Capítulo II

Un idiota


Entreabrió los ojos y se arrepintió de inmediato. La luz del sol era incandescente e insoportable. Casi podía sentir como le quemaba la retina. Dio una inspiración profunda y percibió el hedor a vómito y orina que había a su alrededor. Arrugó la nariz mientras saboreaba su saliva mezclada con el whisky barato que había estado bebiendo durante los últimos días. Harry buscó a tientas su mano derecha y se encontró con un lío de cuerpos que no eran el suyo. Se lo pensó un poco y decidió ser valiente, abrió los ojos de golpe, cegándose por un momento con la luz del sol.

Miró a su alrededor. Estaba tirado en la acera junto a unos indigentes con los que se había apelotonado durante la noche para atajar el frío. Recordaba estar en Leeds. Había llegado tres noches atrás; se había tomado un par de botellas en un bar donde había hecho buenos amigos. Terminó en la casa de uno de ellos bebiendo hasta que fue echado a la mañana siguiente. Después de eso su mente formaba un montón de imágenes inconexas sobre su expedición en Leeds hasta que terminó en ese callejón.

Harry se levantó sin mucho cuidado, se buscó la varita, realmente no la necesitaba. Hacía mucho que su magia se manifestaba sin ella, sin embargo, le tenía un gran cariño y esperaba no haberla perdido. Sonrió cuando la encontró en uno de sus bolsillos y le agradeció mentalmente a Hermione por haberle impuesto la costumbre de encantar sus vaqueros.

Caminó hacia el final del callejón y se concentró para llamar a Kreacher. Había aprendido que intentar aparecerse en su estado casi siempre terminaba con una despartición así que lo mejor era llamar al viejo elfo para que lo llevara sano y salvo a casa.

—Amo…

—Llévame a casa, quieres —la pobre criatura lo veía con cierto grado de preocupación cosa que hizo enternecer a Harry. Y ojalá eso pudiera bastar para hacer algo diferente de mi vida pensó con cierta amargura.

Una vez en casa, Kreacher quiso recostarle, pero Harry se sentía sucio y casi enfermo por su estado, resbaló hasta quedar en suelo de su habitación.

—Prepárame el baño, por favor —Kreacher obedeció de inmediato y Harry prácticamente se arrastró hasta la ducha mientras se sacaba la ropa y la dejaba tirada en el suelo —. Encárgate de la porquería que deje afuera. Quema esa ropa o tírala, me da lo mismo, pero deshazte de ella —el elfo asintió sin embargo no se movió al ver que Harry entraba a la bañera y se sumergía en el agua —. Vamos, no te preocupes viejo. No pienso ahogarme aquí.

—Lo siento amo —Kreacher hizo una reverencia y luego desapareció.

Harry empezó a sentirse mejor cuando el hedor de su propia miseria era remplazado por el aroma a lavanda del jabón.

Había abandonado a sus hijos por una razón. No quería que ellos cargaran con vivir a la sombra de su historia. Los chicos bastante tenían con sus nombres como para tener que soportar las eternas miradas y los incómodos cuchicheos de cómo su padre, el niño que venció, se equivocaba a cada momento. No quiso condenar a sus hijos a eso. Así que tuvo que alejarse para que ellos fueran felices mientras a él se le quemaba el corazón.

Aunque nunca pudo marcharse completamente de la vida de sus hijos. Ellos aún vivían, junto a su madre, en la casa que les había construido en el Valle de Godric. Justo en ese lugar Harry había dejado un espejo encantando que visitaba de cuando en cuando para poder ver a sus hijos que, durante diez años, habían recibido regalos suyos a nombre de Andromeda Tonks. A ella la visitaba una vez al mes para ver a Teddy que aún parecía tenerle cierto aprecio.

Tal vez si era mejor ahogarse en esa bañera pensó. Estaba harto de ser un despojo, de perderse por días, de ser una sombra y una víctima. El sentimiento de abandonó le trajo de inmediato ciertas memorias imposibles de borrar. Cerró los ojos y suspiro; sin querer, su mente viajo hacia esos viejos recuerdos de su sexto curso.

¿Por qué su mente se empeñaba en rememorar aquella locura? ¿No era suficiente tortura su actual estado?

Recordar a Draco le dejaba una agridulce sensación. Por un lado estaba pensar en todo lo que compartieron; pensar en sus caricias, en su piel, en sus besos, en sus miradas. Recordar sus silencios, la felicidad que lograban al estar juntos y olvidar todo en aquellos momentos robados. Y por el otro lado estaba la soledad, haberlo dejado todo por nada.

¿Qué hubiera pasado si Harry no hubiese renunciado a él? Harry no tenía ni idea cual podía ser la respuesta a esa pregunta. Él no había tenido las pelotas como para revelarse, siguió un camino, uno que se había trazado antes de encontrarse con Draco y su increíble amor.

Prefirió la seguridad que significaba Ginny y los Weasley. Con el paso del tiempo, Harry había intentado sepultar lo que sentía por Draco de una y mil maneras. Se convenció a si mismo que aquellas caricias y aquellos besos sólo habían sido producto de la pasión y que jamás había involucrado el corazón en aquellos encuentros.

Pero mientras se sumergía más y más en la rutina de los años supo que el pasó de Draco en su vida culminaba en jamás estar cien por ciento seguro de nada con respecto a sus sentimientos. Tuvo que perderlo todo para derrumbar el muro que había levantado entre sus sentimientos por Draco y su deber. Sólo entonces que se permitió reconocer que se había enamorado para siempre de Draco Malfoy.

Cuando la guerra terminó no se atrevió a hablar de nuevo con Draco. Muy en el fondo Harry sabía que ante la presencia de Draco, él flaquearía y la casa de naipes en la que se había trasformado su futuro caería para siempre. Una tarde mientras se tomaba un café escuchó una conversación que involucraba a los Malfoy. Al parecer estaban solicitando un permiso especial para marcharse del país. Al poco tiempo Harry supo que se marchaban a Noruega.

Harry pensó estúpidamente que el qué Draco se encontrara lejos significaría ponerle punto final a su historia pero no pudo estar más equivocado. Durante esos años sólo rogó por tener algo de sobre el paradero de Draco y, cuando por fin tuvo un trozo de información, su corazón se rompió.

Draco se casaba con Neville Longbottom, vaya ironía. Al parecer las vidas de Harry y Neville tenían que coincidir una vez más.

¿Cuántas veces imaginó su vida si Neville hubiese tomado su lugar? La profecía se refería a cualquiera, tal vez, incluso se refería a los dos. Neville también había sido un maldito dolor de cabeza para Voldemort. Pero el hijo de puta de Tom lo eligió a él para marcarlo como su igual. Mató a sus padres, lo cazó como a un animal, mató a sus amigos y, aún años después, uno de sus jodidos seguidores había asesinado a niños inocentes.

Tal vez con Neville como elegido la historia no hubiera tenido un final tan funesto. Los años se la pasaban restregándole que Neville era mejor que él en todos los sentidos.

Bueno tal vez no en todos, por si en uno muy importante, él se había quedado con el rubio bonito. Draco y Neville terminaron casándose en una estúpida isla ¿cómo coño se podía ser tan rico y pretencioso como para casarte en una puta isla? Harry no tenía la menor idea. Aunque tenía que admitir que ese era el sello del rubio.

Draco no sólo se casó una buena persona; se casó con un rico, sangre pura de rancio linaje, que resultaba además, un héroe de guerra. Harry tuvo que dedicarse en cuerpo y alma a su hijo James para no volverse loco cuando lo supo.

Los años siguieron su curso y Harry estuvo cada día más consciente del error que había cometido al casarse con Ginny. Ella era una buena amiga, una buena compañera, una gran madre pero no era la persona con la que Harry pudiera compartir toda su vida. El embarazo de Albus había sido una medida desesperada para salvar su matrimonio, Harry lo sabía, y no es que no hubiese amado a su hijo pero estaba seguro que su relación con Ginny estaba muerta cuando fue concebido. Aún recordaba con cierto pesar y culpa la forma en la que tuvo que cerrar los ojos e imaginar a Draco mientras follaba con Ginny para intentar embarazarla.

Claro que la concepción de Albus vino con un nuevo dolor para Harry pues Draco y Neville también anunciaron la llegada de su hijo. Albus había nacido un veinte de octubre mientras Scorpius, el hijo de Draco y Neville, nació un diecisiete de noviembre. Durante los años posteriores Harry siempre se preguntó cómo hubiera sido tener un hijo con Draco. Amaba profundamente a James y a Albus. Esos chicos eran su vida entera. Por ellos se arrancaría el corazón de tajo sin pensarlo. Pero aún después de tantos años seguía enamorado de Draco Malfoy y su traicionera mente le jugaba sucio y le hacía preguntase ese tipo de cosas.

Una solitaria lágrima corrió por su mejilla. Lloraba por todo lo que había perdido, por todo lo que añoraba, por todo ese amor que se quedaría para siempre suspendido en un pasado al que solo podía regresar en sueños.

Sabía que había encontrado otro amor, que le había dado luz y paz, que le había dado todo lo que él no supo. Había lastimado su corazón y había terminado por naufragar en el mar de su abandono.

—Amo… —Harry se limpió las lágrimas y se aclaró la voz.

—¿Qué sucede Kreacher?

—Tiene una visita señor…

Harry observó fijamente hacia la puerta esperando que de un momento a otro se pareciera Hermione. Tenía que ser ella ¿quién más podría soportar toda esa inmundicia? No sabía que decirle. No le tenía una respuesta y mucho menos la voluntad cómo para dejar de beber y encargarse de una investigación que se le antojaba una pesadilla.

—Dile que bajo en un minuto —Harry empezó a replantearse la idea de ahogarse en la bañera, después de todo, era mejor eso que la furia de Hermione Granger.


Hermione caminó por la estancia con mucho cuidado de no tocar nada. Estaba segura que el estado tan lamentable de la casa se debía principalmente a la falta de atención de Harry. Evidentemente su pobre amigo tenía otras cosas más importantes en las cuales ocuparse como, por ejemplo, embriagarse hasta la estupidez. Observó su reloj y soltó un bufido de exasperación, tenía más de veinte minutos esperándole, le daría cinco minutos más. Si Harry no aparecía subiría y lo sacaría de la cama a punta de maldiciones.

—¿Tendré que poner una sucursal del Ministerio en éste humilde hogar? —Hermione evitó emitir algún sonido de sorpresa al ver a Harry recién duchado y con la ropa limpia —. ¿A qué debo éste honor? Imaginé que me darías más de un día para pensar en mi excusa para rechazar tu generosa oferta —Harry caminó hacia la encimera al final de la habitación y de una gaveta cogió una botella. Hermione empuñó sus manos como mecanismo de defesa para no terminar por lanzarle una maldición.

—Arthur ha desaparecido —Hermione observó cómo Harry tensaba los hombros. Por lo menos le importaba y, eso, ya era un triunfo.

—Lo siento mucho —dijo después de servirse una generosa cantidad de whisky en un vaso —. Espero que Oliver tenga éxito en su búsqueda —Hermione se acercó violentamente hacia Harry y, por un segundo, pensó en que de verdad lo atacaría pero se detuvo cuando Harry se giró para encararla.

—Él te quiere como a un hijo. Aún después de todo lo que paso. Aún después de que te fuiste y abandonaste a los chicos, él siguió defendiéndote. No puedes quedarte aquí, cruzado de brazos, sin hacer nada por él.

Vio como Harry apretaba la mandíbula y sus ojos verdes resplandecían. Aún en esa miseria, Harry quería luchar, tenía los deseos de hacerlo y Hermione sólo tenía que darle un empujón en la dirección correcta.

—Tus hijos lo aman. Tal vez no puedas recuperarlos pronto pero si colaboras en la investigación será una manera de acercarte a ellos y podrían ver…

—¿Qué no soy tan malo como dicen? —Harry se alejó —. Tal vez pueda ayudar así cómo ayude a los chicos del tren —Hermione dejó escapar un jadeo —. Los papás de esos chicos seguro me recuerdan con mucho cariño.

—¡Harry basta! —le gritó sin poder evitarlo —. ¡Te has encerrado durante años matándote poco a poco a base de litros y litros de alcohol y sólo has conseguido alejar a tu familia! —gritó a todo pulmón dejando escapar la rabia y la frustración que sentía —. Pero no puedes engañarme. ¡No eres un maldito cobarde! —las ventanas vibraron y Hermione sabía que la causa era su magia pero Harry no parecía ni un poco asustado ante tal despliegue.

—¡¿Sabes cuantos chicos murieron ése primero de septiembre?! —los gritos de Harry eran fuertes. Hermione podía jurar que estaba escuchando a una bestia salvaje defendiéndose —. ¡Cuarenta y siete niños! —Hermione bajó el rostro —. ¡Yo los maté! ¡Mi error hizo que ellos murieran y, ahogarme con litros de alcohol, es lo mínimo que puedo hacer por ellos!

Harry lloraba. No se había dado cuenta pero su rostro estaba empapado de sus lágrimas y de pronto el llanto se hizo incontrolable. Tenía años sin llorar por esos niños; en algún punto imaginó que se había quedado seco por dentro y que jamás lloraría de nuevo, pero no podía estar más equivocado. Bastó que los volviera a mencionar para terminar perdido en un llanto que era incapaz de detener.

Harry se dejó abrazar por Hermione que también lloraba. No supieron cuánto tiempo pasó pero Harry sentía que había llorado horas. Cuando por fin se calmaron terminaron sentados en el suelo con sus espaldas apoyadas sobre la pared y aún se abrazaban firmemente.

—Lo siento —dijo Hermione con la voz nasal después de haber llorado.

—Yo también —Harry se apartó lentamente de ella y suspiró ruidosamente —. No puedo regresar Hermione, de verdad no puedo —Hermione entrelazó sus manos y le sonrió.

—No te pido que lo hagas. Sólo lee el expediente de la investigación. Puede que encuentres algo que los demás no han visto. Siempre fuiste el mejor de los tres usando la lógica ¿recuerdas las pociones? —Harry esbozó una pequeña sonrisa. Hermione le regresó la sonrisa pero de inmediato su rostro se tornó suplicante —. ¿Lo harás? Es sólo leer y…

—Lo haré —el alivio que pudo ver en el rostro de Hermione le resulto a Harry algo enternecedor —. Sólo quiero que estés consciente que puede que no encuentre nada nuevo.

—Confío en ti. Siempre lo he hecho —Hermione hizo aparecer una pequeña caja con un montón de pergaminos —. Es toda la investigación. Mantenme informada por favor —Harry asintió. Hermione le dio un beso en la mejilla y se puso de pie —. Cuídate mucho por favor.

—Prometo no matarme hasta después de leer los informes —Harry bromeó macabramente para el gusto de su amiga.


Albus se quería volver loco. Su abuelo estaba desaparecido y era una pesadilla ¿cómo había ocurrido? Se suponía que ése tipo de cosas sólo pasaban durante las guerras. Y para colmo su madre estaba empecinada en querer mandarlo al colegio como si eso fuera importante.

—Mamá…

—Nada Albus, esta conversación término —Albus vio a su madre y sabía que lo tenía todo perdido.

—Mamá es que no podré concentrarme. Estaré pensando en él. Es más fuerte que yo.

—Pues tendrás que aprender a ser fuerte hijo porque de nada le servirá a tu abuelo que tú no vayas al colegio —Albus iba a replicar una vez más pero al ver negar a James que se encontraba detrás de su madre no tuvo más remedio que callarse y subir a su habitación hecho una furia.

Ginny observó al pequeño marcharse y soltó un suspiró derrotado. Amaba a sus dos hijos por igual pero Albus, de alguna manera, siempre había sido la pequeña debilidad de todos. Hasta del propio James que se la pasaba protegiéndole. Pero Ginny sabía que no debía flaquear. Albus tenía que ir al colegio como todos los chicos de su curso.

—Hablaré con él mamá. Lo haré entender —Ginny le sonrió a James. A pesar de ser un bromista digno del talento de George y Fred tenía un temperamento afable. Desde pequeño se había tomado muy enserio que era el hombre de la casa.

James subió las escaleras y entró al cuarto de su hermano sin llamar. Lo encontró tumbado en la cama viendo hacia el techo y secándose las lágrimas. Albus sufría pero James sabía que podía ser mucho peor; después de todo estaban creciendo en una familia que los quería, y a pesar de su padre ausente, tenían unos abuelos que los amaban, unos tíos maravillosos y su madre era la mejor buscadora de todo el mundo. Sólo tenían que encontrar al abuelo Arthur y todo volvería a ser igual.

—Lo sé. Me estoy comportando como un idiota. Soy un crio de once años y no puedo hacer nada para ayudar más que portarme bien y dejarme de boberías —James se recostó a lado de su hermano también observando hacia el techo encantado.

—También estoy preocupado por él. Pero no debemos tener miedo. Lo van a encontrar.

—¿Crees que él podría encontrarlo? —James se encogió en hombros. Para Albus sólo existía un él. Y ése no era otro más que su padre.

—Supongo que nunca lo sabremos.


Harry se levantó del sofá para servirse su mezcla particular de bebida energizante que consistía en: un cuarto de té negro, un cuarto de poción antiresaca y, rellenando la taza hasta el tope, estaba su viejo amigo, el bourbon. Harry le dio un largo trago a su coctel y regresó su atención a la pizarra que estaba frente él. Había leído los informes de la investigación hecha por Oliver Wood en persona. Era una buena investigación, había que admitirlo, pero inútil al final de cuentas porque no daban con el paradero de Arthur.

En la pizarra Harry había anotado con rojo el horario de Arthur. 9:00 am a 18:00 pm con una hora de comida incluida. Era un horario normal. En lo informes señalaban que Arthur tenía la costumbre de comer siempre a las 13:30 en el comedor del Ministerio. Regresaba a sus labores a las 14:00 y no paraba hasta su hora de salida. Harry le siguió dando vueltas a ese punto. Tal vez otros estarían más interesados en los últimos casos de Arthur en el departamento de uso indebido de la magia. Pero Harry no era como los otros. Hermione tenía razón, él buscaba la lógica de las cosas, además de que los últimos casos de Arthur eran sencillas infracciones de niños convirtiendo a sus perros en dibujos animados.

Harry tomó el plumón rojo y con letras muy grandes escribió una pregunta: ¿A dónde se dirigía?

Tomó algunos informes sobre las desapariciones anteriores. Cinco en total. Un muggle, dos brujas y dos magos.

El muggle de veintiocho años que había desaparecido cerca de la media noche camino a tomar el metro. Los aurores estaban investigando esa desaparición porque el departamento de enlace muggle había encontrado rastros de magia en la escena. Las dos brujas eran un par de hermanas solteronas que vivían en las afueras del Valle de Godric. Habían desaparecido en algún punto de la madrugada y, por último, los dos magos habían salido de la Cabeza de Puerto casi a la media noche y en un estado bastante lamentable. En el caso particular de los dos magos, los aurores seguían la pista de una despartición, por lo tanto seguían buscando pedazos de los dos magos alrededor de Hogsmeade.

Todas las desapariciones habían sido por la noche. ¿Por qué con Arthur había sido diferente? El señor Weasley había desaparecido en algún punto entre las 11:30 a 12:30 am.

Y volvió a saltar en su mente la pregunta: ¿A dónde se dirigía? Harry le dio otro trago a su bebida para después anotar un par de cosas más en su pizarra. Cogió su móvil y buscó el único número que tenía guardado. Debía hablar con Hermione cuanto antes.


Ron tomó el teléfono que su mujer había dejado abandonado en la mesa. Ginny había organizado una pequeña reunión con la familia para despedir a los chicos que iban para Hogwarts y, Hermione había estado tan distraída hablando de la investigación, que había olvidado el móvil. Ron de verdad no quería leer el mensaje pero le dio mucha curiosidad ver que en la pantalla no había ningún nombre sólo aparecía una cadena de números. Ron desbloqueó el teléfono y vio el mensaje sin querer, claro:

Creo que tengo algo. Tengo que verte lo antes posible.

Ron levantó sus cejas y fue en ése momento cuando el móvil le fue arrebatado de las manos. Hermione lo miró con reproche y él tuvo la decencia de sonrojarse porque sabía que había hecho mal.

—Lo siento. Iba a dártelo. Sólo me llamó la atención que no tuvieras registrado el número —Hermione desvió un poco la mirada y Ron comprobó que su mujer le estaba ocultando algo —. ¿Y es…?

—Un consultor. Bueno, una especie de consultor. Lo contacte para que nos ayude en la investigación.

—¿Un consultor? —Hermione asintió —. Contrataste a alguien externo para que investigara la desaparición de mi padre ¿No creíste que esa información era algo que debías compartir conmigo?

—No sabía si aceptaría. Sólo le dejé algunos informes para que los evaluara —Ron asintió con cierta exasperación. No podían tener esa discusión en medio de una reunión familiar menos cuando todos estaban tan afectados por la desaparición de su padre —. Además, no es alguien externo. Trabajó para el Ministerio.

—Bueno pues tú señor agente misterioso parece que encontró algo y quiero saber qué fue. Además, quiero saber quién demonios está metiendo las manos en el caso de mi padre.

Hermione le sonrió cálidamente a su marido y se acercó a él para besarlo dulcemente. Ron disfruto el contacto pues era extraño que su esposa fuese tan cariñosa con él en público.

—Te prometo que te mantendré informado de todo y hablaré con él para que acepte reunirse contigo.

—Bien, sólo dile a señor músculos búlgaros que aleje sus manos de ti —Hermione sonrió. Ron era un tonto maravilloso.

—No es Viktor Krum —Hermione vio de nuevo su teléfono.

—Eso lo hace aún mejor. Así que irás a reunirte con un tipo misterioso que no es Viktor Krum pero que es un ex auror seguramente sexy y refinado. Eso me deja muy tranquilo —Hermione rio y le dio otro breve beso —. Anda ve. Reúnete con el señor sexy ex auror misterioso.

—Ron, lo vamos a encontrar —Ron asintió —. Te amo.

—Sé que lo encontraremos. Siempre lo resolvemos —Hermione vio cómo su marido desviaba la mirada un poco. Seguramente pensando en cuando era tres y no dos los que resolvían cualquier misterio —. También te amo. Por Godric, cuanto te amo. Y sé que no te merezco ni un poco y por eso te amo aún más.

Ron se quedó muy cerca de la chimenea después que Hermione se había desaparecido. No había dicho el lugar. Simplemente desmaterializado frente a él. Ron de verdad odiaba los misterios.

—Hijos, Ginny quiere partir el pastel… Oh ¿y Hermione? —Molly se acercó a su hijo buscando a Hermione por la habitación.

—Tuvo que salir al Ministerio, mamá —Ron vio como los ojos de su madre brillaban de esperanza —. Aún no hay noticias, sólo fue a hablar con algún tipo importante —Molly parpadeó un par de veces mientras asentía —. Lo vamos a encontrar mamá.

—Lo sé cariño —Ron sintió como los brazos de su madre le rodeaban amorosamente —. Ustedes siempre lo resuelven. Los tres son impresionantes —Ron abrió la boca con la intención de decir algo pero opto por el silencio. Desde la desaparición de su padre su madre se encontraba desorientada y tal vez era mejor que siguiera pensando que, de alguna manera, Harry estaba involucrado en la búsqueda. Hasta el propio Ron se sentía mejor imaginando eso.


Harry estaba sirviéndose una generosa cantidad de bourbon cuando Hermione se apareció en medio de la habitación. Lo primero que hizo su amiga fue lanzarle esa mirada. Con ése gesto Hermione le estaba diciendo: sigues bebiendo.

—Hola Hermione. Sí, soy un alcohólico. Pensé que ya lo sabías —su nivel de ironía y sarcasmo rivalizaba a la perfección con el tono de su antiguo profesor de pociones —. Después de todo fue el tópico de muchas reuniones con los Weasley un par de meses antes del divorcio —él tenía razón; por meses hablaron de los problemas que Harry empezó a desarrollar con la bebida. Todos pensaron que esa había sido la razón por la que había terminado el matrimonio entre Harry y Ginny. Sin embargo, Hermione pensaba que había otra razón más importante.

—Sólo… pensé que lo dejarías durante la investigación —Harry rió amargamente.

—¡Beber esta porquería es lo único que puedo hacer para mantenerme y no derrumbarme! —Harry dio un paso hacia su amiga —. ¡Mírame! —Le mostro el temblor en sus manos. Hermione notó que estaba sudando y parecía agitado. Verlo era como encontrarse con un hombre que había corrido un maratón —. A penas y puedo mantenerme en pie —admitió derrotado —, a penas y puedo mantener mis intestinos en funcionamiento. Lo estoy intentando Hermione pero no es tan sencillo como crees.

Hermione se acercó a su amigo y le abrazó: —Lo siento. Sé que lo estás intentando. El que me hayas llamado lo demuestra.

Harry se tomó un momento para calmarse. Mientras tanto reveló ante Hermione su pizarrón lleno de palabras sueltas, números y la enorme pregunta que era el centro de todo.

—¿Qué descubriste? —Harry buscó entre los pergaminos y le dio a Hermione el que tenía la información sobre las anteriores desapariciones.

—Supongo que Wood ya te mencionó que la desaparición del señor Weasley sale del patrón de las desapariciones anteriores —Hermione asintió —. La pregunta que Oliver se estará haciéndose entonces es: ¿Por qué? —Hermione asintió de nuevo —. Bueno, yo tengo otra duda: ¿A dónde? —Hermione puso esa cara de no entender un punto y eso era la gloría para Harry. Muy pocas veces su amiga se dejaba ver con esa cara —. Arthur siempre ha sido un hombre de horarios establecidos. Incluso tiene una hora en específico para comer y siempre tarda el mismo tiempo en hacerlo. Sin embargo el día de su desaparición él estaba fuera de la oficina en un horario poco común. No hay nada de que lo justifique. No hay ningún caso, nada que involucre el trabajo. Arthur salió del Ministerio, caminó por la calle, fue hasta su coche y fue sustraído: ¿A dónde iba?

—No lo sé —Hermione caminó hasta la pizarra y miró fijamente la pregunta —. Oliver no lo ha mencionado en lo más mínimo. Cómo tú dices, está más ocupado en el por qué —Hermione siguió con la mirada cada frase y palabra que Harry tenía escrita —. Pero si descubrimos a dónde iba…

—Tal vez podríamos llegar al por qué se lo llevaron…

—Será muy difícil. A pesar de ser el jefe del departamento nunca quiso un asistente. Él llevaba su agenda e investigaba los casos por su cuenta —Hermione vio la fotografía mágica en el expediente —. ¿Crees qué estaba involucrado en algo turbio? —Harry negó.

—Es Arthur Weasley. El único buen padre que conozco —Hermione suspiró. Harry tenía razón —. ¿Revisaron su oficina?

—Sí, yo estuve ahí personalmente. Todo fue minuciosamente revisado. Sólo encontramos pergaminos y viejos expedientes de casos resueltos. Nada inusual, ningún cajón cerrado, ningún hechizo que ocultara algo, ningún objeto encantado. Sencillamente todo era normal.

—¿Y el coche? ¿Qué encontraron en el coche? —Hermione boqueó.

—Nada. Bueno, nadie lo reviso. Arthur nunca llegó a subir al coche y Oliver no lo creyó necesario.

—Supongo que Arthur amaba a ese coche y estaba muy orgulloso de él —Hermione asintió —. ¿Y no creyeron que podían encontrar algo interesante allí?

—Bueno, esa fue una de las razones por las que te busque. Podemos ver el coche mañana. Lo llevaron a una bodega muy cercana al Ministerio.

—Mañana no —Hermione comprendió de pronto. El primero de septiembre debía ser falta para Harry —. Estaré bien. Sólo necesito tiempo para mí. Tal vez en un día o dos.

Hermione estaba segura que Harry estaría de todo menos bien. Pero no podía hacer nada por él pues no lo permitiría. Harry a penas y aceptaba hablar con ella. Intentó no hacer una mueca de compresión y opto por cambiar de tema.

—Ron vio tu mensaje en mi teléfono —Harry esperaba una charla motivacional pero agradeció el cambio de tema.

—Así que hay problemas en el paraíso. Eso de checar el móvil de la pareja es de muy mal gusto señora Ministra —Hermione soltó un bufido divertido por el tono más relajado de Harry.

—Le llamó la atención que no tuviera el número registrado. Él pensó que eras otra persona —Harry rio levemente cuando vio a su amiga sonrojarse.

—Viktor Krum —Hermione asintió riendo abiertamente y Harry también sonrió. Sin embargo el momento fue diluyéndose y luego Hermione puso esa mirada que quería decir problemas —. No puedo Hermione —Harry sabía lo que estaba a punto de decirle —. A penas y puedo hablar contigo sin perder el control. Con él sería más complicado y no estoy preparado para eso. Aún no.

—Él te extraña, Harry. Todos lo hacemos…

—No soy idiota, Hermione. Sé que es lo que pretendes con todo esto. Tienes la esperanza de que pueda sobreponerme a mi alcoholismo y que recuperé a los niños, a Ginny y a los Weasley. Pero tu astuta mente debe saber que no soy tan fuerte como para enfrentarme a los chicos —Harry se tragó el nudo que se estaba formando en su garganta —. Y debo decirte que definitivamente jamás volveré con Ginny. Yo…

—Lo sé. Lo sé…

Harry observó a su amiga que tenía una de esas miradas indescifrables pero no hubo más palabras. Sólo el silencio de una posible reconciliación.