Capítulo III

El Destino


Neville observaba a su hijo mientras terminaba de colocar sus cosas en el baúl. Era maravilloso verlo tan expectante y feliz por iniciar su primer año en el colegio.

Neville recordó su primer viaje a Hogwarts; él no había estado tan feliz como su hijo, más bien había estado aterrado por conocer gente nueva. Solía pensar que el sombrero lo iba a terminar mandando a Hufflepuff o, peor aún, le terminaría diciendo que era un squib y no tenía nada que hacer en Hogwarts.

—Vamos, vamos Trevor, entra a tu caja —Neville rió al ver los intentos de su hijo para que su gato entrara a la caja transportadora. El Trevor de Scorpius era un increíble gato azul ruso con unos increíbles ojos color verde que realmente parecía entender a su dueño —. Listo —dijo Scorpius cuando el gato entró a la caja —. ¿Estás bien? Tienes esa cara rara de Gryffindor —Neville rió con más ganas.

—Vaya, no sabía que se podía poner cara de una casa de Hogwarts.

—Sabes a lo que me refiero —Scorpius se acercó a él y le abrazó —. También te voy a extrañar. Los extrañaré a ambos ¿estarán bien sin mí?

—Por supuesto que sí. Solíamos llevarnos muy bien antes de que tú nacieras. Además tu papá suele ser muy divertido… cuando quiere —Neville le sonrió a su hijo que lo abrazaba más fuerte.

Las cosas entre Draco y él se habían dado suavemente pero al final Neville se había enamorado como un idiota y era feliz. Después de todo se había casado con su mejor amigo. Cuando se reencontró con Draco en Durmstrang notó lo mucho que había cambiado y fue sencillo amarle una vez que le entendió, una vez que pudo conocerle de verdad. Draco había aprendido muchas cosas en la guerra y eso le hacía un hombre nuevo.

—Por Salazar ¿ya vieron la hora? Y ustedes siguen aquí abrazados como dos par de Hufflepuff de segundo año —Neville vio a su marido con cierto reproche. Habían convenido no hablar mal de ninguna casa de Hogwarts. Pero por lo visto Draco seguía con idea de que Scorpius sólo tenía dos opciones: Gryffindor o Slytherin —. Ok, lo siento señor santurrón. Scorpius sabe que estaré muy orgulloso si termina en la casa de lo tejones con todos esos corazones y abrazos eternos. Ahora ¿ya podemos irnos? Tus abuelos deben estar esperándonos en la estación.

Neville se estremeció un poco. Extrañamente se llevaba muy bien con Lucius pero Narcissa era otro tema. Lucius siempre intentaba hablar con él de algo; sus temas favoritos eran el trabajo, la política y los sangrados veintiocho. En cambio, la madre de Draco, siempre era más reservada con él. Nunca había sido grosera con él, pero, se mantenía distante. Y aunque la amistad entre su abuela y ella estaba mejor que nunca, parecía que ése lazo no se extendía hasta él. Claro que Neville tenía una ligera sospecha de cuál era el problema con Narcissa.

—¿Sucede algo? —Neville negó ante la pregunta de Draco —. Vamos —le pasó un brazo por la cintura. Neville amaba a Draco, ellos se habían casado, tenían un hijo, eran felices. Ése misterioso amor del pasado se podía ir a la mierda.


Draco cruzó por el andén y la nostalgia le pegó en el pecho. Había sido tan feliz durante los primeros años del colegio. Había disfrutado tanto ser un Malfoy; la mejor ropa, la mejor comida, los mejores juguetes. Cosas que Voldemort había destruido junto a sus recuerdos de la infancia. Voldemort terminó convirtiendo a su propia casa en una pesadilla. Sus recuerdos de una infancia feliz habían sido rápidamente reemplazados por marcas oscuras, señores tenebrosos, maldiciones imperdonables, fuegos eternos y amigos muertos.

Y en medio de todo siempre estuvo él…

—Hijo —Draco le sonrió a su madre —. Oh, cariño que grande estás —como siempre la atención se desvió hacia Scorpius que parecía pavo real ante los abrazos de su abuela.

—Por supuesto querida. Nuestro nieto es un jovencito de once años —Draco no dejaba de maravillarse ante la facilidad que tenía su hijo para lograr que Lucius se volviera un dulce.

—¡Abuela Augusta! —Scorpius abrazó a la señora Longbottom como si no la hubiese visto en años aun cuando tenía dos días de haber estado en la mansión. Ése chico era un adulador. A saber de dónde lo había sacado.

—Mira cariño, te traje tus dulces —Draco desvió la mirada hacia su marido cuando vio el costal lleno de una insana cantidad de chucherías.

—Abuela, has exagerado un poco con los dulces para Scorpius. Es un costal lleno de carbohidratos —Augusta movió su mano derecha desestimando las palabras de Neville.

—Claro que no. Mi bisnieto va a desquitar toda esa cantidad extra de energía haciendo miles de actividades como jugar al quidditch y practicar duelos. No será como tú que sólo te la pasabas leyendo y comiendo dulces. Por eso era un niño regordete…

—Abuela —Neville le dijo en tono de advertencia.

—Miren —los adultos giraron sus rostros hacia donde Scorpius señalaba —. Es el chico que conocí en la tienda de Madame Malkin. Vamos a saludar, quiero que los conozca —Draco negó viendo al chico. Joder, de verdad era idéntico a él.

—No creo que sea… —Lucius no terminó la frase porque su nieto ya estaba caminando en dirección a los Potter-Weasley.

—Vaya, tiene el mismo temperamento de tu padre —dijo Augusta con un tono de orgullo.

—Puede ser. Aunque yo hubiera preferido que heredara el temperamento que Neville solía tener a esa edad —dijo Draco antes de caminar detrás de su hijo en dirección al nutrido grupo de Gryffindors que estaban a escasos pasos de ellos.

Draco vio cómo su hijo se presentaba cortésmente y saludaba al hijo de Harry de lo más amable. Él, en cambio, tuvo que hacer de tripas corazón para terminar de dar los pasos que lo separaban del grupo, agradeciendo que Neville le hubiese cogido de la mano.

—Permítame presentarle a mis padres —Scorpius le había dicho a Ginny junto cuando ellos terminaron por acercarse.

—Hola Ginny —dijo Neville y Draco vio a su hijo descolocarse. Al parecer no se esperaba que su padre conociera a la madre de su nuevo amigo —. Tanto tiempo —terminó Neville a modo de saludo.

—Neville —Draco notó la mirada de Ginny que se dirigía hacia él completamente confundida —, Malfoy…

—Draco —corrigió Neville de inmediato pasándole un brazo por la cintura y pegándole más hacia a él como para dar énfasis a la corrección y en gesto bastante digno de un ex alumno de la casa de los leones —. Pareces sorprendida. Pensé que leías los diarios. Draco y yo tenemos trece años de matrimonio y un hijo al que creo que ya conoces —Ginny asintió sonriéndole a Scorpius de una manera amistosa.

—Lo siento. Ron nos dijo que te había visto junto a tu hijo. Quiero decir, el hijo de ambos. Sólo es…

—¿Extraño? ¿Raro? —Draco culminó la frase de la pelirroja —. Supongo que sí.

—Papá… —Scorpius llamó la atención de sus padres para cortar la tensión. Al parecer había una historia que contar. Tal vez en una larga videollamada pero eso sería después —. Él es Albus, supongo que no tenían el placer de conocerle —Neville negó suavemente tomando la mano que Albus le había tendido.

—Neville Longbottom —Draco también estiró su mano rogando porque nadie notará que se encontraba en shock. A pesar del corte a la moda y no tener gafas, Albus, era idéntico a su padre. Sobre todo tenía sus mismos ojos verdes. Draco tuvo mucho cuidado de que su mano no temblara.

—Draco Malfoy. Mucho gusto.

—Tenemos que irnos. Están por abordar y tienes que despedirte de tus abuelos —Scorpius asintió y se despidió amablemente de Ginny y Albus. Neville se dio media vuelta pero fue detenido por Ginny —. Los alcanzo en un momento —le dijo a Draco y su hijo que empezaban a adelantarse —. ¿Qué sucede?

—Hermione y Ron deben estar por llegar. Les gustara saludarte.

—Tengo que irme con mi familia, Ginny —la chica asintió.

—Hace mucho que enterré el hacha de la guerra, Neville. Ciertamente me sorprendió verte felizmente casado con Draco. Un día te fuiste a Noruega y ahora regresas convertido en un hombre de familia. Quiero que sepas que no tengo ningún problema con que te hayas casado con Draco. Cada quien decide su veneno —Neville sabía que era una broma pero aún así no dejó de sentirse un poco atacado y prefirió seguir a la defensiva.

—Gracias. Supongo que nos seguiremos viendo. Parece que mi hijo le tomó gran aprecio a Albus. Estaremos en contacto.

—Neville —sintió el abrazo de Hermione. Eso iba a tomar más tiempo de lo que pensaba.


Draco observaba a Neville rodeado de sus ex compañeros. Parecían un grupo animado sin embargo Draco notaba las pocas ganas que su marido tenía de seguir entre ellos. Su mirada se desvió hacia Hermione y Ron Weasley. Era tan extraño verlos sin Harry. Casi con temor los ojos de Draco fueron hacia Albus Potter que hablaba con otro par de chicos.

—¿Estás bien? —su madre le rodeó el brazo izquierdo con sus brazos y también dirigió su mirada hacia los Gryffindor —. ¿Te han retenido la varita a ti también?

—No, ¿a ustedes…?

—A tu padre. Al parecer siguen recordando que fue un seguidor de Voldemort. Me alegra que tú no tengas que pasar por eso —Draco observó de nuevo a Neville y su postura a la defensiva.

—Neville pondrá el grito en el cielo cuando se entere.

—Supongo. Aunque entendiendo porqué lo hace el ministerio. Lo que le ocurrió a esos niños fue terrible. No sé qué pudo pasarle a Vincent por la cabeza como para cometer ese acto tan terrible.

Draco tenía clavada la mirada en Albus. Era casi doloroso verle y pensar en todo lo que representaba.

—¿Se sabe algo de él? —Le preguntó a su madre sin quitar la mirada de Albus que hablaba animadamente con un chico pelirrojo al que identificó como James Potter.

—La versión oficial es que se la pasa encerrado en la mansión Black.

—¿Y cuál es la verdad?

—La verdad es que se la pasa abriendo botellas de whisky. Me han contado que muchas veces termina sin saber quién es en oscuros callejones —en la garganta de Draco empezó a formarse un nudo que le impedía hablar —. Pobre chico ha pasado por tanto. Lo que necesita es alguien que se preocupe por él. Alguien que sea capaz de demostrarle que es posible iniciar de nuevo después de una tragedia tan grande.

—Lo siento —Neville había llegado a ellos casi corriendo —. Hermione y Ron estuvieron insistiendo en invitarnos a cenar.

—¿Y tú que les dijiste? —Draco le preguntó evitando continuar con la conversación que estaba teniendo con su madre.

—Le agradecí por supuesto. Pero decline la invitación debido a que tus padres están en casa después de un largo viaje en Paris. Así que no podemos ser tan desconsiderados y dejárseles solos.

—Vaya, a veces puedes ser muy encantador —Draco le sonrió y marido —. Vamos con Scorpius. Ése chico es capaz de estarle sacando a la herencia completa a tu abuela y a mi padre —Draco le ofreció el brazo a su madre que le sonrió. De alguna manera Draco sabía que en algún momento retomarían la conversación que Neville había interrumpido.

Draco se despidió de su hijo con un abrazo. Lo vio subir al tren y sentarse a lado de Albus. La imagen era esperanzadora pero también muy dolorosa. ¿Qué sería de Harry? ¿Dónde estaría en ése momento? ¿Qué pensaría él de la amistad entre sus hijos? Draco hubiera preferido mil vez quedarse en Canadá donde la nostalgia era más manejable. En cambio, regresar significaba, vivir atormentado por aquellos recuerdos junto a Harry.


Llanto, eso era todo lo que podía recordar, un llanto incontrolable, un llanto lleno de sufrimiento, un llanto que le perseguiría el resto de su vida.

Harry se tambaleaba, veía doble, no sabía exactamente la hora del día pero desde la noche anterior había estado bebiendo sin parar. Sabía que era inútil querer anestesiarse con el alcohol pero no era tan fuerte como para pasar ése día sin aturdirse. Abrió la botella de whisky y le dio un largo trago hasta el líquido empezó a resbalar por su camisa y no por su garganta. Su mente se esforzaba por traer los recuerdos de aquel día.

El sol había salido claro y brillante. Había sido una mañana esplendorosa, algo extraño en la ciudad, Harry había llegado al Ministerio un poco tarde pues Albus no había pasado una buena noche y él se había desvelado con él. A penas y había dejado su túnica en el perchero cuando la alarma sonó. Era un código rojo en la estación Kings Cross. Todos los Aurores se presentaron en el lugar en cuestión de segundos. Para los muggles había sido un atentado terrorista. Para los magos había sido una tragedia peor que los cruciatus a los Longbottom.

Harry inspiró y su sentido del olfato le recordó los armos que inundaban la estación aquella falta mañana. Era hierro ardiente mezclado con carne quemada. La carne quemada de cuarenta y siete niños que habían ardido allí hasta morir. Los niños afortunados se habían calcinado al instante y los menos afortunados habían tenido que esperar a asfixiarse con el humo mientras sus cuerpos ardían a fuego vivo. Encontró a un chico llorando en medio de aquel caos. Harry había corrido hacia él con la esperanza de poder hacer algo. Cuando llegó a él se dio cuenta que el chico estaba destrozado. Le tomó de lo que quedaba de su mano y esperó con él hasta que la muerte llegó como su manto de compasión.

Vincent Crabbe padre había sido acorralado por sus hombres. Harry no supo exactamente quién había sido consumido por la furia pero entendió a la perfección cuando vio el rayo verde pegando en el pecho de Crabbe padre. Él mismo, aún con la mano llena de sangre y cenizas, había estado tentado a hacerlo. Nadie dijo nada, nadie mostró arrepentimiento o una señal de querer censurar el acto. Tal vez una muerte tan sencilla había sido poco para el acto de Crabbe padre. Pero sólo con su vida podía pagar lo que había hecho. De haberle apresado, seguramente, lo hubiesen condenando a perpetua en Azkaban. Tal vez hasta con la esperanza de fugarse tarde o temprano. No, Harry y sus hombres había querido que pagara y la única forma de hacerlo era morir en el mismo lugar donde cegó la vida de tantos seres inocentes.

Harry no lamentaba su muerte. En aquellos años habían estado tras la pista de Crabbe durante meses. En más de una ocasión sus Aurores habían tenido la oportunidad de matarle pero Harry había dado órdenes de capturarle vivo para interrogarle. Que idiota había sido. Esos chicos habían pagado por su estupidez.

Esa se había vuelto la segunda gran derrota de su vida. La primera había sido haber dejado a Draco.

Todo era un ciclo que se repetía una y otra vez. Eran los eternos hubiera de su vida. Aunque debía admitir que Draco había rehecho su vida de una manera excepcional. Harry constantemente compraba su triángulo amoroso con el que habían tenido, en su momento, sus padres y Severus Snape. Evidentemente Harry era como su padre: un idiota que había tenido la suerte de haberse cruzado con el amor, reconocerlo, disfrutarlo. Sólo que en el caso de Harry, lo había perdido. Y diferencia de su madre, Draco, había tenido la inteligencia emocional como para no seguir prendado de una persona tóxica y quedarse con el tío que, parecía un perdedor, pero que al final siempre lo había tenido todo claro: un Neville Longbottom que era todo un éxito.

Harry le dio otro largo a su botella y terminó por derrumbarse en el suelo. No quería llorar pero era inevitable. Le dolía todo. Haber abandonado a Draco por miedo, haber dejado a sus hijos por creer que era mejor vivir sin la constante amenaza de sus fracasos, haber abandonado a esos niños en el tren por su estupidez y haberse abandonado a él mismo hasta el grado de llegar a esa vida que no era nada.

—Pero qué —Harry abrió los ojos de golpe cuando sintió que unos brazos le rodeaban. Estaba seguro de que era Hermione que había llegado sin avisar como siempre. Sin embargo se fue para atrás al verle a él —. Draco… ¿qué haces aquí? Tú no debes estar aquí. Tú… tú te casaste con tu Severus Snape —Draco le sonrió despectivo.

—¿Con mi qué? ¿Terminaste de volverte loco, Potter? —Joder, ése tono. Nadie decía su apellido como Draco —. Estoy aquí porque tú estás aquí.

—Te deje… fui un idiota. Yo te deje y luego te casaste —Harry tragó saliva y se incorporó un poco para poder acariciar el rostro de Draco —. No debes estar aquí. Esto es una mierda y tú eres tan perfecto, tan…

Harry se lanzó hacia los labios de Draco dándole un beso necesitado que lo llenaba de esperanza. Sus lenguas se mezclaban y Harry sintió una gran vergüenza al darse cuenta que seguro Draco podía percibir en su aliento el sabor a whisky. Pero Harry no podía parar, le besaba con furia, con ganas de decirle en ése beso todo lo que le había extrañado y lo arrepentido que estaba por haberle dejado.

Enredó sus manos en el pelo rubio de Draco y gimió levemente ante el tacto tan suave. Todo en el rubio era perfecto, sus labios, su lengua, su piel, su pelo… la amaba. Harry se separó poco a poco de Draco para poder verle a los ojos y decirle con palabras todo lo que quería transmitirle con caricias y fue en ese momento que se dio cuenta. Draco no había envejecido ni un poco desde la última vez que lo había visto. Tenía incluso la misma ropa con la que había comparecido ante el Wizengamot.

—No estás aquí —gruesas lágrimas empezaron a correr por las mejillas de Harry —. Eres una alucinación —rió llorando —. Estás aquí porque yo quiero que estés.

—¿Y ahora quieres que me vaya? —Harry negó.

—Quiero que te quedes. Quiero regresar el tiempo y decirte que te amo. Quiero tener hijos contigo —Harry cerró los ojos tragándose el nudo de su garganta —. Quiero ser yo quien despierte todos los días a tu lado y reír cada vez que pongas una de tus caras cuando algo transgrede tus reglas de sangre pura.

—¿Sabes? Ahora no lo puedes ver. Pero es posible empezar de nuevo después de una tragedia…

Harry se dejó abrazar por su alucinación. Esa noche tenía dos opciones. Terminar con su vida o empezar a perdonarse para poder resurgir.


Bubo, el búho real de Scorpius, voló majestuoso por la habitación de Draco y Neville. Draco sonrió cuando Bubo le tendió el sombre a Neville. A veces le ponía un poco celoso esa clara inclinación que Scorpius sentía por su padre. Sabía que era infantil tener ese sentimiento pero Draco no lo podía evitar, sin embargo, hasta cierto punto entendía por qué Scorpius se decantaba por su padre; creía que debía ganárselo pues no había heredado ningún rasgo físico de él, lo que su hijo no sabía era que todo su carácter había sido heredado de Neville Longbottom.

—¿Puedes acabar con el misterio? Seguro papá sigue despierto esperando saber la casa de su único nieto —Neville rió dándole una golosina a Bubo. Abrió el sobre sin ceremonias.

Queridos padres

Hogwarts es una pasada. Todo es asombroso. Sólo que nos han quitado los móviles. Al parecer sólo podremos hacer uso de tecnología en el aula de Estudios Muggles. Me han dicho que podemos solicitar una hora a la semana para realizar videollamadas a casa.

Padre, tenías razón, la comida es ASOMBROSA.

Debo decirles que Albus y yo fuimos seleccionados para la misma casa y somos compañeros de dormitorio. Ya, ya, seguro están ansiosos por saber mi casa. Bueno, pues fui seleccionado para… SLYTHERIN.

Lo siento padre. Aunque debo decirles que el sombrero estuvo indeciso. A mí parecer casi explotar. No podía creer la mezcla que me cargaba. Murmuro algo de un verdadero Gryffindor con un Slytherin. Le tomó una hora decidirse.

Con Albus fue distinto. No tardó pero creo que a Albus le sorprendió mucho la decisión del ése cacharro. Yo le he dicho que no importa demasiado lo de las casas. Se impresionó mucho cuando le conté que a papá no le importaba que terminara en Hufflepuff, pero aún con eso, me dijo que seguro en su casa estarían flipando, sobre todo su tío Ron.

¿Ustedes conocen a su tío? No suena a un tipo muy tolerante. Lo que me recuerda que tenemos una conversación pendiente. Esta semana programaré una videollamada porque quiero escuchar toda la historia de cómo es que conocieron a los padres de Albus.

Bueno, tengo que irme. Le amo. Daros un fuerte abrazo a los abuelos por mí.

—Bueno, no resulto una sorpresa para nada —Draco le sonrió a su marido y le dio un suave beso en los labios.

—¿Te molesta? —Draco sabía la respuesta. A Neville no le molestaba nada de su hijo. Lo adoraba sin embargo había una parte de él que lo hubiese preferido en Gryffindor. Después de todo Neville estaba muy orgulloso de su casa.

—Sabes que no —Neville le envolvió entre sus brazos y terminaron recostados en la cama —. Sólo es mi vanidad herida.

—Debimos tener otro hijo —Neville rió y luego besó a Draco. Cuando las cosas se estaban tornado interesantes el Gryffindor se separó de él.

—Estoy muy orgulloso de ti, de él, de nuestra familia. Todo es perfecto para mí. De verdad te amo, Draco. Valió la pena nacer por el hecho de ser tú y yo más que amigos.

Draco se entregó a la pasión de Neville y durmió felizmente envuelto entre sus brazos. Sin embargo, cuando la madrugada avanzó, despertó agitado. Había soñado con Harry que le besaba como nunca. Draco abandonó la cama sintiéndose terriblemente miserable.


Querido hijo

He recibido la noticia con gran alegría. No debes preocuparte por lo que piense el tío Ron o tu abuelo. Seguro cuando ambos se enteren estarán muy felices. Slytherin no es una mala casa. Todo lo contario. El sombrero solía decir que en Slytherin se podían encontrar a verdaderos amigos. Ciertamente Tom Ryddle fue un miembro de esa casa. Sin embargo no debes perder de vista que Merlín, Severus Snape, Regulus Black, Andrómeda Tonks, el profesor Slughorn, y el propio padre de tu amigo Scorpius, Draco Malfoy, fueron estudiantes de Slytherin. Todos ellos fueron héroes a su manera y, todos fueron, y son grandes personas.

Disfruta el colegio, te juro que te mantendré informado sobre los avances de la investigación sobre el paradero de tu abuelo.

Te ama, mamá.

Albus se tiró en su cama después de leer la carta de su madre. Ciertamente no había disfrutado mucho la noticia de ser miembro de Slytherin. Sin embargo las palabras de su madre le habían tranquilizado bastante. No se mentía, estaba seguro que su abuelo se sentiría un poco decepcionado, pero debía encarar la situación con inteligencia.

—¿Te sientes mejor? —Scorpius se recostó a su lado y Albus empezó a sentirse aún mejor. Scorpius era muy divertido y también muy inteligente. Prácticamente le había dicho lo mismo que su madre.

—Sí. Mamá me he dicho que me mantendrá informado sobre los avances de la investigación —Scorpius asintió —. Gracias —Scorpius se incorporó un poco para ver mejor a su amigo —, sé que me porté como un niñato al decirte que no me sentía bien en Slytherin.

—Oh, vamos. Fue la impresión. No te preocupes. Ahora ¿vamos a disfrutar el colegio como se debe? —Albus le sonrió.

—Por supuesto.

—Asombroso —de alguna manera Albus pensó que todo sería más sencillo mientras Scorpius estuviera a su lado.


—¡Kreacher! —El elfo apareció en cuanto Harry lo llamó —. Tira todo eso —señaló el montón de botellas que había en el suelo. La mayoría de ellas estaban vacías —. Quiero que busques por toda la casa más botellas y las tires.

—¿Aunque estén llenas señor? —Harry asintió.

—Sólo vamos a dejar las tres botellas que guardo en la gaveta de mi escritorio —tenía que ser realista con su plan. No podía dejar de beber de golpe. Tenía que hacer el proceso de manera escalonada. Usaría su bebida energizante junto con algo de alcohol como tranquilizante a lo largo del día, esperaba terminara por desintoxicarse o morir en el intento —. También quiero que limpies todo este maldito lugar. Si necesitas ayuda siente libre de pedírmela —el elfo lo miró ofendido.

—Kreacher es un elfo viejo pero puede cumplir a la perfección con sus tareas, amo.

—Bien —Harry pasó una mirada crítica por la estancia —. Deshazte de ese sofá. Puedes quemarlo si quieres. Cuando termines tal vez tengamos que comprar algunos muebles nuevos. No lo sé. Sólo quiero que todo esté limpio y reluciente.

Harry subió a su habitación. Después de alucinar durante dos días seguidos con Draco decidió que no podía terminar así. Había tocado fondo. Después de tantos años; de tanto dolor, lo aunque que quedaba era luchar. Así que se decidió ser un Gryffindor e nuevo y cambiar lo que había sido su vida en los últimos diez años.

Abrió su armario y tiró toda su ropa al piso. No eran más que despojos. Alguna de esa ropa ni siquiera servía para donar. Se miró en el espejo y vio su pelo hecho una porquería, su barba crecida y sin sentido. Sonrió, no se podía estar peor.


Hermione se apreció en Grimmauld Place una hora después de haber recibido el mensaje de Harry. El lugar estaba silencioso pero para su sorpresa también estaba en completo orden y reluciente. Las botellas habían desaparecido, el lugar entero olía a limpio, el destartalo sofá no existía más. Parecía un lugar completamente nuevo.

—Señora —Kreacher apareció haciendo una reverencia. Él también estaba completamente aseado.

—¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde está Harry?

—El amo se ducho y salió. No le dijo al viejo Kreacher a dónde iba pero parecía… distinto. Esta mañana despertó y le dijo a Kreacher que limpiara todo y que se deshiciera de la basura —Hermione estaba más que sorprendida. Sin embargo no tuvo tiempo para seguir con el interrogatorio porque, justo en ese momento, Harry abrió la puerta principal.

Hermione se quedó boquiabierta. Harry parecía un hombre nuevo. Se había arreglado la barba de una manera que ya no parecía indigente, tenía un nuevo corte de pelo, parecía con una actitud renovada. Además que su ropa era nueva y venía cargando un montón de bolsas que parecían contener todo un guardarropa.

—Lo siento ¿te he hecho esperar mucho? —Hermione negó aún sin tener palabras —. Kreacher por favor lleva esto a mi habitación y prepara la cena. La señora Ministra y yo saldremos un momento pero regresaremos puntuales para comer —el elfo asintió y desapareció —. Espero que puedas quedarte a cenar —Hermione volvió a asentir.

—¿Qué te ha sucedido? —Harry se encogió en hombros y del interior de su chaqueta cogió el vial con su coctel particular. Lo había utilizado todo el día para mantenerse y parecía funcionar. Era eso y toda su fibra Gryffindor lo que le tenía más o menos de pie sin necesidad de una botella entera de bourbon.

—Recibí una visita —le dijo a Hermione que lo observaba detenidamente.

—¿De quién?

—Del fantasma de las navidades pasadas…

Harry le sonrió y se negó a decir más. Desvió toda la conversación al trabajo. Le urgía ver el coche del señor Weasley. Decidieron ir de inmediato al garaje donde lo tenían. Hermione los apreció a una cuadra del Ministerio.

—Creo que te hará falta esto —Hermione le mostró el recipiente con poción multijugos —. Estaremos muy cerca del Ministerio y no creo que quieras que alguien te reconozca.

—Sigues siendo la bruja más brillante de tu generación —Harry se tomó la poción y cuestión de minutos cambió completamente. Era más alto, eso era evidente, pero fuera de eso no tenía idea de a quién estaba suplantando —. ¿Y bien?

—Te ves como todo un Ronald Weasley —Harry la miró sorprendido —. Lo siento. Era el único hombre que tenía a disposición. No creí que tuvieras la suficiente fortaleza mental como para pasar por cambio de sexo.

—Cómo dije: Brillante…

Caminaron hacia el garaje sin ninguna novedad. El coche estaba estacionado casi al final del lugar cubierto con una pesada lona. Harry la retiró e inspeccionó el coche. Estaba en perfectas condiciones.

—¿Tienes la llave? —Hermione negó y Harry realizó un alohomora. Los seguro se levantaron y Harry entró al coche.

El interior estaba tan cuidado como el exterior. No había nada fuera de lugar, ningún papel, ni pergamino que delatara a su dueño. Abrió la guantera y no encontró nada más que el manual del coche y una tarjeta del seguro aún vigente. Harry siguió observando. En el parasoles del piloto encontró la tarjeta de conducir muggle de Arthur, en el parasoles del copiloto una pequeña tarjeta de publicidad de un taller mecánico en Leeds; Harry se quedó mirando hacia el frente sin saber dónde buscar ¿debajo de los asientos? ¿En la cajuela? De pronto en un impulso levantó la tapa del cenicero. Observó con detenimiento y al fundo vio algo negro que parecía brillar. Lo tomó con cuidado y sonrió. Era una agenda perfectamente reducida para que apenas y se viera dentro del cenicero. Con un hechizo la hizo recuperar su tamaño normal y buscó la fecha de desaparición del señor Weasley.

—¿Encontraste algo? —Harry le dio la agenda a Hermione —. La Primer Ministro Muggle. ¿Arthur tenía una cita con la Primer Ministro Muggle?

—¿Era normal que él se reuniera con la Primer Ministro? —Hermione negó —. ¿Tienes alguna idea de por qué se tendrían que reunir?

—No. Ninguna.

—Pues tendrás que buscar la manera de hacer una cita con tu similar muggle porque es con ella con quién tenía la cita el día que desapareció.


Hermione había tardado una semana en poder concertar una cita con la Primer Ministro. Dennis Cabrera era hija de unos inmigrantes mexicanos que habían trabajado en Londres como comerciantes. Dennis nunca la tuvo sencilla, la oposición constantemente utilizaba sus orígenes para atacarla, sin embargo se las había apañado muy bien para cumplir con el papel de Primer Ministro. Junto a ella, Hermione había podido llevar la tecnología al mundo mágico y hacer una gran mancuerna para mantener oculta la magia de los civiles en general.

—Señora Ministra —saludo la mujer al llegar al despacho —. Lamento la tardanza.

—No hay problema Dennis. El señor Harry Potter —Hermione presentó a su amigo y la Primer Ministro le sonrió.

—Vaya, esto debe ser importante cuando vienes acompañada del mismísimo héroe del mundo mágico. ¿Qué sucede Hermione? —Ambas mujeres se conocían demasiado bien para seguir con protocolos.

—Arthur Weasley… ¿le suena ese nombre? —Dennis asintió

—Hace un par de semanas se comunicó conmigo. Dijo que quería hablar del clima —Harry la miró extrañado.

—¿Del clima?

—Sí. Estaba interesado en fenómenos climáticos. Cambios bruscos. Algo fuera de lo normal… —Hermione y Harry intercambiaron miradas. Eso no tenía nada de lógica. Arthur Weasley interesado en el clima de Londres era una tontería —. Agendamos una reunión pero él nunca llego. Después lo olvide hasta que me llamaste.

Todo se tornaba cada vez más complicado y a medida que avanzaban los días había menos posibilidades de que Arthur estuviera vivo. Harry lo sabía.

—¿Y hubo algo extraño? Quiero decir, respecto al clima —Harry preguntó más por un impulso que por seguir una pista real.

—Después de hablar con el señor Weasley nos dimos cuenta que efectivamente el clima ha cambiado en algunos sectores y por algunos periodos de tiempo. Es extraños. Es como si alguien hubiese estado jugando con el clima.

—¿Puedes compartirnos algún reporte de esos cambios? —Hermione se adelantó a pedir lo que Harry ya tenía en mente.

—Te lo haré llegar a tu oficina. Pero quiero estar informada Hermione. Algo me dice que ustedes están por descubrir una situación de riesgo.

—Esperemos que no sea así Ministra. Realmente nuestra intención es recuperar a Arthur Weasley —dijo Harry intentando dejar de lado que él mismo estaba empezando a sospechar que efectivamente estaban por enfrentarse a algo peligroso.

—Bien, ahora si me disculpan, tengo que irme.


Harry se dejó caer en el nuevo sofá que había comprado un par de días atrás. Le dio un largo trago a su poción y luego miró a Hermione. Habían llegado a Grimmauld Place con más preguntas que respuestas y eso los tenía de un humor particularmente sombrío.

—El clima… ¿Por qué le interesaría el clima a Arthur? —Harry se encogió en hombros y empezó a analizar la situación.

De pronto unos fuertes golpes sacudieron la puerta principal. Kreacher se apresuró a abrir con la idea de lanzar un hechizo desmemorizante a cualquier intruso. Sin embargo no tuvo tiempo pues el hombre pelirrojo lo apartó de su camino inmovilizándole.

Ron caminó hasta la estancia donde encontró a su esposa y al que había sido su mejor amigo. Harry se puso de pie en cuanto lo vio y como un acto reflejo empuño su mano derecha esperando cualquier cosa de Ron. Hermione vio a su marido y se sonrojo violentamente. Ron dio dos grandes pasos hasta estar a un palmo del rostro de Harry que de pronto se preparó para el golpe en el rostro. Sin embargo, en vez, de eso recibió un abrazo tan fuerte que pensó que terminaría con los pulmones hechos papilla.

—Joder, cómo te he extrañado —dijo Ron al separarse de Harry —. ¿Sorprendida cariño? —Hermione lo miró con los ojos muy abiertos —. Soy lento, pero siempre termino llegando.

—¿Cómo lo supiste? —Hermione estaba más que sorprendida.

—Bueno, James Stewart pasó esta mañana por la tienda y me reclamó por no haberle saludado el día que fuimos al garaje para ver el coche de papá. Obviamente yo nunca estuve en ese garaje. Busqué en el estante de pociones multijugos y me di cuenta que faltaba un vial. Además del misterioso ex auror consultor. Sólo tuve que sumar dos más dos para encontrar la verdad. Vine aquí para preguntarle directamente a Harry. Supongo que tuve suerte.

—Lo siento, Ron. Yo le pedí que no te dijera nada —Harry miró hacia el suelo sintiéndose extrañamente avergonzado —. No estaba preparado para enfrentarte.

Ron observó a su amigo y le sonrió: —Hay tantas cosas que hiciste con las que no estoy acuerdo. Pero eso no importa ahora. Lo hablaremos después, cuando hayamos recuperado a papá. Eso es lo más importante. Sólo quiero que tengas en mente que lo que más me ha dolido en estos años fue no poder verte, no pode hablar con mi mejor amigo.

—Bien, creo que debemos ponerte al corriente —dijo Hermione aclarándose la garganta. Ron se merecía una gran noche después de esas palabras.

Poco a poco empezaron a contarle los matices que estaba tomando su investigación. Ron tuvo la misma impresión que Harry a medida que se iban acercando al final de la historia. Al parecer la desaparición de su padre ocultaba un peligro para todos.

—¿Hay algún lugar dónde Arthur pudiera guardar algo?

—Su despacho en la madriguera —Ron le respondió a Harry —. Es su santuario. No deja entrar a nadie, ni siquiera al propio Albus. Deberíamos buscar allí. Y podemos hacerlo hoy mismo. La madriguera está completamente sola. Mamá está en casa de Bill y Fleur estará una semana con ellos.

—Yo… no…

—Vamos, nadie te verá. Vamos, es importante. Podríamos encontrar a papá.

—Bien, vamos —Harry tenía el presentimiento de que se iba a arrepentir de esa decisión sin embargo Ron y Hermione parecían felices. Los tres estaban juntos de nuevo.