Luna Loud?!" Exclaman al unísono.
"Em, de hecho somos su familia-"
"¡Esa pequeña es extraordinaria!" Vuelven a interrumpirla. "Cuando sea grande quiero ser su guardaespaldas personal." Expresa uno de ellos quitándose las gafas negras con emoción.
Los residentes de Royal Woods permanecen levemente boquiabiertos, sobre todo Lola, quien tenía en mente acercarse más a su hermana quinceañera para absorber algo de su fama.
"Señor Mick." Uno de los agentes enciende el radio y envía un nuevo mensaje. "¡Tenemos aquí a nada más y nada menos que los hermanos y padres de la genial Luna Loud!"
"Oh, haberlo dicho antes." Se escucha desde un gran altavoz. Posteriormente, el gran portón principal se abre automáticamente y una limusina los recibe para llevarlos hacia la puerta de la mismísima mansión al final del camino.
"Oh por Dios, ¿qué tanto habrá hecho Luna para convertirse en una estrella tan rápidamente?" Inquiere Lana.
"De seguro se enteraron de que es hermana de la glamorosa Lola Loud." Responde su gemela con aires de grandeza, acomodando su cabello rubio con su mano.
"No puedo creer que esté por ingresar a la lujosa casa de una celebridad." Chilla la modista, aunque no tanto por el cantante, sino por el lugar. "¡Que alguien me pellizque!" Acto seguido, Lynn lo hace, provocando un grito agudo en su hermana.
"Ugh, chiste quemado." Rueda los ojos Lisa.
Al llegar a la entrada, la puerta se abre con un destello del que aparece Mick Swagger junto a Luna. "¡Familia!" Ella se lanza a abrazarlos.
"¿Qué hay amigos?" Saluda el cantante. "No esperaba con tanta prontitud su visita, pero me alegra tenerlos aquí." Los recibe cálidamente. "Vamos, entren sin miedo que con el resto de la banda estábamos preparando un gran almuerzo."
Cada uno comienza a dispersarse por la casona, recorriendo los pisos y sus cientos de habitaciones junto a los otros miembros del grupo. El señor Lynn y Rita permanecen en la sala principal junto a Mick y Luna, quienes les platicaban sobre lo que habían estado haciendo estos días. Fue solo un repaso rápido, ya que lo importante era rescatar a los dálmatas, y era ese el motivo por el que realmente habían ido allí.
"Veo que han traído también una amiga, ¿o es alguna prima?" Voltea el cantante refiriéndose a Brittany, quien no se había movido de la puerta luego de la llegada.
"Oh no, ella no es ninguna familiar, pero es una amiga que conocimos en Camden, antes de salir hacia aquí." Se une Lana brincando sobre uno de los taburetes, luego del pequeño recorrido por la mansión.
"De hecho, fue gracias a ella que llegamos más rápido de lo planeado. La verdad tiene un conocimiento muy completo de la red de transportes de estas ciudades." La castaña oyó eso desde su lugar y se sonrojó.
"Muy bien." Luego de los saludos de rigor y la breve conversación compartida, el líder se pone de pie, con un rostro más serio. "Ya que estoy al tanto de todo lo que ha estado ocurriendo en la casa de Dodie con sus dálmatas, es vital que sepan una cosa sobre ella." Aclara su voz. "Sé que querían darle aviso sobre todo esto, pero entiendan que eso no va a poder suceder." Los Loud se sorprenden, esperando alguna noticia jamás pensada. "La realidad es que, a pesar de que hayamos sido muy buenos amigos durante muchos años, incluso yo desconozco el paradero de esa mujer." No tan sorprendente como esperaban, pero, aun así, insólito.
"Pe-pero, ¿cómo es que te comunicaste con ella para arreglar nuestras vacaciones en Camden?" Pregunta el padre de los Loud confundido.
"La poca comunicación que tengo con ella siempre sale desde su número que, por cierto, figura como privado."
"Y entonces, ¿qué es este número que nos enviaste, Luna?" Se dirige Rita a su hija. Chequea su buzón de mensajes donde ve un contacto inexistente.
"Lo lamento, tuve que enviarles un contacto falso para que sepan que la realidad es que no podemos comunicarnos con ella." Baja la mirada. "Por eso es que demoré en hacerlo. Para darles más tiempo de llegar aquí y hacerles comprender la situación."
"Entonces, si no podemos contactar a la dueña para que haga algo al respecto, ¡¿qué demonios estamos esperando que no vamos a salvarlos ya mismo?!" Suelta enfurecida la gemela de gorra roja.
Los padres se sobresaltan. "¿Qué es esa forma de hablar, pequeña?"
"Ups, lo siento." Se cubre la boca. "Lo aprendí de Lola." Dice señalando a su hermana.
"Suspiro…todo este viaje ha sido completamente en vano." Se lamenta Lucy.
"Podrían habernos explicado eso desde un principio." Regañan enojados a los músicos, incluida a Luna.
"Por favor, no piensen en negativo. El destino quiso que nos juntemos para ir en busca de esa vil mujer y rescatar a los cachorros, ¡todos juntos!" Ovaciona Mick como si estuviera en uno de sus conciertos. "Ya nos encontramos a pocos kilómetros. Solo necesitamos organizarnos e irrumpir en su guarida, ¡esta misma noche!"
Rápidamente, cada uno comienza a planificar su rol en el rescate. En primer lugar, utilizan el dispositivo que les había sido entregado por Hunter para rastrear el refugio de los dálmatas. Al encontrarse en la misma ciudad, este funciona con mejor precisión, por lo que ya tenían el primer paso cubierto.
"Perfecto. No se encuentra demasiado lejos." Localizan la fábrica. "¿Alguna idea de cómo llegar lo más rápido posible, Brittany?" Consulta Lynn Sr.
"Pff, por favor papá. Simplemente preguntémosle a la app de mapas. Estoy segura que nos marcará cómo ir en pocos segundos." Interrumpe Lori. "Sin ofender Brit, jeje." La rubia intenta buscar en su tan útil aplicación, pero, inesperadamente para ella, falla.
"Um, disculpa mi entrometimiento Lori, pero ese lugar es bastante remoto y escondido. No creo que te de una opción acertada." Dicho y hecho, no había datos conocidos sobre cómo llegar allí. "Claramente, esa mujer supo dónde ubicar su escondrijo."
Lynn Jr. palmea a su hermana en la espalda, disfrutando del fracaso de su preciado teléfono. "Mejor sigue usándolo para tomar fotos."
"Como decía, Brittany, tú te encargarás de trazar el circuito hacia la fábrica de Cruella. Especificando los horarios de partida y llegada." Comanda el señor Loud.
"¡Sí, señor!" Responde ella, cual soldado a su general.
"Luan." El hombre dirige su mirada hacia la comediante. "Saca tus mejores chistes y trampas que de seguro algún que otro tonto caerá en ellos cuando estemos allí."
"¡Entendido papá!" Sonríe. "Espera, ¿qué quisiste decir con eso?"
"Lola, sabes lo mucho que me molesta que seas agresiva con la gente, pero, esta vez, ignora por completo esa orden."
"Ja. Ni tú me conocerás cuando me encuentre en ese lugar." Esto preocupó un poco a Lynn, pero prefirió tomarlo como algo a favor para ellos.
Y así, cada uno fue tomando el mandato de lo que su padre les decía. Esto llamó la atención de su esposa. "Hmm, me gusta cuando te pones tan mandón y serio. Te pareces a ese hombre musculoso y rudo que Lincoln ve con su amigo en esa serie de supervivencia." Parpadea seguidamente Rita, contemplándolo como si de un dios griego se tratara. Frente a este comentario, varios de sus hijos hacen gestos de repugnancia.
- O -
Pasadas unas horas, el gran grupo de rescatistas se acerca lo más posible a la entrada de la fábrica de la coleccionista de pieles. Ya era de noche, por lo que Lincoln decidió usar las gafas de visión nocturna de ARGGH que había traído entre sus tantas cosas, solo para hacerse ver más profesional.
"Ugh, ya basta de hacerte el cazafantasmas Linc-tonto." La deportista le pega una bofetada en la nuca, haciendo que sus gafas caigan.
"Muy bien Lynn. Supiste ubicar a tus hijos en sus respectivas posiciones. Ahora nos toca a nosotros." Toma la palabra el cantante. Luego se dirige a su banda, quienes obviamente los acompañaban. "Muchachos, toquen como si fuera el mejor concierto dado de su vida. Dentro de ese gran edificio hay fanáticos deseosos de escuchar nuestra música." Seguía su discurso. "Piensen que tal vez, luego de este acontecimiento, aquellas personas no tendrán la oportunidad de volver a presenciar un show tan efusivo, que derrame entusiasmo y emoción como el nuestro." Arengaba a medida que unas pequeñas lágrimas se soltaban por los rostros de sus compañeros musicales. "Anímense, ¡y dejen el alma!"
Con esas palabras, todos ellos salen disparados hacia la puerta de la guarida que los esperaba, con instrumentos en mano. Comienzan a tocar uno de sus más grandes éxitos, llamando toda la atención de aquellos guardias que rondaban cerca.
Dos de ellos asoman la cabeza por uno de los balcones del primer piso. "Oigan mocosos, apaguen esa música que no es el lugar ni la hora para-" Al observar que la melodía no provenía de algún grupo de adolescentes imitadores, sino de los músicos originales, quedan estupefactos.
"Espera, ¡pero si esos son Mick y su banda!" Exclama el otro con euforia. "¡Siempre supe que vivían en esta ciudad, pero nunca pensé que se presentarían en la puerta de nuestra fábrica!" Expresa moviendo su cabeza de lado a lado, disfrutando del show.
Rápidamente se corre la noticia y varios otros guardias descienden a la entrada para asistir a ese pequeño concierto privado, olvidando por completo sus tareas. Mientras, los Loud contemplan el gran plan que los músicos habían guardado en silencio. "Miren, nos han dejado el paso libre para ingresar." Señala el peliblanco.
"Estoy tan orgullosa de tener unos amigos tan geniales." Manifiesta Luna con estrellas en sus ojos y sus dedos entrelazados.
En puntas de pie, la familia Loud y Brittany ingresan al oscuro hall del edificio. "¿Por qué todos los escondites de los maleantes tienen este aspecto sombrío y aterrador?" Alza una ceja Luan.
La gótica apoya un dedo sobre sus labios para callarla. "Simplemente, disfrútalo."
"Entonces, ¿a dónde nos dirigimos? Este lugar se pinta como un gran laberinto." Comenta Lana, volteando a ver todos los pasadizos que salían del salón principal.
"Pues, ¿nos dividimos?" Sugiere la invitada londinense con vergüenza.
"Esa nunca es la solución." Replica la princesa picando el estómago de la chica repetidas veces con su dedo. "Pero no se me ocurre otra idea."
"De acuerdo, como ensayamos niños, cada uno tome su distracción para cualquier secuaz que quiera atacar." Retoma Lynn Sr.
Avanzan al primer piso, donde encuentran cientos de máquinas espeluznantes con cuchillas y pinchos. "Este debe ser el lugar donde esa mujer hace sus creaciones." Revela la genio. "O bueno, mejor dicho, uno de todos esos sitios aquí dentro." Se acerca a una de las maquinarias. "Realmente no mantiene el saneamiento correcto para operar. Estas cuchillas necesitan lubricación, y ya se ven bastante oxidadas." Comenta pasando su dedo por una de ellas. Al olerlo, se retrae con aspecto de disgusto. "Uf, ni hablar del aseo."
"Lisa, creo que estamos aquí para detener esa atrocidad de mujer, y no para hacerle una inspección de salubridad a su negocio." Suelta enfadada la rubia mayor.
"Entiendo, pero, aun así, no significa que no pueda mantener las condiciones estipuladas para la apertura de una fábrica dedicada a la industria textil, es decir, vamos…todos nosotros usamos prendas todos los días, ¿no es cierto?" La científica voltea a ver a la bebé de la familia. "Bueno, no todos."
"Dudo que las prendas que esta mujer haya hecho aquí hayan llegado hasta Royal Woods." Rueda los ojos.
"Um, de hecho, yo he comprado en tiendas exclusivas de ropa de esta ciudad, jiji." Menciona Leni. "Pero ahora que lo dices, eww." Cierra sus ojos con asco.
Al continuar, pasan por un gran depósito de atuendos donde algunas de las hermanas quedan completamente embobadas. "Wooow, ¡miren todos estos lindos vestidos!" Grita encantada la gemela amante del rosa. "¡Traigan a Vanzilla y empaquen todo lo que pueda entrar en él!"
"Recuerden que todo esto provino de la sala anterior." Evoca la Loud con gafas.
"Además, piensen que probablemente aquí haya vestidos de pieles de pobres animalitos indefensos." Dice Brittany entre lloriqueos, a lo que sus mascotas se apegan a ella con horror ante el pensamiento.
"Al parecer no hay ninguno." Declara Lucy. "Miren aquellos estantes." Señala unos anaqueles rotulados como 'abrigos de pieles', los cuales se encontraban lleno de telarañas. Esto provoca suspiros de alivio en los presentes allí.
"Entonces me llevaré algunos a casa." Continúa Lola, perdida en su fantasía de prendas deslumbrantes.
En eso, oyen un ruido de puertas metálicas abriéndose. De repente, unos cuantos guardias aparecen alrededor de ellos y los amenazan con atacarlos. "¿Qué hacen ustedes aquí?"
"Oh, los estábamos esperando." Toma la palabra Lucy. "Nos prometieron una visita guiada a esta fábrica tan lúgubre y opaca, pero no dábamos con nuestro guía, así que decidimos emprender el recorrido por nuestra cuenta."
Algunos de los hombres se miran entre sí. "¿Acaso tú contrataste turistas para darles una vuelta por aquí?" Se preguntan. "Sabes que eso enfadará mucho a la jefa."
"Oigan, pero puede ser un buen negocio del que no se tiene porqué enterar." Agrega otro.
Seguían discutiendo hasta que uno de ellos recibe una feroz patada en su quijada, por parte de la pequeña y violenta princesa Loud. El impacto provoca que éste caiga sobre uno de sus compañeros, comenzando así la posición de batalla de todos ellos.
El grupo de hombres carga contra ellos, pero una rápida trampa de Luan hecha con prendas que simulaban la vestimenta de todos sus hermanos y padres hace que estos colisionen contra un gran muro detrás.
Lynn comienza a tomar varias camisetas y formar bollos con ellas, lanzándolas con toda su fuerza como lo hace en sus partidos de béisbol. "Apuesto a que no pueden esquivar esto, rufianes. YAAAAA."
La lluvia de prendas y otros elementos que encuentra a su alrededor sepultan a los pocos hombres que quedaban en pie. Tenían el paso al siguiente piso libre.
Mientras tanto, en el último nivel de esa gran fábrica, Cruella y Hunter conversaban a la luz de una pequeña lámpara de luz roja tenue. La mujer lo había invitado a charlar sobre las ocurrencias recientes sobre los dálmatas y su traición. Ambos tenían en sus manos una pequeña taza de té.
"¿Por qué defiendes tanto a esos animales?"
El muchacho baja la mirada. "Me siento identificado con ellos."
Ante esa declaración, la amante de abrigos de pieles estalla en un exagerado ataque de carcajadas. "¿Identificado con esas bestias? Hunter, por favor. Ahora dime la verdad." Toma una pausa para beber de su taza. "¿Sabes algo de ellos que yo no sepa?"
"¿Hay algo que te interese saber de ellos? Son animales tontos después de todo, según tú." Emite con un quejido.
"Lo son, pero eso te haría un animal tonto en mis ojos si te sientes identificado con ellos." Coloca la bebida en la mesa. "Realmente no necesito saber qué hablaste con ellos, solo quiero que tú y yo estemos bien. Somos familia, y te aprecio por ello."
El rubio permanece pensativo por un largo rato. Da dos sorbos largos a su té hasta terminarlo. Pasan unos tres minutos en silencio, aunque eso no incomoda para nada a la coleccionista. Ella le estaba dando todo el tiempo del mundo para que el chico respondiese.
Hunter recuerda unas palabras de Dylan que lo hicieron sentir bienvenido en su familia perruna. Además, es cierto que se había pasado tanto tiempo estudiando sus movimientos y vidas en general que ya se sentía parte. Lo recientemente compartido en la prisión sumó a todo lo que estaba sintiendo por ellos.
"Puedes explicarme… ¿por qué tengo la capacidad de entender a todos los perros sea cualquiera su raza, tamaño o procedencia?"
Honestamente, esto sí toma por sorpresa a la mujer. Pero ya estaba preparada para esa pregunta. Era de esperarse que algún día su sobrino favorito querría saber la verdad sobre su poder inhumano. De hecho, hasta le sorprendía ver el largo tiempo que el muchacho se había tomado en querer blanquear esa inquietud.
"Entiendo que me utilizaste como señuelo para sacar información más fácilmente, ya lo he comprendido todo luego de conocer tus planes." Continúa el joven. "Pero por alguna razón yo soy el único de la familia que tiene esa condición extraña."
La empresaria se toma unos segundos para responder. Coloca sus manos frente a su rostro, juntando sus palmas, codos apoyados sobre la mesa. Lo observaba con una mirada petulante y una sonrisa aterradora.
"Te contaré la historia, sobrino." Aclara su voz. "Cuando te encontrabas a poco de nacer, hace diecinueve años, me encontraba investigando sobre algún mecanismo o experimento que permitiese a un humano comprender la comunicación perruna de forma natural." Hace una pausa. Hunter mantenía sus ojos completamente abiertos y fijos sobre su tía. "Gracias a un descubrimiento, esto era posible mediante un gen canino que debía ser inyectado ni bien el paciente nacía." Escuchar esto genera una sensación de miedo en el chico. "Y aquí estás, mi querido Hunter, con una habilidad superpoderosa, digna de halagos y envidia." Concluye con simplicidad.
Inmediatamente, recuerda el sueño de esta mañana. Él era un dálmata de la familia Dálmata y era el único capaz de comunicarse con los humanos. Porque su tía le había inyectado un gen humano para comprenderlos y que ellos también lo comprendan. Su inconsciente le había revelado la respuesta y lo había pasado por alto.
"¿Qué te pasa Hunter?" Cruella lo saca de su trance. "¿No te sientes la persona más afortunada del mundo?"
El joven se pone de pie bruscamente. "Tú atentaste contra mi vida, cuando era solo un bebé, para beneficiarte en un futuro lejano, con la intención de cometer una atrocidad, aprovechándote de mi vida solitaria." Tiembla mientras la señala despavorido. "No quiero ni imaginar cómo hiciste para escabullirte de mamá y papá, y cometer eso."
"Oh querido, ¿no estás diciendo acaso que disfrutas de esa habilidad? Me acabas de afirmar que te identificas con ellos a la perfección." La mujer mantiene la calma, sin mover un solo dedo.
"Ahora entiendo porque era rechazado por todos en la escuela, en los vecindarios que he vivido, en los pocos trabajos que pude conseguir." Retrotrae con desespero el chico, tomándose del cabello a punto de arrancárselo. "¡Me veían como un fenómeno!"
"Esa es una exageración tuya, muchacho." Prosigue su tía. "Nadie te rechazó. Tú te apartabas de la gente."
"Eso es porque fui un experimento tuyo. Lo tenías todo planeado." Aprieta sus puños para controlar un poco los estribos. Comienza a respirar pesadamente con los ojos cerrados. "¿Y sabes qué?" La malvada mujer alza una ceja. "Prefiero mil veces ser familiar de unos perros que tuyo." Cierra.
La fabricante textil solo se encoge de hombros. "Esa es tu elección. ¿Quieres que te vuelva a llevar con ellos así permaneces los próximos seis meses en tu hábitat?"
No le dio tiempo a responder cuando Cuddles, su antiguo compañero felino, lo embiste por detrás. Con sus dientes toma una cuerda y comienza a enredarlo por completo, dificultando sus movimientos.
"Llévatelo." Cruella se pone de pie y clava su mirada en él con ojos penetrantes. "Fue tu última oportunidad, Hunter."
– O –
Los Loud y Brittany subían a toda prisa por las escaleras hacia el último piso. Los ascensores habían sido desactivados por los guardias y tenían unos cuantos de ellos persiguiéndolos justo unos escalones abajo.
"¡Luan!, ¿no tienes algún artefacto cómico de los tuyos para dejarles por aquí y que caigan en él?" Suspira de cansancio el peliblanco mientras corre.
"Los he usado todos, Lincoln."
"Estos tontos parecen infinitos, como si fueran de un juego que salen de todos lados y nunca se terminan." Comenta la deportista. "Tú deberías saber cómo detenerlos." Se dirige a su hermano.
"Para eso me hace falta mi compañero de juegos, Clyde." Responde "Él es el estratega y yo el que ejecuta." Revela.
En eso, Lori se detiene. "Déjenmelo a mí." Toma su teléfono.
"¿Y ahora qué?" Se queja Lynn Jr., también frenándose de inmediato.
La rubia coloca un video que reproducía un efecto de sonido de la cuenta regresiva de una bomba. "Discúlpame bebé." Besa el dispositivo. "Mami volverá en cuanto pueda." Y lo esconde detrás de las cortinas de una ventana.
"Oh, entiendo tu plan." Retoma la palabra la comediante. "¡Será un ruido treme- BOOM-do!"
"Es algo tonto, pero tal vez nos funcione. ¡Sigan en marcha!" Comanda la mayor.
Lana nota como Brittany comienza a agotarse, dando pasos cada vez más lentos. Secaba su sudor a cada rato y hasta sus mascotas trataban de ayudarla empujándola de sus piernas.
"Oh no, Brit."
Ella voltea. "No te preocupes, uff. Es culpa de no salir a hacer ninguna actividad física por años." De repente siente unos brazos fuertes alzándola. "¡Oh!"
"Ven aquí." Lynn Jr. comienza a cargarla. "No dejaremos a nadie y menos estando tan cerca de encontrarnos con esa malvada bruja." Esto provoca un leve rubor en la chica mayor, producto de la vergüenza de ser más débil que alguien mucho menor que ella.
A lo lejos, se oyen unos gritos. "Esperen muchachos, ¿oyen ese pitido?"; "Sí, parece… ¡una bomba!"; "AHHHHH." El quiebre de unos cuantos vidrios indican que los tontos malhechores habían saltado por la ventana.
"Bien jugado hija." Lori es felicitada por su padre.
"Ya no debe quedarnos mucho." Habla Rita. "No nos rindamos."
La subida se tornaba tediosa y extenuante, sobre todo para la pequeña Loud quien comienza a llorar repentinamente sobre los brazos de Leni, aumentando gradualmente sus gritos.
"Oh no, querida." Suelta la madre. "Lily nos delatará." La toma de inmediato y la mece sobre sus brazos. "Ya, ya, mi vida." Pero el llanto no cesaba, más bien crecía en volumen.
Klaus, el loro parlante de Brittany, vuela sobre la cabecita de la pequeña y comienza a imitar las voces de sus hermanos. "Holaaa, soy tu hermano Lincoln, y soy un perdedor al que le gusta jugar videojuegos todo el día y leer comics en ropa interior." La bebé no entendía sus palabras, pero le causaba gracia la voz del ave.
"Umm, yo no le enseñé eso. Lo juro." Dice avergonzada la londinense del grupo, con gotas de sudor corriéndole por la frente.
El peliblanco entorna la mirada, observando a cada una de sus hermanas para tratar de descubrir quién fue la atrevida que lo había hecho.
"Y ahora me convierto en Lori." Sigue el pajarraco. "Mi único escape en la vida es vivir pegada al teléfono porque nadie me presta atención. Oh, y mi escape por el trasero, no nos olvidemos de eso. ¡BAHAHAHA!"
La rubia se pone como un tomate. "¡¿Quién fue el-?!"
"Creo que simplemente es muy obvio cómo se comportan ustedes dos." Resalta la gemela de gorra roja.
"Será mejor que los dejemos antes de que ese pajarraco hable algo sobre mí." Amenaza Lola con su puño.
"Sí, sí. Ustedes sigan que yo me quedo con Lily." Concuerda Rita. "De todas formas, ya no hay guardias siguiéndonos." Todos asienten y continúan su recorrido.
El camino realmente parecía sacado de un juego. Lynn Sr. detiene su mirada en frente suyo y parecía que se generaban nuevos escalones. La subida en caracol no ayudaba en absoluto.
"¿Acaso esa mujer tiene que hacer este recorrido cada vez que baja?"
"Papá, recuerda que hay ascensores." Interrumpe Lincoln.
"Oh claro." Asiente. "Igualmente, debe ser un viaje de al menos unos diez minutos en ascensor para llegar a la base." Brittany se retrae ante a ese pensamiento.
"Ayy, ya no puedo más." Leni se lanza al suelo. Su aspecto se veía bastante desaliñado de tanto correr y sudar. "Déjenme aquí chicos." Suelta en un tono dramático. "Lo siento pequeños dálmatas, ¡les he fallado!"
"Yo también no puedo soportarlo." Su hermana comediante también se echa al piso, al lado de ella. "Esos indefensos perritos, manchados en su historia por una malvada bruja que quiere…" Todos esperan su remate cómico. "El cansancio agotó mis ideas para seguir haciendo juegos de palabras."
"Por fin." Rueda los ojos la princesa.
"Pero oye, lo de las manchas no estuvo mal, ¿verdad?" Retoma su sonrisa.
"¿Pueden callarse? ¡Ya hemos llegado!" Revela triunfante Lana.
Se encontraban todos en una última sala. De ella salían tres compuertas. La del medio era probablemente donde se encontraba Cruella.
"No perdamos más tiempo. Entremos y enfrentemos a esa psicópata." Dice Lynn lanzando sus puños al aire. "Yo la haré pedazos mientras ustedes salvan a los dálmatas."
"No creo que los cachorros estén allí mismo." Comenta el padre. "Debemos planear bien nuestra emboscada, pero rápido."
Observando bien el panorama, la gemela mayor nota que los dos portones a los costados tenían un panel con números, indicando que la única forma de ingresar a ellas era mediante un código.
"Rayos, no nos queda otra alternativa que irrumpir en su sala."
"¿Entonces qué estamos esperando?" La deportista se abalanza hacia el gran portón, logrando que este se abra, dejando su pie lesionado en el proceso.
"¿Qué demonios?" Exclama la modista de pieles. Todos ingresan como una avalancha y la rodean inmediatamente.
"Escúchenos bien, mujer." Se dirige Lynn Sr. con un dedo amenazante. "Terminemos de una vez por todas con esta atrocidad o ya mismo llamaremos a la policía por secuestro y maltrato animal."
La coleccionista suelta una horrenda risa aguda y burlona. "¿Y qué me dicen de su violación a esta propiedad privada?" Extrae un teléfono de un cajón y lo agita en el aire, para luego soltarlo.
Unas fuertes sirenas y hélices de helicópteros se oyen provenientes del exterior. La vil mujer abre la gran ventana detrás suyo, acompañando con una malévola risa que reverbera por todo el salón. Un impetuoso viento hace que miles de papeles sobre el escritorio revoloteen sin parar. El estruendoso ruido de las aspas de las aeronaves hace que los integrantes de la familia más grande de Royal Woods cubran sus oídos, completamente aturdidos. Asimismo, sus ojos son cegados por una fuerte luz reflectora que se posaba sobre todos los presentes allí.
"¿Creían que podían derrotarme tan fácilmente?" Cruella extiende sus brazos, su tapado flameando como una bandera en la punta de un gran mástil. "¡Yo soy Cruella De Vil! ¡La empresaria más exitosa de toda Londres, Inglaterra y prontamente del mundo!" Ríe histéricamente.
Ninguno de los salvadores podía hacer nada. Se paralizaron ante ese épico espectáculo de película. Al parecer no había forma de derrotar a esa villana. Siendo ella sola, aun así, era más que todos ellos. Los superaba en astucia e inteligencia. Todo llegaba a su fin.
Dentro de la fría prisión metálica, Hunter y los cachorros oían todo el escándalo. No se encontraban lejos de allí. Aunque no podían ver nada, sabían que estaban perdidos. Sus corazones se llenaban de melancolía al pensar en eso. No sabían cuál sería su fin.
"Ilusos, no vuelvan a entrometerse en mis planes." Sube a su escritorio con los brazos en alto. "¡Porque Cruella siempre está un paso adelante!"
Los reflectores se apuntan todos a la mujer triunfante. Realmente parecía el final de una película grandiosa, solo que con la villana como vencedora. De repente, una red gigante es lanzada desde uno de los helicópteros, capturando a la malvada mujer. Sale despedida golpeando contra una de las paredes y cae sonoramente al suelo.
"¡¿Qué demonios?!" Exclama nuevamente.
De un altavoz resuenan unas palabras claras. "¡Cruella De Vil, está arrestada por secuestro de personas, maltrato animal, prácticas violentas y evasión de impuestos!"
"¡¿QUÉ?!"
El techo vidriado se rompe y caen unas cuerdas por donde se deslizan unos oficiales armados. "¡Quietos todos!" Grita uno de ellos.
Los Loud se asustan y gritan desesperadamente. Brittany acude al oficial y le explica la situación. "Nosotros vinimos en busca de los animales maltratados. No tenemos ninguna relación con esa mujer." Relata completamente atemorizada y entre temblores.
"Eso lo expondrán el día del juicio." La corta bruscamente. "Fuimos advertidos de varios secuaces y ustedes son los únicos aquí."
Se escuchan unos fuertes galopes provenientes de las escaleras que llevan al último piso. De un gran salto, la oficial Perla se hace presente y expulsa un fuerte aire por sus fosas nasales.
"¡¿Perla?!" Exclaman todos. El oficial Apollo la seguía por detrás.
"¿Conocen a la yegua encargada de la patrulla de Camden?" Inquiere el uniformado a la familia. Todos asienten con temor.
Ambos equinos se colocan en medio de los Loud y los oficiales, demostrándoles que no están involucrados con los negocios de Cruella. Apollo incluso ayuda a algunos de ellos a ponerse de pie con su hocico.
"Entendido Perla." Saluda el encargado. "Carguen a esa mujer en uno de los helicópteros. El resto vamos a recorrer el edificio para capturar a los demás cómplices." Salen en marcha.
Jeff, quien era el único can presente que podía entender a la yegua y que aun llevaba el traductor canino-humano, conversa con esta, aclarando cada detalle del secuestro. Luego, este le cuenta a los Loud, quienes por fin entienden lo que había sucedido.
Resulta que Doug y Delilah, que se habían quedado en la casa de Mick, debido a sus heridas y para no empeorar su salud, lograron completar una increíble red canina de cientos de kilómetros, llegando el aviso hasta los oídos de Perla. Así fue como ella se enteró de todo lo sucedido y acudió con prisa al lugar de los hechos, llevando consigo al grupo de élite de oficiales de Camden. Sinceramente, una hazaña digna de aplausos, tanto para los canes como para los equinos.
"Estamos eternamente agradecidos, Perla." Lynn Sr. coloca una mano sobre su lomo. "Creíamos que estábamos perdidos por completo." Lana brinca a darle un gran abrazo.
Pasada una media hora, los oficiales consiguen detener a todas las personas envueltas en los planes de la coleccionista. "Solo nos falta un tal Hunter, presunto encargado del secuestro de los animales."
"Él fue secuestrado junto con los cachorros, y es a quien también estamos buscando." Cuenta Rita.
"Necesitamos los códigos de aquellos dos portones." Les recuerda Lana señalándolos. "No veo otra parte donde podamos buscar a los cachorros y el rastreador nos indicaba que estaban en esta fábrica, así que deben estar allí." Tira desesperadamente del uniforme del oficial.
"De acuerdo niña, interrogaremos a los cómplices para averiguar ese código."
"Esperen, esperen." Interrumpe Lincoln. "Papá, muéstrame el GPS que te dio Hunter." El hombre hace lo pedido. El peliblanco simplemente revisa la parte trasera del aparato y efectivamente descubre los dos códigos escritos a mano. "Sabía que no era el único que anotaba los códigos de los trucos detrás de mis consolas." Sonríe orgulloso.
"¡Lincoln, eres lo máximo!" Exclama la gemela amante del lodo y le regala un abrazo.
De inmediato, la fontanera marca el primer código en el panel, el cual cambia su pantalla a un color verde con un sonido de aprobación. Las compuertas se abren lentamente, soltando un feo rechinido en el proceso. Probablemente no se abrían hace tiempo o sus bisagras ya estaban muy gastadas y oxidadas. Claramente, allí no estaban. Pero sí encontraron más de esas máquinas aterradoras para crear abrigos de pieles. Probablemente esa era la maquinaria personal de Cruella donde confeccionaba sus prendas más preciadas y valiosas.
Pasa al siguiente portón. Mismo proceso solo que, esta vez, el panel rechaza el código. "¿Qué?" Emite la Loud.
"Lana, ten cuidado." Advierte Lisa. "Esos tipos de contraseñas están diseñados para errar un máximo de tres veces."
"Pe-pero yo lo marqué bien." Vuelve a releer el código numérico, con dudas de si realmente lo había marcado correctamente o se había equivocado. "De acuerdo, aquí voy de nuevo, uno por uno, lentamente."
"5-9-1-2-0-3"
Luz roja y sonido de rechazo.
"¡NOO!" Se impacienta la pequeña, sudando en sus manos y rostro.
"Lana, espera." La detiene su hermano mayor. El chico toma el aparato y verifica que los números que ella marcaba eran los mismos que veía. "5-9-1-2-0-3."
"¡Es exactamente lo que anoté las dos veces!" Exclama con desaforo.
"Esto tiene que tener un truco." El peliblanco inspecciona bien el dispositivo. "¿Tal vez sea el mismo código que tenía el otro portón?"
"No Lincoln, no podemos arriesgarnos." Se une la rubia mayor. "No sabemos qué pasará si llegamos a fallar los tres intentos."
"No digo que sean tres con exactitud, pueden ser más." Mete más duda al asunto la genio.
"¡Ahora me haces sentir más desesperada!" Le regaña fuertemente la gemela, escupiéndole toda la cara.
Dentro de ese mismo salón, Hunter podía escuchar desde el contenedor que lo albergaba las voces de los Loud. "Oh por Dios, ¡ya están aquí!" Ante la exclamación, todos los dálmatas alzan sus orejas.
"¿L-lo d-dices en serio?" Pregunta dubitativo Dylan.
Él lo ignora y grita con todas sus fuerzas. "¡El código del portón se encuentra anotado detrás del rastreador que les di!"
"¿Escuchan esa voz?" Lana se paraliza. "Es Hunter, y proviene de aquí dentro."
El joven vuelve a repetir la misma indicación. "¡Oye Hunter, ya hemos descubierto los códigos, pero el de esta compuerta no funciona y ya hemos errado dos intentos!" Le responde Lynn Sr.
El rubio se asusta ante ese dato. Sabía lo que pasaría si erraban esa última oportunidad. La compuerta y todo el salón se reforzarían diez veces más su composición metálica, y no podría volver a intentarse abrirla con el código hasta una semana después.
"¡ESPEREN, NO VUELVAN A INTENTARLO!"
"¡Hunter, dinos qué está sucediendo!" Reclama Dolly.
"¡Ahora no!" La calla bruscamente lo que la deja desconcertada. "¡Escuchen, deben anotar el código que están marcando mal, pero cámbienle el tres por el seis!"
"Entendido." Asiente Lincoln.
"Hazlo Linc, pero ten cuidado, con seguridad." Lana apretaba tanto sus puños que sus nudillos se vuelven blancos.
"5-9-1-2-0…6"
Luz verde, sonido de aprobación.
Las dos compuertas se abren al igual que las anteriores, aunque estas lo hacían a un ritmo más normal, sin chirridos ni complicaciones. Adentro, avistan un gran contenedor metálico. Su tamaño era impresionante y solo se veía una pequeña puerta para canes en su base frontal.
"OH POR FAVOR." Chilla la fontanera. "¿Otra puerta más?"
"Descuida, esta es fácil de abrir." La calma el joven dentro. "Solo vayan a la oficina de mi tía, y busquen una llave con la forma de un perro. Debe estar en uno de los cajones."
Sin escucharle por completo, Lana se apresura a escarbar por todos los escondites de la sala principal de Cruella. Voltea todo a su paso: estantes, muebles, sillones, pantallas, y no encuentra nada.
Lincoln entra calmadamente y la observa realizar todo ese alboroto. "Lana, baja esos estribos, ¿no escuchaste decirlo que probablemente esté en uno de esos cajones?" Señala el escritorio de la coleccionista.
La fontanera se sonroja. "Oh, tienes razón." Larga un extenso suspiro. "Ok, aquí voy." Finalmente, más fácil de lo que ella esperaba, encuentra la llave maestra. Un perfecto perro dálmata hecho de metal, con pequeños agujeros en él simulando sus manchas, con su parte dentada justo donde se encuentran las garras. Parecía una llave hecha a medida y especialmente para amantes de la raza.
La niña no pierde el tiempo y se escurre directamente al contenedor, donde por fin incrusta la llave en la pequeña compuerta y abre la condenada salida. Un viento frío y crudo se escapa del interior, denotando lo muy feo que se vivía ahí dentro. Una mano enguantada con sus dedos libres la toma del brazo. Ella se sobresalta por un segundo, pero sabía que no era ningún monstruo o fantasma. Solo era Hunter.
"Hola chicos." El joven se hace presente. Sus ojos estaban visiblemente caídos, su cabello desaliñado, su ropa sucia y algo rota.
Todos esbozan una sonrisa. Tal vez les resultaba difícil sentir empatía por aquel chico que en principio fue el causante de todo este revuelo, pero al fin y al cabo se había retractado y los había ayudado en gran parte del problema.
"Te ves…muy mal." Dice con sinceridad y desahogo la deportista.
El rubio se ríe. "Lo sé, soy un desastre."
"¿Estamos seguros de que todo este alboroto termina acá?" Inquiere con doble sentido el patriarca de la familia.
El chico vuelve a reír, seguido de una mirada que infundía duda. "Claro que no."
Todos jadean de asombro. Pero Hunter solo se aparta y extiende sus brazos para darle la bienvenida a los cachorros que iban saliendo de a poco. Parecían pequeños osos que dejaban sus madrigueras, luego de una larga y cálida hibernación.
Los ojos de todos ellos estaban entrecerrados por la fuerte luz al exterior de su reciente y último hogar, donde no había más que oscuridad. Dylan vislumbra unos cuantos bultos altos en frente suyo, hasta que su visión se acostumbra lentamente a la nueva iluminación.
Catorce mascotas…emm, humanos, catorce humanos se encontraban de pie frente a los dálmatas que seguían asomándose. Los reconoció a todos de inmediato, salvo a la chica castaña, acompañada también de un compañero perruno, una gata y un pequeño loro.
Su sonrisa creció a un nivel que no creía posible, tanto que le empezó a doler la mandíbula. Su cola volvió a menearse de un lado a otro, movimiento que no realizaba hace días. Sus orejas volvieron a pararse en punta, y no por un susto repentino o alerta. Su lengua volvió a colgarse de su boca, y no por sed excesiva.
Su felicidad volvía a ser plena. Su familia ya estaba a salvo. Sus nuevos amigos se merecían todos los huesos del mundo. Nunca imaginó que podría depositar tanta confianza en una gran familia, similar a la suya, y lo más loco es que… ¡eran humanos!
Regresé con esta historia. Tanto me llevó conseguirla de nuevo, pero lo logré. No es mucho lo que quedaba para terminarla. Probablemente sea un capítulo más y algún extra si lo veo necesario o interesante.
Si lo cumplo, será mi primera historia completa al 100%. Algún día tenía que llegar a eso. Sé que dejé pasar mucho tiempo y los shows que incluyen mis fics están muy avanzados, lo que deja mis historias bastante obsoletas.
En fin, me alegra haber vuelto. Esta vez siento que es de verdad, ya que con este capítulo ya son tres las actualizaciones/nuevo fic que voy sacando en lo que va del mes/año. Así que es una buena señal!
Saludos y gracias por su lectura!
