Love Live! Sunshine! pertenece a Sunrise y Sakurako Kimino.
Este fanfic tiene contenido sexual.
Otro tipo de urgencias
Riko me toca como si fuera un accidente, su mano se desliza suave entre mis piernas y pierdo el control de mi voz. Sostiene mi vulva entre los dedos, presionándola con movimientos circulares, eligiendo los puntos exactos. A medida que me acaricia, aumenta la viscosidad, ¿seré yo quien crea semejante desastre? Toda mi atención se desvía de la computadora hacia la zona de ataque: su dedo recorre entre mis labios y todo lo que roza me enciende de pies a cabeza. Mis piernas se separan sin querer, y estoy tan húmeda que me avergüenza, pero no quiero que se detenga.
Sus dedos demuestran ser hábiles para más cosas de las que yo creía. No solo sabe tocar el piano.
Siento una impaciencia que no puedo contener. Riko parece darse cuenta y, sonriendo, se oculta bajo la mesa. Hunde su nariz en mis bragas, besando mi intimidad a través de la tela, para luego recorrer el clítoris con insistencia. Yo no puedo parar de gritar.
De pronto, extiende una mano sobre mi torso y busca mis senos. Abre sin cuidado mi blusa, presionando y retorciendo mis pezones, y de nuevo pierdo el control de mis gemidos.
El placer aumenta, arqueo mi espalda suavemente, intento concentrarme en lo mío... Pero separa mis labios inferiores con los dedos y me observa con descaro.
Sus ojos brillan con malicia, como nunca nadie la ha visto antes. Solo yo conozco esta faceta suya.
Cuando su lengua recorre mi intimidad, siento electricidad en todo el cuerpo y se me nubla la vista.
En un intento desesperado por contenerme, recuerdo que estamos en mi departamento, que tengo que enviar un correo antes de las una y dudo que este percance me permita llegar a tiempo. Pero trabajo es trabajo, y debo al menos hacer el intento.
Mientras Riko se las ingenia para quitarme la ropa, yo redacto el maldito mensaje. La misión no se le dificulta demasiado, ya que estamos en verano y usamos ropa corta y liviana; la falda que llevo en este momento, por ejemplo, es sumamente fácil de arrancar. Sin embargo, el rubor en mis mejillas se acentúa cuando la veo desprenderse de su polera favorita, enseñando los senos con la clara intención de torturarme.
—¿No tenías que enviar un correo importante? —me pregunta, divertida.
Sé que se está burlando de mí.
A regañadientes, sigo adjuntando los documentos correspondientes, mientras ella se sumerge entre mis muslos y bebe de mis fluidos interiores, llevándose mi concentración. La corriente vuelve a recorrerme de abajo hacia arriba, y sé que estoy llegando a mi límite.
Transcurren unos minutos que se hacen eternos. La lucha por cumplir mi objetivo se vuelve cada vez más imposible, pues Riko sabe exactamente dónde atacar.
En algún punto me doy cuenta de que ya no lo soporto más, no puedo seguir escribiendo en la computadora. Hay otra urgencia que necesito atender cuanto antes.
Sostengo la cabeza de Riko con las manos, deteniendo sus avances. Ella se percata de esto y me observa expectante. Está tan sonrojada que podría creer que estuvo dentro de un horno. Paso mis piernas sobre ella, cuidando no golpearle la cabeza. Me reacomodo en la silla para voltear y enseñarle el trasero.
—Por favor... Riko... —le digo con voz suplicante, apostando que ella sabe a qué me refiero.
Su expresión se ilumina y no tarda en incorporarse para remover los cajones del escritorio. Luego, se retira al baño para prepararse. La espera agita mi respiración, pero una parte de mí también la disfruta. Decido cerrar los ojos, con los brazos apoyados en el respaldo de la silla y los labios vaginales palpitando.
Me sobresalto al sentir algo frío tocando mi piel. Una extraña vibración me hace estremecer. ¿Qué es eso? ¿Es un juguete? Mis pezones se erectan y tengo la sensación de que en cualquier momento me voy a venir. Shiitake ladra en la habitación continua, seguramente está mirando al perro del vecino a través de la ventana, pero lo ignoro por completo. Solo puedo centrarme en que Riko está rozando el juguete encendido, vibrante y lubricado contra mi entrada.
Y no quiero que se detenga.
Mi voz se escapa sin que yo pueda entender qué pasa. Me limito a gemir una y otra vez. Riko intenta introducir la punta del juguete en mi interior. Tengo miedo, pero quiero sentirlo dentro de mí. Quiero conocer el alcance de sus caprichos. Su lengua recorre mi espalda y no hay remedio, toca suavemente mis muslos para tranquilizarme. Presiona el juguete contra mi clítoris y creo que me voy a morir de placer. Sostiene mis pechos y, mientras los aprieta entre sus manos, introduce el dildo con lentitud. Siento una corriente en el abdomen que me hace trizas y me vengo con tanta fuerza que pierdo por completo el control. Me desgarro la garganta gritando y temo que los vecinos vayan a escucharnos.
Cierro mis piernas de mero nerviosismo, pero ella sabe cómo insistir. Y vaya que insiste. No está conforme hasta sacarme la última gota de orgasmo del cuerpo.
Me desarma por completo.
No sé dónde escapar.
Todo me da vueltas.
Y aunque acabé, sé que quiero más. Sé que quiero que continúe hasta quedarme sin fuerzas.
—Riko... —llamo su nombre, confiando en que entenderá.
De soslayo, veo su cabello burdeo cayendo sobre sus hombros y el ámbar de su mirada más brillante que nunca, extasiada. Deja escapar una risa suave, para luego penetrarme sin atisbo de piedad. La presión aumenta de súbito, pero mis paredes están complacidas y el placer que siento es abrumador, tanto que percibo cómo mi interior absorbe hambriento el falo de juguete. Ella me sostiene de la cintura y empieza a embestirme con agresividad.
Al cabo de un rato, Riko me lleva hacia la mesa y me folla junto a la computadora donde dejé el correo electrónico a medio redactar. Los pechos de ambas rebotan con cada estocada y sus labios no tardan en buscarme. Enreda su lengua con la mía, permitiéndome saborearla por completo. Nuestros pezones se rozan, brincan unos sobre otros, y ese simple estímulo la excita tanto que presiona su pelvis contra mí, llenándome hasta el fondo.
Alcanzo el clímax una y otra y otra vez.
Cuando acabamos de jugar, nos arrastramos juntas hacia la cama. Nos sujetamos las manos y nos miramos con ternura, agotadas, para luego acabar entrelazando nuestros cuerpos. La piel de Riko es tan blanca y tersa que adoro recorrerla con mis dedos.
Estoy por quedarme dormida, cuando la escucho susurrar:
—Eres solo mía, Chika-chan.
En ese momento, y de forma completamente inesperada, siento su lengua recorrer mi muslo. Esa sola caricia es una nueva provocación.
En contra de todo pronóstico, su boca vuelve a mi vulva y, después de unas tímidas lamidas, me la devora con avidez, succionando la intersección de mis labios. Al ver que reacciono, repite el movimiento. Su lengua se desliza de arriba hacia abajo, luego de abajo hacia arriba. Estoy tan mojada que sé que necesitaré cambiar las sábanas después.
Y ella... ella saborea mi clítoris como si le perteneciera, como si no quisiera desperdiciar ni una sola gota de mí.
Estoy tan caliente que nuevamente siento venir otra vez esa corriente amenazadora... Ese golpe de placer y electricidad.
Sus manos sostienen mis muslos, que rodean su cabeza. Noto que tiene las uñas pintadas de un hermoso carmín, y pienso que yo nunca me arreglo las uñas. Luego recuerdo el condenado correo que no envié, por el cual seguramente me ganaré una reprimenda.
¿Por qué estoy divagando? ¿Acaso estoy intentando retrasar lo inevitable?
—Podría hacer esto toda la noche —la escucho murmurar.
Sé que es verdad, por lo que me resigno a enseñar unas lindas ojeras mañana en el trabajo.
El orgasmo me golpea con fuerza, empapando su lindo rostro de niña buena y su boca experta, cuyos labios relame de forma provocativa.
Me agito bajo ella y sé... sé que le pertenezco.
Fin
