Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.


11. Limpias afuera y a las horas comienza a llover.

*Bayer es el santo de Boyero, en Omega*


Era temprano cuando Bayer salió de su pequeña casa en los suburbios de Atenas con una pequeña cubeta llena de trapos y un par de escobas. Con una sonrisa ladeada, se puso sus audífonos inalámbricos y comenzó a barrer la entrada con suma tranquilidad; le encantaba la limpieza, y después de ver que sorprendentemente el Sol había decidido salir un poco esa mañana, Bayer había decidido hacer lo mismo y darle algo de mantenimiento a su hogar.

Alguna vez había leído que un hogar limpio y bien cuidado atraía buenas energías, y él sabía que eso era lo que más necesitaba en esos momentos.

Decidido, cortó algunas hierbas que estaban creciendo alrededor de la fachada de su hogar, limpió las ventanas por el exterior, recogió la basura, saludó a algunos vecinos que pasaron frente a él y cuando terminó miró su trabajo con una sonrisa de satisfacción. Incluso había lavado su bicicleta, que estaba encadenada a una de las protecciones de la ventana, y brillaba como la primera vez que la compró.

Feliz por los radiantes resultados, y exhausto por las largas horas de trabajo (toda la mañana, ni más ni menos), Bayer entró a su hogar dispuesto a tomar el resto del día como un momento de relajación.

Primero tomó una larga y merecida ducha, al salir, bien abrigado porque notó una leve ráfaga de frío, se dirigió a la cocina dispuesto a prepararse un almuerzo nutritivo y bien merecido.

Mientras comía, viendo una de sus series favoritas en la televisión, comenzó a escuchar pequeños golpeteos que lo hicieron fruncir levemente el ceño. Se escuchaban como pequeñas, pequeñas gotas de lluvia.

Bayer abrió los ojos con sorpresa y rápidamente se levantó de su lugar para asomarse por la ventana. Tal y cómo lo sospechó, y muy fuera de temporada, estaba comenzando a llover. El Sol estaba detrás de gruesas y grises nubes, el agua chocaba contra sus recién limpias y pulidas ventanas, hacía un aire frío que estaba levantando la basura de la calle y de algunos árboles hacia su casa, dejando todo desparramado frente a la misma.

Al ver el implacable clima, Bayer se lamentó en voz baja. Toda su mañana, el mundo había deshecho en cinco minutos lo que a él le había costado toda la mañana.

No volvería a limpiar el exterior de su casa sin antes consultar con el meteorólogo.