Disculpen enormemente mi ausencia en mis otros trabajos, pero he sufrido una gran carencia de entusiasmo, y espero que escribir esto logré sacarme de mi hoyo.

Cómo siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capitulo I. Estudiarlo.

Hermione Granger veía desde la mesa de los Gryffindor hacia el otro extremo del gran salón, sin prestarle atención al discurso inaugural de la mujer que había sido su jefa de casa durante seis años y ahora era la directora de la escuela, este extraño comportamiento para la Head-Girl era causado únicamente por un joven, que según se sabía, había rechazado el mayor honor que podía entregar la escuela, claro que comparado con sus otros méritos, el ser nombrado Head-Boy era como si le dieran una calcomanía de bien hecho.

Para la joven bruja no había alguien más enigmático que Harry James Potter, el niño que vivió, el hombre que conquistó, el campeón del torneo de los tres magos, el héroe de la Gran Bretaña Mágica, Caballero de la reina, ganador de la orden de Merlin primera clase, y por supuesto el príncipe de Slytherin.

Hermione podía contar perfectamente las ocasiones que tuvo contacto con el azabache desde que comenzó su educación en Hogwarts, sin embargo de una manera u otra el siempre se las arreglaba para estar en el foco de su atención.

Todo había comenzado cuando en la clasificación de casas al que se creía era el claro material para Gryffindor había sido seleccionado no en otra casa que Slytherin, aún podía recordar el ajetreo que causó en el gran salón cuando el sombrero grito el nombre de la casa de los astutos después de un par de minutos en su cabeza, y el pequeño pelinegro avanzó con una confianza ajena a un niño de diez años hacia la mesa de su casa, sin siquiera parecer que se diera cuenta del caos que había causado, claro que ella había leído todo lo que había podido sobre una de las leyendas más grandes desde que el gran Dumbledore había acabado con el terror causado por el mago oscuro Grindelwald, pero después de verlo en las clases que solían compartir, el tan aclamado niño que vivió le dio la impresión de no ser más que un nombre que había llenado de más al niño detrás de él, por lo que había tomado la decisión de no prestarle atención.

Esta desición aunque consciente, no la había satisfecho en lo más mínimo, pues cuando leyó sobre de el, había imaginado que aquel niño podría ser lo que había estado buscando desde que se dio cuenta que era diferente a los demás, algo que incluso en el colegio Hogwarts de magia y hechicería salio a relucir en poco tiempo, sabía que a sus compañeros de clase no les agradaba por siempre participar cuando algún profesor preguntaba, pero no era su culpa que no leyeran sus libros antes de clases, o que no presentarán atención cuando hacian sus tareas para poder participar cuando se les preguntará sobre de ello.

Fue especialmente difícil después de su cumpleaños, ella había tenido la ilusa esperanza que alguno de sus compañeros preguntará por qué sus padres le enviaron una tarjeta de felicitaciones, pero esa esperanza se rompió en millones de pedazos cuando al final del día había permanecido tan sola como cualquier otro día.

En Halloween de su primer año, ella había escuchado a su compañero de clase Ronald Weasley burlarse de ella después de que intento ayudarle con un encantamiento, causando que se diera cuenta de lo que había estado sabiendo desde hacia algunos meses, encerrada en un baño del tercer piso, ella dejo que aquellos pensamientos y sentimientos que habían estado atormento dentro suyo desde hacia meses desbordaran, sabía que si se rendía sus padres la apoyarían lo más que pudieran, pero aquel simple pensamiento le hizo tener náuseas, ella no era de las que se rendían, ¿y que si no les agradaba a sus compañeros? Ella no estaba ahí para agradarles, cuando paso sus manos por la piel irritada de sus mejillas, habia tomado una decisión, no dejaría que las palabras de un niño la privaran de su educación, y con la frente en alto salió dispuesta a afrontar lo que se le lanzará, apenas había abandonado el baño para dirigirse a su sala común cuando vio a varios de sus profesores reunidos alrededor del cuerpo tendido de un ser que alcanzaba a cubrir todo el pasillo, todos tenían sus varitas levantadas como si esperarán que en cualquier momento se levantará, pero sus ojos no estaban sobre de él, sino que su atención estaba dirigida hacia alguien que permanecía oculto para ella, ahora, normalmente ella no escucharía una conversación ajena, pero una simple oración hizo que su curiosidad se levantará sobre de sus modales.

- ¡Señor Potter! - había sido la voz de su jefe de casa. - ¡En el nombre de Merlin, ¿Que estaba haciendo fuera de su sala común?!

- Profesora, yo no sabía que debíamos estar en nuestras casas. - escuchó la voz de Harry Potter contestarle.

Aún a un par de metros alejados de ellos, logro ver a la jefa de Gryffindor suspirar con cansancio. - Se dijo durante la fiesta que se dirigieran a sus casas.

- Minerva. - fue la tenue voz del director la que hablo. - Harry me pidió personalmente excusar su presencia del banquete.

Y en las palabras del director hubo cierta familiaridad que no se esperaba tuviera con un alumno de primer año, y por mucho que quisiera seguir escuchando, sabía que si era descubierta al contrario de su compañero, ella no tendría una excusa factible para su desobediencia, o por lo menos no una que no le avergonzará, y por ello decidió dar media vuelta e ir a la torre Gryffindor lo más rápido posible, aquella noche su mente fue a la deriva sobre lo que había visto y oído, pero no por el problema con el Troll sino que su mente había encontrado un problema que no estaría dispuesta a dejar ir, y que hasta el comienzo de su séptimo año no había logrado resolver, sino por el contrario se había vuelto cada vez más enigmático.

Harry Potter rápidamente se convirtió en un tema que a su cerebro le gustaba rebuscar en sus tiempos libres, no solo por qué al final de su primer año, aquel niño que parecía no entendía las clases y que hasta el momento no se había molestado en hacer un hechizo en presencia de un profesor había logrado llegar a segundo lugar en desempeño académico y había hecho que Slytherin ganara por un margen arrollador la copa de las casas, que según en palabras del director Dumbledore por una valiente proeza más allá de su edad.

Su segundo año, le había provocado un mayor estrés, no solo por el basilisco que había petrificado a un par de alumnos, un fantasma y un gato, sino que Harry Potter se convirtió en el tema preferido de su sala común, no hubo un solo día en el que los Gryffindor's no acusaran al azabache de ser el heredero de Slytherin, y solo por el hecho de que durante un duelo él había hecho alarde de su magia.

Después de que los profesores Lockhart y Snape, hicieron su pequeña demostración, la cual culminó en la humillación del profesor de defensa, ambos habían escogido a un par de alumnos para que demostraran los conocimientos "adquiridos", Snape había tratado de tomar a Harry para la demostración, pero antes de que llegara a él, el hombre que se hacía pasar por un profesor decente lo había tomado y empujado a la mesa que servía como campo de duelo, Hermione aún podía recordar el odio que vio en los ojos del profesor de pociones por ello, y este a regañadientes había tomado a Draco Malfoy como su campeón.

- Nada más allá de aturdidores directos. - Había dicho Snape a sus dos alumnos, y Hermione se preguntó el por qué de la amenaza, una pregunta que se verificó casi al instante.

Ambos niños tomaron una postura idéntica, con una mano al frente, y su contraía alzada detrás de su cabeza con la varita empuñada, como un par de serpientes a la espera de un ataque, la tensión de ambos era casi palpable, aunque ambos se sonreían uno al otro.

- ¡Ahora!. - Gritó Snape.

- ¡Serpensortia! - Gritaron ambos lanzando sus varitas hacia su rival.

La cobra real de Draco se alzo siseando en advertencia, pero lo que causó el grito de terror de los alumnos fue una serpiente de casi tres metros de largo, de color arena brillante y en su lomo una línea de carmín la adornaba, la serpiente no amenazo a los alumnos, ni dio advertencia de ataque, sino que simplemente se lanzó en contra de la cobra tomando la bese de su cabeza con una rapidez sorprendente, y apenas la había mordido su cuerpo la fue enrollando dispuesta a comer a su presa.

Snape dio un paso adelante y desenterró a la Taipan con un movimiento de varita, con una mirada desdeñosa, como si se cautivará de la impresión que dejaron sus protegidos en los demás, les dijo. - Como pudieron apreciar, por sus... compañeros. - Aquella palabra fue dicha con un desdén tal que a más de uno se vio ofendido, pues era como si no creyera que debían ser puestos en la misma categoría que ambos Slytherin. - Hay diversas maneras de manejar un duelo, con la restricción del uso del aturdidor, ambos se dieron a la tarea de demostrar una manera diferente de competencia, para el hechizo de invocación no sólo se necesitan palabras y movimientos de varitas sin sentido, es necesario poder y visualización, en este caso Potter, fue por una especie más mortal que su contrario que fue por una serpiente más impresionante.

Pero la explicación fue dicha para oídos sordos, pues Hermione fue testigo de cómo la gran mayoría veía con miedo al azabache, y no fue difícil discernir como toda la escuela había proclamado al heredero de Slytherin.

- La mano. - Dijo Snape cuando la gran mayoría había corrido fuera del salón, y Hermione fue de las pocas testigos de cómo ambos se sonreían y se daban la mano.

Durante su año escolar Hermione se había tomado la tarea de descubrir al causante de las petrificaciones, ella no creía que fuera alguien a quien claramente no le importaba nadie más que si mismo, y ello descartaba a Draco Malfoy, Harry Potter y a la gran mayoría de Slytherin, quienes claramente solo se procuraban a si mismos, y aunque recalcitrantes, ella no creía que fueran mayor amenaza que cualquier niño menor de edad. Después de mucha investigación, y ver a la gran mayoría de las serpientes mágicas, pues que otra cosa sería si no fuera una, logró dar con el tabú de la magizologia, solo encontrándolo en una copia de Animales Fantásticos y Donde Encontrarlos, ella había querido alertar al director, pues creía que era el único capaz de hacer algo al respecto, pero cuando fue hacia su oficina, encontró a Harry Potter frente a la gárgola que custodiaba al recinto del director, sus ojos verdes veían con tristeza hacia el frente.

- Dumbledore fue destituido. - Le dijo sin siquiera verla, y esa fue la primera vez que le hablo.

- Pero... - En ese momento sintió como si las piernas le fueran a fallar en cualquier momento, y su corazón se saltara un par de latidos.

- El enemigo mortal de las arañas, petrifica cuando la ven indirectamente, y sin embargo no sé que sea. - Vio su mano tomar su varita con fuerza, como si él no saber le lastimara.

- Un basilisco. - Le confesó, sin saber en realidad por qué se lo decía.

Y por primera vez la volteo a ver a los ojos, y vio como su rostro se iluminaba por sus palabras, estaba segura que iba a decir algo, cuando la profesora McGonagall llegó corriendo desde el pasillo.

- ¿¡Que están...?!- Comenzó a decir, pero guardo silencio casi de inmediato. - No importa, ustedes dos a sus salas comunes.

Hermione vio a Harry empezar a caminar, pero ella no podía resistir la tentación de saber que sucedía. - ¿Que pasa?

Por unos minutos la severa profesora pareció debatir consigo misma, y con un suspiro les dijo. - Una alumna fue secuestrada, y la junta directiva a ordenado el cierre de la escuela, van a ser llevados a King Cross antes del anochecer, ya sus padres han sido informados.

- Pero profesora, es un basilisco.

Y al igual que Harry su rostro se iluminó durante unos segundos, para que de pronto el peso de la situación volviera a caer sobre de ella, como si la confesión no bastara para ella. - No importa, nadie sabe dónde está la cámara.

Ambos alumnos comenzaron a caminar, y cuando se separaron, Hermione vio como Harry tomaba un camino distinto al que llevaba a las mazmorras, aún con su varita en mano.

Permaneciendo en su sala común junto a todos sus compañeros, vio como los Weasley parecían enjaulados en sus propias pieles, y cuando descubrió que la menor de su familia había sido la alumna desaparecida ella no pudo evitar sentir un poco de simpatía por ellos, aun después de su desastrosa convivencia.

Fue horas más tarde cuando una mujer y un hombre de cabello rojo muy distintivo entraron a la sala común con una niña en brazos que toda la tensión pareció desaparecer, los Weasley corrieron hacia sus padres, y abrazaron a su hermana como si fuera la primera vez que la veían.

- Todo está resuelto ahora. - Dijo la profesora McGonagall, y nadie la había notado hasta que hablo, pues la mayoría estaba absorta en la conmovedora escena que se llevaba a cabo frente a ellos. - La cena se llevará a cabo aquí, y mañana se espera su presencia sin falta en el desayuno.

Y aquella noche fue la primera vez desde que había comenzado todo, que pudo dormir tranquilamente.

A la mañana siguiente, cuando se dirigía al gran salón para el desayuno, vio a Harry Potter, estuvo a punto de pasar frente a él sin una segunda mirada, a pesar de su gran curiosidad por saber que había sucedido, pero antes de que pudiera hacerlo, el alzo la mirada, y se paró enfrente suyo.

- Te debo una. - Le dijo, apenas viéndola. - Si alguna vez necesitas algo, y está en mis posibilidades, no dudes en pedirlo.

Antes de que pudiera saber a qué se refería, el azabache dio media vuelta y se fue, dejándola con un millar de preguntas que solo parecían multiplicarse con cada encuentro. Durante su desayuno el director recién restituido les había informado sobre la cancelación de las pruebas, y durante un segundo vio como el longevo mago la vio a los ojos y su sonrisa pareció ensancharse con algo parecido al orgullo.

Su tercer año aunque agotador en el sentido de usar un gira-tiempo para asistir a todas sus clases, no había sido en lo mas mínimo emocionante, claro que Ronald había acusado a su familiar de comerse a su rata mascota, pero había hecho lo mismo con todos aquellos que tenían a algún familiar, pues pese a que eran mágicos, los animales seguían teniendo necesidades básicas, y en el caso de los gatos y las lechuzas estas eran las de cazar, por lo que al igual que siempre, decidió no prestarle atención al pelirrojo. Ella se había preocupado por Sirius Black tratando de entrar a la torre, pero el simple hecho de que lo hiciera durante el banquete de Halloween le decía que no quería hacerles daño, lo que dejo con la sensación de que estaría buscando algo dentro de la sala común, algo tan importante como para arriesgarse a ser besado por un dementor. Sin embargo, a finales de febrero había pasado algo sorprendente, alguien que se creía muerto, había sido atrapado por su profesor de defensa y el profesor de pociones, Peter Pettigrew, había sido declarado el verdadero traidor de los Potter, muchos habían querido su cabeza clavada en una pica en el ministerio, desafortunadamente, al igual que hacía doce años, el mago se escapó en su forma animaga, ahora durante una visita al baño, pues según se decía había logrado irse por el desagüe. Aunque el lado bueno es que los dementores habían sido llevados nuevamente a Azkaban y Black había sido exonerado de todos los cargos, sin contar su escape de la cárcel. Después de aplicar sus exámenes, descubrió que la mayoría de clases no eran para ella, tomó la decisión de solo asistir a las clases de Runas Antiguas y Aritmatica que al final de cuentas eran las más afines a ella y no era por qué eran las clases que compartía con Harry Potter, por supuesto que no.

Su cuarto año había comenzado bien, durante su estancia en Francia con sus padres noto que los hombres comenzaban a verla de manera diferente, sin embargo algunos de ellos decidieron mostrar su atención de una manera non grata, y se había tenido que dar a la tarea de aprender y usar el hechizo punzante para alejarlos durante los pasillos, claro que no era la única, Daphne Greengrass al parecer había logrado atraer la atención de cierto mago de cabello negro y gafas, ganándose el rencor de una gran mayoría de población femenina, pues aunque durante años ambos habían sido compañeros, durante el torneo de los tres magos, ambos se acercaron de una manera mucho más íntima.

Cuando la copa que elegía a los campeones había arrojado un cuarto papel, con el nombre de Harry, el gran salón se lleno de un silencio sofocante que pareció extenderse durante una eternidad aunque fueron solo unos cuantos segundos, y un segundo después la rubia había comenzado a aplaudir con vehemencia, y al momento siguiente toda la mesa de los astutos siguió su ejemplo, causando un sonido sordo mientras que el mago de catorce años caminaba con la misma confianza de siempre hacia el director.

Después de eso, muchos habían tratado de averiguar cómo el joven había logrado confundir al artefacto para que lo eligiera, pero cuando se le preguntaba a él, o a cualquiera de su casa, la respuesta era la misma, un simple encogimiento de hombros.

Ella había asistido a la primera tarea como un favor al director, pues este les había pedido el apoyo a los dos campeones de Hogwarts, claro que se había impresionado con la forma en que los tres primeros competidores se las habían arreglado para completar la prueba, pero como siempre parecía que Harry Potter no podía hacer nada a medias. Todo el contingente Slytherin estaba presente, esperando a que su campeón saliera de la tienda, mientras veían como uno de los más feroces dragones era puesto en la arena.

Harry salió del mismo lugar que los demás, pero a diferencia de los tres anteriores, no comenzó a lanzar hechizos apenas toco la arena, sino que con una calma apenas comprensible comenzó a caminar directo hacia el dragón, este pareció igual de aturdido que la audiencia que lo veía, pero a diferencia de ellos, salió de ella casi de inmediato, muchos vieron con horror como el dragón inhalaba preparándose para escupir fuego, pero al mismo tiempo su adversario alzo su varita y dio un par de movimientos que casi ninguno fue capaz de seguir, cuando el colacuerno húngaro estaba por incinerar al mago, una gran serpiente hecha de rocas emergió de la arena atrapándolo del hocico deteniendo su ataque, y aunque para muchos fue francamente aterrador ver a la serpiente sostener a la bestia, al parecer no fue suficiente para el mago, pues una segunda y tercera emergieron de la misma manera, sosteniendo su cuerpo incapacitando todos sus movimientos en un segundo, dejando a una de las más poderosas bestias del mundo mágico indefensa ante el mago, este por su parte no había detenido su andar y paso a su lado como si fuera una cosa de todos los días, y fue así de simple que tomó el huevo dorado bajo su brazo y salió de la arena, dejando un retumbar de gritos detrás suyo.

La joven bruja aún podía recordar perfectamente el sonido de las rocas tallándose una contra la otra, como la magia hacia lo que se le ordenaba, haciendo gala de un poder y control apenas comprensible para la gran mayoría de los magos, ella era consciente que no todos nacían iguales, algunos tenían la fortuna de haber nacido en alta cuna, otros como ella tenían una afinidad por el conocimiento que si se lograba cimentar bien podría ser tan magnifica como cualquier don con el que se podría nacer, y por último estaban aquellos que tenían talento, puro y llanamente talentosos, y por supuesto era consciente que el talento por sí mismo solo podía ser llevado hasta cierto punto, que si se quiera ir más allá se necesitaba mucha dedicación, y por primera vez desde que había comenzado su curiosidad por el llamado niño que vivió, comenzaba a verlo no sólo como un joven que parecía no se esforzaba, sino que en realidad no lo hacía frente a ella, y quiso averiguar qué tan diferente era comparado con los demás.

Después de su demostración, era raro que alguien aparte de los de su casa tuvieran contacto con el azabache, pareciendo que el heredero de Slytherin había vuelto, ganándose el apodo entre los chismes de la escuela del príncipe de Slytherin, y por supuesto que el príncipe no podía tener a nadie más que a la princesa a su lado, eso se demostró en el baile de Yule.

Cuando fue anunciado, Hermione había pensado que lo mejor sería regresar a casa para pasar tiempo con su familia, sin embargo en el transcurso de la primer semana, y después de rechazar a una gran cantidad de jóvenes que la querían como acompañante, algo había pasado qué creía podría acercarla más a su investigación, Víktor Krum la había invitado al baile de Yule, y aunque no había pronunciado su nombre bien, ciertamente fue una caricia a su ego que uno de los competidores del torneo y un jugador profesional de quidditch la invitará especialmente a ella, tampoco dañaba lo bien parecido que era, por lo que terminó aceptando su invitación. El único inconveniente que había encontrado durante aquellas vacaciones fue tener que soportar a Ronald despotricar sobre como no había logrado encontrar a una pareja para el baile, cuando incluso su hermana pequeña lo había hecho.

Cuando se reunió junto a los campeones para su gran entrada, la joven no pudo evitar ver a los demás competidores, y sus respectivas parejas, aunque desafortunadamente para ella, su atención ciertamente quedó atrapada en alguien en especial. Cuando niña, la forma en que sus padres incentivaron la lectura en ella, fue con cuentos de hadas, aunque ya mayor llegó a alejarse de la idea de un príncipe encantador que la salvara del feroz dragon, en el momento en el que lo vio, su mente no pudo evitar ir a la imagen a la que solía ir cuando imaginaba a un príncipe de cuento, su cabello azabache seguía siendo incontrolable, pero su rostro parecía más impecable, sus rasgos eran prominentes, y sus ojos verdes eran tan intensos como la maldición asesina que habían visto durante una clase, su atuendo era francamente espectacular, su túnica negra tenía volantes como aquellos que ocupaban en épocas pasadas, dandole un aire aun más sofisticado que solo hacia resaltar sus atributos, y aunque bajo comparado con el resto de competidores, parecía el más grande en la sala, como si su sola presencia exigiera la sumisión ante el, pero lo que hizo que su corazón se saltará un par de latidos fue a la hermosa bruja que tomaba su brazo con una linda sonrisa mientras le susurraba al oído algo que solo ellos sabrían, parecían la imágen misma de belleza, como si de una obra de arte se tratara.

- Buenas noches, señorita Granger. - Salio de su mente cuando lo noto frente a ella. - Víktor. - Dijo con una gran sonrisa, y volteo a su lado, y vio a su pareja, ¿Cuando había llegado?, ella no podría decirlo. - Ambos se ven fantásticos, espero que puedan conseder una pieza durante la noche.

- Ya te dije que tus avances son inútiles. - Le contesto con brusquedad Viktor. - Aunque apreciados.

- Ya ves lo que dicen, el que persevera alcanza. - Le contesto con la misma sonrisa que había estado pegada a su rostro desde que se acercó, como si el brusco rechazo no hubiera pasado. - Aunque tener la oportunidad de bailar con tan hermosa dama, sería un privilegio que me honraría tener. - Le dijo clavando su intensa mirada en sus ojos, haciéndola sentir como si de pronto ella fuera la única persona en la tierra, una pequeña voz le dijo que era un patán invitándola al mismo tiempo que a otra persona, pero esa voz fue reducida a un simple susurro por el retumbar de su corazón en contra de su pecho.

Su boca se secó, pero parecía que sus conversaciones nunca podrían durar mucho, pues la profesora McGonagall se aclaró la garganta con brusquedad, queriendo llamar su atención, sin esperar siquiera un saludo la severa maestra les dijo cómo estarían sentados y lo que se esperaba de ellos, más cuando la gran mayoría pertenecía a Hogwarts.

Cuando se sentó junto al director, espero poder continuar su conversación con el azabache, sin embargo la atención de este se vio ganada por el longevo mago que parecía encantado con el y con su pareja, dejando al restó al margen, como si se encontrarán en una burbuja ajena a ellos.

- Entonces estaba un duende, una bruja y yo sentados en la mesa. - Se encontraba contado jovial el director, con una gran sonrisa en su rostro mientras veía a Harry y a Daphne. - De pronto un troll se acerca y dice... Ohh mira hay buffet.

La impecable rubia, que solía ser siempre perfecta, había estado bebiendo jugo, y al escuchar al director no tuvo más oportunidad que cubrirse la nariz cuando su risa no pudo ser detenida, Hermione no había podido escuchar toda la historia, pero seguramente había sido sumamente graciosa para causar ese tipo de reacción.

Cuando el baile como tal había comenzado, Hermione había tenido que ver a Harry y a su pareja encerrados en su propio mundo, viéndose a los ojos como si a través de ellos pudieran comunicarse sin la necesidad mundana de palabras, claro que había disfrutado la compañía de Viktor, el alto joven tenía un sentido del humor tosco, pero de alguna manera habían compaginado de maravilla, sin embargo había algo dentro de ella que no dejaba disfrutar a plenitud la velada, fue hasta que Daphne le dijo algo al oído a Harry que pudo descifrar qué era, pues su compañero de clase se acerco a ella con una hermosa sonrisa en su rostro, en aquel momento pareció que todo el gran salón guardó silencio, como si todos fueran conscientes de ambos y estuvieran a la expectativa de lo que sucedería.

- Buenas noches nuevamente. - Le dijo apenas estuvo frente a ella. - Me preguntaba si me concederías la siguiente pieza, por supuesto si Viktor no tiene inconveniente. - Le dijo tendiendole su mano para que ella la tomará.

Ella volteo la mirada a su pareja, y en sus ojos pudo apreciar como trataba de comprender que sucedía, Buena suerte en eso, ni siquiera yo lo sé.

Sin embargo el búlgaro dio un paso hacia atrás dejándola responder por si misma, ella por su parte apenas fue consciente de tomar la mano ofrecida, y ser llevada al centro del salón mientras que la banda se preparaba para tocar.

- Debo decirte que te ves fantástica esta noche. - Escuchó decir apenas sobre la música que guiaba sus movimientos.

Ella sintió su rostro arder ante sus palabras, pero más que por el cumplido era causado por su propia falta de autocontrol, pues maldita sea si dejaría que Harry Maldito Potter llevará las riendas de la conversación.

- Debo estar de suerte para que te dignes a hablar conmigo. - Le dijo en el tono más brusco que logró reunir, sin embargo contrario a la reacción que esperaba el azabache solo le sonrío con cierta pena, pero la acerco más a sí mismo.

- Me creerías si te dijera que no sabía cómo acercarme.

- Nop, prueba otra cosa. - Le respondió aunque no pudo evitar sonreírle, era como si las bromas fueran naturales entre ellos.

- Los últimos dos años han sido una montaña rusa, te aseguro que no fue nada personal. - Le dijo viéndola a los ojos, y no pudo evitar creer cada una de sus palabras.

Cuando acabó la canción y ella regresó con Viktor, notó la mirada que estaba recibiendo de sus compañeros de casa, pues con sorpresa noto que era el foco de atención de cada Gryffindor e incluso de algunos Hufflepuff que había en el salón.

- Supongo que es cierto lo que dicen. - Le dijo su compañero guiando su camino hacia una de las mesas de bebidas.

- ¿Y que sería eso exactamente? - Le preguntó ciertamente curiosa.

- Todos le temen a Harry Potter. - Le dijo mientras le servía un vaso de ponche, pero aquello que dijo hizo que su mundo se sacudiera. - En mi escuela él sería reverenciado, no solo por lograr burlar a el cáliz, sino que su actuación en la tarea, fue francamente sorprendente, yo no entiendo a tu escuela.

Después de aquella declaración la noche paso en un borrón, las palabras del extranjero seguían resonando en su cabeza, pues aunque sabía que la mayoría tomaban a Harry Potter como el perfecto ejemplo de un Slytherin, nunca se había detenido a pensar lo que ello significaba en verdad, sabía que Usted-Sabe-Quien, había sido un Slytherin que según se decía era el heredero de la mítica casa, y que por ello había llevado el manto de los sangre pura sobre de sus hombros, sin embargo hasta donde sabia Harry nunca había tenido alguna inclinación sobre aquella ideología, y si se podía creer a lo rumores, era el protegido de Dumbledore, y este había sido un firme partidario de los derechos de lo nacidos Muggles desde hacía años y no solo eso, sino que en ambas guerras mágicas había sido parte de la oposición, y dudaba seriamente que alguien como él apoyará al siguiente mago oscuro. Sin embargo parecía que sus compañeros de casa no compartieron su razonamiento, pues justo después de la segunda tarea del torneo, en la cual si se podían creer los rumores, Harry se había negado a dejar a los rehenes atrás sin estar seguro que estuvieran a salvo, esto por supuesto incluyéndola, los rumores sobre la inexplicable amistad entre la Gryffindor y el Slytherin se habían sumado a los susurros que corrían entre el castillo, y su casa había tenido la penosa necesidad de recordarle su lugar en aquella rivalidad entre casas.

- Hola Hermione. - Le dijo una joven de séptimo año apenas había pasado por el retrato de la dama gorda, vio a su alrededor y noto que la mayoría de sus compañeros de casa estaban reunidos, o por lo menos los de los años mayores, personas con las que nunca había cruzado más allá de saludos cordiales la veían con claro desprecio.

- Buenas noches. - Respondió viendo cómo los infames gemelos Weasley estaban en un rincón junto con sus hermanos, ignorando lo que pasaba, y ello le dio una idea de lo que se trataría su conversación.

- He escuchado que te has vuelto especialmente cercana a Potter, ¿es cierto? - Le preguntó acercándose a ella, en un claro intento de intimidarla, por supuesto que no había funcionado, pues sus días de esconder la cabeza habían pasado hacia algún tiempo.

- ¿Celosa? - Le preguntó alzando su ceja, ella sabía que estaba jugando peligroso en ese momento, pero algo dentro de ella le impidió contener su lengua.

- Solo responde. - Casi le gritó en el rostro uno de los jugadores suplentes de quidditch.

- No veo cómo es un problema para ustedes, pero si deben de saberlo, si, somos amigos. - Le contestó con tanta tranquilidad como pudo reunir, y pudo observar a los Weasley voltear a verla y sonreír, pues tan sorprendente como era, ambos habían dejado a la mayoría de los Slytherin fuera de sus bromas y se decía que era solamente por la presencia de Harry en aquella casa.

- Solo una advertencia. - Le dijo una varita en la punta de su nariz. - Ten cuidado con tus amistades.

- Déjala. - Dijeron ambos gemelos, mientras que sus varitas apuntaban a la espalda de la bruja. - Última Advertencia.

Y pese a que la joven era mayor que ambos, ningún Gryffindor se ponía en contra de los gemelos por cuenta propia, por lo que con una última mirada, la varita que le apuntaba fue bajada y todos se fueron a sus habitaciones.

- Gracias por eso. - Le dijo a lo Weasley, sopesando lo que había sucedido.

- Cuando quieras...

- Aunque si le podrías hablar bien a Harry por nosotros...

- Nos harías un gran favor.

- ...¿Que? - Les preguntó, claramente desconcertada, claro que había dicho que eran amigos, pero ella sería la primera en admitir que había exagerado, pues solo hablaban un poco antes de clases, no era como si de pronto fuera su mayor confidente.

- Le debemos una, así que simplemente le dices que estamos aquí. - Dijo el que creyó era Fred con un encogimiento de hombros.

Antes de que pudiera preguntarles a que se referían, ambos se habían ido, dejándola sola en su sala común.

Después de aquella "conversación", Hermione se había mantenido al margen de Harry, pero no por la amenaza de su casa, sino por qué no sabía en realidad en donde estaba para el, y tenía que que tener precaución sino quería sufrir después.

Antes de que se diera cuenta, se encontraba junto al resto de espectadores en las gradas viendo a los campeones listos para entrar al laberinto que sería la última prueba del torneo. Vio a Harry ser abrazado fuertemente por Fleur Delacour, y sintió un movimiento desagradable en su estómago, no sabía por qué pero observar a la hermosa bruja francesa en una posición tan íntima con el mago, provocó un sentimiento dentro suyo que no podría explicar con palabras.

Dumbledore se acerco a ellos, y vio cómo les dijo un par de palabras, pero contrario a la postura jovial y hasta desinteresada del mago, en ese momento parecía mortalmente serio, y aunque estaba alejado de él, fue bastante aterrador verlo así.

Al entrar según sus puntuaciones, Harry sería el primero en hacerlo, apenas sonó la campana cuando el azabache movió su varita y al igual que durante la primer tarea, hizo uso de la transfiguración para alzarse sobre de los demás, pero ahora no era una imponente serpiente sino que de la tierra nacieron un par de bestias felinas de gran tamaño y avanzaron frente a él. Gracias a un hechizo, las paredes del laberinto eran invisibles para los espectadores, y se dio cuenta que el mago usaba las transfiguraciones no sólo para ocuparse de las criaturas que deambulaban impidiendo el avance, sino que había tenido la brillante idea de usarlos para verificar los distintos caminos que presentaban ante el.

Ella se sintió cautivada por el uso de la magia a tal nivel, y sin perder el paso, el azabache estaba frente al cáliz de fuego, sus bestias se habían encargado de someter a una acromantula, y gracias a su ingenio la esfinge que se había presentado ante él, lo había dejado pasar casi de inmediato. El joven mago pareció casi extasiado cuando su mano se alzo para tomar la copa, los gritos de euforia se perdieron cuando vieron al slytherin desaparecer cuando su mano derecha rodeó la base del cáliz.

Todos parecían desconcertados cuando este no apareció fuera del laberinto, todos los funcionarios que observaban la tarea se vieron envueltos en acaloradas preguntas de los periodistas presentes, el director Dumbledore ignoraba a todos mientras que su mano sostenía con fuerza su varita, y Hermione fue testigo de algo que nunca espero ver en el rostro del brujo, irá.

Fue hasta casi una hora después cuando el sonido del trasladador rompió el aprensivo silencio que se vio envuelto la arena, pero lo que vieron fue una imagen que nunca nadie podría llegar a olvidar.

La sangre escurría de su frente como un río, apenas llego cayo al suelo sosteniendo su peso con una mano, mientras que la sangre hacía que su cabello se pegara a su cabeza, su nariz se encontraba rota, la mayoría vio con creciente horror su pierna derecha que se encontraba desfigurada, con apenas fuerzas sostuvo su mano frente a su boca para escupir en ella sangre tan negra como el más profundo de los abismos, podía llegar a ver cómo sus músculos temblaban como si la caricia del aire le torturara, y más de uno se preguntaba qué podría llegar a causar algo como ello.

Dumbledore y varias personas más se acercaron presurosos a él, las preguntas volaban, exigiendo saber que había sucedido, sin embargo la respuesta que llegó a ellos, fue una que los congelaría como si un dementor se encontrará frente suyo.

- ¿¡Que sucedió?! - El ministro le grito mientras que madame Pomfrey trataba de curar las múltiples heridas que el joven tenía.

- Nada, no sucedió absolutamente nada. - Dijo Harry James Potter, con la mandíbula apretada, varita en mano y con una mirada parecía ver más allá de ellos. Y sin más el joven se desmayo.

Lo que siguió después de ello, fue francamente sorprendente para Hermione, pues el que creían era su profesor de defensa había atacado al inconsciente joven cuando este era transportado a la enfermería dejando inconsciente a la matrona que lo transportaba, fue gracias a un hiperactivo elfo doméstico que el hombre que se hacía pasar por Alastor fue frustrado, pero antes de que pudieran interrogarlo, el hombre se suicido con una maldición asesina. Las últimas semanas del año la enfermería fue restringida para todos, e incluso algunos alumnos habían tenido ser atendidos en los pasillos, causando que los susurros sobre lo que había pasado corrieran desenfrenados, las conjeturas eran tales que más de uno especuló sobre el ascenso de un nuevo señor oscuro, uno tan fuerte y despiadado que había apuntado por una de las figuras más importantes del país, y no era de ayuda que el diario el profeta cubriera noticias que a ninguno le interesaban como la legislación del grosor de los calderos, incluso la prensa sensacionalista que había cubierto el torneo durante su duración se vio interrumpida súbitamente.

La ausencia de Harry en el expreso, fue algo que causó aún más revuelo, pues se comenzaba a decir que había muerto y se intentaba hacer pasar como si nada hubiera pasado.

Incluso durante sus vacaciones y su viaje anual con sus padres, Hermione sintió una presión en su pecho que le impidió disfrutar el descanso.

Su quinto año comenzó oficialmente con su primer reunión de prefectos, por una extraña razón ella esperaba ver a Harry en el vagón del Head-Boy y la Head-Girl, sin embargo los prefectos de quinto año de Slytherin eran Pansy Parkinson y Draco Malfoy, sin poder evitarlo los había estado observando durante toda la reunión apenas prestando atención a esta, afortunadamente para ella había leído todo el manual y sabía exactamente sus obligaciones para con la escuela.

- Es una pesadilla, ¿No? - Le pregunto el menor de los Weasley cuando hubo terminada su reunión, y debía admitir que no se esperaba que el pelirrojo fuera elegido Perfecto, aunque en el caso de los chicos de Gryffindor era la opción viable, pues no rompía las reglas como Seamus o Dean, y aunque no tenía las mejores calificaciones no perdía tantos puntos como Neville, en realidad por lo poco que sabía, Ron era un buen compañero, y era reconocido como tal por la mayoría de la torre.

- Es nuestra primera reunión, solo quieren que demos nuestro mejor esfuerzo. - Le respondió en su tono usual, y casi de inmediato sintió la tensión de su arrebató, por lo que decidió añadir. - Felicidades por ser elegido Perfecto.

La sonrisa que recibió fue agradable de ver, y pensó que aunque habían tenido un mal comienzo, bien podrían ser amigables el uno con el otro ahora que trabajarían juntos.

- Ehh... Gracias... Digo igualmente. - le dijo con las mejillas rojas, claramente apenado.

Durante su ronda de vigilancia esperaba encontrar al azabache que había estado en sus pensamientos durante meses, pero antes de que pudiera llegar al último vagón, alguien tomó su hombro.

- No te preocupes, yo cubro este. - Le dijo Malfoy con una voz que no permitía una queja, y tuvo que dar media vuelta, pues de nada le serviría enemistarse con el rubio.

Fue hasta el banquete que vio a Harry, lo observó mientras entraba caminado con la ayuda de un bastón, se encontraba rodeado del contingente Slytherin y caminaron juntos hasta a su mesa, y no por primera vez las otras tres casas se preguntaban que sucedía con la de los astutos, incluso ella con la poca interacción con el azabache podía decir que había mucho más de lo que había dicho.

Sin embargo parecía que el ministerio trataba de ocultar todo, pues una mujer con pésimo sentido de la moda había arribado como su nueva profesora de defensa contra las artes oscuras.

- El ministerio sabe que las preguntas sobre lo que pasó son una plaga aún dentro de la más formidable institución de nuestro país. - les dijo durante su primer clase. - En este momento de vulnerabilidad es imperativo mantenernos unidos, y confiar en nuestro honorable ministro, y no dejar que ciertos grupos se aprovechen de ustedes los jóvenes.

Nadie sabía en realidad a qué se refería, y Hermione pensó que la paranoia no era exclusivamente de Hogwarts. Y los susurros solo se intensificaron cuando se anuncio la fuga de Azkaban.

Bastó un mes para darse cuenta que los exámenes OWL serían más difíciles de lo que creía, aún más en Defensa en contra de las artes oscuras, pues donde la mayoría de sus maestros intentaban inculcarles el mayor conocimiento posible, Umbridge los hacía leer un libro que no tenía ningún contenido afable, ella aunque se había adentrado lo más que podía en auto-estudio, fallaba en lo práctico.

Y pese a que sus preocupaciones eran compartidas por una gran mayoría de sus compañeros de año, parecía que un grupo en especial no les interesaba la falta de preparación en las clases, y aunque durante años había dejado que el como Harry se mantenía muy cerca de ella en cuestión de calificaciones permaneciera en secreto, en ese momento sus calificaciones estaban en riesgo por lo que decidió hacer algo.

Durante días estuvo observado a los Slytherin, tratando de encontrar el momento adecuado para poder acercarse a ellos, o por lo menos a Harry en especial, y creo un plan, justo después de la clase de defensa, muchos de sus amigos aprovechaban el descanso para ir al gran salón, mientras que Harry se dirigía a las mazmorras, ahora solo le quedaba reunir el valor de hacerlo.

Durante la clase Harry había estado jugando con una grulla de papel, mientras que se la lanzaba a Draco, el rubio se río de lo que había escrito en el papel, y se lo lanzaba de vuelta.

- Señor Potter podría leer la siguiente parte. - Le dijo la maestra con su usual tono de niña.

- Por supuesto maestra. - Dijo Harry levantándose. - "Los hombres lobos que no puedan acceder a la poción mata-lobos, deben permanecer alejados de la civilización, además de ello se recomienda que todos aquellos que estén infectados con la maldición seguir este ejemplo. En su situación aunque no se encuentran en un estado lucido, no es un atenuante en caso del ataque a civiles."

La profesora los dejo irse temprano, y como había estado observando Harry se despidió de Draco y Daphne y camino sin ninguna prisa al lado contrario.

Ella camino detrás de él, reuniendo su valor para actuar, respiro hondo justo cuando cruzaban el pasillo que llevaba al salón pociones, sin embargo antes de que pudiera tomar su brazo, una joven de cabello rubio cruzo frente a ellos tarareando, por lo general algo así no causaría ningún revuelo, pero de la misma manera todos los que se cruzaban por el camino usaban zapatos.

- Emm... ¿Hola? - Escuchó preguntar a Harry.

La niña se paró en seco y sus grandes ojos parecieron examinar la alma de ambos, y después de lo que pareció una eternidad ella habló. - Hola Harry Potter.

- Hola... - Volvió a decir, ahora parecía el mismo joven confiado de siempre.

La niña se acerco más a Harry, viéndolo claramente a los ojos. - ¿Has visto un Naggles por aquí?

- ¿Nuggets? ¿Como los de pollo?

- ¿Que son nuggets? - Preguntó de vuelta la rubia, y Hermione pensó que era la conversación más sin sentido que había tenido el honor de presenciar.

- Son como una masa de carne pollo triturada, empalizada y frita. - Dijo Harry sorprendiéndola, pues por extraño que pareciera, Hermione no creía que el joven supiera algo tan Muggle.

- Suena complicado. - dijo distraídamente la niña. - Pero supongo que tratándose de ti, todo es complicado, o de lo contrario no tendrías a la perfecta de Gryffindor siguiéndote.

Y algo que nunca había escuchado hizo eco en los pasillos, la risa de Harry rebotó en las paredes, era jovial y llena de vida, era tal la impresión que causó en ella, que no importó que fuera a su costa.

- Supongo, trataría de correr para evitar el castigo, pero... - Y con su bastón golpeo su pierna derecha causando el sonido tan distintivo de metal chocando entre sí.

Contrario a ella, la niña no pareció inmutarse por la revelación, y sus grandes ojos siguieron pegados a Harry. - ¿Puedo verla?

Durante tortuosos segundos todo fue silencio, Hermione incluso tomo su varita esperando la reacción del azabache, pues dudaba seriamente que se lo tomará bien, sin embargo su respuesta la sorprendió en gran medida.

- Claro.

Y sin más, Harry se quitó su túnica de Slytherin, y alzo su pantalón, mostrándole a ambas, la prótesis que le ayudaba a caminar, era extrañamente parecida a la de Alastor Moddy, pero donde el ex-auror la tenía de madera, la del azabache era de un color plata, y era como si la carne de su pierna le hubiera sido arrancada, dejando solo sus huesos, pero decenas de pequeñas runas adornaban toda su extensión, de una manera que solo podía describirse como arte.

- Gracias. - Y sin más la rubia siguió su camino, dejando a ambos desconcertados.

- Eso fue extraño, ¿Verdad? - Le dijo Harry bajando su pantalón.

- Sip. - Le contestó. - ¿Puedo hablar contigo?

- Por supuesto, ¿que se te ofrece? - Le dijo volteándose para poder verla.

Como ya era costumbre, fueron interrumpidos, al parecer su encuentro con la rubia les había quitado más tiempo del que creían, pues la campana que les avisa sobre el cambio de clase resonó en el castillo.

- Mañana, mañana es fin de semana de Hogsmeade. - le dijo apresurada. - ¿podemos hablarlo entonces?

- Claro, voy a estar en Hogs Head, desde temprano. - Le contesto antes de retomar su camino, Hermione se quedó unos segundos contemplando su retirada, antes de seguir su ejemplo y correr a su clase de Transformaciones.

Después de tomar un carruaje que la llevara al pueblo, y preguntarle a un aldeano donde se encontraba el Pub, Hermione se encontraba frente a la estructura de aspecto lúgubre, estaba a punto de entrar cuando una mano tomo su brazo.

Solo por reflejo se volteo con brusquedad con su puño listo para impactar en cualquiera que la hubiera sorprendido, sin embargo la ver una sonrisa apenada y el cabello rojo tan distintivo, la joven bruja se relajo lo suficiente para poder hablar.

- Ron, ¿Que haces aquí? - le pregunto alejando su brazo de su agarre.

- Es lo que te iba a preguntar. - Le contesto con brusquedad el mago, sin embargo en un segundo su rostro pareció relajarse. - Lo siento, pero te escuché pregúntale al señor Wallaby sobre este lugar, sabes que no tiene exactamente la clientela más confiable del pueblo, ¿Verdad? - El mago esperaba cualquier respuesta, una que no llego de ella y que lo apenó aún más. - Se que no he sido el mejor de los compañeros, pero ni siquiera yo te dejaría ir sola a un lugar así.

- Se cuidarme. - Le dijo con más confianza de la que en verdad debía sentir, pero al verlo no retroceder, terminó suspirando. - Bien puedes acompañarme, pero te debes de comportar.

Y sin más se volteo de nueva cuenta a la puerta lista para lo que fuera.

Dentro suyo esperaba que el deterioro de afuera hubiera sido solo ahí, sin embargo dentro del pub todo parecía viejo, y un hedor a cabra le inundó las fosas nasales, volteo alrededor de la pequeña sala observando a todos los ocupantes, hasta que sus ojos llegaron al fondo, y parecía que su inesperado compañero había visto lo mismo pues de inmediato lo vio alzarse en toda su altura.

Ella camino hacia la mesa donde un grupo bastante animado compartía lo que parecía una comida rápida de McDonald's, incluida a la extraña niña del día anterior que jugaba con un nugget sobre la mesa. Si no fuera extraño que el grupo que se decía compartía los ideales de sangre pura comieran comida Muggle, definitivamente lo sería como estos se comportaban, los Slytherin que siempre parecían en control, bromeaban entre ellos como lo harían cualquier otro adolescentes. Sin embargo todo acabo tan pronto su atención fue dirigida hacia ella y Ron, el silencio extendió sus alas, y por primera vez sintió la rivalidad de casas en carne propia.

- Hola Señorita Granger. - Le dijo Harry con su usual sonrisa como si fuera ajeno al silencio que había causado, hizo un ademán de levantarse, pero antes de que pudiera hacerlo, ella se acercó a la mesa, por el rabillo de su ojo fue capaz de ver a Ron tratar de detenerla, pues la razón de ello es que ni siquiera ella pudo haberlo hecho.

Ella solía guardar la compostura en las circunstancias en las que cualquier otra persona se hubiera roto, una conducta que se había obligado a aprender a raíz de verse sola durante bastante tiempo, sin embargo en ese momento las circunstancias que se presentaron ante ella hicieron que el control que tenía sobre sí misma flaqueará, pues había visto como una niña que había sido completamente ajena al grupo era integrada como una más en menos de un día, aún cuando ella había sido "amiga" de Harry durante más tiempo, y no ayudaba que la mayoría de la mesa la viera como si no perteneciera ahí.

- ¿Por que no les preocupan los exámenes OWL? - Dijo, e incluso para si misma su voz sonaba tensa.

La mirada de Harry pareció desconcertada durante un segundo, solo para responderle educando sus rasgos de inmediato. - Tenemos grupos de estudios, nada especial.

Ahora, no era una experta en el tema de la conversación discreta, pero hasta ella podía comprender que el azabache le ocultaba algo, suposición que se confirmo cuando Pansy hablo, pues era claro que trataba de distraerlos.

- Ohh... Miren como estan temblando. - Dijo con su tono condescendiente. - Creía que los Leoncitos eran valientes, ¿se sienten incómodos?

Vio como Ron tomo su varita, pero antes de que pudiera hacer algo, una voz gruesa hablo detrás de ellos.

- ¿Que creen que están haciendo aquí?

- No pasa nada. - contesto de inmediato Harry. - Solo estamos platicando. - Le dijo a un mago bastante intimidante que se encontraba detrás de la barra. - Tranquilo Abe.

El mago pareció querer decir más, pero se encogió de hombros y los ignoró.

- Si eso es... - Estaba hablando Malfoy cuando ella lo interrumpió.

- Quiero unirme.

Un par de miradas duras fueron su respuesta, incluso Harry parecía ligeramente molesto.

- No sé quién te crees que eres. - le dijo Draco alzándose de su asiento. - Pero no puedes venir aquí a ordenar, más cuando eres una San...

El ruido de una mano golpeando la madera detuvo al rubio. - Draco, creo que te escuché mal, ¿Que estabas a punto de decir? - le dijo el cantinero con voz que advertía mejor dejar el tema.

La mirada en el se suavizó lo suficiente para poder responder. - Lo siento Abe.

- Señorita, es mejor que se retire.

Ron tomo su mano. - Vamos Hermione.

Pero ella estaba ahí con una misión, y no se iría hasta cumplirla.

- Tu me dijiste que me debías una. - dijo viendo a Harry a los ojos. - Tienes palabra, ¿o no?

Miradas incrédulas viajaron de ella a el, incluso llegando a sentir la mirada del llamado Abe perforando su espalda.

- ¿Quieres que te pague el favor que te debo, dejando unirte a nuestro grupo de estudio? - Le pregunto igual de incrédulo que las personas que la miraban.

- Yo y todos los que quieran. - le dijo confiada.

- ¿Eres estúpida? - le pregunto Goyle, algo hipócrita de su parte. - Podrías pedirle lo que quieras.

Cuando termino de hablar recibió un fuerte de golpe de su amigo inseparable, Crabbe, claramente había dicho de más. Pero ella no quería nada más.

- ¿Entonces? - le pregunto como si no hubiera escuchado al joven que le doblaba el tamaño .

- Por supuesto. - Le contesto, levantándose y ofreciendo su mano.

Y ella la tomo.

Un par de días después, ella había encontrado un pergamino desconocido en su mochila, el cual decía donde encontrar a su nuevo grupo de estudios.

Ella avanzó junto a Neville y Ron hacia el séptimo piso, el primero fue el único Gryffindor que la había escuchado para unirse a ella para la práctica, y el segundo en sus propias palabras, "no podía dejarla con un grupo de serpientes sola".

Cuando llegó frente a un cuadro bastante interesante de un hombre enseñando a bailar a un grupo de trolls, una puerta se materializó en la pared opuesta, y por ella apareció el rostro inconfundible de Crabbe.

- Pasen. - Les dijo en tono brusco.

El trío de Gryffindor entro con un poco de desconfianza.

Encontrándose con una especie de salón de práctica, con diversos muñecos en los costados y el grupo de Slytherin en el centro claramente esperándolos.

- Longbottom y Weasley, bueno podrías haberlo hecho peor. - Le dijo con claro desprecio Draco.

- Bien, ya que estamos todos, creo que podemos comenzar. - Dijo Harry como si no hubiera escuchado a Draco. - Aquí podemos practicar lo que queramos, les recomiendo comenzar con el reducto y protego, se dice que son la base de los exámenes, pero como ustedes quieran.

Y antes de que cualquiera pudiera responder, el grupo se fue a diferentes lugares y comenzó a practicar.

Fueron meses para comprender el sistema utilizado por los Slytherin, pues en ningún momento daban instrucciones, ni siquiera concejos, simplemente llegaban, y Harry les decía el hechizo o maldición a practicar, solo para después separarse, y fue solo con la ayuda de los gemelos Weasley que pudo comprender su sistema de trabajo. Parecía que durante las vacaciones de navidad había pasado algo que involucraba a la familia Weasley, que dejó ambos gemelos uniéndose a ellos, lo cual fue una bendición para los Gryffindor, pues ellos a diferencia de los demás fueron mucho más obvios en la forma en que aprendían.

Y todo era observación, cuando Harry y Draco se separaban del restó comenzaban primero, y pese al claro manejo que tenían sobre lo que estudiaban, siempre estaban a la vista y lo hacían de manera en que el resto pudieran ver el proceso, la forma en que tomaban su varita, el movimiento de mano, incluso su postura era exagerada, y fue así que Hermione aprendió el secreto de los astutos, y se los dijo a su compañeros, claro que su descubrimiento no paso desapercibido, pues vio como al final de su práctica, todos le entregaban un par de galeones a Daphne.

- ¿Apostaron sobre cuando lo descubriría? - pregunto claramente enojada.

Daphne se encogió de hombros mientras guardaba sus ganacias. - Muchos dicen que eres la bruja más inteligente de nuestra generación, casi todos esperaban que lo supieras antes de navidad.

Hermione sintió su ser arder de rabia, pero más de saber que la rubia había predicho que se tardaría hasta mediados de febrero para saberlo, era el hecho mismo de haberse tardado tanto.

- No entiendo, ¿por qué no explicar desde el principio? - Dijo obligándose a tranquilizarse.

- Nadie da nada gratis. - Le contesto Malfoy detrás de ella. - ¿Por que deberíamos de hacerlo?, ¿Que ganamos? Tu trato era unirte a nosotros, y aquí estás, has practicado, sabes los hechizos que necesitas para pasar tus exámenes, y ¿aún así esperas que nosotros te tomemos de la mano para enseñarte? Déjame darte una lección, el mundo no es así, nadie te va a regalar nada, debes aprender por ti misma, y si quieres que te ayuden, bien puedes ofrecer más que tú linda cara.

Pese a la dureza de sus palabras, Hermione fue capaz de comprender lo que quería decirle. Pues aunque crudo, sabía que tenía razón, y aunque no sabía cómo alguien que había nacido en alta cuna tenía una perspectiva tan oscura, trato de grabarse su lección.

- Basta de esto. - Le dijo Harry tomando el hombro de su amigo. - Por favor, trata de encontrar tu recuerdo más feliz.

La castaña se vio desconcertada por el súbito cambio de tema, pero fue capaz de hacer lo que le decía, y asintió. - Bien, debes visualizarlo, recordar exactamente lo que sentiste en ese momento, y cuando lo tengas... - el tomo su varita y con un movimiento de muñeca dijo. - Expecto patronum.

Un gran ave fénix nació de su varita, era tan imponente, que la bruja dio un paso atrás completamente maravillada, sus alas revolotearon por el salon dejando una sensación de paz detras suyo. - Tómalo como una disculpa por el mal trago.

Pocas semanas antes de presentar los exámenes, Hermione intento una vez más utilizar su inteligencia en la ayuda de conseguir amigos aunque si le preguntarán después diría que era una moneda de cambio a futuro, con la ayuda de un par de hechizos había creado guías de estudio para todos en su club. Había tratado de parecer que no era la gran cosa, pero los Slytherin, incluso jóvenes tan optusós como Goyle y Crabbe no dejarían que ella les ayudará sin recibir algo a cambio. Daphne y su hermana le agradecieron el gesto, y le habían prometido que si necesitaba algo en un futuro contaría con ellas, Pansy le había dado una caja de maquillaje al día siguiente, Goyle y Crabbe le dieron sorprendentemente un libro sobre los rituales comunes utilizados en las casas nobles, Draco le regaló una joya, por último Harry solamente le sonrió y aceptando su regalo como tal.

Muchos hubieran creído que la parte más estresante del año sería presentar los exámenes O.W.L. y N.E.W.T, sin embargo nada preparo a los alumnos de Hogwarts para la noticia que se difundió al terminar sus exámenes.

Parecía que nada podía arruinar la euforia de saber que por fin los exámenes habían sido presentados, sin embargo cuando el Diario El Profeta llegó como todos los días, y tomaron sus copias, los gritos y susurros llenaron el gran salón, Hermione leyó apresuradamente el artículo principal una y otra vez, esperando que de alguna manera lo que estaba escrito cambiará, alrededor suyo sus compañeros veían hacia la mesa de los Slytherin cómo alguien hacía falta, y ella no pudo evitar ver la imagen que se presentaba en el periódico,

El director Dumbledore junto a Harry Potter se enfrentaban de frente con el que muchos decían era el señor oscuro más poderoso de la actualidad, el llamado señor oscuro tenía una gran sonrisa mientras que se encontraba apuntando su varita hacia sus adversarios.

Cerro los ojos con fuerza, por primera vez en su vida sintió la impotencia de la que solo había escuchado hablar, ella y sus padres podrían ser reducidos a una estadística, había escuchado de las llamadas redadas de los mortifagos, y si los atacaban solo por qué tenían una hija bruja...

Durante todas sus vacaciones había pensado en abordar el tema con sus padres, pero ¿Exactamente como hacerlo?

A escondidas había leído el periódico mágico tratando de determinar en qué tanto peligro se encontraban, y parecía que hasta el momento la atención del señor oscuro solo se dirija a aquellos que se oponían a el, pero cuánto tiempo tenían antes de que atacarán a los nacidos muggles, ella dormía con su varita en mano, finalmente solo bastaban un par de meses para su cumpleaños número 17.

El viaje al callejón Diagon habia hecho lo que firmemente había tratado de ocultar, los locales estaban en su mayoría cerrados, era claro que había ocurrido un éxodo, y no sabía por qué ella se había quedado.

- Mi. - Le dijo su madre apenas regresaron. - ¿Que sucede?

Ella trato de sonreir ante su apodo, pero el peso de lo que se vivía era demasiado para manejar. - El mundo mágico está entrando en guerra.

La incredulidad en los rostros de sus padres era tal que podría haberle causado un ataque de risa en otras circunstancias.

- Nosotros no somos tantos como los no mágicos, en gran Bretaña apenas alcanzamos los doscientos mil, y el gobierno mágico se maneja como un país en su totalidad. - Les trato de explicar. - En su mayoría todos tenemos un estándar de poder por decirlo de alguna manera, un promedio en el que la población general se encuentra, yo también, pero de vez en cuando, hay hombres y mujeres que están por encima de nosotros, los llamados Lord's, como todo hay quienes se enfocan en ayudar como mi director, Dumbledore, y otros en destruir, como el que no debe ser nombrado, este último se creía muerto hace casi quince años, pero no es así, resurgió y nadie parece saber cómo, por eso le temen tanto, cuando un señor oscuro se levanta, no suele abarcar un país solamente, sus ideales corren con mayor rapidez, y ahora... - Terminó por encogerse de hombros.

Su padre apretó su mandíbula, y lo vio respirar tratando de tranquilizarse. - Nos dijeron que no hay lugar más seguro que Hogwarts, que estarías a salvo ahí. - Le dijo apretando su mano. - Hermione, quiero la verdad, ¿Es cierto?

- Si, se dice que Dumbledore es la único que el señor oscuro teme... ¿Pero ustedes? - el decir lo último sintió como el aire se rehusó a pasar a sus pulmones, queriendo romperse a llorar.

- Si tú estás a salvo. - Le dijo su madre abrazándola. - Nada más importa.

Acordaron tratar de escribirse lo más seguido que pudieran, y en caso extremo se encontrarían en un punto medio para irse todos juntos, pues le hicieron prometer correr si su vida corría peligro.

El viaje en el expreso Hogwarts fue francamente sofocante, todos parecían esperar que en cualquier momento algo saltará de las sombras, una actitud que se contagio a la escuela cuando llegó el momento.

Toda la seguridad que se llegó a sentir por estar bajo el cuidado de Dumbledore se esfumó en un instante, pues el director solía ausentarse durante días, siendo seguido por la otra red de seguridad que era Harry Potter.

Ella había visto como el azabache se iba en medio de alguna clase y no regresaba hasta días después o incluso semanas, a veces golpeando, otras sin un rasguño, la tensión era tanta que parecía que nadie podía confiar en el otro.

Los alumnos caminaban en grupos grandes hacia sus clases y era sumamente raro ver a alguien solo.

Los maestros parecían no saber que decir, simplemente había veces en las que hablaban de temas mundanos tratando de tranquilizarlos.

Fue hasta mediados de junio que el caos se desató, pues desde las vacaciones de Pascua no había habido señal alguna de Dumbledore o de Harry, muchos decían que estaban muertos, otros que se habían tomado la tarea de destruir al señor oscuro, pero al final nadie sabía nada. Hacia algunos días que el ministerio había caído en manos de los mortifagos, y los Slytherin se habían atrincherado en su sala común.

Fue el treinta y uno de junio cuando las campanas de toda la escuela resonaron a lo largo y ancho del castillo, el terror inundó los corazones de los alumnos al escuchar la campana de emergencia sonar, ella había leído que la última vez que había pasado había sido hacia casi trescientos años, los profesores habían llevado a todos al gran comedor, los mayores tenían sus varitas listas, mientras trataban de tranquilizar a los niños que lloraban desconsolados.

El cielo nocturno se alzaba sobre de ellos, y todos fueron testigos de como las estrellas eran cubiertas de la temible marca tenebrosa.

McGonagall se alzó sobre los gritos de sus alumnos. - Todos los mayores de edad que quieran luchar, vengan conmigo, todos los demás serán encerrados en el gran comedor... - Dijo firmemente, pero ella podía ver cómo su voz luchaba por no romperse. - Cuando todo acabe los elfos domésticos los sacarán de aquí.

Ella vio como el miedo inundaba los rostros de sus compañeros, como lo no dicho era comprendido por la mayoría. Pues entendían que solo les conseguirían tiempo.

Ron abrazo a su hermana solo un segundo, antes de levantarse y caminar hacia su jefe de casa, con la cabeza en alto y la varita lista. Ginny trato de detenerlo, pero todos sabían que nadie podía hacerlo, Neville fue el siguiente, muchos de los menores lo querían por qué siempre los ayudaba, y así uno por uno, jóvenes que no tenían nada que ver, se levantaron listos para morir protegiendo a niños, ella siguió en silencio a los demás, sabía que estaba traicionando la confianza de sus padres, pero no podía dejar que los tocaran, con una última mirada a lo que dejaban atrás, Hermione vio como aquellos pequeños la veían con la mayor admiración que alguien podía tener, prometiéndole en silencio su más eterna devoción, vio a Luna Lovegood caminar sin importarle que fuera menor de edad, su mirada antes soñadora se había perdido, dejando solo una determinación que hizo imposible que dijera algo en contra.

Cuando llegaron a las puertas que daban al lago negro, lo vieron, parado justo enfrente de ellos, su ropa estaba deshecha, la mayoría cubierta de sangre y barro pero aún así tan imponente como lo era uno de los mayores magos de su tiempo.

Harry Potter les daba la espalda, su varita estaba en su mano mientras que su mirada estaba dirigida a un punto en el bosque prohibido.

Ella vio Snape y a un grupo de Slytherin llegar a su lado, nadie se opuso a ellos, de alguna manera comprendían porque estaban ahí, compartiendo la misma mirada que todos los miembros de las otras tres casas tenían.

Vieron el primer ataque, un poderoso rayo impacto en las barreras, el sonido atronador paralizó sus corazones, mientras veían a la magia que protegía el castillo rendirse ante el enemigo, gigantes y acromantulas se dirigían a ellos, y en medio de todo se encontraba Lord Voldemort.

No hubo palabras, ni gritos de guerra, solo dos poderosos magos enfrentadoce.

Vio como Voldemort se acercaba a Harry, una cruel sonrisa plasmada en su rostro, sus ojos rojos brillaban a la luz de la luna, y un par de palabras resonaron en el viento llevándolas hasta ellos.

- ¡Avada kedavra! - Grito, y una luz verde enfermiza se disparó de la punta de su varita, y vio con horror impactar en el pecho de Harry. El joven mago no había tratado de defenderse, sus últimos minutos de vida había hecho un último hechizo, cuando la maldición asesina lo golpeó, su varita cayó al suelo, dando el último movimiento que necesitaba.

Silencio.

Así fue como describiría Hermione aquel momento. Ella aunque podía ver el rostro deformado de furia de su profesor de pociones, el dolor en los ojos de su jefa de casa, incluso podía sentir su garganta arder por el grito que escapó de ella, y aún así no logro escuchar nada.

Solo sintió arder la varita en su mano, y corrió en contra del monstruo que le había quitado a la persona que consideraba como su primer amigo.

Mientras avanzaban, lanzando hechizos, los vieron, el último hechizo de un joven que había muerto defendiendo el lugar que consideraba hogar. Cientos de serpientes nacieron de la tierra, lanzándose en contra de los invasores, ella vio como una tomaba a un gigante del cuello, y la sangre del ser salpicaba el suelo a sus pies.

Un mortifago le lanzó una maldición púrpura, ella por un momento se paralizó, pero antes de que el ataque la dañara vio una pared alzarse frente a ella, Draco llegó a su lado mientras decapitaba a su atacante.

Ninguno dijo nada, solo siguieron la lucha que tenían sobre de ellos.

Vio a McGonagall luchar ella sola contra seis hombres, como una fiera leona, que no dejaría que nadie se acercará a sus cachorros.

De pronto en medio de todo el caos, un grito desgarrador se escucho y una sombra se alzo por los aires, debajo de ella estaba Snape con una espada en la mano, mientras que su mirada estaba fija en algo en medio del claro.

Frente suyo había algo que desafiaba toda lógica. Harry James Potter se encontraba frente a Lord Voldemort, los pocos Mortifagos que seguían en pie al ver al joven alzarse una vez más, huyeron.

Ella vio como los ojos verdes brillaban con fulgor, ambos alzaron sus varitas y atacaron.

El poder de los hechizos era tal que la tierra debajo de ambos comenzó a rendirse ante ellos, verde contra blanco, podía sentirse la furia de ambos en sus varitas, sus ojos, la forma en que ninguno estaba dispuesto a dar un paso atrás.

De pronto Harry lanzó su mano al aire y con ello el poder de ambos, y sin que Voldemort pudiera reaccionar, una estela de luz blanca lanzada por su rival atravesó su pecho, la varita que sostenía en su mano voló, y con maestría Harry la tomó en el aire.

El azabache cayo al suelo de rodillas, sosteniendo la varita ganada frente a él, y de pronto la tomo contra su pecho abrazándola, mientras berreaba como un niño pequeño.

Nadie sabía que sucedía, hasta que una chispa de fuego apareció frente a Harry.

Un mar de fuego se alzo, y vieron la silueta de un fénix dejando el cuerpo de un hombre frente al mago, sus ojos se abrieron y se acerco al cuerpo de Dumbledore arrastrándose para llegar a él.

Fueron testigos de cómo el poderoso mago alzaba su mano acariciando con ternura la mejilla del joven.

-Sabía que podías hacerlo, mi niño. - Dijo el longevo mago, mientras una solitaria lagrima bajaba de su mejilla.

Vieron a Harry tratar de darle la varita que había ganado al anciano, pero este con una sonrisa lo rechazó. - No, ahora te pertenece, sé que lo harás bien, nos volveremos a ver, mi pequeño.

Y frente a ellos una leyenda dio su último respiro, mientras que su fénix cantaba el partir de su maestro. Y todos como uno solo, alzaron sus varitas.

Tomar el control del ministerio, fue una tarea fácil ahora Voldemort había muerto junto con gran parte de su gente.

El funeral de Dumbledore fue acompañado con la ceremonia de honor a todos los que habían caído protegiendo Hogwarts, seres de todas las razas se presentaron ofreciendo sus honores al brujo más grande de su época.

Ella al igual que todos los que lucharon en el castillo fue premiada con la orden de Merlin segunda clase, mientras que tres personas en especial recibirían la orden de primera clase, sin embargo ninguno de los tres se había presentado, aunque de una manera u otra todos sabían porque, Severus Snape y Draco Malfoy recibirían el distinguido honor por haber orquestado la caída del señor oscuro, actuando como espías, dándole la información necesaria para que tomara las desiciones que llevaron a su muerte, y por supuesto Harry Potter.

Ella junto a un gran grupo de personas se tomaron la tarea de embellecer el claro del castillo y parte de este que había sido dañado por la guerra. Y de esa forma un año lleno de incertidumbre había acabado.

Durante sus vacaciones ella se tomó la tarea personal de enseñarle a sus padres todo lo que había aprendido en sus años de escuela, incluso llegando a usar la aparición de lado para ir a lo largo de Gran Bretaña de descanso.

Y así llegaba a ese momento, sentada viendo a Harry comer junto a sus amigos. Parecía que todo había cambiado y al mismo tiempo seguía igual.

Durante toda la primer semana, ella vio como muchas personas parecían querer besar el piso por dónde caminaba Harry, llegando al punto en el que era absurdo, pero para sus adentros debía admitir que incluso ella había puesto una barrera entre ambos, pues el azabache a diferencia del año anterior había intentado hablar con ella solo para encontrar respuestas cortas, pues ¿como podía hablar normalmente? Ella sentía dentro suyo que había podido hacer mucho mas, un sentimiento que solo se intensificaba cuando lo tenía cerca.

Gracias a que eran de séptimo año, y legalmente eran adultos, tenían permitido ir al pueblo cada fin de semana e incluso vivir en el si sentían que podían costearlo y tomar las precauciones para evitar poner en riesgo a sus compañeros, ella había planeado ir a casa para darles una sorpresa a sus padres durante su primer fin de semana de vuelta en la escuela, pero hubo un momento en el que ese plan salió por la borda.

Del carruaje del que tiraban seres que no había visto hasta hace unos meses, salio Harry completamente solo.

- Hey. - Dijo cuando estuvo frente a el, sin comprender por qué lo estaba haciendo.

La mirada verde la vio con una familiaridad que no recordaba extrañar tanto. - Hola señorita Granger.

- Puedes llamarme Hermione. - Le dijo con confianza. - ¿Que haces solo aquí?

- Gracias, igual. - Le dijo mientras que sacaba de su túnica una cajetilla de cigarrillos, y antes de sacar uno le ofreció, lo cual ella obviamente rechazo, pero el no pareció inmutarse por su mueca de desagrado y encendió su cigarrillo con su varita. - Pues todos tenían cosas que hacer, además de que me voy a reunir con alguien.

- Ohh... Entonces yo... - Dijo sorprendiéndose de la desilusión que se escuchó en su voz.

- Aunque si no tienes otros planes, espero que me permitas invitarte una cerveza de mantequilla. - Le dijo señalando a las tres escobas.

Después de un acalorado debate consigo misma, Hermione asintió.

- Perfecto.

Ambos comenzaron a avanzar al pub, la tranquilidad del pueblo hacia que el sonido de sus pisadas fuera lo único que se escuchará, acompañado del golpe del bastón.

- Bienveni... - Comenzó Madame Rosemerta antes de que notará quien era, Hermione por un momento espero que la mujer echará la casa por la ventana, pero ella solo sonrió. - Ohh, Harry querido, que milagro.

- Hola madame Rosemerta. - Le respondió inclinando ligeramente su cabeza, pero la mujer hizo un ademán con la mano como si despidiera sus palabras.

- Nada de eso, ven dame un abrazo.

Y antes de que pudiera contestar el azabache se vio envuelto en los brazos de la cantinera.

- Dime qué el viejo Abe te a alimentado bien. - le dijo sin soltarlo.

- Tanto como a su cabra.

Al parecer era una broma personal pues ambos se soltaron a reír.

- Rose, ella es Hermione. - la presento cuando la mujer lo soltó.

- Ohhh... Mira que hermosa bruja. - Le dijo mientras la veía, aunque muchas veces había ido al pub, había una familiaridad en sus ojos muy diferente a cuando la atendía como cliente. - Espero que seas mejor que tú padre en las primeras citas. - Le dijo mirando a Harry, y antes de que pudiera negar la implicación, la acalorada mujer siguió. - Pobre Lily estaba muerta de aburrimiento cuando tú padre se trababa al hablar, pero no los detengo, vengan.

Y sin más la mujer comenzó a caminar hacia las mesas, siendo seguida por ambos jóvenes.

- Cualquier cosa que necesiten me dicen. - Les dijo cuando los sentó

- Gracias. - respondió Hermione un poco desconcertada por la excitada mujer.

Cuando se vieron solos, el silencio pareció más pesado que cuando caminaban juntos.

- ¿Quiero saber? - pregunto Hermione cuando parecía que Harry no diría nada.

- No hay mucho que decir, ella solía cuidarme algunas noches cuando niño. - Le dijo mientras que un par de cervezas de mantequilla volaban hacía ellos, aterrizando con sutileza sobre la mesa.

En aquel momento de su vida, Hermione debía haberse acostumbrado a tener más preguntas que respuestas al hablar con Harry, sin embargo seguía sintiendo frustración cada que sucedía.

- Entonces, supongo que vivías cerca. - le dijo mientras tomaba su tarrito, y le daba un sorbo a su bebida.

- Con Abe en el Hogs Head, solamente que había noches en las que no podía estar al pendiente de mi, y como te digo, Rose me cuidaba. - Le contesto con una mirada lejana en sus ojos.

- Y era el niño más hermoso que había. - Dijo la mencionada acercándose a ellos con un par de platos flotando detrás de ella. - Solo que era un diablillo cuando se le metía una idea a la cabeza, una vez lo encontramos vagando cerca del lago, solamente porque quería ver al calamar.

- Ohhh... No me lo recuerdes, aún me duelen mis nalgas cuando lo mencionan. - Dijo Harry sonriendo ante la burla.

- Bien te lo merecías. - Le dijo con falsa severidad, solo para darle un pellizco en su mejilla, y antes de que pudiera seguir con la conversación un cliente llamo su atención. - Disfruten su comida queridos.

- Parece buena persona. - Dijo Hermione tomando una papa de su plato.

- Lo es.

Mientras comían, su plática se vio concentrada en temas mucho menos personales, y Hermione descubrió que al igual que ella, el disfrutaba leer, y no solo libros mágicos sino que además tenía una fascinación por la literatura Muggle.

- No lo se, no soy fanático de Van Gogh, además de que el libro anhelo de vivir, tampoco lo pinta de la manera más favorable. - le contesto, causando una mirada de indignación en el rostro de Hermione.

- ¿Cómo en nombre de Merlin no te puede gustar Van Gogh? - dijo de manera apasionante. - Era un maestro quería borrar el dolor de su alma con el arte, es la esencia misma del arte.

- Te seré franco, no entiendo el arte, puedo ver una pintura y apreciarla, pero realmente no logro conectar con ella, ¿Me entiendes? - dijo en un claro intento de calmarla.

- Vamos a tener que remediar eso. - le dijo Hermione con una gran sonrisa.

- ¿Interrumpo algo? - pregunto una voz a su lado, haciendo que casi saltará de su asiento.

- Nymphy. - Dijo Harry levantándose de inmediato, y rodeando a una hermosa bruja en sus brazos, solo para después darle un beso en la cabeza con claro afectó.

- Hey Harry boy. - Logro escuchar la voz amortigüada de la bruja, y por un instante sintió como si fuera una intrusa.

- Por favor permíteme presentarte, Hermione, ella es Nymphadora Lupin, Nymphy, ella es Hermione Granger. - Dijo Harry mientras las señalaba.

Hermione forzó una sonrisa, mientras veía a la hermosa mujer frente a ella, y le daba la mano, notando a su vez una linda barriguita en el abdomen de ella.

- Mucho gusto, perdón y espero que no sea indiscreción, pero Lupin como Remus Lupin. - Dijo tratando de averiguar que sucedía con ella, desafortunadamente se sintió como una mierda cuando la mirada de la mujer se oscureció ante lo dicho. - Perdón no ...

Pero ella simplemente se encogió de hombros deteniendo su disculpa. - No te preocupes, si el... el es mi esposo.

- Supongo que no... - comenzó a decir Harry.

- No, aún no. - Le dijo mientras veía el rostro de Harry deformarse en irá.

- Si quieren yo. - comenzó a decir, solo para que la bruja la detuviera una vez más.

- Ohh, no es necesario, si Harry confía en ti, yo también. - Le dijo Nymphadora. - Lo que sucede es que como verás estoy embarazada.

- Felicitaciones. - le dijo tratando de aligerar el ambiente.

- Muchas gracias, pero lo que pasa es que cuando nos enteramos, Remus ... - la tristeza cubrió sus rasgos y sorprendentemente su cabello antes rosa, se marchito dejándolo de un tono castaño apenas vivo. - El es un hombre lobo, tiene miedo que la maldición...

- Esa no es justificación. - le dijo Harry rodeando a la bruja con su brazo, su rostro pareció luchar por tranquilizarse, y finalmente la calma siempre presente en el, apareció. - Dime, ¿has ido al sanador? - Le pregunto en un claro intento de sacarla de su depresión.

- Ehh... No, aún no, han pasado muchas cosas, mi mamá no me está hablando exactamente y papá... bueno, no sabe como ayudar. - Dijo la bruja tratando de fundirse en los brazos del mago, y contrario a hace solo unos minutos, Hermione solo quería rodear a la bruja de la misma forma y asegurarle que todo estaría bien.

- ¿Ya comiste? - Le pregunto, mientras la guiaba para que se sentará.

- Ya, desayune un burrito. - Dijo cómo si fuera el mayor logro de su vida.

Y Hermione descubrió que Harry tenía una gran gama de gestos, cuando parecía que quiera reírse y enojarse de la misma forma.

- Rose, perdona pero podrías regalarme otro plato, por favor. - pregunto cuando la mujer pasaba a su lado.

- Claro querido. - le dijo con una sonrisa, que pareció vacilar al ver a su nueva compañía, pero aún así le llevo un plato de estofado.

- Gracias Rosemerta, eres la mejor. - Dijo Nymphadora, con una gran sonrisa mientras tomaba una cucharada de su comida.

Durante unos segundos el silencio reino en su mesa, y las preguntas solo se acumulaban en la mente de Hermione.

- Adelante pregunta. - le dijo Harry con una sonrisa. - Lo gritas con tu rostro.

Lejos de ofenderse, ella tomaría la palabra. - ¿Ustedes son?

- Bueno, somos amigos. - le respondió demasiado rápido Nymphadora, pero parecía que Harry no se había dado cuenta.

- Bueno, en realidad somos familia. - Dijo Harry causando una mueca en la bruja a su lado que pasó desapercibida para el. - Ella es prima de Draco, sus madres eran primas de mi padrino, y ellos eran sobrinos de mi abuela.

- Les han dicho que sus árboles genealógicos son un desastre. - Dijo en un intento de broma, afortunadamente para ella pareció funcionar, pues ambos soltaron una carcajada.

- No tienes idea, creo que tengo como veinte primos lejanos solo en Hogwarts. - Dijo Harry. - En realidad me sorprendió cuando descubrí que Draco era de los más cercanos que tenía.

- Y espera a que llegues al ministerio, todos quieren utilizar la carta de la familia para conseguir favores. - le dijo jovial la bruja antes de alzar su plato y sorber sonoramente.

- ¿Quieren algo más? - pregunto Harry.

- No, gracias. - dijeron ambas al mismo tiempo, haciendo sonreir al mago.

- Perfecto. - Los tres se levantaron de la mesa y Harry dejo a escondidas un par de galeones sobre de ella.

- Adiós Rose, gracias por todo. - Dijo mientras pasaban a su lado, y plantaba un beso en su mejilla.

- Cuando quieras querido. - Le escuchó decir mientras salían.

Apenas habían dado un par de pasos afuera cuando una muy enojada bruja parecía querer alcanzarlos. - ¡Harry James Potter!

Pero antes de que la mujer pudiera hacer algo, sintió la ya familiar sensación de la aparición, aunque al ser de lado su estómago recién lleno pareció querer revelarse contra de ella.

- ¿Dónde estamos? - Pregunto viendo a su alrededor, era un barrio hasta donde podía decir en Londres, y frente a ella estaban un almacén abandonado que decía estar en reparación.

- Perdona, pero Rose no le gusta que pague por su comida y pues estabas ahí. - trato de explicar Harry. - En fin, estamos en San Mungo, pero si no lo reconoces creo que lo mejor es que vengas.

Ella había escuchado hablar del hospital mágico, pero nunca había tenido que ir, y nadie se había tomado la molestia de explicarle, por lo que con un encogimiento de hombros siguió a ambos dentro del almacén.

Pasaron por diversos maniquis donde el polvo había encontrado su hogar, y Hermione se preguntaba cuánto sentido común le faltaba a los magos para poner el hospital en un lugar tan insalubre.

- Venimos al área de cuidado maternal. - Dijo Harry a un maniquí que portaba un vestido verde de satín.

- ¿Lista? - le pregunto Nymphadora.

Sin saber que estaba haciendo asintió, decidiendo que bien podía seguir a ambos magos.

Atravesando un cristal que estaba detrás del maniquí sintió un desagradable frío, solo para después ver el interior de lo que claramente era un hospital, incluso tendiendo a una mujer malhumorada detrás del escritorio de bienvenida.

- Sigan adelante, segundo piso consultorio seis, ya los están esperando. - les dijo sin levantar su vista de lo que fuera que viera.

- Gracias. - Dijeron cuando pasaron a su lado.

Caminaron hacia el elevador y Nymphadora presionó el botón con el número dos.

Después de caminar poco menos de la mitad del pasillo, llegaron a su destino. La enfermera que los guío pareció ligeramente desconcertada por el trío, pero afortunadamente no dijo nada.

- Quitese la ropa, hay una bata en el interior. - Le dijo a la bruja mayor, mostrándole un pequeño espacio para cambiarse. - Los esperamos del otro lado.

Mientras Harry le agradecía, y Nymphadora se cambiaba, ella se tomó la libertad de ver a su alrededor, poniendo especial énfasis en los diversos libros que adornaban una de las paredes, y ligeramente sorprendida que todos y cada uno hablaban sobre el embarazo.

- ¿Mestizos? - pregunto a nadie en particular, leyendo el título de un libro.

- Bueno, cuando piensas que hay quienes tienen parejas no exactamente humanas es lo que pasa. - le respondió la voz de una mujer detrás suyo.

Cuando volteo la mirada casi saca su varita, pero la mano de Harry lo impidió, pues ella había visto los carteles de se busca con el claro retrato de la mujer frente a ella, pero sabía dentro suyo que había muerto en la batalla de Hogwarts, y pese a su arrebató en los ojos de la sanadora había cierta comprensión.

- Buenas tardes, Sanadora Tonks. - Dijo Harry cortésmente.

Los ojos de la mujer parecieron enfriarse, pero le sonrió dulcemente. - Harry buenas tardes.

- ¿Mamá? - pregunto desconcertada Nymphadora cuando salió vistiendo una bata de hospital.

- Vamos. - Respondió con fiereza la mujer mientras se daba media vuelta dejando una tensión casi palpable en el aire.

Harry camino decidido hacia el lado de la bruja embarazada y tomo su mano con cuidado, mientras los veía sonreirse mutuamente.

Ella misma sonrió con la tierna escena, sintiendo una cálida sensación en su vientre ante el cuidado de Harry hacia la bruja.

Entrando a una habitación adjunta, la sanadora apunto a la cama que estaba casi al centro de la habitación, claramente indicando que se acostara sobre de ella.

Hermione solo podía imaginar lo que estaba pasando con la vida familiar de las personas delante suyo, pues con lo poco que sabía podía discernir que la madre de Nymphadora no había aprobado su relación con el que fue su profesor, aunque no la podía culpar, el hombre era varios años mayor que ella, y pese a ello la había abandonado cuando más lo necesitaba, y de alguna manera Harry estaba en medio de la ecuación de una manera que su mente se rehusaba a ver.

La bruja embarazada se acostó sobre de la cama, y Harry se quedó a su lado sosteniendo su mano, mientras que la sanadora hizo un movimiento de varita sobre el vientre de Nymphadora, un hilo de niebla blanca salió de la punta de la varita, y se extendió por la pequeña protuberancia que era su barriguita, en un segundo la niebla se disparó al aire mostrandoles el milagro que era la vida humana.

Un pequeño retumbar resonó en la habitación, mientras veían la pequeña cosita que apenas se encontraba creciendo dentro de su madre.

- Oh Merlin... - Escuchó decir a Harry, ella volteo la mirada hacia el, solo para verlo con los ojos abiertos, brillando intensamente ante lo que veía, de pronto alzó la mano de Nymphadora a su rostro solo para dejar cientos de besos en el dorso de su mano.

- Todo se encuentra perfectamente. - dijo la sanadora. - Solo recuerda que debes de tomar tus pociones.

- Mamá... - comenzó a decir Nymphadora, solo para ser interumpida por su madre.

- Ahora no, Nymphadora. - Dijo en tono brusco la mayor.

Ella pudo observar como una profunda tristeza se marcaba los rasgos de la joven, y solo podía imaginar lo que estaba sintiendo en ese momento, no solo cargaba con la perdida de su marido, sino que además el claro rechazo de su madre, y todo envuelto en las hormonas que llevaban el embarazo, era como si el destino quisiera golpear a la bruja con todo su desprecio.

- Ve a cambiarte. - Dijo Harry, con una voz que nunca había escuchado en el, pero sus ojos le hablaban de un gran cariño. - Nos vamos.

Nymphadora pareció dividida en que hacer, pero termino asintiendo y saliendo por dónde habían entrado.

Hermione solo pudo quedarse en su lugar vislumbrando como bruja y mago parecían tener una batalla de voluntades con sus miradas.