Disclaimer: si leen algo y les parece familiar, no es mío.

(¿Qué es esto, yo subiendo un capítulo el día que les prometí? Increíble)


13 de enero de 1998, La Resistencia, Hampshire.

-Es más fácil sólo seguirle el juego, Cass. Créeme.

Cassandra miró de reojo a Freya y le sonrió débilmente. Que era todo lo que sintió que podía ofrecer desde lo que ya empezaba a sospechar que sería su lecho de muerte.

Y no es que ella fuera particularmente propensa al dramatismo, aunque sospechaba que no muchos de sus amigos estarían de acuerdo con ella en eso. Pero todo parecía apuntar a que, después de sobrevivir 19 años a los abusos de su familia, mirar a la cara a Voldemort -en qué estabas pensando Cassandra, Diosito santo- y vivir para contarlo, pasar meses oculta, batallar a muerte con decenas de mortífagos dos veces en el mismo día y no morir en el intento…Cassandra Lestrange iba a morir a manos de un virus mortal.

Bueno, según Venice, no era mortal. O no lo había sido para el resto de la mucha gente que se había contagiado y enfermado en esa última semana. Sólo le había afectado más a ella.

Mucho más.

Lo suficiente para que ya cumpliera su segundo día sin poder salir de la cama y para borrarle la sonrisa a Rayton, que se había autoimpuesto la misión de ser su enfermera personal. Y que Rayton pasara horas sin sonreír…

El hombre estaba preocupado, eso era obvio para Cassandra. Freya también lo estaba, si consideraba como pista lo tenso de su expresión, pese al tono de broma con el que había hablado cuando entró a la habitación mientras traía consigo lo que de lejos parecía ser sopa de algún tipo. De pollo, muy probablemente.

-Es verdad -empezó Ray después de suspirar profundo. Cassandra, que ya sabía leer bastante bien al hombre, interpretó ese suspiro como la preparación mental antes de intentar disimular y hacer como que todo iba bien -, es más fácil hacerme caso. Cuidé a Ozz y a Freya desde chiquitos, puedo cuidarte a ti también. Y vas a dejarme hacerlo, ¿me escuchas?

Cassandra no dijo nada y le ofreció una mano, aceptando que necesitaba su ayuda para salir de las mullidas almohadas y tratar de llegar a una posición más vertical. El cambio de ángulo y el olor de la sopa la hizo sentirse nauseosa -otra vez- pero Rayton tenía puesta la cara que ponía cuando se disponía a llevar a cabo algo difícil y no pretendía que nada ni nadie lo detuviera.

Y si la misión de esa mañana era que ella tomara sopa…

La verdad era que ella misma ya empezaba a preocuparse un poco. Venice había aportado con sus conocimientos de medicina, aunque su fuerte eran heridas y traumas, no enfermedades. Y Abby le había preparado algunas pociones, pero aun así Cassandra llevaba tres días enferma y cada día sintiéndose peor que el anterior. El día anterior había sido un desastre. Se había desmayado, había llorado y había vomitado hasta el agua que Ray se había esforzado en darle.

Había vomitado sobre Ray, ya que estaban ¿y no era ese un nuevo -altísimo- nivel de humillación?

A todo eso se le habían sumado fiebres altas, que la dejaron -y dejaban aún- temblorosa y llorosa y en general, sintiéndose miserable.

Y pensar en ella vomitando quizá no era la mejor idea, porque dos segundos y medio después estaba inclinada sobre el borde de la cama, vomitando nada en el pequeño balde que habían dejado junto a su cama el día anterior.

Gimiendo bajito, con lágrimas cayendo sobre el balde para hacerle compañía a lo que había sido el poco agua que había logrado tomar en la noche y sintiéndose lo suficientemente mal como para no importarle que la vieran en lo que de seguro era su momento más patético, dejó que Rayton soportara su peso con un brazo, mientras afirmaba su cabello lejos de su cara con la otra mano.

-Shh…respira, Cass. Eso es…

Cassandra debió desmayarse un momento, porque lo siguiente que supo era que estaba acostada sobre uno de sus costados y que alguien le pienaba el cabello.

-...dame una lista de lo que necesitamos, Basile puede salir a buscar lo que sea -la voz de Rayton le llegó desde alguna parte por sobre su cabeza. Era él el que la peinaba entonces -, y luego vemos cómo hacemos para contactar a Sirius.

Y con eso, Cassandra se obligó a abrir los ojos.

-No -su voz sonaba como la de una rana fumadora, notó Cassandra con una mueca mental y tuvo que aclararse la garganta un par de veces antes de continuar, girándose lentamente buscando los ojos del hombre -, no Ray.

-Sí, sí Ray. Llevas tres días vomitando, dos de esos días estando inconsciente por horas. La fiebre no cede ni con baños fríos, ni con las pociones ni con los hechizos. Sirius va a matarme cuando se entere que tuvimos días para contactarlo y no lo hicimos y lo sabes.

-Y nosotros corremos el riesgo de matarlo a él y al resto por arriesgar contactarlos y lo sabes.

Cassandra intentó poner fuerza en su tono, pero sabía bien que no lo estaba logrando mucho. Se sentía tan fuerte y amenazadora como un gatito recién nacido. Prematuramente. En invierno. En la lluvia.

Y sí, había pocas cosas que quisiera más que tener a Sirius a su lado mientras se sentía así de desdichada y miserable, pero era demasiado peligroso.

Él, Ulrich, Marcus, Ozz, Audrey, April y Darian estaban en alguna parte de Hogsmade -lo que por sí sólo era un riesgo tremendo- reuniéndose con lo que sería el intento de extender la red de apoyo para Harry. Kingsley, se suponía, se reuniría con ellos. Charlie e Iggy, algunos amigos de ellos. Percy. Arthur Weasley. Bill y Fleur. Minerva Mcgonagall, maldición. Ya era una reunión riesgosísima, sin ellos enviando patronus o lechuzas en su dirección.

El primer día que había amanecido sintiéndose enferma, era el día en que planificaron salir de los terrenos de La Resistencia. Sirius había querido posponerlo. Cassandra lo había visto en sus ojos, cuando se despidieron y Sirius, al besarla, notó que tenía fiebre. Pero Cassandra había insistido. Era importante. Ron había hablado, un poco. Había nueva información, sobre la que hacer nuevos planes. Era importante. Y ella estaría bien, le había prometido. El resto de la gente había superado las fiebres rápidamente, después de todo.

Y ella estaría bien, maldición.

-Habla con Freya lo de esa lista, por favor -la voz de Ray la volvió a sacar de golpe desde donde al parecer se había perdido en su propia cabeza y Cassandra miró de reojo hacia la puerta, donde ahora estaba Venice apoyada contra el marco.

-Desabrígala un poco, coloca esa cápsula bajo su lengua y en 10 minutos intentas nuevamente con el agua. En una hora más, lo repites. Y mantenla semisentada. Vuelvo en un par de horas.

Antes de que Cassandra entendiera muy bien, bueno, nada; Venice había dado media vuelta y cerrado la puerta tras ella.

-Muy bien, ya la escuchaste. Y estoy intentando ganar puntos con ella, a ver si acepta salir en una cita conmigo, así que pretendo hacerle caso en todo lo que diga -Cassandra tuvo que sonreír a eso, Rayton juraba que era amor a primera vista y Venice no le daba ni la hora al pobre diablo -Arriba, cariño.

Veinte minutos después, Cassandra decidió cantar la primera victoria en varios días. Estaba semi sentada, semi acostada sobre uno de sus costados, sobre lo que parecía ser tres docenas de almohadones estratégicamente repartidos a su alrededor. Había tomado agua, bastante. Y no había vomitado sobre Rayton.

Victoria, sip.

-No te gusta que las cosas sean fáciles, ¿no? -escuchó que le decía Rayton y abrió los ojos justo para ver como dejaba caer un pañito en un bol de agua, antes de estrujarlo y ubicarlo bajo su cabello, en la nuca.

Y, Merlín santísimo en los cielos, sí que se sintió bien.

-El resto de la gente se siente malita un día y listo. Cassandra Lestrange no, no. Tú vas e imitas a los contagiados de la peste bubónica en la época Victoriana.

Cassandra soltó una casi risa. Casi, porque sólo comenzó como risita y terminó en la mitad de un quejido y un shh de Rayton.

-Quizá me faltó leche materna cuando era bebé -le respondió en un susurro, cerrando los ojos nuevamente -. Explicaría mis defensas de mierda.

-Pensé que tu madre estaba viva.

-Mmh -Rayton volvía a cambiar el pañito y, Merlín, se sentía glorioso -, bueno sí. Pero esa mujer tenía menos instinto maternal que un dementor. Es más probable que me haya dado leche en botellita una elfina doméstica, que mi madre darme pecho.

-Quizá te dio pecho una elfina. Explicaría por qué te quedaste chiquita.

-Oh, cállate Rayton.


Sirius estaba bastante seguro de que sus pasos en la nieve no sonaban tan fuerte como le parecía a sus oídos y que era sólo la ansiedad lo que le estaba jugando una mala pasada.

No era normalmente una persona ansiosa, pero estaban caminando no mucho después de la puesta de sol, por las calles de Hogsmeade. Bajo encantamientos desilusionadores, sí…pero maldito Hogsmeade.

Ulrich caminaba a su lado, lo sabía aunque no lo veía. Lo oía y sentía uno de sus brazos rozar contra él cada un par de pasos que daban. Audrey iba tras ellos, tomada de la capa de su hermano. Tras ella, según lo planificado, marchaban Ozz y Marcus. Y, cerrando su pequeña y clandestina procesión, April y Darian, que además iban borrando las huellas en la nieve a medida que avanzaban.

Se habían movido primero hacia el sur, apareciéndose cada un par de kilómetros, intentando detectar en el ambiente rastros de magia. No era fácil hacerlo, pero Sirius tenía años de experiencia y una, al parecer, facilidad innata para lograrlo. Y Darian había resultado ser un buen sensor para localizar residuos de magia también.

Juntos, lograron mover al grupo sin tener que enfrentar grupos de Carroñeros. Eran siete, un buen número para ganar batallas de ese tipo, pero si era posible pretendían llegar a destino sin llamar la atención.

El primer destino, siendo la cueva tres kilómetros a las afueras de Hogsmeade. Pasaron la primera noche en ella, ocultos en la oscuridad y bajo media docena de hechizos protectores.

Sirius no había dormido ni un minuto. La cueva estaba tal como la recordaba. Cada grieta, cada saliente de piedra. Tal como estaba grabada en su mente, de cuando fue su refugio al escapar de Azkaban.

Lo había sido también los primeros meses después de escapar en el lomo de Buckbeak.

Buckbeak…Sirius esperaba de todo corazón que la enorme y leal bestia hubiese escapado cuando Grimmauld Place fue invadida por el Ministerio. Sirius sospechaba que Cassandra no estaría muy contenta con tener un hipogrifo de mascota, cuando lograran ganar la guerra y comprar alguna casa en el campo…pero Sirius estaba dispuesto a negociar.

Animal mágico o no, Buckbeack había sido un gran apoyo para él. Le había dado calor en los meses fríos, acunándolo bajo sus alas, como si Sirius fuera su propio y sobrecrecido polluelo. Lo había escuchado, eternos monólogos, cuando Sirius sentía que se volvería loco si no hablaba con alguien. Le había permitido, animalejo orgulloso, hundir la cara contra su pecho emplumado, cuando necesitaba escuchar un latido de corazón que no fuera el de él mismo, después de despertar de una pesadilla.

La cueva había sido testigo de muchos de esos momentos y Sirius sentía que le costaba un poco respirar, sólo por estar ahí.

Ulrich, que debió notarlo incluso si Sirius intentó disimular, lo acompañó hasta el alba sentado a su lado en silencio, hombro contra hombro.

Y un día después, mientras caminaban en la oscuridad, semi invisibles y todos confiando en él para guiarlos hasta el nuevo punto, Sirius se encontró analizando lo mucho que había avanzado en los últimos meses. En los últimos años. Para empezar, ya no estaba solo.

Primero había sido sólo él y sus arrepentimientos. Luego él y Buckbeak y su esperanza de quizá reiniciar una relación con Harry, su querido ahijado, y Remus, su hermano. Luego había sido él y la desconcertante sensación de querer más de la vida, viendo las interacciones entre los Weasley y entre Nymphadora y Remus. Luego era él, empezando a creerle a su amigo, cuando le decía que merecía más, que no era necesario que se siguiera castigando manteniendo al mundo a distancia.

Y luego, antes de que entendiera cómo infiernos había sucedido, estaba decidido a mover cielo y tierra a cambio de terminar vivo al final de todo. Terminar vivos. Con Harry. Con Cassandra abrazada contra su pecho. Con Nymphadora siendo abrazada por Remus, su pequeño hijo o hija entre ambos. Con Ray, con un hermano pequeño bajo cada brazo. Con Ulrich, perdiendo la batalla contra las lágrimas y sofocando en un abrazo a Audrey y a Percy. Con Molly y Arthur intentando que la circunferencia de sus brazos les den para rodear a sus siete niños.

Ahora tenía gente. Tenía toda una maldita aldea.

Sirius soltó un mmh, bajo y suave, para avisarle a todos que había que detenerse. La calle estaba oscura, pero el plan era correr riesgos mínimos, así que sin quitarse de encima los encantamientos, a base de un par de gruñidos y empujones, lograron pasar todos por encima del muro bajo que rodeaba la casa frente a la que se habían detenido. Sirius recordaba esa propiedad. Tenía una puerta en el piso en la parte de atrás, que daba a un sótano. Y el sótano, a su vez, tenía una entrada casi invisible en el piso de piedra que permitía la entrada a un extenso y laberíntico túnel…y al final del camino correcto estaba el destino final de aquella incursión: el Cabeza de Puerco y Aberforth Dumbledore mismo.


Sirius estaba tan malditamente cansado que podría llorar, pero incluso si por fin lograba respirar profundo y tranquilo ahora que estaban lejos de la intemperie y lejos de la mirada del mundo, no lograba conciliar el sueño.

Arthur le había ofrecido mover a Molly, que se había quedado dormida contra su hombro cerca de la medianoche en el sofá que habían compartido mientras comían algo y se ponían un poco al día, para que Sirius se fuera a recostar en alguna de las varias camas que estaban repartidas en las tres habitaciones que rodeaban la sala principal; pero Sirius había rechazado la oferta de Arthur rápidamente.

Primero, porque no tenía sentido. De todas formas no iba a dormir. Y, segundo, no quería despertar a Molly. La verdad era que la mujer no se veía muy bien. Le había sonreído cuando lo había visto entrar a aquella casa subterránea que había construído Aberforth bajo el bar. Lo había tomado de la cara, luego lo había abrazado antes de soltarlo y sonreírle mientras le decía que se alegraba mucho de verlo. Con sus hijos y con Harry, esos gestos gritaban "maternal", pero cuando Sirius se encontraba siendo receptor de esos gestos no podía evitar recordar a Lily. Y recordar que Molly era, al final del día, su amiga.

Su colega en La Orden, en la primera y en la actual. Pero su amiga ahora también. Él, con el peso de 12 años en Azkaban y otro par de años de anonimato, entre una versión de la Orden y otra. Molly, con tres niños más de los que tenía en esos tiempos. Y algo así como 13 o 14 años de edad entre ellos.

Y Molly Weasley era su amiga.

Pero los años no habían pasado en vano. La pequeña mujer estaba pálida. Y ojerosa. Y si el ojo no le fallaba, había perdido peso también.

Así que cuando después de comer, compartir una tetera de té con canela y de responderse mutuamente a las preguntas de cómo estaba Cassandra y los hijos Weasley, Molly se había apoyado contra el respaldo del sofá para quedarse dormida en el siguiente minuto y deslizarse hasta terminar contra uno de sus hombros, Sirius decidió que la pobre necesitaba el descanso. Y si él no podía dormir, pues que Molly durmiera por los dos.

Sirius había reacomodado a Molly, rodeándola con un brazo y Arthur los había cubierto a los dos con una manta y le había pasado a Sirius un pequeño cojín para apoyar la cabeza y salvar el cuello si iba a dormir sentado.

Mirando el reloj que había sobre la pequeña chimenea, Sirius entendió por qué tenía el brazo medio dormido y el cuello adolorido. Marcaba las 5:25. Cinco horas y Molly no había movido ni una ceja y Sirius sintió que un brazo medio muerto era un buen precio a cambio de cinco horas de sueño profundo para ella.

-No ha dormido muy bien últimamente.

Sirius miró sobresaltado hacia el final del sofá, donde estaba acostado Arthur. Darian había leído fácilmente en la cara del hombre pelirrojo la necesidad de mantenerse cerca de su mujer y antes de que nadie dijera nada, April y él habían movido uno de los colchones de las habitaciones, hasta el piso junto al sofá.

-Con Ginny en Hogwarts y Ron Merlín sabe dónde…han sido meses difíciles -continuó Arthur, sentándose en su cama improvisada y apoyando la espalda contra el otro sofá -. Los gemelos intentaron visitarla cada un par de semanas. Bill y Fleur igual. Y Charlie se había estado quedando en La Madriguera. Pero los gemelos ahora se quedan contigo, Bill estaba haciendo de anfitrión para Ron en su casa y Charlie lleva un par de semanas fuera del país con Iggy, entonces…Oh, Ignatia, ¿la recuerdas? -Sirius lo miró confuso, intentando resistir la necesidad de acomodar el brazo, para no despertar a Molly - Ignatia Fenwick.

Oh.

Oh.

Y sí que era pequeño el mundo.

-La recuerdo -le respondió Sirius con una media sonrisa -, bajita, rubia. Los ojos de su padre. Queriendo imitarlo en todo. A Marlene le causaba gracia.

-La misma -Arthur se rio, mirando a su mujer -, sigue bajita. Es una buena chica. Era amiga de Charlie en Hogwarts, bueno…desde antes. Luego se separaron. Abrió su propia librería en el Callejón, libros mágicos y muggles. Tiene un buen corazón y una buena cabeza sobre sus hombros. Y según Molly, es perfecto para Charlie, lo mantiene a raya y centrado, dice. Yo no sé de esas cosas, pero veo a Charlie feliz, con eso me basta.

Sirius le sonrió amplio. La sencillez de Arthur era lo que más le gustaba de él. Era buen padre, también. Y en su libro, lleno de capítulos de familias abusivas y disfuncionales…eso era importante.

-La atacaron, a Iggy -el tono de Arthur se volvió sombrío y Sirius se tensó bajo el peso de Molly -. Estaba sola en su casa y la atacaron de noche. Incendiaron su librería. Charlie la encontró semidesnuda en el patio, bajo algunos escombros.

Sirius sintió que la furia le calentaba la sangre. No era una noticia nueva para él que los bastardos usaran agresiones sexuales para impartir miedo, dolor y pánico, además de hacerlo usando sus varitas. Lo habían hecho con Cassandra también, cuando se había aparecido lejos, llevándose consigo a los mortífagos la noche de la boda de Bill. La habían tocado, la habían convencido de que iba a ser violada y que nadie podría ayudarla. Tenía cicatrices en la cara interna de los muslos, hechas con precisamente esa intención: hacer real la amenaza.

-Charlie dice que no lograron tocarla mucho, no que eso sea mucho consuelo la verdad, ¿no? Pienso en Ginny estando en la misma posición y…Merlín. Pero creo que está bien. Charlie la ha ayudado y es una chica fuerte. Charlie le pidió matrimonio. Molly ya está planificando el color de los vestidos de las damas de honor.

-El verde le quedaría muy bien a Cassandra.

La voz de Molly les llegó algo amortiguada desde donde estaba acurrucada y Sirius no pudo sino sonreír, no sólo por el comentario. Sobre vestidos. Estaban hablando de vestidos a menos de una hora de la reunión secreta más importante que hayan planificado en años. Pero la sonrisa era también por como la expresión de Arthur se había iluminado de golpe al escuchar a su mujer soltar una pequeña broma.

-Estoy de acuerdo, el verde le queda espectacular. Y qué bueno que despiertas, porque no siento el brazo.

-Gracias, Sirius -le respondió Molly después de soltar una risita y ponerse de pie para abrazar a Arthur, que ya la esperaba con los brazos abiertos.

-Buen día cariño, ¿dormiste bien? -Arthur dejó caer un beso en la frente de su mujer y Sirius se sintió sonreír como imbécil ante aquella muestra de cariño, tan sincera y automática.

-Mmh…Sirius es, sorpresivamente, una excelente almohada.

-Hey, Cassandra dice que soy la mejor almohada.


Mientras tomaba lo último del café que Ulrich le había servido a todos, Sirius repasó a los presentes con la mirada rápidamente, intentando leer los ánimos.

April estaba sentada en el sofá que habían usado él y Molly en la noche, acurrucada contra un costado de Darian, que tenía cara de estar medio dormido aún. Marcus estaba en el pequeño espacio que hacía de cocina, preparando una bandeja con galletas -cortesía de Aberforth- y más tazas para servir café o té. Ozz estaba sentado a su lado en la gran mesa que ocupaba la mitad del espacio de la habitación, haciendo equilibrio en las patas traseras de la silla. Ulrich y Audrey estaban sentados frente a ellos, Ulrich perdido en sus pensamientos, ojos fijos en el fuego suave de la chimenea. Audrey con ojos semicerrados, apoyada en su hombro, dando sorbitos pequeños a su taza de café. Molly, sentada un par de sillas a su izquierda, a la cabecera de la mesa, viéndose nerviosa como diablo camino a misa.

Arthur le había comentado a Sirius, en voz baja y mientras Molly se refrescaba en el baño, que creía que estaba particularmente ansiosa de ver a Percy, que se les uniría en algún momento de la mañana. No se habían visto desde la vez que Percy había mandado todo al infierno y se había ido de la Madriguera y Sirius, pensando en ese evento, no se sentía particularmente fan de Percy. Pero Audrey y Arthur habían hablado bien de él, sin contar que les había ayudado cuando fueron atacados en La Resistencia, así que estaba dispuesto a tragarse sus opiniones. De momento.

Eran las 6:15 de la mañana y estaban esperando al resto, que debía dejarse caer prontamente.

Audrey, al parecer siendo pésima manejando silencios nerviosos, empezó con lo que Sirius entendió rápidamente era un intento por distraer a Molly, el origen de toda la energía nerviosa.

-Molly, ¿te contó Sirius ya de su nuevo hijo?

Pero, ¿tenía que ser a su costa? Con cosas falsas, además.

-¿Un hijo? ¿Sirius? -no hace falta sonar tan sorprendida tampoco, maldición - No me malentiendas, Sirius, creo que eres totalmente capaz de cuidar a un niño -siguió rápidamente Molly y Sirius entendió que su intento por disimular que estaba un poco ofendido no había tenido mucho éxito. Eso o Molly era muy buena leyendo sus microexpresiones -, es sólo que no fue hace mucho que decidiste dejar de ser idiota y aceptar a Cassandra en tu corazón. Y se supone que estaban ocultos, ¿de dónde diantres sacaron un niño?

Sirius suspiró profundo y envió una mirada acusadora en dirección a Audrey. Que no se inmutó ni interrumpió su sonrisa presumida hasta que Ulrich la empujó fuera de su hombro, enviándole su propia mirada desaprobadora.

-¿Qué? ¡Es cierto!

-Ignórala Molly -le dijo Sirius, abandonando las miradas enfadadas y dirigiéndose esta vez a la mujer pelirroja -, está hablando idioteces, no he adoptado a nadie.

-Mentira, te he visto como lo sigues con la mirada, atento a cada cosa que hace o dice. O necesita. Y el pequeño Dorian los sigue como cachorrito nuevo.

-Perdió a su familia entera y lo rescatamos nosotros, obvio que iba a apegarse más de lo normal, sobre todo a Cass. Y tiene cuatro años, Merlín, ¿qué esperabas qué hiciera el pobre crío? -el tono exasperado con el que le respondió a Audrey no pasó desapercibido para nadie en la habitación, de eso estaba seguro.

Si debía ser sincero, Sirius no sabía muy bien por qué Dorian era un tema tan sensible. O quizá sí. Verlo rodeado de su familia muerta, en la mitad de una inminente tormenta de nieve había roto algo en su interior. Cass parecía sentirse de forma similar.

-Bueno -comenzó Molly en ese tono conciliador que sólo podía conseguirse criando siete hijos, antes de mirar a Sirius con ojos brillosos y una pequeña sonrisa -, yo al menos me alegro que lo estén ayudando. Después de todo, es nuestro labor, de los adultos, proteger a los niños. Y Dorian…es un buen nombre. Un nombre fuerte -Molly se estiró por encima de la mesa para dar unos golpecitos sobre la mano que Sirius tenía junto a su taza de café -. Y aunque no tenga a sus padres, cuando sea grande estará agradecido de ustedes. Pero lo que yo quiero saber es, ¿ya le pediste matrimonio a Cassandra?

La risa de Sirius rebotó con un leve eco en la habitación, cortando un poco el ambiente serio.

-Aún no, Molly. Aún no. Espero hacerlo cuando ganemos esta maldita guerra.

-¿Y ya te contó, Molly -interrumpió con tono divertido Ulrich, su expresión tan similar a la de su hermana que Sirius casi se encontró sonriendo -, que Sirius piensa hacerles competencia con eso de tener siete hijos?

Molly se atoró con su té y Sirius sacudió la cabeza divertido.

-Dije cinco o seis, Ulrich. No siete -Sirius se rió otra vez cuando vio a Molly modular el cinco o seis con ojos como platos, en silencio.

-Bueno -dijo Molly, aclarándose la garganta un par de veces -si van a tener seis, podrían ponerle Molly a uno.

-No. Molly se va a llamar la primera hija que tenga con Audrey.

Sirius alcanzó a cerrar los ojos justo antes de que Ulrich y Audrey le escupieran café en la cara, ante la interrupción de quien no podía ser otro sino Percy Weasley.

Sirius recibió a ciegas el paño/pañuelo que le tiró Ozz en la cara y escuchó a Molly decir "Santa Morgana en los cielos" con voz ahogada. Y logró quitarse el café de los ojos justo para verla lanzarse a los brazos del hijo que le faltaba abrazar ese año.

Percy, más alto de lo que Sirius esperaba, abrazó a su madre contra su pecho y enconrvándose por encima le susurró algo al oído, reajustando rápidamente el agarre en torno a ella cuando pareció que a Molly le fallaban las piernas.

Tenía contextura física similar a la de Bill. Alto y delgado, pero de hombros amplios y de un tono pelirrojo más similar al de su padre que el resto de sus hermanos.

Sea lo que fuera que le dijo al oído, Molly estuvo de acuerdo, porque la vio asentir contra el pecho de Percy antes de separarse un paso para tomarlo de la cara y mirarlo a los ojos.

-Estás muy guapo -le dijo y Percy soltó una risa/bufido -. Audrey, hija, qué buen gusto tienes.

-¿A que sí? -Audrey, que se había girado en su silla, miraba el reencuentro con la misma sonrisa suave que tenían puesta todos los presentes.

Molly se giró para mirar a Audrey, con ojos llorosos, pero con una sonrisa que Sirius no pudo definir de otra forma sino como traviesa. Ver ese tipo de expresión en la cara de Molly le dio escalofríos, pero le alegraba que ya no estuviera triste, al menos.

-Van a tener niños muy lindos.

-Ow, Molly.

-Te lo mereces por empezar el tema de los hijos hipotéticos -respondió Ulrich al ceño fruncido de Audrey, evidentemente no muy feliz de que ahora se enfocaran en ella.

Sirius apuntó a Ulrich, asintiendo. Sí, ella había empezado.

-Gracias por defender mi honor.

-Oh, tú cállate. Es verdad que adoptaste al cachorro nuevo. O Cass lo adoptó, al menos, y olvidó avisarte.

-No es cierto -dijo Sirius después de un poco elegante pff, desviando la mirada hacia Percy, que ahora abrazaba a Audrey.

Marcus decidió volver a la habitación, paño de cocina al hombro. Y Sirius sabía que, por supuesto, iba a decir alguna idiotez.

-Sí lo es. ¿Cuántos días llevas sin dormir a solas con tu mujer? No son exactamente silenciosos, así que sé que no han estado ocupando las noches en-¡Kingsley!

¿Ah?

Ah. Kingsley entraba con todo su púrpura esplendor a la cocina y estaba siendo abrazado por un muy entusiasta Marcus. El muy estoico ex Jefe de la Oficina de Aurores se veía divertido, con la cara atrapada contra el hombro de Marcus, claramente acostumbrado a sus excentricidades.

-Williamson ¿Qué has hecho sin mí estos meses? ¿Ya le confesaste tu amor a Evans? ¿Le eligieron ya el nombre a sus hijos?

-¡Oh, vamos! -Ozz estaba sonrojado hasta la punta de las orejas.

-Porque sino, me gustaría sugerir-

-Olvídalo, no voy a ponerle Kingsley a mi hijo, Merlín -lo interrumpió Marcus, alejándose del abrazo y yendo a sentarse junto a Ozz-. Ya lo van a molestar suficiente con que su otro padre se llame Osmar.

Ozz hizo un ruido similar al de una ballena moribunda.

-¿Es "tener hijos" código para algo clandestinamente estratégico o realmente tenemos que ponernos a parir? -Sirius se estiró para mirar por sobre Ulrich a la mujer que había hablado. Su voz ronca y tono muy serio chocaban con las palabras que había dicho en broma. ¿O no lo había dicho en broma? Sirius no estaba seguro.

La mujer era delgada y de cabello largo, oscuro y liso, y los miraba a todos con la mejor cara de póker que Sirius había visto en su vida.

-Eh, espero que sea un código, porque nada en contra de los niños, pero no sé si logre mantener vivo a uno por mucho tiempo -por encima de la cabeza de la mujer, se asomó un hombre enorme. No era mucho más alto que Ulrich, pero era corpulento, de hombros anchos y claramente en forma.

Y colándose entre ellos por el espacio que quedaba de puerta, apareció Charlie arrastrando tras él a la que debía ser Ignatia Fenwick.

-¿Quién está embarazado y por qué diablos le vamos a poner Osmar? -preguntó Charlie a la habitación, antes de ir a abrazar a su madre.

El sonido de la cabeza de Ozz golpeando con fuerza la mesa dio por terminado el tema.

Treinta minutos después y todos los presentes sentados en torno a la mesa con tazas de café o té según preferencia, escuchaban a Minerva McGonagall con expresiones severas y preocupadas.

-¿Dónde están esos niños ahora? -la pregunta llegó desde el lado derecho de Sirius, del hombre que había llegado con Charlie. Él y la mujer se habían presentado como Andrei Servan e Iorana Nita, ambos amigos de Charlie, de Rumania.

La profesora, que había sido la última en llegar a la reunión, acababa de soltarles la información de que cada día había menos alumnos en las filas de Gryffindor.

-Ocultos en la Sala de Menesteres, bajo condiciones muy específicas. Entiendo que los más pequeños se quedan ahí de forma permanente a medida que va siendo necesario y los alumnos más grandes se mueven de vuelta. Se aparecen en clases un par de días e intercambian con otros alumnos, para que no se vea tan vacío. Y para conseguir provisiones. Aunque con eso le han ayudado los elfos. Kreacher está con ellos por cierto, Sirius.

Sirius sonrió al escuchar eso, aliviado de escuchar que el elfo doméstico no había quedado en manos de Yaxlei cuando invadió Grimmauld Place. No habían sido grandes amigos, nunca, pero habían logrado llegar a acuerdos en la relación que tenían y eran cordiales el uno con el otro. Y Cassandra le tenía especial cariño al elfo.

-Sí, se ha estado moviendo con Dobby por acá -comentó Aberforth apoyado contra el respaldo de su silla -y el chico Longbottom dice que la sopa de cebolla que cocina ha sido un éxito entre los chicos.

-¿Tienes cómo comunicarte con ellos? -le preguntó Molly, su mano firmemente agarrada de la de Arthur.

-Ja. Tengo más que cómo comunicarme con ellos. Tengo un túnel directo a la Sala de Menesteres.

-Me estás jodiendo -soltó Audrey y Ulrich suspiró, rendido ante las expresiones groseras, pero siempre sinceras de su hermana. Hermana que, desde que había llegado Lee "eres el imbécil que coqueteaba en la radio con mi hermana" Jordan, se había pasado lo que llevaban de reunión sentada en el regazo de Percy.

Un Percy que había mirado con ojos entrecerrados a Jordan antes de acomodar a su novia encima de él y rodearla con los brazos en un claro movimiento territorial y que ni se había inmutado cuando Audrey lo trató de "novio loco, deja de ser tan ridículo".

No que Audrey se viera muy molesta en realidad, en opinión de Sirius. Se había encogido de hombros y acomodado contra su pecho. Ulrich se había cruzado de brazos y asentido en aprobación. E Ignatia había agregado a la mezcla un "hey, Charlie, eso lo sacó de tu lado de los genes".

Y todos dieron por terminado el asunto.

-No estoy jodiendo. Si Harry se aparece en Hogwarts, tenemos como entrar. Si hay que evacuar el Castillo, los niños tienen como salir.

-¿Habló Ron finalmente, antes de irse? -Ese era Charlie, preguntándole a Bill lo que Sirius llevaba días queriendo saber.

-Se quedó hasta anteayer -empezó Bill que había llegado poco después de Charlie con Fleur a su lado, respondiendo rápidamente a las caras de preguntas que casi todos -Tuvo una discusión fuerte con Harry, por eso se fue. Ron cree que fue incitado por alguna otra fuerza, porque luego no lograba entender por qué estaba tan enojado en ese momento. Llegó a nuestra casa un poco más de semana antes de navidad y mantuvo el silencio durante días y nosotros…tratamos de no presionarlo, se veía tenso y al límite. Antes de irse nos dijo que él, Hermione y Harry llevaban todo el tiempo desde que escaparon del Ministerio recorriendo el país en busca de cosas que necesitaban destruir antes de poder eliminar de forma definitiva a Quien-ya-saben -¿cosas que destruir antes que a Voldemort? Sirius le había escuchado a Harry decir algo similar, aquella noche que habían hecho las paces en Grimmauld Place-. Que el profesor Dumbledore les había dejado instrucciones, no muy claras pero -

-Por supuesto que poco claras. Albus no habló claro ni de frente un maldito día en su vida -Aberforth no sonaba contento. Sirius tampoco lo estaba -Y si su instrucción fue específicamente que Harry, solo, fuera el que buscara estas "cosas", no sólo fue poco claro, sino perverso.

Sirius retuvo el aire que tenía en el pecho, sabiendo desde ya que no le iba a gustar lo que iba a decir Aberforth a continuación.

-Mi hermano lo envió a destruir Horrocruxes. Y, maldición, no hacía falta que hiciera eso solo.


-Ya no tienes cara de estar abandonando este plano terrenal.

Cassandra alejó la mirada de su último y actual proyecto de costura y sonrió en dirección a Remus, que venía acompañado de Callista.

-Sí, parece definitivamente menos muerta que cuando se desparramó en el piso de la cocina.

Cassandra hizo una mueca ante el recordatorio de ese evento en particular. No habían alcanzado a agarrarla y le había dado con la cara al borde de una silla. Tenía la mejilla de colores horrendos, pero ya no le dolía, gracias a Venice que había agregado cosas para el dolor y la inflamación a los sueros que había colgado por sobre su cabeza, intentando mantenerla viva el día anterior. Cassandra no recordaba mucho, pero la vía intravenosa no había sido divertida de instalar, de eso sí estaba segura.

-Gracias, me siento asquerosa -le dijo a ambos, haciéndole espacio a Callista para que se sentara junto a sus piernas -. Mejor, pero asquerosa.

-¿Qué? ¿Los baños de esponja de Ray no fueron suficientes?

Y ese era otro episodio en lo que en su mente ya comenzaba a llamarse La Semana de la Vergüenza. Aunque entendía perfectamente que cuando Venice y Ray se metieron con ella semidesnuda a la ducha y le cambiaron la ropa todas las veces que fue necesario en sus momentos de sudoroso delirio por fiebre y vómitos intermitentes, había sido en la mitad de una urgencia médica. Venice le había dicho que en un momento su temperatura fue tan alta y por tan largo tiempo que hasta ella se había puesto algo nerviosa esperando que despertara de sus desmayos, esperando que no hubiese daño cerebral. Ray y ella habían logrado mantener su temperatura en niveles menos riesgosos turnándose para refrescarla de pies a cabeza con paños tibios y húmedos y algunos hechizos que recomendaron Abby y Venice.

Si tenía que ser sincera, lo que más le avergonzaba de toda la situación era que hubiesen visto el largo y contundente repertorio de cicatrices que tenía en todas partes. Del resto, estaba muy agradecida.

-Baños de esponja muy respetuosos, vamos a recordar en voz alta cada vez que se pueda y que surja el tema, para darle menos motivos a Sirius para que me mate, ¿entendido? -terminó Ray en una pregunta, mirando nervioso a Remus.

Remus sólo sacudió la cabeza divertido.

-¿Como está Tonks? -Le preguntó Cassandra a Remus, acomodándose contra sus muchas almohadas. Era su cuarto día enferma, el tercero en cama, y ellos eran las primeras visitas que tenía desde que despertó después de su última fiebre.

Ahora que tenía la cabeza más despejada, pretendía sacar toda la información posible de lo que pasó mientras ella estaba ocupada no-muriéndose.

-Preocupada, pero cuando le cuente que ya comiste y estás trabajando en el siguiente animal de peluche para nuestro hijo o hija, estará más tranquila -la sonrisa amable de Remus lograba siempre hacerla sentir mejor.

El lobo de peluche había sido todo un éxito. Tonks había gritado y dado saltitos. Remus se había apretado el puente de la nariz 11 minutos seguidos. Lo habían cronometrado con Sirius.

Éxito.

-Pues lo lamento, Remus. Héctor el Lobo tendrá que seguir esperando por un amigo, éste es para Dorian. Es un mono -dijo mirando los trozos de tela suave color marrón-. O lo será, espero.

Sirius había mencionado que Dorian parecía un mono chiquito colgado de su cuello, cuando lo llevaba de un lado a otro en brazos. Bueno, había dicho que era como un pequeño Kappa, que era algo así como un mono acuático, pero mono al fin y al cabo. A Dorian, que de a poco se mostraba más tranquilo y confiado, le había hecho gracia.

-El mocoso está bien, por cierto -le dijo Rayton acomodándose en lo que había sido su lado de la cama, desde donde la había estado vigilando mientras dormía los últimos días -El renacuajo es genial. Y Remus lo ha estado acompañando…es como el susurrador de niños, te juro. O el flautista de Hamelin, si quieres comparar niños con roedores. Tiene talento.

Remus alejó la mirada, claramente avergonzado y Cassandra decidió que esa era una expresión que su amigo no debía tener nunca en la cara.

-Hey, no pongas esa cara. Recuerdo perfectamente el excelente trabajo que hiciste de profesor en Hogwarts. Tratabas a los niños con respeto y no les hablabas o les suavizabas el lenguaje como si fueran tontos, como muchos profesores hacían. Por eso eras el favorito. Eres realmente bueno tratando con niños y tu cachorro será el más afortunado de la camada, al tenerte como padre.

-Gracias, Cassandra. Y Dorian sí está muy bien. Es inteligente y sabe leer bien a la gente, así que está silencioso y parlanchín dependiendo de la gente que lo rodee. Pero te extraña.

-Sip -Cass se giró a mirar a Ray -, ha intentado negociar con todo el que esté dispuesto a escucharlo, por una visita a esta habitación para verte. Y es bueno negociando, dejame decirte.

Cassandra sonrió, volviendo a reacomodar lo que sería en el futuro -ojalá- un monito de peluche. Le gustaba Dorian. Le partía el corazón un poco mirarlo a los ojos, grises y rasgados, porque volvía a ella la imagen de la bebé, con ojos tan similares, que había sujetado en sus brazos por unos minutos.

Cassandra no se reconocía a sí misma como alguien que se llevara bien con los niños, pero Dorian era…fácil.

No, no fácil. No cuando le dolía el pecho mirarlos a los ojos o se le apretaba la garganta cuando le rodeaba el cuello con sus brazos cortitos, en abrazos silenciosos. Pero era…cómodo. No le molestaba tenerlo en brazos, ni responder a sus 437 preguntas diarias. O intentarlo. A veces preguntaba cosas impactantes que la dejaban imitando búhos en estado shock. Pero era un buen niño. E, incluso si partía sus años enfrentando cosas tan crueles y ahora sin familia, Cassandra tenía la impresión de que el pequeño monito estaría muy bien.

Tenía un gran futuro por delante.

-¿Y han seguido saliendo en rotaciones a buscar gente? ¿Ya apareció la no-novia de George?

-Sí, es el motivo por el que no dejamos que entrara mucha gente a verte. No sabíamos si estabas enferma de lo mismo que el resto, no queríamos más gente en cama, sobre todo quienes podían entrar en rotaciones para rastrear gente de noche. No sin el riesgo de posponer o cancelar salidas -ese era Ray otra vez-. Y no hay noticias de la chica. Pero hace poco volvieron Emerick, Fred y George con tres chicos, jóvenes, y una señora mayor, de unos 80 años ¿quizá?

-Esta guerra es una mierda -soltó Cassandra, asqueada -. Tienen a bebés muriendo en el frío y a señoras mayores huyendo y ocultándose en la nieve ¿Que mierda le pasa al mundo?

-Amén a eso hermana, pero la señora ha tenido suerte. Los chicos te van a gustar -le dijo Callista sonriéndole -, tienen corazón de oro. Les tocaba ir al Sexto año en Hogwarts, hijos de muggle, y huyeron de casa para proteger a sus padres. Uno de ellos, Gabriel, comentó a los otros, Daniel y Frances, que creía que su vecina ya mayor pretendía huir también y pasaron por ella antes de partir. Llevan juntos tres meses, la adoptaron como su abuela. Se llama Adelle y es muy dulce.

Ay, Merlín misericordioso.

-Call, averiguame sus postres favoritos -Callista se rio en la mitad de un "claro, jefa" -. Y cuál es el tuyo? -Ray le levantó una ceja en pregunta cuando Cassandra se giró a verlo -, quiero negociar el precio que tiene que me laves el cabello.

Y sí, esa era ella intentando mejorar un poquito el mundo usando animalitos de peluche y recetas dulces.


Cassandra se sintió catapultada hacia la conciencia, repentinamente y la mitad de un sobresalto. Le había pasado tantas veces en su vida que ya lo reconocía de forma intuitiva. El fin de una pesadilla.

-¿Quién es Cézar?

Cassandra dio otro pequeño saltito, rebotando suavemente en la cama y abrió rápidamente los ojos, buscando a Ray.

Lo encontró sentado en la cama, con la espalda apoyada en el respaldo de madera, con un libro abierto en el regazo. La mente de Cassandra captó varios detalles importantes a la vez. Que Rayton tenía puesto anteojos. Eran grandes y de marco grueso. Y en otra persona se verían quizá algo estúpidos, pero por supuesto que a él le quedaban muy bien. Pensó, también, que apoyarse en el respaldo de madera se veía incómodo y era algo idiota que no usara una almohada, cuando a ella la tenía rodeada de una veintena de ellas. Pero había un detalle que le ganaba a todos los otros y la mirada de Cassandra se enfocó completamente en ello.

Entre ella y Rayton, estaba durmiendo Dorian.

-Se coló a la habitación a medianoche -le explicó Ray en voz baja, cerrando el libro-. Su intento por ser sigiloso fue tan malditamente adorable que no tuve corazón para detenerlo y Venice dijo que ya no eres contagiosa. Fingí estar dormido.

Ray sonreía ahora, desviando la mirada hacia el niño y Cassandra se encontró sonriendo también porque, ¿cómo diablos lograba Dorian ser tan tremendamente delicioso y sí, adorable, sin hacer esfuerzos? Estaba panza abajo, su cara contra las mullidas mantas, una manita enredada en un mechón del cabello de Cassandra.

Cassandra estiró una mano con intención de cubrirlo con algo de las mantas que ella estaba usando antes de notar que Ray ya se le había adelantado y lo había tapado con su chaqueta. Así que uso la mano, en cambio, para alejar el flequillo de cabello oscuro de la frente de Dorian, teniendo cuidado de no molestarlo.

-Cézar es mi hermano mayor -respondió Cassandra a la pregunta de Ray, manteniendo la voz baja -. Su gemelo se llama Rufus.

-Ah, sí. A ese también lo mencionaste en sueños.

-Pesadillas -aclaró Cassandra, el tono de derrota sonó fuerte en su voz, incluso si hablaban en murmullos bajos.

-Ah -sí, pensó Cassandra, eso lo resumía más o menos -. ¿Quieres contarme más?

¿Así como querer, querer contar más? Cassandra no estaba segura, pero se encontró respondiendo a Ray de todas formas. Rayton era un buen amigo. Y había sido un gran amigo para Sirius en el tiempo que llevaba en La Resistencia. Cassandra tenía la teoría de que su actitud y sonrisas despreocupadas, equilibradas de forma impecable con su evidente necesidad de ser responsable por la gente a la que amaba, le recordaba a James Potter. Y Cassandra sabía también que Ray había sido confidente de Sirius más de una vez, en aquellas noches en las que con toda premura abandonaba la cama que compartía con Cassandra, intentando alejar de ella la oscuridad que lo ahogaba después de pesadillas particularmente sombrías.

-No fueron buenos hermanos -comenzó Cassandra, girándose hasta quedar de lado, cara a cara con Dorian, pero con la cabeza apoyada en la almohada de forma que no fuera tan difícil mirar a Ray-. No, no sólo no fueron buenos hermanos, fueron los peores. Y quizá lo encuentres particularmente terrible, ahora que lo pienso, considerando lo excelente hermano que eres para Ozz y Freya. La mitad de mis cicatrices son firmas de ellos. Hay algunas que las tengo de tan joven que no recuerdo cómo me las hicieron, la verdad -como la que tenía cerca de la línea del cabello en la nuca, por ejemplo -. Cézar prefería usar su varita y Rufus…bueno, Rufus siempre fue más físico para todo. Le gustaba usar las manos.

La habitación se quedó en silencio, excepto por el sonido de la suave respiración de Dorian.

-Lo lamento, Cass -la voz de Ray sonaba justamente así, apenada -. Recordaré sus nombres, por si nos cruzamos en el futuro. Y, si lo ves, me apuntas también al bastardo que dejó esas cicatrices en tus muslos -la cara de Cassandra se contrajo en una mueca antes de que pudiese controlarse -. Sé que está vivo, porque sé que Remus y Sirius planean que tenga una muerte dolorosa.

-Es una cicatriz más entre varias, Ray.

-No, no lo es.

No, no lo era.

-Okay. Gracias.

-¿Por qué das las gracias? -Ray se veía molesto y Cassandra le dirigió una sonrisa que esperaba que reflejara con sinceridad sus sentimientos.

-Porque te importa, Ray. No a mucha gente en mi vida le ha importado ese tipo de cosas, ni se ha indignado en mi nombre por ellas. Esto de que a la gente le importe, es relativamente nuevo para mí. Y gracias por cuidarme. Y preocuparte.

Ray estiró una mano y usó un dedo para hacer desaparecer la arruga que al parecer se había formado entre sus cejas en la mitad de su emocionado discurso.

-De nada, cariño. Ahora duerme, que mañana te saco a tomar aire. Y dejamos que la habitación respire, también, Merlín. Ya huele madriguera de mooncalf. Con un mooncalf muerto adentro.

-Le voy a contar a Sirius que me viste desnuda.

-¡Respetuosamente!


Día cinco desde que había enfermado y Cassandra por fin se sentía humana nuevamente.

Quién hubiese pensado el tremendo valor que tenía poder sentarse temprano por la mañana, cabello limpio, envuelta en una manta y con tazón de café en mano, a respirar aire fresco con canto de pájaros de soundtrack.

Bueno, el valor de no estar con 40 de fiebre y vomitando las tripas también era alto.

Cassandra estaba esperando que Ray volviera por ella, para ver si la panza le resistía un desayuno liviano, pero más contundente que la sopa de verduras y pollo en lo que habían basado su dieta hasta el momento.

Aquella mañana Cassandra había despertado para encontrarse con el primer plano de los ojos grises y rasgaditos de Dorian mirándola fijamente. Le estaba peinando el cabello con una mano y Cassandra entendió que era eso lo que la había despertado. Y entonces el crío le había sonreído amplio y Cassandra había sonreído en respuesta, hasta que Dorian había abierto la boca.

-Huele a caca de mooncalf aquí.

Cassandra había interrumpido su grito indignado para mirar feo a Ray, que se reía escandalosamente desde la puerta de la habitación.

-¡No le enseñes esas cosas a Dorian!

Ray la había ignorado por completo y se había acercado hasta inclinarse por sobre Cassandra para chocar palmas con Dorian. Bien hecho, pequeño Kappa, le había dicho y Dorian se había visto muy feliz con el halago.

Cassandra se había enfurruñado por medio minuto, pero había disculpado rápidamente a Ray cuando le dijo que había coordinado con Freya para que la ayudara a bañarse y, más importante aún, ¡para lavarse el cabello!

Remus había aparecido un minuto después para llevarse en brazos a Dorian, para prepararlo para el día. Que era el código para "bañarse, vestirse y comer". Él y Tonks estaban felices de practicar con el monito, mientras nacía el de ellos.

Ray la había llevado de la cama hasta la tina, donde la ayudó a sentarse antes de desaparecer y luego Freya había salido de la nada, para ayudarla a desvestirse, bañarse, lavarse el cabello y volver a vestirse con ropas limpias y frescas.

Entonces la sesión de spa había continuado con Ray llevándola de vuelta a la habitación -dónde ya había cambiado toda la ropa de cama y abierto las ventanas para que entrara el frío, pero limpio aire de la mañana- y le había trenzado el pelo, antes de acarrearla envuelta en una manta hasta el pequeño sofá junto a la puerta trasera de la casa.

Y la vida era buena, nuevamente, pensó Cassandra cerrando los ojos y alzando la cara al cielo.

Sobresaltada, Cassandra sintió que le quitaban el tazón de café de un tirón antes de sentir que la agarraban, frazada y todo, y terminaba sentada en un regazo.

Sirius -le informaron sus mariposas que al reconocer su abrazo y su limpio olor a bosque, enloquecieron en todas partes, entre sus tripas.

Cassandra hundió la cara en el cuello de Sirius, entregándose por completo a su abrazo, su barba más larga de lo habitual haciéndole cosquillas en la mejilla y nariz.

-¿Cómo es eso de que intentaste morirte sin mí a tu lado, amor?

Sus mariposas suspiraron y se calmaron por fin, desmayadas, al escuchar la voz de Sirius, baja y ronca, después de tantos días.

-Lo lamento, Sirius. Venice no entiende muy bien qué pasó. Yo tampoco.

-Los asustaste -le respondió Sirius, alejándola un poco de su abrazo para mirarla a los ojos y peinando hacia atrás el cabello que había escapado de la trenza -. Ray tenía las manos temblorosas cuando me contó el resumen de lo que había pasado estos días.

Cassandra sonrió a eso, antes de volver a pegar la cara contra el cuello de Sirius. Merlín, cómo había extrañado su aroma. Su voz. Y su todo, la verdad.

-Eso puede ser porque tiene miedo de que le amputes alguna extremidad porque me vio desnuda.

El bufido que soltó Sirius la hizo reír bajito.

-Me contó eso también -aunque no podía verlo, Cassandra identificó la sonrisa de Sirius mientras decía eso -. Es un buen amigo y creo que entras en sus equivalencias como una hermana pequeña ¿No estás preocupada por eso, cierto? -agregó más serio, al final.

-No, no -Cassandra suspiró largo y profundo, sintiendo nuevamente el peso de lo que habían sido los últimos cinco -largos-días -. Realmente parece que no se vio bien la cosa, por un momento. No recuerdo mucho, además de sentirme terrible y tener las tripas doloridas de tanto vomitar -Sirius respondió a eso sólo con un mmh y más firmeza al abrazarla contra su pecho - ¿Cómo les fue en Hogsmeade? ¿Llegaron a acuerdos? ¿Conclusiones? ¿Se sabe más de Harry?

Sirius la reacomodó contra él antes de agacharse a recoger del piso el tazón de café que había secuestrado de entre sus manos un minuto atrás y volvió a pasárselo, antes tomarla del mentón y besarla en los labios.

-¿Conclusiones? Sí…la principal siendo que es más valioso tener amigos que galeones en Gringotts -Sirius se interrumpió para volver a besarla, esta vez en la mejilla amoratada y luego en la nariz -. Vamos a estar bien, Cass. Vamos a estar bien.


Es jueves y cumplí la promesa. Ni yo me la creo.
Me deja muy feliz este capítulo, creo. Más largo que el anterior, para compensar. Ray en modo hermano mayor y Dorian siendo adorable. Las conversaciones sobre hijos hipotéticos, creo, no sólo son forma de alivianar el ambiente, sino muestra de que aunque están hasta el cuello hundidos en guerra y muertes, siguen pensando en un futuro que permita esas cosas. Percy y Molly...quería que tuvieran un reencuentro que no fuera tan apresurado, justo antes de enfrentar a Voldemort. Claramente, hubo más interacciones entre ellos de lo que se ve aquí, pero lo guardaremos para cuando le toque ese capítulo a Vida en Colores. Y que vale más tener amigos que dinero era algo que siempre decía mi mamá y creo que tenía MUCHA razón.

Como siempre, me encantaría saber sus opiniones sobre el capítulo. Si logro tener el otro publicado para el otro jueves quizá podemos instaurar los Jueves de Ovejas Negras, no? Ajajaja Abrazos para todos. Gracias por seguir aquí después de tantos años. Nos leemos!

Nicola.-