Después de tanto tiempo me animo a volver y como no con mi pareja favorita NamixZoro. Estoy algo oxidada así que disculpen si cometo fallas de antemano.
One piece no me pertenece a Eiichirô Oda.
Espero que les guste y en caso de que quieran que la continúen háganmelo saber, de lo contrario me demorare en subir el siguiente.
CAPÍTULO 1
Como era costumbre pasé toda la noche con los ojos cerrados fingiendo dormir, en la habitación del hospital solo se escuchaba la respiración de ella y la mía. Por más que intentaba conciliar el sueño era una hazaña lejana, el sofá no podía ser un buen lugar de lecho. Incomodo como él solo, lo sabía de maravilla, estos tres meses han sido mi calvario y confidente.
Intente acomodarme en busca de la postura que fuera menos perjudicial para mi columna vertebral resultaba que era un esfuerzo en vano.
Prefería maldecir al dichoso sofá que enfrentarme con la realidad, escuchar llorar a mi madre cuando pensaba que estaba durmiendo me recomía por dentro, al final terminaba llorando en silencio junto con ella mordiendo los cojines.
Sabía que no sería sencillo, pero el ver sufrir a quien más quieres y no poder evitarle dicho mal me atormentaba, lo único que podía hacer era actuar haciéndole creer que todo estaba bien.
Según los médicos era muy pronto para decir que el tratamiento haría efecto, su cáncer lo detectaron tarde añadiéndole el tiempo que tardemos en reunir la abundante cantidad para costearlo; me aseguraba que lo primero que viera al despertar fuera mi rostro radiante y recordarle lo mucho que la amo.
Ella me recriminaba que no acudiera a la universidad constantemente, si para mí era difícil habría que estar en sus zapatos para vivir ese infierno, mi madre es una mujer fuerte ni la quimioterapia pudieron doblegarla, siempre se quejaba de que no le permitieran fumar, aunque ella sabía que el cáncer de pulmón fue fomentado por sus adorables cigarrillos.
Por un momento pensé en llamar a mi hermana y mi padre, desde que se divorciaron y Nojiko se fue con nuestro padre no he vuelto a saber de ellos, triste porque daría lo que fuera por que alguien me abrazará diciéndome que todo saldrá bien.
Con un suspiro largo escuché el último sopló de aire de Bellemere sin saberlo, no lo supe hasta que la maquina empezó a sonar con un pitido constante.
—¡MAMÁ! —grité apresurándome a su lado, mi vista fue a la pantalla en la que descendía sus pulsaciones, —¡DESPIERTA POR FAVOR! —ni siquiera sé cuándo rompí a llorar, el hecho era que estaba gritándole, mi único objetivo era que volviera, que regresará conmigo, al tocarla para zarandearla me arrepentí enseguida, el calor que siempre me radiaba se transformó en un hielo penetrante.
Los médicos y enfermeras tardaron en llegar, ¿o no? Los segundos en los que tarde en llegar a ella se me hicieron eternos, llamar al personal sanitario ni siquiera se me pasó por la mente. Unas enfermeras me arrastraron hacia la puerta, me comporté como una fiera y otro enfermero tuvo que acudir a ayudar a las dos mujeres que me arrastraban a mitad de camino.
—¡CÓMO SE TE OCURRA DEJARME SOLA NO TE LO PERDONARÉ NUNCA! –fue lo último que pude gritar antes de que cerraran la puerta, perderla me aterraba, estar asustada se quedaba corto a como me estaba sintiendo, mi mundo se venía abajo, ¿Qué haré sin ti mamá?
¿Qué podía ser peor que perder a la persona que amas? Deber dinero de un tratamiento inútil. Si hubiese tenido esa cantidad en el momento oportuno podría haberse sometido antes y las probabilidades serían menores, ahora tenía que conseguir el dinero de esos rufianes.
Trabajaba de sol a sol, literal, estar desocupada me hacía pensar en ella y me urge lograr cubrir esta enorme deuda. Los tres primeros días estuve abatida, tanto que dejé la universidad, estudiar me era innecesario, tener un libro entre mis dedos me hacía recordar los reproches de que asistiera a clases partiéndome en trocitos diminutos mí ya rotó corazón.
Aceptaba cualquier tipo de trabajo, a primera hora de la mañana trabajaba en una cafetería, al medio día me convertía en cajera de supermercado, en la noche trabajaba en un bar a las afuera de la cuidad hasta casi el amanecer y si disponía de algún día libre lo rellenaba siendo la asistenta del hogar o niñera particular de una familia adinerada, todo con tal de no recordar.
Tarea fácil no era tener que pagar facturas, alquiler, luz, agua, comida, teléfono, internet, transporte y la deuda. En este mes y medio me di cuenta de que deseaba volver al pasado y quedarme como niña chiquita con tal de estar con ella. Lo peor era estar en el bus camino al bar, durante el trayecto solo la pensaba a ella y la promesa que me hice a mí misma, seré rica cueste lo que cueste, da igual el método, no perderé a alguien que quiero por dinero nunca más.
Lo sensato en estas circunstancias era centrarme en pagar la deuda, sin estudios, ni ganas de retomar la carrera de artes escénicas, me quedaba depender económicamente de algún idiota, para mi desgracia los tipos que se me acercaban si eran verdaderos idiotas, el inconveniente que no disponían de la fortuna que tenía como condición.
Estaba de luto, aunque puedo asegurar que una de las formas en la que controlaba mi rabia e ira era sacándola toda, ya fuera en peleas, trabajando, ejerciéndome o acostándome con desconocidos. Las noches de insomnio me las pasaba corriendo con la brisa de la noche golpeándome la piel o notando el calor corporal de un extraño, un dulce no amargaba a nadie por eso me lo daba con algún macizo.
A simple vista llamó la atención, de hecho, siempre me ha gustado sentirme diva, en otra vida seguro que fui toda una celebridad. Encontrar un hombre no me suponía ninguna tarea suicida, se podría decir que era a la inversa, lo complicado era deshacerme de ellos, no suelo repetir total, nos usamos mutuamente y cada uno por su lado, los dos ganamos. La realidad no podía ser más puñetera conmigo, no es que haya estado con muchos, solo con dos hombres desde que Bellemere no está, lo que suma un total de tres hombres, no soy ni puta ni santa, eso me considero, una mujer que busca disfrutar el presente y da la casualidad que con los babosos con los que se divertía querían más, si fuera conmigo yo también estaría dispuesta, por su desgracia era imposible no me gustaban más allá de algo físico y no cumplían mis expectativas, mi tiempo es dinero, sino me suma billetes grandes no me interesa.
Llegué al roñoso bar típico de mesas de billar en el centro con una barra enorme, no era un lugar donde la seguridad estuviera garantizada, pero las propinas y el salario enamoraban a cualquiera. Con el delantal negro amarrado a mi fina cintura salí a coger la comanda a los simios borrachos, todo salía bien hasta que querían dárselas de listos y aprovecharse de mí.
—Buenas noches, ¿Qué desean pedir? —me enseñaron educación de pequeña, la se usar sobre todo con la sonrisa de no haber roto un plato, ser actriz debería haber sido lo mío.
El grupo de hombres me observaban de arriba abajo, devorándome con contacto visual, gracia a su descaro me preparé, nunca se saben que se traerían entre manos, de tantas veces aprendí, más que nada por las amenazas de mi jefe, día sí y día también, como sí que estuvieran la mayoría de clientes en celo fuera mi culpa, me vestía lo más recatada posible solo para evitar mi despido, en fin, hay cosas que por una más quiera se escapa de nuestro control.
—Cervezas para todos —hablo de forma pausada como si me faltaran neuronas, como odio este tipo de cliente. En total eran cinco hombres peculiares cada uno diferente con extrañas ropas, cortes y colores de pelo.
Me retire asintiendo con la cabeza, estar con tipejos así me daba mucha rabia y me hacía replantarme como termine aguantando esto, hasta que recuerdo por dinero que sino.
Con cinco jarras de cerveza me acerque a la mesa poniéndole a cada individuo su flamante bebida, cuando me quedaba por poner una, note como una mano del hombre que faltaba por servir iba directa a mi parte trasera.
En posición y lista para devolverla con los ovarios más que hinchados por este tipo de mierda constante le fui a tirar la jarra a su puta cara, para mi desgracia uno de los chicos que jugaba al billar en la mesa de atrás le torció la mano y se interpuso entre él y yo, el tipo de pelo verde era enorme como lo era de estúpido.
El cristal termino haciendo colección en su espalda desgarrando la camiseta negra y empapándolo del líquido viscoso, era obvio que me iban a despedir y estaba hartándome, lo que menos imagine era que me tocaría lidiar con dos imbéciles esta noche, que suerte la mía.
