Hola de nuevo mis criaturitas.

Hoy les traigo mi primer historia perteneciente a: Noches de media luna. Mi sección específicamente dedicada a mi pareja favorita haciendo el amor. Los temas quizás sean un poquito más subidos de tono, explícitos y con prácticas más maduras.

Esta historia solo tendrá 5 capítulos.

Estas advertido.

Aclaraciones:

Si algo de esto no te gusta, estas invitado a no leer.

La historia se sitúa años después del evento de Decay of Angel.

Por gusto mío, Karma está vivo. De nada~

Los personajes pueden comportarse ligeramente fuera de lo normal a momentos, una disculpa…

Advierto que hay temas subidos de tono, groserías y otras cosas.

"Estos son diálogos". Estos son pensamientos.

No esperes que actualice pronto. Sorry~

Sin más por el momento, disfruta de las cochinadas.

..

Nuestros Tres Horarios

Por: Artik Queen

Capítulo 1.

Mis Tres Horarios

o

Ya no Puedo Seguir con la Mentira

..

Era bien sabido por todos el odio intenso que existe entre la Agencia de Detectives Armada y la Port Mafia de Yokohama.

Bueno, más que un pleito entre organizaciones se diría que era bien sabido el odio que había explícitamente entre dos de sus miembros.

No había nadie en el Puerto de Yokohama que no supiese de su rivalidad y enemistad mutua. No había nadie que no los hubiese visto intercambiar golpes hasta molerse la sangre a través de la piel.

El perro rabioso de la Port Mafia gritaría, insultaría y hasta atravesaría al hombre tigre con sus vainas afiladas sonriendo con el sadismo en su rostro, mirándolo siempre con superioridad. Mientras el tigre le miraría con irá contenida, con molestia en sus rasgos antes de que el chico del abrigo se marchará entre risas sardónicas.

Si, era bien sabido por cada persona en el puerto el odio que los dos miembros se profesan. Pero…

Ellos sólo conocían un lado de la moneda.

Una de las muchas máscaras que ambos portaban sobre sus rostros.

Oh, si tan solo supieran…

Quizás sería difícil intuirlo, incluso podría decir que algunos de sus compañeros no lo sabían aún.

Mejor para él.

Porque no siente ninguna clase de orgullo con lo que hace. Más bien todo lo contrario.

"Tienes que lamerlo bien -sentado en el sillón de su dormitorio observó al chico desnudo de rodillas frente a él, tan elegante, tan hermoso, tan… sumiso- hoy fuiste un insolente y tengo que castigarte…"

La mirada ónix tembló con varias emociones inundándola, pero no en miedo -nunca en miedo-, justo antes de ocultarla nuevamente tras sus párpados mientras engulle su miembro.

Suspiró.

Lo haces tan bien…

Y la idea de que él haga eso con alguien más le descompone las ideas, haciéndolo rabiar en celos y egoísmo. Llevó una mano a su cabellera, entremezclándola en sus mechones ébano. Acariciando con cariño todo el tiempo que se puede permitir.

Un segundo, dos segundos…

Y empujó con rudeza su rostro contra sus caderas, haciéndolo atragantarse ligeramente con su tamaño. Los suaves quejidos le calentaron la sangre.

"No pienso prepararte -se mordió el labio hasta casi hacerlo sangrar, escupiendo con reticencia las palabras de su boca- tienes que lubricarlo bien"

Un gemido fuerte le respondió y un ímpetu mucho mayor en su entrepierna. Le soltó casi como si le quemara. ¿Cómo puede excitarle esto? Ser tratado de esta manera…

Recostó la cabeza en el respaldo del sillón, dejándose atender por este chico que le vuelve loco. No, no siente orgullo por nada de esto. No por tratarlo así. No por la brusquedad y la rudeza. Él quiere amarlo con gentileza, con halagos y besos empalagosos. Quiere abrazarlo y jurarle amor eterno.

Y sin embargo…

Su cuerpo no puede mentir.

De verdad lo está disfrutando. Le gusta tener el control, tenerlo inclinado para él, ser el único hombre que lo posee.

Porque es consciente de que fue el primero. Igual que es consciente de que es el único.

Aspiro fuerte, usando el olfato del tigre. La madera, el cuero y la vainilla. Si Akutagawa se acostara con alguien más. No. Incluso si tuviera un abrazo o algo por encima de la ropa él lo sabría.

Lo cual me lleva a…

Aspiró nuevamente y el suave olor a cítricos y especias le golpeó la nariz, haciéndole recordar con molestia cuando se había encontrado con el mafioso en medio de uno de sus mandados. Y al chico pelirrojo que le acompañaba, el que había tomado descuidadamente el brazo de Akutagawa ante su presencia.

Casi había sonreído. Sabía del mal genio que podía tener el pelinegro, sabía que le apartaría de malas maneras. Pero Akutagawa no le apartó, ni le gritó, ni se molestó.

Sabe que es una tontería. Pero aun así…

Me molesta…

"Detente -gruñó, aguantando el gemido que casi suelta cuando la boca se retiró chupando una última vez de manera lenta y viciosa- a la cama. Ahora"

¡Quiero hacerte mío ya!

Los ojos ónix brillaron, su mirada le quemaba el cuerpo, una pregunta no fue dicha y él se niega a responder de igual manera.

"¿Por qué estás tan molesto?"

"Dije que a la cama -gruñó halando su cabellera para levantar su rostro, lo besó con rudeza- A-ho-ra"

Le soltó cuando se arto de mordisquearle los labios. Akutagawa le miró un poco más antes de levantarse sin decir nada más y caminar hasta su cama para sentarse, resignándose a su molestia y mal humor de esa noche.

Pero se detuvo ante su susurro.

"Boca abajo -pidió- te dije que te castigaría"

Escucho el suspiro desganado antes de echarse boca abajo, enterrando su rostro en su almohada. Le observó mientras dejaba caer su pantalón y ropa interior, masajeándose de manera descuidada ante la imagen.

Apreciando su cuerpo, sus curvas.

Se echó sobre él, sentándose sobre sus caderas, dejando que su erección rozará la piel desnuda. Y mordisqueó su hombro cuando se inclinó. Con fuerza y molestia, marcando la dulce piel con un tono rojizo.

Eres mío. Esto prueba que eres solo mío…

"Ggg tigre…"

Quiso besar la herida, darle un poco de consuelo. Pero no debía. Solo no podía…

Y siguió mordiendo, bajando mientras lástima, rompiendo la suave piel mientras le escuchaba gimotear. Su espalda pálida, su obra tinturada, le dolía ver tanto como le ponía hacerlo. Pero no podía esperar más para internarse en su cuerpo.

Llevó su mano hasta el bolsillo de su camisa, embadurnándose los dedos con el lubricante antes de deslizarlos en su interior. Él podría marcarle la piel y el músculo con su nombre, más no lo lastimaría. No es un monstruo.

Los gemidos lentos le hicieron sonreír levemente. Sabía -después de todo ese tiempo- cuáles eran sus puntos débiles, sus ángulos favoritos y sus lugares más dulces.

Las manos largas se aplastaron contra su cama, arrugando las sábanas. No puede ver el rostro enrojecido, pero está seguro de que Akutagawa mordisquea sus labios intentando detener la obscenidad en su voz.

Presionó un poco más fuerte, más profundo, haciendo que Aku levantara las caderas para recibirle mejor, lloriqueando gemidos necesitados. La escena ha hecho a su polla babear deseosa por tomarlo.

Retiró su mano sin previo aviso. Akutagawa soltó un gemido frustrado que casi le arrancó una carcajada. Y aunque se muere por reclamarlo como suyo, no pudo evitar detener sus deseos carnales por otros más egoístas.

"Ruégame… ruégame que te haga mío"

El cuerpo bajo el suyo tembló, al parecer, sorprendido.

"Yo… -le vio girar su rostro, encontrar sus ojos con los suyos con un brillo curioso en ellos. ¿Era miedo o confusión? Quiso romperse, lloriquear sus deseos. Quiere ser llamado, necesitado- quiero…"

Ambos callaron, tembló un momento y quiso tirar su fachada a sus pies. Quiso tomarle en brazos, recostarse en su pecho. Hablarle de amor.

"Dímelo -susurró, casi vencido- pídemelo Akutagawa"

Por favor…

Y Akutagawa cedió.

"Hazme tuyo, por favor…"

Y así lo hizo.

Se deslizó en su interior entre gemidos. Gruñendo e intentando olvidar el malestar que se esconde detrás de su corazón ante toda esta situación.

¿En qué momento había comenzado a amarlo? Es difícil recordarlo. Ni siquiera puede recordar del todo cómo fue que terminó en esta situación. ¿Quién había besado a quién? ¿Quién le arrancó al otro su primer gemido? ¿Quién decidió que las cosas fueran de esa manera?

Observó al chico que duerme a su lado, lo más alejado que puede de él. La piel pálida de su espalda brilla con el rastro de luz de luna que entra por la ventana, con las marcas de sus mordidas incrustadas en ella.

La culpa le azotó. Seguro le saldrían moretones unas horas más tarde y por muchos días pintarán el lindo blanco de su espalda como flores de acuarela.

Estiró su brazo hacia él, con las yemas de sus manos a solo centímetros de rozar las marcas cinceladas, pero se abstuvo al último segundo.

Aún no era el momento. Aún no podía…

Giró sobre sí mismo, dándole la espalda a ese chico que tanto ama y no debe de amar, esperando paciente por el siguiente horario, contando en silencio los segundos que le separaban de su único y más grande amor.

Abrió los ojos en una rutina que conocía muy bien, como si la hubiese ensayado mil veces en su cabeza.

Se giró en su cama cuando la noche comenzaba a pintar colores cálidos en el alba y la ciudad aún dormía.

Akutagawa le esperaba ya con los brazos abiertos y una sonrisa pequeña en los labios.

Se apachurro contra su pecho, besando lentamente las marcas en su piel, las heridas que le había hecho durante el día y la noche, lamiendo las cicatrices que ya conocía de memoria, pero él besaría de igual manera una y otra vez cada amanecer.

Ya que terminó de besar cada marca, herida, rasguño y peca en su cuerpo se dirigió a sus labios, deleitándose con la suavidad, impregnándolos con cariño. Porque el hombre entre sus brazos merecía ser amado de esa manera. Y solo de esa manera.

Le abrazo fuerte, con caricias lentas y suaves en su espalda, acariciando de manera delicada las marcas que seguro le escocían, aunque él no dijera nada. Es un hombre fuerte después de todo. Pero para él daba lo mismo, quería tocar de igual manera, que supiera que era consciente del daño que le había causado y como lo sentía.

Porque le amaba. Le amaba tanto…

Y quería transmitirlo todo, con cada beso, cada caricia, cada gemido y cada parte de su cuerpo.

Pero no con palabras.

Jamás con palabras.

"Ahh, Atsushi…"

Sonrió con ese suspiro suave, extasiado por la forma en cómo sonaba su nombre al salir de esos labios tan delgados.

"Ryu…"

Se arrastró nuevamente sobre él, besando su rostro, dejando pasear sus manos por su cuerpo de maneras que antes no podía. Cómo delinea sus muslos, sus caderas estrechas. Sin rasguñar ni golpear, solo rozando levemente con sus manos en una danza coqueta.

Este era el momento del día que él más adoraba. El que esperaba con paciencia y ansiedad mezcladas cada vez que es apuñalado, herido e insultado. Y también cada vez que muerde, regaña o castiga.

El momento en que era realmente feliz.

Cuando podía hacerle el amor a ese chico vestido de cuero y sangre.

Le beso nuevamente antes de unir sus cuerpos. Se bebió sus gemidos y le regaló los suyos.

Te amo…

Suspiró cuando Akutagawa le abrazó, ciñéndose a su cuerpo con gemidos leves, arrulladores, íntimos. Nada que ver con aquellos escandalosos, casi fingidos de unas horas atrás

Este es, Akutagawa Ryunosuke en su faceta más íntima, más noble, más sincera. La que no porta máscaras ni prejuicios, el perro rabioso de la Mafia abandonando su correa.

Y este es él, Nakajima Atsushi amándolo.

"Ah"

Mi amor…

Lento.

Suave.

Con cuidado.

Le hizo el amor. Cómo cada vez que tenían está dinámica. Los tres horarios. Sus tres horarios.

Akutagawa gobernaría durante el día. Con soberbia, sangre y miedo.

El tigre dominaría durante la noche. Con severidad, rudeza y molestia fingida.

Y entre esos dos momentos, durante la brecha en la que ambos perdían su nombre, serían solo Ryunosuke y Atsushi amándose.

O bueno…

Él lo amaría.

Porque Ryunosuke no lo ama, simplemente disfruta tener sexo con él.

No, él no me ama…

"Atsushi… -suplicaron en su oído- voy a…"

Si, sí. Lo sabe. Claro que lo sabe.

Han hecho esto durante tantos meses que ya conoce las reacciones de su cuerpo. Cómo sus gemidos roncos se vuelven ligeramente agudos. Cómo tensa los músculos de su espalda y arquea ligeramente los dedos de sus pies. Cómo su dulce aroma cambia por uno más fuerte e intoxicante. Y como su mirada brilla en sentimientos que no sabe nombrar.

"Yo-yo también…"

Una última embestida y se derramó en su interior cuando sintió al pelinegro contraerse. Lo hizo a propósito, siempre lo hacía egoístamente de esa manera. Llenándolo con su esencia, con su aroma, su nombre.

Eres mío. Todo mío…

Le acarició la mejilla aún en su interior, posando su pulgar en un corte cuyo causante desconoce. Los jadeos suaves de su amor resuenan en la habitación y él se pregunta una vez más porque no puede amarlo libremente. ¿Por qué debe fingir enojo y tomarlo a la fuerza cuando podría pasar la noche entera repartiendo besos en su cuerpo?

Se acostó a su lado, intentando no aplastarle, atrayéndolo hasta su pecho para dormir entrelazados. Enterrando su rostro en esos mechones carbón. Aspirando su aroma e intentando no derramar lágrimas amargas.

Yo te amo…

Ryunosuke le abrazó, escondiendo su rostro en su pecho. Con jadeos cada vez más pausados, más suaves. Está por quedarse dormido.

Le acuno. Tan feliz, tan triste. Tan pleno, tan miserable.

"Te amo…"

Le confesó cuando le supo dormido entre sus brazos, cómo cada noche que compartían sábanas. Abrazándolo más fuerte, queriendo tenerlo una eternidad a su lado.

Pero la eternidad es efímera, igual que su felicidad.

Lo sintió separarse de su cuerpo, cuando el sol estaba asomando sus primeros rayos en el cielo despejado.

Se fingió dormido mientras él se ponía su ropa, distante y con cuidado de no "despertarlo".

Quédate. No te vayas. Ámame…

Son solo algunas de las palabras que quiere decir, peticiones que no llegaron jamás a sus oídos.

Akutagawa salió por su ventana antes de que él pudiera decir nada más. Sin besos en la mejilla, sin despedidas cálidas.

Solo quedan él, su sábana y su desnudez.

Se abrazó a la almohada que aún guarda su aroma, conteniendo las ganas de llorar. Había aceptado amarlo de esa manera porque quería tenerlo cerca, porque era mejor que nada. Pero…

¿Cuánto tiempo más podrá seguir así? Callando los sentimientos que guarda en su corazón y pronto ya no podrá contener.

"Te amo Ryu…"

Un quejido de la escapó con un mal roce de su ropa. Debió saber que el estúpido tigre se volvería todo un canalla por la noche después de haberlo insultado tanto el día anterior.

Solo no esperé que tanto…

Se acarició el hombro, observando a los hombres a su cargo realizar el trabajo. A todos menos a…

"¡Akutagawa-sempai!"

Y ahí está…

"Karma -llamó con voz neutra, viendo a su subordinado llegar hasta su lado- ¿Por qué no estás ayudando a los demás?"

"Oh, pero si estaba ayudando -el chico pelirrojo bajó el rostro ante el regaño. Karma le recordaba demasiado a él respecto a su mentor. No pudo evitar sentirse un poco raro- es solo que vi que algo parecía dolerle y… le traje medicamento"

Observó la mano extendida, la caja blanca de analgésicos.

Lo peor del caso es que no era raro que los subordinados hicieran eso por sus ejecutivos buscando alguna clase de favoritismo o escalar peldaños en la jerarquía de la mafia. Pero este chico…

Lo hace de corazón…

Tomó la caja de entre sus manos, ignorando la gran sonrisa del chico y la molestia de Higushi que alcanza a ver por el rabillo del ojo.

Suspiró. Está mal que la chica sienta tantos celos del adolescente. En todo caso, si alguien debiera molestarse, ese sería su compañero de juegos, el tigre blanco.

Y entonces lo comprendió. O creyó comprender.

Las palabras a medias, los gruñidos molestos y la fiereza con la que el tigre le tomaba durante la noche. Por no hablar de los ojos dolidos cuando le hacían el amor en la madrugada.

Atsushi está celoso de mi subordinado…

Avance del próximo capitulo:

Gimoteó acariciando uno de sus muslos. No es que le moleste el sexo rudo. Pero cuando Atsushi quería, de verdad era rudo.

Buenas noches criaturitas.

Se despide, Artik Queen.