CAPÍTULO 03 – Siempre surgen oportunidades

- Mmm…

- Uff…

Las gyarus se encontraban aburridas y, pese a no haber hecho nada, cansadas. No es que la reunión en sí fuese un muermo, que también, ni que las otras asistentes fueran a por ellas o les contestaran ariscamente. Simplemente las tenían marginadas haciéndoles el vacío. No esperaban una gran recepción, ni mucho menos, nunca les habían caído demasiado bien y las toleraban porque eran compañeras de clase o curso. Es decir, porque estaban encerradas entre las cuatro paredes de la clase o en el recinto de la academia y tenían que aguantarse.

- Casi que hubiese preferido que me insultaran. Al menos así habría algo de acción y me lo estaría pasando bien. – Comentó Yuzu cogiendo su botella de agua y dando un trago.

- Y yo, venía con las garras afiladas y ganas de espectáculo. – Le respondió Harumi quien cogía su copa y bebía un sorbo de vino. De lo aburrida que estaba, no sabía ni cuántas copas llevaba ya. Pocas, teniendo en cuenta que podía pensar con cierta claridad y no soltaba muchas tonterías.

La chica de pelo liso castaño se percató de cómo su amiga, además de dirigir su mirada a su hermanastra de manera furtiva, no paraba de mirar a otra de sus compañeras. ¿Cómo se llamaba? ¿Sakura Takeda o algo así? ¿Por qué la miraba? Se cuestionaba internamente.

Entonces se le encendió la bombilla. Su amiga se había puesto en modo SOS. Es decir, había visto que le pasaba algo a esa chica e iba a hacer todo lo posible por descubrirlo y ayudarla. ¿Es que no se podía estar quieta? Que había venido para hablar, o lo que quiera que tenga en mente, con Mei. Ya la había visto y, tras su sorpresa y su embobamiento inicial, puesto que se le quedó mirándola fijamente, fue ella quien tuvo que sacarla del trance. ¿Cómo era posible que después de tantos años aún la afectara tanto verla?

- Está más guapa que nunca. - Yuzu comentó más para sí misma que para su amiga cuando volvió de su trance.

Se había imaginado miles de veces el volver a verla, en un encuentro casual, en casa de sus padres, en cualquier parte inimaginable. Pero nunca era capaz de imaginar del después. ¿Qué quería hacer? Aún se le aceleraba el corazón sólo con verla, sólo con pensar en ella. De hecho, nada más verla su impulso fue coger el colgante con su anillo a juego del de ella que le regaló y agarrarlo con fuerza. Se había quedado en blanco, tantas cosas que quería decirle y no era capaz de acercarse a ella. Se sentía intimidada de alguna manera o se había convertido en una cobarde, o ambas cosas. Entonces se dio cuenta de que Mei la miró directamente a los ojos y se percató de algo, se estaban examinando mutuamente. Ninguna de las dos pestañeaba, parecían tener miedo de que si lo hacían la otra desaparecería y tenía la sensación de que no había en esa sala nada más que ellas. Querían mantener este momento de intimidad y conexión, puesto que ninguna de las dos eran capaces de pestañear o retirar la mirada.

Sin embargo, antes poder reunir el valor para hacer alguna acción. Vio por el rabillo del ojo cómo la que fuera compañera suya, Sakura, se dirigía hacía el baño y empezó a levantarse, rompiendo el contacto son su hermana. Volvió a mirar a Mei y descubrió que se había puesto a hablar con otra persona que tenía al lado.

- ¿Se puede saber a dónde vas? – Le preguntó cogiéndola del brazo Harumi.

- Al baño, me han entrado ganas de me… - Yuzu se paró, miró a su alrededor y corrigió sus palabras – de miccionar, ¿en pijo se dice así?

- … - Suspiró Harumi. – Sé lo que pretendes, deberías estarte quieta y centrarte en tu objetivo. Dudo que tengas otra oportunidad.

- ¿Oportunidad? ¡Pero si no la dejan ni a sol ni a sombra! Y aunque consiguiera acercarme, no creo que pueda decirle lo que realmente quiero decirle, tú ya me entiendes. – Le explicó. – Y mucho menos sin que nadie nos interrumpiera. Así que voy a hacer algo de provecho ya que estoy aquí.

Yuzu se llevó la mano al pecho de nuevo, donde tenía el anillo. Lo hacía de manera recurrente puesto que la tranquilizaba y le daba fuerzas para enfrentarse a las situaciones con las que tuviera que lidiar. Sabía que posiblemente no tendría oportunidad de hablar con Mei hoy, visto lo visto.

- Haz lo que quieras. – La soltó. - Voy a mandarle un mensaje a Matsuri para decirles que nos iremos muy pronto de aquí y que nos veremos en la discoteca. Porque te recuerdo que hoy nos íbamos a ir a bailar después. – al ver la motivación en su mirada, Harumi se dio por vencida con su amiga. – Procura al menos no liarla.

- Je, prometido. – Le comentó mientras hacía su típica pose marca de la casa mientras le guiñaba un ojo. – Ahora vuelvo.

La chica morena suspiró. Tenía un mal presentimiento. Se había quedado sola así que aprovechó para enviarle mensajes a su novia.

Yuzu siguió a la tal Sakura Takeda al baño, la había visto nerviosa desde que llegó, estaba dando vueltas y bebiendo como si no hubiera mañana. Justo antes de hacer el ademán para ir al baño a sus compañeras se percató que estaba a punto de llorar. Por eso la siguió. No es que la conociera mucho, ni que tuviera especial interés en ella; pero sí había visto ese comportamiento demasiado a menudo y nunca acababa bien para la persona implicada.

En el otro lado de la sala, cierta pelinegra siguió a la chica rubia con la mirada.

- Bien, va al baño. – Le comentó a la chica de cejas grandes. – Plan C en marcha. Ahora vengo – terminó diciendo en un tono más bajo mientras intentaba levantarse para seguirla.

El plan C no era otro que aprovechar que iba al baño o a pedir algo y seguirla, era otra oportunidad de hablar con ella, el sitio realmente no importaba. Pero algo salió mal, otra de sus incontables excompañeras la paró y comenzó a darle conversación sobre algo que le importaba entre poco o nada. Pero era una persona educada, o al menos así la educaron, por lo que su intento de huida se había quedado en eso, un intento. Así que tuvo que volver a sentarse a escucharla y conversar con ella. De lo nerviosa e impaciente que se estaba poniendo no se percató de que su mano se dirigió instintivamente a su colgante, donde tenía el anillo que años ha le había regalado su primer amor. En cuanto pudiera se iría al baño, si la dejaban claro.

Justo antes de que pudiera entrar, se abrió la puerta de manera brusca. Sakura, que ya había comenzado a llorar, salió a paso acelerado chocando con Yuzu haciendo que la primera perdiera ligeramente el equilibrio por lo que se apoyó en la chica rubia que tenía delante para no caerse.

- Disculpa. Iba sin mirar. - Le dijo sin levantar la vista.

- ¿Estás bien? – Le preguntó con preocupación Yuzu.

- Sí, gracias. – Le respondió, en ningún momento miró ni se preocupó por saber con quién se había chocado.

Con esas palabras la muchacha continúo con su camino. Sin embargo, Yuzu no estaba tranquila. Le había pasado algo, no en la fiesta, de eso estaba segura, pero algo la estaba afectado. La siguió afuera. Fue todo tan repentino que ni su amiga Harumi, quien estaba totalmente centrada en su móvil, ni Mei, quien lidiaba por cortar la conversación con esa chica a la que apenas recordaba, se dieron cuenta de que se iba hacia la puerta del local.

Ya fuera, Yuzu le preguntó al grupo de chicas que estaban fumando si habían visto a la tal Sakura. Puesto que la había perdido de vista, y eso que había salido prácticamente detrás de ella.

- Ni idea, pero tiene tendencia a beber bastante y muy rápido. Seguro que se ha ido a dar una vuelta por ahí para que le baje un poco el alcohol.

Las demás chicas comentaron cosas parecidas, no consiguieron tranquilizarla, pero a veces todos necesitamos un poco de aire para despejarnos, pensó. Al menos le habían indicado por dónde se había marchado. Iba a hacer tiempo y, si en unos minutos no regresaba, iría a buscarla. No es bueno ni seguro ir borracha y sola por la noche. Es triste que las chicas tengan que pensar eso, pero no era momento de darle vueltas a ese tipo de cosas.

Sacó su paquete de tabaco y se dispuso a encenderse un cigarro. Ya que estaba, aprovecharía el tiempo. Su mechero no iba muy fino por lo que tuvo que pedirles a sus compañeras que le prestaran uno. Y ahí se quedó, comentando y charlando mientras hacía tiempo y esperaba que la tal Sakura volviera. Al menos estas chicas sí le hablaban y daban conversación. Aunque no entendía la parsimonia y desinterés total por su excompañera o amiga, quien se había ido sin decir nada llorando y visiblemente afectada por el alcohol.

Dentro del restaurante, a Harumi se le estaba agotando la paciencia. Entre que su novia le había enviado un mensaje diciéndole que aún no se había preparado, que estaba en casa viciándose a un nuevo videojuego y que su amiga llevaba 30 minutos en el baño; una vena se le empezaba a notar en la frente. Su instinto asesino se apoderó de ella. Se levantó y fue al baño cabreada y miró en la zona de los espejos, su amiga no estaba allí. ¿Dónde se había metido? Fue revisando todos los baños individuales y del último, vio salir a la expresidenta.

- Hola, presi. – Le saludó aguantando como podía su cabreo, que era más que evidente pero la persona que tenía delante no tenía la culpa. – ¿Por casualidad no habrás visto a una rubia de ojos verdes por aquí?

- No, he revisado hasta el último recoveco y no, no está aquí. – Le dijo con voz calmada, aunque en su interior notaba cómo su corazón palpitaba.

- ¿…? – Harumi tenía cara de incrédula y un gran interrogante dibujado en el rostro. – No te voy a preguntar qué haces aquí porque bueno, es obvio. Pero, ¿para qué la buscas tú? – Tenía que aprovechar la oportunidad para saber qué intenciones tenía la expresidenta.

- … - Mei suspiró, en algún momento tendría que enfrentarse a la guardia real si quería poder acceder a tener una audiencia con la princesa. – Me gustaría hablar con ella. Pero parece que no está aquí.

- Lleva más de media hora desaparecida. – Le informó Harumi. – Tiene cierta tendencia a escaquearse, y se le da bastante bien, por cierto. – Sabía que su amiga no era así ni mucho menos pero le salieron esas palabras en tono de burla, en parte debido al alcohol.

- Entiendo.

- Una persona no tarda tanto yendo a un baño. Aquí sólo se viene a tres cosas: a hacer tus necesidades, retocarte el maquillaje y a enrollarte con… - Harumi se llevó las manos a la boca, se auto silenció para no terminar la frase.

- ¿Para enro… qué? – Le cuestionó la pelinegra. Había veces que no terminaba de comprender ciertas cosas, pero en este caso sabía muy bien por dónde iban los tiros y no le gustaba ni un pelo. De hecho, notó cómo su sangre comenzó a hervir. Ella tampoco quería terminar esa frase.

- Nada, no me hagas caso. – Le respondió. No quería meter a su mejor amiga en problemas sin siquiera confirmar las cosas. – Será mejor que la llame para saber dónde para.

Vio a la menor de las Taniguchi sacar su móvil mientras salía del baño y la siguió,no tenía sentido continuar en el baño. Iba a llamar a su mejor amiga y eso le interesaba.

- Tú, Yuzuchi, ¿podrías decirme dónde has metido ese precioso culito tuyo? Porque acabo de salir del baño y no estabas ni giñando ni meando. Dime que no te has largado con esa tal Sakura a enrollarte por ahí. – Le comentó de corrido sin respirar y visiblemente molesta.

Mei por su parte observaba y escuchaba atentamente las palabras de su excompañera. ¡¿Meando, giñando enrollarse con quién?! Dejando de lado la forma tan ordinaria que tenían de hablar entre ellas, la última frase no le hizo ni pizca de gracia, pero era algo que por ahora dejaría correr.

- Ajá, ajá. ¿Quieres que me crea que te has ido detrás de una tía a la que apenas conoces y que ahora ni siquiera estás con ella? ¿Dónde estás?

Continuaba hablando. Vio cómo le cambiaba la cara pasando de cabreo a alivio y suspiraba.

- Deberías dejar ese vicio tuyo de una vez. Aunque lo uses para socializar, sigue sin ser bueno para tu salud. ¿El grupo de chicas nada más salir? Vale, ya voy. – Le colgó.

Mei adelantó el paso y se puso delante de Harumi para que no pudiera avanzar, esta era una de las oportunidades que no podía dejar pasar, lo llamaría Plan X – Adáptate a lo que surja.

- Me gustaría ir a verla, a solas. ¿Me lo permitirías? – Le dijo mirándola a los ojos con tono serio. Tenía que deshacerse de su caballero de brillante armadura si quería una audiencia.

A Harumi no le hacía mucha gracia dejar que Mei fuese a hablar con Yuzu así, de hecho, más que pedirle permiso notaba cómo se lo estaba ordenando. Recordaba cómo la presidenta había estado mirando todo el tiempo durante la velada a su amiga, cual ave a su presa. Sabía que estaba en modo depredador y que no se escaparía, se la veía totalmente decidida. Por otra parte, tampoco le vendría mal a su amiga, y quizá era la oportunidad perfecta para que hablaran. ¿Qué narices? En cierto modo era la venganza perfecta por haberla dejado sola y sin avisar, ¡que lidiara con la leona que tenía delante ella sola!

- ¿Puedes ir a hablar con Himeko mientras tanto y comentarle que he salido un momento? Te lo agradecería.

- Mei, hoy en día existen los móviles para estas cosas, pero ¡qué remedio…! - Le respondió. – Al menos así podré hablar con alguien.

Mei pasó por alto lo que comentó y continúo hasta la salida, Harumi ya sola, se acercó a la ex vicepresidenta para indicarle que su amiga se había escaqueado para ver a la otra Aihara. Por su reacción, sabía que al menos mataría algo de tiempo divirtiéndose a su costa.

Al salir, la pelinegra se acercó a un grupo de chicas que estaban reunidas fumando. Ahora comprendió a qué "vicio" se refería Harumi. Las chicas la saludaron cordialmente, alguna tiró y apagó el cigarro puesto que, aun siendo ya expresidenta, les imponía respeto y temor. Yuzu por su parte se giró y la saludó con la mano antes de hablar, como si nada.

- ¡Buenas, Mei! Bonita noche. ¿Quieres uno?

La habló de una forma tan natural y sus palabras la pillaron tan desprevenida que no se percató de lo nerviosa que realmente estaba la chica rubia que tenía delante.

- Buenas noches a todas. – Saludó mientras hacia una reverencia- No deberías fumar. Ni ofrecérselo a nadie. – Le contestó seria, quizá demasiado, mientras se dirigía directamente a ella. Tampoco es que tuviera derecho de recriminarle nada a estas alturas.

- Vamos no seas tan dura, este es uno de los pocos placeres que me quedan. – Le comentó mientras señalaba el cigarro de su mano. - ¿Quieres uno? – Le ofreció la caja para que se sirviera.

Estaba contrariada, tenía que hacer todo lo posible por continuar conversando con ella. Cualquier excusa le valía y también iba un poco borracha, algo que menguaba enormemente su autocontrol. En otra situación le habría cogido y tirado todo el tabaco al suelo y lo habría pisoteado, mientras intentaba convencerla de que debía dejarlo. Podría llegar a ser muy persuasiva si se lo proponía. Pero ahora no. ¿En qué momento se le habría ocurrido que esto era una buena idea?

- Claro, por qué no.

Mei acercó y cogió un cigarro mientras el pequeño grupo de chicas las miraban atónitas. Le ofreció también el mechero para que se lo encendiera. E intentó hacerlo, sólo que algo fallaba. El mechero no iba. Yuzu se olvidó de ese pequeño detalle.

- Espera, no funciona. Tendrás que encenderlo con el mío. - Señaló el cigarro que tenía en la boca.

Se acercó con la cara mientras le ofrecía el cigarro a Mei quien tardó unos segundos en procesar la situación, hasta que se dio cuenta de que se había acercado para que encendiera el suyo uniéndolo con el que tenía en la boca. Se acercó lentamente y, aunque ambas puntas unieron sus cigarros, el suyo no se encendió del todo. Las chicas del grupo de fumadoras comenzaron a reírse, pese a la actitud altiva de la pelinegra, se dieron cuenta de que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Yuzu lo vio y le cogió el cigarro de la boca, se lo puso en la suya y con la mano el suyo empezó a absorber. Todas vieron cómo el cigarro ahora sí comenzó a encenderse, se lo quitó de la boca y se lo ofreció de nuevo.

- Un beso indirecto. – Pensó Mei mientras lo cogía y se ruborizaba.

Yuzu la miró a los ojos, y luego sus mejillas sonrosadas, tenía ruborizadas hasta las orejas, y fue justo en ese momento cuando se dio cuenta de lo que había hecho y lo que parecía. Pero bueno, a lo hecho pecho, no iba con segundas intenciones. ¿O quizás sí?

La directora de la Academia Aihara se dispuso a hacer algo que jamás se le había pasado por la cabeza en su vida, iba a fumar. Algo que no estaba bien y que tampoco tenía muy claro por qué lo estaba haciendo, pero ahí estaba. Se acercó lentamente el cigarro a la boca, pensando que hace escasos segundos la chica por la que aún sentía un gran amor había puesto sus labios en ese mismo objeto. Y comenzó a fumar inspirando. Lo que no te dice nadie cuando pruebas por primera vez el tabaco es que es aún más desagradable que el humo que te puedan echar o acumular en un lugar. No aguantó el humo y lo expulsó mientras tosía sin parar. Las espectadoras, que aún no se creían lo que estaban viendo comenzaron a reírse a carcajada suelta, ni siquiera Yuzu fue capaz de contener la risa.

- ¿Cómo podéis hacer esto? Es… asqueroso, nocivo y te puede matar. – Les dijo mientras tosía.

- Todo es cuestión de acostumbrarse, Aihara. Si practicas seguro que te acaba gustando. – Le comentó una de las chicas.

- Creo que no es lo mío… - Comentó entrecortada mientras continuaba tosiendo.

Yuzo miró su móvil, ya hacía bastante tiempo que se había ido Sakura y se puso en movimiento. El momento de valentía fallida de su hermanastra le había proporcionado la coartada perfecta para escaquearse e ir a buscarla.

- Creo que es mejor que vayamos a dar una vuelta par que te dé el aire. – Le sugirió la chica rubia mirándola a los ojos mientras.

- Sí, buena idea. – Mei le comentó. Aprovechó para tirar el cigarro al suelo y pisarlo enérgicamente, no quería volver a coger uno en su vida y se aseguraría de que cierta persona tampoco lo hiciera.

- Teníamos que haberlo grabado con el móvil, esto se habría hecho viral seguro. – comentó otra de las fumadoras.

Ambas se alejaron del grupo de chicas que no paraba de comentar los gestos de la persona a quien hace tiempo admiraban, respetaban y, en cierto modo, temían. Aun les costaba asimilar lo que acaban de presenciar.

Tras unos minutos, Mei fue la primera en romper el hielo.

- Harumi ha comentado que te habías ido con una chica y la habías dejado sola. Parecía molesta.

- Sí, bueno, es cierto que la he dejado sola. – Le dijo mientras se rascaba la parte de atrás de la cabeza. – Pero no es o lo que parece. – No sabía por qué le estaba dando tantas explicaciones, ¿acaso le importaba con quién se hubiera marchado? – Le pediré perdón cuando la vea.

Continuaron un rato más en silencio, la conversación había caído en un callejón sin salida. Al menos no era un silencio incómodo, o por lo menos eso le parecía a ella. Antes de que Mei pudiera volver a iniciar otra conversación, vio a Yuzu adelantarse y aligerar el paso hasta parase al lado de una chica que estaba agachada y, por lo que parecía por los sonidos, vomitando en un seto. Observó cómo le tocó en el hombro mientras le hablaba, seguramente le estaba preguntado si se encontraba bien mientras aprovechaba para retirarle el pelo puesto que parecía que no había terminado de vomitar.

- ¿Seguro que estás bien? – Le volvió a preguntar, esta vez ya las escuchaba hablar.

- Sí, no sé qué haces aquí, déjame en paz. – Le dijo de manera agresiva Sakura. – No somos amigas ni nada.

- Lo sé, pero he visto la cara que ponías allí dentro y que no te encontrabas bien. Todas han pensado que seguramente se trataría de una de tus borracheras y te han dejado a tu aire. Además, te has puesto a llorar al salir del baño, no podía dejarte sola. – Le explicaba de manera dulce mientras le acariciaba la cabeza y aprovechaba para acomodarle mejor el pelo. – No somos amigas. Pero no podía dejarte así. He dejado que te dieras una vuelta para ver si te calmabas, pero al no regresar me he preocupado y he venido a ver qué tal estabas.

- ¿Por qué? – Comenzó a llorar. Ninguna de sus amigas se había preocupado lo más mínimo, todas habían pensado que se trataba uno de sus berrinches de borracha. De otra de sus pataletas por la mierda de vida que tenía.

Yuzu aprovechó y deshizo su recogido, cogió una de las gomas del pelo y le hizo una coleta a la chica. La acomodó en un bordillo cercano y se puso a su lado, sacó la botella de agua de su bolso y se la ofreció.

Mei comprendió la situación y se regañó a sí misma mentalmente por pensar que Yuzu se había ido cual perra en celo a liarse con una chica. Yuzu estaba siendo Yuzu, ofreciendo su amabilidad a alguien, aunque la otra persona la rechazara o incluso la hiciera daño.

- Toma. – Le ofreció un pañuelo la pelinegra para que pudiera limpiarse los restos de vómito. – Si te encuentras mal deberías irte a casa.

Sus palabras fueron el detonante de la chica.

- ¡¿A casa?! ¡¿A esa casa?! ¡¿Con él?! – La miró con ojos llorosos mientras hablaba exaltada. - ¿Para qué? ¿Para que me eche en cara que he salido? ¿Para que se ría de mí y me insulte por haber bebido? ¿Para que aproveche que estoy borracha para…? – Estalló en lágrimas, no pudo contenerlas más.

Yuzu le puso la mano sobre su hombro mientras la acercó a ella y la abrazó. La chica se había roto, fruto del alcohol y de todo lo que llevaba aguantando. La dejaron unos minutos para que se calmara. Cuando por fin lo hizo les explicó por qué estaba así.

Ella era una típica chica de bien de la academia. Notas relativamente buenas, buena familia y un destino prefijado por su familia. Su apellido no era especialmente poderoso, pero disponían de cierta fortuna. Y su historia también era la "típica". La habían comprometido con un hombre aparentemente bueno, o eso creía, hasta que una vez casados salió a la luz su verdadera personalidad. Era un hombre machista, posesivo, que la trataba de manera despectiva, le era infiel y había convertido su vida en un auténtico infierno. Las únicas veces en las que podía desconectar y olvidarse de todo era cuando salía, de ahí su tendencia a emborracharse. Lo malo no era la borrachera o resaca en sí, si no lo que le esperaba en casa, si estando sobria la cosa era insoportable, ebria le esperaba algo peor que el infierno.

Mientras les contaba su historia, Yuzu cambió su expresión en varias ocasiones, desde comprensión, ira, odio, pena hasta arrepentimiento. Miró en varias ocasiones a Mei quien escuchaba atentamente y de vez en cuando le devolvía la mirada, sabía que más que escuchar a su excompañera Yuzu pensaba en ella. Puesto que escuchándola pudo imaginarse todo lo que han pasado o tenido que pasar sus compañeras y Mei por ese tipo de "tradiciones" que debían cumplir. Desde el clima asfixiante por cumplir con tu deber, hacer lo tu familia espera de ti y de las terribles consecuencias de no hacerlo, hasta la desesperación de encontrarte en un callejón sin salida casada con alguien a quien no quieres.

Entonces, la chica de ojos verdes entendió el sufrimiento y dolor por el que tuvo que pasar la chica a la que amaba para cumplir con lo que le había sido enseñado desde pequeña mientras mataba sus sueños, esperanzas y amor. Fue entonces cuando entendió la carga de su decisión.

Yuzu intentó consolar a Sakura, quien lloraba de manera desconsolada, mientras se le escapaban las lágrimas a ella también.

- Lo siento. – Consiguió decir la mayor de las hermanas Aihara, aunque no quedaba claro a quién iba dirigido. – Siento todo lo que has pasado, siento no haber podido ayudarte, lo siento. – Continuaba mientras abrazaba aún más fuerte a su excompañera.

Mei por su parte, estaba mirándolas mientras las lágrimas se le escapaban de sus ojos violetas.

- No estás sola, si necesitas a una amiga, puedes contar conmigo. – Yuzu comentó de manera desinteresada y sincera. – No puedo decirte qué es lo que tienes que hacer, porque es una decisión tuya, pero te ayudaré en todo lo que esté en mi mano. Hay muchas cosas que has de considerar, por eso hay ciertas cosas que no puedo decirte. Pero puedo apoyarte y ayudarte, si me dejas.

Sakura no lograba comprender a la chica rubia que la abrazaba y la consolaba. Si apenas la conocía, de hecho, cuando estudiaban ella fue de las primeras en inventar teorías para desprestigiarla y humillarla. Y ahí estaba ella, la única que se había percatado de su problema, la única que la había perseguido y esperado y estaba escuchándola mientras la abrazaba.

Miró a Mei, que ahora se encontraba a su altura puesto que se había agachado, aunque tenía la vista en el suelo.

- Aihara, ¿tú cómo lo hiciste? ¿Cómo saliste? – Le preguntó Sakura entre sollozos.

- …

La mayor de las Aihara miró a su hermana pequeña, estiró su otro brazo para tocar su hombro y se lo apretó, para recordarle que también estaba ahí para ella. Entonces Mei le habló.

- No hay fórmula mágica. Mi situación era muy diferente a la tuya, tenía un objetivo y posición ventajosa, y algo por lo que luchar. - Miró a Yuzu mientras pronunciaba estas últimas palabras. – Que me dio fuerzas para seguir adelante. Pero en tu caso habría que hablarlo detenidamente. Y este no es ni el momento ni el lugar. Estudié derecho y el Grupo Aihara dispone de un gran bufete de abogados. Cuando estés más calmada, pásate y lo hablamos con calma.

- Déjame tu móvil. – le solicitó Yuzu. – Te voy a dar mi número para que estemos en contacto. Te advierto que como amiga puedo ser una pesada. – Le dijo mientras le dedicaba una sonrisa. – Pero lo digo en serio, no estás sola. Puedes llamarme, mandarme un mensaje o quedar cuando lo necesites.

Tras pasar unos minutos y ya más calmadas, las tres se levantaron y comenzaron su camino de vuelta al restaurante donde estaban todas las demás. Sakura iba entre las Aihara. Yuzu se había cambiado los los zapatos de tacón, ya no los aguantaba más, y se puso las bailarinas de recambio que siempre llevaba en el bolso. Esto dio pie a una conversación que alivió en parte el ambiente tan cargado.

- Vaya Aihara, eres más bajita de lo que pensaba. – Dijo en tono jocoso Sakura.

- Sí, mi hermana mayor nunca llegó a estar a la altura. – Mei se había acostumbrado a ser más alta que ella, aunque fuera por unos pocos centímetros, de hecho, le gustaba. Así que aprovechó para bromear.

- Muy graciosas. Que sepáis que lo que no crecí de alto, lo hice como buena persona. – Contesto Yuzu orgullosa.

- Menos mal que creciste por ahí, normalmente cuando no se crece a lo alto, se hace a lo ancho. – Añadió Mei.

Las tres comenzaron a reírse, en parte por el alcohol, en parte porque necesitaban cambiar de tema después de lo sucedido. No hay nada como una broma a Yuzu para mejorar el ambiente pensó Mei. Sabía que, aunque se molestara en el momento, no se enfadaría por algo así y no le daría mayor importancia.

Yuzu le envió un mensaje a Harumi, habían acordado acompañar a Sakura a su casa pese a todo y porque ella se lo había pedido. Así que habían quedado en reunirse en los aparcamientos.

- Chicas, os voy a presentar a Ryu. El hombre de mi vida, que me da lo que necesito, aunque a veces que deje tirada. Y que me saca la pasta como quiere. – Les explicó la rubia.

Mei por su parte no sabía qué cara poner, la había visto mandar mensajes con el móvil, ¿acaso le había pedido a su novio que fuera a recogerlas? No, no debía adelantarse a los acontecimientos, en ningún momento había hecho referencia algo así, aunque dadas las circunstancias no había podido indagar mucho en su situación personal.

Cuando llegaron, Mei hizo un facepalm de manual mentalmente, se refería a su coche, cómo no. Un coche del año la quica, que parecía mantenerse de una pieza a duras penas.

- Hola mi amor. Saluda a mis amigas. Ahora sé bueno y no me dejes tirada, no querrás dejarme mal, ¿verdad? – Le decía a su coche. – No creo que Harumi tarde mucho, la esperaremos aquí. – Se dirigió a las chicas que la acompañaban, éstas se preguntaron mentalmente si a la chica rubia no le faltaba un tornillo.

Abrió la puerta de la parte trasera del coche y acomodó a Sakura dentro, dejó que se acomodara y la cerró. Mei esperó fuera con ella, apoyada en el flamante coche rojo de su hermana que daba un pelín de vergüenza ajena por lo viejo y demacrado que se veía. Ahora que estaban relativamente a solas pensó que ahora sería un buen momento para hablar.

- Yo… - Comenzó a decir mientras se ponía delante de ella para poder mirarla a los ojos.

- Lo siento. – Yuzu le cortó mientras se inclinaba. – Siento no haber podido comprender por lo que tuviste que pasar, la decisión tan dura que tuviste que tomar. Era una cría que no sabía nada de la vida y aun así… - las lágrimas comenzaron a acumularse en sus ojos. – Te culpé de algo de lo que tú no tenías control, pensé que elegiste ese camino porque tus sentimientos hacia mí no eran los suficientemente fuertes, que eras una cobarde por irte dejándome una mísera carta, sin darme la posibilidad de hablar. Estuve mucho tiempo enfadada contigo. Pero ahora, al escuchar de primera mano el peso que tenéis que soportar sólo por ser hijas de, o tener un apellido influyente, yo… no sé qué decir… salvo que lo siento. Siento de veras no haber podido ser el apoyo que necesitabas, no poder ser lo suficientemente fuerte para darte un lugar seguro en el que cobijarte… - Las lágrimas habían comenzado a brotar salvajemente mientras hablaba, no era capaz de contenerlas.

- No me pidas perdón, debería ser al revés. Fui yo la que te hice daño, fui yo quien te dejó. Fui quien, sabiendo que en algún momento tendría que casarme con el prometido que eligieran para mí, se permitió amarte y salir contigo. Cada día lleno de felicidad y risas que pasaba contigo me clavaba una espinita. Cuando supe que era inevitable, tuve que marcharme, tal como te dije en la carta, si te volvía a ver, sabía que mi determinación flaquearía. Egoístamente asumí mi destino, pero tú deberías haberlo sabido todo desde el principio, lo que suponía realmente salir conmigo, quererme. Y fui egoísta y cruel, porque el amor tan puro, sincero y genero que me procesabas me hacía inmensamente feliz. El regalo que me hiciste, - sacó el anillo que tenía colgado - este anillo que jamás me he quitado, es lo más preciado que tengo. Gracias a ti aprendí que había algo más de lo que me habían enseñado, que podía amar y decidir por mí misma, supe lo que era ser feliz. Y, sin embargo, te hice daño, a la persona que más quería, fui cruel y egoísta… y tienes todo el derecho de odiarme y no querer saber nada de mí. – Durante todo el discurso, Mei se había mantenido con la cabeza agachada con el flequillo cubriéndole los ojos, no era capaz de mirarla a los ojos.

- ¡Para! – Le cortó Yuzu. - Es posible que en aquel momento no lo entendiera, de hecho, aún no lo entiendo del todo, pero me gustaría escucharte. Dices que merezco muchas cosas, pero quiero que me lo cuentes todo. Y no, no te odio, estuve dolida durante mucho tiempo, no lo voy a negar. Pero te conozco, eres más amable de lo que te reconoces, eres de esas personas que cuidan de otras en silencio, sin que se den cuenta, aunque eso te consuma. Gracias a ti, pude ser yo misma en la academia, también aprendí a ser mejor persona, qué es el amor, mejoré como persona, como estudiante y encontré algo que me gustaba y por lo que esforzarme. Me enseñaste a centrarme y organizarme y, en parte, quería ser como tú. – Había comenzado a llorar. – Qué tontas, tanto tiempo pensando en qué pasaría si nos volvíamos a encontrar y míranos, llorando como unas magdalenas. – terminó diciendo mientras se retiraba las lágrimas y ambas se miraron a los ojos mientras se rieron por la situación.

Hubo un pequeño silencio, hasta que Yuzu lo rompió.

- Creo que deberíamos empezar de cero, dejar todo esto por ahora o hablarlo más tranquilamente cuando estemos preparadas. ¿Querrías volver a ser mi amiga o hermana, porque te recuerdo que aún lo somos? – Le ofreció la mano.

Mei no sabía qué hacer, entrar en la zona amiga/hermana con Yuzu era peligroso puesto que es posible que no saliera jamás de ahí. Pero lo pensó detenidamente, por ahora, era un primer paso. Ya se las ingeniaría de alguna manera para demostrarle que quería volver a verla, ser parte de su vida y compartirla con ella, no como hermana ni familia, si no como pareja.

Se levantó y puso su mano sobre la de ella. Yuzu, en vez de darle un apretón de manos puso su otra mano encima y entonces sí le apretó las manos. Ambas se quedaron mirándose a los ojos embelesadas, intentando descubrir qué querían decir los ojos de la persona que tenían delante. Ahora mismo sentían que todo lo que tenían alrededor no importaba y perdieron la noción del tiempo.

Continuará…