Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es JonesnInDaHood, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to JonesnInDaHood. I'm only translating with their permission.
Capítulo 4
~EPOV~
—¿Ben? —pregunta Ojos Marrones, su flequillo corrido por el viento, cubriendo el ceño fruncido que mostraba completamente su comprensible confusión.
No que no lo notara antes, desde allí arriba en ese balcón, pero ella es hermosa, especialmente en la luz intermitente de la fogata; las chispas rubicundas derritiendo el chocolate a una dulce avellana.
Cautivante.
Sacudiendo la cabeza, señalo el gorro que abraza mi cabeza, mientras el viento sopla. Es amplificado en mis oídos, ahogando el tenue ritmo de la música lejana, pero no mi corazón. Aún puedo escuchar mi corazón muy bien; el órgano abrumado golpeteando a su propio ritmo dentro de mis costillas contraídas.
—Bean —repito, tomando asiento a su lado—. Como larguirucho.
Es un error suficientemente común del que estoy más que acostumbrado a corregir, pero la mirada en su rostro…
Es celestial.
Ella es completamente adorable con medio puchero en sus labios rosas perlados, una arruga acortando la pendiente de su adorable y pequeña nariz.
Sus rasgos femeninos dicen más de lo que sus palabras jamás podrían, haciendo que mi pecho se contraiga, mi estómago cosquillee, y mis labios se curven en una sonrisa grande y divertida.
La grumosa arena rechina y cede debajo de mí, la piel de su muslo dándole calor al mío a través de mis jeans, dejándome mucho más frío cuando ella se aparta.
No voy a mentir.
Duele un poco.
Me impacta fuerte y justo en el centro.
—Creas o no, era un niño muy delgado. —Me encojo de hombros, ignorando la preocupante punzada del sutil rechazo—. Simplemente quedó. —Lo cual es verdad.
Al crecer, era tan delgado como un rastrillo; oxidado como su metal expuesto a la intemperie también. Años de levantar pesas no hizo nada, nada para impedir que esos imbéciles que llamo amigos—vándalos que considero familia.
Echando un vistazo por el rabillo de mi ojo, la veo beber un trago, acercando mis piernas para copiar su postura. Apoyando mis codos sobre mis rodillas, pasivamente juego con la etiqueta de la botella. La condensación se acumula en mis dedos, dejándolos resbaladizos, el fuerte aroma a sal en el aire hace que todas las otras partes de mi cuerpo se sientan pegajosas.
La chica a mi lado me deja en suspenso y sintiéndome muy estúpido por intentarlo.
Inclinándome, le doy un empujón a su hombro.
—¿Qué hay de ti? —pregunto, finalmente usando mis modales en vez de mascullar cosas al azar sobre mí y mi estricto régimen de ejercicios.
—¿Qué conmigo? —dice, envolviendo la manta que le traje alrededor de sus hombros, estratégicamente escondiéndose de este vil que se acercó silenciosamente para sentarse demasiado cerca de ella.
Cuando se trataba de mujeres, usualmente tenía más tacto, aunque mi posición había sido más conveniente—una mirada directa de su bikini violeta bien rellenado.
¿Qué puedo decir? Ella hace una vista increíble.
Todo de ella.
Mejor que un choque de colores que pinta una bonita imagen del sol poniente.
Cada milímetro de tono oliva.
—¿Tienes un nombre? —pregunto mientras ella bebe de la botella inclinada, un brillo destellando al final de sus dedos curvados. Curioso, aparto la condensación de la mía, mi mirada bajando desde sus labios brillantes y fruncidos a la mano delgada que sostiene la manta firmemente contra su brazo.
Ella hace que sea muy fácil ceder ante la tentación y tocarla, su suave piel es seductora, prácticamente rogando que la yema de mi dedo índice se deslice a lo largo de la suya.
Una sonrisa ladina se asoma por la esquina de mi boca cuando escucho su aliento detenerse, convirtiéndose en una sonrisa completa cuando me doy cuenta que el brillo proviene de una pequeña roca amarilla; la joya traslúcida brilla resplandecientemente desde el centro de un sol ardiente.
El calor irradia de los rayos dorados y ondulados, el calor de su hombro cubierto se filtra profundamente en mí.
Se ha olvidado lo que le he preguntado o no va a decírmelo, así que, echando un vistazo a esas brasas cautelosamente precavidas, tomo el asunto en mis manos.
—¿Qué tal si simplemente te llamo Sunny?
Bean significa frijol, pero a Edward lo llaman por la contracción de beanpole, larguirucho.
