Los Ojos del Ruiseñor


Capítulo 93 : Las cosas que hay que hacer


Primavera — x494 / 4 de mayo

El viaje de Adelaar a Verihan duraba algo así como un mes, días más o días menos, todo dependía de la velocidad a la que se movían los caballos y del clima durante el viaje.

Karin empezaba a impacientarse porque habían pasado casi un mes en el carruaje, pero afortunadamente el viaje estaba llegando a su fin y podía tener un merecido descanso en una suave cama y darse un largo y muy necesario baño. Estaba cansada de dormir todas las noches dentro del carruaje y no bañarse como a ella le gustaba porque los baños dependían de que encontraran una posada, un río o un lago en el camino, y eso era frustrante.

Lo único bueno de ese viaje y de pasar todas las noches durmiendo dentro del carruaje era que Toshiro dormía con ella y habían estado practicando los besos.

Su esposo nunca había estado con una mujer, de ninguna manera, por lo que a la hora de tomar la iniciativa era un poco torpe.

Karin tampoco había estado con nadie más, pero había visto a sus padres besarse en los labios cuando pensaban que nadie los estaba mirando, y también había visto a su descarado hermano besar a Rukia cuando quería solo porque podía. Además, la doctora le había explicado lo que necesitaba saber sobre compartir cama con un hombre, sobre la primera noche y todo lo demás.

Ellos sólo tenían que pasar de la teoría a la práctica.

Para cuando llegaron a Verihan, los besos habían pasado de simples roces de labios a algo intenso que los dejaba sin aliento y deseando más. Incluso habían llegado a adoptar posiciones sugerentes que le permitían a Karin sentir la erección de su marido entre sus piernas a pesar de las múltiples capas de ropa que los separaban.

― Estamos a punto de cruzar las puertas de acceso al palacio. ― Comentó Toshiro mientras ella miraba por la ventana. ― El camino de la izquierda conduce al palacio y el camino de la derecha conduce a la ciudad. Cuando hayamos descansado lo suficiente, te llevaré para que la conozcas.

La voz de Toshiro parecía seria y formal, pero Karin pudo distinguir un poco de emoción en el fondo. Pocas veces lo había visto sonreír, pero con el tiempo que pasaron juntos durante ese viaje, fue aprendiendo a distinguir las emociones ocultas en palabras y gestos de él.

Toshiro tenía una apariencia fría, pero era bastante cálido con ella.

― ¿Quiere mostrarme algo en particular, señor esposo? ― Preguntó Karin con una sonrisa maliciosa mientras acercaba su rostro al de Toshiro, haciéndolo enrojecer.

Karin esperaba oírlo tartamudear, pero en vez de eso, Toshiro le dio un rápido beso en los labios. Fue más un toque que un beso, pero hizo que Karin se pusiera tan roja como lo estaba él y mirara hacia otro lado.

― Quiero que veas el Templo de las Deidades, donde nos vamos a casar... otra vez.

Toshiro la tomó de la mano mientras decía esas palabras, y Karin sintió que su corazón empezó a latir más fuerte de lo esperado. Ella tenía la intención de hacer sonrojar a Toshiro, pero en lugar de eso, fue ella quien terminó con la cara roja.

Durante el resto del camino, Toshiro no le soltó la mano en ningún momento, incluso entrelazaron sus dedos de manera natural hasta que el carruaje se detuvo y les llegó el turno de bajar. Toshiro bajó primero y la ayudó a bajar del carruaje, ofreciéndole su mano para que ella la agarrara mientras bajaba y luego su brazo para que pudieran caminar juntos.

Karin vio la entrada al palacio de Verihan y se sorprendió al notar que tenía largas columnas blancas talladas con enredaderas y flores, así como muchas plantas colgando de las paredes y decorando todo en varios tonos de verde.

Era como si estuviera entrando en un enorme jardín.

― Bienvenida al Palacio Real de Verihan. ― Comentó Toshiro mientras caminaban hacia la entrada donde la reina y todas las concubinas, así como Koga y sus demás hermanos, esperaban para darle la bienvenida al rey. ― Aquí viven el rey, la reina y las concubinas del rey, así como los príncipes y princesas menores.

— Es... Es enorme.

Karin se sorprendió de lo grande que era el palacio y lo grande que era el harén del rey, donde había al menos seis esposas además de la reina, quien se distinguía por la hermosa y distintiva diadema que llevaba en la cabeza y por su vestido, que era realmente hermoso.

Las concubinas, además de tener una diadema más sencilla en la cabeza, vestían prendas que Karin sólo pudo catalogar como "incompletas". Las faldas que llevaban parecían estar hechas con varias capas de telas desiguales, dando la impresión de que eran flores colgando hacia abajo, y un largo y hermoso chal que usaban para cubrir uno de sus hombros porque parecía que a todas les faltaba una manga.

La ropa no era fea, pero era extraño ver que alguien que estaba tan estrechamente relacionado con el rey, como lo eran las concubinas, no vestía ropa según las reglas como lo hacía la reina.

― Es la vestimenta tradicional de las concubinas. ― Toshiro habló, haciendo que Karin se sonrojara completamente por la vergüenza por haber sido demasiado obvia al ver a las concubinas. ― Por la noche te diré por qué se visten así.

Karin asintió, pero antes de que pudiera decir algo al respecto, la madre de Toshiro se acercó a ellos con una enorme sonrisa en los labios y unos ojos brillantes que demostraban lo feliz que estaba en ese momento. Karin supo de inmediato que esta mujer era su suegra porque tenía cabello blanco y ojos azules similares a los de Toshiro, la única diferencia era que su piel era de un hermoso color caramelo.

Su suegra era una de las concubinas del rey.

— Shiro, ¿ella es tu esposa? ― Le preguntó la mujer a Toshiro con una enorme sonrisa en los labios mientras agarraba a Karin por las mejillas en un gesto demasiado invasivo para ella. ― Me has contado tanto de ella que siento que podría reconocerla en cualquier lugar, incluso sin haberla visto antes, hijo mío.

Karin sintió que su rostro ardía nuevamente, olvidándose por completo de esa invasión del espacio personal solo porque su suegra había dicho que Toshiro le habló de ella.

― Madre, mi esposa no está acostumbrada a este tipo de…

— Está... está bien. ― Murmuró Karin, sin saber qué hacer en ese momento porque aún estaba asimilando que Toshiro le había contado a su madre sobre ella. — Hola…

— ¡Oh! Lo siento, fue por la emoción. ¡Luces como una muñeca! Podría abrazarte y no soltarte. ― Su suegra la dejó ir, pero cada palabra que ella decía hacía que Karin se sonrojara más.

— Madre…

Toshiro estaba tratando de que su madre dejara de poner roja a Karin para hacer las presentaciones, cuando alguien se aclaró la garganta detrás de ellos.

Karin nunca había visto a alguien cambiar su expresión tan rápido como lo hizo su suegra en ese momento, pasando de una felicidad absoluta a una seriedad que casi rayaba en la sumisión.

― Hijo mío, ¿no me vas a presentar a tu acompañante?

La voz de la mujer salió en un tono que mezclaba autoridad con regaño y elegancia, una mezcla peligrosa que Karin conocía muy bien porque había escuchado a su madre y a su abuela usarla muchas veces en el pasado.

Karin sintió que Toshiro se tensaba mientras se giraba para mirar a la persona que estaba hablando.

Era la reina.

Karin se dio cuenta de que debían saludar primero a la reina y no a la madre de Toshiro, un error que se suponía que no debía cometer.

― Su majestad, esta es mi esposa, la princesa Karin de Avanta. ― Toshiro puso su mano en el codo de Karin, en un toque muy sutil, y Karin dio un paso adelante.

― Un placer conocerle, majestad.

Karin se inclinó ante su nueva reina, siguiendo el protocolo según las instrucciones, y luego miró hacia arriba. La mujer era hermosa y tenía cierto parecido con Hisana, sólo que la mirada de la reina era aguda y peligrosa.

A Karin no le gustó esa expresión, era como ver un zorro muy astuto.

La reina Ravna miró a Karin de arriba abajo, como si buscara algún defecto, y luego asintió levemente, como si lo aprobara, pero la sensación que tuvo Karin fue algo completamente diferente a la aprobación.

A Karin tampoco le gustó eso.

― Espero que podamos hablar un poco antes de la boda oficial, princesa Karin. ― Habló la reina dejando claro que para ella la boda en Avanta no tenía validez, y luego miró a Toshiro. ― Hinamori está ansiosa por verte, la has dejado sola por demasiado tiempo y tienes que cumplir con lo estipulado en el harén. Es necesario que le muestres a la princesa Karin cómo son las cosas en este palacio. No queremos cometer más errores, ¿verdad?

— Si su Majestad. Lo tendré en cuenta. ― Murmuró Toshiro mientras hacía una reverencia ante la Reina Ravna.

Karin nunca se había sentido tan insultada y menospreciada en su vida como en esa bienvenida. No podía creer que una mujer como la reina Ravna, que era simplemente otra consorte que adquirió el título de reina porque se casó con el rey, la tratara así.

Ella era una princesa, nacida princesa, con sangre de reyes corriendo por sus venas y con posibilidad de ser reina por línea directa, no una vulgar campesina sacada de debajo de una roca a la que le pusieron una corona y le besaron los pies.

Sin embargo, Karin simplemente sonrió y agradeció a la reina su preocupación porque el protocolo estaba por encima de los deseos personales.

La reina Ravna sonrió y se fue, seguida por la madre de Toshiro, quien les dedicó un leve saludo que fue acompañado de una sonrisa de disculpa.

Toda la atmósfera de felicidad que les había traído la bienvenida de la madre de Toshiro se había evaporado con las palabras de la reina Ravna.

Rukia le ponía las cosas difíciles, por lo que él tenía que usar todo su autocontrol para no arrojarla sobre la cama y arrancarle el vestido en un ataque de pasión. Deseaba estar con su esposa, extrañaba sentir su piel contra la suya y extrañaba su calidez cuando él estaba dentro de ella, pero aún no era el momento adecuado.

Ichigo todavía recordaba lo que pasó ese día, las lágrimas, la sangre y los gritos, y eso le impedía hacer el amor con su esposa porque no quería volver a verla en ese estado.

― Mi príncipe, sólo un beso más. ― Susurró Rukia mientras se sentaba en su regazo, besando su cuello e intentando abrir su camisa. — Sólo quiero uno más.

Rukia era buena desnudándolo y ya estaba en el tercer botón cuando él la detuvo.

― Mi princesa, voy a llegar tarde. ― La voz de Ichigo era ronca. Estaba jadeando y una de sus manos agarraba las caderas de su esposa en un intento inútil de evitar que sus caderas se movieran.

La deseaba demasiado y su cuerpo lo traicionaba.

― Eso nunca te ha importado.

— Rukia...

Ichigo dijo el nombre de su esposa y eso detuvo cualquier intento por parte de ella de besarlo o quitarle la camisa, lo que lo hizo sentir aliviado hasta que vio el rostro molesto de ella.

Rukia se bajó de su regazo y se paró frente a él con las manos en las caderas. Esa no era una buena señal y él lo sabía.

― Lord Comandante en Jefe del Reino. ― Rukia usó su título e Ichigo sintió un escalofrío recorrer su espalda ante el enojo de su esposa. — ¿Volverás a tocarme alguna vez?

Ichigo extendió la mano para tocar la mano de su esposa.

— Te estoy tocando.

— Tú sabes lo que quiero decir. ― Rukia dejó de estar molesta y su expresión cambió a una triste. ― Sé que te sientes culpable pero no fue tu culpa, no te castigues así ni me castigues a mí. Lo único que quiero es volver a estar contigo en todos los sentidos, con mi pareja y mi cómplice.

— Mi princesa. ― Ichigo la hizo caminar hacia él para sentarla sobre sus piernas nuevamente, esta vez con las piernas juntas porque no quería poner a prueba su propio autocontrol una vez más. ― No quiero que vuelva a pasar, no toleraría verte sufrir nuevamente.

— ¡No va a suceder! Tendré cuidado y la doctora ya me ha dado permiso. ― Rukia lo agarró del rostro y colocó su frente contra la de él. — Te deseo y sé que tú también me deseas. Mi príncipe, no me hagas rogar por un beso.

Ichigo besó a su esposa en los labios, fue un beso muy suave y dulce, y sintió que ella se estaba rindiendo en ese momento. Él la conocía y sabía que volverían a tener esa charla en otro momento y en otras circunstancias, por lo que no podía bajar la guardia aunque eso le comprara un boleto al infierno.

— Está bien, mi príncipe. ― Rukia le dio un beso más y se bajó de él, acomodandose el vestido en el proceso. — Ve al trabajo. Haz lo que debes hacer. Te veo mañana.

— Mi princesa…

Ichigo se levantó de la cama e intentó ir hacia ella, pero Rukia lo esquivó hábilmente y se paró frente al espejo, ignorándolo y centrando toda su atención en su ropa desaliñada. Él intentó tomarle la mano pero ella nuevamente se lo impidió.

Era obvio que estaba molesta.

— Mi luna…

La voz de Ichigo sonó suplicante pero Rukia lo ignoró y se concentró en la falda de su vestido.

― Tengo cosas que hacer y quiero terminarlas hoy, así que me voy.

Rukia se inclinó ante él y salió de la habitación con paso firme y la cabeza levantada. Ella estaba muy molesta y él podía entenderla porque él también se enojaría si ella le negara algo que quería.

Quería que ella entendiera cómo se sentía, pero no sabía cómo explicárselo de la manera correcta sin lastimarla como lo había hecho en ese momento.

Eran demasiados sentimientos juntos, y una parte de él realmente quería encerrarla en una torre para que nada la lastimara y ella estuviera a salvo hasta que todo estuviera donde debía estar.

Toshiro pensó por un muy breve momento que le asignarían a Karin una habitación dentro del edificio donde estaba el harén, pero no lo hicieron y eso lo enojó mucho.

El edificio del harén era el lugar más seguro del palacio, el lugar donde vivían la reina, los príncipes menores, las princesas y las concubinas del rey, así como las esposas e hijos de los príncipes cuando visitaban la capital, pero la reina le asignó a Karin, al igual que a la reina madre Raiza, una habitación en uno de los edificios que se utilizaban para recibir visitantes extranjeros.

Karin no era una visitante extranjera, era su esposa.

Ellos estaban casados, aunque aún no habían consumado el matrimonio, era un hecho que habían sido casados por un representante de las Deidades y que su boda en Verihan era sólo para presentar a Karin oficialmente en el reino.

El hecho de que Karin no estuviera alojada allí solo podía significar que no era bienvenida por la reina en ese lugar a pesar de ser su esposa, y enviaba ese mismo mensaje a los demás miembros de la corte.

Toshiro sabía que no podía hacer mucho ante esa situación porque temía que la reina maltratara a Karin o a su madre si se quejaba de las habitaciones de su esposa, y lo último que quería era que Karin se sintiera no bienvenida allí.

Después de su boda, ellos partirán hacia Helan, donde él tenía su propio palacio y donde Karin estaría a salvo porque la reina no tendría autoridad allí. Toshiro quería llevarse a su madre con ellos, pero las reglas del harén dictaban que ella tenía que permanecer en el harén del rey hasta que éste muriera.

Después del baño, que duró más de lo habitual porque le cortaron el pelo y le arreglaron las uñas, se vistió para cumplir con sus deberes con el harén, pero primero pasó por la habitación de su esposa. No tenía intención de ir al harén sin compañía porque "cumplir con sus deberes con el harén" no significaba más que consumar la relación con Hinamori y él no veía a la chica de esa manera.

En el camino, Karin le dijo que le habían ofrecido usar ropa tradicional Jetaiya, pero ella rechazó categóricamente la oferta. Toshiro tuvo un mal presentimiento sobre esa ropa.

― Vi la ropa que me ofrecieron y se parecía a la ropa que usa el harén, o al menos se parecía a la que usaban las concubinas de tu padre. Sólo la reina vestía diferente, así que como tu esposa, yo también me vestiré diferente.

Toshiro podía imaginar quién había elegido la ropa que le habían enviado a su esposa y eso sólo le confirmaba que la reina no estaba contenta con su matrimonio. El hecho de que la reina intentara vestir a su esposa como una concubina era un insulto porque significaba que la reina estaba tratando de anular su voluntad y la del rey.

― Si quisiera que mi esposa se vistiera como las concubinas, me habría casado con una concubina. Usa tus propios vestidos, me gusta cómo te quedan.

Después de decir esas palabras, Toshiro vio como Karin se sonrojaba y miraba hacia otro lado mientras le agradecía el cumplido. En secreto disfrutaba verla sonrojarse así porque lo encontraba adorable.

Caminaron juntos hasta llegar a un enorme puente de piedra cuya entrada estaba custodiada por dos eunucos y donde al final del mismo podían ver un enorme edificio sobre una isla. Los eunucos se hicieron a un lado y los dejaron pasar una vez que Toshiro les mostró el permiso por escrito de la reina.

― Se llama Camino de las Flores. ― Comentó Toshiro mientras Karin miraba el lago, los lirios y las garzas picoteando el agua en busca de peces. ― Este es el camino que toma el rey para llegar al harén y el camino que usan la reina y las concubinas para salir de él. El harén está construido en medio de una isla en este lago, lo que lo convierte en el lugar más seguro que puede haber dentro del palacio.

Cualquiera que supiera nadar podía llegar al harén, pero el lago estaba dentro de los terrenos del rey y aunque alguien lograra infiltrarse en él, los cocodrilos que vivían en las orillas se comerían al intruso.

― ¿Alguien se ha caído de este puente? ― Preguntó Karin al notar lo oscura que estaba el agua a mitad de camino. La luz del día les permitió ver la claridad del agua, que tomó algunas tonalidades de azul y verde, pero en el centro parecía negra, como si fuera un abismo.

― Una concubina desafortunada que no agradaba a la reina. ― aclaró Toshiro recordando los accidentes que habían ocurrido en el puente secundario, ese que estaba construido con madera debajo del puente en el que se encontraban. ― La madre de la cuarta princesa se cayó de este puente hace unos años. Fue un accidente que benefició mucho a la reina.

Karin hizo un pequeño ruido con la garganta antes de hablar.

― Este puente es más práctico que el acantilado.

Toshiro sonrió ante ese comentario y siguieron el camino hasta llegar al final del puente para poder entrar correctamente al harén.

Se suponía que una vez que los príncipes abandonaban el harén y eran enviados a sus propios palacios en sus propias ciudades, ya no podían volver a entrar en el harén del rey, pero él había recibido una invitación por escrito de la reina para pasar la tarde allí en compañía. de su concubina, quien tenía una habitación privada dentro del harén solo por ser sobrina de la reina, por lo que se permitió su entrada.

Toshiro había hablado con Karin sobre Hinamori, las razones por las que se vio obligado a aceptarla como su concubina y las razones por las que ella los acompañaría a Helan una vez que se casaran.

Karin no estaba contenta con eso, ella no quería concubinas en su matrimonio porque sabía lo que pasaba cuando había más de dos en un matrimonio, pero lo aceptó con la condición de que él anunciara que cerraría su propio harén el día su boda.


Primavera — x494 / 7 de mayo [Karin, 17 años]

Karin sabía que ser extranjera era una desventaja para ella porque desconocía las costumbres que allí existían, y que durante su estancia en el Palacio Verihan sería observada, criticada y analizada por el ojo de la reina.

Sin embargo, desde que llegaron, el rey Aizen asumió un papel protector hacia ella debido a que era amigo de su tío Kisuke y porque conoció brevemente a su madre cuando eran jóvenes. En palabras del rey Aizen, su madre lo había ayudado en un momento vulnerable y protegerla era su forma de devolverle esa generosidad.

Esa protección del rey Aizen hacia ella provocó un par de discusiones dentro del harén.

Al día siguiente de su llegada, mientras celebraban el almuerzo de bienvenida, el rey Aizen le preguntó a Karin si le gustaban sus habitaciones dentro del harén, y Karin respondió que la reina Ravna le había asignado una habitación en otro edificio. Karin aprovechó su "desconocimiento de las reglas" para comentar que pensaba que el harén era para concubinas y que por eso no tenía problemas en saber que Hinamori se hospedaba allí y ella se hospedaba en otro lugar.

La reina Ravna estaba pálida y nerviosa, pero el rey no cuestionó ese detalle durante el resto del almuerzo, que transcurrió en una amena conversación donde Koga le hizo todo tipo de preguntas.

No fue hasta la noche cuando los habitantes del palacio se conmocionaron al ver cómo Hinamori abandonaba el harén para alojarse en un edificio aparte. Karin solo podía imaginar el tipo de conversación que el rey y la reina podrían haber tenido para que eso sucediera, y no podía negar que encontró la situación tan divertida que pensó que la primera carta que le escribiría a Yuzu tendría diez páginas.

Karin estaba encantada de saber que su presencia había causado problemas a la reina Ravna y a la concubina de Toshiro, quien parecían creer que por ser sobrina de la reina podía comportarse como quisiera sin pagar las consecuencias.

Cuando se reunieron con la reina Ravna en el harén para comer el día que llegaron, Karin se dio cuenta de un vistazo que no había lugar para ella en esa mesa.

La reina estaba sentada sobre unos enormes cojines en la cabecera de la mesa y hablaba animadamente con otra chica que estaba sentada en otro cojín, y solo quedaba un cojín libre para un invitado más. Era notable que ese cojín libre era para Toshiro, sobre todo porque estaba colocado al lado de la chica, y que ella no era alguien invitada a ese almuerzo.

También fue notable que la sonrisa de la Reina Ravna, junto con la de esa chica, se desvaneció tan pronto como la vio llegar del brazo de Toshiro, lo que le dio cierta satisfacción a Karin.

La reina rápidamente se recompuso y pidió un cojín más para Karin, alegando que no la esperaba porque pensaba que descansaría del viaje, pero Karin solo sonrió y usó la mejor excusa que tuvo a la mano, literalmente porque estaba sujeto a él: Toshiro.

"Estaba a punto de descansar, pero mi esposo insistió en que debía ver el harén y no pude decir que no. Este lugar es maravilloso y su belleza lo hace digno de una reina y madre del reino como usted, Reina Ravna".

Karin casi podía oír los dientes de la reina Ravna chocando entre sí en medio de la sonrisa forzada. El término "madre del reino" se usaba respetuosamente para referirse a las reinas y madres de los príncipes que heredarían el reino, pero Ravna no era la madre del heredero.

Cuando trajeron el cojín extra, la reina Ravna le pidió a Karin que se sentara en ese lugar, que estaba convenientemente al otro lado de la mesa y lejos de Toshiro, pero Toshiro sugirió que se sentaran juntos, lo que provocó que todo se moviera.

La reina Ravna quedó en la cabecera de la mesa, la chica quedó sola en su lado de la mesa y Karin se sentó junto a Toshiro, como correspondía.

La chica era Hinamori, la concubina de Toshiro y sobrina de la reina, y Karin no podía negar que la chica era bonita.

Hinamori tenía una belleza etérea, de esas que tienen las preciosas hijas de sus padres y que son criadas con un propósito específico. La chica incluso daba la impresión de que necesitaba que la protegieran.

Sin embargo, por muy suave que fuera su voz y por delicados que fueran sus movimientos, para Karin era obvio que Hinamori estaba tratando de excluirla de ese almuerzo. Hinamori la ignoró deliberadamente y centró toda su atención en Toshiro, incluso comentó lo emocionada que estaba de ir a Helan con él y servir al reino teniendo a sus bebés.

Karin estaba soportando ese almuerzo lo mejor que pudo hasta que Hinamori accidentalmente derramó vino sobre su ropa y no se disculpó por ello, sino que sugirió que debería ir a cambiarse de ropa. Toshiro fue quien reaccionó más rápido de los dos, ya que Karin estaba impactada por lo que acababa de pasar, y terminó ese almuerzo mientras ayudaba a su esposa a secar el vino.

Hinamori le pidió que se quedara, alegando que lo había extrañado mucho y que era mejor que su invitado se retirara a descansar, pero Toshiro simplemente le dijo que su comportamiento no era aceptable, provocando que los ojos de la niña se llenaran de lágrimas y comenzara llorar.

Karin puso los ojos en blanco cuando escuchó a Hinamori sollozar diciendo que estaba haciendo lo mejor que podía y que no era justo que la menospreciaran así, pero Toshiro no dijo nada y abandonó el harén junto con Karin.

Cualquiera que fuera el plan de la reina Ravna, no funcionó.

— Entonces, ¿desde cuándo dices que el príncipe Toshiro y la señorita Hinamori se conocen? ― Preguntó su abuela mientras caminaban por uno de los tantos jardines de aquel palacio en la montaña.

El lugar era inmenso, era como entrar en un sueño de colores donde predominaba el verde de los árboles y plantas que crecían por todos lados. Había arroyos que atravesaban algunos jardines y desembocaban en el lago y pájaros que bajaban a beber agua de vez en cuando antes de emprender nuevamente el vuelo.

Karin nunca había visto algo así, tan en contacto con la naturaleza y donde había tantos árboles que escondían varios edificios, y quedó encantada con el lugar. Si Yuzu hubiera ido con ella, ambas habrían comenzado a explorar todo el lugar hasta perderse.

— Desde que eran pequeños. ― Karin observó como un pájaro muy colorido bajaba a beber agua a un pequeño estanque al borde del camino de piedra por el que avanzaban. ― Toshiro dice que apenas interactuaba con ella debido a las reglas del harén y la educación de los príncipes, además ella vivía en otra ciudad, pero cuando llegaba al palacio a veces pasaban una tarde o dos juntos.

— ¿Palabras textuales de Toshiro? ― Preguntó la Reina Madre Raiza y Karin asintió. ― Creo que ella está enamorada de él.

A Karin no le sorprendió esa suposición porque fue lo primero que pensó cuando vio el comportamiento de Hinamori en ese almuerzo.

— Yo también lo creo. ― Karin volteó a ver a su abuela. ― Cuando estábamos almorzando, ella parecía muy ansiosa por acercarse a él y usó la excusa de que era su concubina para intentar servirle comida y bebida.

― Asumiré que Toshiro lo permitió, ¿verdad?

― Las reglas del harén, dicen. ― Karin comenzó a caminar y la reina madre caminó a su lado. ― Abuela, ¿qué hizo mi madre cuando se enteró que mi padre tenía una amante?

Karin nunca sintió demasiada curiosidad acerca de la madre de Kaien porque no era algo de lo que hablaban regularmente y porque no sabía que Kaien era el hijo de la Inamorata de su padre hasta que su madre comenzó a hablarles sobre el don de la Sombra.

Sin embargo, en ese momento Karin necesitaba saber cómo había lidiado su madre con la madre de Kaien porque era obvio que la versión que les dijeron estaba "endulzada" para ser escuchada por un par de niñas.

― Tu madre se deshizo de ella. ― Respondió la reina madre con abrumadora sencillez.

― ¿Quieres decir que mi madre la expulsó del castillo y por eso saltó del acantilado? ― preguntó Karin un poco nerviosa.

Había oído que su madre tenía una reputación infame con respecto a las amantes del rey, pero siempre había creído que eran rumores.

La reina madre miró a su alrededor, asegurándose de que nadie más que sus doncellas personales las siguiera, y volvió a hablar.

— Quiero decir, tu madre literalmente se deshizo de ella. ― La reina madre hizo una pausa y bajó un poco más la voz, como si estuviera a punto de decir algo confidencial. ― La magia que corre por sus venas no sirvió de nada contra la madre de Kaien, por lo que tuvo que usar métodos más... mundanos.

Karin se sorprendió por lo que su abuela le estaba diciendo en ese momento, no por el hecho de que la madre de Kaien fuera inmune al regalo de la Sombra, sino por el hecho de que su abuela sabía sobre el regalo.

Ella siempre pensó que su madre había mantenido oculta esa información, pero saber que su abuela lo sabía la hizo pensar en la gran confianza que su madre tenía en la reina madre Raiza.

— ¿Métodos mundanos?

— El acantilado.

La Reina Madre Raiza hizo el gesto de empujar a alguien y Karin tardó menos de un minuto en entender lo que su abuela intentaba decirle con ese gesto.

— ¡Abuela!

De alguna manera, Karin se sintió escandalizada por esa revelación y sintió pena por Kaien, quien siempre había sido un buen hermano para ella y Yuzu.

La reina madre Raiza comenzó a reír ante la reacción de Karin, quien a sus ojos seguía siendo la pequeña que se perdía en los viñedos, y luego continuó hablando.

— A mi modo de ver, sólo tienes dos opciones.

— ¿Cuáles? ― Preguntó Karin, dejando para otro momento todo pensamiento respecto a la información que su abuela le había contado sobre su madre y la madre de Kaien.

— Creo que son tres. ― corrigió su abuela. Karin se limitó a escucharla con atención. ― La primera: te haces amiga de la chica y todos viven en armonía. Creo que eso es lo que esperan de ti, ya que contrajiste matrimonio con conocimiento de las reglas y tradiciones de este reino.

— Eso es algo que no creo que suceda. ― Murmuró Karin mientras caminaban. ― La chica parece decidida a ignorar mi presencia, así que para empezar ya tengo su disgusto.

― Eso nos lleva a la segunda opción: deshacernos de la chica.

— ¡Abuela! ― Karin se escandalizó porque sabía que esa idea, si decidía implementarla, podría traerle muchos problemas que no necesitaba en ese momento. ― Ella es sobrina de la reina e hija de la mano derecha del rey, si toco su cabello o le pasa algo cuando está cerca de mí, las posibilidades de que me culpen por ello son bastante altas.

― Eso significa que ya lo has pensado, me gusta. ― Karin se puso roja por haber sido descubierta, pero la reina madre continuó con su explicación. ― Eso nos lleva a la tercera opción: conseguir una concubina más.

Karin abrió y cerró la boca un par de veces, pero no le salieron palabras porque no encontraba una palabra que decir. Las sugerencias de su abuela eran cada vez más locas y peligrosas. Karin quería soluciones, no más problemas.

― Si algo he aprendido sobre las concubinas en todos mis años como reina es que son fáciles de manejar si sabes dónde presionarlas. ― Su abuela continuó hablando mientras ella intentaba entender sus palabras. ― El harén en este reino es algo muy importante, tanto es así que el heredero del reino es hijo de una concubina y no hija de la reina, solo porque la reina no pudo tener hijos varones.

― Estás muy bien informada, abuela. ¿A cuántas personas tuviste que sobornar para obtener toda esta información? ― Preguntó Karin mirando a su abuela con recelo y una leve sonrisa.

― ¿Qué te acabo de decir sobre las concubinas? ― La Reina Madre Raiza dijo eso como si le estuviera dando un examen. Karin se sintió avergonzada y se dijo a sí misma que todavía tenía mucho que aprender de su abuela. ― A estas alturas, la noticia de que el Príncipe Toshiro está a punto de cerrar su harén debe haberse extendido como la pólvora y la chica debe estar completamente emocionada de que será la única concubina en su harén. La única concubina del segundo príncipe, la envidia de todos aquellos que querían pertenecer a su harén.

— La única. ― Murmuró Karin, entendiendo los motivos de su abuela para sugerirle una nueva concubina. La humillación pública siempre fue buena para dar una lección a la gente. ― Abuela, nada me asegura que Hinamori y la chica nueva no se unirán para hacerme la vida imposible.

― Es un riesgo que debes correr, aunque todo es un riesgo dentro de la corte real y lo sabes. ― La Reina Madre Raiza se detuvo y Karin con ella. — Todo se reduce a quién tiene más poder, tú o la concubina. Piénsalo detenidamente y luego toma la decisión que creas correcta. No dudes de lo que harás, no seas débil y utiliza sus reglas a tu favor.

Karin asintió a lo que decía su abuela y continuaron caminando por ese enorme jardín que emulaba un bosque, hablando de cualquier tema que se les ocurriera hasta que se marcharon de allí.

Ella tenía mucho en qué pensar antes de tomar una decisión, pero primero tenía que hablar con la chica en privado. Necesitaba saber cuál era la actitud de Hinamori cuando no estaba con la reina.


Primavera — x494 / 8 de mayo

Ichigo tenía cosas más importantes en las que pensar que el encuentro con el rey y Kaien. Beber el veneno en las botellas de vino en la oficina privada del rey era el menor de sus problemas ya que él tenía el antídoto en caso de que tal situación sucediera en algún momento de la ejecución de ese plan, lo que realmente le preocupaba era el enojo de su esposa.

Desde el día que tuvieron ese pequeño desacuerdo sobre asuntos de cama, ella no había hablado con él ni aceptado sus regalos o invitaciones a cenar.

Rukia era difícil de complacer cuando se enojaba y él se preguntaba si debería secuestrar a su esposa nuevamente para resolver ese tema. Sabía que tenía que explicarle las razones de su comportamiento antes de que ella comenzara a pensar demasiado en la situación, pero para eso necesitaba que ella volviera a hablar con él.

Mientras pensaba en la mejor manera de secuestrar a su esposa, uno de los soldados en la entrada le informó que Rukia estaba allí. Ichigo no esperaba que su esposa acudiera a su oficina, por lo que inmediatamente dio la orden de dejarla entrar y no molestarlos bajo ningún concepto.

Él no sabía si era por ese breve castigo de su esposa o porque inevitablemente se envenenaría por su propia voluntad en la reunión del rey, pero tan pronto como ella entró, se quedó sin palabras.

El cabello de su Rukia caía libremente sobre su espalda, la diadema de invierno descansaba sobre su cabeza y sus labios tenían un suave brillo, además, llevaba un vestido de un suave color azul que la hacía lucir encantadora.

Ichigo no podía negar que estaba enamorado de su esposa, quien le alegraba la vida y le hacía olvidar el mundo con sólo su presencia, y sonrió ante ese pensamiento. Se levantó de su asiento para acercarse a ella y saludarla, pero Rukia puso una mano en su pecho y lo empujó hacia atrás, poniendo todo el largo de su brazo como distancia entre ellos.

— Mi amor, ¿qué…?

― No me digas "mi amor" porque todavía estoy enojada contigo. ― Rukia habló antes de que él pudiera preguntar por qué estaba ella allí. — Ahora siéntate.

Ichigo no dudó en obedecer a su esposa y regresó a la silla del comandante, aunque nunca dejó de mirarla porque se veía bonita cuando estaba enojada.

Una vez sentado, Rukia aprovechó y se sentó encima del escritorio, dejando sus pies colgar libremente en el vacío porque el escritorio era bastante alto. En ese momento, Ichigo notó que su esposa parecía preocupada en lugar de molesta.

Inmediatamente se preocupó porque si Rukia no estaba bien, él tampoco.

― Mi princesa, ¿qué pasa?

Ichigo se sentó en el borde de su silla, lo suficientemente cerca de su esposa como para oler su perfume.

— ¿Es cierto lo que me dijeron? ― Preguntó su esposa en un susurro lo suficientemente audible que solo él podía oírlo a pesar de que estaban solos.

Ichigo olió un suave aroma a rosas mientras su esposa se inclinaba hacia él y se sintió intoxicado. Ese aroma a rosas no era el perfume que Rukia solía usar, por lo que Ichigo tuvo que concentrarse en el rostro de su esposa para no desviar su mirada hacia otras partes de su cuerpo.

Su esposa era una mujer perversa que lo torturaba como castigo y le estaba funcionando porque él ya empezaba a salivar.

― No sé qué te dijeron, mi amor. Si me lo dices te podré responder.

— ¿Es cierto que el rey te convocó a una reunión en su despacho? ― preguntó Rukia, haciendo que Ichigo se preguntara si su esposa tenía una red de informantes en el castillo trabajando las 24 horas para ella.

― El sirviente me entregó el mensaje hace menos de una hora, ¿cómo te enteraste?

— Lo sé todo y lo veo todo. ― alardeó Rukia, haciendo que Ichigo le dirigiera una mirada inquisitiva. Rukia suspiró rindiéndose, lo que le confirmó a Ichigo que estaba demasiado preocupada para seguir enojada. — Está bien. Me lo dijo Tatsuki.

― Ahora tengo curiosidad por saber cómo se entera Tatsuki de las cosas.

― Ella lo sabe todo y también lo ve todo.

— Mi princesa.

Ichigo llamó la atención de su esposa, como si estuviera regañando a una niña pequeña, y Rukia hizo un pequeño puchero que le pareció demasiado adorable. Su esposa quería matarlo de un infarto.

— ¡Está bien! Ella estaba caminando por la zona del rey y lo escuchó. ― Ichigo levantó una ceja inquisitiva, pero Rukia continuó hablando para evitar que él dijera algo. ― No preguntes qué estaba haciendo ella allí. Si yo no cuestiono su vida, tú tampoco.

— No preguntaré.

Ichigo puso sus manos sobre las piernas de su esposa, luchando consigo mismo para no meter la mano debajo de su falda y acariciar sus piernas, pero Rukia apartó sus manos como si estuviera espantando insectos.

— ¿Qué te dije? Todavía estoy enojada contigo y no puedes tocar.

— Mi princesa, perdóname. ― Suplicó Ichigo mientras colocaba sus manos en el borde del escritorio y afianzaba sus dedos en la madera.

― No. ― Rukia se apresuró a responder, volviendo a una expresión que no reflejaba del todo su enojo hacia él, sino más bien preocupación. ― Y no te salgas del tema, respóndeme. ¿Es cierto?

Ichigo no tuvo más remedio que responderle a su esposa. No quería decirle que iba a esa reunión porque no quería preocuparla innecesariamente, pero ella estaba demasiado bien informada sobre las cosas como para que él pudiera ocultar ese detalle.

― El rey nos llamó a Kaien y a mí a su oficina. ― Respondió Ichigo, todavía en el borde de su asiento y cerca del rostro de su esposa, torturándose porque sus labios tenían ese tono rosado demasiado besable. ― Si tenemos suerte, Kaien también será envenenado y morirá junto con el rey.

― Si mueren al mismo tiempo, no me importará vestirme de luto en nuestro aniversario de bodas. ― Murmuró Rukia, colocando sus brazos sobre los hombros de Ichigo, para luego continuar hablando con ese tono de secretismo y confidencialidad. Ella podía tocarlo pero él no, y eso no era justo para él. ― Pero me preocupa que tú también vayas a beber el veneno. Sé que ambos sabíamos que esto eventualmente sucedería, y sé que tienes el antídoto para contrarrestar el veneno, pero sigo pensando que el veneno es lo único que no puede curar el don.

― Lo que beberé será una pequeña dosis y confío en que el don pueda curarme. ― Ichigo acarició la mejilla de su esposa y se acercó tanto a ella que sus labios rozaron los de ella. Ichigo quería besarla, sentía que necesitaba ese beso antes de ir a beber el veneno. ― Todo estará bien, mi princesa.

— Pero…

Ichigo podía sentir el cálido aliento de su esposa en sus labios y no pudo resistirse a besarla. Sería sólo un beso y nada más. No le haría el amor sobre el escritorio como tanto le gustaba a él cuando se encerraban en esa oficina, simplemente le daría un beso como los que quería su esposa.

Ella tenía razón, él la deseaba y no quería hacerla rogar por un beso, aunque no podía negar que extrañaba hacerla rogar y atarla a la cama cuando estaban juntos.

En medio del beso, Rukia se bajó del escritorio y se sentó en sus piernas, levantándose un poco la falda para acomodarse mejor.

Ichigo la sujetó de las caderas y la espalda con fuerza porque no quería terminar el beso o dejar de sentir los brazos de su esposa alrededor de él, y se acomodó en la silla cuando sintió que ella comenzaba a mover sus caderas.

El beso fue largo, Ichigo probó la saliva de Rukia y el bálsamo de rosas que se había puesto en los labios, y tuvo que detener el beso o le haría el amor allí mismo.

Ichigo tenía en mente lo que pasaba cuando su esposa se ponía ese bálsamo afrodisíaco en los labios, y no quería sucumbir a eso porque sabía que una vez que la probara, no podría parar.

― Mi princesa, tengo que ir a la reunión. ― Susurró Ichigo contra los labios de su esposa, quien parecía reacia a dejar de besarlo. ― Prometo que hablaremos de esto, de nosotros, cuando termine la reunión.

Esas palabras hicieron que Rukia inmediatamente dejara de besarlo, rompiendo toda la atmósfera íntima entre ellos y dejándolo desconcertado.

— Está bien, ve a la reunión. ― Rukia tenía una sonrisa en su rostro, como si su malvado plan hubiera funcionado, y le dio un beso en la mejilla. ― Te veré en tu habitación al final de la reunión, mi príncipe. No llegues tarde.

Rukia se bajó de su regazo, se acomodó el vestido y le dio un último beso en la mejilla antes de salir de esa oficina y cerrar la puerta detrás de ella.

Ichigo no sabía qué había pasado, solo sabía que su esposa lo había dejado con ganas de besarla una vez más.


Un poco de tranquilidad antes de que inicie el final de temporada :3 espero que lo hayan disfrutado :3