Karekano pertenece a Masami Tsuda.

Este fanfic está dedicado a Kara Mokita.


Sombras al atardecer


Tenerte es un imposible. Intento repetírmelo, controlar mis deseos de monopolizarte; pero cuando apareces eclipsas todo mi mundo y atención.

Y solo existes tú, como te gusta.

Eres encantadoramente caprichosa y amo dejarme envolver en tu hechizo, en tu mirada brillante de la que escapan chispas de colores.

Tengo miedo de que mi oscuridad algún día te alcance e impregne tu espíritu aventurero y soñador.

No me conoces, no sabes lo realmente retorcido que puedo ser.

¿Está bien que diga que me gustas? ¿Es muy pronto?

¿Y si te digo que quiero escapar de este mundo contigo? O sumergirme en el océano más oscuro a tu lado, perdiendo juntos el aliento y sosteniendo nuestras manos, mientras nuestros cuerpos caen hacia lo profundo.

No quiero importunarte con este fuego que quema mi interior, ni afirmar con certeza que eres tú, porque podría espantarte.

Pero si estas palabras te alcanzan... Si no me tienes miedo después de oírlas, podríamos convertir todas las noches en un ritual de amor. Y cada beso sería una nueva confesión.

(¿Me permitirías lastimar tu espalda con esta ira que nadie conoce?)

Me prometí no entregar mi corazón, porque estoy mejor solo. Pero, ¿es realmente "mejor" estar sin ti?

El tiempo me ha dado todas las respuestas que necesito.

"Eres todo lo que siempre quise."

El miedo me mantiene callado, aun estando en tus brazos... Porque sé que este es el único lugar donde debo estar, donde debí estar desde el principio.

¿Me esperarás con el vestido de flores rojas que tanto soñé? ¿Me envolverás en promesas que te atarán siempre a mi lado?

Cuando estamos solos, el mundo desaparece y no quiero compartirte con nadie. Nos imagino corriendo tomados de la mano hacia un lugar que nunca hemos visto, llenándolos del color dorado que pinta nuestro amor.

—¿Querías decirme algo, Arima? —me preguntas, ajena a mis divagaciones y anhelos.

Los colores del atardecer iluminan una sala completamente vacía.

Las sombras se proyectan en mi pupitre, sobre el papeleo que rellenamos en conjunto.

—No, nada.


Fin