Días después...

Hilde volvía a ver los programas de espectáculo que repetían una y otra vez los momentos favoritos de la ceremonia. Retrocedió con el control remoto la parte en que el novio levantaba delicadamente el velo de la novia frente al altar y ambos protagonistas se posicionaban frente al sacristán para comenzar la ceremonia.

Suspiró sacando una galleta sin despegar los ojos de la pantalla.

La puerta de la entrada de su casa se cerró y Dúo apareció con las compras de la feria.

- ¿Hilde, otra vez estás viendo eso?

- Dile eso a los programas de farándula internacional, aún ellos está por todos lados.

- No se cansarán y leí en el diario que están como locos tratando de averiguar a dónde se fueron de luna de miel.

Dúo empezó a sacar las compras de la bolsa del mercado mientras las imágenes volvían a pasar por la pantalla. Todos los entre telones de la ceremonia pasaron por capturas y siempre que aparecían por algún canal aprovechaban de verificar que ellos no aparecieran en primera cámara. El coro, el pianista y los políticos eran el atractivo principal por orden del guionista del evento.

- Quisiera haberme visto en televisión - lamentó Hilde - no puedo decirle a nadie que estuve ahí, casi no tengo pruebas.

- Sabes que por orden debemos mantener la mayor reserva posible de nuestra conexión y pasado con Heero. El área preventiva ya hace suficiente esfuerzo por ocultar nuestras historias del pasado.

- Por cierto, fue un lindo detalle - comentó ella.

- ¿Cuál? - preguntó guardando las manzanas en la nevera.

- Dejar un asiento libre, para Wufei.

- Fue idea de Heero, quiso dejar un espacio entre nosotros, fue de carácter simbólico... y pensar...¡que ese canalla ya estaba casado antes!. Y ahora además tendrá un hijo y el muy miserable está muerto para conocerlo - agregó con rabia apretando los dientes - ¡maldito Wufei como se te ocurre!.

Fue esa misma noche de la boda cuando Sally les reveló su estado a todos sus compañeros. En la celebración de la fiesta, quiso reunirlos para dar una declaración fortuita y solemne ante todos apartándolos de la muchedumbre. Antes que todos empezaran a beber Sally les confesó que poco después del término de la guerra y siendo compañeros preventivos comenzaron a compartir en privado, teniendo una relación informal. Como resultado de esa relación, actualmente tenía casi dos meses de embarazo. Todos quedaron en shock, Quatre derramó una lágrima, Hilde la abrazó y Noin no tenía palabras. Lady Une cayó en un sillón silente.

En ese instante la puerta del salón se abrió y Relena había abandonado todo protocolo de la fiesta para ir a la pequeña reunión improvisada, casi tropezando con su vestido.

- ¡Lo siento!

- ¿Relena qué haces aquí? - preguntó Sally - no deberías estar...

- No quería perderme este momento. ¿Ya... ya se los dijiste?

- Así es.

El ambiente era melancólico y nostálgico. Relena tomó la mano de su amiga en señal de apoyo e intentó subir el ánimo al grupo.

- Sé que no conocí a Wufei, pero quisiera que este nacimiento sea un motivo de seguir adelante y honrar su memoria.

- La señorita...perdón la reina Relena tiene razón - apoyó Quatre - este es un día de celebración y por lo que estoy entendiendo, Sally nos cuenta qué quiere tener a esa criatura ¿no es verdad?

Sally asintió.

Hilde volvió a cambiar de canal. La televisión mostraba los mejores momentos de la boda, la banda sinfónica interpretaba una melodía en compañía del coro y el maestro de ceremonia daba las palabras a los novios "Heero, ¿aceptas a Relena como tu esposa para amarla y respetarla honrarla y protegerla y serle fiel todos los días de tu vida?"

- ¡Esta es mi parte favorita! - dijo Hilde con los ojos pegados a la tv.

- Todas son tus partes favoritas -bromeó Dúo.

"Si acepto" - dijo la voz de Heero en la capilla. Relena hizo una mueca con un gesto que sacó leves risitas en los asistentes. El novio levantó una ceja desconcertado mirándola. La pregunta se repitió a ella quién con las mismas palabras contestó "Sí, acepto".

Luego vino la postura de los anillos que delicadamente cada uno puso en sus dedos. Posteriormente el clip de la nota se saltó al beso final donde el maestro de la ceremonia daba el pie para que el novio besar a la novia. Ese debía ser un beso protocolar y suave, pero por una extraña razón duró varios segundos más.

- Estoy segura, que Heero sonríe ahí ...¡Mira! - dedujo Hilde, mira su cara.

Ella apretó el botón "stop" de su control remoto. Detuvo la pantalla un segundo más atrás victoriosa de encontrar 3 segundos donde Heero sonríe al despegar sus labios de Relena.

- ¡Awww quién imaginaría verlo así tan enamorado! - exclamó Hilde comiendo otra galleta.

Dúo fue hacia el sillón lanzándose al lado de Hilde robándose sus galletas y metiéndose un par a la boca llena.

- A mi ya "naga" me "soFrenggDe" de HeegGo" - dijo con la boca llena y tragando - es su cara de "Ella es mía y lo haré con ella esta noche"

- ¿Eh?!

- ¿Qué? ¡Pasé meses en misiones con él, conozco sus facetas!

Siguieron viendo la tv y llegaron a la parte más importante. Antes de salir de la abadía y como parte extra de la ceremonia, la reina Marla con ayuda de Paigan se desplazó con la una corona por el pasillo de la capilla. La joya iba sobre sobre un cojín en dirección a la futura reina y la vieja se sentó en un trono dorado, herencia de todas las generaciones del reino.

Heero se apartó para dejarle todo el protagonismo a su esposa. Relena avanzó hacia un podio donde se arrodilló solemnemente frente a la reina Marla. La señora mayor se levantó simbólicamente avanzando y la coronó con una hermosa corona incrustada en oro. Después entregó un cetro de mando en una mano y una banda roja simbólica que cruzó su vestido blanco.

Como siguiente paso, ambas intercambiaron lugar, Relena subió hacia el trono dorado y Marla bajó dos escalones como una subordinada más. La vieja con esfuerzo se arrodilló hasta el suelo con ayuda de su bastón. Fue así como se pasó el mando de poder.

Acto siguiente, Heero ya no usaba la parte superior de su chaqueta militar Blues and Royal, porque Relena entregaría un abrigo militar largo que simbolizaba su poder como príncipe y líder de las fuerzas de la nación. Dos sirvientes se acercaron entregando la investidura, una vez puesta con la chaqueta azulina con incrustaciones de oro, pasó al frente tomando la mano de la reina Relena que bajó los escalones para recibirla cuál príncipe recibía a la dama que debía proteger.

Ella tomó un par de piochas que le acercaron y que debía añadir a su pecho. Protocolarmente, Heero se arrodilló ante ella y con el cetro tocó su hombro izquierdo y derecho. Después volvieron a unir sus manos en señal de unión y ambos dieron cara hacia el frente de los invitados que aplaudieron a la pareja.

Juntos salieron como marido y mujer desde la abadía hacia el exterior.

- Me cuesta creer que Heero se haya entregado a todo esto - comentó Hilde - no es su estilo.

- Era esto o perderla para siempre, estuvo cerca de eso.

- Eso me recuerda ¡Nosotros teníamos una apuesta! - protestó - me debes dinero.

-¿Por qué? yo jamás dudé de Heero

- ¡Mentiroso! - ella le pegó con la almohada - claro que sí, habías perdido toda esperanza.

- Esta bien, esta bien, ¿te pagaré doble el siguiente mes? ¿te parece?

La tv siguió con los comentarios de farándula que hablaban de los pormenores de la fiesta:

"Más de 500 invitados, en un almuerzo impecable para todos los asistentes, pero la verdadera fiesta comenzó por la tarde. El verdadero circulo íntimo de la pareja fueron los que celebraron hasta tarde en los alrededores del palacio. En una boda que casi parece sacada de un cuento no podían faltar los fuegos artificiales. Llenaron el cielo de luces de colores alrededor de las once de la noche.


Un mes después

Las alertas se encendieron en el castillo de Nassaú. Una ambulancia de emergencias llegó cerca de media noche al personas a cargo de la salud de la ex- reina Marla corrían desesperadas para todos lados y finalmente todo parecía indicar que ella pasaba por un momento muy delicado de salud.

Heero contestó el teléfono de madrugada desde una isla paradisiaca de brasil alejada de toda urbe. Esperaba ese llamado en cualquier momento en medio de su luna de miel. A su lado, Relena dormía enrollada en las sábanas blancas apaciblemente. Antes de contestar, salió al balcón del hotel boutique para resguardar su sueño.

La Voz de Mushihi estaba al otro lado de la línea

- Señor es hora.

- Entendido, prepara todo lo necesario con Paigan - ordenó Heero.

- Su vuelo privado estará arribando en una hora.

- Seremos puntuales.

Cortó la comunicación mirando a su esposa en el silencio de la noche. No tenían mucho tiempo.

La Misma noche de la boda, Heero tuvo una conversación sincera con la ex- reina en su despacho reiterando su pregunta de aquella mañana de la ceremonia. El pidió que fuese sincera sobre su enfermedad y los verdaderos tiempos que manejaba sobre su expectativa de vida. La vieja se sentó cansada en su despacho diciéndole que ya debería estar muerta. Sobrevivía por solo deseos, pero que estimaba que le quedaba solo un par de semanas de vida como máximo. Ella le rogó que por favor disfrutaran el tiempo libre de su luna de miel, que no se preocuparan por ella porque tenía todo listo para su partida. Su mayor preocupación, dejar en buenas manos su reino, ya estaba finiquitada.

Reiteró las ansias de tener un heredero muy pronto agregando que confiaba en la virilidad de Heero y en la juventud de Relena. Fue así como la pareja partió a su retiro, aunque solo Heero estaba familiarizado con el real estado de salud de la ex reina.

- Relena - susurró.- Relena.

- Mmm.

- Despierta.

- ¿Que sucede?.

- Debemos irnos.

Los medios no se demoraron en realizar un breaking news sobre el estado de salud de la ex reina Marla. Los reporteros no sabían de su enfermedad, especulaciones iban y venían sobre paros cardiacos, envenenamiento o incluso sobredosis. Nadie entendía qué sucedía en el castillo.

"La ambulancia que al parecer proviene desde el palacio ha llegado al hospital rápidamente - informó la corresponsal - todo indica que trae a la ex reina muy grave de salud, no tenemos más antecedentes..."

Horas después.

Relena irrumpió en la sala de espera del sector privado del hospital. Su abrigo largo negro cubría su informalidad por no alcanzar a vestir ordenadamente, pero lo que menos le importaba en ese momento era verse bonita frente a las cámaras. Heero le explicó en el avión la conversación que tuvo con ella la noche de la fiesta de la boda y cómo estaba todo planeado en caso de deceso de la anciana. Ella sintió pena, esa persona era la única conexión que tenía con su pasado aparte de Paigan y su hermano.

- Ahora solo debemos esperar - dijo Paigan sentándose en el sillón.

Dorothy también llegó a la sala de espera, sacudida por la noticia. Silente sirvió un par de cafés instanéos para todos sentándose frente a una ventana, pasaron la madrugada esperando noticias y en la mañana el doctor apareció dando la ronda. Indicó que ella estaba muy grave y que lo mejor era comenzar a despedirse, porque estaba perdiendo el conocimiento.

- ¿Desea entrar primero? - preguntó Paigan a Relena.

- Ve primero, Paigan, yo debo hablar con Heero antes.

El asintió y desapareció detrás de las puertas. Relena apartó a su esposo lejos de los sirvientes y de Dorothy para conversar en privado susurrando.

- ¿Heero, crees que debo decirle? - preguntó nerviosa.

Heero entrelazó sus manos con las de Relena besando su mano aliviado. No lo había olvidado, hace unos días, Relena se había realizado un test de embarazo y dió resultado positivo. Para estar seguros, realizaron dos más y todos dieron afirmativo. No tenían dudas, ambos serían padres en ocho meses más. Era una noticia muy reciente para contarla a todo el mundo, pero esta parecía ser una ocasión especial y debían comunicar a la persona más interesada en la descendencia del linaje que nacerá un heredero al trono.

- Creo que es importante decírselo, aunque lo dejo a tu criterio. Confío en ti.

El tomó tiernamente el rostro de Relena juntando su frente con la de ella.

Llegó el turno de Relena de entrar a ver a la ex reina Marla. Se puso un traje especial y una mascarilla para ingresar a la sala. La mujer estaba con oxigeno y además con una serie de sondas conectadas. Al ver a Relena entre abrió los ojos débilmente. Pálida, huesuda y demacrada no parecía tener ni un atisbo de la vitalidad de cuando la conocieron.

- Re...le...

- Por favor no hable - pidió.

La joven tomó su mano arrugada como apoyo acompañándola.

- Supe de la conversación que usted tuvo con Heero, son unos cómplices, debieron decirme que quedaba tan poco tiempo de vida. Yo quería...al menos contar con usted en mis primeros meses de mandato.

- Perdo...name.

Relena suspiró.

- No tengo nada que perdonar. Solo debo agradecer por su generosa hospitalidad y entrega a mi persona. Por confiarme su reino. A mi y a Heero. Estoy feliz de haberla conocido - Relena botó una lágrima por su mejilla que limpió con su manga - ¡por cierto!... tengo una noticia que dar, sé que no es el mejor momento, pero quiero que sepa algo muy importante ahora.

La Reina abrió los ojos esperanzada. No era solo su idea que veía a Relena más hermosa que lo normal. Tenía un brillo especial en sus ojos que la acompañaba ese día. No fue necesario que ella lo dijese, la mera suposición hizo que la señora humedeciera sus ojos y el asentimiento de Relena fue todo lo que necesitó como confirmación de su suposición.

Al salir de la sala Relena estaba deprimida pero aliviada de haber comunicado a tiempo la noticia, asintió hacia Heero como señal de que había hecho lo correcto.

Horas después, todos los canales de televisión confirmaban el deceso de la antigua Reina debido a una enfermedad tumoral en su cerebro, la cual no fue difundida antes por decisión personal de la mandataria y todos los preparativos del funeral estaban hechos y dispuestos por parte del castillo.


Días después.

A diferencia del deceso de Wufei ocurrido tiempo atrás, este tenía otro aire. El sol se levantaba esplendido frente al cementerio general frente al mar, la brisa marina corría apacible en la costa y las personas asistentes no estaban tan tristes como aquella vez. Las lápidas cuidadosamente apiladas en un césped radiante daban una apacibilidad única al lugar.

Estaban en el mausoleo de la familia real, lugar privilegiado del cementerio con la mejor vista frente al mar y donde Relena y Heero ya tenían designado un lugar en caso de fallecimiento. El mar acompañaba el risco y las aves rondaban la zona en una playa cercana.

Heero miró alrededor, no se sentía ajeno entre el gentío que despedía a la ex reina, aunque la escena era bastante similar. Dúo estaba acompañado de Hilde, Quatre y Trowa conversaban apacibles, Noin y Sally charlaban bajo el haya de un árbol. El sintió una calidez en su mano, Relena llegó por detrás sorpresivamente para entrelazar sus dedos y apoyarse en su hombro. El reclinó su cabeza junto a ella.

" Sí, definitivamente esta vez es diferente" - pensó aliviado y agradecido de estar acompañado.

El coro comenzó a cantar una canción apacible mientras el ataúd comenzaba a bajar lentamente.

"¿Era posible darle otro significado a la muerte? - pensó - después de todo, aquí alguien, pero hay dos mujeres esperando bebés"

Recordó una vez más a Wufei y sonrió mirando las nubes que adornaban el cielo despejado.

Su compañero siempre lo supo, siempre trató de decirle que su lugar era aquí en la tierra junto a ella. Fue un testarudo desde el comienzo. Sonrió aliviado. Aliviado de haber tomado las decisiones correctas, de no haber perdido la chance de estar con su esposa, de estar esperando un hijo con ella. Quizás eso último era lo mejor de todo de haber pasado por tantas peripecias los ultimos meses. Todo fue una completa locura.

-¿Heero en qué piensas? - preguntó Relena apoyada en su hombro.

- En ti.

- De verdad... ¿En qué piensas? - insistió ella.

- En nuestro hijo o hija.

- Eso es más convincente.

Las personas comenzaron a retirarse lentamente del cementerio, incluido algunos sirvientes quedando solo los más cercanos a la reina y hasta el final los mismos de siempre. También esta vez estaban Paigan, Dorothy y otros personajes de la servidumbre.

Todos Abrieron un espumante en honor a la ex-reina para hacer un brindis en medio de la explanada.

¡Por la reina! - exclamaron juntando sus copas.


Dos años después.

Un pequeño niño andaba como un gato por debajo de las mesas del jardín preparadas con las exquisiteces para celebrar su primer cumpleaños. Una gran fiesta de en el jardín privado de la familia real fue organizada por sus padres con sus familiares y amigos más cercanos.

Los sirvientes del gran castillo de Nassaú salieron a la explanada de pasto con bandejas de plata adornando las mesas, en ese momento la reina buscó apareció en el umbral de la mampara desesperada buscando a su hijo:

- ¿Alguien ha visto a Ryo? - preguntó Relena.

- Su majestad, lo hemos visto escondido entre las mesas - respondió una sirvienta cansada.

- No hemos podido agarrarlo- respondió otra.

- ¡Ese niño ! - contestó su madre molesta -¡Ryo!

Ella corrió hacia la mesa prnicipal y levantó el mantel buscándolo. Luego fue hacia otra y un pantalón azul distintivo con un bolsillo amarillo fue clave para tomarlo desde la mezclilla hacia atrás con fuerza. El chiquillo lanzó un grito de sorpresa como si estuviera jugando burlezco..

-¡Te han buscado por todas partes, basta de esconderte!

Relena lo tomó en brazos mientras su hijo hacía una pataleta. Ya estaba acostumbrada, cada vez que debía tomar un baño, el niño arrancaba de la servidumbre siendo ella la que debía tomar el control. Ryo, aunque pequeño, era muy ágil,se escondía por todo el castillo desapareciendo por horas.

- ¡No quiero¡ ¡No querer!- pataleó el niño.

- Si sigues así, diré que Meiran no venga a tu cumpleaños - amenazó Relena.

Relena lo entregó a las sirvientas y Ryo se quedó tranquilo rezongando por lo bajo. Suspiró. Odiaba amenazarlo, pero no tenía otra opción.

- Buena estrategia - interrumpió Heero irónico apoyado en la pared.

-Si.. si - se burló Relena molesta - me ayudaría bastante si intervinieras, Heero.

- Lo haré, la próxima vez, lo prometo.

Heero se acercó como un gato en celo rodeando su cintura y dándole un beso cariñoso, pero ella miró su reloj. El puso sus ojos en blanco.

-¿Qué? - supuso molesto.

-¡Tenemos que prepararnos, Heero! Nuestros invitados llegan en media hora.

-Ok, ok, solo con una condición.

-¿Cual?

Heero Mordió el lóbulo de la oreja de su esposa. Relena subió por las escaleras desaferrándose de los brazos de Heero.

- Solo si te apuras lo pensaré - adividó ella.

- ¿En serio?

- No veo que te apures...

Heero quedó plantado sin remedio en el pie de la escalera entendiendo su juego, se rascó la cabeza y subió dando sancadas esperando no ser manipulado por su esposa, otra vez.