Seguimos trabajando duro con los capítulos sin embargo es posible que pronto termine por atrasar de nuevo los capítulos, no se preocupen me aseguraré de que al menos haya uno cada semana. por cualquier cosa, trataré de avisar con algo de anticipación.

Sin más, LET'S READ

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Capítulo 67: Reprimenda.

El ejército había sido hecho retroceder. Las bajas habían sido suficientes como para ello, y ciertamente la más afectada en todo el fallido plan era la nueva general del ejército.

Había ordenado la retirada y desde entonces estaba encerrada en sus barracas, lejos de los interrogatorios de sus comandantes y capitanes. La sensación era horrorosamente sombría, como si una oscura presencia se hubiera manifestado en el cuartel, no, en toda la colonia de Centauros.

Algunos de los implicados solo guardaban silencio, tratando de no romper la excesivamente delicada situación. El pensamiento colectivo era obvio: Los Centauros nunca eran derrotados en fuerza conjunta. Había excepciones claras, Centauros solitarios que se negaban a sumar su fuerza a la destructiva ola imparable que representaba el pueblo centauro. Pero incluso entre esos desertores, los nombres sonaban con fuerza, simplemente lo que había ocurrido era inaudito.

¿Cómo demonios el pueblo centauro había sido derrotado?

Las calles silenciosas anunciaban esa derrota. Una conquista que perfectamente pudo haberse considerado un saqueo más había terminado con cientos, si no es que miles de centauros muertos, una derrota aplastante por donde quiera que se viera. Es cierto, se lograron hacer con la base de Los Hijos de la Noche, pero dejando de lado una estructura sin valor estratégico, y apenas una veintena de cachivaches que realmente no podrían aprovechar; realmente no lograron ganar nada.

Dentro de uno de los centros sociales del lugar, al menos había una pequeña oportunidad para hablar con cierta más normalidad, la gran mayoría de los clientes eran oficiales y nobles retirados que escupían bilis con sus palabras en contra de la única sospechosa de lo ocurrido, Roxank, la recién llegada al poder.

De entre aquellos más molestos, se podía ver uno con varias heridas, en forma de cicatrices de hace años y vendajes recientes, presumiblemente estas últimas hechas en la batalla de hace un día, su nombre está grabado a fuego en una placa metálica en su jarra, mandada a hacer por el propio tabernero del lugar por cierta "lealtad" al establecimiento.

Homemus - ¡Esa maldita perra! ¡Todo es culpa de ella!

Grita en una grave voz, apretando el asa de su jarra hasta casi grabarle con su fuerza la forma de su mano.

Homemus - ¿¡De dónde demonios voy a sacar dinero para el siguiente mes!? Aposté todo para comprarme armas nuevas y ahora no tengo ni eso, ¿No crees lo mismo, Stephodem?

Dice mientras apunta con su dedo a otro centauro, vestido con varios trozos de pieles coloridas, presumiblemente, un conjunto de las Cutiemarks de varios ponys anteriormente derrotados por él.

Stephodem - ¡No me hables! Esos malditos equinos se llevaron todo ¡No dejaron ni un maldito cuerpo!

Su enojo le hace estrellar su jarra contra la mesa en la que estaba bebiendo, terminando por destrozar el recipiente en el que estaba bebiendo.

Homemus - Entonces estamos de acuerdo, ¡Esa maldita debería irse ahora!

Grita con fuerza antes de que todos los demás presentes vitoreen aquellas palabras.

Stephodem - ¿Entonces vas a hablar con ella?

Homemus - ¿Voy? ¡Todos iremos y le diremos lo que pensamos de ella!

En una mezcla extraña de valentía, producto del alcohol, y suficientes malas decisiones; una pequeña comitiva de oficiales comenzaron a dirigirse al edificio que la recién llegada había designado como su base principal. Una pequeña fortificación amurallada con piedra oscura y vigas hechas a partir de troncos visibles por toda la fachada.

No había guardias que les parasen, algunos incluso viendo las intenciones de tomar la fortaleza por la fuerza no hacían más que echar la vista a un lado, dejando el paso libre para que el grupo entrase sin contratiempos. Estaba más que claro que la mayoría de los Centauros ya no veían con buenos ojos a su nueva gobernante.

Flashback

La cabeza de su antiguo rey golpeaba con fuerza el suelo, a la par que una hoja oscura se contrae hasta tomar la forma de una mano humanoide.

Roxank - De acuerdo, un problema menos.

Menciona con arrogancia mientras derriba el cuerpo decapitado del antiguo soberano para poder ocupar su lugar en el trono.

Roxank - Lord Zalgo está bastante agradecido con su pequeño proyecto de establecer una base. Su trabajo ahora será el de preparar las cosas para la llegada de Abaddon

Sus ojos grises resplandecían con fuerza mientras su sonrisa dejaba ver una veintena de colmillos y dientes monstruosos, dejando ver sus emociones, pero por sobre todo una amenaza latente de que solo la muerte le recibiría a quienes le tratasen de enfrentar.

Por la primera semana efectivamente, varios centauros habían sido eliminados por tratar de enfrentarse a la nueva mandamás del lugar. Entre ellos los siete hijos del último rey, casi toda la corte real y varios militares con una muy mala suerte.

Fin del Flashback

En esta ocasión era diferente. Entre solo los capitanes y los comandantes habían al menos dos docenas de centauros, sumados a la propia guardia de la casa real, más algunos colados igualmente inconformes dentro del pueblo llano; en total habían cien centauros de todas edades y tamaños.

La posibilidad de victoria ahora ya no era un cero absoluto. Ella misma había sido derrotada, y por más fuerte que fuese, una centena de centauros sería demasiado para ella, definitivamente desbordaban la confianza de siempre, podían ganarle a esa criatura, la harían volverse su esclava y someterla a su voluntad. Era lo menos que le correspondía por haber asesinado a su rey y cometer errores tan garrafales en la última conquista.

Cuando por fin estuvieron al frente de la puerta el autor original de la idea apenas y se molestó en llamar a esta. Literalmente partió aquellas hojas de madera endurecida de una patada con sus cascos delanteros.

Homemus - ¡Roxank! ¡El imperio que trataste de someter se revela! ¡Así que...!

Sus palabras fueron arrancadas de su boca. Lo que vio simplemente le había helado la sangre haciéndolo palidecer totalmente al punto de que ni siquiera podía tragar saliva:

Las rodillas de la mujer estaban perfectamente clavadas al suelo, sin embargo todo lo que estuviera de su cintura hacia arriba estaba unido por una viscosa formación, como si alguien hubiera estirado demasiado una pieza de goma de mascar hecha de alquitrán. Y todo el torso se encontraba estirándose para estrellarse con dureza contra cualquier cosa en la habitación, desde los muebles hasta las paredes, el techo y el suelo.

Es en uno de estos movimientos que el torso de la mujer se impacta a los cascos de Homemus, paralizándolo de golpe. Las venas amoratadas bajo la piel blanca de la chica, hacen ver realmente dolorosa aquellos movimientos, sus ojos en blanco, sus articulaciones orientadas a un lugar que no deberían poder doblarse. Lo peor eran los gritos, esos alaridos de un dolor tan inenarrable que achica el corazón de quienes son testigos.

Finalmente y antes de que los Centauros puedan reaccionar, en medio de los gritos de dolor la mujer trata de sujetar sus manos a los costados de su cabeza. Lo siguiente que la mente del Centauro pudo procesar, fue el momento en que pudo ver los ojos de la mujer en el momento en que la cabeza de esta se partió en mil pedazos.

Este centauro que estaba más que adaptado al horror de la conquista y las matanzas contra todo tipo de equinos, ahora solo podía ver con horroroso asombro la escena; tal vez por la similitud entre los rasgos faciales de ambos.

El problema fue cuando dio un paso más al frente, tratando de averiguar qué había pasado, todo el frente de su cuerpo había sido perforado por al menos cientos de afilados aguijones hechos a partir del cuerpo inerte de la mujer.

Todos los demás centauros comenzaron a retroceder varios pasos para evitar ser los próximos en ser empalados.

- Más te vale no volver a fallar.

Aquellas palabras lastimaban los oídos de los presentes, como si tratasen de abrir sus cráneos con martillazos. Esa voz era similar a la de un coro completo y desafinado de cien demonios hablaran al unísono con las voces más graves, reverberantes y rasposas que pudieran hacer.

Lo más aterrador fue el momento en que aquella mujer, la que hasta hace unos segundos estaba muerta, y que hasta hace unos minutos estaba siendo destrozada por la fuerza de los impactos; empezó a reconstruirse. Pieza a pieza, como si fuera un macabro rompecabezas, Roxank prácticamente volvió a armarse y comenzó a respirar.

Seguía de rodillas en el suelo, tratando de recuperar el aliento mientras se apoyaba en el piso con sus manos temblorosas.

Roxank - No le fallaré de nuevo, Lord Zalgo. Los traidores pagarán con sangre las fallas cometidas.

Dice casi en un susurro antes de comenzar a levantarse, empezando a caminar con cansancio hacia los centauros, ahora aterrorizados por lo que pasó.

En el momento en que sus pies, arrastrándose por el suelo golpearon el cuerpo del Centauro Homemus, bajó su mirada, ofreciendo una mueca de total indiferencia antes de continuar caminando hacia afuera de la habitación.

Roxank - Limpien esto.

Ordena con dureza mientras todos los demás centauros solo tratan de comprender lo que habían visto, y quizás inconscientemente rogando por no tener que enfrentarse a lo que sea que ella había experimentado.