Yami to Boushi to Hon no Tabibito pertenece a ROOT.
Este fanfic está situado quince años después del final del anime.
Dieciséis
"Dieciséis. Dieciséis años."
Bebió de su café, tal y como hacía cada mañana antes de ir al trabajo. El sorbo le supo más amargo de lo normal.
Aún llevaba el cabello largo, infinitamente largo y oscuro, pero el uniforme había sido reemplazado por un traje de oficinista.
Hatsumi acababa de marcharse a la escuela cuando la invadió aquella extraña certeza.
¿Qué sucedería cuando cumpliera los dieciséis?
—Parece que recuperaste tus recuerdos —advirtió cierta rubia caprichosa, sentándose a su lado con un chocolate caliente—. Me ahorro las explicaciones, entonces. Ya conoces las reglas.
Llevaban tantos años viviendo juntas que actuaba como si le leyera la mente.
Hazuki sostuvo la taza entre sus manos, incapaz de disimular el dolor que se reflejaba en sus profundos ojos azules. Si fuese tan joven como Lilith la conoció, se hubiese largado a llorar de impotencia.
—¿Otra vez...? —le preguntó con un hilo de voz, aunque la respuesta fuera obvia.
—Eve no pertenece a este mundo. Solo a la biblioteca.
La bruja no quiso decirle que la historia estaba condenada a repetirse.
En lugar de eso, bebió de su chocolate y esbozó una amplia sonrisa. Estaba muy dulce, tal y como a ella le gustaba.
—¿Y tú? —quiso saber Hazuki, descolocándola.
—¿Mm?
—Cuando Hatsumi abandone este mundo, ¿la acompañarás?
La rubia la observó con perplejidad. Dejó el chocolate sobre la mesa.
—Vaya, ¿estás preocupada por mí? Eso es nuevo.
—Bueno, yo... ¡Oye! —Hazuki se estremeció, frunciendo el ceño al sentir un estímulo inesperado—. ¿Dónde estás tocando?
Una mano traviesa se coló en su entrepierna con descaro, como cada vez que tenía la oportunidad.
Lilith le dedicó una sonrisa tan tranquilizadora como sugerente.
—No me iré a ninguna parte, tontita, mi deber es consolarte —le recordó—. No quiero que acabes violando a tu propia hija.
Y se escondió bajo la mesa, dispuesta a atender con la boca a la madre que nunca quiso serlo.
Hazuki protestó, ofendida por el comentario, pero de sus labios solo escaparon suspiros e intentos vanos por detener la intromisión de aquella lengua en su interior.
Al cabo de unos minutos, la bruja doblegó su voluntad con sus mejores técnicas y una insistencia implacable, hasta que se dejó llevar por el placer que arrasaría con la preocupación.
Envolvió sus dedos, gritó su nombre.
Y todo desapareció. Incluso Hatsumi.
Lilith jamás le hablaría sobre los acuerdos que hizo con su hermana años atrás, ni tampoco sentiría culpa por abandonarla a su suerte en la biblioteca de la oscuridad. "¡Ojo por ojo, diente por diente!", decía, un poco resentida, mientras se llenaba del sabor ácido del éxtasis.
Después de todo, fue la misma Eve quien escogió renacer en ese mundo como hija y no como amante. No le debía absolutamente nada.
Fin
